sábado, 10 de mayo de 2014

BOHUMIL HRABAL, La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo.

Un título que me ha confundido a lo largo de la lectura de esta extraña historia, pero en la última parte emerge como la clave que da sentido a todo.
Bueno, se dijo mi padre, veo que efectivamente el tiempo se ha detenido y empieza una época nueva, pero yo solo tengo la llave de los tiempos antiguos, no puedo abrir la puerta de los nuevos, porque pertenezco completamente a los tiempos muertos (p. 171).
Llegué a este libro a través de una compañera de trabajo que, tomando café en el descanso, me habló con entusiasmo de este autor. La novela tiene 172 páginas y en la penúltima se despeja definitivamente la clave de ella. Puedo dar esta cita porque tendréis que leerla si queréis saber a qué me refiero. Imposible hacer spoiler con la historia de los hermanos Francin y Pepín.

Bohumil Hrabal (1914-1997) nació en Brno (Moravia) el año en que se inició la Iª Guerra Mundial, una ciudad que entonces formaba parte del Imperio Austro-Húngaro. Poco tiempo después de acabar la guerra  Hrabal era un niño que formaba parte de un nuevo Estado: Checoslovaquia. El joven Hrabal vivió la invasión nazi y la IIª Guerra Mundial y, cuando ésta acabó, la transformación de lo que había sido un Estado democrático, en el periodo de entreguerras, en uno de los estados socialistas controlados por la URSS en un mundo tocado por la Guerra Fría. Vivió después la caída de dicho régimen y la separación de la antigua Checoslovaquia en dos estados (1993) y Hrabal, por nacimiento y lengua, dentro de la República Checa.



Estamos ante un autor, por tanto, que vivió tantas transformaciones territoriales y políticas que por fuerza tuvieron que influirle de forma decisiva pese a que en esta novela, publicada en 1978, y con contenido autobiográfico, no tienen gran protagonismo estos cambios.

Fue un escritor tardío puesto que su primera novela la publicó en 1963, Skřivánci na niti (Alondras en el alambre), que sería dos años más tarde llevada al cine por el director Jirí Menzel quien popularizó muchas de sus novelas (Tijeretazos, Fiestas de campanillas blancas y Trenes rigurosamente vigilados, estrenado en 1966 y que obtuvo el Óscar a  la mejor película de habla no inglesa). En los años setenta fue represaliado por su adhesión a la “Anticarta” en la Primavera de Praga y expulsado de la Asociación de Escritores Checos, retirándose su obra de librerías y bibliotecas, para más tarde permitir a Hrabal publicar sus textos de forma ocasional en tiradas reducidas. En el año 2006 el director Jirí Menzel estrenó Yo que he servido al rey de Inglaterra, nuevamente basada en una de las novelas más relevantes de Hrabal.

En La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo el narrador es un niño de 10 años, el propio Hrabal, que centra el relato en torno a su padre Francin, gerente de una fábrica de cerveza, y de su tío Pepín, trabajador en ella y que vive en la casa de su hermano. Se trata de una novela coral que va desgranando personajes alrededor de los centrales, al hilo de los dos hermanos aparecen otros muchos: la madre del pequeño, el cura, sus abuelos y otros muchos personajes secundarios.

Cuando inicié la novela tuve la impresión de que la historia no era nada del otro mundo y que quedaba reducida al mundo cotidiano de un niño, pero poco a poco las observaciones costumbristas e intimistas van construyendo unos personajes y una reflexión sobre la vida que me fueron atrapando y que muestran un talento narrativo lírico muy especial a la vez que una gran imaginación.
(…) ambos amigos trabajaban, pero el sentido de su trabajo era el mismo que el del barril: ninguno. De hecho, igual que todo lo demás: el tiempo se había detenido definitivamente en el campanario de la iglesia de nuestra pequeña ciudad, en todas partes el tiempo se había detenido o se detenía, se había detenido el tiempo de las ferias y de las fiestas mayores y de los mercados de ganado, además de las ferias de Navidad, se había detenido el tiempo de los paseos del domingo por la mañana y de cada día al atardecer (…) (p. 156)
¿Qué ocurre cuando a una persona se le detiene el tiempo, es decir, cuando vive en el pasado? Pues ocurre que se queda fuera del tiempo y los que viven en los tiempos antiguos, incapaces de abrir la puerta de los nuevos, se quedaban en sus casas con sus recuerdos, haciendo mutis…(p. 157), ¿es lo que le ocurrió al propio autor?

