

La primera película que fui a ver, Ahora los padres son ellos, la eligió mi hijo adolescente. No necesita más comentario, salvo ver a buenos actores en la pantalla (Robert de Niro, Dustin Hoffman, etc.). La segunda película, la fuimos a ver, con una pareja de amigos, porque nos habían hablado bien de ella, se trata de El discurso del rey. Aún siendo de mayor calidad que la primera, no me llamó especialmente la atención, excepto la actuación de Colin Firth.
Así que a la tercera película no iba con muchas ganas, eso sí atraída por la actriz principal que me gusta mucho: Kristin Scott.

Título: La llave de Sarah
Título original: Elle s'appelait Sarah
Dirección: Gilles Paquet-Brenner
País: Francia
Año: 2010
Duración: 111 minutos
Género/s: Drama
Reparto: Kristin Scott Thomas, Mélusine Mayance, Niels Arestrup, Frédéric Pierrot, Michel Duchaussoy, Dominique Frot, Gisèle Casadesus, Aidan Quinn, Natasha Mashkevich, Arben Bajraktaraj
Guión: Serge Joncour, Gilles Paquet-Brenner
Música: Max Richter
Fotografía: Pascal Ridao
París, julio de 1942: la policía francesa se lleva a Sarah, una niña de 10 años, y a toda su familia en una redada puerta a puerta en la que arrestan a multitud de familias judías en plena noche. Desesperada por proteger a su hermano pequeño, Sarah lo encierra en un armario del dormitorio, su pequeño escondite secreto, y le promete volver en cuanto les liberen.
Sesenta y siete años más tarde: la historia de Sarah se mezcla con la de Julia Jarmond (Kristin Scott Thomas), una periodista estadounidense que investiga la redada. Durante su investigación, Julia descubre un rastro de secretos que ligan la vida de Sarah a la suya, y la llevan a preguntarse sobre su propio futuro sentimental.
La película indaga en el exterminio de judíos cometido en Francia por los colaboracionistas franceses y, en concreto, se centra en los acontecimientos que ocurrieron en París en 1942. Más de 8.000 judíos fueron llevados al Velódromo de Invierno, en el centro de París, por la propia policía francesa para su exterminio posterior en campos de concentración alemanes.

Destaca la actuación excelente de Kristin Scott que lleva todo el peso de la película. El inicio de la película es un poco pobre e indeciso pero mejora conforme avanza la historia. Destaca cómo, a través de una historia personal, se describe el horror y la crudeza de la guerra y del exterminio nazi, que contó con la ayuda de no pocos colaboracionistas en Francia y otros países. También está bien lograda la relación entre dos situaciones tan ajenas y distanciadas (por sesenta y siete años) y que se relacionan en el film con destreza.

Francia tuvo muchos resistentes a la ocupación nazi, pero tuvo muchos colaboracionistas y personas que se aprovecharon de la persecución judía y ocuparon sus casas y se apropiaron de sus bienes, sin pararse a pensar qué significaban esas casas vacias llenas de objetos personales y bienes. La existencia del fascismo no se produjó sólo por las personas que tenían esa ideología, sino por millones de personas que miraron hacia otro lado y, silenciosamente, se aprovecharon de la desgracia de judios y perseguidos por sus ideas políticas. Recordarlo no es baladí, ese fascismo cotidiano no está tan ausente en la actualidad. Siempre pasa más desapercibido que el ruido de los desfiles, los saludos brazo en alto y la bravuconeria y violencia del fascismo, pero es perverso y peligroso.