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miércoles, 17 de abril de 2013

DEL PARAISO COMPARTIDO (LA LECTURA) A LA PUTA CALLE

No he cambiado la entrada sobre el paraíso compartido de la lectura que había previsto editar para hoy, pero he incluido la lectura de a la puta calle, de Cristina Fallarás, porque juntas no me parecen incompatibles aunque lo parezcan… o eso creo…

CATRIN ARNO


Se habla muchas veces del hechizo de los libros. No se dice lo suficiente que es por partida doble. Está el hechizo de leerlos y el de hablar de ellos. Todo el encanto de un Borges está en que leemos las historias que cuenta mientras sueña con otros libros inventados, soñados, fantasmagóricos. Y, en el espacio de pocas páginas, tenemos los dos encantamientos a la vez.



He podido, en mi vida, notar con frecuencia esa virtud de los libros. Pero fue ese día cuando la descubrí. Estás con una extraña, te pregunta qué estás leyendo, o se lo preguntas tú, y, si los dos pertenecéis al universo de los que leen, ya estáis a punto de entrar cogidos de la mano en un paraíso compartido. Y, como un libro, llama a otro, vais a saber juntos de hazañas, de emociones, de mitos, de ideas, de estilos, de esperanzas.



AMIN MAALOUF, Los desorientados (p. 456).

DEL PARAÍSO A LA PUTA CALLE...



CRISTINA FALLARÁS, A la puta calle. Crónica de un desahucio.

El pasado viernes día 12 tenía una reunión en Barcelona,  durante los tres cuartos de hora que me cuesta llegar a Barcelona (y otros tantos de vuelta) mi actividad favorita es escuchar música y/o leer. En esta ocasión decidí llevarme el libro de Fallarás a la que ya conocía por la novela breve aquí comentada, Últimos días en el Puesto del Este.
Su libro, de 157 páginas, es la crónica del desahucio que ella misma ha padecido.

Cristina Fallarás está padeciendo una situación que afecta en este país a miles de personas, que se ha acabado convirtiendo en un problema de orden público para el poder político por los escraches que, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, se ha visto obligada a realizar dado que la clase política de este país les ha ignorado desde hace cuatro años.

Aquellos a quienes los ciudadanos elegimos para que gestionaran este país no sólo no han estado a la altura, sino que han desertado, han dado la espalda a las personas que dependen de ellos, de sus decisiones, de las leyes que dicten. Los unos y los otros, todos. Los ciudadanos españoles ya no creen en el papel de sus políticos. A mí me parece sencillamente que no hay gobierno, y me abruma este país que veo retroceder, con peineta y banqueros, hacia épocas que no recuerdo haber vivido (p. 17).

Cristina Fallarás se desnuda en este libro, abre su desesperada situación al lector, abre su ánimo y su alma para explicarnos, como ella lo enuncia, su caída en el despeñadero del monte Niesen. Desvela, como periodista que es, con bisturí, el empobrecimiento brutal, a palos, del ejercicio responsable de mantener a la población informada de lo que sucede, y también el intento de destrucción de un colectivo profesional miserizado, utilizado y prostituido por unas empresas con demasiados intereses y relaciones con el mundo financiero como para hincar el colmillo en ese hueso (p. 66).

Y valiente y luchadora como es, da claves de la comodidad con la que el PODER (esa extraña alianza de banqueros, especuladores, políticos corruptos, empresarios que sanean sus empresas de trabajadores legalizados y medios de comunicación) lo está haciendo en nuestro país debido al concepto de autoridad que en España es hijo de cuatro decenios de dictadura y siglos de Iglesia católica, más la mediación de una transición democrática basada en el engaño (…). Así que aquí se han dado por supuestas la obediencia ciega a la autoridad y el respeto sin fisuras por sus representantes (p. 147).

