viernes, 22 de julio de 2016

YASAR KEMAL, Calor amarillo

¿Cómo llegué a este libro? 

Fueron Wineruda y Atticus quienes me recomendaron la lectura de Kemal, el primero me dijo que este Calor amarillo era “brutalmente bello”. Todo vino al hilo de la reseña que hice sobre La bastarda de Estambul, ahí podéis encontrar los comentarios de ambos. 


¿Cuál es el contenido de Calor amarillo? 

Se trata de veintiún relatos de pequeña extensión (en torno a las diez páginas) exceptuando cuatro o cinco que son más largos. Todos ellos tienen como escenario la llanura de Çukurova (en el Taurus turco) y, añadiría, que están unidos también por el calor, amarillo (título del primer cuento de la serie), y la pobreza. 
El sol, que caía a plomo, nublaba su entendimiento. Caminaba tambaleándose; el suelo ardiente le quemaba los pies, como si a través de sus zapatos rotos le hubiesen entrado brasas (19). 
En todos los cuentos están presentes personajes, que viven en pequeñas aldeas, dedicados a la agricultura, la ganadería y el pequeño comercio, que sobreviven como pueden a la explotación, al machismo y a la injusticia. Los relatos describen con minuciosidad la vida de los desheredados, aplastados por un trabajo que, muchas veces, resulta infructuoso por las condiciones en que se ven obligados a desarrollarlo. Las condiciones de explotación de mujeres y niños/as resultan muchas veces angustiosas como es el caso de las mujeres en “Una fea historia”.

En Calor amarillo el protagonista indiscutible es el pueblo bajo, sus problemas cotidianos, sus dificultades para cubrir sus necesidades más elementales como la comida y su trabajo para extraer el fruto de la tierra. Pero que nadie espere una visión idealizada de éste porque no la encontrará, las rencillas, envidias, rencores y odios, pueblan muchas de estas historias. También encontraremos actos de rebeldía, de orgullo y de solidaridad. La realidad, aunque quizás realidad de otro tiempo, trasiega por todas estas historias. 


¿Quién es Yasar Kemal? 

Nació en Adana en 1923 y murió en 2015 en Estambul. Escritor, periodista y reportero, procedía de una familia de origen kurdo. Calor amarillo fue su primer libro de cuentos publicado en 1952. Kemal vivió una vida azarosa y difícil con frecuentes estancias en la cárcel por motivos políticos. Fue un eterno candidato al premio Nobel que no llegó a conseguir. 

Su estilo… 

… es sencillo, vinculado con la tradición oral de los cuentos de Asia Menor, coloquial y siempre con una fina ironía que hace muy fácil su lectura si se logra empatizar y sintonizar con unas historias que, a veces, parecen a años luz de nuestra realidad. La defensa del honor y la venganza que se desprende de dicha defensa puebla muchos de estos relatos.
Sus descripciones del paisaje, montañas y llanuras del Taurus, así como el clima, especialmente como ya he dicho, el calor estival, resultan lo mejor, para mí, de estos cuentos.
No puedo ocultar que me costó entrar en las historias y que, aunque lo logré, los temas me resultan en parte ajenos. Digo en parte porque en ellos hay emociones y circunstancias universales y, por ahí, transité para no descolgarme de las narraciones, a veces, repetitivas. Algunos cuentos me han impactado como “El recién nacido”, “El tendero”, “Lagarto verde” y el mencionado, “Una fea historia”. 

Mi fragmento favorito… 

Un vaho azul lo envolvía todo: los pinos, la enorme roca, el suelo rojizo, las hierbas, las flores, las blancas nubes del cielo… Todo, el horizonte, los pájaros que pasaban volando… La fina espuma blanca que había sobre el mar también estaba envuelta por un vaho azul. El Egeo es así. Un vaho azul lo envuelve todo. De ahí su encanto (171). 

¿Quién no desearía viajar a ese Egeo de vaho azul tras leer estas líneas? Una Turquía desconocida y, quizás, inexistente hoy, que aporta un acercamiento al mundo rural, fuera de Estambul.

viernes, 15 de julio de 2016

LUIS ALBERTO DE CUENCA, Cuaderno de vacaciones

De nuevo un poemario. De nuevo una dificultad para escribir algo que tenga interés desde mi dificultad para hablar de poesía. De nuevo un intento para el que pido disculpas por anticipado si resulta irrelevante lo que digo. 



El poeta 

Luis Alberto Cuenca es madrileño, nació en 1950 en pleno franquismo. Es profesor de Investigación del CSIC y académico de número de la Real Academia de la Historia desde 2010. Y además escribe poesía por la que ha sido premiado en numerosas ocasiones. En 2015 ha sido galardonado con el premio Nacional de Poesía por este Cuaderno de vacaciones


Un poema 

El maquillaje es sospechoso siempre.
Tú, recién levantada de la cama, 
sin nada que no sea tu glorioso
cuerpo gastado por las decepciones
y por los desengaños, pero erguido
como un árbol al viento de la vida
que se lo lleva todo por delante:
esa es mi religión, esa es la única
visión de lo sagrado que conozco (130). 

El poemario 

Contiene 85 poemas escritos en los veranos comprendidos entre 2009 y 2012. El autor los ha agrupado en ocho epígrafes que aspiran a ordenar temáticamente la lectura. En todo caso lo que une estos poemas, como el autor señala en una nota, es su escritura gozosa, vacacional, su fusión con el ocio, un vicio comparable al de la poesía. Hay poemas hermosos, destilan una ironía suave con un guiño de sonrisa madura que te llega adentro. Poemas que sueltan un polen de lecturas y amor al mundo clásico. Versos logrados que palpitan cuando los lees y que vuelven a ti después de pasadas unas horas. Sin embargo, no he logrado conectar con sus poemas excepto en algunos de ellos. 

