jueves, 18 de octubre de 2018

MIRCEA CARTARESCU, Solenoide


Esta novela atípica, incluso dentro de la obra de Cartarescu, es una novela-río por la cantidad de temas distintos que trata. No hay una trama en el sentido convencional de la palabra y va saltando de unos temas a otros, recuperando algunos u olvidándolos en capítulos posteriores. Leo en el Posfacio de Marius Chivu que en Solenoide se recuperan y/o se enlazan temas de novelas anteriores (que no he leído), lo que puede dificultar la lectura y comprensión de esta.


Una de las características de esta novela es el realismo mágico, es decir, la inclusión de elementos fantásticos en la narración, para profundizar en la realidad desde lo mágico que hay en ella. Recurso que no me convence del todo y ha hecho la lectura pesada en algunos capítulos.
Es cierto que el autor ayuda al lector/a incluyendo guías para su lectura como la síntesis que hace de los tres cuadernos (tres partes de cuatro del libro) en las páginas 598 a 600. Ahí aparecen los múltiples temas que centran la atención del autor y que van desde los piojos, al miedo, a los sueños y numerosos personajes y lugares, ocupando Bucarest un protagonismo indudable.
El protagonista trasunto del propio autor que aparece en la novela, vive en una extraña casa con forma de barco con un solenoide que provoca diversas circunstancias mágicas y que van revelando la amarga verdad de su existencia.
Un fragmento:
Como escritor, te irrealizas con cada libro que escribes. Siempre quieres escribir sobre tu vida y siempre escribes solo sobre literatura. Es una maldición, una Fata Morgana, una forma de falsificar el simple hecho de vivir, de ser verdadero en un mundo verdadero. Multiplicas mundos cuando tu propio mundo debería bastar para llenar millones de vidas (52).
Dicen voces muy autorizadas que se trata de una novela extraordinaria, no les desmentiré, pero su lectura no me ha resultado fácil y no me lo esperaba puesto que todo lo que había leído del autor me había encantado. Aunque hay capítulos con los que he disfrutado mucho (los de la infancia del protagonista me han cautivado), otros me han resultado ajenos y sin interés (especialmente aquellos en que los elementos fantásticos dominaban).

lunes, 8 de octubre de 2018

CLAUDIO MAGRIS, Otro mar



Me gusta mucho como escribe Magris, me quedé prendada de este autor cuando leí El Danubio de la que hice una larga entrada hace casi tres años.

Llegué a este libro por otros y ese es el mejor camino para recalar en una propuesta concreta. 

Otro mar habla del mar, de hecho es una presencia continua en la novela porque su protagonista, Enrico, no puede vivir sin posar su vista en él. 
Maternal, la tierra soporta el arado que la desgarra, pero el mar es un gran esplendor inalcanzable, nada deja huella en él: los brazos que nadan no lo abrazan, lo alejan y lo pierden, él no se entrega (15). 
Pero en el libro se habla de muchas cosas más, se habla de una amistad (la de Enrico y Carlo) que le condicionará para siempre marcando una vida de aventura, soledad, marginación y extrañeza ante la vida que le toca vivir. Y todo esto en un maremágnum de cambios de fronteras y políticos.

viernes, 28 de septiembre de 2018

ALEJANDRO PALOMAS, Una madre


Tenía curiosidad por leer algo de este autor que hace tiempo ha aparecido con fuerza por IG y blogs que es el espacio virtual en el que me muevo. Me recomendaron empezar por el principio de la trilogía que empieza con Una madre y sigue con Un perro y Un hijo. 

Tras su lectura, mi balance es el siguiente: 

POSITIVO: 
Es una novela de lectura fácil que engancha, por tanto, comprendo su éxito. Su humor fácil (y sano). En varios pasajes me ha hecho reír a carcajada (en un caso viajaba sola en el AVE y tuve que mirar hacia el paisaje para dejar de reír). 

NO TAN POSITIVO: 
Su sentimentalismo almodovariano lleno de excesos que me han impedido dar credibilidad a los personajes (solo he subrayado dos fragmentos). A veces parece una comedia de enredos como me comentó quien me recomendó empezar a conocer al autor por este libro. 
Me acordé de pronto de la abuela y de su risa abierta y contagiosa, y sentí una oleada de añoranza tan grande, tan húmeda y salada, que fue casi como si una espiral de calambres me naciera en el cuello y me comprimiera vértebras y costillas hasta la base de la columna. La eché de menos como hacía tiempo que no echaba de menos a nadie y de pronto entendí lo sola que debía de sentirse mamá sin ella, sin todo lo que la abuela sacaba de ella y sin sus ojos validándola, animándola a seguir (195-196). 
EN RESUMEN:
Tengo dudas de si seguiré leyéndolo aunque el balance no es claramente negativo.

sábado, 28 de julio de 2018

VIVIAN GORNICK, La mujer singular y la ciudad

Con este libro cerraré este espacio por vacaciones, os deseo que el verano sea feliz (pese al calor que tan odioso me resulta).


Sobre esta autora hay un libro, Apegos feroces, que todo el mundo alaba por las redes sociales. Como soy así de desconfiada, las unanimidades me repelen y mi vocación es resistirme hasta ver qué recorrido tiene el libro. Sin embargo, llegó a mi casa sin yo decidirlo (estoy suscrita a una web que me envía un libro al mes sin yo saber cuál es) este otro que hoy comento de la misma autora.

