jueves, 25 de agosto de 2016

DANUBIO


Llegue al Danubio en Budapest, llevaba conmigo el libro de Magris, el que me había provocado los deseos de hacer el viaje. Después de recorrer un rato la ribera del rio, empapándome de todo lo que significaba para mi desde el punto de vista literario, me senté bajo la escuálida sombra de un arbusto y, mirando el Parlamento y los zapatos que se han convertido en un recuerdo de los fusilamientos de judíos que luego eran lanzados al Danubio, me puse a leer.


Budapest es la más hermosa ciudad del Danubio; una sabia autopuesta en escena, (…). Budapest da la sensación física de capital, con un señorío y una autoridad de ciudad protagonista de la historia. (…)
No por casualidad, a comienzos de siglo, Budapest fue la cuna de una extraordinaria cultura que se preguntaba, con el joven Lukács pero no únicamente con él, que relación existía entre el alma y las formas, si detrás de lo inesencial múltiple existía una esencia de la vida y qué relación subsistía entre el funcionamiento de las cosas tal como son y la autenticidad del deber ser (241).

Mirando ese rio turbio, sabio y grande (Joseph Attila), descansé mi vista en sus aguas y supe que estaba en mi “patria”, esa que no es territorial, ni mucho menos étnica, esa patria de los libros, de la empatía humana, del reconocimiento mutuo, del rechazo de la invasión del estado y de la razón de estado en cualquier esfera de la existencia. Mitteleuropa.


viernes, 19 de agosto de 2016

LOUISE PENNY, Enterrad a los muertos

¿Por qué esta novela? 

Por un par de motivos, primero la novela negra me encanta, los que hace más tiempo que pasáis por este espacio lo sabéis. Sin embargo leo poca últimamente, me tienen atrapada otros contenidos y autores/as. En segundo lugar esta novela fue un regalo de cumpleaños que quería leer para agradecérselo a una compañera de trabajo reciente con la que he sintonizado gracias, de nuevo, a la lectura. 


Recordando la diferencia entre novela negra y policiaca

Importante diferencia porque mi atracción es hacia la novela negra, apenas me llama la atención la policíaca. Dice Dominique Manotti que la novela negra nos indica que la condición natural de nuestra sociedad es el desorden bajo una apariencia ordenada que no puede tener final feliz casi nunca. La novela negra disecciona la realidad contemporánea. En cambio la novela policial es literatura de evasión, con distintos grados de violencia, en la que el mensaje es que la policía nos protege y siempre resuelve los delitos para que podamos dormir tranquilos.



Enterrad a los muertos es novela negra

Este género literario se caracteriza por cinco características que utilizaré una vez más para hablaros de esta novela:

Un crimen a investigar
En este caso no es un crimen sino dos, la muerte del Ermitaño que vive en una cabaña en medio del bosque de Quebec y la muerte de un arqueólogo aficionado, Augustin Renaud, investigador de la figura de Samuel de Champlain, fundador de la ciudad de Quebec en 1608.

Un policía o detective que descubre al culpable
Tampoco es un solo policía sino dos, aunque forman parte del mismo equipo: el inspector jefe Armand Gamache, verdadero protagonista de la novela y Jean-Guy Beauvoir. Los dos policías pertenecen a la división de Homicidios de Canadá: la de la Sûreté de Quebec. Resolverán los dos asesinatos cuando concluye la novela.

Una contextualización humana y social del hecho criminal
La novela contextualiza los crímenes tanto desde el punto de vista histórico, urbano, climatológico y político. En esta novela encontraremos muchos fragmentos que nos hablan de la dureza del clima de Quebec, de la calidez de sus casas, de la ciudad amurallada y de sus edificios históricos, entre los que se encuentra la biblioteca de la Sociedad Literaria e Histórica de la comunidad anglo, de su pasado lejano (la fundación de la ciudad) y más reciente (la violencia de los independentistas en los años sesenta) y la separación y desconfianza de las dos comunidades de Quebec (la mayoritaria que es francesa y la anglo que es minoritaria).

Personajes realistas, con matices, dudas y contradicciones, como Émile Comeau, mentor de Armand Gamache y en cuya casa se refugia. Cualquiera de los voluntarios/as de la Sociedad Literaria e Histórica o del bistró de Three Pines son personas derrotados y en decadencia en busca de la verdad o, cuando menos, algún atisbo de ella. Ya no digamos Augustin Renaud, un personaje estrafalario, solitario y obsesivo cuyo interés único es encontrar la tumba de Champlain.

Una estructura narrativa impecable en la que los hechos se narran siguiendo un hilo conductor claro, pese a la complejidad de la historia doble y evocaciones retrospectivas de historias anteriores que están presentes en la narración (la historia de Champlain, del Ermitaño y del atentado en el que el protagonista estuvo a punto de morir) y que no desvela hasta el final. La habilidad de la escritora para narrar varias historias a la vez y pasar de la esperanza a la desconfianza es enorme.

Un párrafo sobre la biblioteca protagonista de la novela
Gamache observó a Winnie recorrer la biblioteca entre las estanterías que iban del suelo hasta el techo, las alfombras indias esparcidas por el suelo de madera noble, la mesa larga de madera y, junto a ella, los asientos: dos sillones de cuero y el sofá en el que él estaba sentado. (…) Las ventanas arqueadas abrían huecos entre las librerías e inundaban la sala de luz, cuando había luz que atrapar (31).
Y otro sobre la historia
Muchas de las cosas que conocemos como historia no lo son. Los acontecimientos se exageran, se inventan héroes, se redefinen los objetivos para que parezcan más nobles de lo que eran. Todo para manipular a la opinión pública y fabricar un enemigo u objetivo común (323).
Cuando acabas de leer la novela tienes unas irresistibles ganas de viajar a Quebec y conocer sus heladores inviernos.

viernes, 5 de agosto de 2016

PENELOPE FITZGERALD, La librería

Su pequeña historia previa 

Había leído El inicio de la primavera, hace cinco años y me había olvidado de la autora por completo. Me la recordó la revista de literatura Turia con un interesante artículo y me pareció oportuno leer otra de sus obras. Dado lo que me gustan los libros y las librerías, opté por esta obra. 
En primer lugar, y para despejar dudas, no estamos ante una novela de esas que se publican para que piquemos aquellas personas que nos gustan los libros, entre otras cosas porque está escrita en 1978, mucho antes de la moda que nos invade en la actualidad sobre este tipo de literatura. 