La obra no olvida el trasfondo histórico y político pero no le da protagonismo, éste lo tienen las personas que pululan por la obra y, especialmente, lo tiene la vida de unas personas zarandeadas, como el propio autor, por tantos acontecimientos que les van arrinconando “fuera del tiempo”, quizás en una cervecería de Praga rodeados de amigos como al propio autor le gustaba estar.

Pese a que no está interesado en la crítica política Hrabal es capaz de dibujar con breves pinceladas el mundo de la nobleza imperial, el de la burguesía y proletariado, la ocupación nazi o el cambio operado con la llegada de los comunistas al poder que refleja con la emblemática palabra Sokol que hasta hoy en Moscú sigue teniendo resonancias, (prueba de ello es el parque y la estación de metro Sokolniki, o sea, de los halcones). 

Como dijo el propio autor: 
Allí donde fallo yo como hombre, fallan también mis personajes literarios. Por otro lado, ellos sienten orgullo por las mismas cosas que yo, es decir, por los pormenores cotidianos de la vida.

miércoles, 7 de mayo de 2014

JULIO CORTÁZAR... JAZZ



Este libro es de los libros abrazables, que no hay muchos pero alguno hay. Y mi dedo está ahí por la costumbre que tengo de abrir en exceso los libros.
Hace tantos años que leí a Julio Cortázar que no tenía ninguna etiqueta con su nombre. Leyendo a Cortázar descubrí tanto que no podría, en una introducción que pretendo breve, describirlo con precisión... Buenos Aires, París, humor, amor, imaginación, cronopios, Carol, el metro, la autopista, divertimentos, historias, intersticios, política, miedo, mate, lectura, JAZZ… 

…el jazz es como un pájaro que migra o emigra o inmigra o transmigra, saltabarreras, burlaaduanas, algo que corre y se difunde y esta noche en Viena está cantando Ella Fitzgerald mientras en París Kenny Clarke inaugura una ‘cave’ y en Perpignan brincan los dedos de Oscar Peterson, y Satchmo por todas partes con el don de la ubicuidad que le ha prestado el Señor, en Birmingham, en Varsovia, en Milán, en Buenos Aires, en Ginebra, en el mundo entero, es inevitable, es la lluvia y el pan y la sal, algo absolutamente indiferente a los ritos nacionales, a las tradiciones inviolables, al idioma y al folklore: una nube sin fronteras, un espía del aire y del agua, una forma arquetípica, algo de antes, de abajo, que reconcilia mexicanos con noruegos y rusos y españoles, los reincorpora al oscuro fuego central olvidado, torpe y mal y precariamente los devuelve a un origen traicionado, les señala que quizá había otros caminos y que el que tomaron no era el único y no era el mejor, o que quizá había otros caminos y que el que tomaron era el mejor, pero que quizá había otros caminos dulces de caminar y que no los tomaron, o los tomaron a medias, y que un hombre es siempre más que un hombre y siempre menos que un hombre, más que un hombre porque encierra eso que el jazz alude y soslaya y hasta anticipa, y menos que un hombre porque de esa libertad ha hecho un juego estético o moral, un tablero de ajedrez donde se reserva ser el alfil o el caballo, una definición de libertad que se enseña en las escuelas, precisamente en las escuelas donde jamás se ha enseñado y jamás se enseñará a los niños el primer compás de un ragtime y la primera frase de un blues, etcétera, etcétera.


De Rayuela, cap. 17 (recogido de Cortázar de la A a la Z. Un álbum biográfico, p. 141).

La imagen es de Sarah Ann Loreth.

sábado, 3 de mayo de 2014

RABIH ALAMEDDINE, La mujer de papel.

Un título sugestivo, una metáfora de una lectora voraz. Yo misma.
Soy una gran lectora. Sí, eso soy, una gran lectora con un fastidioso dolor de espalda.Cuando me duelen los huesos o mi espalda se rebela, considero el dolor un castigo por haber abandonado mi cuerpo durante tanto tiempo, por haberlo tratado incluso con desdén (págs. 61-62).

Llegué a este libro a través de una reseña de Margari. Reconozco que cuando encontré el ejemplar marcado con el sello de Best Seller, refunfuñé. Pero también es cierto que, como ya dije en otra ocasión, no desprecio una novela por obtener éxito de ventas.

