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lunes, 18 de febrero de 2019

JOSEPH ROTH, El Leviatán

El autor de este breve relato, a modo de parábola, es uno de mis autores preferidos. De Roth voy leyendo, y degustando, sus textos tranquilamente porque sé que siempre que recurra a él, encontraré una buena lectura.


El protagonista de este relato es el comerciante judío Nissen Piczenik. Es un enamorado de los corales que compra y vende ganándose la vida en una pequeña ciudad de Progrody. Pero Piczenik sueña en secreto con conocer el mar, allí donde vive el leviatán, mítico monstruo marino cuidador de los corales.

Piczenik es una persona honesta y leal a sí mismo en su actividad como comerciante de corales, sin embargo su obsesión con el Leviatán, que en términos religiosos es también la reencarnación del propio Satanás, le llevará a traicionarse a sí mismo vendiendo corales falsos mezclados con auténticos para competir con otro vendedor. Ese será el principio del fin de Piczenik. 

El relato de Roth es una parábola que afirma algo de plena actualidad hoy: que la traición a uno mismo, a nuestra propia moral, a nosotros mismos, es el camino para el fracaso como persona. Un libro, como digo de gran actualidad en un tiempo lleno de simulacros y falsificaciones.
(…) la pobreza es la más irresistible inductora al pecado. 

No es que los/las pobres sean pecadoras, sino que la pobreza las induce al pecado (entendamos aquí pecado en el sentido no religioso… aunque es difícil, lo sé), que es muy diferente. 

Muy recomendable este relato. Una joya.

miércoles, 18 de julio de 2018

JOSEPH ROTH, Judíos errantes

Un ensayo en el que Roth hace un mural de lo que entiende por judaísmo en Europa. En él reflexiona sobre aspectos importantes de la existencia del pueblo judío (su manera de entenderse a sí mismos, la patria, la libertad, etc.), cuenta anécdotas, formas de vida, celebraciones, huidas, llegadas, oficios, etc.


La inexistencia de patria, algo milenario para los judíos, desaparecido con la creación del Estado de Israel (que Roth no conoció, aunque sí conoció el sionismo): 
Y, en toda la milenaria aflicción en que viven los judíos, no han tenido más que un único consuelo, a saber: el de no poseer una de tales patrias. A los judíos les fue dado conservar la razón y, en una época en la que el mundo entero se entregaba a la clemencia patriótica, no poseyeran <<patria>> alguna (38).
Una afirmación para reflexionar: 
La <<libertad nacional>> es un concepto de lujo, propio de una raza que no tiene otros problemas (68). 
Su ensayo gira en torno a si los judíos son una nación o no; si son una comunidad religiosa, racial o solo una unidad espiritual; si son un pueblo con independencia de su religión; y tantas otras cuestiones. 

Su repaso por las juderías de la Europa Oriental y Occidental, por sus ciudades, sus costumbres, el carácter errático de los judíos del Este; sus creencias, su credulidad en milagros religiosos, sus fiestas, matrimonios, etc., componen un mosaico de la propia Europa hace tiempo desaparecida para nuestra desgracia.

Interesante la referencia que hace a España en las pàgs. 99 y 100. Un gustazo leer a Joseph Roth.

viernes, 18 de mayo de 2018

JOSEPH ROTH, La cripta de los Capuchinos

De Roth he leído varias novelas: Fuga sin fin (de la que hay reseña en el blog), El busto del Emperador y esta que reseño hoy. Además he leído: La filial del infierno en la Tierra, Escritos desde la emigración, un conjunto de artículos escritos fuera de Alemania, de donde tuvo que huir por su condición de judío. Leer estos escritos es como descender al infierno de forma anticipada, es sentir la impotencia de un hombre clamando en el desierto, es emocionarse con su claridad y convincente energía, es percibir al disidente que sufre por la indiferencia ajena y responde con pasión ofreciendo toda su vulnerabilidad en la soledad del NO individual. 


