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sábado, 25 de enero de 2014

AVENTURAS, HOMERO, Odisea


Dos motivos me han llevado a leer esta obra de la que solo conocía fragmentos, un motivo es que se trata de una obra muy leída y apreciada por alguien a quien respeto y estimo; el segundo motivo es que parece un buen inicio para acercarse a un obra, el Ulises de James Joyce, que siempre se me ha resistido. He llevado a cabo una lectura conjunta con Carlos pero, en este caso, con  ritmos diferentes y un diálogo rico y desordenado que he tratado de ordenar con su colaboración. También, al otro lado del Atlántico, se animó a leerlo Marcelo Z, del blog Libros en Estéreo, con el que me he puesto de acuerdo en compartir reseñas este sábado, sin duda, Odisíaco.



La Odisea tiene 440 pág. y su título remite a la vuelta a Ítaca del héroe Odiseo (Ulises en latín) tras la guerra de Troya.
Se trata de un poema épico, con versos de dieciséis sílabas (hexámetros), compuesto de veinticuatro rapsodias, atribuido al poeta griego Homero, compuesto en el siglo VIII a. C. en Asia Menor. No hay certeza, sin embargo, ni de su autoría, ni de la época en que fue escrita, la tradición sostenía que Homero era ciego y varios lugares reclamaban ser su lugar de nacimiento. En la figura de Homero confluyen realidad y leyenda.


Resulta casi imposible resumir esta obra porque las peripecias del viaje de Ulises son muchas. Le cederé la palabra a él mismo cuando, en la rapsodia XXIII, le relata sus aventuras, a su vuelta a Ítaca, a Penélope (resulta un rasgo moderno que Ulises relate su viaje en primera persona en la corte de Antinoo, el relato a su esposa aparece en tercera persona):
Empezó a contar cómo logró derrotar a los cícones,
 Su llegada al fecundo país de los hombres lotófagos,
 Lo que el Cíclope le hizo y la forma en que pudo vengarse
 cómo fue a Lestrigonia, a Telépilo, hundieron sus naves
De que a sus compañeros leales se hubiese comido;
Cómo fue por Eolo acogido benévolo, y luego
despedido por él, pero el hado aún no había dispuesto
que volviera a su patria, y por una tormenta alcanzado
lo llevó por el mar que los peces habitan, gimiendo;
y mataron a todos los hombres de grebas hermosas
[y logró solo Ulises huir con su negro navío.]
Y contó los engaños de Circe y habló de su astucia,
del viaje que hizo a la lóbrega casa del Hades
en su nave bancada; a pedirle consejo a la sombra
del tebano Tiresias, y cómo vio allí a sus amigos
y a la madre que lo hubo alumbrado y nutrió de pequeño;
cómo oyó a las Sirenas marinas cantar, y pasó entre
las dos Peñas Errantes, la horrenda Caribdis y Escila,
de las cuales sin daño ha escapado jamás hombre alguno;
cómo sus compañeros las vacas del Sol inmolaron
y después Zeus tonante le hirió su velero navío
con el rayo encendido, y murieron sus hombres leales,
y él tan solo se pudo evadir de las parcas funestas;
cómo a la isla de Ogigia llegó, ante la ninfa Calipso,
que, queriendo que fuera su esposo, en sus cuevas profundas
lo retuvo y cuidó, y muchas veces contó que lo haría
inmortal y de toda vejez libraría su cuerpo,
pero nunca en el pecho logró el corazón persuadirle;
cómo luego a Feacia llegó tras penosos trabajos,
y sus gentes, lo mismo que a un dios, cordialmente lo honraron
y en un buque lleváronlo hasta el país de sus padres
con muchísimos dones de oro, de bronce y vestidos.

La Odisea es un libro de viajes, de varios viajes porque no empieza con el de Ulises sino con el de Telémaco, y, por tanto, de cambio y evolución según los avatares de dicho viaje. Para Ulises es un viaje de regreso, como héroe de la guerra de Troya, pero de regreso en solitario, al perder a sus compañeros, y sin botín (los ricos presentes que lleva se los dan los feacios).

Ulises y los feacios. RUBENS

Para Telémaco es un viaje de iniciación y tránsito hacia la madurez. Apurado por las presiones que recibe su madre, fleta un barco para ir a buscar noticias de su padre. Cuando regresa es capaz de luchar al lado de su padre y enfrentarse a los pretendientes.

