viernes, 21 de noviembre de 2014

NEOLIBERALISMO Y CINE: DOS DÍAS, UNA NOCHE de los Hermanos Dardenne (2014)


Sandra (Marion Cotillard) dispone de un fin de semana para convencer a sus compañeros/as de trabajo para que voten por el mantenimiento de su puesto de trabajo a cambio de que ellos renuncien a cobrar la paga extra.
Asistimos a partir de ese momento a una auténtico martirio, un tobogán de emociones  que siente una mujer, con apariencia frágil, que ha sufrido una depresión de la que no se ha acabado de recuperar. Cuando intenta reincorporarse a su puesto se encuentra con que el empresario de la pequeña empresa en la que trabaja ha planteado a sus compañeros/as el dilema de admitirla a cambio de renunciar a una paga extra que todos necesitan. Tras el fin de semana, dos días y una noche, se producirá la votación.


Sus apoyos, su pareja y una compañera de trabajo, la animan a luchar y Sandra recorre los diversos escenarios posibles de la crisis actual: urbanizaciones en el extrarradio que han quedado a medio construir, barrios deteriorados donde se hacinan los inmigrantes, barrios obreros acosados por la miseria…


Encontramos individualismo, consumismo, egoísmo y codicia. Y es que hoy se nos trata de convencer de que la culpa de todo la tienen los de abajo, las víctimas, los que pierden el trabajo, la vivienda, los que no pueden, ya no consumir, sino cubrir las necesidades más vitales. Este mundo es de los fuertes, los débiles deben sucumbir, neodarwinismo puro y duro.
Y mientras veía la película con el corazón en un puño, las reflexiones del filósofo coreano, asentado en Alemania, Byung-Chul Han, me venían a la mente porque reflejaban lo que estaba viendo en la pantalla y lo  que ocurre a nuestro alrededor, si queremos verlo. El poder estabilizador de la sociedad neoliberal no es represor sino seductor, se invisiviliza y desaparece como oponente, por eso resulta tan difícil resistirse y rebelarse. Sandra y sus compañeros/as se explotan a sí mismos, luchan contra sí mismos, si fracasan como Sandra, se cuestionan a sí mismos, no a la sociedad. Todos ellos se sienten libres y están convencidos que tienen capacidad de decisión y que esta es producto de su libertad. Ese sentido de la libertad hace imposible la protesta.


El poder estabilizador tiene una forma amable, se invisiviliza, y con ello se hace inatacable, porque la persona sometida no es consciente de su sometimiento. La opresión y la explotación son libres, no son impuestas, por tanto, Sandra acaba auto agrediéndose y siendo víctima de la depresión, el suicidio y el burnout (el agotamiento profesional).
La protagonista de la película, y sus compañeros/as, se ven arrollados por la competición de todos contra todos, se sienten solos, aislados, separados. La respuesta es aumentar la productividad, ser trabajadores modélicos, tener varios trabajos para sobrevivir y otras estrategias solitarias ya que la solidaridad y el sentido de comunidad se destruyen y se volatilizan.


La conclusión es humilde y trágica. Hoy no es posible cambio alguno, la utopía está muerta y es más imposible que nunca, solo la honestidad de la lucha solitaria nos salva del sometimiento y la dominación. Es solo mera resistencia estéril pero sin ella solo somos siervos, bueyes con un yugo que aspiramos a cambiar por otro pensando que somos libres al decidir el yugo que más nos conviene.

viernes, 14 de noviembre de 2014

JAMES JOYCE, Finnegans Wake.

Compendio y versión de Víctor Pozanco. 


Me decía Carlos, mi compañero fiel de lecturas con el que inicié la apasionada empresa de leer esta obra que contraviene, como dice el traductor Víctor Pozanco, las normas de la novela y la estructura lingüística de oración, frase y palabras:
“Y para los más osados de entre los mortales, no hay guía que indique el camino de salida de la isla Erín de Finnegans Wake, ciudad de Dublín, ni siquiera un plano de situación que marque donde está clavada la baldosa que soporta el peso de sus pies". 
La cuestión es que paseando adelante y atrás, frase más o frase menos, tres pasitos hacia adelante y dos del revés, a las cien consultas de internet no encuentro iluminación que valga ni ritmo que me asista. Por ello acabo por concluir que este libro es una feroz crítica en contra del nacionalismo más ñoño y pertinaz, que se refleja en la cultura inventada, en los museos que almacenan la historia en forma de huesos sin nombre, pero que carecen de recuerdos, en las obras de teatro subidas en los escenarios merced a modas y conveniencias, las otras, las que no sirven al interés general y a la pretendida pureza de la tierra madre, ALP (Anna Livia Plurabel= Mrs Ann Porter), sagrada e incapaz de alimentar a su prole. Y con cuatro versos escritos en gallego antiguo al fondo de un convento, tan manchado de cera el pergamino que podría contener cualquier vocablo o incluso tres significados el mismo vocablo, tanto que no se entiende ni poco ni bien, hacemos salir una nación desde el lomo de un gigante muerto en medio del océano, la dotamos de un idioma nuevo, común a los extintos Fenianos, Dananeos y Milesios estos tendentes a procrear mucho, bajo la bendición de la santamadreiglesia, que señala las normas de la conveniencia patriótica y marca las penas por vestir de cual manera o hacer el amor de tal otra, mientras las perolas apestan el barrio a col. Niña busca un marido que venga, que tenga y que convenga. Le dicen sus hermanos a la pequeña Isobel.


