lunes, 18 de enero de 2021

Olga Tokarczuk, Un lugar llamado Antaño



No creo que sea una casualidad que Olga Tokarczuk haya llamado Antaño al pueblo polaco que protagoniza esta novela. Antaño indica un tiempo pasado indeterminado que queda lejano del presente, algo que refleja muy bien ese pueblo rodeado de bosques y de dos ríos que protagoniza esta brillante novela.

Antaño es, probablemente, un lugar real y mágico a la vez en el que transcurren muchas y variadas historias de las que emergen personajes de varias generaciones y de diversas familias que van definiendo la idiosincrasia de este pueblo. Mientras sus vidas se van desarrollando desde la infancia a la vejez, los acontecimientos históricos aparecen como un eco en Antaño: guerras, campos de concentración, resistencia, socialismo, etc.

Los habitantes son capaces, aparentemente, de asimilar todos los acontecimientos que se producen y que influyen, relativamente, en la vida de sus habitantes.
 « (…) para pensar es necesario tragarse el tiempo, interiorizar el pasado, el presente, el futuro y sus constantes cambios. El tiempo opera en el interior de la mente humana. Nunca se halla fuera». 

La lectura de Un lugar llamado Antaño tiene la virtud de relajar. La historia, real y mágica a la vez, te envuelve con su prosa exacta y llena de poesía. La «frontera» imaginaria de Antaño te aísla en este tiempo indeterminado que crea la autora y que te transporta a «otro mundo» que parece detenido en el tiempo.

viernes, 8 de enero de 2021

Svetlana Alexiévich, Los muchachos de zinc. Voces soviéticas de la guerra de Afganistán.

 


Un nuevo libro de Alexiévich. Ya conozco muy bien su estilo, su manera de escribir, sus fuentes, lo que pretende y cómo me afecta su lectura. Temas recurrentes: guerras, el hombre y la mujer soviética, el testimonio individual, el totalitarismo y sus consecuencias. Su método está basado en hacer entrevistas a testigos de los diversos temas que ha elegido para escribir; en este caso se trata de la guerra de Afganistán que se prolongó durante diez años: 1979-1989 (prolongándose en algunos aspectos hasta 1992).

La guerra de Afganistán es conocida como el «Vietnam de la URSS», una guerra con contenido colonial, una sangría de jóvenes muertos o herido gravemente, una guerra perdida. La URSS intentó ocultar la dimensión de esta larga guerra haciendo propaganda de que se trataba de una colaboración internacionalista y que los y las soldados/as iban a construir escuelas, puentes, a colaborar culturalmente, etc.

Los muertos/as volvían en ataúdes de zinc sellados, las familias quedaban desoladas porque además de la muerte de un familiar próximo, no podían verlo, no sabían qué había dentro del féretro. La guerra fue atroz y eso es lo que se explica en el libro a través de diversos testimonios de personas que eran soldados, oficiales, médicos/as enfermeros/as, prostitutas, madres. El resultado de sus testimonios es desolador, las guerras matan y hieren cruelmente, pero además transforman a las personas involucradas en ellas.

El relato es aterrador (y para mi gusto repetitivo). Incorpora en la parte final un apartado titulado “Juicio sobre Los muchachos de zinc en la que se explica las dificultades
 que tuvo la autora para publicar este libro.

Algunos fragmentos:

«No logro quitarme de encima la sensación de que la guerra es fruto de la naturaleza masculina, de la que en muchos aspectos me siento muy alejada» (24).

«El derecho del hombre a no matar. A no aprender a matar. No está escrito en ninguna de las constituciones existentes» (28).

«Me sorprende lo poco que reflexionamos mientras estuvimos allí. Veíamos a nuestros chicos, torcidos, quemados. Los observábamos y aprendíamos  a odiar. Pero no aprendimos a pensar» 200).