La novela tiene un título que define a su protagonista Aaliya, siempre rodeada de papel por su amor a la lectura y por traducir, a mano y en folios, numerosos títulos literarios que acaba guardando en cajas que se amontonan en diversas habitaciones de su apartamento, incluido el lavabo. La novela la he leído en una edición de bolsillo y tiene 316 páginas.

Rabih Alameddine, nació en Jordania en 1959. De padres drusos libaneses creció en Kuwait y Líbano, abandonó este último país a los diecisiete años para trasladarse a vivir a California. Empezó a escribir tras dedicarse a otras actividades publicando su primera novela en 2001, Yo, la Divina (he encontrado una referencia de que su primera novela no es esta sino otra publicada en 1988, Koolaids: The Art of War), y obteniendo su mayor éxito con El contador de historias (2008). La mujer de papel fue publicada en 2012.


Mentiría si dijera que esta novela me atrapó desde el principio, de hecho transitaba por sus páginas pensando que había vuelto a fracasar en mi elección y que deambularía por sus letras sin pena ni gloria. Pero me engatusaron las referencias que Aaliya hacía a sus escritores favoritos (que son los del autor): Roberto Bolaño, Fernando Pessoa, Giuseppe Lampedusa, Marguerite Yourcenar, Italo Calvino, Marguerite Duras y otros muchos.
La delicia de descubrir una verdadera obra maestra. La belleza de las primeras frases, el qué es esto, el cómo es esto posible, el primer enamoramiento otra vez, la sonrisa del alma. Mi corazón empieza a elevarse. Me veo sentada todo el día en mi sillón, inmersa en vidas, tramas y frases, embriagada por palabras y quimeras, literalmente paralizada por la satisfacción, leyendo hasta apurar al máximo la penumbra, hasta que no pueda distinguir las palabras, hasta que mi mente empiece a divagar, hasta que mis doloridos músculos no puedan sostener el libro. El gozo es la expectativa del gozo (p. 132).
Después me atrapó el dramático trasfondo de una ciudad como Beirut siempre en guerra (1975-1990) en la que nada funciona como debería. Pero sin darme cuenta iba quedando enganchada en la personalidad de esa mujer de setenta años, Aaliya, que por error acaba con el cabello teñido de azul. Una asocial que una vez que la abandona su marido se dedica en cuerpo ya alma a los libros sin muchos deseos de mantener relaciones ni con una familia que no la quiere, ni con unas vecinas que prefiere esquivar e ignorar.

Cómo no admirar a una mujer que acaba durmiendo con un rifle por si su apartamento es asaltado, una persona que durante cincuenta años traduce algunos de sus autores favoritos por el mero hecho de hacerlo, que cuestiona la masculinidad de la guerra, el fanatismo religioso o las banalidades femeninas que no puede asumir. ¿Qué puede ser una trampa para adular el gusto femenino lector occidental? No lo descarto.

En todo caso esta mujer de papel ha acabado siendo una lectura agradable que no puedo descartar para ciertos momentos y que dibuja un buen personaje femenino que vive al margen del sistema establecido sin alharacas ni violencias como solo las mujeres, cuando se obstinan, saben hacerlo.

miércoles, 30 de abril de 2014

LEER, TOMAR CAFÉ, ROSAS

Un triángulo que me acerca con frecuencia a la felicidad (no entendida de forma edulcorada sino la que proporciona la vida de cada día), pero que también me conduce, a veces, a cometer errores. Ojeando novedades en una librería encontré esta novela de Agnès Martin-Lugand: La gente feliz lee y toma café, que no pude desestimar por ese título tan evocador al que solo le faltaban las rosas.


Decidí leerlo, tras acabar Ulises, en un viaje que me permitía disponer de más de cuatro horas de tren en un cómodo asiento. Dos errores: pensar que debía leer algo ligero tras Joyce y la elección de esta obra por su título. La novela resultó ser una nadería absolutamente previsible (que he visto va por la 2ª Edición). En un accidente muere el marido y la hija de Diane, ésta se aísla del mundo y no quiere aceptar la realidad. Pero algo cambiará cuando se marcha a un pequeño pueblo de Irlanda (¡¡ja!! este país me persigue).



