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jueves, 8 de abril de 2021

Mircea Cărtărescu, Las bellas extranjeras


De Cărtărescu he leído varias de sus obras, aunque no soy lectora habitual de relatos, he leído con deleite a autores de relatos como Cortázar o Borges. De Cărtărescu he leído el excepcional El ruletista y el no menos extraordinario El ojo castaño de nuestro amor. Me gustó menos Solenoide (los tres están comentados y los encontraréis buscando la etiqueta de su apellido en el lateral).

I.
 
Las bellas extranjeras, es el título de uno de los tres relatos que componen este libro y el más extenso. Nada tienen que ver entre sí los tres relatos excepto que están narrados en primera persona por el propio Cărtărescu, que son circunstancias de su propia vida narradas con un gran sentido del humor y que nos sitúa en el contexto de la Rumanía comunista. Algo habitual en sus relatos, por ejemplo en los de El ojo castaño de nuestro amor. 

II.

Como ya he mencionado, en estos tres relatos destaca el humor. No he podido evitar sonreír mucho y reír abiertamente en algunas ocasiones. Parece ser que el autor es mortalmente tímido y esa circunstancia parece ponerle en situaciones hilarantes que relata con una prosa exacta, entre lírica y cómica.

III.

Me gusta mucho como escribe Cărtărescu, su lirismo es sorprendente. Me gusta lo que cuenta, a veces son reflexiones memorables como cuando denuncia el racismo que sufren los rumanos/as (en Francia) por su aspecto demasiado moreno o por su aspecto peculiar de la época comunista. 

IV.

Cada relato es una pequeña maravilla que va de los aires kafkianos de «Antrax», a lo grotesco en el viaje a Francia de once escritores rumanos en Las bellas extranjeras, y a lo absurdo con el estómago vacío en El viaje del hambre. Buscad el libro y aprovechad los buenos momentos que os deparara su lectura.

jueves, 18 de octubre de 2018

MIRCEA CARTARESCU, Solenoide


Esta novela atípica, incluso dentro de la obra de Cartarescu, es una novela-río por la cantidad de temas distintos que trata. No hay una trama en el sentido convencional de la palabra y va saltando de unos temas a otros, recuperando algunos u olvidándolos en capítulos posteriores. Leo en el Posfacio de Marius Chivu que en Solenoide se recuperan y/o se enlazan temas de novelas anteriores (que no he leído), lo que puede dificultar la lectura y comprensión de esta.


Una de las características de esta novela es el realismo mágico, es decir, la inclusión de elementos fantásticos en la narración, para profundizar en la realidad desde lo mágico que hay en ella. Recurso que no me convence del todo y ha hecho la lectura pesada en algunos capítulos.
Es cierto que el autor ayuda al lector/a incluyendo guías para su lectura como la síntesis que hace de los tres cuadernos (tres partes de cuatro del libro) en las páginas 598 a 600. Ahí aparecen los múltiples temas que centran la atención del autor y que van desde los piojos, al miedo, a los sueños y numerosos personajes y lugares, ocupando Bucarest un protagonismo indudable.
El protagonista trasunto del propio autor que aparece en la novela, vive en una extraña casa con forma de barco con un solenoide que provoca diversas circunstancias mágicas y que van revelando la amarga verdad de su existencia.
Un fragmento:
Como escritor, te irrealizas con cada libro que escribes. Siempre quieres escribir sobre tu vida y siempre escribes solo sobre literatura. Es una maldición, una Fata Morgana, una forma de falsificar el simple hecho de vivir, de ser verdadero en un mundo verdadero. Multiplicas mundos cuando tu propio mundo debería bastar para llenar millones de vidas (52).
Dicen voces muy autorizadas que se trata de una novela extraordinaria, no les desmentiré, pero su lectura no me ha resultado fácil y no me lo esperaba puesto que todo lo que había leído del autor me había encantado. Aunque hay capítulos con los que he disfrutado mucho (los de la infancia del protagonista me han cautivado), otros me han resultado ajenos y sin interés (especialmente aquellos en que los elementos fantásticos dominaban).

jueves, 18 de mayo de 2017

MIRCEA CARTARESCU, El ojo castaño de nuestro amor.

Hay libros que me gustan, otros que me gustan mucho, muy pocos me parecen extraordinarios e inolvidables, este es uno de ellos. Cuando tengo la suerte de encontrarme con uno de estos libros, conforme me acerco al final, voy más despacio para que no se acabe, sufro cada vez que miro que quedan menos hojas y se me va a terminar irremediablemente. Vale, sé que puedo releerlo, pero ya no es lo mismo, así que mi reacción habitual es comprarme otro libro del autor y guardarlo un tiempo, hasta que el recuerdo del ya leído se desvanezca. Entonces le tocará a Nostalgia volver a provocar el misterio de cautivarme completamente. 


