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domingo, 26 de octubre de 2014

DONNA TARTT, El jilguero.

Descubrí a esta autora cuando publicó Juego de niños, su segundo libro en castellano (2003), me gustó tanto que busqué y leí su obra anterior, El secreto. Hacía algo más de diez años que no había leído nada de ella cuando vi una reseña de El jilguero, sorprendida le comenté a mi librera que si se me había pasado alguna obra en este tiempo y me confirmó que no, que Donna Tartt solo había escrito tres novelas en veintiún años a un ritmo de diez y once años entre ellas. Solo esto ya nos indica que estamos ante una escritora peculiar. La novela, al igual que las dos anteriores, es muy voluminosa, en este caso 1.143 páginas. Hablar sobre el título no es difícil, la novela gira en torno a una pintura de Carel Fabritius (1654) que lleva ese título.
Era pequeño, el más pequeño de la exposición, así como el más sencillo: un jilguero amarillo sobre un fondo pálido y liso, encadenado por una pata a la percha sobre la que estaba posado.Fue alumno de Rembrandt y maestro de Vermeer –continuó mi madre-. Y este pequeño cuadro es en realidad el eslabón perdido entre los dos; en esa pura y clara luz del día ves de dónde sacó Vermeer la cualidad de la luz (p. 45).



La novela está dividida en cinco partes y un total de 12 capítulos. Theo Decker, un adolescente de 13 años que ha sido expulsado del colegio, entra con su madre en el Metropolitan Museum de N. York para refugiarse de la lluvia antes de ir a la reunión en el colegio. Su madre le conduce a ver la obra de Fabritius y allí se quedará prendado del cuadro y de una adolescente pelirroja de su edad que está en la misma sala.
Una explosión en el museo le cambiará la vida a Theo, los diez años siguientes son un caos que tratará de afrontar buscando el cariño de personas de su edad y adultos, siempre acompañado por un gran secreto.

Un tema recurrente en la novela es cómo la belleza pura puede alterar la realidad, siendo su búsqueda  una trampa, la vía rápida hacia la amargura y el dolor. Otra de las claves importantes: lo que se ama o lo que importa puede ser una ilusión, pero pese a ello ahí puede residir el encanto de todas las cosas por las que merece la pena vivir. Y la tercera clave: no elegimos nuestros sentimientos y eso bien puede significar querer lo que no es bueno para uno mismo o para los demás porque, en definitiva, no escogemos ser las personas que somos (p. 1.127). La fatalidad, como condicionante de la libertad, conduce a Theo a situaciones y aventuras variopintas en las que se va situando, sin buscarlo, al margen del sistema: robo, estafa, consumo de drogas y alcohol, asesinato… Y todo ello es lo que Theo escribe a su amada pelirroja, Pippa, a la que se vinculó observando el Jilguero y a la que ama sin posibilidad de ser correspondido como el desea.
Porque si son nuestros secretos los que nos definen, y no la cara que mostramos al mundo, entonces el cuadro es el secreto que hizo que me elevara por encima de la superficie de la vida y que me permitió averiguar quién era yo. Y está ahí, en cada página de mis cuadernos, aunque no lo esté. Sueño y magia, magia y delirio. La teoría del campo unificado. Un secreto de un secreto (p. 1.132).


Theo queda marcado por verdades que no puede o no sabe comprender: el misterio, lo inexplicable, lo que no encaja, la ambigüedad. Y es en esa empresa en la que la autora, a veces, pierde el norte alargando momentos o complicándolos en exceso. Pese a ello es una novela que atrapa al lector en sus “garras” y no lo suelta, es adictiva, necesitas saber cómo saldrá adelante Theo. Y lo peor el volumen y el peso consiguiente, gran incomodidad para leerla. Esperaré diez años para leer su cuarta novela, Donna Tartt es una excelente novelista.

viernes, 24 de octubre de 2014

DONNA TARTT


Escritora estadounidense que en diciembre cumplirá 51 años, famosa desde los 28 por su primera novela, El secreto (1992), y que ha publicado solo tres novelas en veinte años. Una mujer discreta, hermética, atípica en esta época del selfie puesto que hace pocas concesiones a los medios de comunicación. 

Una melena corta y recta que endurece los rasgos de una mujer delgada, de piel pálida y ojos verdes. Un look anacrónico a lo George Sand con camisas masculinas, blazers, corbata o grandes sobretodos que confirman, con esa prenda amplia, larga y ligera, una imagen gótica que potencia en sus novelas y en su imagen. 



Pocas concesiones al color con prendas en las que domina el gris, el negro y el blanco, escasos complementos: anillos, un pañuelo, y poco más. Ligeros toques de maquillaje especialmente en los labios.

Donna Tartt, de mirada seria, dura y distante, tiene, sin embargo, una vena creativa que canaliza a través de la literatura, un medio para crear mundos imposibles y vivirlos plenamente a través de la escritura (y la lectura) y ese rasgo de su carácter emerge cuando ilumina su look masculino con una corbata fucsia o decide dulcificar su imagen con una leve sonrisa y una camisa ultra femenina con cuello amplio y puños de encaje. 



Sin duda una mujer de fuerte personalidad que se esconde del gran público y ha logrado vivir de su literatura con solo tres obras que han conseguido ser best sellers y mantener buenas críticas entre escritores y lectores cultos. Quizás está es la razón de la concesión este año del Premio Pulitzer a El jilguero.