O PORQUÉ
DECIMOS AMOR CUANDO QUEREMOS DECIR SEXO
ALBERT WATSON
Dicen las malas lenguas que la mayoría buscamos
sentir turbulencias anímicas y
sensoriales:
(…) palpitaciones y alteración del pulso; rubor; brillo específico de los ojos; relajación general de la propia estructura, que se manifiesta como sonrisa inintencionada, incluso bobalicona; tendencia a abrírsele a uno los brazos, o las piernas; aumento de la secreción salival y otras, con facilidad también para las lágrimas; sensación de derretimiento recorriendo la medula de abajo arriba; movimientos contradictorios de acercamiento y de huida;(...). AGUSTÍN GARCÍA CALVO, El amor y los 2 sexos.
Y dicen también que,
conforme pasa el tiempo, más añoramos eso que se llama enamoramiento y que se
manifiesta, sin duda, en el deseo sexual. Pese a ello, el sexo sin más continúa
teniendo mala prensa y el síndrome turbulento necesita de la ideación del Amor,
con mayúsculas, es decir, del Amor como algo “natural”, único y eterno (un amor
a dos o tres bandas y temporal perdería su carácter épico). De hecho, el
auténtico Amor se define porque no es solo sexo y porque va acompañado del
compromiso y de un comportamiento del uno hacia la otra (y al contrario) que
anula lo que pudiera haber de impulso y aspiración subracional construyendo un
Amor instituido que somete la relación con la otra persona a los mandatos de su
imperio.
No hablo de lo que esas
malas lenguas dicen respecto a cuál de los dos sexos sale ganando en esta
ideación del amor y cuál de los dos se convierte en defensor y garante de esa
construcción cultural llamada Amor.
Ojalá podamos decir sexo
cuando queremos decir Sexo. Y ojalá las mujeres podamos decidir por nosotras mismas lo que deseamos (y eso va por la necesidad de seguir luchando incluso en fechas, fijadas en el calendario, como el 8 de marzo).
Si os interesa el tema os
recomiendo estas dos lecturas:
AGUSTÍN GARCÍA
CALVO (1982), El amor y los 2 sexos.
CORAL HERRERA GÓMEZ
(2010), La construcción sociocultural del
amor romántico.