Debería haber un tercer viaje, de expiación por las muertes de los pretendientes, que el poema no recoge. Ese viaje sería el exilio tierra a dentro y cuando lo concluyera es cuando podría regresar definitivamente a Ítaca.

Penélope acosada por los pretendientes. J. W. WATERHOUSE

La Odisea es un poema de amor, de deseo y de espera. Destaco uno de los fragmentos más bellos en los que Ulises expresa su amor por Penélope:

Así dijo, y en él fue creciendo un deseo de llanto,
y lloraba abrazado a su fiel y amadísima esposa.
[Así como la tierra aparece tan grata a los náufragos
a los que Posidón en el medio del mar echó a pique
el armónico buque, a merced de las olas y el viento,
y unos pocos consiguen salir de la espuma nadando
y la orilla alcanzar, y sus cuerpos de sal se han vestido
y con júbilo pisan la tierra, ya a salvo de males,
así ver a su esposo era dulce también para ella
y sus brazos nevados seguían en torno a su cuello.]
Rapsodia XXIII
Penélope. SPENCER

El centro de este poema es Ulises y Penélope, que fue conquistada por él y se casó virgen, es el modelo de la perfecta casada: leal, intachable, que guarda el recuerdo de Ulises, virtuosa, sabia, modesta, etc.

…No fue como la hija de Tíndaro [Clitemnestra] que urdiendo males
 a su esposo de virgen mató: y de horror será el cántico
 de los hombres para ella; pues fama tristísima ha dado
 a las otras mujeres, incluso a la más virtuosa.
Rapsodia XXIV

Siempre los dos modelos de mujer: buena-mala, Eva-María, virtuosa-pecadora. Sin embargo la Odisea  también contiene los diferentes modos de ser mujer en cada final de etapa. Hay mujeres esclavas que aman y que trabajan como la nodriza de Telémaco, magas como Circe, fuerte y libre, que propone el encuentro amoroso con el héroe o le envía sin remordimientos a consultar en el Hades, donde decenas de ellas, ya fallecidas, despiertan a la vida y relatan sus desventuras tras beber la sangre de la víctima. 

Odiseo y Calipso. J. BRUEGHEL

Las hay apasionadas como Calipso, dispuesta a conceder la vida eterna como prueba de su amor y que se queja amargamente de la soledad a la que Zeus la condena cuando ordena liberar a Ulíses, poderosas como la reina de los feacios a quién suplica hospedaje y hermosas como Helena, capaz de provocar una devastadora guerra. 

Palas Atenea. GUSTAV KLIMT

Diosas como Atenea, que no duda en tomar la lanza de bronce y actuar como una guerrera cruel, o Afrodita, la bella infiel. De todas ellas nos cuenta el poema detalles, de su vida diaria, de sus vestidos, sus tareas y sus desvelos.

La Odisea guarda una gran sorpresa, al menos para mí lo ha sido: el dormitorio de Ulises y Penélope está en un olivo:

Creció dentro del patio un olivo de alargadas hojas,
floreciente y robusto, tan grueso como una columna.
Las paredes de mi dormitorio labré en torno suyo
[con muchísimas piedras y encima le puse un buen techo]
y le hice unas sólidas puertas muy bien ajustadas.
Despojé de su fronda al olivo de alargadas ramas
y pulí con el bronce su tronco desde las raíces
hábil y diestramente; y después de a nivel trabajarlo,
hice el pie de la cama, que yo barrené totalmente.
Comenzando por él fui montando y puliendo la cama
[que con plata, con oro y marfil adorné una vez lista.]
Y por dentro extendí unas vistosas correas purpúreas.
Esta es, pues, nuestra marca. Y ahora, no obstante, yo ignoro,
¡oh mujer!, si mi lecho está incólume, o alguien acaso
Lo ha cambiado de sitio, cortando debajo el olivo.
Rapsodia XXIII

El olivo es para los griegos una metáfora de la sabiduría y de la fecundidad: en las lámparas de los templos ardía aceite de oliva y en la Odisea, héroes y dioses se frotaban el cuerpo con aceite de oliva para proteger su belleza mortal, e inmortal. El árbol del olivo era emblema de la victoria en los Juegos Olímpicos: una corona de olivo ceñía la frente de los vencedores, imagen de la Paz, pero un olivo tocado por el rayo era un augurio de guerra. El olivo y su verdor perpetuo era entre los griegos el árbol de Atenea.
No quiero ser malpensada pero, sorteando la belleza de la metáfora, ¿no sería una manera de tener aislada a Penélope del resto de la casa? ¿Un gineceo como el que existía en todas las casas griegas?

