lunes, 8 de marzo de 2021

Francisco Umbral, Carta a mi mujer

 


Me gustó tanto Mortal y rosa, leído en 2014, que cuando vi este otro título, decidí leerlo. Sin embargo la experiencia lectora no ha sido tan positiva como la de Mortal y rosa. Esta Carta a mi mujer sería una delicia leerla si solo tuviera en cuenta la forma, lo bien escrita que está. Umbral vuelve a demostrar que es un maestro del lenguaje, de la prosa poética que lo caracterizaba.

Esta Carta describe la vida de su mujer y de él en los años ochenta, de su matrimonio. Sin embargo Umbral va mucho más allá porque se recrea en describir las rutinas matrimoniales, la convivencia no siempre feliz, la vejez y la muerte.

Sin embargo, me ha dejado un sabor tan amargo que no creo que vuelva leer nada suyo. De golpe he entendido porque me caía mal el personaje «Umbral». Ingenuamente, tras leer Mortal y rosa, pensé que Umbral había creado al histriónico personaje para el mundillo público pero que en realidad él era otra cosa.

Esta Carta demuestra que no era así y que personaje público y persona eran bastante parecidos. Es desagradable comprobar cómo a lo largo de toda la Carta insiste en darnas su concepción tradicional de la mujer, una y otra vez. La mujer es más «natural» y menos intelectual que el hombre, más apegada a las labores domésticas (Umbral asegura que llegaba a despertar a su mujer para que le hiciera el desayuno) y a los cuidados que los hombres, su carácter y su cuerpo están a su servició, etc.

No es misoginia, como se le acuso en su momento por parte de sectores del feminismo, es la imagen de las mujeres que plantea, profundamente conservadora y entendida desde el cuerpo sexualizado de las mujeres.

Una lectura decepcionante.

domingo, 28 de febrero de 2021

Andrés Trapiello, Locuras sin fundamento. Salón de pasos perdidos (2).

 


Este es el segundo de los libros que componen la serie del «Salón de pasos perdidos. Una novela en marcha». Leí hace un año y medio «El gato encerrado» 

Y me hice el propósito de seguir leyendo esta serie aunque será difícil que lea los más de 20 títulos que la componen.

Esta Locuras sin fundamento sigue la línea del primer libro de la serie, el autor con aparente espontaneidad y naturalidad compone unos Diarios que recogen lo cotidiano. No esperéis encontrar anotaciones diarias o mensuales, estos Diarios son una suerte de río que fluye sin más. En sus páginas aparecen referencias a los pensamientos, acontecimientos, viajes, vacaciones, paseos y otros hechos que Trapiello realiza a lo largo de un año que transcurre más por estaciones que por días o meses. Por eso, podemos encontrar pequeñas frases que el autor compone, noticias que encuentra en diarios antiguos, sucesos que ocurren en el vecindario, entrevistas relacionadas con su trabajo o referencias a sus hijos y a su mujer.

«Tengo la sensación de que estos diarios míos van a ser un barullo. En primer lugar no pongo días. ¿Para qué? ¿Qué más me da a mí que las cosas me sucedan un martes o un lunes, un 3 o un 97? Que sucedan ya es bastante, no pido más. Vivir es ver pasar, decía Campoamor, y Azorín lo corrigió: Vivir es ver volver. Pues eso. Y uno, que tiene también sus pujos de filósofo pobre, añade: Vivir es verlas pasar, verlas venir» (p. 176).

Aparecen pocas referencias a la vida política pero algunas cosas se cuelan y nos aproximan a su manera de entenderla. Mucho más aparece la vida de su barrio en el centro de Madrid. Me gustan especialmente las referencias literarias que van ilustrando sus páginas y sus toques de humor. El tono acostumbra a ser amable y no da nombres de personas que puedan disgustarse por aparecer en estos libros.

Su lectura es, ya lo he dicho, como un río que fluye con parsimonia y que va dejando un limo a su paso que regenera por donde pasa.

 

jueves, 18 de febrero de 2021

Jhumpa Lahiri, Donde me encuentro

 


La novela pasea por la vida de una mujer en la cincuentena que vive sola y que se siente extraña en muchos momentos de su vida. Lahiri nos muestra a esta mujer en su cotidianidad. La autora desvela pocos datos de la protagonista, la vamos conociendo a través de los breves capítulos que la sitúan en espacios de su vida diaria: cuando pasea, entra en un bar, se va a la playa, al campo, toma un tren o visita a su madre. Cotidianidad y cosas pequeñas, aparentemente intrascendentes, nos van mostrando las emociones de la protagonista de esta novela.

La soledad elegida por esta mujer que se ha desviado de lo que su madre quería para ella (lo normativo: casarse, tener hijos/as, etc.) es un sentimiento que advierte a la protagonista de alguna carencia que relaciona con una familia distante y frustrada que la ha condicionado más de lo que ella quisiera.