Su autora 

Penelope Fitzgerald (Lincoln 1916- Londres 2000) es una escritora muy peculiar puesto que escribió su primera novela con sesenta años. Empezó tarde pero a partir de ahí no paró: autora de nueve novelas, tres biografías, cuentos, ensayos, poemas y reseñas literarias, ganó el Booker en 1979 con su tercera novela, A la deriva, aunque ya había sido finalista con La librería y volvería a serlo con dos más. Se hizo mundialmente famosa con La flor azul, novela con la que gano en EUA, el ‘National Book Critics’ Circle Award, cuando ya tenía 80 años. A Fitzgerald se la considera legítima heredera de Jane Austen de cuya literatura fue siempre una acérrima defensora. 


La novela

En La librería, la autora describe con precisión la idiosincrasia de un pequeño pueblo costero de Suffolk que en 1959 ve como Florence Green abre una pequeña librería (y biblioteca). Las fuerzas vivas se oponen a tal aventura porque tenían otros planes para el lugar que Florence, Old House, había comprado para ello. Aun cuando cuenta con algunos apoyos, los poderes fácticos la acorralaran hasta que logran que la librería se cierre y Florence se marche de la localidad. 
He explicado la historia porque en realidad en sí misma es bastante insustancial, sin embargo la autora, que escribe cada una de sus obras convirtiéndolas en una pieza única, tiene un estilo al narrar que convierte un tema común en algo especial. 
En La librería, la imposibilidad del entendimiento humano se convierte en el centro de la obra junto con la construcción de personajes que no parecen pertenecer a la sociedad en la que viven como el Sr. Brundish, único defensor, entre las fuerzas vivas, con el que contará Florence. 
La autora tiene una gran facilidad para explicar, con pocas pinceladas, detalles certeros de los personajes y de la historia que narra. La propia escritora inventó un término para describir su género: “tragifarsa”. En efecto, mezcla con gran habilidad lo trágico con lo burlesco en sus historias, por ejemplo cuando describe a la propia Florence en la página 10: 
Era pequeña de aspecto, delgada y huesuda, un poco insignificante vista desde delante y completamente insignificante por detrás. 
Aunque su literatura es realista, propone al lector un pacto para creer en la fantasía, en esta obra con la existencia de un poltergeist caprichoso que vive en Old House y del que no os cuento nada más. 

Un párrafo que me ha gustado hace referencia a la opinión que le da el Sr. Brundish sobre Lolita de Nobokov: 
Es un buen libro y, por lo tanto, debería intentar vendérselo a los habitantes de Hardborough. No lo entenderán, pero será mejor así. Entender las cosas hace que la mente se vuelva perezosa (120). 
Me costó captar el humor de Penelope Fitzgerald, por eso una parte de la novela la leí con cierta distracción.

viernes, 29 de julio de 2016

GILLES ROZIER, De un país sin amor

No veo TV, no veo series por internet, no leo periódicos, apenas escucho la radio, soy una desinformada voluntaria que busca mantener la mente casta como decía H. Thoreau. ¿Por qué suelto esta andanada? Porqué este libro, pese a mi alejamiento de ella, lo vi en la prensa, no recuerdo exactamente dónde, pero es posible que fuera en el Babelia, lo único que ojeo, y con desconfianza, del periódico en el que esta sección va incluida. 



Antes de nada algunas aclaraciones… 

El título hace referencia a los lugares, en este caso concreto Polonia, del que tuvieron que marchar los judíos en el periodo de entreguerras. Un país sin amor, un país donde Dios no estaba, pese a su arraigado catolicismo, tal y como se recoge en la contraportada. Como sabéis quienes me leéis con cierta asiduidad, me interesa mucho el periodo entre las dos guerras mundiales y la II Guerra Mundial y, más si cabe, la literatura mitteleuropea. Esta novela entra de lleno en ambos temas con un tema para mi desconocido, la Yiddishland, es decir, el “reino judío” que no tenía fronteras políticas sino lingüísticas (se extendía entre el Vístula y el Rin). 

Yiddishland, se dice en la novela, es como una red lanzada sobre Europa, una especie de red reticulada unida por un fluido que unía pueblos y ciudades a través del yídish, lengua hablada por unos ocho millones de personas. En esa red a escala de un continente se desarrollaron una literatura, un teatro, periódicos, una red de relaciones que hacía que un vecino de Riga, pudiera leer en un periódico en yídish cualquier noticia de Varsovia, una ciudad distante casi mil kilómetros. 

Algo me ha rondado por la cabeza mientras leía esta novela ¿Qué ha quedado de esta cultura, de esta literatura? Y la respuesta es desoladora, apenas nada, fue convertida en cenizas con el Holocausto, una dimensión de la tragedia que nunca había pensado. En Israel se impulsó el hebreo y el yídish, la lengua de muchos judíos emigrados de Centroeuropa, se fue marginando hasta casi su extinción. 