Como explicaros que, cuando describe Fallarás la situación personal y familiar en la que vive tras perder hace cuatro años su trabajo y sufrir el desahucio, me encogí por dentro mientras acababa de leer su extraordinario libro, de vuelta de una reunión llena de impotencia y desánimo por la docilidad general en que estamos instalados.


Imagen de Catrin Arno tomada de google

martes, 5 de marzo de 2013

TERNURA QUE ME DESPIERTA EL HOMBRE...

 Anka Zhuravleva

La ternura que me despierta el hombre que piensa, que toma decisiones, que 

duda, el hombre que se arriesga a expresarlo públicamente; frente a mi 

indiferencia por el obediente, el correcto, el coherente, el que no busca ni 

buscó ni se mira ni se enfrenta. La ternura por el que decide amar, el que es 

capaz aún, por el hombre que se sienta a dialogar hondamente, que conoce la 

belleza y su sacudida, el que recuerda, decide recordar y el que enuncia, el 

hombre capaz de asumirse desnudo y a los gritos en medio de la calle y 

decirlo en voz alta. El hombre sucio, que suda, tiembla, se enoja, el que se 

desespera, el que todavía sufre desengaños, el que se conmueve, el que 

siente compasión y siente rabia, el generoso, el que se entrega en cueros 

transido de pudor a la muerte en el instante sexual, como entonces nosotros.

CRISTINA FALLARÁS, Últimos días en el Puesto del Este, p. 88.

Buscando la música de este texto, pensé que esté tema hacía un maridaje perfecto.   


BEN WEBSTER, Sophiscated Lady



Imagen y vídeo tomados de google.

sábado, 2 de marzo de 2013

Amor límite y asediado. CRISTINA FALLARÁS, Últimos días en el Puesto del Este.

En la librería Negra y Criminal, Pedro Zarraluki y Willy Uribe, presentaron el libro de Cristina Fallarás. 



No conocía a la autora y fui a la librería buscando otra novela y con la idea de compartir ese ambiente de los sábados con el vaso de tinto, las patatas chips y los mejillones. 

Tras escuchar la presentación del libro, mi interés por leerlo se disparó. Cuando lo compré y fui a que la autora me lo firmara, le comenté que me recordaba, por lo escuchado, a La carretera de Cormac McCarthy. Me dijo que sí, y que La carretera la leyó tras escribir la suya.

Últimos días en el Puesto del Este tiene 100 páginas, se trata de una novela breve. Su título hace referencia al espacio en el que se encuentran sitiados por una amenaza exterior, poco definida, un pequeño grupo de personas entre los que se encuentra una mujer que relata los últimos días en ese Puesto del Este.

Cristina Fallarás (Zaragoza, 1868) es periodista y escritora. 

El tema no es nuevo, el asedio de un grupo de personas por una amenaza exterior indefinida: gritos en la noche, uñas y ladridos de perros, sacrificios de quienes se han arriesgado a salir fuera, o la propia barbarie que se va instalando entre los asediados. Una mujer, la Polaca, vive en ese asedio y relata sus últimas diez noches mientras construye un relato de amor límite. La novela está escrita desde la poesía más dramática, la de una existencia al límite de las fuerzas que intenta batallar anclada en sus hijos (León y la pequeña) y en los recuerdos de la vida anterior al asedio.

Un FRAGMENTO hermoso, entre los muchos que hay, en tan exigua novela:


Sé que recuerdas mi ombligo, los huesos de las rodillas, el empeine. Sé que estás vivo y allá donde estés recuerdas el once de mi nuca, que aún sientes aquel hormigueo al pensar en mis pies, un pecado rojo puta en cada uña, mi pie entrando en tu boca, dios, ocupándola entera, arrancando el gemido bronco de mi centro vertido, derribada frente a tu larga figura en alto, una sacudida lumbar, el arco de la espalda subiendo hasta la línea de tu deseo, un deseo de sangre, tus labios feroces, tus dedos abriéndose paso, un enganche para alzar mi grito, una inyección de vida (p. 19). 

Una interesante novela.