Otro poema 

Cuando te veo triste y melancólico,
próximo ya a la ruina cenicienta,
me permito decirte (en estos versos,
porque a la cara no me atrevería) 
que aún respias (lo que es inevitable
cuando se sigue vivo), que hay películas
todavía que ver, y geologías
caprichosas y océanos en llamas
y tesoros escitas y crepúsculos
que admirar, y novelas que leer,
y connivencias mágicas, y copas
feéricas que apurar.(…) (82). 

Leed poesía, como dice de Cuenca es un vicio de los más entrañables y deliciosos.

viernes, 8 de julio de 2016

FRÉDÉRIC PAJAK, Manifiesto incierto. Con Walter Benjamin, soñador abismado en el paisaje. La inmensa soledad. Con Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese, huérfanos bajo el cielo de Turín.

La pequeña historia que hay tras estos libros…

Tras leer El oficio de vivir, un comentario de Atticus me condujo a este autor, su propuesta fue La inmensa soledad. Con Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese, huérfanos bajo el cielo de Turín. Indagué sobre el libro, me picó la curiosidad, pero el precio era un poco caro y lo deje aparcado de momento. Sin embargo, el autor se volvió a cruzar en mi camino lector con este Manifiesto incierto y ya no pude aparcarlo, así que decidí probar con esta obra. A las treinta páginas decidí comprar La inmensa soledad y tras otras lecturas breves me embarqué en su lectura. 




“Ensayo gráfico”, ¿un nuevo género?

Así se denomina, en la pestaña del libro, lo que escribe Pajak. ¿Por qué esta fórmula? Porque el autor combina dibujos, que él mismo realiza, con texto, sin tratarse de un comic o de una novela gráfica. El dibujo no ilustra el texto o al contrario, sino que a través de los dos medios, dibujo y texto, analiza, interpreta y evalúa un tema. Por tanto es un ensayo en el amplio sentido de la palabra en el que la parte gráfica refleja las reflexiones que el autor realiza a través de la palabra.
Tampoco estamos ante un ensayo al uso sobre un autor (o varios), en este caso Walter Benjamin, Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese, puesto que la figura de estos escritores se entremezcla con capítulos sobre acontecimientos actuales que analiza el propio Pajak, por ejemplo los atentados terroristas de Bolonia en agosto de 1980, o sobre las sensaciones que le sugieren diversas ciudades, el mar o la lluvia.
No soy ninguna experta para afirmar que se trata de un nuevo género, pero sí puedo decir que es una propuesta original que no se parece a ninguna otra.



¿Quién es Frédéric Pajak?

Podemos amar el trabajo, la rigidez de los gestos obligatorios.
Podemos también amar el caos, la duda, la torpeza, el error. 
Podemos amar no elegir, o incluso elegir no elegir (102).



Es un (atractivo) francés nacido en 1955 en Altos del Sena y que es dibujante, escritor y editor. Hace veinte años fundó la editorial “Les Cahiers Dessinés” donde publica la obra de dibujantes y, además, es escritor e ilustrador. Es autor de una veintena de obras y desde la publicación de La inmensa soledad (1999) ha desarrollado este peculiar tipo de ensayo al que pertenece también Manifiesto incierto.

¿De qué trata el Manifiesto Incierto?

En primer lugar señalar que desde 2012 Pajak trabaja en un proyecto del que, en Francia, ya se han publicado cuatro volúmenes y que pretende ser una reflexión contra los totalitarismos y en defensa de la tolerancia y de la libertad de pensamiento. Este Manifiesto que gira en torno a la figura de Benjamin es el primer volumen
.

Walter Benjamin (Berlín 1892-España 1940) advirtió en numerosos escritos sobre las amenazas del totalitarismo, especialmente, del alemán. Encontró, como muchos otros escritores que tuvieron que huir a partir de 1933 de Alemania, una total incomprensión que minusvaloraba, desde la ignorancia y la estupidez, el crecimiento del monstruo (y no me refiero a Hitler o Mussolini, sino a millones de personas que colaboraron con ellos) que asoló Europa. Hoy, la extrema derecha y, con ella, la xenofobia, el rechazo de millones de europeos, contra los extranjeros y refugiados, que les votan, el egoísmo nacionalista que, desde la insolidaridad, clama contra las contribuciones de los ricos a los pobres (da igual que el contexto sea el de clase social, el autonómico con el famoso “España nos roba” del independentismo catalán o el ya estamos hartos de pagar para los zánganos del sur que se escucha en Inglaterra o en Alemania) asimilado incluso por una izquierda (incluso izquierda antisistema) que se ha tragado el anzuelo de la casposa “unión sagrada” que provocó la matanza, por ejemplo, de la Iª Guerra Mundial.
Si el enemigo triunfa, ni siquiera los muertos estarán a salvo (167).
Pajak defiende en su discurso, jalonado de imágenes impactantes, el librepensamiento, la justicia social, el igualitarismo y la mirada al pasado para encontrar las clarividentes advertencias sobre el peligro del totalitarismo de pensadores como Benjamin.



¿De qué trata La inmensa soledad?

En este caso gira en torno a Nietzsche y Pavese y la ciudad de Turín. El autor busca las similitudes en la vida de ambos: huérfanos de padre, crecieron en un ambiente femenino, ninguno de los dos consiguió que las mujeres les amaran. Ambos tuvieron una vida breve e intensa y vivieron en Turín, una ciudad peculiar. En esta ciudad Nietzsche perdió la razón y Pavese se suicidó.