Qué fuente de placer es la lectura cuando resulta rica, motivadora y me hace cavilar, no fue el caso de esa obra de título tentador. Sí lo fue, y lo es, la obra del gran Gabriel García Márquez que murió el  pasado 17 de abril.
La casa se llenó de amor. Aureliano lo expresó en versos que no tenían principio ni fin. Los escribía en los ásperos pergaminos que le regalaba Melquíades, en las paredes del baño, en la piel de sus brazos, y en todos aparecía Remedios transfigurada: Remedios en el aire soporífero de las dos de la tarde, Remedios en la callada respiración de las rosas, Remedios en la clepsidra secreta de las polillas, Remedios en el vapor del pan al amanecer, Remedios en todas partes y Remedios para siempre. Rebeca esperaba el amor a las cuatro de la tarde bordando junto a la ventana. Sabía que la mula del correo no llegaba sino cada quince días, pero ella la esperaba siempre, convencida de que iba a llegar un día cualquiera por equivocación.
Leer antes de caer derrumbada en el breve sueño del mediodía, disfrutando de un café, siempre solo y sin azúcar, se convierte en un momento feliz. 

Pensando si había algo más que añadir a ese momento, aparecieron de inmediato las rosas y su evocador olor.



La felicidad no la constituye tan solo este triángulo, pero me siento feliz cuando leo, tomo café y tengo cerca rosas.

sábado, 26 de abril de 2014

ERRI DE LUCA, El día antes de la felicidad.

(…) las historias de Don Gaetano eran muchas y cabían en una persona sola. Él decía que porque había vivido en lo bajo, y las historias son  aguas que van a parar al fondo de la cuesta. Un hombre es una cuenca de recepción de historias: cuanto más al fondo esté, más recibe (p. 47).


Esta novela entró en mi lista de lecturas tras leer la elogiosa reseña de Marcelo Z. La compré en una librería de segunda mano por internet, tiene 153 páginas y el título es una especie de juego de palabras que viene a decir que hay cosas que ocurren de forma inevitable y que puede ocurrir que algo malo acabe siendo bueno y proporcionando la felicidad al día siguiente (o así lo he entendido yo).

Erri de Luca (Nápoles, 1950) es novelista, traductor y poeta. A los 18 años ingresó en la organización “Lucha continua” ligada con el importante movimiento de “Autonomía Obrera” que se desarrolló especialmente en la década de los setenta en Italia y que tuvo influencia en otros países como España. Trabajó en la cadena de automóviles de Fiat y en el aeropuerto de Catania. Empezó la carrera diplomática pero la abandonó, es un autodidacta que habla varios idiomas. Es un apasionado alpinista.


Ha escrito diversas novelas, entre ellas: Tres caballos (2002), Montedidio (2004), El contrario de uno (2005), En el nombre de la madre (2007) y la que se reseña aquí que es de 2009.

En este caso la biografía del autor resulta esclarecedora para comprender mejor su obra. Su compromiso político está en esta novela de forma clara, aunque sutil.
Ser huérfano era la condición natural, todos eran huérfanos, animales y hombres sobre una llanura tan vasta como un océano. Bandoleros, curas sin sotana, anarquistas, irlandeses, Argentina te quitaba del corazón la causa de tu viaje, te daba espacio a discreción. Las soledades regulaban el aliento de cara a los horizontes (p. 50).
Don Gaetano, el portero de un edificio en el Nápoles de los años 50, acoge en su vida casi como un padre al protagonista de esta novela, un adolescente del que no conocemos ni siquiera el nombre. Se trata de un huérfano que vive en una habitación pagada por una madre adoptiva que nunca ve y que le permite estudiar y vivir la vida con gran libertad. Entre Don Gaetano, los libros que le presta Don Raimondo, papel amarillo que recuperaba cuando alguien quería desembarazarse de los libros (p. 21) y su amor hacia Anna, de la que se enamora de niño, transitará de la niñez a la adolescencia y a la edad adulta.

La novela tiene una disposición fragmentaria que se sitúa, de la mano de Don Gaetano, en la II Guerra Mundial, la ocupación nazi y la resistencia; de la mano del protagonista en momentos de su niñez y de su adolescencia. El lector ha de reconstruir el todo a partir del enlace de las partes y la conexión entre el pasado y el presente para definir a los personajes, especialmente el portero y él protagonista de El día antes de la felicidad.