El autor 

Gilles Rozier nació en Grenoble en 1963. Es traductor de yídish y hebreo y dirige la Casa de la Cultura Yídish_Biblioteca Medem de París. Es autor de diversas novelas y relatos de los que solo se han traducido dos novelas, la primera Un amor clandestino (2006) y esta que comento. Actualmente vive en París. 



¿De qué trata la novela? 

No resulta fácil sintetizarlo, desde luego hay una historia muy bien narrada que logra captar la atención del lector/a, pero hay temas como la amistad, la memoria, el olvido, el amor a una lengua y una cultura, que sobrepasan la historia narrada. 
Sulamita Kacyzne, una anciana recluida en su palacio romano donde ha construido un espacio de la memoria en la planta alta de su mansión, le cuenta a un joven francés (Pierre), que se ha puesto en contacto con ella, mil historias sobre ese “reino judío” que usaba el yídish como lengua principal. El punto de partida son tres escritores, Uri Zvi, Peretz Markish y Melej Rawicz, que formaban parte de la Unión de Escritores y Periodistas de Varsovia y que escribían sus obras en yídish. 
Cada escritor evoluciona de una manera diferente ante los acontecimientos, se desplaza por diversos países de Europa, o del mundo, permitiéndonos ir conociendo cómo se fue fraguando la tragedia que estalló con toda su crueldad en 1939 pero que ya hacía tiempo que se venía cobrando víctimas, por ejemplo con los pogromos contra las comunidades judías, entre un antisemitismo extendido y aceptado por gran parte de la población europea. 
Al hilo de estas historias personales se van tejiendo otras historias, van apareciendo otros escritores y escritoras, ciudades (Viena, Moscú, Vilna, Jerusalén), etc. 
El joven Pierre y la anciana Sulamita construirán una relación de amistad y de amor que nos permite conocer sus vidas personales, sus vicisitudes marcadas por los acontecimientos históricos y su amor por los libros y por la cultura.

¿Cómo reconstruir mi reino? Lo intenté en mi biblioteca. Por eso he consagrado sesenta años a reunir estas decenas de miles de documentos, pero ¡qué difícil es colocar sobre unos estantes el contenido de un espíritu humano! Mis muros están tapizados con libros. Elija uno, siéntese en el sofá. No se levantará antes de haberlo terminado (121). 
Hay capítulos muy interesantes, por ejemplo el 29, que habla sobre el genocidio y los supervivientes. Pero no piensen quienes me siguen leyendo a estas alturas de la reseña que ese tema inunda todo el libro porque no es así. Hay descripciones de los cafés de Viena, de las tertulias literarias en la Varsovia de los años veinte, de las bibliotecas de unos y otras realmente deliciosas y que nos transportan a un mundo que fue barrido violentamente llevándose consigo una riqueza cultural desconocida para los europeos/as actuales.

Uno de los párrafos que me han gustado… 

Ya soy muy mayor, pero la guerra me ha enseñado una cosa: si queremos sobrevivir, nunca debemos sentirnos superados por las circunstancias (242). 

Este libro tiene otra virtud importante… lo que explica es hoy reconocible, es fácil sobresaltarse ante las similitudes que van apareciendo en nuestro camino mientras leemos. Nos provoca preguntas, dudas, en definitiva, nos puede proporcionar claves sobre el comportamiento humano muy útiles para comprender el presente y que el futuro no nos supere.

viernes, 22 de julio de 2016

YASAR KEMAL, Calor amarillo

¿Cómo llegué a este libro? 

Fueron Wineruda y Atticus quienes me recomendaron la lectura de Kemal, el primero me dijo que este Calor amarillo era “brutalmente bello”. Todo vino al hilo de la reseña que hice sobre La bastarda de Estambul, ahí podéis encontrar los comentarios de ambos. 


¿Cuál es el contenido de Calor amarillo? 

Se trata de veintiún relatos de pequeña extensión (en torno a las diez páginas) exceptuando cuatro o cinco que son más largos. Todos ellos tienen como escenario la llanura de Çukurova (en el Taurus turco) y, añadiría, que están unidos también por el calor, amarillo (título del primer cuento de la serie), y la pobreza. 
El sol, que caía a plomo, nublaba su entendimiento. Caminaba tambaleándose; el suelo ardiente le quemaba los pies, como si a través de sus zapatos rotos le hubiesen entrado brasas (19). 
En todos los cuentos están presentes personajes, que viven en pequeñas aldeas, dedicados a la agricultura, la ganadería y el pequeño comercio, que sobreviven como pueden a la explotación, al machismo y a la injusticia. Los relatos describen con minuciosidad la vida de los desheredados, aplastados por un trabajo que, muchas veces, resulta infructuoso por las condiciones en que se ven obligados a desarrollarlo. Las condiciones de explotación de mujeres y niños/as resultan muchas veces angustiosas como es el caso de las mujeres en “Una fea historia”.

En Calor amarillo el protagonista indiscutible es el pueblo bajo, sus problemas cotidianos, sus dificultades para cubrir sus necesidades más elementales como la comida y su trabajo para extraer el fruto de la tierra. Pero que nadie espere una visión idealizada de éste porque no la encontrará, las rencillas, envidias, rencores y odios, pueblan muchas de estas historias. También encontraremos actos de rebeldía, de orgullo y de solidaridad. La realidad, aunque quizás realidad de otro tiempo, trasiega por todas estas historias. 


¿Quién es Yasar Kemal? 

Nació en Adana en 1923 y murió en 2015 en Estambul. Escritor, periodista y reportero, procedía de una familia de origen kurdo. Calor amarillo fue su primer libro de cuentos publicado en 1952. Kemal vivió una vida azarosa y difícil con frecuentes estancias en la cárcel por motivos políticos. Fue un eterno candidato al premio Nobel que no llegó a conseguir. 