Imposible reproducir el diálogo que tuvimos ese día partiendo de este jugoso texto de Carlos. Ese día, y otros muchos, puesto que íbamos acordando el número de páginas que leíamos cada día, unas quince, que ya eran muchas debido al sobre esfuerzo de leer unas páginas en las que cada término podía tener una sobreacumulación de significados realizada a través de asociaciones semánticas, fónicas y morfológicas. Cada noche intentábamos descifrar el laberinto en el que Joyce nos metía y que en lo sustancial partía de que el ser humano es conflicto y que este carece de solución. Como buen representante del modernismo literario Joyce muestra la introspección a través de sus personajes estirando al máximo la “corriente de conciencia” ya expuesta en Ulises, es decir, el pensamiento traducido en palabras, torrentes de pensamiento que se desbocan como el río cuando se desborda y se sale del cauce. Finnegans Wake son epifanías, es decir, manifestaciones interiores del autor y del personaje, es como si hablaran a la vez interfiriéndose Joyce y el muerto resucitado Porter-Earwicker, de tal manera que en muchos momentos de la lectura la forma se adueñaba del contenido y ambos acabábamos perdidos y confusos sin saber qué estábamos leyendo. Carlos más que yo, que si no entendía no le daba más vueltas y seguía, indagaba buscando los secretos del libro retornando exhausto al camino. Un día de debates me dijo:
“Me parece que sin tu presencia, podría uno caer en la trampa y dedicar media vida a indagar y revelar los secretos de este libro. Más por reto que por interés. Y caer en el asunto de buscar transcripciones de sonidos del britónico a otras lenguas, o la influencia de Vico que era filólogo al parecer, o de Bruno, personaje fascinante, de esos que cayó bajo el hacha de Calvino, como Servet, lo que supuso un atraso de siglos para la ciencia. Los dogmatismos resultan peligrosos para los espíritus que se pretenden libres”. 
La versión de Pozanco es un compendio ya que el texto original son 628 páginas y esta versión tiene 286 incluyendo el prólogo y el epílogo, el texto “Dante… Bruno. Vico… Joyce” de Samuel Beckett. El título es ambiguo porque utiliza el nombre, Finnegans, un borracho irlandés, y una palabra, sin más, una palabra muy ambigua, Wake que significa: despertar, resucitar, excitar, velar un cadáver, velatorio, etc. Visto lo leído pueden ser todos los significados a la vez utilizados cuando le conviene al autor. Más allá de si es El despertar de Finnegans, Finnegans en su velatorio o El resucitar de Finnegans, parece cierto que Joyce pretende reflexionar alrededor del peculiar personaje que crea. 


El tema es la tragicomedia de la familia Porter, el padre apenas aparece con ese nombre sino con el que adopta en su sueño nocturno, Earwicker, en el que resucita tras morir para combatir a los enemigos, aunque no queda claro quién o quienes sueñan. A partir de este punto de partida la obra rompe con cualquier lógica formal ya que el emisor está ausente, no sabemos quién habla, si es Porter-Earwicker o el propio Joyce, un mismo personaje puede ser muchos y opuestos, no hay coordenadas espacio-temporales y un mismo acontecimiento puede ser contado desde ángulos diferentes. No hay discurso lineal y eso obliga al lector a un tipo de aproximación a la obra desde las sensaciones más que desde los significados, ya que en muchas ocasiones la redacción es ininteligible. Parece factible que Joyce deseara la implicación del lector/a interpretando lo más hermético o confuso y, así, hacernos partícipes de la creación.



Finnegans es además un personaje que viene de una balada popular irlandesa que cantan los borrachos. Finnegans es un obrero al que le gusta el alcohol, siente amor por éste, cae por una escalera y muere. Cuando está en el ataúd le echan whisky y resucita, whisky que significa “agua de la vida”. 

Si el tema es complejo y confuso, la forma lo es más aun y nos dejó estupefactos desde la primera línea que leemos que empieza en minúscula y dice: 
río que discurre, más allá de Adam and Eve, desde el recodo de la orilla a la ensenada de la bahía, nos trae por un comodius vicus de circunvalación de vuelta al castillo de Howth y Environs. 
Y trece líneas más abajo La caída: 
(¡ababadalgharaghtakamminarronnnkonnbronntonnerronntuonnthnntrovarrhounawnskawntoohoohoordenenthurnuk!). 

Tomando como referencia leyendas, mitos y cuentos populares, Joyce construye, o destruye para reconstruir, un texto lleno de acertijos en los que le gusta utilizar la técnica del calambur (figura retórica que consiste en la reagrupación de sílabas o palabras para dar lugar a otras con un significado distinto) y nombres hipogramáticos. Además el texto tiene sobreabundancia de símbolos y polisemias, homonimias, acrósticos, anagramas, homofonías, etc. El resultado es un texto tan complejo que nos podríamos detener en cada frase e intentar desvelar los misterios que esconde sin resultado, porque esta obra no es tanto de significados como de expresiones y de asociaciones fónicas. Joyce juega al despiste y desarrolla una obra crítica con la novela convencional y la estructura lingüística, una obra que encaja en el modernismo literario tanto por la mencionada introspección a través de los personajes como por el hecho de que los personajes son sexuados y tanto los órganos genitales como las experiencias sexuales ocupan un lugar relevante. Además desarrolla un sentido del humor hilarante que en ocasiones desencadena la carcajada y muchas veces más la sonrisa. 
Romero y Jodieta (p. 70).
Que, cuantas más cebollas pelas, más cebollino eres; cuantas más patatas, más patata; cuanta más carne, menos carnes. Y, por más vueltas que le des, menos tomates tienes que tu nuevo estofado irlandés (p. 83).
Un padrenuestro por sus truncas armenidades. Pobre tiesto que estás en los suelos, petrificado sea el pronombre que te tiró. Venga, ahora el Confiteor, pro indulgencia plenaria de tiestero, según el Debeaccionario, sancionado por los concejales de Trento (p. 222).
Complácenos sobremanera anunciar a la concurrencia de porterarios patricios que no hay nada más gengiskhante que una guiness gigante (p. 251). 


