«Vivimos en tiempos que nos obligan a comportarnos como si viviéramos en el paraíso. Evidentemente, el mundo en el que vivimos no es un paraíso. Este libro va en contra de las reglas de la buena conducta: gruñe».
viernes, 28 de mayo de 2021
Dubravka Ugrešić, No hay nadie en casa
martes, 18 de mayo de 2021
Fernando Fernán-Gómez, El Tiempo amarillo. Memorias 1921-1943.
sábado, 8 de mayo de 2021
John Connolly, Los hombres de la guadaña
miércoles, 28 de abril de 2021
David Grossman, La sonrisa del cordero
« (…) Darío, el que me enseñó que la maldad tiene mil rostros y profusión de mentiras, de imágenes y perfumes, pero que no hay error en el contacto con la bondad» (p. 67).
domingo, 18 de abril de 2021
Agustín Comotto, 155 Simón Radowitzky
Es excepcional que lea cómics (o novelas gráficas, no sé cuál es la denominación más correcta), pese a haber leídos muchos tebeos de niña. Los comics eran «de chicos», el propio Agustín Comotto me explicó que cuando empezó a dibujar quienes hacían comics miraban con malos ojos a los dibujantes (aplastante mayoría) que hacían comics que no eran tan masculinos como marcaba la norma. Sé que hoy hay más mujeres dibujantas, pero me temo que salvo excepciones he perdido ese «tren».
He leído este 155 Simón Radowitzky por varios motivos: primero porque conozco a
Agustín (pronto hará un año), segundo porque Radowitzky era anarquista (además aparece en la historia otro amigo
anarquista, Octavio Alberola). Motivos personales, por tanto, me han aproximado
a un género que no me llama la atención.
Los dibujos de Agustín Comotto me han
parecido una maravilla, en blanco y negro con la aparición del rojo en momentos
determinados para resaltar algo concreto. Unos dibujos con una fuerza expresiva
tremenda, unos dibujos que emocionan, contagian el miedo, la fuerza, la
decisión, la resistencia especialmente.
La historia, producto de una
investigación exhaustiva que llevó a cabo Agustín en varios países y archivos
revela a un hombre, Simón Radowitzky, con una capacidad del lucha y resistencia
impresionante. Nacido en un pueblo cercano a Kiev (Ucrania), judío, ateo,
anarquista desde la adolescencia que siempre trato de vivir siendo consecuente
con su ideal, sobrevivió a un pogromo siendo niño, perdió la infancia al
empezar a trabajar a los 13 años, emigró para escapar de la represión, llegó a
Argentina y pronto acabó en la prisión de Ushuaia durante 22 años. Fue un acto
de resistencia enorme lo que le llevó a resistir una cárcel durísima donde fue
sistemáticamente torturado.
Hay mucho más en su historia que podéis
descubrir leyendo este magnífico cómic con el que me he emocionado y he conocido
un anarquista del que apenas sabía nada.
jueves, 8 de abril de 2021
Mircea Cărtărescu, Las bellas extranjeras
domingo, 28 de marzo de 2021
Belén Gopegui, Acceso no autorizado
jueves, 18 de marzo de 2021
Margaret Atwood, La semilla de la bruja
Esta es la
quinta novela que leo de Margaret Atwood, demasiadas teniendo en cuenta que no
me entusiasma (esta última no la compré yo). La semilla de la bruja es una novela, sin duda alguna, con aspectos
positivos y que se lee bien. Es una historia bien narrada, el ritmo no decae en
ningún momento y el interés se mantiene a lo largo de toda la novela.
El
protagonista de la historia es Félix, un hombre en la madurez dedicado al
teatro por su trabajo y un enamorado de las obras de Shakespeare. Un despido
injusto lo deja en la calle y, tras un momento de decaimiento, encuentra un
lugar muy sencillo para vivir retirado de la vida social y un trabajo especial
ligado al teatro.
Felíx, dentro
de un programa especial en la prisión de una localidad cercana a Toronto, monta
una obra al año dedicada a una obra de Shakespeare. La obra que centra la
historia de la novela es La Tempestad, con
ella se podrá vengar de algo ocurrido en el pasado, además de tener una
motivación personal relacionada con su hija Miranda.
