viernes, 24 de octubre de 2014

DONNA TARTT


Escritora estadounidense que en diciembre cumplirá 51 años, famosa desde los 28 por su primera novela, El secreto (1992), y que ha publicado solo tres novelas en veinte años. Una mujer discreta, hermética, atípica en esta época del selfie puesto que hace pocas concesiones a los medios de comunicación. 

Una melena corta y recta que endurece los rasgos de una mujer delgada, de piel pálida y ojos verdes. Un look anacrónico a lo George Sand con camisas masculinas, blazers, corbata o grandes sobretodos que confirman, con esa prenda amplia, larga y ligera, una imagen gótica que potencia en sus novelas y en su imagen. 



Pocas concesiones al color con prendas en las que domina el gris, el negro y el blanco, escasos complementos: anillos, un pañuelo, y poco más. Ligeros toques de maquillaje especialmente en los labios.

Donna Tartt, de mirada seria, dura y distante, tiene, sin embargo, una vena creativa que canaliza a través de la literatura, un medio para crear mundos imposibles y vivirlos plenamente a través de la escritura (y la lectura) y ese rasgo de su carácter emerge cuando ilumina su look masculino con una corbata fucsia o decide dulcificar su imagen con una leve sonrisa y una camisa ultra femenina con cuello amplio y puños de encaje. 



Sin duda una mujer de fuerte personalidad que se esconde del gran público y ha logrado vivir de su literatura con solo tres obras que han conseguido ser best sellers y mantener buenas críticas entre escritores y lectores cultos. Quizás está es la razón de la concesión este año del Premio Pulitzer a El jilguero.

viernes, 17 de octubre de 2014

RICHARD YATES, Las hermanas Grimes.

Ninguna de las hermanas Grimes estaba destinada a ser feliz, y al echar una mirada retrospectiva siempre da la impresión de que los problemas comenzaron con el divorcio de sus padres. Ocurrió en 1930, cuando Sarah tenía nueve años y Emily cinco.

El inicio de la novela nos indica sucintamente el argumento, la época y las protagonistas, las dos hermanas Grimes. La lectura de esta obra tiene una razón irracional, sí, no es contradictorio (o eso creo). Buscando Finnegans Wake (y no encontrándola en ese momento), aproveché para echar un vistazo a la sección de literatura de mi biblioteca más cercana. No encontré ninguna de las novelas que deseaba leer, así que me dije, “voy a empezar por el principio y a ver qué me llama. Por hacerlo al revés empecé por el final y esta novela estaba ahí en la Y, no me costó mucho encontrarla y decidirme, aunque no conocía al autor. Se trata de una novela  breve de 224 páginas, así que si erraba el tiro, no me iba a hacer perder mucho tiempo.


Richard Yates nació en Nueva York en 1926 y murió en Birmingham, en 1992. Con una infancia difícil, encontró en la escritura un medio para liberar sus demonios interiores y para vivir. Tímido, alcohólico y solitario, es capaz de construir ese mundo mediatizado por el alcohol que es la escapatoria a la frustración. Empezó escribiendo relatos pero alcanzó mayor reconocimiento con sus novelas. La Vía Revolucionaria (1961) y Las hermanas Grimes (1976), también conocida como Desfile de Pascua, son sus novelas más conocidas. Pese a su relativo éxito murió olvidado por todos. En la primera década del siglo XXI se empieza a reconocer su valía y a traducir/editar sus obras (la que he leído es del 2009).


¿He errado el tiro?

Cuando inicié su lectura pensé que sí, pero pronto cambié de opinión. No es fácil aceptar que hay personas que pasan de largo por sus propias vidas y menos que sus vidas estén abocadas a la infelicidad. Con una sencillez y limpieza que apabullan, Yates recorre dos posibilidades de encarar la vida que acaban siendo igualmente desoladoras. Sarah elige la más tradicional, el hogar y la dedicación a la familia tras las posibilidades de empleo femenino que había abierto la II Guerra Mundial, opción que se propagó desde el poder entre las mujeres norteamericanas para que dejaran sus puestos de trabajo a los soldados desmovilizados. Emily opta por una vida autónoma, el matrimonio y los hijos no son su objetivo principal y, tras licenciarse en la Universidad, vive de su trabajo con la amenaza de la soledad siempre al acecho.

Dicen de él que es el escritor de la “era de la Ansiedad” en EUA (término acuñado en 1947 por el poeta W. H. Auden), aunque el trasfondo histórico está casi ausente en esta novela salvo en breves y precisas pinceladas. Quizás esa época acabó llamándose así por el desconcierto, la confusión, la inquietud y la inseguridad que, tras dos terribles guerras mundiales, provocaron las transformaciones de las formas de vida y de relación personal tradicionales.
(…) vivía continuamente de recuerdos. No había vista, sonido u olor en todo Nueva York que no tuviera alguna asociación: caminara donde caminase, y había veces en que caminaba durante horas, solo encontraba el pasado (p. 211).


En todo caso, la lectura de esta obra deja un regusto amargo, desagradable y triste al contemplar como la vida de las dos hermanas se derrumba y queda reducida a polvo y cenizas sin comprender qué ha pasado y cómo han podido contribuir a ello. Frágiles marionetas zarandeadas por un destino que se torció en su infancia cuando el divorcio, signo de los cambios que empezaron a producirse en la vida familiar tradicional, agitó y desestructuró la vida de las dos hermanas Grimes, en un momento de crisis mundial tras el crac de 1929. Pese a ello, ambas se construyeron en su juventud ilusiones y esperanzas que en la madurez quedaron pulverizadas.

domingo, 12 de octubre de 2014

CAPITALISMO A LA CHINA. YAN LIANKE, El sueño de la aldea Ding.

Dice Lianke, en el Epílogo, que cuando terminó de redactar esta novela me senté alicaído y dos regueros de lágrimas comenzaron a brotar incontenibles. Me encontraba abatido y sin fuerzas, como si me hubiera arrancado los huesos, con una especie de impotencia reprimida por la soledad y la desesperanza, varado en un extenso y deshabitado mar, en una isla desierta sin aves ni plantas. 

Quizás la gran sequía que se abate sobre la aldea Ding, a partir del libro séptimo (p. 297), es un reflejo de este estado de desolación en el que acabó de escribir la novela el autor, que solo se permite soñar en las últimas, y mitológicas líneas, con la posibilidad de la lluvia.

