viernes, 17 de abril de 2015

MARCEL PROUST, La parte de Guermantes. En busca del tiempo perdido III.

Tras la lectura del primer y segundo volumen de esta inmensa obra, no tenía claro continuar su lectura, pero junto con Carlos y Yossi  iniciamos su lectura a principios del mes de marzo y así quedó recogido, en gran parte, en el espacio que editamos para ir compartiendo impresiones.


La novela está dividida en dos partes que sitúan la segunda en la página 365 de 694, dividiendo la segunda parte en dos capítulos cuyo contenido detalla a diferencia de la primera parte.

Marcel, el narrador, vuelve a estar en París, en un piso de un edificio de los Duques de Guermantes desde cuyas ventanas y, a través de la criada, Françoise, observa las idas y venidas de esta familia de  la antigua nobleza.
La visita a Saint-Loup, su amigo, nos castiga con más de ochenta páginas cuarteleras en las que habla de los militares masones que no se confiesan y que aparecen como "patateros" y de "aspecto hosco de brigadas"; de tácticas militares; del capitán Borodino despreciado por ser noble de la época del Imperio napoleónico y todo ello aderezado con referencias breves a socialistas utópicos como Saint-Simon y Proudhon, el proceso Dreyfus y las desventuras amorosas de Saint-Loup.

La vuelta a París, provocada por el deseo de ver a su abuela, nos situará en los salones parisinos de la aristocracia, siempre despreciativa con la burguesía y el servicio. Su atracción hacia Oriane (la Sra de Guermantes) no le impide enamorarse aquí y allá de otras mujeres y observar los comportamientos de quienes convierten los salones en su vida de relación.

Destacaría las reflexiones que realiza Marcel sobre Rachel, la amante de Saint-Loup; sobre la Sra de Villeparisis, literata y de mala conducta; sobre el Sr. Charlus que le recomienda no ir a las reuniones de la alta sociedad; y, naturalmente, sobre el carácter de los Guermantes. Algunos momentos interesantes se producen alrededor del teléfono y las puertas giratorias. La muerte de su abuela y la enfermedad grave de Swann son aspectos relevantes por la importancia de estos personajes en los volúmenes anteriores.


El caso Dreyfus que conmocionó a la sociedad francesa entre 1894 y 1906, junto a la referencia a la guerra ruso-japonesa (1904), sitúa la trama, lenta y monótona, en estos años iniciales del siglo XX.

Marcel, tras recordar con todo lujo de detalles este ambiente aristocrático que tanto admiraba por la remembranza del  pasado medieval, acaba confesando que no escucha las conversaciones y que en realidad solo buscaba en ellas, placer poético. Dice Carlos, y coincido con él, que es una novela demasiado extensa para la trama que contiene, tan recargado en sus descripciones que resulta una lectura aburrida, si bien contiene algunas frases llenas de ingenio.  Y el tema que trata resulta para esta época poco interesante, al centrarse en esa aristocracia, ociosa, viciosa, sin oficio conocido, temerosa del trabajo, que se cree poseedora de unos derechos de nacimiento y que es profundamente clasista y antisemita.

Lo más interesante de la novela son las reflexiones que le sugieren sus recuerdos de ese tiempo perdido y rememorado. Su reconocimiento de que la idea de perfección es la idea por la que habría sacrificado mi vida. Esa idea era el primer motor de sus sueños (p. 56). Otra reflexión interesante es que:
Sentimos en un mundo y pensamos, nombramos, en otro, podemos establecer entre ellos una concordancia, para no colmar el intervalo. (…) Es que la diferencia que hay entre una persona, una obra marcadamente individual y la idea de belleza, existe también –y es grande- entre lo que nos hacen sentir y las ideas de amor, de admiración. Por eso, no las reconocemos (p. 61).
La llegada de la primavera resalta su capacidad para las descripciones de la naturaleza y para la delicadeza del lenguaje:
Entretanto, el invierno tocaba a su fin. Una mañana, después de unas semanas de chubascos y tormentas, oí en mi chimenea -en lugar del viento informe, elástico y sombrío que me daba ganas de ir al borde del mar- el arrullo de las palomas que anidaban en la muralla: irisado, imprevisto como un primer jacinto que desgarra suavemente su corazón nutricio para que de él brote -malva y satinada- su sonora flor e introductor -como una ventana abierta, en mi habitación, aún cerrada y negra- de la tibieza, el deslumbramiento, la fatiga de un primer día hermoso (p. 167).
Una curiosa afirmación sobre las mujeres:
Determinadas mujeres, hijas de la actitud, deben ir acompañadas de una gran cama en la que encontramos la paz junto a ellas, mientras que otras, para ser acariciadas con una intención más secreta, necesitan las hojas al viento y las aguas en la noche, son ligeras y huidizas como éstas (p. 450).

Y como no quiero alargar más esta reseña, para no provocar el cansancio y el aburrimiento, lo dejamos aquí añadiendo las muchas dudas sobre si continuaremos con el cuarto volumen.

viernes, 10 de abril de 2015

PASCAL MERCIER, Tren nocturno a Lisboa.

Cuando leí la reseña que hizo Agnieszka (he sido incapaz de encontrarlo entre sus etiquetas), supe de inmediato que tenía que leerlo. Y ahora sé que, en efecto, así era.