En la Feria del Libro de Madrid, compré Apegos feroces. Igual pensáis que La mujer singular y la ciudad me ha encantado, no es así. Pero me ha interesado lo suficiente para decir comprar el otro. Este libro es un puzle, su autora cuenta cosas sobre sí misma, sus amistades, su ciudad, escritores/as, situaciones, emociones, etc. A través de todos esos temas queda claro que Gornick es una mujer singular, una feminista, una mujer que piensa y mira el mundo pensando en que puede ser diferente, mejor, igualitario, respetuoso con las diferencias, solidario, justo socialmente hablando, etc. 

Y el fragmento: 
Cuando sentía que cada vez estaba más fuera de lugar, no había nada que aliviara mejor el dolor y el resquemor que un paseo por la ciudad. Al ver cómo la gente se esforzaba de mil maneras distintas por seguir siendo humana –la variedad y la inventiva de las técnicas de supervivencia que ponían en práctica- sentía cómo bajaba la presión, cómo se drenaba el exceso de líquido. Notaba en las terminaciones nerviosas la resistencia de todos a hundirse. Esa resistencia se convirtió en mi compañera. Nunca me sentía menos sola que cuando estaba sola en una calle abarrotada. Allí descubrí que podía imaginarme a mí misma. Allí sentía que ganaba tiempo. Qué idea: ganar tiempo (17). 
Si valoráis a las mujeres escritoras singulares, os gustará sin más.

miércoles, 18 de julio de 2018

JOSEPH ROTH, Judíos errantes

Un ensayo en el que Roth hace un mural de lo que entiende por judaísmo en Europa. En él reflexiona sobre aspectos importantes de la existencia del pueblo judío (su manera de entenderse a sí mismos, la patria, la libertad, etc.), cuenta anécdotas, formas de vida, celebraciones, huidas, llegadas, oficios, etc.


La inexistencia de patria, algo milenario para los judíos, desaparecido con la creación del Estado de Israel (que Roth no conoció, aunque sí conoció el sionismo): 
Y, en toda la milenaria aflicción en que viven los judíos, no han tenido más que un único consuelo, a saber: el de no poseer una de tales patrias. A los judíos les fue dado conservar la razón y, en una época en la que el mundo entero se entregaba a la clemencia patriótica, no poseyeran <<patria>> alguna (38).
Una afirmación para reflexionar: 
La <<libertad nacional>> es un concepto de lujo, propio de una raza que no tiene otros problemas (68). 
Su ensayo gira en torno a si los judíos son una nación o no; si son una comunidad religiosa, racial o solo una unidad espiritual; si son un pueblo con independencia de su religión; y tantas otras cuestiones. 

Su repaso por las juderías de la Europa Oriental y Occidental, por sus ciudades, sus costumbres, el carácter errático de los judíos del Este; sus creencias, su credulidad en milagros religiosos, sus fiestas, matrimonios, etc., componen un mosaico de la propia Europa hace tiempo desaparecida para nuestra desgracia.

Interesante la referencia que hace a España en las pàgs. 99 y 100. Un gustazo leer a Joseph Roth.

domingo, 8 de julio de 2018

CELESTE NG, Todo lo que no te conté


Una buena novela que cuenta una historia interesante: las dificultades de un matrimonio chino-norteamericano para integrarse en una pequeña ciudad de Ohio donde el racismo es el sustrato básico de sus ciudadanos/as, algo que parece natural y que, seguramente, negarían que así fuera con la misma naturalidad. Una pareja aparentemente bien avenida que exigen desmedidamente a una de sus hijas, causando su desgracia y la de sus hermanos. 

El relato de los avatares de la familia Lee te atrapa desde su inicio con esta frase: Lydia está muerta. Pero esto aún no lo saben. Y a partir de ese momento te interesa la historia y los personajes de esta familia. 
¿Qué convertía algo en valioso? Perderlo y encontrarlo (270). 
Una escritora a seguir.

jueves, 28 de junio de 2018

PILAR ADÓN, Las efímeras


Me lo recomendaron con entusiasmo y no me ha entusiasmado. Tengo que reconocer que Adón escribe bien, hace descripciones poéticas y llenas de intensidad, sin embargo la historia me ha interesado a medias. Los personajes me parecen endebles, sin fuerza, exceptuando situaciones concretas. Me ha gustado la idea de la existencia de una comunidad que subsiste con pocas normas, lo más naturales posibles y dejando a cada integrante su espacio personal para vivir, si lo desea, apartado del resto. Y me ha gustado especialmente la presencia de una naturaleza impositiva, invasiva y continuamente presente a través de una lluvia persistente que lo invade todo. 
Y todo lo que él quería era vivir en paz sin más deberes ni más problemas que los que él mismo se hubiera buscado. Olvidarse de la sensación de estar rodeado de sabandijas y alimañas que se aferraban a su piel y a su sangre. Que le dejaran tranquilo. Pero bastaba con recibir una mirada despectiva o unas palabras arrogantes para comenzar a odiar y desear responder de la misma forma al ser que humillaba sin haber sido incitado a ello. Sin haber sido provocado (169). 
Quizás habrá que hacer otra lectura de la autora.

lunes, 18 de junio de 2018

DASA DRNDIC, Trieste

Dice la traductora de este libro, Simona Skrabec, que este libro es como un dedo índice dirigido al pecho de cada lector en singular. Es por eso que el rompecabezas no está acabado y sus hilos narrativos se pierden. 