Su estilo… 

… es sencillo, vinculado con la tradición oral de los cuentos de Asia Menor, coloquial y siempre con una fina ironía que hace muy fácil su lectura si se logra empatizar y sintonizar con unas historias que, a veces, parecen a años luz de nuestra realidad. La defensa del honor y la venganza que se desprende de dicha defensa puebla muchos de estos relatos.
Sus descripciones del paisaje, montañas y llanuras del Taurus, así como el clima, especialmente como ya he dicho, el calor estival, resultan lo mejor, para mí, de estos cuentos.
No puedo ocultar que me costó entrar en las historias y que, aunque lo logré, los temas me resultan en parte ajenos. Digo en parte porque en ellos hay emociones y circunstancias universales y, por ahí, transité para no descolgarme de las narraciones, a veces, repetitivas. Algunos cuentos me han impactado como “El recién nacido”, “El tendero”, “Lagarto verde” y el mencionado, “Una fea historia”. 

Mi fragmento favorito… 

Un vaho azul lo envolvía todo: los pinos, la enorme roca, el suelo rojizo, las hierbas, las flores, las blancas nubes del cielo… Todo, el horizonte, los pájaros que pasaban volando… La fina espuma blanca que había sobre el mar también estaba envuelta por un vaho azul. El Egeo es así. Un vaho azul lo envuelve todo. De ahí su encanto (171). 

¿Quién no desearía viajar a ese Egeo de vaho azul tras leer estas líneas? Una Turquía desconocida y, quizás, inexistente hoy, que aporta un acercamiento al mundo rural, fuera de Estambul.

viernes, 15 de julio de 2016

LUIS ALBERTO DE CUENCA, Cuaderno de vacaciones

De nuevo un poemario. De nuevo una dificultad para escribir algo que tenga interés desde mi dificultad para hablar de poesía. De nuevo un intento para el que pido disculpas por anticipado si resulta irrelevante lo que digo. 



El poeta 

Luis Alberto Cuenca es madrileño, nació en 1950 en pleno franquismo. Es profesor de Investigación del CSIC y académico de número de la Real Academia de la Historia desde 2010. Y además escribe poesía por la que ha sido premiado en numerosas ocasiones. En 2015 ha sido galardonado con el premio Nacional de Poesía por este Cuaderno de vacaciones


Un poema 

El maquillaje es sospechoso siempre.
Tú, recién levantada de la cama, 
sin nada que no sea tu glorioso
cuerpo gastado por las decepciones
y por los desengaños, pero erguido
como un árbol al viento de la vida
que se lo lleva todo por delante:
esa es mi religión, esa es la única
visión de lo sagrado que conozco (130). 

El poemario 

Contiene 85 poemas escritos en los veranos comprendidos entre 2009 y 2012. El autor los ha agrupado en ocho epígrafes que aspiran a ordenar temáticamente la lectura. En todo caso lo que une estos poemas, como el autor señala en una nota, es su escritura gozosa, vacacional, su fusión con el ocio, un vicio comparable al de la poesía. Hay poemas hermosos, destilan una ironía suave con un guiño de sonrisa madura que te llega adentro. Poemas que sueltan un polen de lecturas y amor al mundo clásico. Versos logrados que palpitan cuando los lees y que vuelven a ti después de pasadas unas horas. Sin embargo, no he logrado conectar con sus poemas excepto en algunos de ellos. 

Otro poema 

Cuando te veo triste y melancólico,
próximo ya a la ruina cenicienta,
me permito decirte (en estos versos,
porque a la cara no me atrevería) 
que aún respias (lo que es inevitable
cuando se sigue vivo), que hay películas
todavía que ver, y geologías
caprichosas y océanos en llamas
y tesoros escitas y crepúsculos
que admirar, y novelas que leer,
y connivencias mágicas, y copas
feéricas que apurar.(…) (82). 

Leed poesía, como dice de Cuenca es un vicio de los más entrañables y deliciosos.

viernes, 8 de julio de 2016

FRÉDÉRIC PAJAK, Manifiesto incierto. Con Walter Benjamin, soñador abismado en el paisaje. La inmensa soledad. Con Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese, huérfanos bajo el cielo de Turín.

La pequeña historia que hay tras estos libros…

Tras leer El oficio de vivir, un comentario de Atticus me condujo a este autor, su propuesta fue La inmensa soledad. Con Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese, huérfanos bajo el cielo de Turín. Indagué sobre el libro, me picó la curiosidad, pero el precio era un poco caro y lo deje aparcado de momento. Sin embargo, el autor se volvió a cruzar en mi camino lector con este Manifiesto incierto y ya no pude aparcarlo, así que decidí probar con esta obra. A las treinta páginas decidí comprar La inmensa soledad y tras otras lecturas breves me embarqué en su lectura. 




“Ensayo gráfico”, ¿un nuevo género?

Así se denomina, en la pestaña del libro, lo que escribe Pajak. ¿Por qué esta fórmula? Porque el autor combina dibujos, que él mismo realiza, con texto, sin tratarse de un comic o de una novela gráfica. El dibujo no ilustra el texto o al contrario, sino que a través de los dos medios, dibujo y texto, analiza, interpreta y evalúa un tema. Por tanto es un ensayo en el amplio sentido de la palabra en el que la parte gráfica refleja las reflexiones que el autor realiza a través de la palabra.
Tampoco estamos ante un ensayo al uso sobre un autor (o varios), en este caso Walter Benjamin, Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese, puesto que la figura de estos escritores se entremezcla con capítulos sobre acontecimientos actuales que analiza el propio Pajak, por ejemplo los atentados terroristas de Bolonia en agosto de 1980, o sobre las sensaciones que le sugieren diversas ciudades, el mar o la lluvia.
No soy ninguna experta para afirmar que se trata de un nuevo género, pero sí puedo decir que es una propuesta original que no se parece a ninguna otra.



