martes, 30 de noviembre de 2010

Francisco Goya.



Mi “santo”, Francisco Goya y Lucientes nació en Fuendetodos, Zaragoza, el 30 de marzo de 1746, murió en Burdeos, el 15 de abril de 1828. Tras un lento aprendizaje en su tierra natal, viaja a Italia en 1770, donde traba contacto con el incipiente neoclasicismo, que adopta cuando marcha a Madrid a mediados de esa década, junto con un pintoresquismo costumbrista rococó derivado de su nuevo trabajo como pintor de cartones para tapices.
Una grave enfermedad que le aqueja en 1793 le lleva a acercarse a una pintura más creativa y original, que expresa temáticas menos amables. Una serie de cuadritos en hojalata, a los que él mismo denomina de capricho e invención, inician la fase madura de la obra del artista y la transición hacia la estética romántica.



Además, su obra refleja el convulso periodo histórico en que vive, particularmente la Guerra de la Independencia, de la que la serie de estampas, de Los Desastres de la guerra, es casi un reportaje moderno de las atrocidades cometidas y componen una visión exenta de heroísmo.
Pero su obra culminante es la serie de pinturas al óleo sobre el muro seco con que decoró su casa de campo (la Quinta del Sordo), las Pinturas Negras. En ellas Goya anticipa la pintura contemporánea y los variados movimientos de vanguardia que marcarían el siglo XX.



No sé cuando conocí la vida y la obra de Goya, supongo que debió ser en el Instituto. Sí sé que hace muchos años que me gusta Goya, su obra y su vida. Iconoclasta, rompió todas las reglas que le impedían pintar como él quería. Atrajo la atención del Santo Oficio peligrosamente. Fue acosado por la enfermedad, pero alcanzó los 82 años. Vivió en una España atormentada por el absolutismo y por las guerras, y terminó sus días exiliado en Francia, donde murió en 1828, el mismo año en el que ajusticiaron a Mariana Pineda acusada de liberal. Admiro mucho al Goya consagrado que, con cerca de ochenta años, decide exiliarse de un país con una monarquía, de nuevo absoluta, tras el intento liberal que concluye en 1823. Un hombre mayor, cansado, atormentado y escéptico que todavía es capaz de pintar La lechera de Burdeos (1825-1827).



Me gusta su pintura, que he visto y revisto en muchas ocasiones. Cuando voy a Madrid, es visita obligatoria el Museo del Prado y el paseo tranquilo, sosegado y relajado por las salas de Goya. Luego hablaré de mi atracción por su obra.
Pero me gusta, sobre todo, su actitud rebelde ante la vida (incluido su trabajo y su pasión: la pintura), dicen que en una ocasión afirmó: “DÉJENME SEGUIR SIENDO UN GRITO DE REBELIÓN”. Él mismo afirmaba que “siempre fui muy aragonés, indócil y algo brusco: aprendí la ternura de nuestro hijo Javier, y la resignación ante la muerte de los que no vivieron”. Goya, dice Muñoz Molina, fue el primer artista en atreverse a una forma radical de libertad que se parece mucho a la que cualquiera de nosotros busca a tientas, o intuye, y nunca o casi nunca logra.
Sufrió lo indecible por la contradicción entre una admiración sin límites a Francia, a la Ilustración, a su revolución, y el ataque a su país por un ejército francés ciego y disciplinado que provoca lo más irracional, una guerra. Su afán y su lucha por la libertad le llevaron en pos de la ilustrada Francia, cuando vio, y pintó, cómo sus tropas machacaban al pueblo madrileño en mayo de 1808, algo se rompió para siempre en un Goya que siempre fue amante de la libertad.