Tengo muchos párrafos subrayados, muchas palabras que hieren cuando se leen, muchos sucesos ocurridos que nos enseñan el camino de la maldad humana. Hay que tener el estómago o las espaldas muy grandes para leer este libro que, sin embargo, es imprescindible. 
Los observadores ciegos, la gente “normal”, son los que hacen apuestas seguras, son los que no arriesgan. Ellos quieren vivir sus vidas sin interrupciones. En la guerra, e ignorando la guerra, esos observadores ciegos giran la cabeza con indiferencia y rehúsan activamente saber nada. Su autodefensa consiste en un escudo duro. Encerrados en su cápsula, se regocijan como larvas.
Los hay en todos los sitios. En los gobiernos neutrales de los países neutrales, entre los aliados, en los países ocupados, entre la mayoría, entre la minoría, entre nosotros. Somos nosotros, los bystanders.
Durante sesenta años, esos observadores ciegos se han golpeado el pecho diciendo “somos inocentes porque no lo sabíamos”, pero al llegar nuevas guerras y nuevas desgracias, aparecieron nuevos observadores. Así nacieron ejércitos de jóvenes y fuertes bystanders con los ojos vendados, que se alimentan directamente de esa exculpación al observador, de esa inocencia indestructible. Esos hombres inocentes son los que hacen posible el mal. (p. 130) 
Hacía tiempo que no leía un libro (de ficción realidad) que me impactara tanto como este. Aparecen las víctimas, pero especialmente los victimarios y sus descendientes, y la zona gris que lo acapara casi todo. 

Lo recomiendo de forma total. Una lectura imprescindible sin duda alguna.

viernes, 8 de junio de 2018

SUSAN SONTAG, Ante el dolor de los demás.



Se trata de un ensayo sobre la guerra, por tanto sobre el dolor, en el que tiene un papel protagonista la fotografía, en definitiva, la representación del desastre que siempre supone una guerra. Ante el dolor de los demás mantiene un diálogo directo con las imágenes de la violencia: guerras, genocidios y barbaries son estudiadas desde sus representaciones audiovisuales. Sontag trata de reflexionar acerca de lo que puede experimentar una persona de un país rico respecto al sufrimiento de los otros en lugares que parecen lejanos.

En este ensayo, Sontag introdujo dos referencias españolas. Una es la referencia a Goya (que le permite diferencias pintura de fotografía) que aparece ya en la portada del libro, en el que por petición expresa de la autora se incluirá en todas sus ediciones y en todos los idiomas la reproducción de una obra de Goya, quien según ella fue el primer artista que tuvo una actitud de protesta ante la guerra. La segunda referencia es la de la Guerra Civil española, primera guerra que fue cubierta por fotoperiodistas en el frente.

Las características de la guerra telemática, los museos de la memoria donde la gente quiere ser capaz de refrescar los recuerdos, la importancia que tienen las fotografías que reproducen hechos del pasado como la esclavitud y el racismo en EUA y otras muchas referencias a sucesos como el Holocausto, la guerra de Vietnam, etc., van desfilando por este ensayo para mostrarnos el dolor de los demás y la necesaria reflexión ética que deberían conllevar. 

Lástima que no se incluyan las imágenes a las que la autora hace referencia en el texto.

lunes, 28 de mayo de 2018

ITALO CALVINO, Palomar

Me resisto a cerrar U-TOPÍA. 
Sin embargo mi tiempo es muy limitado y no puedo hacer las reseñas que solía hacer, ya hace tiempo que las he reducido y ahora tengo que reducirlas aún más, apenas un breve comentario y un fragmento que me ha gustado. 


Supe de este libro por el mar. 
Este verano iba muy pronto a la playa y entraba al agua situándome en la estela del sol sintiendo una armonía callada y tranquila.

Alguien me habló de este fragmento: 
El reflejo se forma en el mar cuando el sol cae: desde el horizonte se estira hasta la costa una mancha deslumbrante, hecha de muchos centelleos ondulantes; entre centelleo y centelleo, el azul opaco del mar oscurece su red. Las barcas blancas a contraluz se vuelven negras, pierden consistencia y extensión, consumidas por ese resplandor moteado (págs. 132-133). 
Y busqué Palomar. 
Me encontré con un extraño libro, un peculiar protagonista, un libro de lectura lenta. Hay fragmentos llenos de sabiduría que encierran emociones de largo recorrido. 
Recomendable para quien quiera dedicarle tiempo y se deje llevar por Palomar.

viernes, 18 de mayo de 2018

JOSEPH ROTH, La cripta de los Capuchinos

De Roth he leído varias novelas: Fuga sin fin (de la que hay reseña en el blog), El busto del Emperador y esta que reseño hoy. Además he leído: La filial del infierno en la Tierra, Escritos desde la emigración, un conjunto de artículos escritos fuera de Alemania, de donde tuvo que huir por su condición de judío. Leer estos escritos es como descender al infierno de forma anticipada, es sentir la impotencia de un hombre clamando en el desierto, es emocionarse con su claridad y convincente energía, es percibir al disidente que sufre por la indiferencia ajena y responde con pasión ofreciendo toda su vulnerabilidad en la soledad del NO individual. 


Vuelvo a comprobar en La cripta de los Capuchinos que hay un tema que preocupaba a Roth puesto que está presente en las tres novelas suyas que he leído. Me refiero al hundimiento de un mundo intercultural (símbolo de mitteleuropa) que existía en el Imperio Austro-Húngaro y que desapareció como consecuencia de la Iª Guerra Mundial. La fragmentación de dicho Imperio en numerosos países nuevos y otros que incrementaron su territorio, convirtió a Austria en un pequeño país en el que lo germano cobró importancia hasta la ocupación del país (más o menos consentida por un referéndum sin garantías) por las tropas del III Reich. 

