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lunes, 8 de febrero de 2021

Albert Camus, La peste

 


Este libro lo había leído (y «perdido») hace tiempo, cuando se hizo evidente la gravedad de la pandemia del covid y el largo confinamiento que empezó en marzo de 2020, decidí volver a comprarlo y releerlo.

En su momento me pareció que Camus había fantaseado en exceso al narrar una epidemia de peste en la década de 1940, esta vez me ha parecido verosímil y cercana. He encontrado paralelismos con lo vivido en estos meses, casi ya un año:

«Aunque la peste, por la imparcialidad eficiente que usaba en su ministerio, hubiera debido afirmar el sentido de igualdad en nuestros conciudadanos, el juego natural de los egoísmos hacía que, por el contrario, agravase más en el corazón de los hombres el sentimiento de la injusticia» (p. 271).

Como decía, la peste se declara en la década de 1940 en la ciudad de Orán, pronto la muerte se extiende y se declara el aislamiento de la ciudad que queda confinada durante meses. Diversos personajes irán apareciendo en el transcurso del relato, de todos ellos el médico Rieux tendrá un especial protagonismo y será quien relatará los sucesos ocurridos durante la epidemia.

Camus retrata un mundo enfermo, como el nuestro, que tiene la oportunidad de sanar a través de la experiencia de la epidemia de peste:

«Tarrou creía que la peste cambiaría y no cambiaría la ciudad, que sin duda, el más firme deseo de nuestros conciudadanos era y sería siempre el de hacer como si no hubiera cambiado nada, y que, por lo tanto, nada cambiaría en un sentido, pero, en otro, no todo se puede olvidar, ni aun teniendo la voluntad necesaria, y la peste dejaría huellas, por lo menos en los corazones» (p. 320).

En efecto, el aislamiento y confinamiento modifican los comportamientos humanos: los afectos, el apoyo mutuo, la solidaridad y la colaboración. Si eso perdurará cuando se supere la pandemia está por ver, si nos ha dejado huellas en los corazones, también lo podremos comprobar.

viernes, 18 de diciembre de 2020

Albert Camus, La muerte feliz

 


Agnès Spiquel, autora de la Presentación de la novela, la vincula con El extranjero. fue su primera novela; la abandonó hacia 1939 para escribir de un tirón en 1940, El extranjero.

La muerte feliz se publicó en 1971, después de morir Camus. Hay innegables vinculaciones entre ambas novelas, empezando por el protagonista: Mersault. Un aire parecido entre los dos Mersault es un hecho, aunque solo sea por el nombre. Pero hay mucho más, un aire parecido en lo referente a una cierta indiferencia, falta de arrepentimiento, escepticismo y pasividad. Todo ello mucho más acusado en El extranjero. Argel es, en ambas novelas, el trasfondo de sus vidas.

En  La muerte feliz su protagonista, Mersault, busca la felicidad a toda costa, pero no lo lograba por la pobreza. Camus vuelca su experiencia de la pobreza, su relación compleja con las mujeres, el placer por la naturaleza y, por supuesto, su reflexión filosófica en torno a la felicidad.

Sus descripciones de las estaciones o de un espacio natural son bellas y sugerentes:

«A mediodía, cesó el viento, el día estallo como una fruta madura y, por toda la extensión del mundo, dejo fluir un zumo tibio y asfixiante, entre un repentino concierto de cigarras. El mar se cubrió de ese zumo dorado como si fuera un aceite y devolvió a la tierra agobiada de sol un hálito caliente que la abrió y permitió que se alzasen aromas de ajenjo, de romero y de piedra recalentada».