Walter Benjamin

Embarcó en Hamburgo el 7 de abril de 1932 en el buque Catania con destino a Barcelona y de allí embarco hacia Ibiza:
Walter Benjamin sube a bordo, con poco equipaje, quizá una maleta ligera de “fibra vulcanizada” que guarda bajo la litera, en un camarote de tercera.De estatura media, corpulento, es un hombre corriente ataviado con un traje oscuro, cara regordeta, pelo a cepillo que grisea en las sienes y un bigote negro que aspira a ocultar los labios carnosos de un “epicúreo sensible”. El grueso cristal de gafas redondas le achica los ojos (39).
Benjamin es escritor ¿O tal vez pensador, lector, traductor…? Tiene, al menos, fama de ser un autor incomprensible. ¿Filósofo? En todo caso parece que intentaba conciliar la tradición judía, el comunismo y los ideales anarquistas (43-44). Consideraba que desde Bakunin, a Europa le ha faltado un concepto radical de libertad (52) y le preocupaba que, con la victoria del comunismo y el fascismo se había aniquilado al individuo en el interior de la masa. Para Benjamin la subjetividad es muy importante y ésta había quedado prohibida en los años treinta.
En su “Experiencia y pobreza” se dirige al hombre perdido a tenor del 30 de enero de 1933 y describe un presagio:
Nos hemos vuelto pobres. Hemos ido diseminando la herencia de la humanidad pieza por pieza, hemos tenido que empeñar ese tesoro enorme en el monte de piedad, a menudo por una centésima parte de su valor, a cambio de la calderilla de lo actual. Tenemos la crisis económica a las puertas, y tras ella una sombra, la guerra que se prepara (73).
A lo largo de siete años, de 1933 a 1940, vagó entre Francia, España, Dinamarca e Italia. Su vida hecha añicos se asemeja a esos fragmentos escritos que lo ocultan tanto como lo revelan (74).



Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese
Predomina en La inmensa soledad, Nietzsche, se nota que a Pajak le interesa más esta figura, sobre Pavese nada nuevo me ha aportado tras leer El oficio de vivir. No quiero alargar esta reseña innecesariamente, os dejo un fragmento interesante como este del biógrafo de Nietzsche, Curt Paul Janz:
Conservo la imagen de una figura trágica. Primero debido a las terribles enfermedades, dolores inaguantables que lo acompañaron a lo largo de su vida y contra los cuales tuvo que luchar de manera permanente. Pensaba que se debían al clima: ésta es la razón de que buscara sin cesar el lugar en el que se sentiría mejor. Su vida fue especialmente dolorosa. La substancia de su filosofía son las pasiones. No es un filósofo cerebral, del discernimiento, un filósofo del conocimiento distanciado y descarnado. En él todo tiene su origen en la experiencia, en las emociones. Su filosofía es un combate consigo mismo, con el cristianismo y las interpretaciones del cristianismo (253)

 Os convoco a dejaros tentar por Frédéric Pajak. Son libros de “lectura lenta”.

viernes, 1 de julio de 2016

SZILÁRD BORBÉLY, Los desposeídos.

El dolor 

Cuando no hay ni almuerzo ni cena, mi hermana y yo desmenuzamos el pan en la leche. Si mi madre se da cuenta, nos zurra. No importa. No duele tanto como cuando llora y no logro consolarla. Me arrodillo y rezo. Tiemblo de miedo por el plato roto. Pido a Dios que mi madre se cure. Lleva medio año mirando al vacío. Desde que el Pequeñín se murió. Desde entonces no habla. Nosotros también guardamos silencio cuando volvemos a casa (195). 
Si algo rezuma esta novela es dolor en estado puro. Dolor por una miseria extrema que el comunismo no fue capaz de combatir. Dolor por el maltrato sistemático entre las personas de una pequeña comunidad rural en la zona oriental húngara: los padres maltratan, las madres maltratan, los hermanos se maltratan, los compañeros/as de escuela se maltratan y al final de la cadena se maltrata a los animales. La existencia de un sustrato de violencia primitiva condiciona la vida de quienes viven en el pueblo, un lugar en el que la vida es difícil para todos sus habitantes, pero especialmente para los excluidos, para los desposeídos. 


La exclusión 

La novela describe poco a poco los mecanismos de exclusión en un pueblo, excluido él mismo por situarse lejos de los centros de poder. 
(…) se temen los unos a los otros. Temen a los botafuegos, a los pendencieros. Y también a los comunistas. Y a los soplones, que van a la sede del Partido a cantar lo que se ha hablado. Pero no saben quiénes son los soplones, así que desconfían los unos de los otros. Todos de todos. Y tienen miedo. Solo el aguardiente disuelve el miedo en su interior (25). 
Poco importa que estemos en un país comunista, de nada sirven los slogans estereotipados sobre solidaridad o apoyo mutuo. En este pueblo la lucha es por la supervivencia, falta lo imprescindible: la comida, la ropa, los medios para hacer frente al frío, y la salud. Un niño es el narrador de esta historia, que es la del autor mismo ya que la novela tiene una base autobiográfica. 

Desde la inocencia, pero a la vez desde la picardía, este niño, Bobonka, cuenta las cuitas materiales y afectivas de su familia y del pueblo entero. Poco a poco, sobre todo mediado el libro, van apareciendo los motivos de la exclusión: son de origen extranjero (rumanos, dice el abuelo paterno; huzulos, dice la bisabuela materna). Se rumorea además que el niño es nieto de un judío, razón por la cual sufre las burlas y agresiones de sus compañeros/as de escuela y su familia el rechazo de los vecinos/as. 