Ese trastoque del mundo que viven los personajes de las novelas de Roth da lugar a reflexiones personales también muy interesantes. Un mundo de relaciones, de valores y de principios desaparece y emerge con dificultades otro mundo, el del siglo XX. Para muchos la sensación de caos fue desoladora. 
Yo ya conocía la taberna de Jadlowker, había estado en ella un par de veces y conocía también el acostumbrado bullicio que solía reinar allí; esa particular forma de ruido que causan los que de repente se han quedado sin patria, los desesperados, los que sin tener un presente y todavía en el camino del pasado, han caído en el futuro, los que salen de un pasado conocido para lanzarse a un futuro totalmente incierto (…) (65-66). 
Roth escribe muy bien y es un placer leer sus novelas.

martes, 8 de mayo de 2018

GAIL HONEYMAN, Eleanor Oliphant está perfectamente


Acabo de terminar la lectura de esta novela y estoy bajo los efectos de Eleanor Oliphant. Tengo que confesar que empecé a leerla y no me acabó de captar, puesto que me iba de viaje, era arriesgado llevármela si no me convencía y no me convencía. Así que la aparqué y leí otra novela. Por fortuna no la dejé muy lejos y decidí volver sobre ella. Las primeras 50 páginas seguí teniendo la misma sensación de distancia respecto a la protagonistas absoluta, Eleanor Oliphant. Sin embargo, poco a poco fue captando mi atención el personaje y he acabado rendida y cautivada por su ternura y autenticidad. 

Eleanor no está perfectamente, más bien está mal, muy mal, su vida está condicionada por un trauma que solo se deshace al final de la novela. Para sobrevivir se ha aislado casi completamente del mundo y dicho aislamiento la convierten en una mujer ajena a las convenciones sociales en el amplio sentido de la palabra. Esa situación es la que provoca situaciones divertidas. Eleanor es una total inadaptada, es una especie de extra terrestre lúcida, conmovedora y tierna. Pero aunque empatizas con ella, el miedo sobre lo que se esconde detrás de su soledad te va encogiendo poco a poco. 

Su aislamiento y soledad esconden un gran trauma que emergerá gracias a un amigo desgarbado, fumador y, en parte, solitario que se acerca a ella y que podrá ayudarla cuando se desencadene la crisis.
En el corazón tengo cicatrices igual de gruesas y feas que las de la cara. Sé que están ahí. Pero espero que quede algo de tejido sano, un pequeño retal por el que pueda entrar el amor y colarse dentro. Ojalá (85). 
La historia de Eleanor Oliphant está bien narrada y el personaje es, sencillamente, maravilloso (aunque cueste entrar en él al principio), de esos que no olvidas, que te deja huella por sus reflexiones y por su manera de actuar. 

Muy recomendable.

sábado, 28 de abril de 2018

DUBRAVKA UGRESIC, El museo de la Rendición Incondicional.


Estamos ante una novela triste, casi desquiciada, que habla del exilio de personas (ella misma) de la antigua Yugoslavia. La mayor parte de la historia(s) transcurre en Berlín, una ciudad sin duda especial construida de retazos de la ciudad y de las dos Alemanias: 
Berlín es una ciudad mutante. Berlín tiene su cara oeste y su cara este: a veces la del oeste se anuncia a la del este y la del este a la del oeste. En la cara de Berlín centellean destellos holográficos de algunas otras ciudades (350). 
Ugresic describe una de las mejores imágenes de Berlín que he leído nunca en dos páginas (350-351), una ciudad de separación y división, una ciudad en reconstrucción que cose sus múltiples caras, un espejo de las múltiples procedencias de sus habitantes. Una ciudad en la que, en la zona oriental, existió el Museo de la Rendición Incondicional, abandonado tras la caída del muro y habitado por exiliados y refugiados en la actualidad.

La novela está escrita mostrando pequeñas historias en lugares diferentes y en tiempos distintos tejiendo una historia desoladora del desgarro que provoca el exilio desde un país en guerra en el que el odio se desató de forma terrorífica entre personas que habían vivido y convivido mucho tiempo sin problemas.
Vivíamos en una ciudad donde el odio se cultivaba como una planta doméstica, como un feo y correoso ficus. Vivíamos en una ciudad de oscuros rincones donde la vida se gastaba deprisa, porque eran baratas, donde los odios eran vehementes y los amores tibios (267). 
En la novela aparecen muchos personajes entrañables que inspiran ternura, pero entre ellos voy a destacar la abuela que se describe en el capítulo “Mi abuela en el cielo” (191-198). Todo el capítulo es una delicia:
No sé cómo murió. La imagino tan pequeña, redonda, sentada en la banqueta de tres patas, con la tripa abrazada como lo único que tenía. Murió terriblemente sola, estoy segura de ello. Igual que, parece, estuvo sola toda su vida. Con ese eterno alimentar, tejer, limpiar y sonreír, lo único que sabía hacer, calentó la frialdad que se apiñaba a su alrededor como la escarcha (197). 
Una autora a seguir y una novela a leer.

miércoles, 18 de abril de 2018

VÍCTOR DEL ÁRBOL, Un millón de gotas.

Soy una enamorada de la novela negra desde hace muchos años (mucho antes que se pusiera de moda). Sin embargo, paso temporadas, a veces muy largas, sin leer nada (también ocurre al contrario, épocas en que no puedo desengancharme de este género). Este libro, que no es exactamente negra, ha roto con una larga temporada de ausencia lectora de este género. 


Un millón de gotas me ha absorbido hasta el punto de llevarme a todos los sitios este novelón de 668 páginas. Una buena historia, buenos personajes y muchos misterios por resolver son la clave de mi interés. 