I. 
Ya conocía a Cartarescu por la lectura de un relato arrasador e impresionante, El ruletista. Me impactó y no acabo de entender por qué he dejado pasar cuatro años para leer una nueva obra suya. 

II.
He dicho muchas veces que no me atraen los relatos, aunque admiro y he leído con fruición a autores de relatos como Cortázar o Borges. Bien, El ojo castaño de nuestro amor es el título de uno de los relatos que componen este libro. Son relatos con una línea de continuidad, todos en su conjunto van componiendo el paisaje biográfico del autor y su país de origen, Rumanía. 

III. 
He subrayado tanto en este libro que me da apuro tener que elegir alguno de los muchos fragmentos que me han gustado. Con estos relatos me ha sucedido eso tan peculiar de parecer que estoy ante alguien próximo que me conoce muy bien y al que entiendo igual de bien. Una especie de comunión lectora/autor. 

IV.
Me gusta mucho cómo escribe Cartarescu, su lirismo es sorprendente, por ejemplo cuando escribe sobre un paseo por el barrio antiguo de Constanta en el relato “Pontus Axeinos”. Cuando pienso en Constanta, siempre vienen a mi mente las callejuelas sinuosas, pastoreadas por mezquitas más sinuosas aún, ancianos turcos que fuman todavía sus narguiles en plena calle, agachados junto a paredes burdamente coloreadas (…) (50). 

V.
Me gusta mucho lo que cuenta, historias inseparables de sí mismo que son reflexiones memorables, como la que realiza en el relato “Europa tiene la forma de mi cerebro”, uno de mis favoritos. 
Ser europeo no significa para mi ser bueno (mejor que otros), sino ser complejo, ser un personaje complicado, lleno de contradicciones, pero capaz de reconocerlas y de conciliarlas. La gran tradición europea ha guiado toda mi vida, al igual que mi rebelión contra ella (140). 

VI.
“Los años robados” es el otro relato en el que he encontrado un camino de ida y vuelta entre la vida atrapada entre palabras y mi propia vida. 
Resulta increíble todo lo que tenemos que luchar para conseguir un poco de normalidad (74). 

VII.
Solo añadir que cada uno de los relatos es una pequeña maravilla, todos me han gustado sin excepción. El autor, un europeo aparentemente muy diferente a mí misma, está sin embargo más próximo que muchas de las personas que me rodean cada día aquí. 

VIII. 
Buscad este libro, leedlo sin prisas y disfrutad de este magnífico libro. Espero no levantar excesivas expectativas que puedan frustrarse pero el entusiasmo me ha podido.

sábado, 20 de abril de 2013

J. D. SALINGER y MIRCEA CARTARESCU...

Hoy estoy entre dos afamados escritores que tenía ganas de leer. Mientras Salinger no ha acabado de interesarme por el tema, Cartarescu me ha entusiasmado. De ambos tengo intención de leer más obras, especialmente del segundo, ya que la brevedad del relato me ha dejado con ganas de leer alguna otra obra suya y confirmar mi extraordinaria impresión.

J. D. SALINGER, El guardián entre el centeno. 



Me parecía que no haber leído nada de Salinger era una ausencia que no me podía permitir, así que compré ésta que es su novela más conocida.
El guardián entre el centeno tiene 279 páginas y su título en inglés (The catcher in the rye) hace referencia a una reflexión que el protagonista realiza en el libro sobre la letra de un poema, que trata sobre un catcher (alguien que agarra o sujeta) que evita que “los niños caigan en el precipicio”.
La primera traducción al castellano de la obra, realizada en 1961 por Compañía General Fabril Editora, fue titulada El cazador oculto. Posteriormente una traducción española de 1978 tituló la obra como El guardián entre el centeno. Ese título viene siendo criticado por escritores no españoles desde hace tiempo. El guardián entre el centeno es estrictamente literal porque responde a las cinco palabras del título en inglés, pero esa literalidad no beneficia el sentido, más bien lo oscurece.


Jerome David Salinger nació en Nueva York en 1919 y murió en 2010. Es considerado como un importante representante de la literatura moderna estadounidense y esta obra, escrita en 1951, un clásico casi desde el mismo momento de su publicación. Tras su éxito, Salinger se apartó del mundo protegiendo celosamente su intimidad, dedicándose, entre otras cosas, al estudio del hinduismo.
La historia de El guardián… es narrada en primera persona por Holden Caulfield, un adolescente que es expulsado del colegio privado en el que estudia por su elevado número de suspensos. En lugar de esperar al día en que sus padres tendrían que recogerlo decide marcharse unos días antes del colegio y vivir al margen de obligaciones y tutelas familiares o escolares. Sus diálogos interiores van mostrando su incomodidad y rebeldía con la sociedad en la que vive así como sus contradicciones. 