Vuelvo a comprobar en La cripta de los Capuchinos que hay un tema que preocupaba a Roth puesto que está presente en las tres novelas suyas que he leído. Me refiero al hundimiento de un mundo intercultural (símbolo de mitteleuropa) que existía en el Imperio Austro-Húngaro y que desapareció como consecuencia de la Iª Guerra Mundial. La fragmentación de dicho Imperio en numerosos países nuevos y otros que incrementaron su territorio, convirtió a Austria en un pequeño país en el que lo germano cobró importancia hasta la ocupación del país (más o menos consentida por un referéndum sin garantías) por las tropas del III Reich. 

Ese trastoque del mundo que viven los personajes de las novelas de Roth da lugar a reflexiones personales también muy interesantes. Un mundo de relaciones, de valores y de principios desaparece y emerge con dificultades otro mundo, el del siglo XX. Para muchos la sensación de caos fue desoladora. 
Yo ya conocía la taberna de Jadlowker, había estado en ella un par de veces y conocía también el acostumbrado bullicio que solía reinar allí; esa particular forma de ruido que causan los que de repente se han quedado sin patria, los desesperados, los que sin tener un presente y todavía en el camino del pasado, han caído en el futuro, los que salen de un pasado conocido para lanzarse a un futuro totalmente incierto (…) (65-66). 
Roth escribe muy bien y es un placer leer sus novelas.

sábado, 14 de junio de 2014

JOSEPH ROTH, Fuga sin fin

Alguien comentó una frase de este autor mientras estaba abstraída tomando café a la hora del almuerzo. Apunté su nombre y busqué sus obras, compré dos: los escritos incluidos en  La filial del infierno… y la novela Fuga sin fin (1927).

Roth nació en 1894 en Brody, en la región de Galitzia, por entonces en el Imperio Austro-Húngaro. Hoy esta región se divide entre Polonia y Ucrania. La caída del Imperio, tras la derrota en la Iª Guerra Mundial, marcó a Roth con un sentido de pérdida de la patria que aparece con frecuencia en sus escritos y novelas.

Hijo de una familia judía, participó en la guerra sirviendo al ejército austriaco. Cuando finalizó el conflicto trabajó en varios periódicos hasta que se trasladó a Berlín y se casó con Friederiche Reichler, judía de Galitzia como él mismo y que padecía esquizofrenia, lo cual le provocó una profunda crisis emocional (y financiera por los cuidados que debía dar a su mujer). Desde 1923 hasta 1932 Roth fue corresponsal para el Frankfurter Zeitung, viajando por toda Europa. Fue en esta época cuando se convirtió en un escritor de éxito, especialmente con su novela La marcha Radetzky (1932).


En 1933 cuando Hitler fue nombrado canciller, dejó Berlín y regresó a Viena. Menos de un año después fue asesinado el canciller federal Engelbert Dollfuss, en un intento de golpe de Estado de los nazis austriacos. Roth decidió marcharse de Viena y vivió en diversas ciudades europeas, especialmente París.

Sus libros fueron quemados en Alemania como él había predicho, sin embargo fue en esos seis años de emigración cuando publicó más de la mitad de su obra, tanto novelas como artículos sobre el totalitarismo y contra el régimen nazi. En los años de emigración, Roth decidió convertirse al catolicismo y aquejado por problemas de salud, bebió hasta consumirse. Murió en París en 1939, tres días antes de que estallara la II Guerra Mundial. Su familia desapareció en los campos de concentración, su mujer fue asesinada en aplicación de las leyes eugenésicas para eliminar enfermos mentales.


Nada tengo que perder. No soy valiente ni busco aventuras. Me dejo llevar por el viento y no tengo miedo a caer (p. 57).
Y pese a que Franz Tunda, oficial del ejército austriaco durante la Iª Guerra Mundial, no buscaba aventuras, Fuga sin fin relata su vida aventurera, y desventurada, entre 1919 y 1926. El tema de la novela es la versión que Joseph Roth se inventa pareciéndose en algo a la suya, unas veces mejorada y otras empeoradas.