Ulises y Penélope. TISCHBEIN

Lo que está fuera de toda duda es que los sentimientos humanos mueven todo el "viaje", sentimientos basados en valores humanos porque hasta los dioses y diosas se mueven por sentimientos humanos, tanto positivos como negativos. ¿Están en la Odisea todas las pasiones humanas? Destaca el carácter humano de Ulises que, pudiendo ser inmortal, opta por ser mortal y recuperar su propia vida, envejecer y morir ¿prefiere ser hombre que dios? Aun pasándole peripecias extraordinarias, reacciona como un hombre: llora, miente, es vengativo, ama, etc.

La Odisea es también un relato sobre las creencias religiosas del mundo antiguo y una descripción social completa de los usos, leyes y costumbres. ¿Podrá ser que contenga cifrado, entre sus versos, un detallado camino para tener acceso a metales preciosos o al bronce? La detallada descripción de las costumbres caníbales de algunos hombres, de los vientos dominantes y de la duración de cada etapa, la más larga de diecinueve días con sus noches, podrían indicar que también se trata de una saga que contiene las claves necesarias para dominar nuevas y provechosas rutas comerciales. 


J. W. WATERHOUSE

Quizás con las medidas del viaje de Telémaco se puedan determinar los puertos que son seguros o aquellos que se deben evitar. Las citas geográficas sobre la longitud de los días y la incapacidad de determinar la posición, al no diferenciarse el día de la noche, nos hacen imaginar la variación de latitud norte-sur  a la que podría hacer referencia la obra. Pero esta cuestión, especulativa donde la haya, no hace sino añadir otro atractivo punto de interés para aquellos interesados en  la lectura de esta obra fundamental.

sábado, 21 de diciembre de 2013

MAGAS

Estoy leyendo la Odisea de Homero.

Diversas circunstancias me han llevado a una obra de la que había leído fragmentos pero no me había planteado leer completa. Estoy disfrutando, y mucho, con la lectura de las veinticuatro rapsodias en que está estructurada la obra.


Entre los muchos personajes que me están seduciendo y cautivando voy a destacar a una maga: Circe. Es muy raro que haya monumentos en las ciudades en memoria de las magas o brujas pero encontré en Bergen uno de ellos dedicado a las 350 mujeres que habían sido quemadas por brujería entre 1550 y 1700.

Muchas veces las magas, en la literatura o en la pintura, han sido reducidas al papel de mujer fatal y definidas en relación al deseo masculino, olvidando que eran mujeres sabias que humanizaban y civilizaban a bestias y hombres.

¿Tú quién eres, cuál es tu país, tu ciudad y tus padres?
Maravíllame mucho que hayas tomado las drogas
y no estés hechizado, pues nadie logró resistirlas
ni aun habiendo tocado siquiera el vallar de los dientes.
[Un espíritu hay dentro de ti que no puede torcerse.]
Debes, pues, ser Ulises, el de las astucias; de él siempre
me anunció la venida el de la áurea varita, Argifontes,
de regreso de Troya en su cóncava nave sombría.
Más envaina la espada y vayamos los dos a ese lecho
y acostémonos juntos en él; de este modo ya unidos
en amor y en el lecho, los dos confiarnos podremos.

RAPSODIA X Circe a Ulises (p. 195)


J. W. WATERHOUSE


La maga que enciende el fuego en el interior de un círculo mágico es un tema reiterado en la pintura de John William Waterhouse. Este planteamiento del círculo mágico lo encontramos en  Circe ofreciendo la copa a Ulises, es circular el espacio ante el trono de la maga y circular el espejo que refleja la presencia de Ulises cuya posición es la del espectador.

Solo me queda invitaros a una copa mientras continuamos leyendo la Odisea, un excelente relato de viajes que como todo viaje es el relato de un proceso de descubrimiento, de apropiación o de recuperación de algo de uno mismo.

¿Os atrevéis a acompañarme?


La obra de Waterhouse tomada de google.