El autor señala en el Epílogo el intenso dolor y la desesperanza frente a la escritura que sintió al terminar esta obra que considera como un legajo de dolor y desengaño. Y por ese hondo dolor que puede transmitir al lector, pide disculpas. 

La primera pregunta es, por tanto, inevitable: ¿me ha inundado el dolor? Y la respuesta es clara, sí. La lectura de esta novela no puede dejar indiferente a nadie, duele el acontecimiento que narra, muestra de un capitalismo a la China que da pavor, duele la mezquindad humana que expone y duele la poesía que, pese a todo, destila esta obra. 

Llegué a esta novela de 368 páginas por la lectura de una reseña de Jesús Ferrero, titulado “Implacable capitalismo”, publicada en noviembre de 2013. El título de esta novela puede hacer referencia al recurso que utiliza el autor, a través de grandes fragmentos en cursiva, de sueños premonitorios que anticipan lo que puede ocurrir. Dice Ferrero que el título evoca, irónicamente, la gran novela clásica china El sueño del pabellón rojo

¿Por qué he titulado esta reseña como capitalismo a la China? Porque esta novela describe un hecho real que muestra el descontrol del capitalismo que se está desarrollando en China desde una economía planificada. China es el primer país del mundo que siendo una economía socialista está desarrollando un capitalismo permitido por un régimen totalitario controlado por el Partido Comunista. La novela trata del enriquecimiento de unos pocos a costa de la gran mayoría, la esencia del capitalismo, bajo el amparo del todopoderoso Estado chino. 


En la provincia de Henan, de donde es originario el autor, se extendió en la década de los 90 una epidemia que afectó a miles, quizás millones, de personas y, que a falta de información, llamaron enfermedad de la fiebre y que no era otra cosa que SIDA. Esta enfermedad se produjo como consecuencia de la compra-venta de sangre que incentivó el Estado y que se llevó a cabo sin ningún control sanitario. 

Esta tragedia está contada a través de un narrador muy peculiar: un niño de doce años muerto que es envenenado en la aldea Ding como venganza contra su padre que se ha enriquecido con el comercio de la sangre. Su abuelo, que va adquiriendo gran protagonismo en la novela es la figura contrapuesta a su hijo que desde unos referentes de ética y de justicia no acepta su actitud.

A partir de ahí y con un porcentaje importante de enfermos en la aldea, el autor muestra la mezquindad humana que no impide, pese a la proximidad de la muerte, la envidia, el robo, la ambición, el odio, el abuso, etc. La escuela desmantelada, los árboles talados, los enfrentamientos entre familias y, dentro de ellas, en las parejas si uno está infectado y el otro no. En medio de esta situación florece una bella historia de amor, que tampoco está libre del egoísmo, entre dos enfermos abandonados por sus parejas por la enfermedad.

Mi tío y Lingling se fueron a vivir juntos como marido y mujer. 
Fue una sorpresa por completo inesperada. 
Nadie hubiera imaginado que tuvieran el coraje de hacerlo delante de las narices de todos los vecinos de la aldea. 
Pero mi tío y Lingling eran como el agua y la arena que la absorbe, como dos imanes de polos opuestos que, ¡clac!, se quedan enganchados al acercarse como la tierra y la semilla que el viento posa para acabar echando raíces en ella (p. 211). 

Las referencias al sistema totalitario chino son muy escasas para evitar la censura, pero sobresale por cualquier resquicio el poder y la autoridad de los funcionarios del Estado, y miembros del Partido Comunista, las posibilidades actuales de enriquecimiento individual haciendo uso de sus cargos y el poder para escapar de las responsabilidades por la extensión de una epidemia como el SIDA. La ignorancia del pueblo, la falta de información y la supervivencia de tradiciones anteriores a la llegada al poder de los comunistas como el matrimonio apalabrado por las familias, ciertas creencias de la mitología china (como la necesidad de casarse tras morir si la muerte les ha sorprendido sin tener pareja), el papel tradicional de la mujer, etc., facilitan el abuso del poder. Y tengo que decir que me he reído, dentro del drama, cuando describe los féretros de los nuevos ricos chinos en los que a falta de religión tradicional, recurren a la religión mundial actual: casas, coches, electrodomésticos y, como no, los inevitables bancos, bienes de consumo o grandes símbolos de la riqueza. 

El estilo de Lianke es muchas veces escueto, preciso y desnudo, pero no exento de lirismo y de una triste y profunda belleza. 
Los rayos del sol irradiaban sobre la aldea Ding. 
Hasta el último rincón había florecido en el lapso de una sola noche. Ciruelos en flor, crisantemos, peonías y rosas; jazmín amarillo y orquídeas salvajes; florecillas silvestres de las que habitualmente crecen en las laderas del monte, como jaramagos, dientes de león y almorejos, allá a lo lejos, sobre el antiguo cauce del Rio Amarillo, y hasta en las tapias de corrales y establos, salpicándolo todo de verde, rojo, amarillo, cárdena y magenta (p. 87, en cursiva en el original). 

Construye una historia, entre realidad y sueños, que por su manera de contemplar al ser humano se convierte en universal. Está organizado en ocho libros que, a su vez, tienen capítulos, aunque los últimos son muy breves puesto que la acción se resuelve muy rápidamente. Conforme vas leyendo te vas interrogando sobre los comportamiento humanos de estos aldeanos chinos y sobre la similitud con cualquiera de los que andamos por estos lares. Una espléndida novela.

viernes, 10 de octubre de 2014

UN HOMBRE RESERVADO: YAN LIANKE


Su rostro es un poema que lo dice todo, mira con astucia e inteligencia, su mirada denota concentración en lo que le dice el interlocutor y reserva, escucha a la defensiva porque sabe que es libre al escuchar pero no al responder. Pensará mucho sus palabras para evitar tener problemas, preferirá una respuesta metafórica que no una directa, es mucho más seguro. Su cabello está peinado con un corte de pelo que tan solo busca la comodidad, su mano apoyada en los labios es un escudo protector, lleva un polo muy sencillo con el cuello de color burdeos. No le preocupa la ropa, ni la estética, es el primero que ha encontrado al abrir la cómoda. Dudo que lo haya elegido él.

Yan Lianke nació en China (en Henan) en 1958. Entró en el ejército en 1978 y estuvo en él hasta el 2004, estudió dentro de la institución militar Ciencias Políticas y Literatura y en la actualidad es catedrático de Literatura en la Universidad del Pueblo y escritor. Pese a que ha recibido diversos premios en su país, algunas de sus obras no se pueden conseguir ya que han sido retiradas nada más publicarse.