Se mantienen abiertas heridas de la II Guerra Mundial empezando por el holocausto en el que miles de judíos húngaros fueron llevados a los campos de trabajo y exterminio donde murieron o regresaron, como Mózsi, para encontrar su casa completamente saqueada por los vecinos/as. Su abuelo materno era fascista, según cuenta su nieto, su padre un kulak y por ese motivo no logra tener trabajo en la cooperativa y tiene que marchar del pueblo donde queda su mujer con dos niños y una niña. 

La desesperanza 

No hay salida frente a la miseria, la marginación, la falta de libertad… Los desposeídos relatan un mundo cerrado del que el niño-narrador nos transmite los olores, los colores y las costumbres de los adultos que escupen, beben, insultan, se burlan de los débiles… sobreviven con una violencia primitiva que emerge por cualquier motivo y que, no olvidemos, está hoy presente en ese rechazo visceral a los refugiados, considerados extranjeros que hacen peligrar una cultura cristiana y homogénea que ponen en peligro con su sola presencia.

¿Cómo fue posible que el comunismo no limara ninguna de estas actitudes racistas, excluyentes y antisolidarias? Los comunistas aparecen muy de vez en cuando representando el poder e inspirando miedo. Y poco más. 

La niñez inexistente 

Nuestro narrador es un niño adulto, obligado a asumir responsabilidades y papeles de adulto, especialmente trabajando en lo que puede en la casa, en el huerto o en casa de otros familiares. El dolor y el miedo atenazan la infancia y está prohibido soñar, hasta el punto de que los adultos, en un increíble ritual bárbaro, meten un gato muerto debajo de la cama de aquellos niños/as que se atreven a soñar. Por otro lado, la carencia de lo más elemental convierte la infancia en una travesía en la que la muerte puede aparecer en cualquier momento como le ocurre al Pequeñín. Buscar comida se convierte en una prioridad y a ella queda supeditada la vida. 

Las reflexiones de este niño-adulto son estremecedoras por su lucidez y su comprensión de la realidad. El miedo atenaza siempre su vida y, a veces, tiene instintos asesinos contra aquellos adultos que, en lugar de darle cariño y protección, lo abandonan en un mundo violento y peligroso. 

Recuerda… 

…a otros escritores/as húngaras, incluso en el protagonismo del niño que narra la historia. A mí me recuerda a Agota Kristof y a Imre Kertész, dos extraordinarios escritores, sin embargo Los desposeídos, tiene una entidad y una personalidad que nada tiene que envidiarles.


Como Kristof y Kertész vivió con preocupación el viraje político que se produjo en su país tras la caída del comunismo (ninguno de los tres añoraban el comunismo con el que eran extremadamente críticos) y, aquejado por una depresión, decidió suicidarse en 2014, meses después de publicarse esta extraordinaria novela (2013), con cincuenta años. 

Me ha costado elegir un párrafo, pero será esta explicación que le da la madre a su hijo respecto  a qué es ser judío… 

-Pero ¿por qué dicen judío de mierda? Pregunto.
 -Porque para ellos judío es todo aquel que no muere donde nace. Ellos notan que quien se irá de entre ellos es diferente. Perciben el olor a forastero en aquel que no es como ellos. Solo soportan a sus semejantes. El que se va es un traidor. El que es distinto también. Consideran judío a todo aquel que usa su cabeza. Quien es más inteligente que ellos es judío. En cuanto se percatan de que un niño es listo, de seguida le dan pan con aguardiente. Le dan vino con azúcar para atontarlo.(…) Para que durante toda su vida no se atreva a ir más allá de la taberna. Porque odian a todo el mundo que no es como ellos. Que piensa. Que reflexiona. Y sigue dando una lección de la base de xenofobia y de la exclusión del diferente (122-123). 

Os recomiendo esta excelente novela encarecidamente. Nos aporta muchas claves del pasado pero también del presente.

viernes, 24 de junio de 2016

CZESLAW MILOSZ, El valle del Issa

La motivación lectora… 

En mi caso fue la lectura de otra obra suya, El poder cambia de manos, la que me impulsó a buscar esta obra de Milosz que algunos comentaristas me recomendaron. Uno de los aspectos que más me gustó de esta primera novela fue su reflexión sobre el destino y la angustia existencial. Me comentó Ignacio (del blog burgostecarios) que Julio Camba decía:
 “Un poco de belleza y un poco de doctrina antes de descreer en las ideas”. 
Milosz pone mucha belleza en la balanza para, como él mismo dijo, protestar contra este asqueroso mundo. Estamos ante una autor que resalta la belleza sin ocultar su pesimismo y su descreimiento. 


La belleza… 

…la pone el valle del Issa, en realidad el valle de Nevezis, en Lituania, y los recuerdos de infancia del propio autor, unos recuerdos que entremezclan diversas historias de personajes que se relacionan a través de la familia de Tomás, un niño de 13 años. Los Surkont, la familia del protagonista, son señores de tierras pero viven aislados en el valle como los demás personajes y en contacto con una naturaleza bella pero dura por la climatología y el trabajo. 

Plantas y animales se convertirán para Tomás, en sus largos paseos por los bosques, en elementos de reflexión, de alegrías y también de decepciones y penas. La biblioteca, aquella habitación angular (…) y tan helada que, cuando afuera hacía mucho calor, allí se temblaba de frío (74), fue para Tomás un gran descubrimiento y una fuente de información y diversión. De los libros extraerá una formación que no obtenía de otra fuente puesto que crecía de forma un tanto salvaje al no asistir de manera regular a la escuela. 