Ya en su primer capítulo caí en las redes de Gregorius, un bienjestorio como decía Joyce, un erudito maravillosamente aburrido, seco que para algunos parecía estar hecho sólo de palabras muertas, al que algunos colegas, envidiosos de su prestigio, llamaban “El Papiro” (p. 19). Ese erudito mostrará su capacidad para desmontar toda su vida al conocer brevemente a una mujer con abrigo rojo, desgarrada entre el amor y el odio, en el puente de Kirchenfeld (Berna).

Gregorius se dio la vuelta y caminó lentamente en dirección al puente de Kirchenfeld. Cuando el puente se hizo visible, tuvo la extraña, inquietante y a la vez liberadora sensación de que estaba a punto de tomar del todo las riendas de su vida, por primera vez a la edad de cincuenta y siete años (p. 25).

Que pudiera coger un tren nocturno a Lisboa (de ahí el título), y marchar de Berna, era para alguien como él una ruptura total puesto que su ciudad era una concha, una cueva habitable, un edificio seguro. Todo lo demás significaba peligro (p. 33). No desvelaré el porqué.

La novela de 525 páginas en la edición de bolsillo que encontré, temo que tiene algunos fallos de traducción que no perjudican su lectura pero, a veces, incomodan.

Pascal Mercier, seudónimo de Peter Bieri nació en Berna en 1944. Estudió filosofía, filología inglesa e indología en Londres. Su trabajo posterior se ha orientado hacia la filosofía de la mente, la epistemología y la ética. Actualmente es profesor de filosofía del Lenguaje en Berlín. Escribió su primera novela, no traducida al castellano, en 1995; Tren nocturno a Lisboa la publico en 2004 y fue traducida al castellano en 2012.


Tras conocer a la mujer del abrigo rojo, que resulta ser portuguesa, Gregorius encuentra por azar, un libro de un desconocido Amadeu de Prado y toma la decisión espontanea de marchar a Lisboa. Allí encontrara a diversas personas, con los que el autor construye una galería de magníficos personajes, que conocieron a Prado, un médico que colaboró con la Resistencia a la Dictadura de Salazar. Prado, un hombre que tenía una postura paradójica con respecto a muchas cosas, volcó su pensamiento y sus emociones en unas páginas que nos introducen en un laberinto de reflexiones sobre la vida, la amistad, la lealtad, la coherencia personal, el amor y la literatura.
Existía la gente que leía y las otras. Enseguida se notaba si alguien era lector o si no leía. No había entre los seres humanos una diferencia mayor que ésa. La gente se quedaba perpleja cuando él afirmaba tal cosa, y algunos sacudían la cabeza ante su excentricidad. Pero así era. Gregorius lo sabía. Lo sabía (p. 103).
La historia narrada está intercalada por fragmentos de los escritos de Prado en cursiva.
¿Cómo podemos ser felices sin la curiosidad, sin las preguntas, sin la duda y los argumentos? ¿Cómo podemos serlo sin la satisfacción del pensar? (p. 210).
¿Qué sabemos de alguien sino sabemos nada de las imágenes que provoca su fuerza imaginativa? (p. 339).
A través de Prado el autor indaga en las mil y una concesiones que el ser humano lleva a cabo para huir de la soledad, de la diferencia, de la censura social. ¿Qué sucedería, dice de nuevo Prado, si fuéramos fieles a nosotros mismos? ¿Por qué perdemos el tiempo en banalidades y dejamos aparcados deseos largamente acariciados para un tiempo posterior que luego nunca llega?
Y es que hay cosas demasiado grandes como el dolor, la soledad y la muerte, pero también la belleza, lo sublime y la felicidad (p. 498). Si no nos entregamos a la creencia en los dioses que nos proponen las religiones, solo nos queda la poesía de la vida individual.
De la poesía no se hablaba con entusiasmo. La poesía se leía. Se la leía con la lengua. Se vivía con ella. Se sentía la manera en que nos conmovía y nos transformaba; la manera en que contribuía a dar una forma a la propia vida, una coloración, una melodía (p. 498).

Una lectura inolvidable que nos asalta con preguntas sinfín y que nos turba con las reflexiones de los múltiples personajes que la pueblan y que plantean esos temas eternos que nos inquietan y nos permiten alcanzar la satisfacción del pensar.

viernes, 3 de abril de 2015

RICHARD ELLMANN, James Joyce.