Tiene una forma de escribir muy peculiar, con frases cortas y precisas (sísmicas ha dicho él mismo) y siempre rozando el lirismo.
La luz del día acusa, la oscuridad de la noche otorga la absolución. Salen los transformados, hombres vestidos de mujeres, porque así se lo dice la naturaleza y nadie los molesta. Nadie pide cuentas de noche. Salen los tullidos, los ciegos, los cojos, que de día son rechazados. Es un bolsillo del revés, la noche en la ciudad. Salen hasta los perros, los que carecen de casa. Aguardan la noche para buscar los restos; cuantos perros consiguen salir adelante sin nadie. De noche, la ciudad es un país civilizado (p. 29).
Una obra interesante que incita a seguir leyendo sus obras.


sábado, 19 de abril de 2014

JAMES JOYCE, Ulises.

Tibio fulgor solar en regocijo sobre el mar (p. 85, vol I).
La casualidad, la curiosidad, su rareza y/o singularidad como obra literaria, la originalidad y peculiaridad de la técnica utilizada (la palabra interior) y el capricho de intentar su lectura. Todo eso y mucho más se conjugaron para leer esta obra. No puedo olvidar el hecho de que hubo algunas personas que se ofrecieron a acompañarme en su lectura para no sentirme trágicamente sola, especialmente mi amigo Carlos que siempre, sí, sí, siempre, está dispuesto a embarcarse conmigo en cualquier aventura literaria que le propongo.
Teje, tejedor del viento (p. 105, vol I).
Ulises se presenta en diversos formatos, mi edición es muy antigua, Bruguera-Lumen, y son dos volúmenes traducidos y con un prólogo magnífico de J. M. Valverde. Me gusta mucho abrir cualquier libro para leerlo sin que sus dos partes se muevan, con esta edición es imposible porque se descuajeringa el invento. Pese a todo el cuidado que he tenido, hay hojas sueltas que he decidido mantener en su sitio rodeando los dos volúmenes con una goma “de pollo”.



He ido desgranando tantas indicaciones de James Joyce y de Ulises, que sería reiterativo y aburrido que me repitiera. Sirva de “promesa” que seguiré leyendo sus obras y biografías o ensayos críticos sobre él y su obra. La wiki está ahí para quien quiera informarse sobre autor y obra más allá de lo que yo pueda decir.
Quizás es tan penoso ser despertado de una visión como nacer (p. 62, vol II).
Una obra tan personal como Ulises da licencia para hacer una lectura también personal que no aseguro sea nada correcta, es la apreciación desde Utopía, desde una posición concreta ante la vida, desde la búsqueda de interrogantes, desde el entusiasmo por comprender a un escritor cuya trayectoria personal resulta tan importante como su obra.

La gran protagonista de Ulises es la palabra, o mejor dicho, el pensamiento traducido en palabras. Esa palabra interior como la denomina Joyce, torrentes de pensamiento que se desbocan como el río cuando se desborda y se sale del cauce. Un hombre, Leopold Bloom, que a lo largo de un día piensa miles de sensaciones, juegos, opiniones, chistes, presunciones, arrepentimientos, arrebatos, temores, deseos y muchos más sucesos, muchas veces, intrascendentes. Una mujer, Molly, que aparece siempre como referencia de su marido Leopold y que aporta un torrente de palabras sin una sola coma ni punto en el capítulo último, ya de madrugada (entre las 2 y 3 de la madrugada), cuando Bloom por fin ha vuelto a casa. Y por último, un hombre joven: Stephen Dedalus, contrafigura del autor en su juventud.



Y con la misma importancia que los tres personajes principales, la ciudad de Dublín como marco de referencia siempre presente a lo largo de toda la obra. La clase media dublinesa en la que están encuadrados los protagonistas y con abundantes referencias al resto de la sociedad que poblaba esa ciudad a principios del siglo XX.

Tanto en el prólogo de Valverde como en el esquema de interpretación que el propio Joyce le envió a su amigo, Carlo Linati, y que está reproducido al final de la obra, se dan las referencias que tiene el Ulises con la Odisea. Yo no he acabado de ver la importancia de esas referencias en la obra.

Las claves para leer esta obra desde mi punto de vista (el de una lectora que no es experta en la obra de Joyce) residen en lo siguiente:

En primer lugar no hay que desanimarse en las primeras páginas cuando te encuentras con ese torrente imparable de palabras que traslucen esa palabra interior, esa especie de conciencia interna  que no estamos acostumbrados a ver reflejada en palabras pero que transita dentro de nosotros/as así.