Los fusilamientos (1808) es un cuadro realista, documenta la mencionada represión despiadada de las revueltas antifrancesas al modo de un fotógrafo actual. Los soldados no tienen rostro, son marionetas de uniforme, símbolos de un orden que es en cambio violencia y muerte. En los patriotas no hay heroísmo, sino fanatismo y terror.
La historia como carnicería, como desastre. La razón divinizada por la revolución llegó a España tarde, y con las bayonetas francesas, para sustituir el absolutismo de los Borbones y a la religión por el absolutismo laico: una burla en el colmo de la desgracia.
La razón, para Goya, es el exorcismo con el que evoca los monstruos del oscurantismo, una superstición laica contra la superstición religiosa. En sus Caprichos (1799), la razón hace surgir del inconsciente los monstruos de la superstición y de la ignorancia que el sueño de la razón ha engendrado. Goya describe el prejuicio y el fanatismo con lucidez volteriana con furioso sarcasmo.
El realismo que anticipa Goya no es naturalismo sino al contrario. Consiste en sacar fuera todo lo que se tiene dentro, no esconder nada, no elegir; esto es lo que hace Goya en su confesión general, las pinturas murales de la Quinta del Sordo (1820-1822). Se rodea de sus fantasmas porque vive de ellos, que son la única y verdadera realidad.



Me he dejado muchos aspectos en el tintero sobre Goya, muchos más del pintor. Pero no puedo alargar este escrito que es una hagiografía en toda regla ya que lo admiro, y casi lo reverencio, si no fuera por mi carácter esencialmente irreverente. Fue un espíritu libre, con sus luces y sus sombras, y un genio como pintor. Mi rendida admiración por siempre.

28 comentarios:

  1. La forma radical de libertad,
    la que vamos buscando tan a tientas
    que intuimos al fondo del destino
    sabiendo que no existe, que es utópica
    real en nuestra vida cotidiana
    porque hemos decidido darle carta
    real de más real naturaleza...

    Y un beso en la utopía tan real

    ResponderEliminar
  2. Impresiona la lectura de la vida de Goya e impresiona también la contemplación de sus cuadros.
    A mí tu hagiografía se me ha hecho corta.
    Besitos

    ResponderEliminar
  3. El cuadro de los fusilamientos me tiene también admirada, lo encuentro muy misterioso (en el sentido que siempre puedes encontrarle algo nuevo) y con mucha fuerza. Además, nací un 2 de mayo! Sólo estuve en el Prado una vez y se me quedaron grabadas sus pinturas negras... Esos monstruos que genera la razón son impresionantes. Sin embargo, he de reconocer que mi ignoración sobre él es bastante grande y que con tu escrito ahora sé un poco más.
    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  4. A mí también me gusta su obra y esa lúgubre pintura con toques iluminados. Aunque los retratos de mujeres no me gustan, quizá porque la mujer queda muy fea, poco favorecida.
    Muack.

    ResponderEliminar
  5. aaaaaaaaaaaghhhhhhhhhh, ignoración nooooo, IG-NO-RAN-CIA... jajaja Sí que es supina sí, mi ignorancia.
    Sorry!
    Petonets.

    ResponderEliminar
  6. Un carácter fuerte, como él definió, "muy aragonés". Sus obras están cargadas de fuerza, de esa magia especial que sólo tienen los grandes y que es capaz de llegarte aunque sólo se trate de un mero esbozo de la cabeza de un perro en una pared.

    Su crítica a la guerra y a las supersticiones le ponen a la cabeza de nuestras personalidades de cabecera, compañera.

    Saludos y felicidades por recordarnos hoy a este hombre magnífico.

    ResponderEliminar
  7. contemplar sus pinturas es un placer, todas (incluso los retratos de corte) tienen una fuerza que se sale del cuadro. Sin necesidad de ir al Museo del Prado, puedes ver en el Museo de Vilanova i la Geltrú dos magníficos Goyas, que están allí en depósito desde hace no sé cuantos años, además de algún otro cuadro de primera categoría. Merece la pena visitarlo.

    ResponderEliminar
  8. Pues lo has contado tan bien que no se que podría añadir mas.
    Soy un admirador mas de su obra. Es de los pocos pintores que no me cansan. Visito el Prado a menudo por las exposiciones temporales y rara vez vuelvo sobre la colección del museo. Pero si tengo tiempo voy derechito a ver los Goya.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  9. Te ha quedado una entrada muy completa de Goya. Siempre he creído que la obra de un artista, sea pintor, escritor, o lo que sea, está muy ligada a su vida, que influye mucho. Sin duda en la época que le tocó vivir, las tendencias del momento etcétera, ha hecho de este hombre un artista.
    Besitos wapa.