Entre libros parece cómodo pero no abandona sus reservas, su actitud defensiva y resignada. Un militar utiliza muchas veces el uniforme y no necesita elegir la ropa para vestir, el desinterés por su imagen es evidente: jersey gris de lana gruesa, bufanda de cuadros (de nuevo el color burdeos) y una cazadora de polipiel marrón de diseño anodino y sin gracia.

Sus preocupaciones pasan por esquivar la censura, conservar su puesto de profesor en la Universidad que puede desaparecer en cualquier momento y escribir desde la autenticidad y la libertad utilizando recursos literarios que le permitan no acabar expulsado de cualquier organismo oficial. La vida en China no es fácil, su imagen lo confirma una y otra vez.


viernes, 3 de octubre de 2014

COLUM McCANN, Transatlántico.

A esta novela llegué por un comentario laudatorio que hizo en mayo en Babelia, Antonio Muñoz Molina. La novela tiene 357 páginas y su título tiene relación con el vuelo transatlántico sin escalas que, en 1919, hicieron dos jóvenes pilotos entre Terranova e Irlanda. Pero hay una metáfora tras esa palabra puesto que, en realidad, la novela trata de cuatro generaciones de mujeres que realizarán ese mismo viaje entre “las dos orillas” como acertadamente dijo Andrés Neumán en una de sus obras. 


Colum McCann nació en Dublín en 1965 (y por aquellas cosas azarosas que tiene la vida empecé a leerla en esa ciudad sin saber que Irlanda tenía un protagonismo tan destacado en la novela), pero vive en la actualidad en Nueva York. Estudió periodismo y trabajó como tal en Dublín hasta que decidió trasladarse a EUA en 1986, allí empezó su carrera literaria en la década de los noventa. Transatlántico fue editada en 2013 y traducida al castellano en 2014. 


Una de las cualidades de esta novela es la manera en la que McCann mezcla la realidad y la ficción y ambas realidades encajan tan bien que no somos capaces de diferenciar lo real de lo inventado. La novela empieza en un avión de la Iª Guerra Mundial de madera, tela y alambre, en 1919, con la intención por parte de los dos jóvenes aviadores de sofocar la memoria. Crear un nuevo momento, en bruto, dinámico, libre de guerra.(…) No querían recordar las bombas que habían esquivado ni los accidentes ni las quemaduras ni las celdas en las que los habían encerrado ni los abismos que habían visto en la oscuridad (p. 18). De esta manera para sofocar la memoria planifican un vuelo sin escalas cruzando el Atlántico Norte en una aventura temeraria y arriesgada. 

Irlanda y América del Norte no son solo las dos orillas de este complicado vuelo sino que son los dos espacios que cuatro generaciones de mujeres transitaron desde mediados del siglo XIX hasta el siglo XXI. La primera mujer de la saga, Lily, queda encandilada por el esclavo y agitador Frederick Douglass que viaja a Dublín en 1845 para hacer adeptos a favor del abolicionismo. Decide, en medio de la hambruna provocada por la escasez de patatas debido a la plaga de tizón tardío o mildiú de la patata, emigrar a América del Norte. 
Hombres que yacían sin sentido a los pies de la verja de alguna pensión. Mujeres que deambulaban cubiertas de harapos. No; hechas un harapo. Niños que corrían descalzos. Ruinas humanas que lanzaban miradas encendidas desde un alféizar. Ventanas rotas y polvorientas. Ratas que correteaban por los callejones. El cuerpo inerte y abotargado de un asno en un patio. Perros en los huesos (p. 60). 
FAMINE MEMORIAL, Dublín. 
Un conjunto escultórico financiado por descendientes, en Canadá, de irlandeses que emigraron debido a la "Gran Hambruna"

En 1978 el escenario es Irlanda del Norte y la ciudad de Belfast como espacio de enfrentamiento entre católicos y protestantes. En 1998 un senador norteamericano media entre las dos partes y consigue que se firmen los acuerdos del Viernes Santo. Mientras tanto la familia que forma Lily cuando emigró a mediados del siglo XIX, donde predominan las mujeres, ira tejiendo un rompecabezas que encajará al final de la novela y que es un canto a la lucha y la libertad, a menudo frustradas para los más débiles. Unas mujeres que escriben, hacen fotografía y, sobre todo, buscan ser ellas mismas al margen de las normas. Hoy los débiles son quienes tienen que ceder sus casas a los bancos por desafortunadas hipotecas como la que, en medio del horror por ver asesinado a su hijo de 19 años, tiene la última mujer de la saga. 
En ocasiones –habrán pasado meses, años, décadas-, Lottie repara en cuán extraño resulta que las palabras nos abandonen, que el futuro nos interrogue sobre lo que debería haberse preguntado el pasado, que las frases nos esquiven tan fácilmente y nos quedemos, a la postre, en la mera búsqueda (293). 
Presente y pasado, personajes reales y de ficción, historia y fantasía. Todo ello imbricado con un talento y unos sentimientos que conmueven.
Una novela que no se olvida.

viernes, 26 de septiembre de 2014

JUSSI ADLER-OLSEN, DEPARTAMENTO Q. La mujer que arañaba las paredes.

He llegado a este autor de novela negra a través de un medio poco habitual ya que asistí antes del verano, en mi librería habitual, a la presentación de su último libro del departamento Q. En esta presentación habló sobre el plan de esta serie del Departamento Q que ya tenía escrita en líneas generales y bien guardado ese material en una caja fuerte. Si no recuerdo mal dijo que serían diez volúmenes y ni uno más. 

Cuando fui a escucharle no había leído ninguna de sus obras pero tenía comprada la primera, La mujer que arañaba las paredes, y compré la tercera supongo que por descuido. Me sorprendió que entre el público había auténticos entusiastas de esta serie que preguntaron detalles sobre los personajes que despertaron, y mucho, mi curiosidad. Así que intercalado con otras lecturas le busqué un hueco a este primer volumen de 429 páginas. Su título hace referencia a la protagonista del caso, que resolverá el Departamento Q, que fue secuestrada y encerrada en un espacio reducido en el que rascaba las paredes.