Parece que la relación con su madre fue (y es) negativa por el poco apego que parece sentir por la hija y por cómo va limitando o anulando sus deseos. A su padre le achaca la falta de compromiso con ella, en que no la protegió y tomó partido por ella para compensar la actitud de su madre. Sobre ese trasfondo vamos conociendo las emociones y expectativas de esta mujer.

Su escritura es delicada y refinada pero, a la vez, distante (quizás sea el resultado de que haya decidido utilizar en esta novela por primera vez el italiano, no el inglés).

lunes, 8 de febrero de 2021

Albert Camus, La peste

 


Este libro lo había leído (y «perdido») hace tiempo, cuando se hizo evidente la gravedad de la pandemia del covid y el largo confinamiento que empezó en marzo de 2020, decidí volver a comprarlo y releerlo.

En su momento me pareció que Camus había fantaseado en exceso al narrar una epidemia de peste en la década de 1940, esta vez me ha parecido verosímil y cercana. He encontrado paralelismos con lo vivido en estos meses, casi ya un año:

«Aunque la peste, por la imparcialidad eficiente que usaba en su ministerio, hubiera debido afirmar el sentido de igualdad en nuestros conciudadanos, el juego natural de los egoísmos hacía que, por el contrario, agravase más en el corazón de los hombres el sentimiento de la injusticia» (p. 271).

Como decía, la peste se declara en la década de 1940 en la ciudad de Orán, pronto la muerte se extiende y se declara el aislamiento de la ciudad que queda confinada durante meses. Diversos personajes irán apareciendo en el transcurso del relato, de todos ellos el médico Rieux tendrá un especial protagonismo y será quien relatará los sucesos ocurridos durante la epidemia.

Camus retrata un mundo enfermo, como el nuestro, que tiene la oportunidad de sanar a través de la experiencia de la epidemia de peste:

«Tarrou creía que la peste cambiaría y no cambiaría la ciudad, que sin duda, el más firme deseo de nuestros conciudadanos era y sería siempre el de hacer como si no hubiera cambiado nada, y que, por lo tanto, nada cambiaría en un sentido, pero, en otro, no todo se puede olvidar, ni aun teniendo la voluntad necesaria, y la peste dejaría huellas, por lo menos en los corazones» (p. 320).

En efecto, el aislamiento y confinamiento modifican los comportamientos humanos: los afectos, el apoyo mutuo, la solidaridad y la colaboración. Si eso perdurará cuando se supere la pandemia está por ver, si nos ha dejado huellas en los corazones, también lo podremos comprobar.

jueves, 28 de enero de 2021

Theodor Kallifatides, Madres e hijos




Cuando leí Otra vida por vivir comenté que era un libro de una dimensión humana  enorme y que me había sentido identificada con esa humanidad de inmediato. Así mismo, comenté que cuando acabé de leer el libro pensé: ¿Qué me ha contado este hombre? ¿Por qué me ha gustado tanto? ¿Por qué me ha emocionado de la manera que lo ha hecho?

Con Madres e hijos me ha pasado exactamente lo mismo, aunque la sorpresa ha sido menor porque ya lo esperaba. En esta ocasión el autor viaja a Atenas, ciudad a la que viajé hace algo más de un año, a visitar a su madre de 92 años y a su hermano. Resulta curioso que en ambas fotos de sus libros he elegido el mar, el viejo mar Mediteráneo, de marco para sus palabras.

El libro se desarrolla a lo largo de los siete días que dura su estancia en casa de su madre, en la que había sido también su casa antes de emigrar a Suecia. En esos días lee un manuscrito que su padre escribió hablando de su vida y de la de su familia y, a la vez, habla con su madre de episodios del pasado o de aspectos poco explicados por el padre en su escrito.
«Quiero recordar sin recordar. Quiero ser mis recuerdos». 
Como él señala al final del libro, no busca ni cuenta «secretos», simplemente cuenta la vida de sus allegados y, con esa cotidianeidad de la vida y de los afectos, relata sucesos que explican aspectos de la historia de Grecia en el siglo XX. En ese recorrido se piensa a sí mismo en las etapas de su vida, en su situación entre dos culturas tan diferentes, en su proximidad y lejanía de su familia griega, especialmente de su madre. Relata con sencillez y con belleza la relación con su madre, una relación, que no le cabe duda, ha sido y es esencial para él. Dice su madre:
 «Ni siquiera teníamos relojes. El alcalde tenía, el juez, el boticario, tu difunto padre. Nosotros sabíamos que era la mañana, el mediodía, la tarde o la noche. Nadie decía “las tres menos cuarto”. ¿A quién le importaba el cuarto? Ni las olivas ni las uvas están listas en un cuarto de hora. Mi primer reloj lo usé a los cuarenta años». 
Esa es la sensación que una tiene cuando lee a Kallifatides, qué importa un cuarto o media hora, el tiempo tiene otro ritmo cuando lees este Madres e hijos.

