Quiero empezar este año con la emoción que siempre me proporciona la poesía.
Reseño poca poesía, me cuesta mucho hacerlo. Es tan íntima que casi nunca se me ocurre qué comentar o qué resaltar, pero en mi mesita de noche siempre hay un libro de poemas que, a veces, se eterniza allí porque leo poco a poco y releo los poemas que me han gustado una y otra vez. Este es el caso de este libro de dos poetas que se encuentran entre mis favoritas, especialmente la Tsvetáieva.
ANNA AJMÁTOVA
Le gustaban tres cosas en la vida:
pavos reales blancos, canciones al atardecer,
y desgastados mapas de América.
Detestaba el lloriqueo de los niños,
confitura de frambuesa para el té
y la histeria femenina...
Y yo era su mujer...
MARINA TSVETÁIEVA
¡Feliz Año Nuevo! ¡Feliz luz y mundo nuevo, refugio,
reino nuevo feliz! Para ti, esa primera carta
en tu nuevo lugar -no de verdes praderas
de flores esmaltadas, sino de honda resonancia clamorosa
como una hueca torre de Eolo-. Para ti,
esta primera carta, escrita desde tu patria
-donde gimo sin ti- que es ya hoy
sólo una entre las estrellas... Leyes
de separación y retirada, que convierten
también en una más a la amada y devuelven
a la inexistencia lo mejor.
(fragmento del poema ¡Por el Año Nuevo!).
Poesía para construir buenos augurios que nos sean beneficiosos en el 2017.
