A esta novela llegué por un comentario laudatorio que hizo en mayo en Babelia, Antonio Muñoz Molina. La novela tiene 357 páginas y su título tiene relación con el vuelo transatlántico sin escalas que, en 1919, hicieron dos jóvenes pilotos entre Terranova e Irlanda. Pero hay una metáfora tras esa palabra puesto que, en realidad, la novela trata de cuatro generaciones de mujeres que realizarán ese mismo viaje entre “las dos orillas” como acertadamente dijo Andrés Neumán en una de sus obras.
Colum McCann nació en Dublín en 1965 (y por aquellas cosas azarosas que tiene la vida empecé a leerla en esa ciudad sin saber que Irlanda tenía un protagonismo tan destacado en la novela), pero vive en la actualidad en Nueva York. Estudió periodismo y trabajó como tal en Dublín hasta que decidió trasladarse a EUA en 1986, allí empezó su carrera literaria en la década de los noventa. Transatlántico fue editada en 2013 y traducida al castellano en 2014.
Una de las cualidades de esta novela es la manera en la que McCann mezcla la realidad y la ficción y ambas realidades encajan tan bien que no somos capaces de diferenciar lo real de lo inventado. La novela empieza en un avión de la Iª Guerra Mundial de madera, tela y alambre, en 1919, con la intención por parte de los dos jóvenes aviadores de sofocar la memoria. Crear un nuevo momento, en bruto, dinámico, libre de guerra.(…) No querían recordar las bombas que habían esquivado ni los accidentes ni las quemaduras ni las celdas en las que los habían encerrado ni los abismos que habían visto en la oscuridad (p. 18). De esta manera para sofocar la memoria planifican un vuelo sin escalas cruzando el Atlántico Norte en una aventura temeraria y arriesgada.
Irlanda y América del Norte no son solo las dos orillas de este complicado vuelo sino que son los dos espacios que cuatro generaciones de mujeres transitaron desde mediados del siglo XIX hasta el siglo XXI. La primera mujer de la saga, Lily, queda encandilada por el esclavo y agitador Frederick Douglass que viaja a Dublín en 1845 para hacer adeptos a favor del abolicionismo. Decide, en medio de la hambruna provocada por la escasez de patatas debido a la plaga de tizón tardío o mildiú de la patata, emigrar a América del Norte.
Hombres que yacían sin sentido a los pies de la verja de alguna pensión. Mujeres que deambulaban cubiertas de harapos. No; hechas un harapo. Niños que corrían descalzos. Ruinas humanas que lanzaban miradas encendidas desde un alféizar. Ventanas rotas y polvorientas. Ratas que correteaban por los callejones. El cuerpo inerte y abotargado de un asno en un patio. Perros en los huesos (p. 60).
FAMINE MEMORIAL, Dublín.
Un conjunto escultórico financiado por descendientes, en Canadá, de irlandeses que emigraron debido a la "Gran Hambruna"
En 1978 el escenario es Irlanda del Norte y la ciudad de Belfast como espacio de enfrentamiento entre católicos y protestantes. En 1998 un senador norteamericano media entre las dos partes y consigue que se firmen los acuerdos del Viernes Santo. Mientras tanto la familia que forma Lily cuando emigró a mediados del siglo XIX, donde predominan las mujeres, ira tejiendo un rompecabezas que encajará al final de la novela y que es un canto a la lucha y la libertad, a menudo frustradas para los más débiles. Unas mujeres que escriben, hacen fotografía y, sobre todo, buscan ser ellas mismas al margen de las normas. Hoy los débiles son quienes tienen que ceder sus casas a los bancos por desafortunadas hipotecas como la que, en medio del horror por ver asesinado a su hijo de 19 años, tiene la última mujer de la saga.
En ocasiones –habrán pasado meses, años, décadas-, Lottie repara en cuán extraño resulta que las palabras nos abandonen, que el futuro nos interrogue sobre lo que debería haberse preguntado el pasado, que las frases nos esquiven tan fácilmente y nos quedemos, a la postre, en la mera búsqueda (293).Presente y pasado, personajes reales y de ficción, historia y fantasía. Todo ello imbricado con un talento y unos sentimientos que conmueven.
Una novela que no se olvida.