Las dificultades… 

…aparecen porque el valle es una especie de lugar mítico en el que la fantasía se apodera de los personajes, especialmente de Baltazar que acabó no distinguiendo entre realidad y fantasía abocado a un destino fatal. El catolicismo, condimentado por creencias paganas que han subsistido en un valle aislado como el del Issa, provoca una moral que marca y condiciona a algunos personajes, especialmente femeninos, como el de la joven Magdalena. Sin embargo otras mujeres como la abuela Misia se mueven con soltura en ese espacio mítico que en otra época la hubiera podido llevar a la hoguera por bruja.

El trasfondo nacional y clasista también era fuente de dificultades. Durante la Iª Guerra Mundial, Lituania que había sido un territorio que había pertenecido al Imperio Ruso igual que Polonia, estuvo ocupada por Alemania (una escena nos lo recuerda cuando Tomás ve entrar tres alemanes en Ginie, su pueblo). Uno de los alemanes que entró en Ginie impresionó a Tomás que volvió a verlo, sin reconocerlo, cuando veinte años más tarde, instalado en un coche de general (…) atravesaba las calles de una ciudad de Europa Oriental, que acababa de ser tomada por el ejército del Führer (39-40). 

Por el Tratado de Brest-Litovsk (marzo de 1918), la Rusia revolucionaria negoció unilateralmente la paz con Alemania y perdió una serie de territorios entre los que estaba Lituania. Tras declarar su independencia en febrero de 1918 se libró una guerra entre 1918 y 1921 contra la recién proclamada República de Polonia, que había intentado anexionarse el Estado lituano. La guerra se saldó con la pérdida de un 20% de su territorio, incluida la capital Vilna. Eso deja en fecha incierta el momento en el que se desarrolla la acción que narra la novela, pero yo me decantaría por este periodo de guerra con Polonia. 

En El valle del Issa hay un constante malestar entre lituanos y polacos ya que los dueños de la tierra son polacos mientras los trabajadores son lituanos. La familia Surkont es peculiar porque siendo propietarios de tierras son lituanos aunque la abuela Dilbin se considera polaca y defiende la intervención del padre de Tomás y su tío que, integrados en el ejército polaco, habían combatido a los bolcheviques y por ello no podían vivir en Lituania. 

Las tristezas… 

Tomás, por todas estas circunstancias políticas, vive en casa de sus abuelos alejado de sus padres, echa en falta la figura paterna y por ello se acerca a Romualdo, admirado por su capacidad para cazar y en el que busca ese referente paternal del que carece. Con él aprende a cazar aunque sin llegar a la perfección deseada por Tomás para agradar a su mentor. Tomás debe hacer compatible su amor por los animales, especialmente los pájaros, con la caza (preciosas son las descripciones de los urogallos y de las escenas de caza). Finalmente resolverá sus contradicciones en favor de los animales por sus imperfecciones como cazador. 

Su despertar a la sexualidad también será fuente de desazón y preocupación para un adolescente que no sabe interpretar sus deseos abandonado en su descubrimiento de la vida. 

Y el final… 

Aunque el tono de la novela es pesimista y Tomás está rodeado de personajes cuyo destino será trágico, hay algunos aspectos de cierto optimismo, en especial, la relación con su abuelo y la aparición de su madre que se lo lleva del valle creando una expectativa esperanzadora de cara al futuro. Sin embargo algunas brevísimas referencias a los años posteriores, como la sucedida veinte años después con el militar alemán, no parecen dejar abierta dicha esperanza, ni para Tomás ni para el país: 
¿Dónde estará el país en el que se refugian unos y otros cuando la tierra se ve aplastada por hileras de tanques, cuando los que van a ser fusilados cavan sus propias tumbas junto al río, mientras entre sangre y lágrimas, penetra la Industrialización en la aureola de la Historia? (13). 
Los mejores párrafos 

Una de las grandes virtudes de Czeslaw Milosz es lo bien que escribe, los mejores fragmentos están vinculados con la naturaleza, los bosques, el río y el paso de las estaciones. Leerlos es un auténtico placer puesto que te trasladan a un lugar desconocido pero que, leyendo sus magníficas descripciones, eres capaz de imaginar e imbuirte en él con facilidad. 

El otoño: 
Los olores del otoño… Es imposible explicar de dónde proceden, ni de qué extrañas mezclas están compuestos: la putrefacción de las hojas y de las pinochas, la humedad de los blancos hilillos de los talos, en el mantillo, bajo los viscosos ramojos de los que salía la corteza (156). 
En la estación de los cuentos y de las canciones, ya bien entrado el otoño, los dedos extraían el hilo de la madeja de lana acompañados por el rítmico golpear del pedal de la rueca (10). 

El paso del tiempo: 
Nadie vive solo: cada uno habla con los que ya han pasado, cuyas vidas se encarnan en él, sube los peldaños y, siguiendo su huella, visita los rincones del edificio de la historia. De sus esperanzas y frustraciones, de los signos que han quedado tras ellos, aunque no sea más que una letra esculpida en una piedra, nacen la serenidad y la moderación para poder emitir luego un juicio sobre uno mismo. Pueden considerarse afortunados los que llegan a conseguirlo. Nunca y en ningún lugar se sienten solos y aislados, les fortalece el recuerdo de todos los que, al igual que ellos, tendieron hacia un objetivo inalcanzable (124). 