Es posible que cuando hayáis empezado a leer esta reseña la hayáis catalogado ya: novela negra y nórdica, una serie más. Pese a que tengo que ir contra ese estereotipo (en cierta manera ganado a pulso por tanta novela con estas características publicada), me voy a arriesgar a recomendarla por varios motivos: en primer lugar por sus dos personajes principales, el inspector Carl Morck, un tipo de los que me gusta encontrar en este género, atormentado, individualista, conflictivo e inteligente. Su ayudante, Hafez-el-Assad, un refugiado político sirio lleno de vitalidad que lleva unos años en Dinamarca y que se supone que no tiene ninguna cualificación como policía y que le ayuda para ordenar documentos, hacerle el café y limpiar. En segundo lugar la formación del Departamento Q, unidad especial dedicada a casos no resueltos, es una argucia por parte de sus superiores para retirar a Carl Morck de la circulación y, a la vez, obtener fondos para otros departamentos. Y en tercer lugar, la trama de este primer caso está centrada en una política, Merete Lyngaard, desaparecida hace cinco años y que en un inicio trepidante sabemos que está viva y encerrada en una especie de cápsula de descompresión. Sabemos más que la policía y vamos conociendo las rencillas y corruptelas del ambiente político y policial danés. 

La trama está bien construida, mantiene en todo momento la atención y, pese a que va alternando momentos cronológicos diferentes, resulta fácil de seguir. En definitiva, una buena, y entretenida, novela negra que nos permite también conocer un país supuestamente modélico como es Dinamarca

miércoles, 24 de septiembre de 2014

CAUTIVADOR Y ESCRITOR: JUSSI ADLER-OLSEN

Puedes contemplar una imagen durante toda una semana y no volver a pensar en ella de nuevo. Aunque también puedes mirar una foto tan solo un segundo y recordarla toda la vida.
JOAN MIRÓ

Voy a intentar, partiendo de alguna foto (o fotos) de los autores/as que leo, hacer un PIE DE FOTO, con lo que me inspiran. Será inevitable que la lectura de su obra o algún rasgo biográfico me ayuden. Es posible que no todos me transmitan algo que decir, así que solo lo haré con aquellos/as que me inspiren.

JUSSI ADLER-OLSEN 


Jussi Adler-Olsen nació en 1950 en Copenhague, es un hombre atractivo, su imagen transmite juventud y vitalidad, no para de sonreír y gesticular mientras habla. Hizo la presentación de la serie del Departamento Q, a la que yo asistí, de pie mientras una joven traductora sentada iba reproduciendo sus palabras.

Estudió medicina, sociología, historia y comunicación audiovisual. Se dedicó al periodismo y fue coordinador del Movimiento por la Paz de Dinamarca. Empezó su carrera literaria tarde, en el año 2004, y el éxito de su primera novela, La casa del alfabeto, impulsó su posterior serie del Departamento Q. 

Su cabello canoso, siempre muy corto, su perilla muy recortada y una media sonrisa, denota un ligero cinismo que capta la atención de quien lo escucha, al igual que sus libros. 

Acostumbra a llevar pantalones sport, tejanos o chinos, de colores oscuros: negro, azul, gris. En este caso combinó un chino azulón con una camisa de dibujo geométrico en tonos blanco y negro. Una buena combinación de atrevimiento sesentero moderado por lo reducido del tamaño del dibujo, una camisa de calidad. Lo más anodino resulta el cinturón de piel avejentada.


Es posible que en momentos determinados introduzca elementos disparatados como una bufanda de colores, o una carcajada, que resultan excesivas combinadas con su lado más tradicional (que puede llegar al traje gris sin corbata), una camisa blanca de cuadros y un abrigo gris. Son los detalles fou los que explican sin duda alguna que haya sido capaz de escribir la serie desbordante, loca y muy negra del Departamento Q.


Cuando combina jerséis grises con una estudiada camiseta blanca que le da la réplica perfecta a ese color anodino y tejanos negros, su imagen es impecable, la imagen de un hombre polifacético, imaginativo, impulsivo, comprometido y que cuida su imagen para cautivarnos. Se le nota su deseo de alcanzar el éxito y para ello puede parecer que ha variado el rumbo profesional, no me extrañaría que tuviera reputación de persona camaleónica, pero esto no hace sino demostrar su flexibilidad y creatividad. Su capacidad para la escritura.

viernes, 19 de septiembre de 2014

AGOTA KRISTOF, Claus y Lucas.

Este libro, editado en 2007, llevaba en casa unos cuantos años, quizás cinco o seis. No me había llamado la atención en todo ese tiempo. La lectura de una reseña de otra obra (no recuerdo ahora en qué blog) y la recomendación de Dr Krapp que la estaba leyendo, me animaron a su lectura.

El título responde a los dos hermanos que protagonizan las tres novelas que componen este volumen, Claus y Lucas, cuyas letras cambiadas dan lugar a los dos nombres y no es por casualidad. Las tres novelas se titulan: El gran cuaderno (1986), La prueba (1988) y La tercera mentira (1991). En esta edición están publicadas las tres formando un volumen de 444 páginas.


Agota Kristof nació en Hungría en 1935 y murió en Suiza en 2011. A los 21 años escapó de Hungría al ser aplastada la revolución de 1956 por las tropas del Pacto de Varsovia. Trabajó en una fábrica de relojes en Suiza e intentó compaginarlo con su trabajo como escritora, primero en húngaro y después en francés. Su primera novela fue El gran cuaderno.

Claus y Lucas es la historia de dos gemelos que viven en una ciudad fronteriza de cuyo nombre no sabemos nada. El momento en el que arranca la historia es la II Guerra Mundial y entre los tres libros se avanza en la Guerra Fria en un país de socialismo autoritario y su fin acercándonos al presente. 

En El gran cuaderno el relato se desarrolla en presente y en plural, los dos gemelos son uno que nos va explicando sus peripecias desde la perspectiva de dos niños de seis años. La narración se basa en una descripción de los hechos amoral, sin emociones. Pese a que parece que la autora nos aboca a conocer la vida triste de dos niños en medio de una terrible guerra, la realidad es otra. La maldad aparece de la mano de unos niños dispuestos a sobrevivir, a juzgar y a impartir justicia si es preciso. 