La primera referencia conocida de que Joyce había iniciado la escritura de Finnegans Wake es del año 1923 y la finalizó en 1939, dos años antes de su muerte. Joyce vivió circunstancias muy difíciles mientras escribió este libro, especialmente los dos últimos años: enfermedad e internamiento de su hija Lucía, depresión de su nuera y breve internamiento y dificultades para abrirse paso como tenor de su hijo Giorgio. Si era una situación complicada en lo personal, no lo era menos el contexto histórico europeo con el avance del fascismo en Europa, la desaparición o muerte de sus amigos judíos, y la necesidad de abandonar París cosa que logró en 1940, refugiándose en Suiza. Además quedó casi ciego y el final del Wake tuvo que dictarlo. Y ese capítulo IV es un premio a quienes hemos llegado a él pese a todas las dificultades, el más poético y bello, Carlos recomienda empezar la lectura por este capítulo: 

Que ése es el sueño que deseo sea mío. Lo garabateo y repaso como si fuese una párvula. (…) Que cuando tus holas me abandonan me alcanza el lodo. (…)Así que ahora compláceme. Derriba y reconstruye nuestramorosamorada y cohabitaremos respetablemente. (…) Nosotros solos ante el desnudo universo. (…) Pero no me cabe duda de que es por este camino por donde Vendrá un día. Y te mostrará cómo saltan las chispas entre el pedernal y el helecho a nuestro paso. (…) Esos amores de hortelano que plantamos. (…) De manera que yo también deseaba partir. Pese a todo. Un día estarás frente a mí, riendo y abanicándome con los forzosos reclutas de las ramas de tus sauces, para halagarme. Y yo me quedaré más quieta que el musmo. Y un día correrás hacia mí, rugiente, cómo una gran sombra negra y una penetrante mirada para penetrarme héroe mío. Y yo me quedaré helada rogando por el deshielo (pp 263-265). 
Nos quedan muchas cosas en el tintero, más dudas e interrogantes que certezas. Leer Finnegans Wake es una experiencia única, transitar por sus páginas es como aventurarse en una tormenta en pleno océano, zarandeados por el hermetismo y lo laberíntico del relato. No admite una lectura relajada y agradecida, sino un transitar confuso y abrupto que obliga constantemente a múltiples aproximaciones que con frecuencia acaban en un callejón sin salida. Pese a ello nuestro balance es positivo porque ha generado horas de debate, de búsqueda de información, de posibilidades, dada su circularidad, y de risas también. Además nos ha contagiado y hemos acabado recurriendo en más de una ocasión al calambur para comunicarnos entre risas.

viernes, 7 de noviembre de 2014

JULIO CORTÁZAR, ENORMÍSIMO CRONOPIO.

Cortázar de la A a la Z. Un álbum biográfico. Edición de Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga
No es un libro al uso, es el álbum de un cronopio, de un ser sensible, ingenuo, idealista, desordenado, bondadoso, heterodoxo y admirable. Es el álbum que alguien que amó mucho a Julio Cortázar, su compañera Aurora Bernárdez, ha seleccionado para componer este libro tierno y entrañable que me ha hecho pasar muy buenos momentos.


Se trata de un álbum, cada letra del abecedario tiene varias palabras que significaban algo o mucho para Cortázar. Esas palabras están ilustradas con fragmentos de sus obras, de sus cartas, de sus discursos o son textos inéditos. Y junto con la palabra, la imagen; muchas fotografías que muestran mil y un momento en la vida de este autor, desde circunstancias personales, literarias, políticas, hasta sucesos tristes, alegres, divertidos o comprometidos.

No me parece que sea un libro para conocer a fondo a Cortázar y su obra, pero eso es mi percepción, la de una persona que ha leído y admirado mucho a Cortázar. Este álbum me ha permitido reencontrarme con él y desear leer aquel cuento que tanto me gustó, Rayuela, escuchar jazz de su mano grande y generosa y quién sabe qué más. En definitiva, este álbum es una invitación, una bella e inteligente invitación a leer a Cortázar, a deambular por una vida vivida intensamente, llena de amistades, de amor y de compromiso político.

La celebración este año del centenario de su nacimiento ha permitido la publicación de algún texto, la reedición de algunas obras y este álbum que su primera compañera ha hilado con paciencia acompañada de Carles Álvarez Garriga que figuran como encargados de la edición. Aurora Bernárdez y Julio Cortázar vivieron juntos 14 años y compartieron afecto y amistad toda la vida ya que pese a que hubo otras parejas, el lazo que les unía fue irrompible y solo la muerte de Cortázar (Aurora se instaló en su casa para cuidarlo y acompañarlo), los separó.


Si amáis a Cortázar, este álbum os encantará, lo paladearéis como un delicado manjar y sentiréis las pulsiones de un hombre que vivió a su aire y que escribió con originalidad lo que su imaginación y creatividad le iban dictando.
Me ha costado mucho decidirme por un texto pero finalmente me he decantado por dos textos que hablan de la amistad y de dos amigos, Paco Reta y Sergio de Castro. El primero me emociona porque es lo que siento hacia tres personas que partieron, pero me recuerda lo que siento con un amigo con quien comparto una fuerte amistad pero que vivimos muy alejados, él casi en el fin del mundo peninsular.
Me habla usted de mi amigo muerto [Paco Reta]; pronto se cumplirá el primer año de su partida. Fuimos los dos tan hondamente camaradas, que ni siquiera la desnuda evidencia de su muerte ha podido alejar de mí la seguridad de su presencia constante. Ahora sé por qué mucha gente cree sinceramente que el espíritu de sus seres queridos alienta junto a ellos, permanece a su lado. (…) Así debe ser la amistad, ¿no es cierto? Ojalá que cuando me llegue el día, alguien me sostenga en su cariño, me perpetúe a través del afecto; será la prueba más honda de que no habré vivido en vano (p. 206)

El segundo me consuela porque en el momento actual me he distanciado de una amiga por el complejo momento político que estoy viviendo en el territorio en el que resido.
Mirá, si he andado muy lejos de vos estos años, ha sido por razones graves para mí. La primera, cuestiones de compromiso político, del que te sé ajeno, y que me distanciaban psicológicamente de todos aquellos con quienes no podía compartir a fondo un ideal que me sigue pareciendo lo más importante en mi vida de hoy y de mañana. No pretendo ni espero que los demás piensen como yo o hagan lo que yo trato de hacer (…).

