No sé qué esperaba de esta novela. Lo cierto es que tenía grandes expectativas tras leer algunos comentarios sobre ella en redes sociales. Era una lección aprendida: es mejor no tener ideas preconcebidas, no levantar grandes expectativas sobre un libro. Sin embargo, periódicamente lo hago y, casi siempre, la lectura es decepcionante respecto a lo que esperaba.
No digo que la novela esté mal, no lo está. El contenido es interesante porque da la voz a los más pobres, a los más vulnerables. A los invisibles y, por ello, descartados. La historia se refiere a un hecho acaecido a mediados del siglo XIX: unos mil setecientos jóvenes gallegos fueron llevados voluntariamente a Cuba esperando encontrar un trabajo en la caña de azúcar (o azucre). Es la pobreza la que impulsó un viaje duro y de resultados dudosos hasta llegar a las Américas.
Tras el duro viaje, llegan a puerto y muy pronto se dan cuenta que estaban que no son trabajadores libres sin esclavos. El autor de tamaño engaño parece que fue otro gallego que trabajó como mediador en Cuba, Urbano, Feijoo de Sotomayor.
La historia está bien entrelazada con momentos de tensión intercalados sabiamente. Está bien escrito, con una introducción inicial que nos sitúa en el contexto sin extralimitarse en el número de páginas.
Pese a todo, no he logrado que el libro me apasionara, pese a los hechos terribles que describe, no he podido empatizar con sus personajes y he acabado la novela sin lograr conectar con la historia y frustrada porque mi plan era otro al iniciar su lectura.