Me gustó tanto Mortal y rosa, leído en 2014, que cuando vi este otro título, decidí leerlo. Sin embargo la experiencia lectora no ha sido tan positiva como la de Mortal y rosa. Esta Carta a mi mujer sería una delicia leerla si solo tuviera en cuenta la forma, lo bien escrita que está. Umbral vuelve a demostrar que es un maestro del lenguaje, de la prosa poética que lo caracterizaba.
Esta Carta describe la vida de su mujer y de
él en los años ochenta, de su matrimonio. Sin embargo Umbral va mucho más allá
porque se recrea en describir las rutinas matrimoniales, la convivencia no
siempre feliz, la vejez y la muerte.
Sin embargo,
me ha dejado un sabor tan amargo que no creo que vuelva leer nada suyo. De
golpe he entendido porque me caía mal el personaje «Umbral». Ingenuamente, tras
leer Mortal y rosa, pensé que Umbral
había creado al histriónico personaje para el mundillo público pero que en
realidad él era otra cosa.
Esta Carta demuestra que no era así y que
personaje público y persona eran bastante parecidos. Es desagradable comprobar
cómo a lo largo de toda la Carta insiste
en darnas su concepción tradicional de la mujer, una y otra vez. La mujer es
más «natural» y menos intelectual que el hombre, más apegada a las labores
domésticas (Umbral asegura que llegaba a despertar a su mujer para que le
hiciera el desayuno) y a los cuidados que los hombres, su carácter y su cuerpo
están a su servició, etc.
No es
misoginia, como se le acuso en su momento por parte de sectores del feminismo,
es la imagen de las mujeres que plantea, profundamente conservadora y entendida
desde el cuerpo sexualizado de las mujeres.
Una lectura
decepcionante.