En segundo lugar no podemos pretender entender todo lo que vamos leyendo porque Joyce se recrea en referencias muy locales y en juegos de palabras que hoy en día es imposible comprender y conocer. Hay que leer sobrepasando esas barreras y cuando lo hemos logrado, todo fluye y va encajando cada pieza en su sitio.

En tercer lugar hay que prestar atención siempre a la lectura, es exigente y nos pide concentración, pero compensa porque encontraremos fragmentos sublimes, reflexiones llenas de interés, descripciones bellas.

En cuarto lugar, es una obra que nos abrirá múltiples interrogantes y, con ellos, vías diversas por descubrir. A mí me ha interesado saber qué podía sentir Joyce desde su autoexilio voluntario respecto a la revolución irlandesa de independencia (1916-1922). Coincide la publicación de la obra con el fin del proceso de separación de Irlanda respecto a Inglaterra. Su ataque al nacionalismo se hace muy presente en el capítulo 12 en el que inventa a un Ciudadano que se define por su exaltación de lo irlandés, en contraste con Bloom, judío, masón, extranjero (húngaro) y desarraigado, un auténtico apátrida que adoraba Dublín. 
Resultando que Leopold Bloom sin domicilio fijo es un conocido dinamitero, falsificador, bígamo, alcahuete y cornudo y una molestia pública para los ciudadanos de Dublín (…) (p. 112, vol II) 



Me interesa conocer la relación que tuvo con Nora Barnacle, me parece que fue importante en su vida, y no sé si en su obra. ¿De dónde sale Molly? 

Su anti catolicismo: 
Admirable organización, sin duda, funciona como un reloj. Confesión. Todo el mundo quiere. Entonces se lo contaré todo. Penitencia. Castígueme, por favor. Gran arma en manos de ellos. Más que médico ni abogado. (…) Tipos de cabeza equilibrada deben ser los de Roma: organizan toda la función ¿Y no arramblan con el dinero también? (p. 179, vol I). 
Su regodeo en episodios de contenido erótico-sexual que rechazó más el puritanismo anglosajón que el catolicismo irlandés.

Seda tibia de sol. Atalajes tintineantes. Todo por una mujer, hogar y casas, tejidos de seda, plata, ricas frutas, aromáticas de Jaffa. (…) Una tibia carnosidad humana se le asentó en el cerebro. Su cerebro se rindió. Perfume de abrazos le asaltó entero. Con carne hambreada oscuramente, mudamente ansiaba adorar (p. 290, vol I). 
Me ha interesado estar “dentro” de una persona que divaga, tiene pensamientos contradictorios, sentimientos poliédricos, sensaciones múltiples. Nunca nadie había descrito tan bien lo que ocurre dentro de mí. 

Es una obra única de la que muchas personas conocen su existencia, provoca atracción y aceptación pero también rechazo y repudio. No quiero recomendarla, quizás despierte en alguien la curiosidad por su lectura como me ocurrió a mí, eso sería agradable. Nada más (y nada menos).

sábado, 12 de abril de 2014

PALABRAS DEL CAOS

"Tupelo Honey" es una canción de Van Morrison publicada en el álbum del mismo título en 1971. El nombre deriva de una miel de suave sabor producida en el sureste de Estados Unidos. 

CARATULA DE "TUPELO HONEY"

La canción es de un estilo musical cercano al country cantada por un hombre que nos transmite con su peculiar voz lo que siente por su amada: 


She’s as sweet as Tupelo Honey. Ella es más dulce que la miel de tupelo. 
She’s all right with me. Ella está bien conmigo. 

Pasé una tarde de lunes, agotada por la rutina, escuchando esta canción en la versión de Cassandra Wilson en su álbum Closer to you y, no sé de qué manera, acabé ensoñando este texto que fue cuajando en una conversación posterior con un amigo sobre lo que podía comunicar este tema. 


IBAI ACEVEDO

Todo empieza con una canción que recrea imágenes que transpiran sensaciones cálidas que danzan flotando. “Tupelo Honey” de Van Morrison se eleva desde una suave flauta impulsada por el ritmo de la batería, trazando un puente de estrellas que, uniendo los extremos del océano, dibuja senderos de sueños tapizados con el tejido del vapor que ilumina la luna. 

Largas túnicas de terciopelo se mueven con la pesada liviandad que les otorga la transparencia. Flotan en el aire suspendidos mientras finos cordones, trenzados con seda y cáñamo, se tienden en un sendero de plata que se extiende del Orto al Ocaso. 

