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viernes, 16 de enero de 2015

KADER ABDOLAH, El reflejo de las palabras.

Esta novela la compré en edición de bolsillo hace muy poco tras leer  la reseña que, a finales de octubre del 2014, hizo Agnieszka. El tema me atrajo de inmediato y decidí adelantar su lectura pese a los muchos que tengo en espera en la estantería.


La novela tiene 343 páginas a las que hay que sumar un pequeño glosario y una nota con la procedencia de algunos textos que se reproducen en la obra. El título no hace más que recoger la importancia que tienen las palabras en esta novela, especialmente porque Aga Akbar, el protagonista de la obra junto a su hijo Ismail, es sordomudo, no habla, por tanto, pero sí escribe utilizando signos cuneiformes tomados de unos textos que conoce desde niño en la cueva del monte sagrado  del Azafrán en Irán.
Kader Abdolah (cuyo verdadero nombre es Hossein Sadjadi) nació en Irán en 1954. Estudió Física en la Universidad de Teherán y participó en la resistencia estudiantil contra el Sah de Persia desde una organización de izquierda de ideología marxista. Su lucha continuó cuando se produjo la llegada al poder del ayatolá Jomeini en 1979, tuvo que huir de su país en 1988 y encontró asilo político en Holanda, donde reside desde entonces. Colaborador del diario más importante de Holanda, De Volkskrant, fue galardonado con el Dutch Media Prize por sus columnas periodísticas. Ha escrito varias novelas entre las que se encuentra El reflejo de las palabras (2000), su quinta novela.


Dos aspectos me han conquistado de esta novela, la historia particular de una familia iraní que procede de una pequeña aldea y la agitada historia de Irán en el siglo pasado. Enseguida sabemos que la clave de la historia particular está en los pasos que dará Ismail, hijo de Aga Akbar, por descifrar los apuntes secretos de su padre que le llegan a Holanda a su muerte. El autor enseguida presenta quién narrará la obra: 
Somos dos: Ismail y yo. Yo soy el narrador omnisciente. (…)Aunque soy omnisciente, no puedo leer esos apuntes.Contaré sólo la parte de la historia que precede al nacimiento de Ismail. Dejaré que él mismo relate el resto. Pero al final volveré, pues Ismail no es capaz de descifrar la última parte de las notas de su padre (p. 12).

Aga Akbar nace de Hayar, una mujer humilde, y de un príncipe que solo le deja en herencia un largo nombre del que siempre se sentirá orgulloso. Será reparador de alfombras y poeta. Se esforzará por comunicarse pese a que no puede hacerlo por el sistema habitual del habla. Desde su desconocimiento del ancho mundo y la sabiduría de las cosas sencillas, Akbar muestra las posibilidades del ser humano para superar las limitaciones y la estrecha relación que construye con su hijo Ismail.
Nadie sabía cuándo se sentaba a escribir. Y menos aún sobre qué. El cuaderno se había convertido en parte de su persona, estaba inseparablemente unido a él, como su corazón, que bombeaba sin que nadie reparara en ello. Pero Ismail sí sabía cuándo escribía su padre, cuando necesitaba plasmar las cosas que no comprendía y que no alcanzaba a explicar con su lenguaje de gestos. Cosas inalcanzables, incomprensibles, impalpables, que de pronto lo conmovían y que se quedaba contemplando impotente (p. 88).

A Akbar le parecían incomprensibles el amor, pero también la muerte o la luna, la lluvia y el sol. En Ismail encuentra su apoyo, el medio para comunicarse mejor con el mundo. A su vez Ismail encontrará en su padre una visión sencilla (que no simple) de la vida y su presencia se convertirá para él en imprescindible. El exilio al que se verá abocado por motivos políticos convertirá en vital el descifrar los cuadernos de su padre reinventando su memoria y con ella la de toda su familia. La recuperación de la memoria se presenta como relevante para el pueblo iraní en el convulso siglo XX. La novela dibuja los rasgos principales de la historia que marcó la evolución de este país desde las ideas modernizadoras impuestas por el militar Mirza Reza Pahlevi, la continuación totalitaria de su hijo Muhammad Reza Pahlevi con su papel de fiel aliado de EUA en el juego de la guerra fría contra la cercana URSS y, por fin, el régimen fundamentalista de los clérigos liderados por Jomeini. La lucha desde la izquierda laica contra unos y otros, buscando un sistema más justo para el conjunto de la población, la represión, las torturas y el exilio, son elementos que sin quitar protagonismo a la historia familiar la dotan de una dimensión más global.

Kader Abdolah escribe bien, relata con minuciosidad, con ternura, con delicadeza, pero también con exactitud y brevedad cuando es necesario. Por ello la lectura te va atrapando de forma sutil y sus personajes, a veces de una sencillez extraordinaria, te hacen sonreír o te entristecen con sus cuitas. Un autor para repetir.