Julio Cortázar es un cronopio inmensamente grande para mí, este libro es un recorrido emocionado por su obra y su persona. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

FERNANDO PESSOA, Libro del desasosiego. LA RESEÑA IMPOSIBLE.

Esta obra la empecé a leer eligiendo los fragmentos que me atraían por su título o, simplemente, al azar. No fueron muchos los que leí de esta manera caótica pero es totalmente factible abordar así esta obra que es una especie de rompecabezas de fragmentos y más fragmentos que no componen en sí mismo un libro convencional. Solo por esa razón ya es difícil reseñarlo. Cuando opté por leerlo en orden decidí tomarlo en pequeñas dosis como si de poesía se tratara, de este modo me ha acompañado durante más de un año. Otra dificultad para reseñarlo. Sin embargo hace unos días, cuando me quedaban unas ciento cincuenta páginas, decidí dedicarle toda la atención y leerlo como libro principal. Pessoa me poseyó literalmente, me destrozó, me cautivó, absorbió mi pensamiento de tal forma que me dominó hasta el punto de sentirme dolida por el pesimismo, la inquietud y la incertidumbre que desprende. ¿Cómo reseñar desde el corazón doliente? Imposible.


El Libro del desasosiego tiene 574 páginas, un Apéndice y una Nota del traductor, Perfecto E. Cuadrado, que lo alargan hasta las 603 páginas. Su título refleja muy bien su contenido, es la voz de un hombre lleno de inquietud e intranquilidad que se acerca a una depresión profunda y tranquila, según sus propias palabras (p. 589).

Estamos ante una carga de profundidad hacia los sueños, son estériles e inútiles pese a que los ansiamos y deseamos. A través de estos 481 fragmentos y otros más largos, Pessoa crea un almacén de lo impublicable que puede sobrevivir como ejemplo triste (p. 591), un lugar casi físico, un refugio, para sus reflexiones sobre la relación entre verdad, existencia e identidad.

Pessoa es, tras su apariencia de pequeños burgués, un inadaptado a la realidad que, dramáticamente, rechaza soñar por su esterilidad. Y de esa insatisfacción destila la esencia de su ser, de su existencia, de sus decepciones, de sus proyectos fracasados, de sus utopías irrealizables, de sus penas y angustias. Este anti-libro está hecho de retales de tela que, como un patchwork, permite componer y descomponer muchas colchas diferentes.

Llevo meses reproduciendo fragmentos de los fragmentos y seguiré haciéndolo durante mucho tiempo, hoy solo este breve fragmento con el que empieza el ídem nº 259:
Me gusta hablar. O mejor: me gusta palabrear. Las palabras son para mí cuerpos tangibles, sirenas visibles, sensualidades incorporadas.(…)
 Como todos los grandes enamorados, me place la delicia de la pérdida de mí mismo, cuando el gozo de la entrega se vive de una forma absoluta.

Leed esta magnífica obra y dejaros llevar por un autor tan poco convencional, tan lleno de emociones y, pese a que los descarte, de sueños.

viernes, 31 de octubre de 2014

FERNANDO PESSOA


Fernando Pessoa nació y murió en Lisboa (1888-1935), huérfano de padre a los cinco años, su madre se casó con el cónsul de Portugal en Durban, Sudáfrica, colonia inglesa. Su dominio del inglés fue excepcional al ser educado en esta lengua, quizás por ello se ganó la vida como traductor.

Su imagen exterior varió muy poco con el paso del tiempo, lo más llamativo es la pérdida de cabello que, sin sombrero, lo hace irreconocible. Su sempiterno sombrero, sus gafas ovaladas o redondas, su bigote y, a veces, el cigarrillo entre los labios, componen la imagen más conocida de Pessoa.


Traje oscuro, camisa blanca, chaleco, y corbata o lazo, parece más uniforme de un hombre pacato, corriente y remilgado,  que el de un creador de imaginación portentosa que su dueño retiene dentro de sí, sin exteriorizarse, y que solo permite galopar libremente a través de sus heterónimos con los que  creó otras vidas con una personalidad poética completa que traslucían diferentes cosmovisiones. Uno de ellos fue el autor del Libro del desasosiego, Bernardo Soares, del que dice el propio autor:
(Mi semi-heterónimo Bernardo Soares (…) aparece siempre que estoy cansado o soñoliento, cuando tengo un poco suspensas las cualidades de raciocinio y de inhibición; aquella prosa es un constante devaneo. Es un semi-heterónimo porque no siendo su personalidad la mía, es, no diferente de la mía, sino una simple mutilación de ella. (…) p. 590.


 Influido por doctrinas religiosas como la teosofía y la masonería, permaneció soltero y profesó un nacionalismo místico del que pretendía que fuera abolida la influencia católica (“Todo por la humanidad, nada contra la nación”). La principal obra de Pessoa-él-mismo es Mensagem, una colección de poemas sobre grandes personajes históricos portugueses, su único libro publicado en vida. La excesiva formalidad y control reflejado en esa imagen tan sobria y, quizás la frustración de su solitaria vida y de su escasa atención pública como escritor, encontró la contrapartida del consumo excesivo de alcohol que le provocó una cirrosis que influyó en su muerte a los 47 años.


domingo, 26 de octubre de 2014

DONNA TARTT, El jilguero.