Una excelente novela, bien escrita (lástima los errores tipográficos de la edición), con una historia que entrelaza múltiples personajes que se cobijan en un valle de una naturaleza apabullante y bella.

viernes, 17 de junio de 2016

LECTURA LENTA


Este prólogo llega tarde, aunque no demasiado tarde; ¿qué más da, a fin de cuentas, cinco años que seis? Un libro y un problema como éstos no tienen prisa; además tanto mi libro como yo somos amigos de la lentitud. No en vano he sido filólogo, y tal vez lo siga siendo. La palabra “filólogo” designa a quien domina tanto el arte de leer con lentitud que acaba escribiendo también con lentitud. No escribir más que lo que pueda desesperar a quienes se apresuran, es algo a lo que no sólo me he acostumbrado, sino que me gusta, por un placer quizá no exento de malicia. La filología es una arte respetable, que exige a quienes la admiran que se mantengan al margen, que se tomen tiempo, que se vuelvan silenciosos y pausados; un arte de orfebrería, una pericia propia de un orfebre de la palabra, un arte que exige un trabajo sutil y delicado, en el que no se consigue nada si no se actúa con lentitud.
FRIEDRICH WILHEM NIETZSCHE, Aurora (1881).



Lo que son las cosas, fue la comida la que me llevó a esta reflexión. Hace unos días fui a cenar con unos amigos a un restaurante de comida lenta (slow food) y kilómetro cero.

Me gustó lo que comí y me gustó su filosofía, luego pensé que algo parecido se podía aplicar a la lectura… sí, empecé a darle vueltas a que hay libros que solo se pueden leer con lentitud, libros que requieren amor por las letras, por las sílabas, por cada línea que crece creando una historia, una propuesta, una emoción o un mundo.

Yo que soy lectora rápida, sé que con algunos libros tengo que desacelerar el ritmo, acompasarlo a las pausas que requieren ciertos versos, sosegar la mirada de mi iris verde para absorber todo el caudal que circula en un fragmento, calmar el gesto, colgar las prisas  en el momento maravilloso de abrir la página, en la que nos quedamos la noche anterior, y avanzar en la lectura gradualmente, sin meta aparente.

No hay autores/as de lectura lenta, ni géneros, ni obras laureadas, cada cual sabe cuáles son esos libros porque ha experimentado esa necesidad de calma cuando se ha adentrado entre sus páginas. Estoy pensando en que lectura lenta será una nueva etiqueta en esta mi casa.


Y se me ocurrió indagar por si alguien había hablado de lectura lenta… Y sí, hay poco por inventar, e igual quienes me leéis en este momento ya lo conocíais. Parece ser que sus defensores/as lo hacen para aumentar la comprensión o por placer. Hablan de recuperar el tiempo de lectura, esos momentos dedicados exclusivamente a leer y a disfrutar de la minuciosidad de la lectura. Leer lento permite afrontar el vértigo de la vida moderna, reducir el estrés.
Cuerpo en calma, mente curiosa y corazón abierto.

Este es el lema de los socios/as del Club de Lectura Lenta de Wellington, Nueva Zelanda, que se reúnen una vez por semana en un bar: piden algo para tomar, apagan los móviles o cualquier otro dispositivo electrónico y leen una hora en silencio. Solo hace dos años que existe este club.
Me pregunto si podríamos crear un club virtual o presencial con este planteamiento… 

viernes, 10 de junio de 2016

FERNANDO PESSOA, Aforismos


Su pequeña historia
Cuando visité Lisboa en febrero tenía un objetivo: seguir la pista a Pessoa. Cuando viaje a esta ciudad la primera vez no había leído a este autor y, por tanto, no pude apreciar la ciudad desde la mirada de Pessoa. Esta vez seguí sus pasos y miré con sus palabras. En el museo dedicado a su persona y a su obra compré algunos recuerdos y me llevé este libro. Lo he ido leyendo desde entonces a sorbitos, los aforismos siempre son de mucha intensidad, como un café solo breve y fuerte (como a mí me gusta).

Los aforismos
Tras leer Libro del desasosiego me quedó claro que su escritura tiende al aforismo, tiende a las declaraciones concisas y coherentes que se derivan de la experiencia vivida. Pese a ello, Pessoa no publico ningún libro de aforismos y este libro que comento está construido con fragmentos y frases de sus otros libros.

Hoy, en la época de las redes sociales con palabras limitadas, el aforismo está viviendo un renacimiento. A mí me gusta cuando de pronto una línea da en la diana de algo que siento o pienso con exactitud meridiana. Los aforismos son tan intensos que me resulta difícil leerlos seguidos porque quedo sobresaturada con unos pocos, así que los voy leyendo en pequeñas dosis.

Pessoa centra su escritura en pocos temas y muchas veces se contradice, algo tan humano como él mismo. Un hombre solitario que hizo siempre lo que quiso, que fue infeliz pero que nunca culpo de ello a nadie:
No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo (121).
Me gustan especialmente aquellas declaraciones en las que afirma que somos muchos en uno, así me veo en muchas ocasiones y así he aprendido a aceptarme:
Soy una multitud. Cuando pienso o siento, ignoro quién piensa o siente (95).
Cada uno es mucha gente (110).


Pessoa, y yo con él, valora mucho la libertad:
Primero sé libre; después exige libertad (75).
No el placer, no la gloria, no el poder: la libertad, únicamente la libertad (84).
Quiero solo que no me recuerden. Ser libre, sin dicha ni desdicha, como el viento que es la vida del aire que no es nada (97).
Puesto que ama la libertad, el pesimista Pessoa tiene ideales:
Un ideal debe ser al mismo tiempo que impracticable en su plenitud, practicable en sus métodos (38).
Y le da muchas vueltas al saber, la inteligencia, el conocimiento…
Cultura no es leer mucho, ni saber mucho; es conocer mucho (78).
La inteligencia nos cura del vicio de la convicción, de la manía de la sinceridad, de la estupidez de tomar en serio un mundo que los dioses que lo dirigen no toman nunca en serio (36).