Parece ser
que Atwood participa con otros/as escritores/as en un proyecto que recrea las
obras de Shakespeare en sus novelas y
ella eligió La Tempestad.
La novela se
lee bien, con comodidad… pero le falta chispa, entusiasmo, carácter. Un
entretenimiento (algo que no desprecio pero que no me satisface).
lunes, 8 de marzo de 2021
Francisco Umbral, Carta a mi mujer
Me gustó tanto Mortal y rosa, leído en 2014, que cuando vi este otro título, decidí leerlo. Sin embargo la experiencia lectora no ha sido tan positiva como la de Mortal y rosa. Esta Carta a mi mujer sería una delicia leerla si solo tuviera en cuenta la forma, lo bien escrita que está. Umbral vuelve a demostrar que es un maestro del lenguaje, de la prosa poética que lo caracterizaba.
Esta Carta describe la vida de su mujer y de
él en los años ochenta, de su matrimonio. Sin embargo Umbral va mucho más allá
porque se recrea en describir las rutinas matrimoniales, la convivencia no
siempre feliz, la vejez y la muerte.
Sin embargo,
me ha dejado un sabor tan amargo que no creo que vuelva leer nada suyo. De
golpe he entendido porque me caía mal el personaje «Umbral». Ingenuamente, tras
leer Mortal y rosa, pensé que Umbral
había creado al histriónico personaje para el mundillo público pero que en
realidad él era otra cosa.
Esta Carta demuestra que no era así y que
personaje público y persona eran bastante parecidos. Es desagradable comprobar
cómo a lo largo de toda la Carta insiste
en darnas su concepción tradicional de la mujer, una y otra vez. La mujer es
más «natural» y menos intelectual que el hombre, más apegada a las labores
domésticas (Umbral asegura que llegaba a despertar a su mujer para que le
hiciera el desayuno) y a los cuidados que los hombres, su carácter y su cuerpo
están a su servició, etc.
No es
misoginia, como se le acuso en su momento por parte de sectores del feminismo,
es la imagen de las mujeres que plantea, profundamente conservadora y entendida
desde el cuerpo sexualizado de las mujeres.
Una lectura
decepcionante.
domingo, 28 de febrero de 2021
Andrés Trapiello, Locuras sin fundamento. Salón de pasos perdidos (2).
Este es el segundo de los libros que componen la serie del «Salón de pasos perdidos. Una novela en marcha». Leí hace un año y medio «El gato encerrado»
Y me hice el
propósito de seguir leyendo esta serie aunque será difícil que lea los más de
20 títulos que la componen.
Esta Locuras sin fundamento sigue la línea
del primer libro de la serie, el autor con aparente espontaneidad y naturalidad
compone unos Diarios que recogen lo cotidiano. No esperéis encontrar
anotaciones diarias o mensuales, estos Diarios son una suerte de río que fluye
sin más. En sus páginas aparecen referencias a los pensamientos,
acontecimientos, viajes, vacaciones, paseos y otros hechos que Trapiello
realiza a lo largo de un año que transcurre más por estaciones que por días o
meses. Por eso, podemos encontrar pequeñas frases que el autor compone,
noticias que encuentra en diarios antiguos, sucesos que ocurren en el
vecindario, entrevistas relacionadas con su trabajo o referencias a sus hijos y
a su mujer.
«Tengo la
sensación de que estos diarios míos van a ser un barullo. En primer lugar no
pongo días. ¿Para qué? ¿Qué más me da a mí que las cosas me sucedan un martes o
un lunes, un 3 o un 97? Que sucedan ya es bastante, no pido más. Vivir es ver
pasar, decía Campoamor, y Azorín lo corrigió: Vivir es ver volver. Pues eso. Y
uno, que tiene también sus pujos de filósofo pobre, añade: Vivir es verlas
pasar, verlas venir» (p. 176).
Aparecen
pocas referencias a la vida política pero algunas cosas se cuelan y nos
aproximan a su manera de entenderla. Mucho más aparece la vida de su barrio en
el centro de Madrid. Me gustan especialmente las referencias literarias que van
ilustrando sus páginas y sus toques de humor. El tono acostumbra a ser amable y
no da nombres de personas que puedan disgustarse por aparecer en estos libros.
Su lectura
es, ya lo he dicho, como un río que fluye con parsimonia y que va dejando un
limo a su paso que regenera por donde pasa.