lunes, 18 de enero de 2021

Olga Tokarczuk, Un lugar llamado Antaño



No creo que sea una casualidad que Olga Tokarczuk haya llamado Antaño al pueblo polaco que protagoniza esta novela. Antaño indica un tiempo pasado indeterminado que queda lejano del presente, algo que refleja muy bien ese pueblo rodeado de bosques y de dos ríos que protagoniza esta brillante novela.

Antaño es, probablemente, un lugar real y mágico a la vez en el que transcurren muchas y variadas historias de las que emergen personajes de varias generaciones y de diversas familias que van definiendo la idiosincrasia de este pueblo. Mientras sus vidas se van desarrollando desde la infancia a la vejez, los acontecimientos históricos aparecen como un eco en Antaño: guerras, campos de concentración, resistencia, socialismo, etc.

Los habitantes son capaces, aparentemente, de asimilar todos los acontecimientos que se producen y que influyen, relativamente, en la vida de sus habitantes.
 « (…) para pensar es necesario tragarse el tiempo, interiorizar el pasado, el presente, el futuro y sus constantes cambios. El tiempo opera en el interior de la mente humana. Nunca se halla fuera». 

La lectura de Un lugar llamado Antaño tiene la virtud de relajar. La historia, real y mágica a la vez, te envuelve con su prosa exacta y llena de poesía. La «frontera» imaginaria de Antaño te aísla en este tiempo indeterminado que crea la autora y que te transporta a «otro mundo» que parece detenido en el tiempo.

viernes, 8 de enero de 2021

Svetlana Alexiévich, Los muchachos de zinc. Voces soviéticas de la guerra de Afganistán.

 


Un nuevo libro de Alexiévich. Ya conozco muy bien su estilo, su manera de escribir, sus fuentes, lo que pretende y cómo me afecta su lectura. Temas recurrentes: guerras, el hombre y la mujer soviética, el testimonio individual, el totalitarismo y sus consecuencias. Su método está basado en hacer entrevistas a testigos de los diversos temas que ha elegido para escribir; en este caso se trata de la guerra de Afganistán que se prolongó durante diez años: 1979-1989 (prolongándose en algunos aspectos hasta 1992).

La guerra de Afganistán es conocida como el «Vietnam de la URSS», una guerra con contenido colonial, una sangría de jóvenes muertos o herido gravemente, una guerra perdida. La URSS intentó ocultar la dimensión de esta larga guerra haciendo propaganda de que se trataba de una colaboración internacionalista y que los y las soldados/as iban a construir escuelas, puentes, a colaborar culturalmente, etc.

Los muertos/as volvían en ataúdes de zinc sellados, las familias quedaban desoladas porque además de la muerte de un familiar próximo, no podían verlo, no sabían qué había dentro del féretro. La guerra fue atroz y eso es lo que se explica en el libro a través de diversos testimonios de personas que eran soldados, oficiales, médicos/as enfermeros/as, prostitutas, madres. El resultado de sus testimonios es desolador, las guerras matan y hieren cruelmente, pero además transforman a las personas involucradas en ellas.

El relato es aterrador (y para mi gusto repetitivo). Incorpora en la parte final un apartado titulado “Juicio sobre Los muchachos de zinc en la que se explica las dificultades
 que tuvo la autora para publicar este libro.

Algunos fragmentos:

«No logro quitarme de encima la sensación de que la guerra es fruto de la naturaleza masculina, de la que en muchos aspectos me siento muy alejada» (24).

«El derecho del hombre a no matar. A no aprender a matar. No está escrito en ninguna de las constituciones existentes» (28).

«Me sorprende lo poco que reflexionamos mientras estuvimos allí. Veíamos a nuestros chicos, torcidos, quemados. Los observábamos y aprendíamos  a odiar. Pero no aprendimos a pensar» 200).

Y siempre la sombra de la duda sobre la participación de las mujeres en la guerra. Sobre si se prostituían o no.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Iñaki Uriarte, Diarios (Tercer volumen: 2008-2010) y Diarios. Epílogo

 


Había leído y disfrutado los dos primeros volúmenes de estos Diarios tan peculiares (si buscáis la etiqueta encontraréis una reseña del primer volumen, no sé porqué no comenté el segundo), luego los había olvidado hasta ver anunciado que Isabel Coixet iba a hablar de ellos en un programa de radio no pude escuchar. Me di cuenta que me faltaba un volumen, que fueron dos porque no contaba con el Épilogo.

