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sábado, 27 de abril de 2013

AMIN MAALOUF, Los desorientados.



Simplemente lo compré porque me gustó el tema cuando lo leí en la contraportada, tenía además la lejana referencia de León el Africano.
Los desorientados tiene 518 páginas y el título hace referencia a la desorientación que padecen un grupo de amigos de la juventud que, por acontecimientos relacionados con su país, se dispersan y dejan de verse durante veinticinco años.
Amin Maalouf nació en Beirut en 1949, es un escritor libanés que escribe en francés, ya que se educó en un colegio francés de jesuitas (su madre era católica y francófona) y, además, reside en París desde hace años. Empezó a trabajar como periodista para el principal diario libanés, An Nahar. Cuando la guerra civil estalló en el Líbano en 1975, decidió abandonar su patria, y desde ese año se refugió en París, donde vive y escribe. Ha recibido muchos premios entre los cuales está el Premio Goncourt (1993) y el Principe de Asturias de las Letras (2010).

Su literatura mezcla la realidad histórica con la ficción, y aspectos de las dos culturas en las que se mueve su vida: la occidental y la oriental. En Los desorientados aparece claramente este rasgo de su narrativa puesto que el protagonista Adam, junto con otros amigos de la juventud, se exilió de Líbano a raíz de la guerra y se instaló a vivir en París. La muerte de uno de ellos, que se quedó en el Líbano e hizo carrera política, Mourad, propicia el regreso de Adam y la reunión del dispersado grupo de amigos. En el grupo había personas de todas las religiones y, tras la dispersión, los contrastes entre las dos culturas se agudizaron.
Además hay una preciosa historia de amor y sexo con una amiga del grupo de juventud, Semiramis, que también se quedó a vivir en Líbano.
La novela va desgranando en dieciséis días, a partir del diario de Adam, las personalidades de los diferentes integrantes del grupo y los contactos de Adam para encontrarse todos de nuevo en su país. Y no desvelo nada más de la novela puesto que hay sorpresa final.

Adam habla en su novela de la civilización levantina para referirse a la civilización del Líbano:

Una expresión con la que sonríen los ignorantes y les chirrían los dientes a los partidarios de las barbaries triunfantes, los adeptos de las tribus arrogantes que se enfrentan en nombre del Dios único y no saben de peor adversario que nuestras identidades sutiles (p. 34).

Sobre su relación con Semiramis:

¡Tenía que pasarnos!
Que después de haber comido el fruto ofrecido, deseásemos el fruto prohibido.
Que después de habernos amado con consentimiento, nos amásemos con desobediencia.
¿Quiere decir esto que mi relación con Semi no es ya ese paréntesis que teníamos programado cerrar desde el mismo momento en que lo abrimos? Sí, lo es todavía, no puede ser más que un paréntesis, ni en mi cabeza ni en la suya. Pero una relación, para ser noble, tiene que vivir entero su ciclo. No solo su edad adulta, sino también su infancia y su adolescencia, aunque las viva en desorden. Y también tiene que dar con su alquimia propia, con su propia mezcla de razón y de sinrazón, de fervor y de desapego, de emoción y de humor, de intimidad y de distancia, de palabra y de carne.
Lo que importa es que los amantes sepan conservar el recuerdo de esa relación como si se tratase de un viaje que han hecho juntos (p. 375)

Me gusta su manera de escribir, elegante y pausada, la manera de establecer el diálogo a dos voces, interior y pública. Una novela llena de matices y sentimientos que se desarrolla alrededor de temas trascendentes: amor, pasión, amistad, religión, revolución y vida.

miércoles, 17 de abril de 2013

DEL PARAISO COMPARTIDO (LA LECTURA) A LA PUTA CALLE

No he cambiado la entrada sobre el paraíso compartido de la lectura que había previsto editar para hoy, pero he incluido la lectura de a la puta calle, de Cristina Fallarás, porque juntas no me parecen incompatibles aunque lo parezcan… o eso creo…

CATRIN ARNO


Se habla muchas veces del hechizo de los libros. No se dice lo suficiente que es por partida doble. Está el hechizo de leerlos y el de hablar de ellos. Todo el encanto de un Borges está en que leemos las historias que cuenta mientras sueña con otros libros inventados, soñados, fantasmagóricos. Y, en el espacio de pocas páginas, tenemos los dos encantamientos a la vez.



He podido, en mi vida, notar con frecuencia esa virtud de los libros. Pero fue ese día cuando la descubrí. Estás con una extraña, te pregunta qué estás leyendo, o se lo preguntas tú, y, si los dos pertenecéis al universo de los que leen, ya estáis a punto de entrar cogidos de la mano en un paraíso compartido. Y, como un libro, llama a otro, vais a saber juntos de hazañas, de emociones, de mitos, de ideas, de estilos, de esperanzas.



AMIN MAALOUF, Los desorientados (p. 456).

DEL PARAÍSO A LA PUTA CALLE...



CRISTINA FALLARÁS, A la puta calle. Crónica de un desahucio.

El pasado viernes día 12 tenía una reunión en Barcelona,  durante los tres cuartos de hora que me cuesta llegar a Barcelona (y otros tantos de vuelta) mi actividad favorita es escuchar música y/o leer. En esta ocasión decidí llevarme el libro de Fallarás a la que ya conocía por la novela breve aquí comentada, Últimos días en el Puesto del Este.
Su libro, de 157 páginas, es la crónica del desahucio que ella misma ha padecido.

Cristina Fallarás está padeciendo una situación que afecta en este país a miles de personas, que se ha acabado convirtiendo en un problema de orden público para el poder político por los escraches que, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, se ha visto obligada a realizar dado que la clase política de este país les ha ignorado desde hace cuatro años.

Aquellos a quienes los ciudadanos elegimos para que gestionaran este país no sólo no han estado a la altura, sino que han desertado, han dado la espalda a las personas que dependen de ellos, de sus decisiones, de las leyes que dicten. Los unos y los otros, todos. Los ciudadanos españoles ya no creen en el papel de sus políticos. A mí me parece sencillamente que no hay gobierno, y me abruma este país que veo retroceder, con peineta y banqueros, hacia épocas que no recuerdo haber vivido (p. 17).

Cristina Fallarás se desnuda en este libro, abre su desesperada situación al lector, abre su ánimo y su alma para explicarnos, como ella lo enuncia, su caída en el despeñadero del monte Niesen. Desvela, como periodista que es, con bisturí, el empobrecimiento brutal, a palos, del ejercicio responsable de mantener a la población informada de lo que sucede, y también el intento de destrucción de un colectivo profesional miserizado, utilizado y prostituido por unas empresas con demasiados intereses y relaciones con el mundo financiero como para hincar el colmillo en ese hueso (p. 66).

Y valiente y luchadora como es, da claves de la comodidad con la que el PODER (esa extraña alianza de banqueros, especuladores, políticos corruptos, empresarios que sanean sus empresas de trabajadores legalizados y medios de comunicación) lo está haciendo en nuestro país debido al concepto de autoridad que en España es hijo de cuatro decenios de dictadura y siglos de Iglesia católica, más la mediación de una transición democrática basada en el engaño (…). Así que aquí se han dado por supuestas la obediencia ciega a la autoridad y el respeto sin fisuras por sus representantes (p. 147).

Como explicaros que, cuando describe Fallarás la situación personal y familiar en la que vive tras perder hace cuatro años su trabajo y sufrir el desahucio, me encogí por dentro mientras acababa de leer su extraordinario libro, de vuelta de una reunión llena de impotencia y desánimo por la docilidad general en que estamos instalados.


Imagen de Catrin Arno tomada de google