El solitario Pessoa nos salva cuando nos dice:
¿Dios, Dios, Dios?, dice el anarquista. Hace siglos que Dios murió; pero ha llevado tanto tiempo construirle el ataúd que ya infecta el aire con su podredumbre (83).
Siéntate al sol. Abdica y sé rey de ti mismo (86).
Nada le falta a quien nada es (86).
He dejado otros temas en el tintero para no alargarme: amor y emociones, viajes, escritura, locura, religión… Siempre encontrareis en sus palabras a un hombre que piensa y siente…
Si de mí no me acuerdo, ¿cómo me acordaré de ti? 


viernes, 3 de junio de 2016

ELIF SHAFAK, La bastarda de Estambul

Las motivaciones para leer esta novela

Estambul. Esa ciudad que me tiene cautivada y que tanto deseo visitar. Así que no pierdo la oportunidad de leer literatura relacionada con esta ciudad como ya hice con Pamuk. Me encanta conocer la ciudad, su trasiego constante, sus vendedores de productos de alimentación, sus calles, sus viviendas, su cocina, su relación con la religión, etc.          

Ahora que Europa ha pagado a Turquía para convertirla en el destino de miles de refugiados para ser “seleccionados” como si fueran ganado, ahora que Turquía no es un lugar seguro para refugiados y turcos, mi atracción por la ciudad no disminuye.


La autora
Aunque Elif Shafak nació en Francia en 1971, sus padres son de origen turco y volvió a Turquía siendo adolescente. Estudió Relaciones Internacionales en Medio Oriente en la Universidad de Ankara. Su primera novela la publicó en 1994.
Por las referencias que hace en La bastarda de Estambul al genocidio armenio, fue acusada de “insultar al pueblo turco” según el artículo 301 del Código criminal turco. El caso fue desestimado en 2006.

¿Best Seller es sinónimo de poca calidad literaria?
No necesariamente, pero reconozco que me hace vacilar cuando veo que una novela ha sido un superventas. ¿Lo es en este caso? No. Shafak logra construir una novela muy interesante, entremezcla varias historias con habilidad, denuncia el genocidio armenio y aboga por la  reconciliación de ambas comunidades (para que la reconciliación sea posible, Turquía debería reconocer la persecución a la que sometió a los armenios en 1915). Además logra introducirnos en Estambul y en las viviendas estambulíes con destreza y cuidando de no hacer ruido para no molestar a sus habitantes.
En la novela hay varios núcleos de interés a través de los que se articula la historia. Uno de ellos es la familia turca formada por las hermanas Banu, Cevriye, Feride y, la más rebelde, Zeliha, madre soltera de Asya (por tanto, la bastarda que da título a la novela). Otro núcleo de interés es la familia armenia Tchajmajchian que vive en EUA, una familia muy amplia que guarda las costumbres y el recuerdo del genocidio por el que tuvieron que salir de Turquía. En esta familia Armanoush es hija de padre armenio y de madre estadounidense, matrimonio fracasado que se separa. Rose, la madre de Armanoush, se casa con el turco Mustafá para vengarse de su exmarido y toda su familia armenia.
El afán de Armanoush por conocer el pasado de su familia armenia la conducirá a viajar a Estambul. La historia tomará diversos giros sorprendentes que unirán a una familia y la otra para reflexionar sobre el pasado, colectivo e individual, y la dificultad para huir de dicho pasado. Es una lectura que habla de cómo condiciona la familia la vida de sus miembros hasta convertirse en un peso insoportable del que se desea huir.
Estambul, las casas, las calles, los olores, la comida como punto de reunión de las familias, la religión, los nacionalismos, las disputas familiares, la rebeldía de las mujeres, la amistad, el amor…
Su familia había dado con la forma de tratar la locura: confundirla con la falta de credibilidad (37).
Hay muchos temas que emergen aquí y allí para pintar un fresco nítido de la vida y de las preocupaciones de una sociedad como la turca que se debate entre Oriente y Occidente, entre la religión y el laicismo y entre lo femenino y lo masculino.
Los cafés siempre son lugar de reunión y aparecen en la novela: el café Kundera de Estambul resulta ser un lugar especial, un café en el que una vez entrabas, quedabas atado a él hasta que el lugar te escupía (97). Un café donde se refugia Asya. Y después hay otro café, el Constantinópolis, pero este café es virtual y es otra historia, pero ahí se refugia otra joven: Armanoush.


¿Estamos ante la típica saga familiar llena de mil historias?
En parte sí. Es la típica novela en la que te encuentras con “todos” los temas. Sin embargo Shafak nos muestra unas familias especiales, el tiempo y el lugar  apenas las han deteriorado, son como un rincón del pasado en el presente.

Algo que me ha cautivado
La novela está dividida en dieciocho capítulos, cada uno de ellos con un producto de alimentación con el que hacer alguno de los deliciosos platos que se preparan en la novela o que nos transporta al sabor, el olor o el tacto de la canela, garbanzos, azúcar, avellanas, vainilla, pistachos, trigo, piñones, y así hasta llegar al último que esconde uno de los secretos familiares mejor guardados: cianuro potásico.

