Mostrando entradas con la etiqueta KALLIFATIDES Theodor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta KALLIFATIDES Theodor. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de octubre de 2022

Theodor Kallifatides, Timandra

 

Esta novela fue un regalo de cumpleaños de una amiga, ya me habían hablado bien de ella otras amigas de cuyo criterio lector me fío. Sin embargo, el inicio de la novela no fue bueno, me aburría con la historia narrada y la lectura avanzaba lenta, desganada y olvidaba lo leído porque me despistaba con facilidad. Fue al sobrepasar las primeras cincuenta o sesenta páginas cuando empezó a despertarme cierto interés y lo que me ha permitido terminarla con cierto gusto. Para mí son mejores las novelas basadas en su biografía que esta.

Veo que esta novela es de 1994, el éxito que está alcanzando Kallifatides en nuestro país supongo que está llevando a traducir su obra sin orden cronológico. Timandra, nos cuenta en primera persona su vida (ella es una hetera) y la Atenas de su tiempo en plena guerra del Peloponeso contra Esparta. La condición de las mujeres en Atenas, recluidas en sus gineceos, era de subordinación y exclusión de la condición de ciudadanas por mucho que sus progenitores fueran ciudadanos libres. No es el caso de Timandra que hereda su condición de hetera de su madre que también lo era, pese a ello estamos ante mujeres cultas y, sobre todo, mucho más libres que el resto de las mujeres. La vemos moverse con filósofos como Sócrates, héroes militares como Alcibíades (su gran amor) y otros personajes de la época en salones, bebiendo vino como ellos y con total libertad de movimientos.

Sé que a muchas lectoras de IG les ha encantado esta novela. Por mi parte, me parece una novela de cierto interés, pero desigual, que empieza con cierta torpeza y gana con el paso de las páginas.

jueves, 28 de enero de 2021

Theodor Kallifatides, Madres e hijos




Cuando leí Otra vida por vivir comenté que era un libro de una dimensión humana  enorme y que me había sentido identificada con esa humanidad de inmediato. Así mismo, comenté que cuando acabé de leer el libro pensé: ¿Qué me ha contado este hombre? ¿Por qué me ha gustado tanto? ¿Por qué me ha emocionado de la manera que lo ha hecho?

Con Madres e hijos me ha pasado exactamente lo mismo, aunque la sorpresa ha sido menor porque ya lo esperaba. En esta ocasión el autor viaja a Atenas, ciudad a la que viajé hace algo más de un año, a visitar a su madre de 92 años y a su hermano. Resulta curioso que en ambas fotos de sus libros he elegido el mar, el viejo mar Mediteráneo, de marco para sus palabras.

El libro se desarrolla a lo largo de los siete días que dura su estancia en casa de su madre, en la que había sido también su casa antes de emigrar a Suecia. En esos días lee un manuscrito que su padre escribió hablando de su vida y de la de su familia y, a la vez, habla con su madre de episodios del pasado o de aspectos poco explicados por el padre en su escrito.
«Quiero recordar sin recordar. Quiero ser mis recuerdos». 
Como él señala al final del libro, no busca ni cuenta «secretos», simplemente cuenta la vida de sus allegados y, con esa cotidianeidad de la vida y de los afectos, relata sucesos que explican aspectos de la historia de Grecia en el siglo XX. En ese recorrido se piensa a sí mismo en las etapas de su vida, en su situación entre dos culturas tan diferentes, en su proximidad y lejanía de su familia griega, especialmente de su madre. Relata con sencillez y con belleza la relación con su madre, una relación, que no le cabe duda, ha sido y es esencial para él. Dice su madre:
 «Ni siquiera teníamos relojes. El alcalde tenía, el juez, el boticario, tu difunto padre. Nosotros sabíamos que era la mañana, el mediodía, la tarde o la noche. Nadie decía “las tres menos cuarto”. ¿A quién le importaba el cuarto? Ni las olivas ni las uvas están listas en un cuarto de hora. Mi primer reloj lo usé a los cuarenta años». 
Esa es la sensación que una tiene cuando lee a Kallifatides, qué importa un cuarto o media hora, el tiempo tiene otro ritmo cuando lees este Madres e hijos.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

THEODOR KALLIFATIDES, Otra vida por vivir

Kallifatides escribe un libro de una dimensión humana que, de forma instantánea, me identifica con él. Ocurre raras veces que una empatice con alguien con el que aparentemente tiene poco que ver (sexo, nacionalidad, edad, lengua…), sin embargo cuando ocurre es una fiesta para mí. Me pasa reiteradamente con Imre Kertész, uno de mis escritores favoritos.



Cuando acabé de leer Otra vida por vivir pensé: ¿Qué me ha contado este hombre? ¿Por qué me ha gustado tanto? ¿Por qué me ha emocionado de la manera que lo ha hecho? No es fácil explicarlo, hay que leerlo y comprobar si también te emociona a ti.

Kallifatides emigró joven a Suecia por la enésima crisis económica de su país, Grecia. Allí se integró tan fácilmente que empezó su oficio de escritor en lengua sueca, se casó con una mujer sueca y decidió no enseñar el griego a sus hijos/as. Pese a que tenía una cierta querencia hacia personas que procedían de su país, rompió bastantes vínculos con Grecia.

Llegado a la vejez, setenta y pico años, padece una crisis de escritura… no tenía nada que decir, dice el mismo. En esa situación, piensa, y piensa en muchas cosas diversas que abarcan de su núcleo más íntimo al mundo entero, de sus inicios como inmigrante al consumismo, del fracaso al éxito, etc. Lo hace sin aparente esfuerzo, de forma delicada, breve (el libro de formato pequeño tiene 153 páginas). 

En un momento dado se siente herido por el trato que recibe su país de origen y esa herida y su vacío como escritor, le llevan a su país de origen y a su pueblo donde le quieren poner su nombre a un centro escolar de secundaria. Con su regreso, se encuentra con su lengua y se da cuenta de que:
« (…) cuando no tienes nada que decir, lo dices mejor en tu lengua materna» (p. 152). 
Y con su lengua afloran recuerdos muy antiguos: 
«Mi abuela que le sacaba el hueso a las aceitunas con sus dedos encallecidos para que yo pudiera comerlas. La palma grande de la mano de mi abuelo con un caramelo amarillo. Mi madre que mojaba el pan duro y le rociaba un poco de azúcar “para que la boca del niño se endulzara”.
Fueron años duros, difíciles, pero siempre había una mano que ponía algo comestible en mi boca. Una vez más el mundo atravesaba por años duros y difíciles.
¿Qué manos darían y qué manos recibirían?». 
Este libro tiene otra virtud, explicar con sencillez el maltrato que ha padecido el pueblo griego en estos años de crisis. Hay otro motivo por el que una amiga me recomendó este libro, pero ese ya os lo explicaré en otro momento.