Cuando decidí buscar esta biografía lo hice pensando que conocer a Joyce me permitiría comprender mejor sus obras y lucirme con una súper reseña en la que trazaría los rasgos principales de su vida. Tras leer sus 834 páginas, que se amplían con notas y bibliografía a 942, no me siento capaz de tal proeza.
La lectura de esta larga y documentada biografía clarifica mucho de la personalidad de Joyce y de su literatura. Sus páginas van desgranando con minuciosidad las peripecias vitales del niño, del adolescente, del joven y del adulto, que van forjando un carácter tozudo, persistente, confiado en su genialidad, arriesgado y aventurero, polemista, bebedor infatigable, lleno de vida y de humor.
Su oscuro y fuerte cabello, partido por la mitad cuando se dignaba peinarse, y su terco mentón eran los dos rasgos más recios de un rostro que por lo demás parecía delicado, con su nariz afilada, pálido ojos azules y su boca ligeramente fruncida. Su rostro era más bien expresivo. Su miopía empezaba a conferirle personalidad y, en lugar de forzar la vista o de llevar gafas, adoptaba una mirada de indiferencia. Era delgado y al final de su vida apenas aumentó de peso (pp. 82-83).
De la misma manera que se repasa su personalidad, sus relaciones familiares (en las que su mujer Nora tiene un papel fundamental en su vida) y sus amistades y enemistades, se repasa el origen y concepción de todas sus obras y cómo llevó a cabo el proceso de escritura. De su lectura se deriva la importancia que tenían para Joyce los mil y un detalle de su vida cotidiana que iba insertando en sus obras y que es imposible conocer en su totalidad para poder comprenderlas.
Visto desde nuestros días, parece claro que el “Monstruo” como llamó Joyce varias veces a Finnegans Wake, tenía que ser escrito, y que él debía escribirlo. Es posible que en la actualidad haya lectores que se quejen de que su autor no decidiera hablarles más directamente, pero parece que esa posibilidad no existía para él. En sus narraciones de Dubliners, Joyce había explorado la conciencia del hombre despierto desde fuera. En A Portrait y Ulysses  había llevado el examen desde dentro. Y había empezado a tratar, aunque sólo muy cautelosamente, la mente dormida. Ante él quedaba, como muy bien sabía en 1922, todo ese mundo casi completamente inexplorado (p. 802).
En estas páginas queda descrito un escritor excepcional que apenas triunfó en vida aunque empezó a ser reconocido, un hombre que se negó a volver a su país, un ser humano que cambió de vivienda y de ciudad (Pola, Roma, Trieste, Zurich y París) cuando las circunstancias económicas, políticas o personales lo conducían a hacerlo. Un marido y padre de familia preocupado por los suyos y despreocupado de sus rutinas. Una vida marcada por la provisionalidad y la desorganización pero que siempre tuvo un objetivo preciso: ser escritor y difundir su obra pese a los muchos inconvenientes con los que tropezó. Una personalidad contraria a los convencionalismos burgueses, extravagante, despreocupada de acontecimientos tan graves como las dos guerras mundiales, dolorido por la enfermedad mental de su hija Lucía y en eterna discusión con su hermano Stanislau. Quejoso de sus múltiples enfermedades entre las que destaca la temida ceguera.


Después de tantos meses de lectura de esta biografía tengo anotados fragmentos en decenas de hojas en las que aparecen indicaciones que me han parecido interesantes y que no puedo reproducir porque sus dimensiones acabarían aburriendo, si no lo he hecho ya, a quienes han llegado hasta aquí.

Mi admiración por James Joyce no puede crecer más, queda arraigada en mí, convirtiéndose para siempre en uno de los escritores cruciales de mi vida lectora.

viernes, 27 de marzo de 2015

AVENTURAS DE LA IMAGINACIÓN. JORGE LUIS BORGES, Ficciones.

Recalar de nuevo en los relatos de Borges es, en efecto, viajar y recorrer aventuras en el mundo imaginario de este autor. Hace mucho tiempo, desde la ignorancia de la juventud, me privé de estas aventuras por ser considerado este escritor como de derechas y yo aceptarlo como condena para su lectura. Cuando ya con algunos años más decidí saltar esa barrera, no debí elegir un buen momento porque me dediqué a “picotear”, en una edición de letra pequeña, un cuento aquí y otro allí, sin saber encontrar el camino por el que Borges nos puede conducir si le prestamos la calma y el tiempo suficientes. Y, ahora sí, el momento, la flexibilidad, la certeza de que la ideología no es la clave de juicio para un buen escritor/a, el deseo de “vivir” aventuras imaginarias a través de relatos, el escepticismo que hoy comparto con el escritor y tantas otras minucias que son necesarias, a veces, para un certero encuentro entre lectora y escritor, se han producido y espero se vuelvan a dar en muchas otras ocasiones.


Elegí Ficciones (1944) sabedora de que es, quizás, el libro más famoso de Jorge Luis Borges; con él obtuvo en 1961 el importante Premio Formentor otorgado por editores de Alemania, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra e Italia. Esta obra de 208 páginas agrupa dieciséis relatos agrupados en dos partes,  la primera, “El jardín de senderos que se bifurcan” (1941), que reúne el relato policial del mismo nombre, y la segunda parte, “Artificios” (1944), que incluye, entre otros, "El Sur", cuento preferido del autor. El título de este libro, responde perfectamente a su significado puesto que estamos ante unos relatos sobre hechos o sucesos fingidos o inventados, que son producto de la imaginación.


Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires en 1899 y murió en Ginebra en 1986. Cofundador de las revistas Proa y Sur fue humillado por el gobierno peronista y a la caída de Perón en 1955 fue nombrado director de la Biblioteca Nacional y fue profesor de Literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Su extraordinaria poesía compite, e incluso es superada, con sus extraordinarios libros de cuentos como este de Ficciones.

En todos los cuentos de este libro destacan, como ya he señalado, sus aventuras de la imaginación, sus argumentos son muy originales y se centran en el tiempo (circular e ilusorio), los laberintos (caminos entrecruzados que confunden y desorientan al que está dentro) y los espejos  (reflejo de la realidad), la eternidad, el azar, los libros imaginarios, etc. Lo fantástico en sus ficciones siempre se vincula con una alegoría mental, mediante una imaginación razonada muy cercana a lo metafísico.
Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente (p. 23, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”).