En La prueba el relato cambia, la narración pasa a la tercera persona y cambia puesto que Claus parece haber desaparecido y aparecen nuevos personajes que son importantes pese a su carácter secundario (Víctor, Peter, Yasmine y Clara). En esta segunda novela empiezan las dudas sobre la existencia real de Claus y, por tanto, de la autenticidad de lo narrado en El gran cuaderno. Sin embargo la autora juega con el lector cuando parece indicar que el dolor de Lucas por la separación de su hermano le ha provocado su olvido. 

Lucas dice: 
-Conozco el dolor de la separación. -La muerte de tu madre. -No, es algo distinto (p. 208). 
En esta segunda parte tiene gran relevancia la “presencia” del ambiente arbitrario, frío y terrorífico del totalitarismo. No se apunta a un país, se pretende la denuncia universal de cualquier sistema en el que el poder lo ejerce una minoría y la mayoría están desposeídos de los derechos políticos más elementales. Le dice Lucas a Peter miembro del partido en el poder:
-¿Y tú, Peter? Tú también tendrás que responder alguna vez a determinadas preguntas. Yo he asistido algunas veces a tus reuniones políticas. Haces discursos, la sala te aplaude. ¿Crees sinceramente en lo que dices? 
-Estoy obligado a creer. 
-Pero, en lo más profundo de ti mismo, ¿qué piensas? 
-No pienso. No puedo permitirme ese lujo. Llevo el miedo en mi interior desde la infancia (p. 233). 

La prueba termina con un informe policial en el que se solicita la repatriación de Claus T. y en el que parece que ninguno de los personajes ha existido nunca. 

Y La tercera mentira es un relato totalmente diferente en el que se pasa de la primera a la tercera persona y del presente al pasado y de éste al presente. En este tercer libro se descubre la identidad del narrador: todo lo que sabemos de los gemelos se conoce a través de sus cuadernos, escritos a lo largo del tiempo. La confusión, las dudas sobre lo verdadero y lo falso, la incomodidad del lector que se había hecho una idea y la autora se la destroza en pedazos sin encontrar tampoco la alternativa, domina este último libro. Y es que la autora nos contagia la idea de lo poco sugestiva que es la realidad y de la necesidad, quizás, de la mentira.

-Lo que quisiera saber es si escribe cosas que han ocurrido de verdad o cosas inventadas. Le contesto que trato de escribir cosas que han ocurrido de verdad pero que, en un momento dado, la historia se hace insoportable por su misma verdad y entonces me veo obligado a modificarla. Le digo que intento contar mi historia pero no puedo, no tengo valor, me hace mucho daño. Entonces lo embellezco todo y describo las cosas no como sucedieron sino como yo querría que hubieran sucedido (p. 317). 

Las tres historias tienen en común el cuidado y preciso estilo de su autora que nos presenta un verdadero galimatías al que se le da vueltas días después de su lectura. Cuando se acaba la lectura no se puede concluir nada, quizás no es necesario y simplemente debemos dejarnos embargar por lo triste que puede ser la vida acuciada por el desarraigo, la soledad, el totalitarismo, la guerra y la represión. Ninguna reseña puede acercarse a la intensidad que su lectura provoca.

sábado, 13 de septiembre de 2014

JEANETTE WINTERSON, La niña del faro.

El entusiasmo de Ana, del blog Blasfuemia, me condujo a esta novela. Los faros y las historias narradas oralmente fueron otros incentivos que me motivaron a buscarlo. La niña del faro tiene 199 páginas y su título habla de una niña huérfana que es adoptada por el farero, el señor Pew, de un remoto pueblo de Escocia. La portada del libro es un caballito de mar que, en la novela, simboliza al frágil héroe del tiempo


Jeanette Winterson (Manchester, 1959) es considerada una de las mejores escritoras anglosajonas de la época contemporánea. Trata con frecuencia el tema de la homosexualidad femenina por su opción sexual personal que nunca ha ocultado desde los 16 años. La niña del faro fue publicada en 2004 y un año después en castellano. 

Esta novela tiene muchos ingredientes para gustarme: un faro situado en un lugar agreste y solitario en un remoto pueblo de Escocia; un farero que cuenta historias que parecen saltar en el tiempo, o mejor, historias eternas sin tiempo; personajes atractivos por su trágico destino; y, sobre todo, historias y más historias contadas por el farero y luego por Silver, la niña del faro.



Silver es una niña especial, eso ya se lo decía su madre cuando era muy pequeña: Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. Y de esta forma Silver se acostumbra a que el farero le cuente historias para no sentirse sola. Y en esas historias contadas por el farero, el señor Pew, aparece Babel, un hombre atormentado con una doble vida al estilo del doctor Jekyll y el señor Hyde. El amor, o el desamor, es el leit motiv de las historias que se cuentan en esta obra. 

Mejor pensar en mi vida así: parte milagro, parte locura. Mejor aceptar que no puedo controlar nada de lo que realmente importa. Mi vida es una estela de naufragios y de partidas a toda vela. No hay llegadas ni destinos. Solo bancos de arena y naufragio. Luego, otro barco, otra marea (p. 116). 
Jeanette Winterson escribe bien, tiene un estilo rápido, poético y que llena de contenido existencial. De esta manera es imposible no ensoñar el paisaje, el faro, los personajes solitarios y llenos de la magia de la palabra. Su escritura ilumina momentos muy concretos de las historias que aparentan que están deslavazadas, pero es que la narración continua de la existencia es mentira. No existe tal cosa: existen momentos que se iluminan, y el resto es oscuridad (p. 122). Y aunque las palabras se desvanecen y, a veces, las más importantes no se dicen, lo cierto es que las palabras son la parte del silencio que puede ser hablada (p. 123). 

De esta forma, hilando historias, silencios, posibilidades, nombres, lugares y personajes entrañables, esta novela te envuelve. Pese a todo, no me parece una novela redonda, algunas veces las historias no acaban de encajar de forma clara y acaba siendo reiterativa.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

LIBROS VACIOS

DAVID JIMÉNEZ


Llevo meses pensando en algo extraño.

Los libros forman parte de mi vida de una forma íntima y gozosa. Prefiero leer a casi cualquier otra actividad, necesito estar arropada de libros y estimulada por palabras. Los libros son para mí una fuente de placer, pero también son un reto, un esfuerzo por desentrañarlos, una incitación a la reflexión y a la resolución de dudas e interrogantes.

Leer me ayuda a pensar, a esclarecer, a meditar. A veces leer es llorar y sonreír, pérdida y encuentro, viaje y parálisis. No puedo conformarme con la lectura pasiva, siempre me involucro, doblo páginas, señalo (siempre con lápiz), exclamo, vuelvo atrás, releo ese fragmento que me indujo a pensar algo diferente a lo que, páginas después,  parece decir...

