Un tiempo agoniza y desde el alba
unos corceles desbocados
esbozan la imagen antigua
de mis amigos perdidos
en las riberas desoladas,
en el confín de los desiertos.
Oye a quien responde en un murmullo:
necesitas una compañía ajena al universo,
explicar a lo invisible tus desgracias,
vivir la creación como tu propia naturaleza.
Habito donde la ciudad dormita
y se demora en largos suspiros,
en los campos de lágrimas,
en un lecho que tiene por frazada el llanto,
en el angosto corredor
que se abre entre el cielo y sus párpados.
...Murió el grito del retorno.