Borges, se ha dicho muchas veces, es un erudito y eso le permite fantasear y elaborar complejas ficciones que tienen como base, especialmente, la filosofía como medio para pensar, elaborar conjeturas y mostrar la perplejidad y el escepticismo que le produce el mundo que le rodea.
Éramos republicanos, católicos; éramos, lo sospecho, románticos. Irlanda no sólo era para nosotros el porvenir utópico y el intolerable presente; era una amarga y cariñosa mitología, era las torres circulares y las ciénagas rojas, era el repudio de Parnell y las enormes epopeyas que cantan el robo de toros que en otra encarnación fueron héroes y en otras peces y montañas (p. 131, “La forma de la espada”).
Su lenguaje es de una gran perfección y su universalismo se refleja en su interés por el mundo sin despreciar su tierra natal. Se le acusó de conservador por su individualismo y su poca confianza en el comunismo y en las revoluciones guiadas por ellos que conducían a Estados poderosos de los que descreía de forma explícita (extraído de Woodall, J. (1999): La vida de Jorge Luis Borges. El hombre en el espejo del libro):
Yo descreo de la política no de la ética. Nunca la política intervino en mi obra literaria, aunque no dudo que este tipo de creencias puedan engrandecer una obra. Vean, si no, a Whitman, que creyó en la democracia y así pudo escribir Leaves of Grass, o a Neruda, a quien el comunismo convirtió en un gran poeta épico… Yo nunca he pertenecido a ningún partido, ni soy el representante de ningún gobierno… Yo creo en el Individuo, descreo del Estado. Quizás yo no sea más que un pacífico y silencioso anarquista que sueña con la desaparición de los gobiernos. La idea de un máximo de Individuo y de un mínimo de Estado es lo que desearía hoy (…).
Un autor que, sorprendentemente, se refugió en los relatos y en la poesía y que jamás escribió una novela que, decía, obligaba al relleno.


viernes, 20 de marzo de 2015

NOVELA NEGRA Y JO NESBO, El leopardo.

No es la primera obra que leo de este autor noruego, El muñeco de nieve fue la primera novela que leí suya. Así que El leopardo es una consecuencia lógica de la otra lectura que, como ésta, me resultó absorbente y adictiva.

El leopardo (2009 y traducida en 2014) tiene 691 páginas y el título está relacionado con el asesino que planea a lo largo de toda la novela y que caracteriza en la primera página:
No oía nada, pero sí sentía la presencia. Como un leopardo. Alguien le había contado que el leopardo era tan silencioso que podía acercarse y llegar al lado de su presa en la oscuridad, que podía ajustar sus jadeos y respirar a tu ritmo. Contener la respiración cuando tú contienes la respiración. Le dio la impresión de que sentía el calor de su cuerpo. ¿A qué esperaba? Dejó de contener la respiración (p. 9).


Jo Nesbo nació en Oslo en 1959, graduado en Economía, antes de dedicarse a la literatura fue agente de Bolsa, cantante del grupo Di Derre y compositor de música. Desde que en 1997 publicó la primera novela de la serie del policía Harry Hole, El murciélago, ha sido considerado como el mejor autor de novela negra noruego.


La historia de El leopardo reúne todos los ingredientes de la novela negra:

1- Un crimen a investigar. En este caso no es uno sino una serie de crímenes que hace pensar a la policía que están ante un nuevo asesino en serie.

2- Un policía que descubre al culpable. Encontramos a varios policías que nos presentan las disputas internas entre dos cuerpos policiales por llevarse el mérito de la resolución del caso. Entre los policías destaca Harry Hole, una antihéroe alcoholizado y adicto a la droga, un personaje solitario con dudas y contradicciones constantes que, pese a todo, busca la verdad resolviendo unos crímenes que cada vez lo hunden más en la decadencia y la derrota. Un personaje que es un desastre en su vida privada aunque quien supera el rechazo por su carácter acaba encontrando su autenticidad y sintiéndose atraído por  ella.

3- Rompe con el argumento de buenos y malos puesto que el predominio de la escala de grises impide el estereotipo de policía bueno-delincuente malo, así como que el bien siempre se impone cuando se produce la resolución del crimen.

4- Una contextualización humana y social de la criminalidad y la delincuencia. A través de su novela conocemos las luces y sombras del modelo socialdemócrata nórdico, conocemos Oslo y otras ciudades noruegas, así como su crudo clima y sus solitarios y majestuosos paisajes. En esta novela, además, viajamos a África, al Congo y en breves pinceladas nos muestra la explotación de una materia prima fundamental en el mundo desarrollado, el coltán, la guerra, los niños soldados, la violencia.
Nydalen era el reflejo de la desindustrialización de Oslo. Las fábricas que no habían derribado para hacer sitio a estilosos bloques de oficinas de cristal y acero elegantemente diseñados se habían reconvertido en estudios de televisión, restaurantes y espaciosos locales diáfanos de ladrillo rojo con las tuberías de ventilación y calefacción al descubierto.Estos últimos los alquilaban con frecuencia agencias publicitarias que querían indicar que pensaban de un modo nada tradicional, que consideraban que la creatividad florecía en locales industriales baratos tan bien como en las costosas y céntricas oficinas de la competencia (p. 483).

5- Una estructura narrativa impecable, es decir, una trama a través de la cual se desarrolla la acción y que nos guía perfectamente manteniendo siempre las ganas por conocer el desenlace.