La historia: muy difícil de sintetizar; se desarrolla en tres épocas (dos, sobre todo): años treinta del siglo XX e inicios del siglo XXI (también brevemente, años sesenta del XX). Dos países: España y URSS (con algunas referencias a Francia). La familia Gil (comunista en los años treinta) como protagonista y todas las peripecias de la II República, guerra civil y exilio. Diversos aspectos interesantes: la distopia que creó la URSS, la desmitificación de los héroes políticos, la escala de grises que define a todas las personas entre la bondad y la maldad, los condicionantes de la época que nos toca vivir, etc. 

Los personajes: Elías Gil, su hija Laura y su hijo Gonzalo; Igor Stern y Anna Ajmátova. Todos ellos relacionados, todos ellos condicionando unos a otros por emociones de odio, venganza, amor, traición, etc. 

Misterios: Aunque la novela no avanza con demasiados sobresaltos, a cada paso se van abriendo interrogantes y posibilidades que van construyendo incógnitas y misterios que sobrevuelan toda la novela y que el autor resolverá bastante bien. El título es uno de ellos… Una gota no es nada pero ¿Qué es el océano, sino un millón de gotas? (65). 

Un fragmento importante
La memoria, se dijo, es un paisaje que cada cual elige para añorar o detestar (393).

domingo, 8 de abril de 2018

IVÁN TURGUÉNEV, Padres e hijos.

Fue como consecuencia de una reseña de Marcelo Z. sobre esta novela que decidí comprarla (pese a que estoy segura de esta circunstancia no he localizado la reseña en las etiquetas de su blog “Libros en estéreo”). Luego pasó tiempo hasta que decidí leerla, me suele suceder que compró un libro por impulso (o por leer una buena reseña) y luego se queda a la espera y pueden pasar días, meses o años.


Padres e hijos refleja los problemas generacionales que, adoptando formas diferentes, son un elemento siempre presente. La acción se sitúa en 1859, el joven Arcadi regresa a su casa después de haberse licenciado en la Universidad de San Petersburgo. Su padre viudo, Nicolái Kirsánov, le espera impaciente en el camino. Arcadi regresa a su casa con un amigo, Bazárov, al que ha invitado a pasar unas semanas con su familia.

Bazárov es un personaje conflictivo que acaba provocando problemas con Pável Petróvich, el hermano mayor de Nicolái. La defensa de los tradicionales valores rusos de Pável choca con los de Bazárov, que se declara nihilista y, por tanto, que lo valora todo desde un punto de vista crítico y no se doblega ante ninguna autoridad.
Un nihilista es la persona que no se inclina ante ningún tipo de autoridad, el que no acepta ningún principio de fe, por mucho respeto que éste le infunda (96). 
Además de los problemas generacionales resulta interesante el trasfondo histórico de la novela ya que el libro se publicó un año después de ser decretada la abolición de la servidumbre (1861). Turguénev siempre se mostró crítico con el sistema de servidumbre y así se refleja en la novela.

Un tercer aspecto interesante de la novela se refiere al papel secundario y subordinado de las mujeres con manifestaciones de clara misoginia en algunos personajes masculinos, especialmente Bazárov. 
Bazárov frunció el ceño. En la pequeña y poco atractiva figura de aquella mujer emancipada no había nada deforme. Sin embargo, la expresión de su rostro causaba una impresión desagradable. Involuntariamente, uno se sentía impulsado a preguntarle “¿Tienes hambre?, ¿te aburres?, ¿te ha intimidado algo’, ¿qué te hace estar tan inquieta? (…) había algo en ella que parecía arañarle el alma (147). 
En la novela hay muchos otros aspectos interesantes como el carácter ruso, el destino, los afanes de modernización siempre ralentizados, el arte y la belleza, la literatura, la ciencia y la medicina y otros muchos.

Bien escrita, hay una historia bien narrada y unos personajes creíbles y que despiertan nuestro interés. Igual que en su momento Marcelo Z la recomendó a quienes seguíamos su blog, hoy os la recomiendo yo a vosotros/as.

miércoles, 28 de marzo de 2018

ELIE WIESEL, La noche

Una amiga me hizo llegar fotocopiado este relato porque lo trabajaba en clase con sus alumnas/os. Tras leerlo supe que formaba parte de una trilogía y que estaba editada en un solo volumen, así que os traigo solo mi comentario del primero de los tres relatos.




Estamos ante un testimonio de la vivencia en los campos de concentración de un adolescente de 16 años. He leído muchos testimonios, empatizado con su sufrimiento y dolor, entendido su humillación, su deshumanización, su lucha por la vida. Sin embargo, cada vez que leo uno nuevo, es diferente porque cada persona, cada individualidad tenía una vida diferente y lo vivió a su manera, perdió a sus seres queridos, sufrió enfermedades que solo él sintió en su magnitud dolorosa, transitó por los bloques donde dormía, comió la sopa o el café en su única y personal experiencia.

Rebelarse contra Dios no es fácil para un creyente, pero la experiencia vivida tiene que ser muy traumática para que lo haga un joven aún en la adolescencia. Eso hace Eliézer cuando en el Iom Kipur, el Día del Perdón, toma la decisión tras participar en un debate áspero si se tenía que ayunar:
Yo no ayuné. En primer lugar, por complacer a mi padre quien me había prohibido hacerlo. Además, porque no había ninguna razón para ese ayuno. Ya no aceptaba el silencio de Dios. Consumiendo mi escudilla de sopa, veía en ese gesto un acto de rebelión y de protesta contra Él (36). 
Elie Wiesel fue trasladado a Birkenau desde Hungría donde vivía con su familia. Logró no ser seleccionado junto con su padre mientras su hermana y una hermana fueron asesinadas en la cámara de gas. Fue trasladado a Buna y, al final, tras sufrir las marchas de la muerte llegó a Buchenwald. En la parte final del viaje, murió su padre. 

