En el comentario que hice de La amiga estupenda señalaba que el anonimato de la autora que se escondía tras el seudónimo de Elena Ferrante me llamaba la atención en un tiempo de sobreexposición mediática. Hoy parece ser que se ha desvelado la verdadera identidad de la escritora llamada Anita Raja pero sigue sin conocerse detalles de la autora. Me sigue sorprendiendo favorablemente este anonimato de la autora de esta famosa tetralogía.
En el comentario del primer volumen dije también que no me había deslumbrado su lectura pero que tenía la intención de seguir leyendo los otros tres volúmenes. La verdad es que no me enganchó lo suficiente como para continuar su lectura inmediata, de hecho han pasado casi cuatro años hasta que he leído este segundo volumen. En esta ocasión sin embargo he leído seguidos los tres que me faltaban porque a partir del segundo han logrado captar mucho más mi atención la historia de las dos amigas.
Las grandes protagonistas de la historia son las dos amigas, Lila y Lenú, que fraguan su amistad en la infancia y en sus correrías por un barrio popular de Nápoles en los años cincuenta. En Un mal nombre continua la narración de la trayectoria de las dos mujeres que saltan de la adolescencia a la juventud trazando un gran fresco histórico y social de los años sesenta del siglo XX. En Las deudas del cuerpo las dos amigas sobrepasan la treintena, las dos tienen pareja e hijos/as pero parece que no acaban de encarrilar su vida y los conflictos personales se suceden. Conocen, especialmente Lenú el feminismo de los años sesenta/setenta y aparece un segundo libro en el que reflexiona sobre la situación de las mujeres. Sin embargo, son ideas que no acaban de ser integradas en su vida y el amor romántico vuelve a aparecer en la vida de Lenú, mientras Lila vive una relación sin sobresaltos.
Junto con las dos amigas hay otros muchos personajes interesantes de varias generaciones que van trazando ese fresco histórico, ya no tan condicionado por la II Guerra Mundial como en el primer volumen.
Las dos amigas tomarán caminos muy diferentes, Lenú el camino del estudio (y el matrimonio) como forma de ascenso social y de huida de las calles de su popular barrio y Lila el matrimonio (y después el trabajo). Ambas amigas se unen y se distancian pero mantienen siempre un vínculo invisible que las une y que cuando se encuentran, retoman.
Se trata de una literatura que entretiene, bien escrita y con un trasfondo social y urbano en el que la ciudad de Nápoles tiene un protagonismo destacado. Rescato una afirmación de Montaigne en Los ensayos que puse en un comentario mío en el comentario del primer volumen:
«(…) sólo me gustan aquellos libros que son o amenos y fáciles, que me halagan, o aquellos que me consuelan y aconsejan para ordenar mi vida y mi muerte» ("La soledad", Libro I, cap. XXXVIII, 335).