¿Quién es Frédéric Pajak?

Podemos amar el trabajo, la rigidez de los gestos obligatorios.
Podemos también amar el caos, la duda, la torpeza, el error. 
Podemos amar no elegir, o incluso elegir no elegir (102).



Es un (atractivo) francés nacido en 1955 en Altos del Sena y que es dibujante, escritor y editor. Hace veinte años fundó la editorial “Les Cahiers Dessinés” donde publica la obra de dibujantes y, además, es escritor e ilustrador. Es autor de una veintena de obras y desde la publicación de La inmensa soledad (1999) ha desarrollado este peculiar tipo de ensayo al que pertenece también Manifiesto incierto.

¿De qué trata el Manifiesto Incierto?

En primer lugar señalar que desde 2012 Pajak trabaja en un proyecto del que, en Francia, ya se han publicado cuatro volúmenes y que pretende ser una reflexión contra los totalitarismos y en defensa de la tolerancia y de la libertad de pensamiento. Este Manifiesto que gira en torno a la figura de Benjamin es el primer volumen
.

Walter Benjamin (Berlín 1892-España 1940) advirtió en numerosos escritos sobre las amenazas del totalitarismo, especialmente, del alemán. Encontró, como muchos otros escritores que tuvieron que huir a partir de 1933 de Alemania, una total incomprensión que minusvaloraba, desde la ignorancia y la estupidez, el crecimiento del monstruo (y no me refiero a Hitler o Mussolini, sino a millones de personas que colaboraron con ellos) que asoló Europa. Hoy, la extrema derecha y, con ella, la xenofobia, el rechazo de millones de europeos, contra los extranjeros y refugiados, que les votan, el egoísmo nacionalista que, desde la insolidaridad, clama contra las contribuciones de los ricos a los pobres (da igual que el contexto sea el de clase social, el autonómico con el famoso “España nos roba” del independentismo catalán o el ya estamos hartos de pagar para los zánganos del sur que se escucha en Inglaterra o en Alemania) asimilado incluso por una izquierda (incluso izquierda antisistema) que se ha tragado el anzuelo de la casposa “unión sagrada” que provocó la matanza, por ejemplo, de la Iª Guerra Mundial.
Si el enemigo triunfa, ni siquiera los muertos estarán a salvo (167).
Pajak defiende en su discurso, jalonado de imágenes impactantes, el librepensamiento, la justicia social, el igualitarismo y la mirada al pasado para encontrar las clarividentes advertencias sobre el peligro del totalitarismo de pensadores como Benjamin.



¿De qué trata La inmensa soledad?

En este caso gira en torno a Nietzsche y Pavese y la ciudad de Turín. El autor busca las similitudes en la vida de ambos: huérfanos de padre, crecieron en un ambiente femenino, ninguno de los dos consiguió que las mujeres les amaran. Ambos tuvieron una vida breve e intensa y vivieron en Turín, una ciudad peculiar. En esta ciudad Nietzsche perdió la razón y Pavese se suicidó.

Walter Benjamin

Embarcó en Hamburgo el 7 de abril de 1932 en el buque Catania con destino a Barcelona y de allí embarco hacia Ibiza:
Walter Benjamin sube a bordo, con poco equipaje, quizá una maleta ligera de “fibra vulcanizada” que guarda bajo la litera, en un camarote de tercera.De estatura media, corpulento, es un hombre corriente ataviado con un traje oscuro, cara regordeta, pelo a cepillo que grisea en las sienes y un bigote negro que aspira a ocultar los labios carnosos de un “epicúreo sensible”. El grueso cristal de gafas redondas le achica los ojos (39).
Benjamin es escritor ¿O tal vez pensador, lector, traductor…? Tiene, al menos, fama de ser un autor incomprensible. ¿Filósofo? En todo caso parece que intentaba conciliar la tradición judía, el comunismo y los ideales anarquistas (43-44). Consideraba que desde Bakunin, a Europa le ha faltado un concepto radical de libertad (52) y le preocupaba que, con la victoria del comunismo y el fascismo se había aniquilado al individuo en el interior de la masa. Para Benjamin la subjetividad es muy importante y ésta había quedado prohibida en los años treinta.
En su “Experiencia y pobreza” se dirige al hombre perdido a tenor del 30 de enero de 1933 y describe un presagio:
Nos hemos vuelto pobres. Hemos ido diseminando la herencia de la humanidad pieza por pieza, hemos tenido que empeñar ese tesoro enorme en el monte de piedad, a menudo por una centésima parte de su valor, a cambio de la calderilla de lo actual. Tenemos la crisis económica a las puertas, y tras ella una sombra, la guerra que se prepara (73).
A lo largo de siete años, de 1933 a 1940, vagó entre Francia, España, Dinamarca e Italia. Su vida hecha añicos se asemeja a esos fragmentos escritos que lo ocultan tanto como lo revelan (74).



Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese
Predomina en La inmensa soledad, Nietzsche, se nota que a Pajak le interesa más esta figura, sobre Pavese nada nuevo me ha aportado tras leer El oficio de vivir. No quiero alargar esta reseña innecesariamente, os dejo un fragmento interesante como este del biógrafo de Nietzsche, Curt Paul Janz:
Conservo la imagen de una figura trágica. Primero debido a las terribles enfermedades, dolores inaguantables que lo acompañaron a lo largo de su vida y contra los cuales tuvo que luchar de manera permanente. Pensaba que se debían al clima: ésta es la razón de que buscara sin cesar el lugar en el que se sentiría mejor. Su vida fue especialmente dolorosa. La substancia de su filosofía son las pasiones. No es un filósofo cerebral, del discernimiento, un filósofo del conocimiento distanciado y descarnado. En él todo tiene su origen en la experiencia, en las emociones. Su filosofía es un combate consigo mismo, con el cristianismo y las interpretaciones del cristianismo (253)

 Os convoco a dejaros tentar por Frédéric Pajak. Son libros de “lectura lenta”.

viernes, 1 de julio de 2016

SZILÁRD BORBÉLY, Los desposeídos.

