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viernes, 2 de enero de 2015

TOM SPANBAUER, El hombre que se enamoró de la luna.

Cuando leí la referencia a este libro que Yossi Barzilai  hizo en el resumen de lecturas de octubre, decidí, en parte por su bello título, buscarlo y darle prioridad.
Mentiría si dijera que ha respondido a las expectativas que, más por un palpito que por la referencia leída, construí temerariamente. Falsearía la realidad si dijera que me ha decepcionado. Más bien he transitado, a veces, en el entusiasmo, y a veces en la monotonía. Pero no entro aún en materia porque faltan algunos datos de interés.


La novela, en edición de bolsillo, tiene 453 páginas divididas en cuatro capítulos que empiezan con el famoso hubo una vez… y el epílogo. Uno de los personajes principales de la novela, Dellwood Barker, se enamoró de la luna. La luna y su lenguaje: mi respiración, los latidos de mi corazón. Porqué ¿cuál es el idioma de la luna? ¿El corazón o la mente? Sin desvelar la respuesta que cada lector/a tiene que descubrir, lo cierto es que la mente puede destruir el corazón, ahora bien…
La historia dice que si vives tu vida sin traicionar a tu corazón, encontrarás un lugar (…) al que poder ir cuando mueras, y que podrás contar la historia de tu vida en voz alta a la naturaleza, que te escuchará. La muerte esperará hasta que hayas terminado con tu canción, con tu baile y con todo lo que tengas que hacer para poder contar tu historia.Cuando cuentes tu historia entenderás lo que has conocido. Y eso, el conocimiento comprendido, es la mejor sensación posible (p. 159).

Tom Spanbauer nació en Idaho (EUA) en 1946, su familia, de origen alemán y de religión católica, se dedicaba a la agricultura.


Su escritura forma parte de la llamada escritura peligrosa cuyo nombre hace alusión al hecho de escribir sobre temas que causan miedo o vergüenza en el escritor, con el objetivo de explorarlos y expresarlos de la manera más sincera posible, por lo que suelen ser narraciones en primera persona.

La historia la cuenta Cobertizo, un huérfano de padre desconocido y madre india que morirá cuando él es aún un niño. Este personaje cuenta la historia de las personas que amó y que se convirtieron en su familia: Dellwood Barker, un cowboy de ojos verdes que cautiva a Cobertizo, y dos prostitutas: Ida Richilieu y Alma Hatch. La acción transcurre en Excellent (Idaho) entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Una época en la que EUA ya ha fijado sus fronteras y comienza su expansión imperialista, un momento en que el oeste americano ha sido definitivamente conquistado a los indios autóctonos y ese mundo de cowboys empezaba a declinar.

Quizás por esa búsqueda de la escritura peligrosa Spanbauer introduce pasajes de difícil interpretación que nos obliga a ralentizar el ritmo de lectura para desentrañar el significado de dichos fragmentos. Destaca también la total libertad con la que el autor construye la historia de sus personajes principales y, por último, resulta clave en la trama reflejar las sensaciones, los momentos vividos. La misma libertad que el autor otorga a sus personajes nos la da a los lectores/as que, como sujetos activos, vamos fijando las características de cada uno de ellos ya que el autor no los define ni los juzga.
El cuerpo de Alma era zarzaparrilla o azúcar o un pastel. Algo tan dulce, rosado y pegajoso que te impregnaba entero. Algo con lo que una vez que empezabas no podías parar hasta empacharte. Y en todo momento olía a rosas… rosas mezcladas con olor a mujer. Alma Hatch siempre se ponía agua de rosas. Detrás de las orejas, debajo de los brazos, en las muñecas. (…) Rosas de color rosa. No rojas, ni blancas, ni amarillas… rosas. Los pezones eran de color rosa; su agujero, de color rosa; sus labios, rosados. Juro que Alma Hatch no era una mujer blanca. Era una mujer rosa (P. 97).

Desde mi punto de vista cae en la reiteración a la hora de explicar las emociones de los protagonistas, no he podido librarme de la sensación de que leía lo mismo varias veces.  Un “pero” que puede deberse al momento en que la he leído, un momento de mucho trabajo y tensión, o quizás nada tenga que ver con ello y sea el mayor defecto de la obra.