    ResponderEliminar
  10. Muy bonito poema, gracias Enric. No puedo sino estar de acuerdo en que buscando voy, buscando vengo... jejeje... la libertad. Me rio por quitar trascendencia al asunto pero, o a veces es muy dura buscarla o yo me pierdo y me equivoco. Acabo malhumorada y cabreada, deseando la soledad y pasando de lo que me rodea... en fin, y eso que no tengo sordera como mi pintor favorito.

    Un abrazo realmente utópico.

    ResponderEliminar
  11. Gracias Nuria por tu atenta lectura. Me impresiona, me maravilla, me encandila, me emociona..........y seguiría, y seguiría........ni te imaginas cómo admiro a este hombre, a este pintor.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  12. De acuerdo, Dona invisible, es un cuadro redondo. Me gusta mucho también "La carga de los mamelucos", "La familia de Carlos IV", las pinturas negras, los caprichos...
    El capricho 43 es el de "El sueño de la razón...", pocas veces se ha dicho tanto y tan preciso con tan pocas palabras, ni tan expresivo en una imagen. El mismo Goya se nos muestra como posible víctima de la sinrazón; esa cualidad humana, la razón, que cuando florece da como fruto las más grandes maravillas y cuando se adormece, es capaz de los mayores desatinos.

    Es una lámina de cobre de 218 X 152 mm. La técnica que utiliza es aguafuerte y aguatinta.

    Goya se siente plenamente libre en este formato, es pequeño, barato y se pueden hacer copias (se populariza el arte), ahí está el GRITO DE REBELIÓN.

    Lo sientooooooooooo!!!!!!!!!!!! me enrollo, no lo puedo evitar, se me cae la baba......es una de mis debilidades, sin duda...

    Ahhh......un error al escribir aquí es lo más fácil del mundo hija.

    Molts petons.

    ResponderEliminar
  13. Desde luego, Emma, las pinturas negras impresionan, ese tremebundo mundo interior lleno de malos presagios, de depresión de cansancio y de decepción. Por la vida pero sobre todo porque veía a España hundida de nuevo en el absolutismo, en la religión fanática, en la ignorancia y superstición. Por eso admiro más ese último acto de rebeldía de exiliarse y marchar a Francia.

    Hay algunos cudros de mujeres preciosos ¿no te gustan las majas? En la familia de Carlos IV, hay personajes femeninos hermosos, la condesa de Chinchón (voy recordando sobre la marcha) y esa lechera, casi impresionista...

    Sólo creo que hace ´mal la pintura religiosa, es un agnóstico y sus cuadros religiosos están vacios de emociones, creoooooooo. Pero que bonito el fresco de la cúpula de San Antonio de la Florida (pero no es religioso realmente)... en fín, es una hagiografía, no puedo ser objetiva.

    Un abrazo desde la admiración a Goya.

    ResponderEliminar
  14. Aysss.....esa cabeza de perro, que preciosidad ¿verdad? Me gusta que sea aragonés, me gusta compartir ese origen común. No creo que signifique mucho, no me gusta mitificar esas cosas, pero me gusta.
    Cierto, garito, un rebelde, crítico con cuestiones que hoy siguen en candelero. Un adelantado a su época en pintura y en la forma de entenderla.

    Un abrazo cuajado de rebeldía goyesca.

    ResponderEliminar
  15. Elena, ese museo me "pilla" cerca, ahí me has descolocado... jejeje

    Esa fuerza expresiva que maneja como nadie con los colores... ¿Cómo se le ocurrió pintar al personaje central de los fusilamientos de blanco y amarillo?
    Esa expresión de locura rebelde, de mirar horrorizado pero orgulloso a la muerte inminente, hay que mirar las caras de los personajes de la derecha que esperan para morir para VER plenamente el valor de este personaje central.

    Gracias por tu recomendación, un abrazo.

    ResponderEliminar
  16. Uno, otra coincidencia más??? No solo no me cansa sino que conforme lo veo y reveo, me gusta más. Yo veo a Goya y luego me voy a Velázquez, esos imprescindibles.