Tunda es un hombre sin destino que se deja llevar por el viento, libre y sin planes preconcebidos. Se ve envuelto en la Revolución Rusa por casualidad al ser hecho prisionero en la guerra y se acaba alistando entre las filas de los revolucionarios por amor a Natasha, más que por ideología. Tras fracasar su relación con ella se casa con la callada y sumisa Alia y acaba retornando a Austria por la noche que pasa con otra mujer, la señora G.
Su regreso es un fracaso porque su vida anterior ha desaparecido: el Imperio por el que luchó se ha desintegrado, su novia se ha casado con otro, su hermano se ha adaptado a la sociedad alemana que Tunda no acepta.
…Tunda, de treinta y dos años, un hombre joven y fuerte, sano y espabilado, dotado de múltiples talentos. Estaba en la plaza frente a la Madeleine, en el centro de la capital del mundo, y no sabía qué hacer con su vida. No tenía ni profesión, ni amor, ni alegría, ni esperanza, ni ambición, y ni siquiera egoísmo.En el mundo no había nadie tan superfluo como él.
Es el yo desintegrado de un hombre, contado por un narrador, que vaga sin rumbo, carente de vida. Un hombre que huye de su propia vida en una fuga sin fin mientras Europa, y su mundo personal, se desmoronan.
Sin coincidir en tiempo, experiencias, origen ni sexo con Tunda-Roth, he sentido, leyendo esta novela, una extraña empatía, una coincidencia de principios, unas sensaciones similares…
La gente tarda mucho en encontrar su rostro. Es como si no hubiera nacido con sus caras, ni con sus frentes, ni con sus narices, ni con sus ojos. Se van agenciando todo con el correr del tiempo. Y eso tarda, hay que tener paciencia hasta que reúnan lo adecuado. Por entonces Tunda acababa de poner a punto. Su ceja derecha había quedado más arriba que la izquierda. Eso le daba un aire de permanente sorpresa, la expresión de un hombre que observa con altivo asombro las extrañas circunstancias de este mundo (p. 105).
Yo hace un tiempo que tengo a punto mi cara. Mis ojos verde musgo y el hoyuelo del mentón me dan el aire de apreciar jugar el juego de la vida y observar con sorpresa todo lo que ocurre a mi alrededor sin que nunca acabe de entenderlo del todo.

Una novela excelente.


sábado, 24 de mayo de 2014

¿EUROPA TIENE FUTURO?

FERNANDO BOTERO

La conciencia europea –me gustaría llamarla la “conciencia cultural de Europa”- empezó a atrofiarse en aquellos años en los que despertó el sentimiento nacional, la conciencia nacional. Se podría decir que el patriotismo ha asesinado a Europa. El patriotismo es particularismo. Un hombre que ama su “nación” o su “patria” por encima de todo, revoca la solidaridad europea. Amar significa valorar el objeto amado, más aún sobrevalorarlo. Amar con los ojos abiertos, es decir, con capacidad crítica, es algo de lo que sólo son capaces algunos hombres, los elegidos. A la mayoría de las personas el amor las vuelve ciegas. La mayoría de las personas que aman su patria o su nación son unos pobres ciegos. No sólo no están en condiciones de ver los típicos errores de su nación y de su país, sino que incluso tienden a considerar esos errores como un modelo de virtudes humanas. Y a eso, con mucho orgullo, se le llama “conciencia nacional”.
JOSEPH ROTH, “Europa solo es posible sin el Tercer Reich”, Die Wahrheit (Praga), 20 de diciembre de 1934.
Se trata de un escritor austriaco, judío, que abandonó Berlín ante el ascenso de Hitler al poder en 1933, exiliado en París escribió un conjunto de artículos, hasta su muerte en 1939, sobre el totalitarismo y la dictadura nacionalsocialista. Claro, inflexible y convincente, este fragmento sobre Europa tiene una lectura en 2014.

Al buen entendedor con pocas palabras basta.
Su libro, La filial del infierno en la Tierra. Escritos desde la emigración, es muy recomendable.