6- A estos aspectos podemos añadir otras características, desde mi punto de vista menores, como la violencia exacerbada de los crímenes y del asesino (en este caso aparece un sencillo instrumento de tortura, la manzana de Leopoldo); un trasfondo amoroso que muestra escenas de sexo y un pasado atormentado en muchos de los personajes, incluido el protagonista.

Resumiendo, una novela negra de calidad, adictiva y entretenida.

viernes, 13 de marzo de 2015

JEAN ECHENOZ, 14

En un momento dado muchas personas me hablaron positivamente de este libro. Un día me lo traje y en un par de días lo he leído. Se trata de una obra breve de 98 páginas con título aún más breve en referencia a 1914 y el estallido de la I Guerra Mundial. 


Jean Echenoz (Francia, 1947) estudió sociología e ingeniería civil, empezó a publicar en 1979 y desde 1970 vive en París. Ha recibido premios importantes como el Goncourt, en 1999, por Me voy



14 fue publicado en 2012 y afronta con una brevedad inaudita el “suicidio europeo” de la gran guerra. En quince brevísimos capítulos se condensa con una exactitud y una precisión impresionante la guerra desde la perspectiva del soldado de a pie, Anthime. Son movilizados cinco jóvenes, tres mueren, y dos vuelven lisiados y con secuelas psicológicas. Una mujer espera la vuelta de uno de ellos, aunque otro más la corteja también. Todo un mundo en 98 páginas que no podemos dejar de leer y que nos lleva a las trincheras, a las cargas suicidas, al miedo... 
(…) cuando la guerra se bloqueó con el invierno, tuvieron que detenerse. Tras tanto avanzar unos contra otros, hasta encontrarse con que ninguno podía ampliar sus posiciones, quedaron forzosamente inmovilizados frente a frente, y ello en medio de un intenso frío, como si éste congelase de pronto el movimiento general de las tropas, en una larga línea que abarcaba desde Suiza hasta el mar del Norte. En algún punto de esa línea quedaron inmovilizados Anthime y sus compañeros, dejando de moverse para empantanarse en una amplia red de trincheras enlazadas por ramales (…) (pp. 51-52). 

Resulta casi imposible no desear saber más de los dos supervivientes y de Anthime y Blanche. Pero seguramente no hace falta y en su concisión queda la esencia recogida sin que sobre ni media palabra.

viernes, 6 de marzo de 2015

JAMES JOYCE, Exilados

GISELE FREUND

En mi locura de leer todo Joyce, me quedaba pendiente esta obra de teatro y su poesía. No me gusta leer teatro, así que no tenía mucha prisa. Un compañero de trabajo, el que me consiguió FW, que sabía que la estaba buscando, me la prestó y enseguida me puse manos a la obra. 

Exilados es una obra breve, en total 134 páginas en las que se incluye una nota del editor al inicio y diversas notas del autor al final. Su título hace referencia a uno de los temas de la obra: el exilio económico y espiritual que afecta a generaciones de irlandeses/as, incluido James Joyce. 

Dice Richard: 
Uno de los problemas más vitales de nuestro país es el de su actitud hacia aquellos de sus hijos que, habiéndolo abandonado en sus horas difíciles, han regresado ahora, la víspera de la tan esperada victoria, tras haber aprendido al fin a amarlo en la soledad y el exilio. Hemos dicho en el exilio, pero hagamos aquí una distinción. Hay un exilio económico y otro espiritual. Están todos aquellos que lo abandonan en busca del pan que el hombre necesita y están esos otros, sus hijos más distinguidos, que se marchan buscando en otras tierras ese alimento del espíritu que mantiene con vida a una nación de seres humanos (p. 104). 
Exilados fue publicada en 1918, cuando Joyce tenía 36 años y se encontraba ya en plena creación de Ulises, quizás ese fue el motivo por el cual en esta obra no profundizó todo lo que hubiera podido, absorbido ya por la segunda. Pese a ello la obra no es tan simple, desde el punto de vista temático y formal, como puede parecer a simple vista y más si tenemos en cuenta cómo elabora y cuida Joyce los detalles. El hecho de que el nombre de los dos personajes masculinos empiece por R y los de las dos mujeres por B, no es casualidad e indica un cuadrilátero emocional que luego está constituido por diversos triángulos. 

Dice Robert: 
Estoy seguro de que ninguna ley humana es sagrada ante el impulso de la pasión (Casi furiosamente) ¿Quién nos hizo para uno solo? Es un crimen para nuestro propio ser. No hay leyes contra los impulsos. Las leyes son para los esclavos (p. 91). 
Los temas de Exilados son similares a los de Ulises: el regreso, la amistad, la infidelidad (los cuernos que dice Joyce). En ambos libros, la atención se centra en el esposo, no en el amante, y en el dilema que ha de enfrentar el marido, más que en el encanto del amante. A través del marido-protagonista, Richard Rowan, Joyce pone en el centro de su trabajo literario su propia personalidad madura. 