El dolor 

Cuando no hay ni almuerzo ni cena, mi hermana y yo desmenuzamos el pan en la leche. Si mi madre se da cuenta, nos zurra. No importa. No duele tanto como cuando llora y no logro consolarla. Me arrodillo y rezo. Tiemblo de miedo por el plato roto. Pido a Dios que mi madre se cure. Lleva medio año mirando al vacío. Desde que el Pequeñín se murió. Desde entonces no habla. Nosotros también guardamos silencio cuando volvemos a casa (195). 
Si algo rezuma esta novela es dolor en estado puro. Dolor por una miseria extrema que el comunismo no fue capaz de combatir. Dolor por el maltrato sistemático entre las personas de una pequeña comunidad rural en la zona oriental húngara: los padres maltratan, las madres maltratan, los hermanos se maltratan, los compañeros/as de escuela se maltratan y al final de la cadena se maltrata a los animales. La existencia de un sustrato de violencia primitiva condiciona la vida de quienes viven en el pueblo, un lugar en el que la vida es difícil para todos sus habitantes, pero especialmente para los excluidos, para los desposeídos. 


La exclusión 

La novela describe poco a poco los mecanismos de exclusión en un pueblo, excluido él mismo por situarse lejos de los centros de poder. 
(…) se temen los unos a los otros. Temen a los botafuegos, a los pendencieros. Y también a los comunistas. Y a los soplones, que van a la sede del Partido a cantar lo que se ha hablado. Pero no saben quiénes son los soplones, así que desconfían los unos de los otros. Todos de todos. Y tienen miedo. Solo el aguardiente disuelve el miedo en su interior (25). 
Poco importa que estemos en un país comunista, de nada sirven los slogans estereotipados sobre solidaridad o apoyo mutuo. En este pueblo la lucha es por la supervivencia, falta lo imprescindible: la comida, la ropa, los medios para hacer frente al frío, y la salud. Un niño es el narrador de esta historia, que es la del autor mismo ya que la novela tiene una base autobiográfica. 

Desde la inocencia, pero a la vez desde la picardía, este niño, Bobonka, cuenta las cuitas materiales y afectivas de su familia y del pueblo entero. Poco a poco, sobre todo mediado el libro, van apareciendo los motivos de la exclusión: son de origen extranjero (rumanos, dice el abuelo paterno; huzulos, dice la bisabuela materna). Se rumorea además que el niño es nieto de un judío, razón por la cual sufre las burlas y agresiones de sus compañeros/as de escuela y su familia el rechazo de los vecinos/as. 

Se mantienen abiertas heridas de la II Guerra Mundial empezando por el holocausto en el que miles de judíos húngaros fueron llevados a los campos de trabajo y exterminio donde murieron o regresaron, como Mózsi, para encontrar su casa completamente saqueada por los vecinos/as. Su abuelo materno era fascista, según cuenta su nieto, su padre un kulak y por ese motivo no logra tener trabajo en la cooperativa y tiene que marchar del pueblo donde queda su mujer con dos niños y una niña. 

La desesperanza 

No hay salida frente a la miseria, la marginación, la falta de libertad… Los desposeídos relatan un mundo cerrado del que el niño-narrador nos transmite los olores, los colores y las costumbres de los adultos que escupen, beben, insultan, se burlan de los débiles… sobreviven con una violencia primitiva que emerge por cualquier motivo y que, no olvidemos, está hoy presente en ese rechazo visceral a los refugiados, considerados extranjeros que hacen peligrar una cultura cristiana y homogénea que ponen en peligro con su sola presencia.

¿Cómo fue posible que el comunismo no limara ninguna de estas actitudes racistas, excluyentes y antisolidarias? Los comunistas aparecen muy de vez en cuando representando el poder e inspirando miedo. Y poco más. 

La niñez inexistente 

Nuestro narrador es un niño adulto, obligado a asumir responsabilidades y papeles de adulto, especialmente trabajando en lo que puede en la casa, en el huerto o en casa de otros familiares. El dolor y el miedo atenazan la infancia y está prohibido soñar, hasta el punto de que los adultos, en un increíble ritual bárbaro, meten un gato muerto debajo de la cama de aquellos niños/as que se atreven a soñar. Por otro lado, la carencia de lo más elemental convierte la infancia en una travesía en la que la muerte puede aparecer en cualquier momento como le ocurre al Pequeñín. Buscar comida se convierte en una prioridad y a ella queda supeditada la vida. 

Las reflexiones de este niño-adulto son estremecedoras por su lucidez y su comprensión de la realidad. El miedo atenaza siempre su vida y, a veces, tiene instintos asesinos contra aquellos adultos que, en lugar de darle cariño y protección, lo abandonan en un mundo violento y peligroso. 

Recuerda… 

…a otros escritores/as húngaras, incluso en el protagonismo del niño que narra la historia. A mí me recuerda a Agota Kristof y a Imre Kertész, dos extraordinarios escritores, sin embargo Los desposeídos, tiene una entidad y una personalidad que nada tiene que envidiarles.


Como Kristof y Kertész vivió con preocupación el viraje político que se produjo en su país tras la caída del comunismo (ninguno de los tres añoraban el comunismo con el que eran extremadamente críticos) y, aquejado por una depresión, decidió suicidarse en 2014, meses después de publicarse esta extraordinaria novela (2013), con cincuenta años. 