Necesitamos mantener viva la memoria del pasado y de tragedias como la de Elie Wiesel para aprender de la Shoah y de los campos. Dramáticamente parece que hayamos olvidado lo ocurrido, tan solo hace algo más de 70 años, ya que somos incapaces de reaccionar con eficacia ante las nuevas manifestaciones de frenesí genocida en diversas partes del mundo. Al mismo tiempo el nacionalismo y el populismo crecen a nuestro lado en Europa. El egoísmo nacional y la retórica del odio fanático dividen a la sociedad aquí mismo, sin que a nadie parezca preocuparle mucho.

¿Aún quedan dudas de la importancia que tiene leer testimonios como el de Elie Wiesel?

viernes, 9 de marzo de 2018

VELIBOR COLIC, Manual de exilio. Cómo aprobar su exilio en treinta y cinco lecciones.

De Colic leí hace unos cuatro años Los Bosnios, me impresionó su manera de narrar la guerra sucedida en los Balcanes en la década de los noventa. Allí narraba de forma autobiográfica cómo un joven escritor bosnio se convertía en un soldado en medio del Apocalipsis, del drama, del dolor, del horror y de la barbarie. 


Y este Manual de exilio, publicado en 2016 (en España en 2017), parece la continuación de la autobiografía de Colic. Aquel soldado bosnio decidió desertar del ejército en 1992 y exiliarse en Francia. 
¿Ser desertor en tiempo de guerra y traidor a todo el mundo hace de mí un refugiado político? ¿Dónde comienza y dónde acaba la política? (56). 
Cuando llegó a este país no sabía francés y no tenía apenas nada para hacer frente a su nueva vida. Por sus páginas desfila un refugiado-exiliado-inmigrante con todas sus penurias, extrañezas, nostalgias, pesadumbres, desilusiones y miserias. 
Estoy agotado, estoy enfadado, conmigo, con la guerra, con todo el mundo. Es evidente que no estoy en mi sitio (24). 
Con él transitan otros refugiados por el país de “acogida” y por otros países por los que se moverá siempre acompañado de sus autores favoritos (Sartre, Emily Dickinson, Allan Poe, Kafka, ………………) en los que encuentra un leve refugio, al igual que en el alcohol, en el exceso de comida, en algunas relaciones con extrañas mujeres, algunos amigos y, especialmente, una cierta ironía que le ayuda a contemplar su situación sin la tragedia que entraña. 
Tengo la tez y el gesto, los pies y la cara de un campesino balcánico. Al acercarme al Père-Lachaise, me pregunto: ¿cómo es posible que un inglés, un italiano, un africano puedan tener fácilmente, sin el menos esfuerzo, pinta de poeta exiliado y tú no? ¿Por qué todo el mundo, Wilde, Gombrowicz, hasta Solzhenitsyn, tiene un nombre más fácil, más literario que el tuyo: COLIC? 
La escritura es su tabla de salvación y poco más; mucho más que lo que tienen otros compañeros de albergue, de banco callejero o de mísera habitación. Me gusta especialmente un vecino con el que establece relación en Budapest, Joseph Korda (hay una descripción, entre las págs. 170 y 172, maravillosa). Quizás por ello es capaz de concebir esta definición de felicidad, a través de Korda, tan hermosa: 
Antes de salir en busca de la felicidad –añade-, mire a ver; quizá ya es usted feliz. La felicidad es pequeña, corriente, discreta, son muchos los que no son capaces de verla (174). 
Os animo a leer a Colic.

domingo, 18 de febrero de 2018

LORENZA MAZZETTI, Con rabia.

Esta novela fue publicada en 1963, hace más de cincuenta años, sin embargo parece escrita hoy. No parece haber pasado el tiempo para esta novela. En la contraportada se la relaciona con El guardián entre el centeno, una novela que a mí me interesó poco porque me pareció obsoleta al reflejar una rebeldía sin causa de otro tiempo. Pese a sus referencias a las drogas, el alcohol y la prostitución, temas que Holden Caulfield trata con despreocupación y naturalidad, me parece un planteamiento de otra época. Algo parecido ocurre con la consideración de que el lenguaje utilizado era ofensivo, leído desde el siglo XXI dicho lenguaje ha perdido toda su carga provocativa. 


No pasa lo mismo con la novela de Mazzetti. La rebeldía de Penny continúa siendo actual, es la rebeldía de una adolescente madura, una joven a la que la vida ha maltratado, una persona que de niña vio morir a su familia asesinada por los nazis al final de la II Guerra Mundial. En ella está presente la culpa de la superviviente que se enfrenta a los recuerdos, a las imágenes, al desconcierto de ver morir a sus seres queridos y seguir viva. 

En esta novela aparecen temas, comportamientos y emociones universales: el sexo, la inadaptación (a la escuela, a la casa y sus normas, a los hombres, etc.), los celos, el abandono, la adolescencia plena de contradicciones y desorientación. Con rabia es un alegato feminista desde la ingenuidad de una adolescente que cuestiona la desigualdad, la subordinación, los estereotipos de género, las limitaciones impuestas a los deseos de las mujeres y la doble moral.

Mazzetti tiene una gran capacidad para describir la confusión, la rabia, la pena, la amargura, la intensidad de las emociones, la noria de los estados de ánimo de Penny. Entramos en su mundo con facilidad, ella nos lleva de la mano para conocer a su hermana Baby, mucho más sensata, centrada y “normalizada” que ella, a Elsa, la cocinera de la familia que intenta inculcarle valores morales y religiosos y todo ello a orillas del Arno en Florencia. 