Y siempre la sombra de la duda sobre la participación de las mujeres en la guerra. Sobre si se prostituían o no.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Iñaki Uriarte, Diarios (Tercer volumen: 2008-2010) y Diarios. Epílogo

 


Había leído y disfrutado los dos primeros volúmenes de estos Diarios tan peculiares (si buscáis la etiqueta encontraréis una reseña del primer volumen, no sé porqué no comenté el segundo), luego los había olvidado hasta ver anunciado que Isabel Coixet iba a hablar de ellos en un programa de radio no pude escuchar. Me di cuenta que me faltaba un volumen, que fueron dos porque no contaba con el Épilogo.

Uriarte no ha trabajado nunca, vive de una renta (según cuenta de un piso heredado) y de pequeños trabajos como crítico de literatura e incluso de alguna ayuda familiar. Es un bon vivant modesto por vocación. Uriarte es un gran lector que adora a Montaigne, Stendhal, Pascal, Proust, Borges, también Baroja o Pla.

Escribe unos diarios, sin referencias cronológicas excepto el año, en los que va desgranando con sentido del humor, calma, escepticismo relativo y cariño, la política, la amistad, el amor, la literatura, la salud, su gato Borges y mil y un aspectos que te van interesando, te van haciendo sonreír y empatizar.

«Las pequeñas cosas de la vida. La pequeña molestia en la rodilla al darme la vuelta en la cama, el pequeño catarro que no acaba de irse, el pequeño sonido de la fuga de agua que llega desde el cuarto de baño, el pequeño agravio de X esta mañana, que persiste en la memoria, el pequeño mosquito que zumba en la habitación, la pequeña picadura del mosquito en el hombro, el pequeño picor de la picadura, la pequeña pastilla que voy a tomar ahora mismo para olvidarme de las pequeñas cosas de la vida» (p. 64).

A Uriarte le gusta (relativamente) viajar por su pereza para encarar las mil y una incomodidades de un viejo. Por ello, Iriarte pasea y/o viaja a su ritmo, un ritmo tranquilo y sosegado. Sus destinos habituales: Francia e Italia, pero también Berlín o El Cairo. En esto viajes visita recónditos lugares en los que han vivido o escrito o pintado aquellos a quienes admira. Pero sorprendentemente también le encanta Benidorm, de donde siempre retorna a Bilbao (donde vive) mejor que cuando salió.

Su humor es fino, incisivo, imaginativo y cotidiano:

«Cada vez que hago algo que dicen que “alarga la vida” me da aprensión. Me veo a los cien años, en la cama, hecho un desastre, sin acabar de morirme porque a lo largo de mi vida comí, por ejemplo, demasiadas legumbres» (Epílogo, pag.46).

viernes, 18 de diciembre de 2020

Albert Camus, La muerte feliz

 


Agnès Spiquel, autora de la Presentación de la novela, la vincula con El extranjero. fue su primera novela; la abandonó hacia 1939 para escribir de un tirón en 1940, El extranjero.

La muerte feliz se publicó en 1971, después de morir Camus. Hay innegables vinculaciones entre ambas novelas, empezando por el protagonista: Mersault. Un aire parecido entre los dos Mersault es un hecho, aunque solo sea por el nombre. Pero hay mucho más, un aire parecido en lo referente a una cierta indiferencia, falta de arrepentimiento, escepticismo y pasividad. Todo ello mucho más acusado en El extranjero. Argel es, en ambas novelas, el trasfondo de sus vidas.

En  La muerte feliz su protagonista, Mersault, busca la felicidad a toda costa, pero no lo lograba por la pobreza. Camus vuelca su experiencia de la pobreza, su relación compleja con las mujeres, el placer por la naturaleza y, por supuesto, su reflexión filosófica en torno a la felicidad.

Sus descripciones de las estaciones o de un espacio natural son bellas y sugerentes:

«A mediodía, cesó el viento, el día estallo como una fruta madura y, por toda la extensión del mundo, dejo fluir un zumo tibio y asfixiante, entre un repentino concierto de cigarras. El mar se cubrió de ese zumo dorado como si fuera un aceite y devolvió a la tierra agobiada de sol un hálito caliente que la abrió y permitió que se alzasen aromas de ajenjo, de romero y de piedra recalentada».

martes, 8 de diciembre de 2020

George L. Mosse, Soldados caídos. La transformación de la memoria de las guerras mundiales.