Y cuando acabo la lectura, pongo mi nombre, el mes y el año en que lo he leído. Después anoto en mi libreta impresiones sucintas.

Ahora que compro bastantes libros en librerías de segunda mano y de ocasión, me da por pensar, con extrañeza, el poco valor que tendrán mis libros si acaban vendidos por quienes los hereden. De hecho, casi nadie considera que los libros sean una herencia a tener en cuenta, casi siempre son una molestia que no se sabe como resolver para dejar espacio a otros objetos. Casi todos los libros que compro en esas librerías de segunda mano están nuevos, sin puntitas de hojas dobladas, sin marcas de lápiz, sin la firma de su dueño, vacíos. Libros de alguien que no imprimió ni una pequeña señal de su lectura y que permiten poner a las librerías la máxima puntuación porque están “nuevos”, “sin marca”, “sin mácula”.


Quizás por mi entrega a la lectura, ésta me ha proporcionado una alegría más: mi búsqueda de Finnegans Wake ha finalizado. Estaba en el Mercat de S. Antoni, un mercadillo de libros viejos y de ocasión, comics, revistas, postales y videojuegos que se celebra los domingos en Barcelona. Un amigo lo ha encontrado para mi.

viernes, 5 de septiembre de 2014

STEFAN ZWEIG, Mendel el de los libros.

Un brillante relato de 57 páginas sobre la exclusión en la Europa de entreguerras, entre la Gran Guerra y la Guerra civil europea, entre tragedia y tragedia. Esa es la época que tuvo que vivir Zweig. 



Y Mendel, aquel hombre bueno y formal, habría tenido razón de haber soltado cualquier ordinariez que se le hubiera ocurrido, pues sólo un extraño, un ignorante -un amhorez, como él mismo decía- podía hacerle a él, a Kacob Mendel, una proposición tan humillante. Anotarle a él a Jacob Mendel, el título de un libro, como si fuera el aprendiz de una librería o el bedel de una biblioteca, como si aquella inigualable mente libresca, diamantina, hubiera tenido que echar mano jamás de un recurso semejante, tan vulgar. Sólo más tarde comprendí hasta qué punto había ofendido su genio singular con aquel amable ofrecimiento, pues Jacob Mendel, aquel judío de Galitzia, pequeño, comprimido, envuelto en su barba y además jorobado, era un titan de la memoria  (p 18). 
El narrador es un hombre que conoció a Mendel el de los libros en su juventud y que lo rescata en el fondo de su memoria, ya que ella se traga lo más importante, tanto en lo que respecta a los acontecimientos como a los rostros, tanto lo leído como lo vivido, dejándolo con frecuencia en lo más hondo, en la oscuridad, y no devuelve nada de ese mundo subterráneo sin que uno ejerza presión… Para ello cualquier minúsculo gancho puede ser bueno, una postal, unas letras, un olor, una sensación… y de pronto, lo olvidado resurge de un brinco de la fluida y oscura superficie, vivo y coleando. En este caso el gancho fue el Café vienés de Gluck y Mendel emergió del olvido: el mago, el corredor de libros que, imperturbable, se sentaba allí día tras día, de la mañana a la noche. 

Mendel, el librero de viejo, excluido en medio de una guerra entre naciones, la Gran Guerra, cuando para él solo había una patria, solo un territorio, el de los libros. Ese apátrida territorial, ese hombre de los libros fue capaz de enseñar que todo lo que de extraordinario y más poderoso se produce en nuestra existencia se logra sólo a través de la concentración interior, a través de una monotonía sublime, sagradamente emparentada con la locura.

Una joya, un libro para defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido

[Excepcionalmente no he puesto las páginas de los fragmentos excepto el primero, me parecía que entorpecía la lectura].

lunes, 1 de septiembre de 2014

GONZALO HIDALGO BAYAL, Campo de amapolas blancas.

 (…) el mejor estímulo del espíritu se hallaba en las hojas blancas de las amapolas, porque éstas contenían la esencia del paraíso, su síntesis primordial (p. 60-61). 
Se trata de un relato, más que de una novela, por su extensión, 97 páginas. Le acompaña un Epílogo de Luis Landero que incrementa las páginas hasta las 109. Su título es una metáfora que puede interpretarse de distintas maneras, una de ellas es la de la búsqueda de la felicidad en la juventud de su protagonista H. 


Gonzalo Hidalgo Bayal (1950), ha trabajado como profesor de lengua y literatura en la enseñanza secundaria. Es poeta, novelista y ensayista. Campo de amapolas blancas, es un relato publicado en 1997. 

Es la primera obra que leo de esta autor para mi desconocido, leí en la prensa una referencia a ella y me llamó la atención lo suficiente para comprarla.


Respecto al contenido la trama son los recuerdos sobre un amigo del que no sabemos el nombre, solo la inicial H., desde la niñez hasta su separación en la juventud siendo veinteañeros. Estamos en la España de finales de los sesenta en una ciudad inexistente, Murania, cerca de Salamanca y Madrid. Dos niños se hacen amigos en el colegio de los hervacianos, su afán lector los une y su amistad se cimentará en el instituto y en los primeros años de la Universidad. A partir de ahí se distanciaran y el narrador recordará a H. al saber de su muerte.

La sustancia del relato, estructurado en catorce capítulos en recuerdo de los sonetos escritos en la primera juventud, es la búsqueda de la felicidad en una época de iniciación a la vida. Una búsqueda que para H. acaba siendo desoladora y acaba provocando tristeza, como cuando se oye llover (imagen que es una constante en H.), y melancolía.

Hidalgo Bayal escribe muy bien, al estilo clásico, con realismo, pero a la vez recurriendo a artificios retóricos que convierten este relato en un manjar exquisito que provoca el deseo de repetir (releer o buscar otras obras).

Por mi parte, he contemplado campos de fresas, de trigo y de algodón, oigo a veces el sonido compacto de Strawberry fields forever, he sabido de campos de batalla, magnéticos y santos, pero, por más que miro a los lados de la carretera cuando viajo en coche por tierras de murgaños, aún no he encontrado campos de amapolas blancas (p. 97).

miércoles, 27 de agosto de 2014

DESVENTURAS DE UNA FILIOJOYCEANA: FINNEGANS WAKE

MURALES DEL CENTRO JAMES JOYCE, DUBLÍN

Algunos días de agosto: Imbuida de Joyce y tras larga meditación decido embarcarme en la lectura de Finnegans Wake.