Un buen fragmento
Aunque todos los libros eran potencialmente dañinos, los peores eran las novelas. El camino de la ficción podía engañarte con facilidad y arrastrarte a un universo de historias donde todo es fluido, quijotesco y tan abierto a las sorpresas como una noche sin luna en el desierto. Antes de darte cuenta podías dejarte llevar hasta perder el contacto con la realidad, esa rigurosa e implacable verdad de la que ninguna minoría debería alejarse demasiado para no acabar desprotegida cuando cambiaran los vientos y llegaran los malos tiempos. Era absurdo pensar con ingenuidad que las cosas no pueden torcerse, porque siempre se tuercen. La imaginación es una magia peligrosa y cautivadora para aquellos forzados a ser realistas, y las palabras pueden ser venenosas para los que están destinados a ser silenciados     (111).
Y otro…
Paseaban por calles sinuosas, y cada barrio parecía tan distinto que Armanoush comenzó a pensar que Estambul era un laberinto urbano, ciudades dentro de una ciudad (198).
Y una recomendación

Leed esta novela, os envolverá como un remolino y no dejaréis de leer hasta conocer todos los secretos escondidos.

viernes, 27 de mayo de 2016

MICHEL DE MONTAIGNE, Los ensayos (según la edición de 1595 de Marie de Gournay).

LIBRO I (476 páginas).

Si habéis visto el lateral en las últimas semanas, este libro se instaló en mi vida lectora y lo he ido leyendo en paralelo con otras obras. Es un préstamo de la biblioteca que he renovado dos veces y que voy a dejar hasta el verano para seguir con el libro segundo (que ya he empezado).


Motivaciones lectoras…
Así puedo indicar las razones que me han llevado a este libro de 1669 páginas, Montaigne se me ha cruzado demasiadas veces leyendo otros libros como para no tentarme a acometer la lectura de Los ensayos. Dice J. Bayod Brau, en su estudio introductorio, que se trata de un libro para leer y para estudiar. Realmente en estos ensayos podemos encontrar los temas más diversos, pero especialmente encontramos al ser humano y todas las posibilidades de defectos, virtudes, maneras de ver la vida, comportamientos, pensamientos, emociones, etc. Y todo ello con el amable relativismo de Montaigne y un lenguaje asequible, actual y fresco como si nos hablara desde el siglo XXI. Pero no nos equivoquemos, el autor tiene cosas muy claras y en ellas se muestra mucho más contundente de lo que parece a primera vista, eso sí, estos ensayos permiten que cada cual lea la obra desde su perspectiva, sin imposiciones ni intolerancias. Y una de las cosas que más respeta es la palabra dada, tal y como señala en “Los mentirosos”, (capítulo IX):
A decir verdad, mentir es un vicio maldito. Solo por la palabra somos hombres y nos mantenemos unidos entre nosotros (49).
En su advertencia al lector, Montaigne señala que este es un libro escrito de buena fe y que su único fin es doméstico y privado, ya que su propósito no es alcanzar la gloria. Añade que lo que pretende es darse a conocer a las personas más próximas y que, por ello, no se adorna así mismo con bellezas postizas. No deja de ser una disculpa por si en estas reflexiones pudiera rozar terrenos peligrosos como la ira de los poderosos o la moral del clero. Se quiere situar en una posición difícil como dice en “Vanas sutilezas”  (capítulo LIV):
(…) si estos ensayos fueran dignos de ser juzgados, podría suceder en mi opinión que no gustaran mucho ni a los espíritus comunes y vulgares, ni tampoco a los singulares y excelentes. Los unos no entenderían bastante, los otros entenderían demasiado (453).
Como cada cual se para en lo que le interesa, he aquí una pequeña selección de temas y cedo la palabra a este gentilhombre tan interesante.


La formación de los hijos. Cap. XXV. O la importancia de frecuentar el mundo…
El juicio humano extrae una maravillosa claridad de la frecuentación del mundo. Estamos contraídos y apiñados en nosotros mismos, y nuestra vida no alcanza más allá de la nariz. Preguntaron a Sócrates de dónde era. No respondió “de Atenas”, sino “del mundo”. Él, que tenía la imaginación más llena y más extensa, abrazaba el universo como su ciudad, proyectaba sus conocimientos, su sociedad y sus afectos a todo el género humano, no como nosotros, que sólo miramos lo que tenemos debajo (201).

La costumbre y el no cambiar fácilmente una ley aceptada. Cap. XXII. O lo negativo de las costumbres…
(…) la costumbre es en verdad una maestra violenta y traidora. Establece en nosotros poco a poco, a hurtadillas, el pie de su autoridad; pero, por medio de este suave y humilde inicio, una vez asentada e implantada con la ayuda del tiempo, nos descubre luego un rostro furioso y tiránico, contra el cual no nos resta siquiera la libertad de alzar los ojos (127).
El hábito adormece la visión de nuestro juicio (132-133).
Catón el Joven Cap. XXXVI. Maravillosa esta manera de ver la poesía…
Pero la buena [poesía], la suprema, la divina está por encima de reglas y razón. Cualquiera que distinga su belleza con una visión firme y segura, no la ve, como no ve el esplendor del relámpago. No ejercita nuestro juicio: lo arrebata y devasta. El furor que aguijonea a quien sabe penetrarla, hiere también a un tercero al oírsela tratar y recitar (315).
La soledad. Cap. XXXVIII. Una de mis reflexiones favoritas…
Debemos reservarnos una trastienda del todo nuestra, del todo libre, donde fijar nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro y soledad (327).
Tengo muchos más fragmentos que he atesorado para cuando los necesite repasar, una lectura que se puede encarar de muchas maneras, leer a salto de mata los ensayos que nos puedan interesar, leer todo, y en orden, como yo he decidido hacerlo. Leerlo seguido o hacer descansos, cortos o largos… En fin, hacedlo como mejor os agrade, pero no dejéis de leer a Montaigne, seguro que os compensará.

¡Ay! Por cierto, olvidé deciros que Montaigne nació cerca de Burdeos en 1533 y murió en 1592.