 


Este libro apareció en 1990 aunque no se ha traducido hasta el 2016. Estamos ante una interesante propuesta historiográfica que se fundamenta en su interés por la ideología como sistema cultural a la que incorpora los símbolos, aspectos visuales y antropológicos, así como los mitos.

El libro está centrado en la Iª Guerra Mundial que, según Mosse, fue glorificada y embellecida en la postguerra. Se produjo un proceso de enmascaramiento de la realidad de la guerra (muerte, sufrimiento, heridos, etc.) que unida a la brutalización  del conflicto bélico, pusieron bajo control la memoria de la guerra. La insensibilización hacia el sufrimiento humano puso las bases del totalitarismo del periodo de entreguerras y de la IIª Guerra Mundial.

El mito de la «experiencia de guerra» es analizada en este libro a través de diversos aspectos: memoriales, cementerios militares, y poesía, arquitectura, naturaleza, juguetes, religión, cine o voluntarios de guerra.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Jo Nesbø, Cucarachas

 


Leo «novela negra» desde hace muchos años, tantos que era una rareza encontrar a alguien que leyera este género. Antes de que se pusiera de moda, leer este tipo de literatura estaba mal visto, se consideraba un género menor. Yo tuve buena escuela porque empecé a leer «novela negra» norteamericana, algo inglesa, mucho después llego a mi biblioteca la nórdica y de otras procedencias.

La «novela negra» no es policiaca, la primera nunca plantea las cosas entre policías buenos y delincuentes malos sino que sus historias se desenvuelven en un arco de grises en que ni unos son tan buenos ni otros tan malos (uso el masculino porque el predominio de protagonistas masculinos es abrumadora). El final no suele dar lugar al triunfo de los buenos (policías) sobre los malos (delincuentes) sino que suele quedar en la ambigüedad. Normalmente el trasfondo político-social y cultural suele tener un gran protagonismo en estas novelas (ahí está la feroz crítica en la «novela negra» norteamericana a la justicia, a la clase política, etc.).

No es la primera novela de Jo Nesbø que leo, ni será la última. Sus novelas, como toda la «novela negra» me absorben y entretienen mucho. Empecé a leer este tipo de novela cuando estaba redactando la Tesis Doctoral y acababa literalmente agotada mentalmente, incapaz de leer literatura más exigente, me lancé a este género. Ha habido épocas de mi vida en que me costaba dejar de leer «novela negra» (cuando mis hijos eran pequeños, cuando me agobiaba el trabajo, etc.), ahora leo poca pero siempre la tengo a mano como en este caso.

En este caso, Harry Hole (un policía que abusa del alcohol y con una vida personal bastante desastrosa) es enviado a Bangkok desde Oslo para resolver el asesinato del embajador noruego…

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Natascha Wodin, Mi madre era de Mariúpol

 


La autora, y protagonista de este Mi madre era de Mariúpol, rastrea las huellas de una familia que apenas conoce (y que había sido acomodada cuando ella pensaba todo lo contrario) en la ciudad ucraniana de Mariúpol. Estamos ante un testimonio que revive a una familia de la que la protagonista apenas sabe nada. A partir de su invocación, unas viejas fotos, un inesperado ayudante al otro lado del mar y mucha suerte, llevan a Wodin  a encontrar vestigios del pasado. Y así va encontrando una tenue línea de luz que le va guiando en el reencuentro con sus antepasados.

Madre e hija se enzarzan en múltiples discusiones. La hija quiere saber los motivos por los que se siente atrapada en un cuchitril del campamento  de personas desplazadas, tan lejos de la ciudad natal de su madre. El drama familiar del desarraigo, provocado por la deportación en 1944 de sus padres como trabajadores esclavos a Alemania,  se desarrolla en un tiempo marcado por los grandes desastres del siglo XX: el zarismo, La revolución rusa, la guerra civil contra el gobierno bolchevique, el estalinismo, la hambruna en Ucrania, las dos guerras mundiales y la dura postguerra en Alemania.