    Nos vemos en el Prado contemplando a Goya... por soñar.... sin monstruos a poder ser ehhhh

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  17. Gracias Lía. Me parece que una buena manera de entender a un artista, a una persona, es a través de la época que le toca vivir. Igualmente conocemos la época a través de las personas, de los artistas, etc.

    Un abrazote.

    ResponderEliminar
  18. Lo que tú digas Laura, pero reconoce que algunos pintores hacen unos retratos de mujeres que jo, una lesbiana pero tiene buen gusto...je,je,je...que feas las tías...
    Goya me gusta, que conste en acta...

    ResponderEliminar
  19. Estoy con Martina, Laura, hay mujeres feas dentro y fuera de los cuadros.
    Y no soy lesbiano y me gusta Goya pero el hombre el ojo con las mujeres no lo tenía.
    Saludos chica.

    ResponderEliminar
  20. En fin, sobre gustos no hay nada escrito, claro. Si os he de ser sincera a los dos, Martina y 007, nunca me había parado a pensar en si salían favorecidas las mujeres (o los hombres) en los retratos de Goya.
    Yo alucino de que a Carlos IV y a Mª Luisa les gustara el retrato oficial de la familia real. Y no es por si salían guapos o feos (que a Mª Luisa se le nota hasta que tenía una enfermedad en la boca y no tenía dientes) sino que son retratos psicológicos auténticos, donde se nota la mezquindad y pobreza de estos encumbrados personajes.
    Compartimos, de todas formas, el gusto por Goya que es lo importante.

    Un abrazo Martina.

    007, chiquillo, no tendría el ojo pero ligaba un montón.... jejeje

    ResponderEliminar
  21. Paso por aquí y digo muy bajito, que nadie me oiga, que Goya no es de mis pintores favoritos. Shhhhh...

    Un beso sigiloso

    ResponderEliminar
  22. Buenoooo.....Elvira, no pasa nada, jajaja..... en la variedad está el gusto ¿no?

    Un beso bien sonoro.

    ResponderEliminar
  23. Llego tarde :(.
    Te lo he dicho muchas veces, tenemos muchos gustos en común y él es uno de ellos.
    No se puede ir a Madrid y no ir a contemplar su obra, ver en cada pincelada su espiritud indomable, optimista,luchador, ilustrado. O su intimidad, sus semtimientos.
    Sus pinceles encontraron el futuro sin buscarlo, su capacidad para entender y sentir fueron muy cercana a la nuestra. En fin que me encata y me gusta mucho tu entrada
    Besitos dispersos

    ResponderEliminar
  24. Es verdad 40añera, tenemos bastantes gustos comunes. Si Goya es uno, me produce gran alegría porque yo lo adoro. Soy hasta plasta, cuando empiezo a hablar de él, no paro, se apodera de mi la pasión, el entusiasmo, la admiración.........bufffff.... un desastre, jejeje.

    Encantada de que te haya gustado, un besote.

    ResponderEliminar
  25. ...un magnífico post sobre Goya...200 años despues de él, aún sigue siendo muy necesario Ilustrar la Oscuridad...

    ResponderEliminar
  26. Y que lo digas Anónimo de la piedra, doy fe de ello. Ahora el obscurantismo adopta otras formas pero el resultado es el mismo... ¿dónde está la luz que nos ilumine? Por supuesto luz de la razón... aunque produzca, a veces, monstruos.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  27. Me encantó esta entrada tuya, Laura. No solo por como me acercas a Goya, con cuyas obras me he deleitado en el Museo del Prado, sino por el cariño con que hablas de él.

    Besos

    ResponderEliminar
  28. Adoro a Goya. No puedo resumirlo mejor. He visto su obra muchas veces en el Prado, he pasado horas mirando y viendo y pensando e imaginando mientras disfrutaba con sus pinturas.

    He visto muchas obras "menores" en Zaragoza.

    Creo que he visto casi todo y repetido.

    Besos!!

    ResponderEliminar

DIME QUÉ PIENSAS SI ASÍ LO DESEAS...