Cuando este verano fui a Santiago tenía gran interés en conocer la
Ciudad de la Cultura de Eisenman. Me había impresionado y emocionado su Monumento al Holocausto, en Berlín,
cuando lo visité un frío invierno de hace tres años.
La visita al monte Gaiás, donde se
localiza su obra inacabada (se han construido cuatro de los seis edificios
proyectados), me sorprendió. El motivo más importante por ver su concepción de
la arquitectura.
Afirmaba Eisenman que:
“Con
la Ciudad de la Cultura que construyo en Santiago he tratado de crear un
palimpsesto, un edificio cuyo impacto no sea visual. Un lugar que funcione a
capas, como una cartografía de la topografía del lugar, de la ciudad medieval y
de la ampliación moderna. Me encargaron un gran edificio y estamos excavando un
territorio”.
La práctica profesional y teórica de Eisenman ha alcanzado un
status paradigmático dentro de la llamada Deconstrucción.
Utiliza métodos de diseño generativos, que conciben el proyecto
sin recurrir a conocimientos acumulados o a la experiencia técnica o cultural
de la disciplina.
Desarrolla una arquitectura de la ausencia, sin sujeto, sin
historia, sin lugar, sin significado, entendidos tradicionalmente.
Procura una práctica
crítica, cuyo fin es ocupar una posición de resistencia dentro del “Zeitgeist”(espíritu
del tiempo), sin renunciar a él como espacio operativo, manteniendo siempre el control
crítico del proyecto.
Es un arquitecto de la experimentación, que mediante sus estudios de
manipulación formal e interioridad de la arquitectura, pretende crear
sensaciones que trasciendan la mera percepción audiovisual.
Es un arquitecto que sin obedecer, ni oponerse a los órdenes naturales
dominantes -funcionales, estructurales, estéticos, simbólicos- no abandona la
posibilidad del conocimiento y la investigación, entendiendo así la
Arquitectura como una construcción “puramente artificial”. Los edificios de Eisenman son ejemplos de una
arquitectura ensayo misteriosa y excitante que se debate permanentemente en el
abstracto y etéreo mundo de las ideas.
En sus últimas obras Eisenman utiliza modelos geométricos
complejos tomados de otras disciplinas que superpone a esquemas tomados de
condicionantes del lugar a trabajar, generando nuevos efectos espaciales que
desdibujan los sistemas y esquemas tradicionales y logran una nueva coherencia
funcional y estética. Actualmente las investigaciones de Eisenman se basan en
la eliminación del intersticio como presencia y la validación del espacio que
trasciende la necesidad del contenedor formal, es decir, que parte del vacío
como elemento esencial.
La segunda sorpresa, por
desgracia, no tiene que ver con la obra de Eisenman sino con el monumento a la
incoherencia en que se ha convertido por el despilfarro producido en su
planteamiento y construcción.
La idea fue de Manuel Fraga y
de la Xunta de Galicia. Se iban a levantar seis edificios en una extensión de
60.000 m2, la obra costaría 108 millones de €. Cuando yo la visité este verano,
iban invertidos 400 millones de €, se han construido solo cuatro edificios y se
ha ocupado una extensión de 148.000 m2.
¿A quien se le ocurrió
construir una biblioteca más grande que la Biblioteca Nacional de Berlín para
albergar libros en gallego o sobre Galicia?
¿A quién un Palacio de la
Ópera con capacidad para montar tres óperas en un mismo día?
Podría seguir explicando
incoherencias o motivos de despilfarro insensato pero no me alargo más. Que las
ansias de grandeza de los políticos no oscurezca la belleza de la obra de
Eisenman.
Extraido
de http://arquite251.tripod.com/Eisenman.html