El libro pretende recordarnos la importancia  de conocer nuestro pasado, a nuestra familia y a nuestro entorno. Los hechos históricos mencionados hicieron posible que Wodin viviera su infancia y primera juventud con frío y con hambre siempre permanente. Las sorpresas se convierten en un relato apremiante que le permiten descubrirse a sí misma, no en blanco y negro sino en toda la variedad de grises que son posibles. Un paisaje vital letal se va dibujando conforme el relato avanza y nos va descubriendo cómo ha vivido ella, su familia cercana y esa otra que va recuperando del olvido para integrar una memoria que siempre es necesaria para encajar en el presente.

«Los humanos se protegen de la belleza para no verse catapultados fuera de la vida, fuera de las leyes del mundo» (p. 119).

domingo, 8 de noviembre de 2020

Claudio Magris, Microcosmos

El título nos dice casi todo. En este libro a Magris le interesa lo micro, lo pequeño, casi diminuto. Pone la lupa de aumento sobre historias que no suelen tener posibilidades de pasar a la Historia con mayúsculas. Las historias de este libro (nueve) no forman parte de un gran relato que sea objeto de estudio por su relevancia histórica, las historias de este libro son microhistorias a las que Magris entresaca del caos de los tiempos. Aparentemente no son importantes, no lo son sus protagonistas, ni lo son los espacios y lugares de los que habla (cafés, jardines, cimas, lagunas, pueblos, un oso, un perro, las piedras y las olas, la nieve, gestos, fronteras…).



Claudio Magris nació en Trieste, Italia, en 1939. Es profesor de Lengua y Literatura Germánicas en su ciudad natal. Es creador del término político Mitteleuropa que hace referencia a una Europa central con predominio alemán y que ha sido trasladado a la literatura, esa literatura, de la época de entreguerras, por la que me siento tan atraída. Sus obras son sobre todo ensayos, relatos y teatro. La obra que comentó tiene algo de novela, algo de historia, algo de libro de viajes y algo de ensayo por sus muchas reflexiones. En todo caso es un libro que no requiere prisas sino una pausada lectura para poderlo disfrutar. 

A través de múltiples situaciones, este libro no cuenta una historia, cuenta muchas y una sola que tiene muchas caras. Estamos ante un instrumento óptico que cuando lo movemos (leemos) a través de sus nueve capítulos, se pueden ver distintas perspectivas del tema que son simétricas. Microcosmos es circular porque se inicia en las máscaras del café San Marcos y luego se lanza a perseguir la sombra del autor en un trayecto que va recorriendo todo el entorno de Trieste, es decir, el Friuli, el Piamonte, el Veneto, Eslovenia y el Tirol austriaco. Magris construye un libro especial, original, un universo completo de perspectivas sobre el ser humano y sobre el entorno al que da tanta importancia como a las personas. 

Su manera de narrar es meticulosa, exacta y de gran belleza. Una muestra:

 « (…) para hacerle compañía a uno bastarían los montes, la robinia que hostiga el soto de castaños y encinas, los cipreses que invitan a una soledad no misántropa [*], benévolamente abierta para charlar un rato con quien le salga a uno al encuentro en las veredas hundidas, en la vegetación, en la luz subacuática del follaje» (p. 170).

[*] Nunca había visto sintetizada de forma tan certera la soledad que busco. 

He leído del autor: Danubio (fue el primer libro suyo que leí y ya no he podido despegarme de su nombre), No ha lugar a proceder, Otro mar y este Microcosmos, las cuatro son una maravilla.

miércoles, 28 de octubre de 2020

Benjamin Black, Los lobos de Praga

 

Benjamin Black es el seudónimo de John Banville, sobrenombre que utiliza cuando escribe novela negra. Había leído a Banville, no a Black hasta esta novela. Los lobos de Praga, es una novela que está ambientada en esa ciudad en el tránsito del siglo XVI al XVII. El protagonista de esta novela, Christian Stern, tiene que resolver el asesinato de una joven, encargo que recibe del emperador Rodolfo II, sobrino de Felipe II.