Ha sido considerada una de las novelas que mejor refleja las contradicciones propias del mundo adolescente.
Ha sido un libro criticado por su lenguaje y sus referencias a las drogas, el alcohol y la prostitución, temas que Holden Caulfield trata con despreocupación y naturalidad. El lenguaje fue considerado ofensivo en los primeros años de su publicación. Particularmente encuentro repetitivo e innecesaria la coletilla, constantemente utilizada, y eso, nada de eso.
La verdad es que no ha conseguido interesarme el tema de este rebelde sin causa y, aunque tiene fragmentos interesantes por su crítica a la sociedad norteamericana y por bucear de una forma acertada en el mundo de  la   adolescencia, no ha conseguido atraerme lo suficiente. Mis expectativas eran, quizás, excesivas respecto a lo que he encontrado al leerlo.

Un fragmento que refleja la visión del mundo que tiene Caulfield:

Aún era pronto cuando llegué, así que me senté en uno de los sofás de cuero que hay cerca del reloj en el vestíbulo y me puse a mirar a las chicas. (…) Chicas con las piernas cruzadas, chicas con las piernas sin cruzar, chicas con piernas fantásticas, chicas con piernas asquerosas, chicas que parecían chicas estupendas y chicas que debían ser unas brujas si llegabas a conocerlas. Era un panorama muy bonito, si entienden lo que quiero decir. En cierto modo, era también bastante deprimente porque uno no podía dejar de preguntarse qué sería de todas ellas. Quiero decir cuando salieran del colegio y la universidad. Te imaginabas que la mayoría se casarían con unos imbéciles. Con tíos de esos que siempre están hablando de cuántos kilómetros pueden sacarle a un litro de gasolina en sus malditos coches. Tíos que se enfadan como niños cuando les ganas al golf o hasta un juego tan estúpido como el ping-pong. Tíos malos de verdad. Tíos que nunca leen libros. Tíos aburridos… (pp 167-168).

No sé qué pensar sobre que una obra tan consagrada y reconocida, no me haya acabado de gustar…



MIRCEA CARTARESCU, El Ruletista.





Compré este relato por la recomendación que realizó offuscatio en su blog Livros y más libros.

Este breve relato tiene 47 páginas con un prólogo de Marian Ochoa de Eribe Urdinguio de 7 páginas. El título hace referencia al protagonista del relato, un hombre que protagoniza sesiones de ruleta rusa.



Mircea Cartarescu, Bucarest (1956), es poeta, narrador y crítico literario. Doctor en Literatura Rumana por la Facultad de Letras de la Universidad de Bucarest. Es considerado como uno de los más importantes teóricos del posmodernismo rumano. Este relato formaba parte del volumen de cuentos Nostalgia (1993).

El Ruletista lo escribe un narrador que desde hace años duerme mal y sueña con un viejo que enloquece por culpa de la soledad. Únicamente el sueño me refleja de forma realista. Me despierto llorando de soledad (…). Ya no puedo soportar mi vida, pero el hecho de entrar hoy o mañana en una muerte infinita, me obliga a intentar pensar (p. 16). De esta manera tan rotunda se sitúa el autor, un escritor onirista que recurre al sueño, no como huida de la realidad, sino como parte de la realidad trenzada de forma inseparable con todo lo demás (prólogo, p. 13). Los sueños se constituyen en la parte oculta de la realidad.
Otro aspecto destacable de este relato es la relación de lo real y la ficción, la literatura sería un juego en el que la realidad decide convertirse en ficción y el narrador acaba encerrado en el mundo de ficción que él mismo construye, un mundo que bordea la locura:

Pero hay un lugar en el mundo donde lo imposible es posible, se trata de la ficción, es decir, la literatura. Allí las leyes del cálculo de probabilidades pueden ser infringidas, allí puede aparecer un hombre más poderoso que el azar. El Ruletista no podía vivir en el mundo, lo cual es en cierto modo una forma de decir que el mundo en el que él vivía era ficticio, que era literatura. No tengo ninguna duda, el Ruletista es un personaje y aquí no puedo evitar mostrarme exultante de alegría. Porque los personajes no mueren jamás, viven siempre que su mundo es “leído” (pp. 57-58).

En medio de este juego onírico y de la literatura como autopista entre la realidad y la ficción, una tremenda y escueta historia, un personaje banal que se convierte en inmortal.
Muy recomendable.