Descubrí a esta autora cuando publicó Juego de niños, su segundo libro en castellano (2003), me gustó tanto que busqué y leí su obra anterior, El secreto. Hacía algo más de diez años que no había leído nada de ella cuando vi una reseña de El jilguero, sorprendida le comenté a mi librera que si se me había pasado alguna obra en este tiempo y me confirmó que no, que Donna Tartt solo había escrito tres novelas en veintiún años a un ritmo de diez y once años entre ellas. Solo esto ya nos indica que estamos ante una escritora peculiar. La novela, al igual que las dos anteriores, es muy voluminosa, en este caso 1.143 páginas. Hablar sobre el título no es difícil, la novela gira en torno a una pintura de Carel Fabritius (1654) que lleva ese título.
Era pequeño, el más pequeño de la exposición, así como el más sencillo: un jilguero amarillo sobre un fondo pálido y liso, encadenado por una pata a la percha sobre la que estaba posado.Fue alumno de Rembrandt y maestro de Vermeer –continuó mi madre-. Y este pequeño cuadro es en realidad el eslabón perdido entre los dos; en esa pura y clara luz del día ves de dónde sacó Vermeer la cualidad de la luz (p. 45).



La novela está dividida en cinco partes y un total de 12 capítulos. Theo Decker, un adolescente de 13 años que ha sido expulsado del colegio, entra con su madre en el Metropolitan Museum de N. York para refugiarse de la lluvia antes de ir a la reunión en el colegio. Su madre le conduce a ver la obra de Fabritius y allí se quedará prendado del cuadro y de una adolescente pelirroja de su edad que está en la misma sala.
Una explosión en el museo le cambiará la vida a Theo, los diez años siguientes son un caos que tratará de afrontar buscando el cariño de personas de su edad y adultos, siempre acompañado por un gran secreto.

Un tema recurrente en la novela es cómo la belleza pura puede alterar la realidad, siendo su búsqueda  una trampa, la vía rápida hacia la amargura y el dolor. Otra de las claves importantes: lo que se ama o lo que importa puede ser una ilusión, pero pese a ello ahí puede residir el encanto de todas las cosas por las que merece la pena vivir. Y la tercera clave: no elegimos nuestros sentimientos y eso bien puede significar querer lo que no es bueno para uno mismo o para los demás porque, en definitiva, no escogemos ser las personas que somos (p. 1.127). La fatalidad, como condicionante de la libertad, conduce a Theo a situaciones y aventuras variopintas en las que se va situando, sin buscarlo, al margen del sistema: robo, estafa, consumo de drogas y alcohol, asesinato… Y todo ello es lo que Theo escribe a su amada pelirroja, Pippa, a la que se vinculó observando el Jilguero y a la que ama sin posibilidad de ser correspondido como el desea.
Porque si son nuestros secretos los que nos definen, y no la cara que mostramos al mundo, entonces el cuadro es el secreto que hizo que me elevara por encima de la superficie de la vida y que me permitió averiguar quién era yo. Y está ahí, en cada página de mis cuadernos, aunque no lo esté. Sueño y magia, magia y delirio. La teoría del campo unificado. Un secreto de un secreto (p. 1.132).


Theo queda marcado por verdades que no puede o no sabe comprender: el misterio, lo inexplicable, lo que no encaja, la ambigüedad. Y es en esa empresa en la que la autora, a veces, pierde el norte alargando momentos o complicándolos en exceso. Pese a ello es una novela que atrapa al lector en sus “garras” y no lo suelta, es adictiva, necesitas saber cómo saldrá adelante Theo. Y lo peor el volumen y el peso consiguiente, gran incomodidad para leerla. Esperaré diez años para leer su cuarta novela, Donna Tartt es una excelente novelista.

viernes, 24 de octubre de 2014

DONNA TARTT


Escritora estadounidense que en diciembre cumplirá 51 años, famosa desde los 28 por su primera novela, El secreto (1992), y que ha publicado solo tres novelas en veinte años. Una mujer discreta, hermética, atípica en esta época del selfie puesto que hace pocas concesiones a los medios de comunicación. 

Una melena corta y recta que endurece los rasgos de una mujer delgada, de piel pálida y ojos verdes. Un look anacrónico a lo George Sand con camisas masculinas, blazers, corbata o grandes sobretodos que confirman, con esa prenda amplia, larga y ligera, una imagen gótica que potencia en sus novelas y en su imagen. 



Pocas concesiones al color con prendas en las que domina el gris, el negro y el blanco, escasos complementos: anillos, un pañuelo, y poco más. Ligeros toques de maquillaje especialmente en los labios.

Donna Tartt, de mirada seria, dura y distante, tiene, sin embargo, una vena creativa que canaliza a través de la literatura, un medio para crear mundos imposibles y vivirlos plenamente a través de la escritura (y la lectura) y ese rasgo de su carácter emerge cuando ilumina su look masculino con una corbata fucsia o decide dulcificar su imagen con una leve sonrisa y una camisa ultra femenina con cuello amplio y puños de encaje. 



Sin duda una mujer de fuerte personalidad que se esconde del gran público y ha logrado vivir de su literatura con solo tres obras que han conseguido ser best sellers y mantener buenas críticas entre escritores y lectores cultos. Quizás está es la razón de la concesión este año del Premio Pulitzer a El jilguero.

viernes, 17 de octubre de 2014

RICHARD YATES, Las hermanas Grimes.

Ninguna de las hermanas Grimes estaba destinada a ser feliz, y al echar una mirada retrospectiva siempre da la impresión de que los problemas comenzaron con el divorcio de sus padres. Ocurrió en 1930, cuando Sarah tenía nueve años y Emily cinco.

El inicio de la novela nos indica sucintamente el argumento, la época y las protagonistas, las dos hermanas Grimes. La lectura de esta obra tiene una razón irracional, sí, no es contradictorio (o eso creo). Buscando Finnegans Wake (y no encontrándola en ese momento), aproveché para echar un vistazo a la sección de literatura de mi biblioteca más cercana. No encontré ninguna de las novelas que deseaba leer, así que me dije, “voy a empezar por el principio y a ver qué me llama. Por hacerlo al revés empecé por el final y esta novela estaba ahí en la Y, no me costó mucho encontrarla y decidirme, aunque no conocía al autor. Se trata de una novela  breve de 224 páginas, así que si erraba el tiro, no me iba a hacer perder mucho tiempo.