Algunos fragmentos: 
Es fácil preguntarse si “ser o no ser”. Pero ¿cómo se hace para “ser” “no siendo”? (66). 
Mi culpa no es por haber hecho algo malo, sino por no hacer algo, es una culpa por omisión (165). 
Al amanecer, me encuentro con trozos de pensamientos en la almohada, pedazos de memoria, una luciérnaga, una sonrisa, una hiena, un pogromo, un gueto, un casco, un fusil, un gato, un potro que galopa bajo las mantas, dos ojos de muñeca, un trozo del vestido de muselina celeste de Marie, el bastón con mango de oro del tío Robert, las sandalias de annie, mi cama en llamas, un rumor como de trenes o ametralladoras, lágrimas heladas, un calcetín, un campo de heno, la hierba verde, luciérnagas, una sonata de Beethoven, una Wehrmacht entre mis sábanas (167). 

Por cierto, la fotografía de la portada me encanta… muy apropiada.

jueves, 8 de febrero de 2018

ISRAEL YEHOSHUA SINGER, Los hermanos Ashkenazi

Leí en 2016 la primera novela de este autor, La familia Karnowsky, y me entusiasmó, quedó pendiente la lectura de esta novela de la que ya tenía noticia cuando leí la primera y 2018 ha propiciado su lectura.

Esta novela es anterior a La familia Karnowsky puesto que fue escrita entre 1933 y 1935 en pleno auge del fascismo, especialmente del nazismo. Para un judío polaco como el autor estamos hablando de un contexto casi desesperado de amenazas tanto en su propio país como en la cercana Alemania.



El autor, que había empezado a trabajar en 1921 como corresponsal para el diario norteamericano Forverts, emigró en 1934 a EUA. La familia Karnowsky fue publicada en 1943. Si por algo destaca esta novela, al igual que la primera que leí, es por su sentido narrativo, Israel Y. Singer relaciona y encadena los hechos con una gran maestría, la sucesión de hechos que se desarrollan en esta novela viene determinada por el principio de causalidad, todo tiene un “antes” del que provienen los hechos y un “después” al que se dirigen. Dicen que la novela judía, tanto en yiddish como en otras lenguas, se caracteriza por dicho sentido narrativo porque deriva de la oralidad de la cultura judía ligada a la diáspora. En este caso la narración en torno a los hermanos gemelos Ashkenazi, Simja y Yankev, es extraordinaria. 

Esta novela se extiende a lo largo del siglo XIX y la década de 1920 marcada por la Gran Guerra. Está dividida en tres partes que reciben el nombre de “Nacimiento”, “Chimeneas en el cielo” y “Telarañas”, tres títulos relacionados con la vida de los dos hermanos, especialmente el mayor, Simja. Aunque aparecen otros escenarios secundarios, la ciudad de Lódz, situada cerca de Varsovia, pero territorio ruso hasta el fin de la Iª Guerra Mundial, es el espacio que bulle a lo largo de las 674 páginas de esta novela. 

El relato sigue el curso de la historia familiar y desde el punto de vista de las peripecias de la familia Ashkenazi es magnífica. Sin embargo la novela va mucho más lejos… Esta novela trata de la identidad judía pintando, además, un cuadro del trasfondo social muy interesante. La clave de la novela es el conflicto de la comunidad judía que trataba de asimilarse a las sociedades en las que estaban asentadas desde hacía cientos de años, por ejemplo en la Polonia rusa que es el caso de esta novela, y que en su afán por hacerlo van abandonando rasgos importantes de su cultura. Este intento de asimilación, que ha sido descrito por muchos escritores/as, provocó incluso que no percibieran el creciente antisemitismo que se estaba desarrollando. 

 El cuadro que pinta Israel Y. Singer sobre el trasfondo social en el que vive la familia Ashkenazi a través de las relaciones familiares, de vecindad y de amistad, consigue meternos en la época y trasciende el tema del judaísmo para ir mucho más lejos y llegar a valores universales. El papel de las mujeres, del matrimonio, de la relación paterno-filial, de la identidad nacional y cultural, las luchas sociales, el sindicalismo, el socialismo, las condiciones de vida y trabajo en las fábricas textiles, todos son temas que se van imbricando para construir un edificio de gran solidez que impresiona conforme transcurre la lectura. Y al compás de todas estas relaciones van emergiendo personas de todo tipo: generosas y mezquinas, sabias y prepotentes, gentes que odian y gentes que aman. 

Un párrafo interesante sobre la reflexión de un trabajador judío socialista (Nisen) que, ante un pogromo de los muchos que se producían en Rusia, se negaba a pensar que su condición de judío, que él no valoraba como relevante, lo fuera: 
Quizá el ser humano fuese esencialmente malvado. Quizá la culpa de todo no era, como le habían enseñado, las circunstancias económicas, sino las lacras de la naturaleza humana. Tal vez la Torá tenía razón al afirmar que el corazón del hombre nace malvado. Tal vez Schopenhauer, su ídolo de antaño, conocía mejor al ser humano que el idealista Hegel o el pragmático Marx… (345). 
Una lectura muy recomendable, no dejéis de leer a ISRAEL YEHOSHUA SINGER.

domingo, 28 de enero de 2018

MAGDA HOLLANDER-LAFON, Cuatro mendrugos de pan. De las tinieblas a la alegría.

Nunca haré suficientes lecturas sobre los Lager y el intento de exterminio de la población judía. Hasta que no lea seis millones (solo cuantifico a la población judía porque sufrió especialmente: fueron asesinados uno de cada dos judíos/as) de historias personales, seis millones de testimonios del horror, no consideraré que tengo suficiente con lo leído. Pero, además, pienso que puedo aprender mucho con sus relatos de vida y de sufrimiento.



