Una
entusiasta recomendación y un título precioso me convencieron de su lectura.
Sabía de qué iba: era un relato sobre la pérdida y el dolor de la autora al
morir de infarto su marido, John Gregory Dunne.
Emociones que me ha despertado su
lectura…
Durante
una parte de su lectura he tenido sensación de incomodidad, incluso de cierta
irritación. He tenido que llegar casi al final para que la propia autora
iluminara las motivaciones de dichas emociones personales. Me disgusta la
autocompasión que puede derivar en obcecación. En El año del pensamiento mágico, el dolor deriva en un sentimiento de
pena acompañada de una obcecación por conocer milimétricamente todo lo
relacionado con la muerte de su marido, como si se hubiera podido evitar. Esa
búsqueda tediosa de circunstancias, medicinas, palabras y demás detalles,
provocan una sensación casi opresiva al observar línea a línea la incapacidad
de Joan Didion para lidiar con la situación. La autora misma desprecia la
autocompasión como el más común y el más
universalmente repudiado de nuestros defectos de carácter (…), con un potencial pestilente para la destrucción (162).
El título
No
hace presagiar la historia que encierran las 190 páginas del relato. Didion lo
explica, la primera noche tras la muerte de su marido necesitó quedarse sola para que
él pudiera volver. Aquel fue el principio de mi año de pensamiento mágico.
El relato
En
primera persona, Didion describe, sin dejar nada en el tintero, el desolador
sentimiento de pérdida que le provoca la muerte de su marido por un infarto masivo
y repentino en el salón de su casa mientras ella preparaba la cena, tras la
visita a la UCI del hospital Beth Israel Norte donde su hija Quintana estaba
internada por neumonía y choque séptico.
Las
primeras palabras que escribe, y que se irán repitiendo, a lo largo del relato,
son estas:
La vida cambia deprisa.
La vida cambia en un instante.
Te sientas a cenar y la vida que
conocías se acaba.
La cuestión de la autocompasión.
El
relato desgrana con crudeza, pero a la vez con cierta distancia emocional, todo
lo que siente y piensa en el primer año posterior a dicha pérdida mientras
acompaña a su hija, que lucha entre la vida y la muerte, en varios hospitales.
El
relato busca con dificultad las palabras que le permitan encontrar los
significados, necesito, dice Didion, que
lo que yo pienso y creo sea penetrable, al menos para mí misma (13).
¿Recuerda a Una pena en observación de C.S. Lewis?
En
parte sí, ambos coinciden en resaltar que lo peor de la muerte de una pareja
amada es la ausencia interminable, el vacío y la sucesión de momentos
sinsentido por dicha ausencia. De hecho, ella misma establece el paralelismo
cuando reproduce un párrafo de la mencionada obra (163):
“Pensamiento
tras pensamiento, sensación tras sensación, acto tras acto, tenían como objeto
a H. Y ahora su objetivo ha desaparecido”.
Mi fragmento favorito:
Durante el vuelo a LaGuardia recuerdo que pensé que las cosas más hermosas que había visto en la vida habían sido todas desde aviones. Esa forma que tiene de extenderse el oeste americano. Esa forma que tienen las islas del mar, en los vuelos polares sobre el Ártico, de convertirse imperceptiblemente en lagos en la tierra. El mar que separa Grecia de Chipre visto por la mañana. Los alpes vistos de camino a Milán. Todas estas cosas las había visto yo con John.¿Cómo podía volver a París sin él? ¿Cómo podía volver a Milán, Honolulú o Bogotá?Si ni siquiera podía ir a Boston (152-153).
Una canción…
Que
señala Didion. Es una de las que puso para hacer frente a su primera navidad,
que coincidía con el primer aniversario de la muerte de su marido: MABEL MERCERcantando a Cole Porter
Conclusión
La
lectura de El año del pensamiento mágico
es una historia de amor de una pareja que llevaba cuarenta años de matrimonio,
por tanto, de mucho tiempo y de mucha memoria para recuperar otra vida sin él.
Al fin y al cabo, dice Didion:
Me pasé cuarenta años viéndome a mí misma con los ojos de John. Yo no envejecía. Y este último año, por primera vez desde que tuve veintinueve, me he visto a mi misma con los ojos de otra gente (165).