Richard Yates nació en Nueva York en 1926 y murió en Birmingham, en 1992. Con una infancia difícil, encontró en la escritura un medio para liberar sus demonios interiores y para vivir. Tímido, alcohólico y solitario, es capaz de construir ese mundo mediatizado por el alcohol que es la escapatoria a la frustración. Empezó escribiendo relatos pero alcanzó mayor reconocimiento con sus novelas. La Vía Revolucionaria (1961) y Las hermanas Grimes (1976), también conocida como Desfile de Pascua, son sus novelas más conocidas. Pese a su relativo éxito murió olvidado por todos. En la primera década del siglo XXI se empieza a reconocer su valía y a traducir/editar sus obras (la que he leído es del 2009).


¿He errado el tiro?

Cuando inicié su lectura pensé que sí, pero pronto cambié de opinión. No es fácil aceptar que hay personas que pasan de largo por sus propias vidas y menos que sus vidas estén abocadas a la infelicidad. Con una sencillez y limpieza que apabullan, Yates recorre dos posibilidades de encarar la vida que acaban siendo igualmente desoladoras. Sarah elige la más tradicional, el hogar y la dedicación a la familia tras las posibilidades de empleo femenino que había abierto la II Guerra Mundial, opción que se propagó desde el poder entre las mujeres norteamericanas para que dejaran sus puestos de trabajo a los soldados desmovilizados. Emily opta por una vida autónoma, el matrimonio y los hijos no son su objetivo principal y, tras licenciarse en la Universidad, vive de su trabajo con la amenaza de la soledad siempre al acecho.

Dicen de él que es el escritor de la “era de la Ansiedad” en EUA (término acuñado en 1947 por el poeta W. H. Auden), aunque el trasfondo histórico está casi ausente en esta novela salvo en breves y precisas pinceladas. Quizás esa época acabó llamándose así por el desconcierto, la confusión, la inquietud y la inseguridad que, tras dos terribles guerras mundiales, provocaron las transformaciones de las formas de vida y de relación personal tradicionales.
(…) vivía continuamente de recuerdos. No había vista, sonido u olor en todo Nueva York que no tuviera alguna asociación: caminara donde caminase, y había veces en que caminaba durante horas, solo encontraba el pasado (p. 211).


En todo caso, la lectura de esta obra deja un regusto amargo, desagradable y triste al contemplar como la vida de las dos hermanas se derrumba y queda reducida a polvo y cenizas sin comprender qué ha pasado y cómo han podido contribuir a ello. Frágiles marionetas zarandeadas por un destino que se torció en su infancia cuando el divorcio, signo de los cambios que empezaron a producirse en la vida familiar tradicional, agitó y desestructuró la vida de las dos hermanas Grimes, en un momento de crisis mundial tras el crac de 1929. Pese a ello, ambas se construyeron en su juventud ilusiones y esperanzas que en la madurez quedaron pulverizadas.

domingo, 12 de octubre de 2014

CAPITALISMO A LA CHINA. YAN LIANKE, El sueño de la aldea Ding.

Dice Lianke, en el Epílogo, que cuando terminó de redactar esta novela me senté alicaído y dos regueros de lágrimas comenzaron a brotar incontenibles. Me encontraba abatido y sin fuerzas, como si me hubiera arrancado los huesos, con una especie de impotencia reprimida por la soledad y la desesperanza, varado en un extenso y deshabitado mar, en una isla desierta sin aves ni plantas. 

Quizás la gran sequía que se abate sobre la aldea Ding, a partir del libro séptimo (p. 297), es un reflejo de este estado de desolación en el que acabó de escribir la novela el autor, que solo se permite soñar en las últimas, y mitológicas líneas, con la posibilidad de la lluvia.

El autor señala en el Epílogo el intenso dolor y la desesperanza frente a la escritura que sintió al terminar esta obra que considera como un legajo de dolor y desengaño. Y por ese hondo dolor que puede transmitir al lector, pide disculpas. 

La primera pregunta es, por tanto, inevitable: ¿me ha inundado el dolor? Y la respuesta es clara, sí. La lectura de esta novela no puede dejar indiferente a nadie, duele el acontecimiento que narra, muestra de un capitalismo a la China que da pavor, duele la mezquindad humana que expone y duele la poesía que, pese a todo, destila esta obra. 

Llegué a esta novela de 368 páginas por la lectura de una reseña de Jesús Ferrero, titulado “Implacable capitalismo”, publicada en noviembre de 2013. El título de esta novela puede hacer referencia al recurso que utiliza el autor, a través de grandes fragmentos en cursiva, de sueños premonitorios que anticipan lo que puede ocurrir. Dice Ferrero que el título evoca, irónicamente, la gran novela clásica china El sueño del pabellón rojo

¿Por qué he titulado esta reseña como capitalismo a la China? Porque esta novela describe un hecho real que muestra el descontrol del capitalismo que se está desarrollando en China desde una economía planificada. China es el primer país del mundo que siendo una economía socialista está desarrollando un capitalismo permitido por un régimen totalitario controlado por el Partido Comunista. La novela trata del enriquecimiento de unos pocos a costa de la gran mayoría, la esencia del capitalismo, bajo el amparo del todopoderoso Estado chino. 


En la provincia de Henan, de donde es originario el autor, se extendió en la década de los 90 una epidemia que afectó a miles, quizás millones, de personas y, que a falta de información, llamaron enfermedad de la fiebre y que no era otra cosa que SIDA. Esta enfermedad se produjo como consecuencia de la compra-venta de sangre que incentivó el Estado y que se llevó a cabo sin ningún control sanitario. 

Esta tragedia está contada a través de un narrador muy peculiar: un niño de doce años muerto que es envenenado en la aldea Ding como venganza contra su padre que se ha enriquecido con el comercio de la sangre. Su abuelo, que va adquiriendo gran protagonismo en la novela es la figura contrapuesta a su hijo que desde unos referentes de ética y de justicia no acepta su actitud.