Black construye una brillante intriga que arranca del asesinado de una joven mujer que es mucho más compleja y que implica a muchas otras personas que también son asesinadas. La corte de
  Rodolfo II en Praga reúne conspiraciones, luchas y enfrentamientos entre diversos bandos que aspiran a controlar la influencia y el poder.

La religión, la magia, la alquimia, las relaciones amorosas, las intrigas políticas, las diferencias religiosas, las desavenencias familiares, etc. van construyendo una telaraña de muertes, pasiones y luchas por el poder que rodean al joven Christian Stern. El trasfondo es la ciudad de Praga alrededor del castillo que habitaba el sacro emperador Rodolfo II y su corte.

Los lobos de Praga no son una «novela negra» al uso. Existe el asesinato (en realidad varios asesinatos), existe un investigador (Christian Stern) aunque no es policía, y existe una trama compleja difícil de esclarecer. Se trata de «novela negra» de alto nivel, muy bien escrita y que mantiene la trama misteriosa hasta el final.

Una novela que puede resultar interesante incluso para aquellas personas que no son aficionadas a este género.

 

domingo, 18 de octubre de 2020

Aleksandar Tišma, El uso del hombre

 

Hace tiempo tenía obsesión por interpretar-entender los títulos de las novelas. Y buscaba en la propia novela o fuera de ella hasta que encontraba una explicación, pero en un momento dado decidí descargarme de esa obsesión. Normalmente acostumbro a encontrar en la novela el porqué del título, no ha sido el caso de esta, quizás me he despistado absorbida por esta historia que en algunas ocasiones me ha acongojado.

El uso del hombre me parece que puede estar relacionado con el utilitarismo extremo a que el ser humano fue sometido por el nazismo en casi toda Europa, pero quizás me equivoque. Tišma, nacido en 1924, de madre húngara y padre serbio estuvo preso en un campo de trabajos forzados durante la II Guerra Mundial, fue partisano al final de la guerra y décadas después, en 1993, su oposición a Miloševic lo llevó a refugiarse en Francia. Me he enterado también que esta novela es la segunda de un ciclo de cinco novelas llamado «Ramas entrelazadas». Un ciclo que tengo intención de leer dada la calidad de esta que he leído.

He leído esta novela en la montaña, su compañía ha sido muy gratificante para mí pese a que su contenido es duro. Tišma construye unos personajes, especialmente Vera y Sredoje, con una sutileza y rigor extraordinarios. Su prosa es exacta, sin excesos cuando podría haberlos justificadamente, nunca deja desbordarse a sus protagonistas, ni la historia que nos está contando.

Para mí la protagonista indiscutible es Vera que pasa de una inocencia y ociosidad típica de una familia mixta de clase media judía en la localidad de Novi Sad (Serbia) al infierno de un campo de exterminio. En la fila de selección para el horno crematorio, Vera es elegida por su juventud y belleza para la «casa de placer», es prostituida hasta la liberación del campo. El autor no carga las tintas en esta situación que la condicionará para siempre pero nos cuenta lo suficiente para que percibamos la tragedia de la protagonista.

Sredoje es un amigo de Vera de antes de la guerra y de su misma edad. La huida de Novi Sad con su padre y su hermano le conducirán, muy pronto en solitario, a un comportamiento que nos irrita por su posición acomodaticia que lo sitúa en esa zona gris en la que tantos se movieron para sobrevivir.

Nos queda clara la inhumanidad, la maldad, la indiferencia de la desgracia ajena (especialmente hacia la población judía), la supervivencia en situaciones límites, la monstruosidad normalizada. Sobre este tema se ha escrito mucho pero Tišma lo hace con una maestría narrativa y una sutileza extraordinaria.