Las motivaciones del protagonista son ambiguas, Richard desea que su esposa tenga la misma libertad que él y quisiera que el resultado de tal libertad fuera la fidelidad. La infidelidad de su esposa con su amigo Robert Hand demostraría la imposibilidad de tener lazos auténticos entre amigos. Pero de alguna manera Richard colabora en la infidelidad de su esposa y por eso señala Joyce en sus notas que la obra son tres actos de ratón-y-gato

Exilados es una obra fácil de leer, ya he dicho que en apariencia es simple tanto desde el punto de vista temático como formal, supongo que se puede entender mejor si se conoce el universo de Joyce pero puede ser un buen acercamiento a su obra sin que cunda el pánico. A Stefan Zweig le interesó mucho y le escribió una carta a Joyce (reproducida en la excelente biografía de Richard Ellmann sobre Joyce que me ha proporcionado información sobre Exilados) en la que le dijo que fue para él una gran revelación artística su lectura y expresó su deseo de conocerlo personalmente y leer el resto de sus obras. 

miércoles, 4 de marzo de 2015

MARCEL PROUST, La parte de Guermantes. En busca del tiempo perdido III.





Como ya expuse este fin de semana en "mi lateral", Carlos, Yossi y yo misma, nos hemos puesto de acuerdo para leer (releer en el caso de Yossi) el tercer volumen de esta obra. Buscando un medio para entablar el diálogo hemos acordado, finalmente, utilizar esta entrada para hacerlo. Invitamos a quienes hayan leído este volumen a unirse con sus comentarios, si les apetece, a este intercambio de pareceres.

Como ya he confesado en las reseñas de los dos volúmenes anteriores me cuesta mucho leer a Proust, sus descripciones lentas, y que se alargan sin piedad ,provocan en mi un amodorramiento intenso y que ponga mi mente en modo de lectura automático con el consiguiente peligro de pérdida entre sus personajes y observaciones.



Ya sabéis que hay un largo test de personalidad que se hizo célebre por las respuestas que dio Marcel Proust en 1890. Nunca contesto un test y procuro escabullirme, no lo haré tampoco en esta ocasión, pero voy a elegir cuatro preguntas de dicho test (una de cada uno de los cuatro bloques en que se divide), y las voy a contestar, os animo a que hagáis lo propio con estas u otras preguntas o que, simplemente, paséis.  


CÓMO ME VEO

6. Mi ocupación favorita: LEER, LEER Y LEER.


CÓMO APRECIO PERSONAS Y HECHOS

4. Lo que más aprecio en mis amigos: LA LEALTAD Y LA SINCERIDAD.

MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS QUE ME GUSTAN

14. Mis autores preferidos en prosa: VIRGINIA WOOLF, JULIO CORTÁZAR, JAMES JOYCE, FERNANDO PESSOA, STEFAN ZWEIG, DENNIS LEHANE...


COSAS QUE ME GUSTAN

12. La flor que más me gusta: LA ROSA

Y acabo, he decidido combinar la lectura de este volumen con la trilogia del Baztán de Dolores Redondo.

viernes, 27 de febrero de 2015

BIBLIOTECA

REBECCA CAMPBELL

Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos  los viajeros han confirmado: No hay, en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basílides, el comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología, los libros perdidos de Tacito.

JORGE LUIS BORGES, "La biblioteca de Babel" en Ficciones.

sábado, 21 de febrero de 2015

NORMAN MANEA, El té de Proust. Cuentos reunidos.

Leí sobre este autor en Babelia, apunté su nombre y busqué algo publicado. No acostumbro a leer cuentos, prefiero las novelas, pese a ello decidí comprar esta obra que reúne 26 cuentos de diversa extensión y que dan un total de 334 páginas. El título, muy bien elegido, corresponde a uno de los cuentos. 

Norman Manea (Rumanía, 1936) vivió de niño la deportación, junto a su familia, en un campo de concentración ucraniano. Finalizada la guerra, vivió la construcción de una dictadura comunista en paralelo a la dura postguerra. Se dedicó a la literatura aunque estudió ingeniería y se fue distanciando del régimen hasta que se exilió en 1986 y se fue a vivir a Nueva York. 


Campos de concentración vividos desde la mirada de los niños, la guerra y sus sufrimientos y penurias, la postguerra y las dificultades para olvidar los horrores de la persecución sufrida y adaptarse a la rutina cotidiana, el terror del totalitarismo comunista en Rumanía, la desconfianza, la supervivencia del pensamiento en el reino de la intolerancia y la falta de libertades; todos estos temas conforman el trasfondo de estos cuentos. 

Manea tiene una manera de narrar muy peculiar, en los cuentos no hay una línea argumental con un inicio y un final sino que son recuerdos fragmentados que se van destilando hasta constituir una imagen entre luces y sombras que linda unas veces con el lirismo e inmediatamente con el horror. Algunos cuentos son especialmente crípticos y nos generan cierta crispación por no saber dónde quiere llegar el autor con descripciones aparentemente banales. Hay relatos que rinden homenaje a algunos escritores como el propio Proust, Chejov o Kafka.


“El té de Proust” no afirma que los buenos recuerdos consolaran en los campos de concentración, no, Manea destroza la evocación burguesa de memorias dulces del vivir En un campo de concentración una familia se reúne alrededor de una taza de agua verdosa hecha con hierbas que encontraban mientras observan un terrón de azúcar que el abuelo ha logrado preservar. 
(…) tal vez una mera orden de la memoria no sea capaz de conseguir que regrese el tiempo pasado, pero éste si puede resucitar gracias a la sensación extraña y espontanea que ofrecen el olor, el gusto o el sabor de algún elemento accesorio e inerte del pasado cuando volvemos a encontrarlo. Pero el aroma de aquella bebida divina no habría podido suscitar recuerdo alguno: semejante placer no había existido nunca. Por sus recuerdos, sea como fuere, aquel bebedizo embrujado no podía ser llamado de ninguna de las maneras té (p. 44).
La lectura de estos cuentos no es fácil, sus temas que duelen, las descripciones de la conducta humana que parecen perderse en un laberinto y que expulsan a los personajes a un exilio espiritual. Manea escribe muy bien, con fragmentos casi poéticos que, de pronto, nos sorprenden y nos reconfortan. 
Ocasos grises, la noche crecía blanca, en el lapso de unas horas los vientos cubrían los cristales de flores de hielo. Los gatitos se dormían temprano en su habitación, el tiempo se adelgazaba (p. 174, “Función de estreno”). 

