No he cambiado la entrada sobre el paraíso compartido de la lectura que había previsto editar para hoy, pero he incluido la lectura de a la puta calle, de Cristina Fallarás, porque juntas no me parecen incompatibles aunque lo parezcan… o eso creo…
CATRIN ARNO
Se habla muchas veces del hechizo de los libros. No se dice lo suficiente que es por partida doble. Está el hechizo de leerlos y el de hablar de ellos. Todo el encanto de un Borges está en que leemos las historias que cuenta mientras sueña con otros libros inventados, soñados, fantasmagóricos. Y, en el espacio de pocas páginas, tenemos los dos encantamientos a la vez.
He podido, en mi vida, notar con frecuencia esa virtud de los libros. Pero fue ese día cuando la descubrí. Estás con una extraña, te pregunta qué estás leyendo, o se lo preguntas tú, y, si los dos pertenecéis al universo de los que leen, ya estáis a punto de entrar cogidos de la mano en un paraíso compartido. Y, como un libro, llama a otro, vais a saber juntos de hazañas, de emociones, de mitos, de ideas, de estilos, de esperanzas.
AMIN MAALOUF, Los desorientados (p. 456).
DEL PARAÍSO A LA PUTA CALLE...
CRISTINA FALLARÁS, A
la puta calle. Crónica de un desahucio.
El pasado viernes día 12 tenía una reunión en
Barcelona, durante los tres
cuartos de hora que me cuesta llegar a Barcelona (y otros tantos de vuelta) mi
actividad favorita es escuchar música y/o leer. En esta ocasión decidí llevarme
el libro de Fallarás a la que ya conocía por la novela breve aquí comentada, Últimos días en el Puesto del Este.
Su
libro, de 157 páginas, es la crónica del desahucio que ella misma ha padecido.
Cristina
Fallarás está padeciendo una situación que afecta en este país a miles de
personas, que se ha acabado convirtiendo en un problema de orden público para
el poder político por los escraches que, la Plataforma de Afectados por la
Hipoteca, se ha visto obligada a realizar dado que la clase política de este
país les ha ignorado desde hace cuatro años.
Aquellos a quienes los ciudadanos
elegimos para que gestionaran este país no sólo no han estado a la altura, sino
que han desertado, han dado la espalda a las personas que dependen de ellos, de
sus decisiones, de las leyes que dicten. Los unos y los otros, todos. Los
ciudadanos españoles ya no creen en el papel de sus políticos. A mí me parece
sencillamente que no hay gobierno, y me abruma este país que veo retroceder,
con peineta y banqueros, hacia épocas que no recuerdo haber vivido (p.
17).
Cristina
Fallarás se desnuda en este libro, abre su desesperada situación al lector,
abre su ánimo y su alma para explicarnos, como ella lo enuncia, su caída en el despeñadero del monte Niesen. Desvela,
como periodista que es, con bisturí, el empobrecimiento
brutal, a palos, del ejercicio responsable de mantener a la población informada
de lo que sucede, y también el intento de destrucción de un colectivo
profesional miserizado, utilizado y prostituido por unas empresas con
demasiados intereses y relaciones con el mundo financiero como para hincar el
colmillo en ese hueso (p. 66).
Y
valiente y luchadora como es, da claves de la comodidad con la que el PODER
(esa extraña alianza de banqueros, especuladores, políticos corruptos,
empresarios que sanean sus empresas de trabajadores legalizados y medios de comunicación)
lo está haciendo en nuestro país debido al concepto de autoridad que en España es hijo de cuatro decenios de
dictadura y siglos de Iglesia católica, más la mediación de una transición
democrática basada en el engaño (…). Así que aquí se han dado por supuestas la
obediencia ciega a la autoridad y el respeto sin fisuras por sus representantes
(p. 147).
Como
explicaros que, cuando describe Fallarás la situación personal y familiar en la
que vive tras perder hace cuatro años su trabajo y sufrir el desahucio, me
encogí por dentro mientras acababa de leer su extraordinario libro, de vuelta
de una reunión llena de impotencia y desánimo por la docilidad general en que
estamos instalados.
Imagen de Catrin Arno tomada de google