Acaso sean melodías que se izan cual velas, trazando cartas de navegación que anclan la ruta del amor maduro, dulce como la miel, y liman la singladura del viento y las mareas. Cada lazo que anudan, define un nuevo tiempo en un antiguo espacio. Son las piezas destejidas que atan el sabio viento del Este con las turbulencias del Caos. 

La suma de lágrimas de lluvia y gotas, que multiplican el azul del mar, resultan reflejos caleidoscópicos que irisan la noche.

miércoles, 9 de abril de 2014

HER de Spike Jonze (2013)


Y es que la vida es así, venía quejándome de que estaba antojadiza y quisquillosa con el cine últimamente, que ninguna película me convencía y que me daba pereza invertir minutos y minutos en ver una película que me dejaba fría y refunfuñando. Y resulta que las dos últimas películas que he visto me han dejado medio noqueada y necesitada de pararme a reflexionar. Pensar y enfriar sensaciones es lo que he necesitado para poder escribir algo sobre la última: Her.



Theodore, un hombre solitario, algo asocial, melancólico, romántico, pero a la vez, realista y rendido a la tecnología, se enamora de alguien virtual, de un sistema operativo diseñado para satisfacer todas sus necesidades. En una sociedad, que está aquí mismo, individualista, frustrante y solitaria, el protagonista (Joaquin Phoenix, en una espectacular actuación) un hombre sensible y tierno pero con dificultades para afrontar las relaciones sentimentales reales sobre todo tras su separación, cae rendido ante una relación virtual hecha a su medida.


Sabes, a veces siento que ya he sentido todo lo que voy a sentir jamás. Y de aquí en adelante nunca voy a sentir algo nuevo. Sólo versiones más pequeñas de lo que ya he sentido.
Las relaciones virtuales dan lo mejor de nosotros mismos, son fugaces y sin compromisos, las adaptamos a nosotros mismos como un guante y si se tuercen las desconectamos con un clic. Jonze da un paso más, da un giro más a la tuerca puesto que imagina un mundo en que la mayoría de las personas se aman a si mismas a través de sistemas operativos de inteligencia artificial creados a su justa medida. Y a pesar de todo, Jonze construye una historia de amor creíble, conmovedora, tierna y lúcida.


Sabes que puedo sentir el miedo que cargas.
La interpretación de Joaquin Phoenix es magistral, construye un personaje apasionante y atractivo con momentos desternillantes (el chat erótico festivo o el juego de ordenador al que acostumbra a jugar son especialmente divertidas) y otros que te dejan al borde del llanto (casi todas las conversaciones con su amada, Samantha). No puedo juzgar la voz de Scarlett Johansson porque no he podido ver la película en versión original.



(…) creo que todo el que se enamora es un raro. Hacerlo es una locura. Es como una forma de locura socialmente aceptable.
Una película original y diferente que puede dar para pensar pero que da para quedarte en una simple y bella historia de amor. Sobre el final no digo ni “mu”.

sábado, 5 de abril de 2014

ANDRÉS NEUMAN, La canción del antílope.

Y continuando con las breves lecturas de poemas que intercalo con el Ulises, un autor del que os hablé hace muy poco: Una vez Argentina, y que quiero continuar leyendo, especialmente su poesía.



 La canción del antílope es muy breve, 55 páginas, y el mismo autor en una breve nota final explica que los antílopes suelen ser criaturas de apariencia agresiva, comportamiento receloso y realidad indefensa.


CAÑÓN DEL ANTÍLOPE

Al autor le fascinan sus muchas variedades y señala que algunas de ellas, como la especie saltadora, están próximas a extinguirse. El antílope como símbolo de belleza y de temor se reflejan en este poemario.



Sobre el autor ya hice una breve referencia en la obra que reseñé hace poco y que se puede consultar en el enlace correspondiente.


Los 18 poemas recogidos en esta obra van precedidos de uno titulado “La máscara” y de “La canción” final. Con ellos, Neuman construye un itinerario de una criatura bella, ágil y amenazada.

Te asomas a la noche y nada de lo suyo parece compasivo.
Las farolas emboscan más que alumbran,
quisieras que tus pasos te alejasen sin acercarte a nada.
Una alarma encendida y este silencio cómplice
parecen delatar el fugitivo,
así que corres
huyes del pensamiento y de esta lluvia lacia, indiferente.
Perdida la costumbre del amor
solo queda, tensándose,
una ansiosa belleza que te busca la espalda.