A partir de ahí y con un porcentaje importante de enfermos en la aldea, el autor muestra la mezquindad humana que no impide, pese a la proximidad de la muerte, la envidia, el robo, la ambición, el odio, el abuso, etc. La escuela desmantelada, los árboles talados, los enfrentamientos entre familias y, dentro de ellas, en las parejas si uno está infectado y el otro no. En medio de esta situación florece una bella historia de amor, que tampoco está libre del egoísmo, entre dos enfermos abandonados por sus parejas por la enfermedad.

Mi tío y Lingling se fueron a vivir juntos como marido y mujer. 
Fue una sorpresa por completo inesperada. 
Nadie hubiera imaginado que tuvieran el coraje de hacerlo delante de las narices de todos los vecinos de la aldea. 
Pero mi tío y Lingling eran como el agua y la arena que la absorbe, como dos imanes de polos opuestos que, ¡clac!, se quedan enganchados al acercarse como la tierra y la semilla que el viento posa para acabar echando raíces en ella (p. 211). 

Las referencias al sistema totalitario chino son muy escasas para evitar la censura, pero sobresale por cualquier resquicio el poder y la autoridad de los funcionarios del Estado, y miembros del Partido Comunista, las posibilidades actuales de enriquecimiento individual haciendo uso de sus cargos y el poder para escapar de las responsabilidades por la extensión de una epidemia como el SIDA. La ignorancia del pueblo, la falta de información y la supervivencia de tradiciones anteriores a la llegada al poder de los comunistas como el matrimonio apalabrado por las familias, ciertas creencias de la mitología china (como la necesidad de casarse tras morir si la muerte les ha sorprendido sin tener pareja), el papel tradicional de la mujer, etc., facilitan el abuso del poder. Y tengo que decir que me he reído, dentro del drama, cuando describe los féretros de los nuevos ricos chinos en los que a falta de religión tradicional, recurren a la religión mundial actual: casas, coches, electrodomésticos y, como no, los inevitables bancos, bienes de consumo o grandes símbolos de la riqueza. 

El estilo de Lianke es muchas veces escueto, preciso y desnudo, pero no exento de lirismo y de una triste y profunda belleza. 
Los rayos del sol irradiaban sobre la aldea Ding. 
Hasta el último rincón había florecido en el lapso de una sola noche. Ciruelos en flor, crisantemos, peonías y rosas; jazmín amarillo y orquídeas salvajes; florecillas silvestres de las que habitualmente crecen en las laderas del monte, como jaramagos, dientes de león y almorejos, allá a lo lejos, sobre el antiguo cauce del Rio Amarillo, y hasta en las tapias de corrales y establos, salpicándolo todo de verde, rojo, amarillo, cárdena y magenta (p. 87, en cursiva en el original). 

Construye una historia, entre realidad y sueños, que por su manera de contemplar al ser humano se convierte en universal. Está organizado en ocho libros que, a su vez, tienen capítulos, aunque los últimos son muy breves puesto que la acción se resuelve muy rápidamente. Conforme vas leyendo te vas interrogando sobre los comportamiento humanos de estos aldeanos chinos y sobre la similitud con cualquiera de los que andamos por estos lares. Una espléndida novela.

viernes, 10 de octubre de 2014

UN HOMBRE RESERVADO: YAN LIANKE


Su rostro es un poema que lo dice todo, mira con astucia e inteligencia, su mirada denota concentración en lo que le dice el interlocutor y reserva, escucha a la defensiva porque sabe que es libre al escuchar pero no al responder. Pensará mucho sus palabras para evitar tener problemas, preferirá una respuesta metafórica que no una directa, es mucho más seguro. Su cabello está peinado con un corte de pelo que tan solo busca la comodidad, su mano apoyada en los labios es un escudo protector, lleva un polo muy sencillo con el cuello de color burdeos. No le preocupa la ropa, ni la estética, es el primero que ha encontrado al abrir la cómoda. Dudo que lo haya elegido él.

Yan Lianke nació en China (en Henan) en 1958. Entró en el ejército en 1978 y estuvo en él hasta el 2004, estudió dentro de la institución militar Ciencias Políticas y Literatura y en la actualidad es catedrático de Literatura en la Universidad del Pueblo y escritor. Pese a que ha recibido diversos premios en su país, algunas de sus obras no se pueden conseguir ya que han sido retiradas nada más publicarse.


Entre libros parece cómodo pero no abandona sus reservas, su actitud defensiva y resignada. Un militar utiliza muchas veces el uniforme y no necesita elegir la ropa para vestir, el desinterés por su imagen es evidente: jersey gris de lana gruesa, bufanda de cuadros (de nuevo el color burdeos) y una cazadora de polipiel marrón de diseño anodino y sin gracia.

Sus preocupaciones pasan por esquivar la censura, conservar su puesto de profesor en la Universidad que puede desaparecer en cualquier momento y escribir desde la autenticidad y la libertad utilizando recursos literarios que le permitan no acabar expulsado de cualquier organismo oficial. La vida en China no es fácil, su imagen lo confirma una y otra vez.


viernes, 3 de octubre de 2014

COLUM McCANN, Transatlántico.

A esta novela llegué por un comentario laudatorio que hizo en mayo en Babelia, Antonio Muñoz Molina. La novela tiene 357 páginas y su título tiene relación con el vuelo transatlántico sin escalas que, en 1919, hicieron dos jóvenes pilotos entre Terranova e Irlanda. Pero hay una metáfora tras esa palabra puesto que, en realidad, la novela trata de cuatro generaciones de mujeres que realizarán ese mismo viaje entre “las dos orillas” como acertadamente dijo Andrés Neumán en una de sus obras. 


Colum McCann nació en Dublín en 1965 (y por aquellas cosas azarosas que tiene la vida empecé a leerla en esa ciudad sin saber que Irlanda tenía un protagonismo tan destacado en la novela), pero vive en la actualidad en Nueva York. Estudió periodismo y trabajó como tal en Dublín hasta que decidió trasladarse a EUA en 1986, allí empezó su carrera literaria en la década de los noventa. Transatlántico fue editada en 2013 y traducida al castellano en 2014. 


