Mostrando entradas con la etiqueta PIGLIA Ricardo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PIGLIA Ricardo. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de febrero de 2016

RICARDO PIGLIA, Respiración artificial.

Si no recuerdo mal, la tentación para la lectura de esta novela vino de la mano de Marcelo Z. Me explicó que reflexionaba sobre la Historia.

¿Es una novela histórica? ¿O un ensayo sobre la Historia?

Ni una cosa ni la otra, pero algo hay de ambos aspectos. Y es que Piglia estudió Historia en la Universidad Nacional de la Plata.
En la novela se relata la historia de varias generaciones de una familia entre 1850, poco más de treinta años después de la independencia de Argentina, y 1979, dos años después del golpe militar que instauro una dictadura en el país. El trasfondo histórico  tiene una gran relevancia en el relato.
También encontramos jugosas reflexiones sobre la Historia:
No hay lucidez ahí, decía el profesor; no hay otra manera de ser lúcido que pensar desde la historia. (…) ¿Cómo podríamos soportar el presente, el horror del presente, me dijo la última noche el profesor, si no supiéramos que se trata de un presente histórico? Quiero decir, me dijo esa noche, porque vemos cómo va a ser y en qué se va a convertir podemos soportar el presente (187-188).
Me parece una novela bastante inclasificable, tiene aspectos históricos, literarios, filosóficos y entremezcla realidad y ficción con  facilidad. El hecho de que Piglia sea crítico, ensayista y profesor, explican su conocimiento extenso sobre los temas que aparecen en esta obra.


Había leído que Ricardo Piglia tenía un estilo muy peculiar
Yo estoy matando el tiempo con el viejo Troy, justo en la esquina, está diciendo un tipo parado frente al mostrador del bar. Estoy ahí lo más choto, acá González no me va a dejar mentir, estoy ahí, el viejo Troy, Gonzalito, ¿eh?, estamos los tres; me dice Troy, el viejo Troy va y me dice, che Cholo, me dijo, juná quien viene. Yo estoy un supongamos, parado ahí, como si ésta fuera propiamente la esquina, este vaso soy yo, aquí el viejo Troy, ¿eh Gonzalito? Correcto, dice Gonzalito (148).
Así empieza un fragmento entre la página 148 y 150 que resulta delirante y bastante incomprensible, tanto por las numerosas palabras del habla argentina, ¿qué significa por ejemplo empilchado?, como por la manera de narrar la escena. Intercala lo popular con lo culto con facilidad y eso me ha resultado interesante y llamativo.
Otro ejemplo, en este caso para un desdoble multipersonal:
Y sin embargo, dijo Tardewski que le había dicho Marconi, algunas de esas cartas son tan extraordinarias que puedo decir, me decía, dice Tardewski, que allí se encuentra no solo la materia única, sino la inspiración más profunda de toda mi poesía (159).
Su estilo llama la atención pero no entorpece ni hace excesivamente difícil su lectura.


La novela

Está formada por dos partes que dividen la novela, de 218 páginas, casi por la mitad. La primera parte se titula “Si yo mismo fuera el invierno sombrío”, que  es el nombre de un cuadro de Frans Hals (1580-1966). He encontrado una web que le da vueltas al título por si a alguien le interesa el asunto.
Esta primera parte está dividida en cuatro partes (la cuarta tan breve como que es una fecha de 1850 y esta frase: Escribo la primera carta del provenir) que recogen la saga familiar y la correspondencia entre Marcelo Maggi Pophan y su sobrino, el alter ego del autor, Emilio Renzi. En esta parte se hace una aproximación, no solo familiar sino social, a la historia de Argentina durante unos ciento treinta años.
La segunda parte, titulada “Descartes”, la que más me ha gustado a mí, arranca con la llegada de Emilio a Concordia, lugar de frontera dónde vive su tío Marcelo. Ante la ausencia del tío, entabla una conversación con el polaco Vladimir Tardewski que ha sido depositario de las carpetas del libro que escribe Marcelo. Junto con Tardewski, aparecen otros conocidos de su tío, el Conde de Tokray y Bartolomé Marconi. Con todos ellos se produce un interesante y etílico diálogo sobre crítica literaria, filosofía, el mundo académico y diversos escritores como Korzeniowski, Joyce, Arlt, Kafka y otros.
La narración de estas partes de la novela, especialmente la segunda, adopta un formato detectivesco, puesto que se incentiva el interés por descubrir algunos secretos o hallazgos importantes, el más asombroso el de Tardewski, que no desvelaré aquí pero que tiene que ver con Descartes y Hitler (y uno de los escritores mencionados). Y es que Piglia, como Borges, utiliza la literatura apócrifa y textos de autores inventados en los que supuestos personajes históricos sostienen encuentros sorprendentes. Además los temas de detectives le apasionaron a Piglia desde temprana edad, entre sus autores predilectos estaban Dashiel Hammett y William Faulkner.

He encontrado demasiados párrafos que podría destacar como favoritos, dada la admiración que tengo por James Joyce y aunque el primer fragmento lo cuestiona…

Por eso yo, dijo Tardewski, no comparto su entusiasmo por James Joyce. ¿Cómo puede usted pretender compararlos?, dijo. Joyce, (…), es demasiado, ¿cómo decirle?, demasiado trabajosamente virtuoso. Un malabarista, dijo. Alguien que hace juegos de manos. Kafka, en cambio, es el equilibrista que camina en el aire, sin red, y arriesga la vida tratando de mantener el equilibrio, moviendo un pie y después muy lentamente el otro pie, sobre el alambre tenso de su lenguaje (213).
Y…
Le importaba un carajo el mundo, dice Renzi. A Joyce. Le importaba un carajo del mundo y de sus alrededores. Y en el fondo tenía razón (147).
Me he dejado muchos aspectos interesantes sobre esta magnífica novela, pero no puedo acabar sin hacer referencia a algo relevante: Piglia escribe Respiración artificial en 1980 en plena dictadura militar, esta obra, que quizás por eso lleva ese título, muestra su resistencia intelectual contra lo indecible, lo innombrable, la ignominia de la más cruel dictadura argentina, derrocada tres años después.
La historia es el único lugar donde consigo aliviarme de esta pesadilla de la que trato de despertar (19).