Las expectativas que ponemos a la hora de encarar un libro nos pueden condicionar en su lectura. Estas expectativas si son excesivas pueden provocar la decepción aunque la novela sea buena. Las redes sociales acostumbran a aupar algunas novelas que de pronto se ponen de moda y todo el mundo virtual parece leerlas a la vez. Pocas veces caigo en la trampa, las unanimidades me asustan y pongo distancia, sea en política, en literatura, o en cualquier otro ámbito de la vida.
Todo esto viene a cuento de Entre pólvora y canela. No compré el libro, fue un regalo, y no había leído nada sobre esta novela. Cuando vi en la contraportada que la historia iba de piratas a principios del siglo XIX, fruncí el morro. Así que las expectativas cuando empecé a leerlo eran muy bajas. Sin embargo, en cuanto empecé su lectura apareció un personaje que me atrajo enseguida: Owen Wedgwood. ¿Era un pirata? ¡¡Que va!! Era un cocinero que se movía entre fogones preparando exquisiteces una vez a la semana para quien comandaba el barco pirata.
Wedgwood había sido secuestrado en casa de Lord Ramsey, el gran comerciante para el que trabajaba, conducido a la fuerza al Flying Rose y obligado a cocinar una vez a la semana una cena exquisita para quien tenía el poder en el barco pirata. Hannah Mabbot era la Capitana del Flying Rose, toda una leyenda de los mares. Una mujer valiente, dura y con autoridad que le propuso a Wedgwood que si quería salvar la vida debía tener éxito en la preparación de la cena de los domingos.
Poco a poco la historia de estos personajes y del Flying Rose te va captando la atención, y poco a poco vas entrando en la historia que tiene un trasfondo histórico interesante: el Imperio Británico y el comercio. Esta actividad tenía como contexto los mares y océanos surcados por barcos de vela.
Una estimulante novela de piratas, que es lo mismo que decir de aventuras. No quisiera levantar falsas expectativas pero yo me lo he pasado muy bien leyéndola.
