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domingo, 18 de octubre de 2020

Aleksandar Tišma, El uso del hombre

 

Hace tiempo tenía obsesión por interpretar-entender los títulos de las novelas. Y buscaba en la propia novela o fuera de ella hasta que encontraba una explicación, pero en un momento dado decidí descargarme de esa obsesión. Normalmente acostumbro a encontrar en la novela el porqué del título, no ha sido el caso de esta, quizás me he despistado absorbida por esta historia que en algunas ocasiones me ha acongojado.

El uso del hombre me parece que puede estar relacionado con el utilitarismo extremo a que el ser humano fue sometido por el nazismo en casi toda Europa, pero quizás me equivoque. Tišma, nacido en 1924, de madre húngara y padre serbio estuvo preso en un campo de trabajos forzados durante la II Guerra Mundial, fue partisano al final de la guerra y décadas después, en 1993, su oposición a Miloševic lo llevó a refugiarse en Francia. Me he enterado también que esta novela es la segunda de un ciclo de cinco novelas llamado «Ramas entrelazadas». Un ciclo que tengo intención de leer dada la calidad de esta que he leído.

He leído esta novela en la montaña, su compañía ha sido muy gratificante para mí pese a que su contenido es duro. Tišma construye unos personajes, especialmente Vera y Sredoje, con una sutileza y rigor extraordinarios. Su prosa es exacta, sin excesos cuando podría haberlos justificadamente, nunca deja desbordarse a sus protagonistas, ni la historia que nos está contando.

Para mí la protagonista indiscutible es Vera que pasa de una inocencia y ociosidad típica de una familia mixta de clase media judía en la localidad de Novi Sad (Serbia) al infierno de un campo de exterminio. En la fila de selección para el horno crematorio, Vera es elegida por su juventud y belleza para la «casa de placer», es prostituida hasta la liberación del campo. El autor no carga las tintas en esta situación que la condicionará para siempre pero nos cuenta lo suficiente para que percibamos la tragedia de la protagonista.

Sredoje es un amigo de Vera de antes de la guerra y de su misma edad. La huida de Novi Sad con su padre y su hermano le conducirán, muy pronto en solitario, a un comportamiento que nos irrita por su posición acomodaticia que lo sitúa en esa zona gris en la que tantos se movieron para sobrevivir.

Nos queda clara la inhumanidad, la maldad, la indiferencia de la desgracia ajena (especialmente hacia la población judía), la supervivencia en situaciones límites, la monstruosidad normalizada. Sobre este tema se ha escrito mucho pero Tišma lo hace con una maestría narrativa y una sutileza extraordinaria.