Magda Hollander-Lafon es húngara, su familia más próxima fue exterminada, ella pasó por cinco campos sucesivos entre mayo de 1944 y abril de 1945: Auschwitz-Birkenau, Waldirf, Ravensbrück, Zillertal y Morgenstern.

Su aterradora experiencia fue escrita en 1977 y constituye la primera parte de este libro, titulada: “Los caminos del tiempo”; ella se obligó a una introspección en las tinieblas, por eso la segunda parte se titula “De las tinieblas a la alegría”. El conocimiento y la meditación de lo sucedido no se lo guardó para ella sola o su familia sino que transmitió su memoria a centenares de alumnos/as de primaria y secundaria. 

Este libro no es solo un testimonio, se dice en el prefacio, es una meditación sobre la vida, sobre las posibilidades que tienen, quienes han sobrevivido, de salir de la muerte para adentrarse en la vida.

Su manera de exponer su testimonio es especial, lo hace a través de poemas, a través de textos breves organizados a través de temas. Entre los temas encontramos el pan como la clave para sobrevivir, por eso, cuatro mendrugos regalados a una prisionera marcaban la frontera entre la vida y la muerte (la referencia a este hecho se encuentra en la pág 75). 

He subrayado muchos fragmentos, todos me parecen de interés y para eso son transmitidos por la autora. Seguramente he leído miles de fragmentos sobre el exterminio para encontrar este: 
He conocido seres que han soportado su desenlace con grandeza. Supieron guardar la generosidad en el corazón y la luz y la atención en los ojos (34). 
O este otro: 
¿De qué éramos culpables?
No comprendí la metamorfosis de la gente; unos transformados en verdugos, otros en víctimas. 
¿Cómo fue posible? 
Una meditación sincera, clarificadora, emocionante, reflexiva…

jueves, 18 de enero de 2018

CHIMAMANDA NGOZI ADICHIE, Americanah

De esta autora había leído este año Todos deberíamos ser feministas, un texto breve (cuarenta páginas) que recogía una conferencia que Adichie había dado en 2012. Este librito se ha convertido en un éxito total en las redes sociales, pese a ello me decidí a leerlo. Un libro muy elemental y obvio que bien poco me aportó aunque tuve que dar la razón a su autora cuando afirmó: 
A menudo cometo la equivocación de pensar que algo que a mí me resulta obvio es igual de obvio para todo el mundo
Cuando leí este alegato en favor del feminismo ya tenía comprado Americanah, pero su grosor (603 páginas) no me animaba a su lectura. Quién sabe por qué lo saqué de la estantería, toda valiente, el nueve de diciembre, pero la elección ha resultado ser acertada porque el inicio de las vacaciones me ha proporcionado el tiempo que necesitaba para no eternizarme en su lectura.


Esta novela tiene todos los ingredientes para absorbernos en su lectura: una buena historia que, a través de diversos personajes, relata el viaje hacia Estados Unidos (en el caso de Ifemelu que es la protagonista), Gran Bretaña u otros países de hombres y mujeres nigerianas que buscan nuevas posibilidades de estudio o de trabajo. 

Primera sorpresa… 

No son africanos/as pobres, tienen un nivel de estudios alto y recursos económicos suficientes para poder vivir en Nigeria. 

Segunda sorpresa… 

Uno de los temas centrales de la novela es la raza y las interesantes reflexiones de Ifemelu, una negra no afroamericana, que toma conciencia de su negritud en EUA. Por otro lado, la crítica (plena de humor) a los afroamericanos que cuando se trata de África, se creen toda clase de chorradas (173). 

Tercera sorpresa… 

Todas las minorías raciales de estados Unidos –negros, hispanos, asiático y judíos- soportan putadas de los blancos, putadas de distintas clases, pero putadas al fin y al cabo (267). 
El sentido del humor no oculta el racismo norteamericano latente siempre. 

Y hay mucho más, historias de amor, especialmente la que une a Ifemelu y Obinze. Hay libros. Hay moda, sobre todo relacionada con los peinados. Hay blogs. Hay solidaridades familiares y amistades. 

En definitiva, estamos ante una buena novela.

lunes, 8 de enero de 2018

LÍDIA JORGE, Los tiempos del esplendor.

La portuguesa Lídia Jorge escribe nueve cuentos en los que palpita el ser humano próximo, el que no tiene nada de excepcional y por ello lo es, la realidad está presente en todos ellos desde la infancia y desde el mundo adulto. 



A los niños y niñas, dice la autora en el relato “Imitación del Éxodo”, hay que hacerles saber desde bien pronto que… 
…la Humanidad no se cuenta por números, que la Tierra es parte del Cosmos, que el amor es un texto sin límites (71). 
Hay temas que transitan por muchos de los relatos: la infancia, África, la utopía, lo inquietante escondido tras cualquier esquina y tras cualquier persona, la vida en definitiva.

La autora reflexiona y nos aproxima a la realidad con una carga de poesía que rezuma en las nueve historias que nos cuenta, una de ellas la que da título al libro, aquellos tiempos… 
…de las grandes casas para tres personas, los tiempos de las criadas, los tiempos del agua no canalizada, los tiempos de una única lámpara colgada del techo, los tiempos de los jardines domésticos con lagos y peces rojos, los tiempos de los profesores de Latín, como mi padre (55-56). 
Este cuento y “Pasaje para Marion” me han parecido excelentes, pero lo mejor de todo ha sido descubrir a una gran escritora de la que no sabía nada y que me parece que merece ser leída.