23 de agosto: contenta y feliz me dirijo a mi librería habitual a la busca del susodicho libro y de poemas de Joyce: Música de cámara o Poemas manzanas. R, mi librera, inicia la búsqueda con el ordenador y se le va descomponiendo el rostro:

--Hmmm, no, no encuentro nada. La última edición publicada en castellano (yo no soy capaz de leer una obra de Joyce en inglés) es de Lumen, del año 1993… y es imposible encontrarla.

Bueno, no te preocupes, lo buscaré en las librerías de segunda mano por internet. ¿Y sobre los poemas?

Nueva búsqueda y, sonriente, me dice:
--Tengo en la tienda un volumen de Poesía completa.

Bueno, no está mal, por lo menos consigo algunos de sus poemas y salgo con tres libros más (que ahora no viene a cuento comentar pero que son de novela negra, otra de mis pasiones).

FARMACIA EN LA QUE BLOOM COMPRA, EN EL CAPÍTULO 5 DE ULISES, EL JABÓN QUE SU MUJER LE ENCARGA. DUBLÍN

23 y 24 de agosto: hago una infructuosa búsqueda por internet en las librerías de segunda mano. Nada (algunos ejemplares en inglés nada más). Eso sí que me deja confundida, insisto en otras páginas y voy encontrando información que convierte mi búsqueda en desalentadora. Se trata de un libro muy complejo de traducir, las traducciones hechas son incompletas y desde 1993 ningún editor se ha embarcado en tal empresa. 
Busco en la red de bibliotecas populares de Cataluña que es a las que recurro siempre cuando busco algún libro. 
Nada. ¡¡¡NO PUEDE SER!!! 
Salgo de esta red de bibliotecas y sí, dos ejemplares, uno en la Biblioteca Nacional de Cataluña y el otro en el Ateneo Enciclopédico, ambos en Barcelona. En las dos instituciones hay que ser socia. No es problemático serlo, especialmente en la primera, pero me tengo que desplazar 45 Km para ello.


25, 26, 27 de agosto: me pongo en contacto con Marcelo Z para ver si en Argentina es más fácil encontrarlo. Nastis de plastics, igual de difícil. Parece que ha localizado un ejemplar a 100 €. Ufff!!
Me he puesto en contacto con un amigo librero del Mercado de San Antonio a ver si me guía en su búsqueda.

Y esta es mi triste y desventurada historia. La obra la voy a leer sí o sí. Prestada o comprada, la leeré, pero el asunto como veis no es nada fácil.

PUB DE DUBLÍN

Cuando empecé la lectura de James Joyce no sabía que iba a quedar prendada de este escritor, del que ahora mismo estoy leyendo la biografía de RICHARD ELLMANN, James Joyce. Una obra de 944 páginas, muy difícil de encontrar y que me ha prestado R., mi librera.

Pensé que las dificultades estaban relacionadas con su peculiar manera de escribir, nunca pensé que fuera difícil encontrar una de sus obras. Os contaré cómo resuelvo esta aventura.

viernes, 22 de agosto de 2014

AUDUR AVA ÓLAFSDÓTTIR, Rosa candida.


De nuevo un título me ha jugado una mala pasada. Adoro las rosas. Además iba acompañado de una libreta que es la que tengo en uso para apuntarme referencias de lecturas y a la que le tengo un gran cariño. Pero todos esos condimentos, y los muchos premios menores recibidos, no la han dotado del poder de cautivarme, ni siquiera de entretenerme salvo en algún pasaje de la novela.

La novela, que tiene 271 páginas, lleva ese título por el amor del protagonista por las rosas y, especialmente, por una rosa que cultivaba su madre, la rosa de ocho pétalos, que recordaba a una rara rosa blanca, la Rosa candida, aunque el color es diferente, de lo más infrecuente


La trama pretende ser la vida misma, un joven de 22 años se marcha de Islandia poco después de que se produjeran dos acontecimientos muy importantes en su vida: la muerte en accidente de su madre a la que estaba muy unido y ser padre de una niña por un encuentro accidental con la amiga de un amigo. 

Por influencia de la madre, el joven Arnljótur quiere dedicarse a la jardinería y entra en contacto con un monasterio en el que se encuentra el Majestuoso Jardin de las Rosas Celestiales que aparecía recogido en libros antiguos pero que había entrado en decadencia con el paso del tiempo. Su misión es reconstruirlo prácticamente todo. 
Me siento bien en el jardín, es agradable gozar la soledad entre los macizos de flores para reconocer los propios deseos y las propias aspiraciones; silencioso sobre la tierra, ni siquiera tengo que hablar el idioma (p. 135).
Cuando empieza el proceso de adaptación al pequeño pueblo con la ayuda de uno de los monjes, la madre de su hija de nueve meses, Flora Sol, le pide que se quede con la niña un mes para acabar unos estudios que estaba realizando para la realización de la tesina. El encuentro con su hija, cuidarla y la relación que establece con Anna, la madre, irán cambiando sus rutinas.

La historia es plana y con pretensiones de ser sutil y sencilla, me ha aburrido por su lentitud, lugares comunes y su escaso interés. El final es un desastre que culmina una obra hueca y que busca captar a las lectoras femeninas. Solo se salvan algunos pasajes relacionados con el jardín, su relación con un monje que se pasa de copas y es un empedernido cinéfilo y cierta ternura en la relación con su hija. Poca cosa desde mi punto de vista.

viernes, 15 de agosto de 2014

RAFI ZABOR, El oso llega a casa.

¿Volvería? Hasta ese momento no se había parado a pensar que tal vez no lo hiciese. El mundo sin una rosa. Tierra sin agua, espacio sin aire. Corazón sin corazón. Un oso sin motivos suficientes para hacer nada. Sé que el mero hecho de preguntar si un amor como el nuestro puede sobrevivir en este mundo es como invitar a que entre en la habitación una ráfaga de comicidad (p. 368). 



Una extraña novela que pese a sus 698 páginas no he podido dejar de leer hasta averiguar que pasaba con el Oso. Su título me ha parecido que quería decir cosas diferentes a lo largo de su lectura. Me quedo con que el oso llega a casa cuando se encuentra consigo mismo y eso lo hace cuando se pierde en el éxtasis de la música. He llegado a la novela por recomendación de Carlos.