Una de las cualidades de esta novela es la manera en la que McCann mezcla la realidad y la ficción y ambas realidades encajan tan bien que no somos capaces de diferenciar lo real de lo inventado. La novela empieza en un avión de la Iª Guerra Mundial de madera, tela y alambre, en 1919, con la intención por parte de los dos jóvenes aviadores de sofocar la memoria. Crear un nuevo momento, en bruto, dinámico, libre de guerra.(…) No querían recordar las bombas que habían esquivado ni los accidentes ni las quemaduras ni las celdas en las que los habían encerrado ni los abismos que habían visto en la oscuridad (p. 18). De esta manera para sofocar la memoria planifican un vuelo sin escalas cruzando el Atlántico Norte en una aventura temeraria y arriesgada. 

Irlanda y América del Norte no son solo las dos orillas de este complicado vuelo sino que son los dos espacios que cuatro generaciones de mujeres transitaron desde mediados del siglo XIX hasta el siglo XXI. La primera mujer de la saga, Lily, queda encandilada por el esclavo y agitador Frederick Douglass que viaja a Dublín en 1845 para hacer adeptos a favor del abolicionismo. Decide, en medio de la hambruna provocada por la escasez de patatas debido a la plaga de tizón tardío o mildiú de la patata, emigrar a América del Norte. 
Hombres que yacían sin sentido a los pies de la verja de alguna pensión. Mujeres que deambulaban cubiertas de harapos. No; hechas un harapo. Niños que corrían descalzos. Ruinas humanas que lanzaban miradas encendidas desde un alféizar. Ventanas rotas y polvorientas. Ratas que correteaban por los callejones. El cuerpo inerte y abotargado de un asno en un patio. Perros en los huesos (p. 60). 
FAMINE MEMORIAL, Dublín. 
Un conjunto escultórico financiado por descendientes, en Canadá, de irlandeses que emigraron debido a la "Gran Hambruna"

En 1978 el escenario es Irlanda del Norte y la ciudad de Belfast como espacio de enfrentamiento entre católicos y protestantes. En 1998 un senador norteamericano media entre las dos partes y consigue que se firmen los acuerdos del Viernes Santo. Mientras tanto la familia que forma Lily cuando emigró a mediados del siglo XIX, donde predominan las mujeres, ira tejiendo un rompecabezas que encajará al final de la novela y que es un canto a la lucha y la libertad, a menudo frustradas para los más débiles. Unas mujeres que escriben, hacen fotografía y, sobre todo, buscan ser ellas mismas al margen de las normas. Hoy los débiles son quienes tienen que ceder sus casas a los bancos por desafortunadas hipotecas como la que, en medio del horror por ver asesinado a su hijo de 19 años, tiene la última mujer de la saga. 
En ocasiones –habrán pasado meses, años, décadas-, Lottie repara en cuán extraño resulta que las palabras nos abandonen, que el futuro nos interrogue sobre lo que debería haberse preguntado el pasado, que las frases nos esquiven tan fácilmente y nos quedemos, a la postre, en la mera búsqueda (293). 
Presente y pasado, personajes reales y de ficción, historia y fantasía. Todo ello imbricado con un talento y unos sentimientos que conmueven.
Una novela que no se olvida.

viernes, 26 de septiembre de 2014

JUSSI ADLER-OLSEN, DEPARTAMENTO Q. La mujer que arañaba las paredes.

He llegado a este autor de novela negra a través de un medio poco habitual ya que asistí antes del verano, en mi librería habitual, a la presentación de su último libro del departamento Q. En esta presentación habló sobre el plan de esta serie del Departamento Q que ya tenía escrita en líneas generales y bien guardado ese material en una caja fuerte. Si no recuerdo mal dijo que serían diez volúmenes y ni uno más. 

Cuando fui a escucharle no había leído ninguna de sus obras pero tenía comprada la primera, La mujer que arañaba las paredes, y compré la tercera supongo que por descuido. Me sorprendió que entre el público había auténticos entusiastas de esta serie que preguntaron detalles sobre los personajes que despertaron, y mucho, mi curiosidad. Así que intercalado con otras lecturas le busqué un hueco a este primer volumen de 429 páginas. Su título hace referencia a la protagonista del caso, que resolverá el Departamento Q, que fue secuestrada y encerrada en un espacio reducido en el que rascaba las paredes.


Es posible que cuando hayáis empezado a leer esta reseña la hayáis catalogado ya: novela negra y nórdica, una serie más. Pese a que tengo que ir contra ese estereotipo (en cierta manera ganado a pulso por tanta novela con estas características publicada), me voy a arriesgar a recomendarla por varios motivos: en primer lugar por sus dos personajes principales, el inspector Carl Morck, un tipo de los que me gusta encontrar en este género, atormentado, individualista, conflictivo e inteligente. Su ayudante, Hafez-el-Assad, un refugiado político sirio lleno de vitalidad que lleva unos años en Dinamarca y que se supone que no tiene ninguna cualificación como policía y que le ayuda para ordenar documentos, hacerle el café y limpiar. En segundo lugar la formación del Departamento Q, unidad especial dedicada a casos no resueltos, es una argucia por parte de sus superiores para retirar a Carl Morck de la circulación y, a la vez, obtener fondos para otros departamentos. Y en tercer lugar, la trama de este primer caso está centrada en una política, Merete Lyngaard, desaparecida hace cinco años y que en un inicio trepidante sabemos que está viva y encerrada en una especie de cápsula de descompresión. Sabemos más que la policía y vamos conociendo las rencillas y corruptelas del ambiente político y policial danés. 

La trama está bien construida, mantiene en todo momento la atención y, pese a que va alternando momentos cronológicos diferentes, resulta fácil de seguir. En definitiva, una buena, y entretenida, novela negra que nos permite también conocer un país supuestamente modélico como es Dinamarca