Me ha costado elegir un párrafo, pero será esta explicación que le da la madre a su hijo respecto  a qué es ser judío… 

-Pero ¿por qué dicen judío de mierda? Pregunto.
 -Porque para ellos judío es todo aquel que no muere donde nace. Ellos notan que quien se irá de entre ellos es diferente. Perciben el olor a forastero en aquel que no es como ellos. Solo soportan a sus semejantes. El que se va es un traidor. El que es distinto también. Consideran judío a todo aquel que usa su cabeza. Quien es más inteligente que ellos es judío. En cuanto se percatan de que un niño es listo, de seguida le dan pan con aguardiente. Le dan vino con azúcar para atontarlo.(…) Para que durante toda su vida no se atreva a ir más allá de la taberna. Porque odian a todo el mundo que no es como ellos. Que piensa. Que reflexiona. Y sigue dando una lección de la base de xenofobia y de la exclusión del diferente (122-123). 

Os recomiendo esta excelente novela encarecidamente. Nos aporta muchas claves del pasado pero también del presente.

viernes, 24 de junio de 2016

CZESLAW MILOSZ, El valle del Issa

La motivación lectora… 

En mi caso fue la lectura de otra obra suya, El poder cambia de manos, la que me impulsó a buscar esta obra de Milosz que algunos comentaristas me recomendaron. Uno de los aspectos que más me gustó de esta primera novela fue su reflexión sobre el destino y la angustia existencial. Me comentó Ignacio (del blog burgostecarios) que Julio Camba decía:
 “Un poco de belleza y un poco de doctrina antes de descreer en las ideas”. 
Milosz pone mucha belleza en la balanza para, como él mismo dijo, protestar contra este asqueroso mundo. Estamos ante una autor que resalta la belleza sin ocultar su pesimismo y su descreimiento. 


La belleza… 

…la pone el valle del Issa, en realidad el valle de Nevezis, en Lituania, y los recuerdos de infancia del propio autor, unos recuerdos que entremezclan diversas historias de personajes que se relacionan a través de la familia de Tomás, un niño de 13 años. Los Surkont, la familia del protagonista, son señores de tierras pero viven aislados en el valle como los demás personajes y en contacto con una naturaleza bella pero dura por la climatología y el trabajo. 

Plantas y animales se convertirán para Tomás, en sus largos paseos por los bosques, en elementos de reflexión, de alegrías y también de decepciones y penas. La biblioteca, aquella habitación angular (…) y tan helada que, cuando afuera hacía mucho calor, allí se temblaba de frío (74), fue para Tomás un gran descubrimiento y una fuente de información y diversión. De los libros extraerá una formación que no obtenía de otra fuente puesto que crecía de forma un tanto salvaje al no asistir de manera regular a la escuela. 

Las dificultades… 

…aparecen porque el valle es una especie de lugar mítico en el que la fantasía se apodera de los personajes, especialmente de Baltazar que acabó no distinguiendo entre realidad y fantasía abocado a un destino fatal. El catolicismo, condimentado por creencias paganas que han subsistido en un valle aislado como el del Issa, provoca una moral que marca y condiciona a algunos personajes, especialmente femeninos, como el de la joven Magdalena. Sin embargo otras mujeres como la abuela Misia se mueven con soltura en ese espacio mítico que en otra época la hubiera podido llevar a la hoguera por bruja.

El trasfondo nacional y clasista también era fuente de dificultades. Durante la Iª Guerra Mundial, Lituania que había sido un territorio que había pertenecido al Imperio Ruso igual que Polonia, estuvo ocupada por Alemania (una escena nos lo recuerda cuando Tomás ve entrar tres alemanes en Ginie, su pueblo). Uno de los alemanes que entró en Ginie impresionó a Tomás que volvió a verlo, sin reconocerlo, cuando veinte años más tarde, instalado en un coche de general (…) atravesaba las calles de una ciudad de Europa Oriental, que acababa de ser tomada por el ejército del Führer (39-40). 

Por el Tratado de Brest-Litovsk (marzo de 1918), la Rusia revolucionaria negoció unilateralmente la paz con Alemania y perdió una serie de territorios entre los que estaba Lituania. Tras declarar su independencia en febrero de 1918 se libró una guerra entre 1918 y 1921 contra la recién proclamada República de Polonia, que había intentado anexionarse el Estado lituano. La guerra se saldó con la pérdida de un 20% de su territorio, incluida la capital Vilna. Eso deja en fecha incierta el momento en el que se desarrolla la acción que narra la novela, pero yo me decantaría por este periodo de guerra con Polonia. 

En El valle del Issa hay un constante malestar entre lituanos y polacos ya que los dueños de la tierra son polacos mientras los trabajadores son lituanos. La familia Surkont es peculiar porque siendo propietarios de tierras son lituanos aunque la abuela Dilbin se considera polaca y defiende la intervención del padre de Tomás y su tío que, integrados en el ejército polaco, habían combatido a los bolcheviques y por ello no podían vivir en Lituania. 

Las tristezas… 

Tomás, por todas estas circunstancias políticas, vive en casa de sus abuelos alejado de sus padres, echa en falta la figura paterna y por ello se acerca a Romualdo, admirado por su capacidad para cazar y en el que busca ese referente paternal del que carece. Con él aprende a cazar aunque sin llegar a la perfección deseada por Tomás para agradar a su mentor. Tomás debe hacer compatible su amor por los animales, especialmente los pájaros, con la caza (preciosas son las descripciones de los urogallos y de las escenas de caza). Finalmente resolverá sus contradicciones en favor de los animales por sus imperfecciones como cazador. 

Su despertar a la sexualidad también será fuente de desazón y preocupación para un adolescente que no sabe interpretar sus deseos abandonado en su descubrimiento de la vida. 