Rafi Zabor nació en New York (1946) y alternó durante mucho tiempo sus tareas de crítico musical y sus actividades como batería de jazz. En 1997 publicó El oso llega a casa y al año siguiente obtuvo el prestigioso premio Faulkner que se concede a la mejor novela publicada cada año en los Estados Unidos. Lo que da prestigio al Faulkner (creado en 1980) es la composición del jurado, formado por novelistas: es un premio entre compañeros. 



Me costó aceptar que el protagonista de la novela era un oso de verdad, un oso parlante y humanizado. Una vez aceptada esta sorpresa, la novela me ha interesado por dos motivos: las reflexiones interiores que constantemente tiene el Oso y su dedicación al jazz, como saxo tenor. 

El Oso sabe que es una anomalía genética y que es difícil aceptarse a sí mismo y que los demás acepten a un Oso que admira, y toca, a los grandes del jazz o cita a Shakespeare. Un oso que ama y que tiene relaciones sexuales, acercándose al límite del rechazo social, que se pierde por el bosque o que se acerca a la muerte al decidir hibernar. El Oso tiene dos grandes amores, su amigo Jones y su amada Isis. Y muchos problemas para vivir su vida. 

Fue la última vez que el Oso intentó mostrarse irónico: la música se llevó toda ironía por delante, avivando el tempo, y el torrente de sus propias ideas lo arrojó a regiones imprevistas. Vio que la preciosa geometría de sus luces y partes vitales y la analizada firma de su ser intemporal eran borradas por las olas de una luz más intensa y que el barco reventaba, y mientras avanzaba a gran velocidad hacia los límites de su perfil trascendente, distinguió detalles (…) que se precipitaban hacia la aniquilación y el abrazo y que sus efímeras construcciones resultaban arrasadas (…) (p. 662). 

El autor se explaya, como nunca había leído, con lo que significa tocar jazz y con las mil maravillas que el Oso intenta desarrollar con su grupo inspirándose en las figuras que admira rendidamente (y que comparto): Sonny Rollins, John Coltrane, Lester Bowie, Ornette Coleman y, en especial, Charlie Parker, entre otros. 
Un autor apasionado por el jazz y que podemos añadir a la lista de otros escritores que aman esta música rebosante de libertad y de clubs nocturnos al más puro estilo noir, como Julio Cortázar (El perseguidor, Alrededor del día en ochenta mundos), Haruki Murakami (Tokio Blues) o Scott Fitzgerald (El Crack-up).

viernes, 8 de agosto de 2014

JAMES JOYCE, Dublineses

Tengo muchas razones para leer estos relatos pero solo explicaré la más obvia: después de leer Ulises puse en el punto de mira esta obra para ir avanzando en la lectura de su obra.



Se trata de quince relatos que, al estilo de retratos fotográficos, captan la vida palpitante de Dublin y de sus habitantes. Fueron publicados en 1914, ahora hace cien años, cuando se inició la Gran Guerra y en Irlanda el nacionalismo estaba en plena efervescencia (la declaración de independencia se produjo siete años después en 1921). No se trata de relatos largos, excepto el último, “Los muertos”, por ello son solo 276 páginas en total. Este fragmento pertenece precisamente al final de ese relato largo. 

Unos roces en el cristal le hicieron volverse hacia la ventana. Había comenzado de nuevo a nevar. Contempló somnoliento los copos, plateados y oscuros, cayendo oblicuamente contra la luz de la farola. Había llegado el momento de que emprendiera el viaje hacia el oeste. Sí, los periódicos tenían razón: nevaba de igual modo sobre toda Irlanda. La nieve caía sobre todos los lugares de la oscura llanura central, sobre las colinas sin árboles, caía dulcemente sobre el pantano de Allen y, más hacia el oeste, caía suavemente en las oscuras olas amotinadas del Shannon. (…) Yacía apelmazada en las cruces y lápidas torcidas, en las lanzas de la pequeña cancela, en los abrojos estériles. Su alma se desvaneció lentamente al escuchar el dulce descenso de la nieve a través del universo, su dulce caída, como el descenso de la última postrimería, sobre todos los vivos y los muertos. 

Al igual que en Ulises estos relatos están centrados en la clase media y baja irlandesa de principios del siglo XX. Con un tono, a veces burlón, siempre crítico, Joyce reproduce con claridad los vicios de los dublineses, en especial el de la bebida, pero también el catolicismo, el rancio y conservador nacionalismo, la parálisis cultural y social, la pobreza.



Me han gustado especialmente “Eveline” y su abandono de los planes de fuga con un marinero, “Un caso doloroso” y la constatación por parte del Sr Duffy de que dejó escapar el amor de su vida y, especialmente, “Los muertos” y las reflexiones sobre el sinsentido de la vida de Gabriel Conroy.

El orden de los relatos en Dublineses no es casual, por ese motivo se habla de que Joyce hace una “novela compuesta”. Cada historia aporta su fotografía al retrato colectivo implícito en el título: infancia, adolescencia, madurez y muerte. La “novela compuesta” avanza también desde el verano al invierno de “Los muertos”. No hay solo transformaciones en cuanto al tema sino también en cuanto a la forma: las historias protagonizadas por niños están narradas en primera persona y a partir de la adolescencia encontramos narradores en tercera persona. 

El brillo de un tardío crepúsculo otoñal se extendía sobre los paseos y las parcelas de hierba, lanzaba un benévolo polvo dorado sobre las desaliñadas niñeras y los decrépitos ancianos adormecidos en los bancos, aleteaba sobre todas las figuras animadas, sobre los niños que gritaban al correr por los caminos de grava y sobre cualquiera que atravesara los jardines. Contempló aquel panorama y pensó en la vida; y (como siempre que pensaba en la vida) se entristeció. Una dulce melancolía se apoderó de él.                                                               “Una pequeña nube” 

Una obra muy bien escrita en la que mezcla diversas técnicas con las que experimenta para transmitirnos la esencia de las cosas. Una obra compleja que se mueve más allá de lo aparente: las diversas edades del ser humano, la familia del escritor, la vida pública de Dublín, su lluvioso y brumoso clima, sus pubs… Joyce es capaz de indagar y captar las sensaciones de su entorno, buscar lo que hay más allá de lo que se percibe a simple vista, seguir su propio pensamiento, o el de sus personajes.