Uriarte no ha trabajado nunca, vive de una renta (según cuenta de un piso heredado) y de pequeños trabajos como crítico de literatura e incluso de alguna ayuda familiar. Es un bon vivant modesto por vocación. Uriarte es un gran lector que adora a Montaigne, Stendhal, Pascal, Proust, Borges, también Baroja o Pla.

Escribe unos diarios, sin referencias cronológicas excepto el año, en los que va desgranando con sentido del humor, calma, escepticismo relativo y cariño, la política, la amistad, el amor, la literatura, la salud, su gato Borges y mil y un aspectos que te van interesando, te van haciendo sonreír y empatizar.

«Las pequeñas cosas de la vida. La pequeña molestia en la rodilla al darme la vuelta en la cama, el pequeño catarro que no acaba de irse, el pequeño sonido de la fuga de agua que llega desde el cuarto de baño, el pequeño agravio de X esta mañana, que persiste en la memoria, el pequeño mosquito que zumba en la habitación, la pequeña picadura del mosquito en el hombro, el pequeño picor de la picadura, la pequeña pastilla que voy a tomar ahora mismo para olvidarme de las pequeñas cosas de la vida» (p. 64).

A Uriarte le gusta (relativamente) viajar por su pereza para encarar las mil y una incomodidades de un viejo. Por ello, Iriarte pasea y/o viaja a su ritmo, un ritmo tranquilo y sosegado. Sus destinos habituales: Francia e Italia, pero también Berlín o El Cairo. En esto viajes visita recónditos lugares en los que han vivido o escrito o pintado aquellos a quienes admira. Pero sorprendentemente también le encanta Benidorm, de donde siempre retorna a Bilbao (donde vive) mejor que cuando salió.

Su humor es fino, incisivo, imaginativo y cotidiano:

«Cada vez que hago algo que dicen que “alarga la vida” me da aprensión. Me veo a los cien años, en la cama, hecho un desastre, sin acabar de morirme porque a lo largo de mi vida comí, por ejemplo, demasiadas legumbres» (Epílogo, pag.46).

viernes, 18 de diciembre de 2020

Albert Camus, La muerte feliz

 


Agnès Spiquel, autora de la Presentación de la novela, la vincula con El extranjero. fue su primera novela; la abandonó hacia 1939 para escribir de un tirón en 1940, El extranjero.

La muerte feliz se publicó en 1971, después de morir Camus. Hay innegables vinculaciones entre ambas novelas, empezando por el protagonista: Mersault. Un aire parecido entre los dos Mersault es un hecho, aunque solo sea por el nombre. Pero hay mucho más, un aire parecido en lo referente a una cierta indiferencia, falta de arrepentimiento, escepticismo y pasividad. Todo ello mucho más acusado en El extranjero. Argel es, en ambas novelas, el trasfondo de sus vidas.

En  La muerte feliz su protagonista, Mersault, busca la felicidad a toda costa, pero no lo lograba por la pobreza. Camus vuelca su experiencia de la pobreza, su relación compleja con las mujeres, el placer por la naturaleza y, por supuesto, su reflexión filosófica en torno a la felicidad.

Sus descripciones de las estaciones o de un espacio natural son bellas y sugerentes:

«A mediodía, cesó el viento, el día estallo como una fruta madura y, por toda la extensión del mundo, dejo fluir un zumo tibio y asfixiante, entre un repentino concierto de cigarras. El mar se cubrió de ese zumo dorado como si fuera un aceite y devolvió a la tierra agobiada de sol un hálito caliente que la abrió y permitió que se alzasen aromas de ajenjo, de romero y de piedra recalentada».

martes, 8 de diciembre de 2020

George L. Mosse, Soldados caídos. La transformación de la memoria de las guerras mundiales.

 


Este libro apareció en 1990 aunque no se ha traducido hasta el 2016. Estamos ante una interesante propuesta historiográfica que se fundamenta en su interés por la ideología como sistema cultural a la que incorpora los símbolos, aspectos visuales y antropológicos, así como los mitos.

El libro está centrado en la Iª Guerra Mundial que, según Mosse, fue glorificada y embellecida en la postguerra. Se produjo un proceso de enmascaramiento de la realidad de la guerra (muerte, sufrimiento, heridos, etc.) que unida a la brutalización  del conflicto bélico, pusieron bajo control la memoria de la guerra. La insensibilización hacia el sufrimiento humano puso las bases del totalitarismo del periodo de entreguerras y de la IIª Guerra Mundial.

El mito de la «experiencia de guerra» es analizada en este libro a través de diversos aspectos: memoriales, cementerios militares, y poesía, arquitectura, naturaleza, juguetes, religión, cine o voluntarios de guerra.