Y el final… 

Aunque el tono de la novela es pesimista y Tomás está rodeado de personajes cuyo destino será trágico, hay algunos aspectos de cierto optimismo, en especial, la relación con su abuelo y la aparición de su madre que se lo lleva del valle creando una expectativa esperanzadora de cara al futuro. Sin embargo algunas brevísimas referencias a los años posteriores, como la sucedida veinte años después con el militar alemán, no parecen dejar abierta dicha esperanza, ni para Tomás ni para el país: 
¿Dónde estará el país en el que se refugian unos y otros cuando la tierra se ve aplastada por hileras de tanques, cuando los que van a ser fusilados cavan sus propias tumbas junto al río, mientras entre sangre y lágrimas, penetra la Industrialización en la aureola de la Historia? (13). 
Los mejores párrafos 

Una de las grandes virtudes de Czeslaw Milosz es lo bien que escribe, los mejores fragmentos están vinculados con la naturaleza, los bosques, el río y el paso de las estaciones. Leerlos es un auténtico placer puesto que te trasladan a un lugar desconocido pero que, leyendo sus magníficas descripciones, eres capaz de imaginar e imbuirte en él con facilidad. 

El otoño: 
Los olores del otoño… Es imposible explicar de dónde proceden, ni de qué extrañas mezclas están compuestos: la putrefacción de las hojas y de las pinochas, la humedad de los blancos hilillos de los talos, en el mantillo, bajo los viscosos ramojos de los que salía la corteza (156). 
En la estación de los cuentos y de las canciones, ya bien entrado el otoño, los dedos extraían el hilo de la madeja de lana acompañados por el rítmico golpear del pedal de la rueca (10). 

El paso del tiempo: 
Nadie vive solo: cada uno habla con los que ya han pasado, cuyas vidas se encarnan en él, sube los peldaños y, siguiendo su huella, visita los rincones del edificio de la historia. De sus esperanzas y frustraciones, de los signos que han quedado tras ellos, aunque no sea más que una letra esculpida en una piedra, nacen la serenidad y la moderación para poder emitir luego un juicio sobre uno mismo. Pueden considerarse afortunados los que llegan a conseguirlo. Nunca y en ningún lugar se sienten solos y aislados, les fortalece el recuerdo de todos los que, al igual que ellos, tendieron hacia un objetivo inalcanzable (124). 

Una excelente novela, bien escrita (lástima los errores tipográficos de la edición), con una historia que entrelaza múltiples personajes que se cobijan en un valle de una naturaleza apabullante y bella.

viernes, 17 de junio de 2016

LECTURA LENTA


Este prólogo llega tarde, aunque no demasiado tarde; ¿qué más da, a fin de cuentas, cinco años que seis? Un libro y un problema como éstos no tienen prisa; además tanto mi libro como yo somos amigos de la lentitud. No en vano he sido filólogo, y tal vez lo siga siendo. La palabra “filólogo” designa a quien domina tanto el arte de leer con lentitud que acaba escribiendo también con lentitud. No escribir más que lo que pueda desesperar a quienes se apresuran, es algo a lo que no sólo me he acostumbrado, sino que me gusta, por un placer quizá no exento de malicia. La filología es una arte respetable, que exige a quienes la admiran que se mantengan al margen, que se tomen tiempo, que se vuelvan silenciosos y pausados; un arte de orfebrería, una pericia propia de un orfebre de la palabra, un arte que exige un trabajo sutil y delicado, en el que no se consigue nada si no se actúa con lentitud.
FRIEDRICH WILHEM NIETZSCHE, Aurora (1881).



Lo que son las cosas, fue la comida la que me llevó a esta reflexión. Hace unos días fui a cenar con unos amigos a un restaurante de comida lenta (slow food) y kilómetro cero.

Me gustó lo que comí y me gustó su filosofía, luego pensé que algo parecido se podía aplicar a la lectura… sí, empecé a darle vueltas a que hay libros que solo se pueden leer con lentitud, libros que requieren amor por las letras, por las sílabas, por cada línea que crece creando una historia, una propuesta, una emoción o un mundo.

Yo que soy lectora rápida, sé que con algunos libros tengo que desacelerar el ritmo, acompasarlo a las pausas que requieren ciertos versos, sosegar la mirada de mi iris verde para absorber todo el caudal que circula en un fragmento, calmar el gesto, colgar las prisas  en el momento maravilloso de abrir la página, en la que nos quedamos la noche anterior, y avanzar en la lectura gradualmente, sin meta aparente.

No hay autores/as de lectura lenta, ni géneros, ni obras laureadas, cada cual sabe cuáles son esos libros porque ha experimentado esa necesidad de calma cuando se ha adentrado entre sus páginas. Estoy pensando en que lectura lenta será una nueva etiqueta en esta mi casa.


Y se me ocurrió indagar por si alguien había hablado de lectura lenta… Y sí, hay poco por inventar, e igual quienes me leéis en este momento ya lo conocíais. Parece ser que sus defensores/as lo hacen para aumentar la comprensión o por placer. Hablan de recuperar el tiempo de lectura, esos momentos dedicados exclusivamente a leer y a disfrutar de la minuciosidad de la lectura. Leer lento permite afrontar el vértigo de la vida moderna, reducir el estrés.
Cuerpo en calma, mente curiosa y corazón abierto.

Este es el lema de los socios/as del Club de Lectura Lenta de Wellington, Nueva Zelanda, que se reúnen una vez por semana en un bar: piden algo para tomar, apagan los móviles o cualquier otro dispositivo electrónico y leen una hora en silencio. Solo hace dos años que existe este club.
Me pregunto si podríamos crear un club virtual o presencial con este planteamiento…