Criatura llena de temores, por tanto, y que lucha por no extinguirse. A partir de aquí podemos hacer una lectura más o menos literal, yo que tiendo a la metáfora he leído el itinerario de la sensibilidad y de los peligros que la acosan con el paso del tiempo y los desengaños.

El silencio cansado es un mortero. Sentirás
cómo en él van mezclándose la harina de la luna
y el azúcar morena de la noche.
(…)

Lo mejor de la poesía es justamente las posibilidades casi infinitas de lectura que te proporciona.

La banda sonora de estos días de Ulises y poesía es este Mix: My Romance, Sweet Jazz Trio


miércoles, 2 de abril de 2014

ULISES DE JAMES JOYCE

OPINIONES...


No pretendo recoger las opiniones de todos los que han opinado en positivo y/o en negativo sobre esta obra en la que ando enroscada. Solo quiero recoger opiniones de otros escritores a los que he leído y admiro.


Parece que para el mundo de Bloomsbury entre quienes está T. S. Eliot y especialmente mi admirada Virginia Woolf, Ulises constituía un grave problema. Woolf llamó a esta obra un libro underbred, es decir, inadecuado o de clase baja, el libro de “un trabajador que se ha instruido a sí mismo”, el entretenimiento de un estudiantillo “que se rasca con grima sus sarpullidos”. Pero no las debía tener todas consigo porque en 1920 anotó en su diario: “Lo que hago yo probablemente lo está haciendo mejor mister Joyce”.

Cuando murió Joyce, pocas semanas antes que ella se suicidara, anota en el Diario (enero 1941):

Me acuerdo de Mrs Weaver, con guantes de lana, trayendo ‘Ulises’ copiado a máquina a nuestra mesa de té de Hogarth House. ¿Dedicaríamos nuestras vidas a imprimirlo? Las indecentes páginas tenían un aire incongruente: ella era muy solterona, abotonada hasta arriba. Y las páginas rezumaban indecencia. Lo metí en un cajón (…) Luego recuerdo a Tom (T. S. Eliot) diciendo –se publicó entonces- ¿cómo podía volver a escribir nadie después del inmenso prodigio del último capítulo? Por primera vez, que supiera yo, estaba arrebatado, entusiástico. Compré el libro azul y lo leí aquí un verano, creo, con espasmos de maravilla, de descubrimiento, y luego también con largos trechos de intenso aburrimiento (…)


George Orwell, un novelista que he leído con gusto, especialmente 1984 y Homenaje a Cataluña, y que es poco joyceano dijo:

Lo verdaderamente notable de ‘Ulises’ (…) es lo corriente de su material. Claro que en ‘Ulises’ hay mucho más que esto, porque Joyce es una especie de poeta y también un poeta elefantino, pero su auténtico logro ha sido poner en el papel lo conocido. Se atrevió –pues es asunto de atrevimiento tanto como de técnica- a poner al descubierto las imbecilidades de la mente interior, y al hacerlo así descubrió una América que todo el mundo tenía delante de sus narices. Ahí hay todo un mundo de materia que uno creía incomunicable por naturaleza, y alguien se las ha arreglado para comunicarla. El efecto es disolver, al menos momentáneamente, la soledad en que vive el ser humano. Cuando se leen cierto pasajes de ‘Ulises’, uno nota que la mente de Joyce y la de uno mismo están identificados, que él lo sabe todo sobre uno, aunque jamás haya oído nuestro nombre, que existe algún mundo fuera del tiempo y del espacio donde estamos juntos con él.


Y, por último, uno de los varios poemas que Jorge Luis Borges le dedicó al autor de Ulises:

Qué importa nuestra cobardía si hay en la tierra
un solo hombre valiente,
qué importa la tristeza si hubo en el tiempo
alguien que se dijo feliz,
qué importa mi perdida generación,
ese vago espejo,
si tus libros la justifican.


Yo sigo avanzando en la lectura de la obra (voy ya por el segundo volumen) esforzadamente unas veces, con sonrisas en otras ocasiones, con admiración muchas veces, perdida y, por ello, aburrida otras veces, pero en esta ocasión sé que voy a acabar de leerla porque en conjunto me interesa lo que leo. He utilizado el prólogo que escribe J.M. Valverde en el Ulises para elaborar este texto.