Encontramos destellos de esperanza en los que un gesto desafiante puede convertirse en todo un manifiesto en favor de la libertad. Pero también encontramos la dureza con la que denuncia el totalitarismo, sea del fascismo o del comunismo. 
Una prueba de que no se puede aguantar cualquier cosa durante un lapso cualquiera de tiempo. Un aviso de la dolencia, con toda seguridad de una que tiene que ver con la reacción necesaria para restablecer el equilibrio con la función viva de un sistema que no puede seguir viviendo solo a base de asentimientos, en una continuidad sospechosa y falsa, sin rechazos ni fuertes desarreglos (p. 140, “Dos camas”). 
Todos estos ingredientes exigen una lectura paciente, lenta y atenta. Yo tengo que reconocer que no siempre tenía el ánimo predispuesto a una lectura tan exigente.

sábado, 14 de febrero de 2015

NIGEL NICOLSON, Retrato de un matrimonio.

Philip Laszlo, Vita (1910)

Conocí este libro en el blog EL MUNDO ALREDEDOR de Aglaia Callia y enseguida supe que tenía que leerlo, lo encontré por internet en una librería de libros de segunda mano, luego ha pasado un tiempo, no muy largo, puesto que lo dejé a la vista para que no se me olvidara su lectura.    


El libro, editado en 1989, tiene 320 páginas que incluyen un prólogo de Marta Pessarrodona y un prefacio del autor. Su título hace referencia a un peculiar matrimonio, el formado por la aristócrata Vita Sackville-West (1892-1962) y el diplomático Harold Nicolson (1886-1968). 

NIGEL NICOLSON

El libro, escrito por el hijo de ambos, Nigel Nicolson, se compone de  cinco partes: la primera y la tercera  pertenecen a Vita Sackville-West y las otras tres son de su hijo Nigel. Cuando su madre murió, Nigel encontró muchas cartas y escritos y, entre estos papeles, un cuaderno con una autobiografía escrita en primera persona de cuando Vita tenía 28 años, la reproducción literal de esta autobiografía son las dos partes mencionadas. Pero su hijo tenía más información de esos años a través de escritos de su padre, de su abuela y de cartas dirigidas a diversas personas por parte de su madre, con este material es con el que escribe las partes segunda, cuarta y quinta. Además incluye una cronología que abarca los años 1827-1921.

Harold Nicolson y Vita Sackville-West

Vita inició su autobiografía el 23 de julio de 1923 y así empezó el cuaderno:

En realidad no tengo derecho a escribir la verdad de mi vida ni a poner en situación difícil, como natural consecuencia de ello, la vida de tantos otros; si lo hago sólo es, espero, movida por la urgencia de decir la verdad y porque sé que no hay alma viviente que la conozca totalmente (p. 19).
Más adelante, señala que escribe su historia por tres razones,  decir la verdad y contar de forma verídica las relaciones entre mujeres, puesto que pensaba que ningún relato se había escrito  sin la intención de provocar el regocijo vicioso de los posibles lectores, y, por último:
(…) porque tengo la convicción de que, a medida que avanzan las edades y los sexos se van mezclando debido a sus crecientes semejanzas, esas relaciones dejaran de ser consideradas meramente antinaturales y se las comprenderá mucho mejor, y no solo en su aspecto intelectual si no también en el físico (p. 154).
Y para no faltar a la verdad confiesa abiertamente que se vistió de hombre y que fue maravillosamente divertido (…) nunca me sentí tan libre… (p. 160), la transgresión no era solo vestirse de hombre sino actuar como tal, vivir en ese rol, acompañado por una mujer a la que amaba, Violet Trefusis.


Violet y Vita

Así pues, Vita, según su hijo, una rebelde conformista, una aristócrata romántica (p. 121), cuyo padre era snob en el sentido de que daba exagerada importancia al nombre y a la fortuna (p. 120), casada ya con Harold, se enamoró apasionadamente de Violet, que también se casó aunque amaba a Vita. Ambas vivieron su amor enfrentándose a los convencionalismos en los llamados “felices años veinte”.

John Lavery, Violet Trefusis (1919)

Vita tenía ideas muy avanzadas respecto al papel de la mujer, la relación entre personas del mismo sexo o la manera de entender el matrimonio. En realidad, lo extraordinario de esta obra es la narración de cómo Vita y Harold llegaron a construir un matrimonio sólido, fundado en el amor, mientras ambos sostenían relaciones homosexuales extramatrimoniales y llevaban una vida libre que suponía separaciones, sobre todo por el trabajo de diplomático de él.

Estaba convencida de la necesidad de libertad para que la mujer se igualara al hombre en todos los ámbitos de la vida, sin embargo,  periódicamente se avergonzaba de tener estas ideas y de vivirlas. Sin embargo no estaba dispuesta a renunciar a tener una vida rica y que su marido también la tuviera, y no la tediosa repetición de magros hábitos cerebrales (p. 262). Una vida rica se construía sobre fundamentos espirituales, intelectuales, no físicos, y en los deseos de saborear la vida, desafiar los convencionalismos, trabajar mucho, jugar peligrosamente con las emociones y en la solicitud que se demostraban mutuamente.

Vita y Harold (1960)

La clave de su relación era la confianza, estamos seguros uno del otro en esta extraña, íntima, distanciada y mística relación que nunca podremos explicar a un extraño, le escribía Vita a Harold. Pero confianza es, en la mayoría de los matrimonios, fidelidad, en el suyo significaba que debían contarse siempre sus infidelidades con la seguridad de que siempre regresarían al centro común y amarse hicieran lo que hicieran (p. 263). Por lo demás, cada uno llevaba su vida cuando estaban separados, pero cuando estaban juntos muy pronto se instalaban en su fácil compañía o camaradería, dejando que las palabras se filtraran solas en la mente del otro, alimentándose el uno al otro con las impresiones de lo que habían leído o escuchado, un proceso estimulante (…) siempre lleno de cariño. La sensación de que cada uno estaba disponible para el otro y que nadie les molestaría sin ser autorizado a entrometerse, permitió asentar un largo matrimonio hasta el final de sus días.


Por último, hay unas páginas en las que se habla de la relación breve, pero intensa, que Vita mantuvo con Virginia Woolf. Se conocieron en 1922 y Vita fue la inspiración para escribir el Orlando que fue publicado en 1928. Tampoco he incidido en que Vita y Harold eran escritores aunque probablemente no serán recordados por ello. Apenas he hablado de la relación entre Vita y Violet…, en fin, leed este interesante testimonio de un matrimonio sui géneris.

sábado, 7 de febrero de 2015

CLARICE LISPECTOR, Cerca del corazón salvaje.

He leído varías reseñas de otras obras de esta autora a Yossi Barzilai, siempre con admiración hacia su manera de narrar. Elegí este título porque era el que estaba disponible en la librería cuando fui a comprar algo suyo, supongo que el título de la última reseña de Yossi que ahora no recuerdo.


Se trata de una obra de 197 páginas, publicada en 1944, densa como el agua de un pantano lleno de limo. El corazón salvaje es el de su protagonista, Juana, una persona que es niña cuando empieza la novela y que crece, a lo largo de una trama que no es capital en la novela, hasta llegar a la madurez.

Cerca del corazón salvaje es una novela compleja, explora la personalidad de Juana a través de un diálogo interior al estilo de Joyce. Se dice que el título podría venir de este fragmento de Retrato del artista adolescente, cuando el protagonista recordaba su  adolescencia:
Estaba solo. Abandonado, feliz, cerca del salvaje corazón de la vida.


En cierta manera la historia que se cuenta aquí transcurre a través de fogonazos, estampas de la vida cotidiana en su dimensión más introspectiva, que nos permiten conocer la vida de Juana avanzando desde la infancia a la madurez. A Lispector le interesa más remarcar las sensaciones que los hechos en sí, por eso esta obra recuerda a un diario, pero un diario de percepciones, no de sucesos.
Entre un instante y otro, entre el pasado y el futuro, la vaguedad blanca del intervalo. Vacío como la distancia de un minuto a otro en el círculo del reloj. El fondo de los acontecimientos alzándose callado y muerto, un poco de eternidad.(…) Dejando tras de sí el intervalo perfecto como un único sonido vibrando en el aire. Renacer después, guardar la memoria extraña del intervalo, sin saber cómo mezclarlo con la vida. Cargar para siempre el pequeño punto vacío –deslumbrado y virgen, demasiado fugar para dejarse desvelar (p. 157).
La incomunicación, la dificultad de expresarse a través de palabras, está presente en cada página de esta novela y es lo que va densificando el ambiente como si una víbora, Juana, estuviera agazapada en la sombra dispuesta a inocularnos el veneno de la destrucción. No resulta fácil avanzar por las páginas de esta obra, la introspección del mundo y de la autora no construye una historia con sucesos, sino un avanzar a saltos que va descubriendo el alma de unos personajes que, a veces, desaparecen recurriendo al pronombre (él y ella) para hacer referencia a los tres personajes principales: Juana, Octavio y Lidia. No busquemos conclusiones o soluciones a este triángulo, lo mejor es navegar entre sus palabras y encontrar las conexiones que nos puedan vincular a lo que explica la autora.
Quiso el mar y sintió las sábanas de la cama. El día prosiguió su marcha y la dejó atrás, sola (p. 31).
Se sentó en la cama. Dentro de sí era como si no hubiera muerte, como si el amor pudiera fundirla, como si la eternidad fuese la renovación (p. 41).
El viaje era largo y de los bosques lejanos venía un aire frío de espesura mojada (p. 43).
Sentía el mundo palpitar dulcemente en su pecho, le dolía el cuerpo como si en él estuviera soportando la feminidad de todas las mujeres (p. 137).
Lispector parte de lo cotidiano retorciendo su sencillez al mostrar el interior de sus personajes, ralentizando el tiempo o agitándolo y recorriéndolo con rapidez según las emociones y pensamientos interiores. No es una lectura fácil y cuesta entrar en su manera de narrar, sin embargo es un esfuerzo que compensa aun cuando te deje cansada, herida, escéptica, llena de preguntas sin respuesta.