viernes, 27 de mayo de 2016

MICHEL DE MONTAIGNE, Los ensayos (según la edición de 1595 de Marie de Gournay).

LIBRO I (476 páginas).

Si habéis visto el lateral en las últimas semanas, este libro se instaló en mi vida lectora y lo he ido leyendo en paralelo con otras obras. Es un préstamo de la biblioteca que he renovado dos veces y que voy a dejar hasta el verano para seguir con el libro segundo (que ya he empezado).


Motivaciones lectoras…
Así puedo indicar las razones que me han llevado a este libro de 1669 páginas, Montaigne se me ha cruzado demasiadas veces leyendo otros libros como para no tentarme a acometer la lectura de Los ensayos. Dice J. Bayod Brau, en su estudio introductorio, que se trata de un libro para leer y para estudiar. Realmente en estos ensayos podemos encontrar los temas más diversos, pero especialmente encontramos al ser humano y todas las posibilidades de defectos, virtudes, maneras de ver la vida, comportamientos, pensamientos, emociones, etc. Y todo ello con el amable relativismo de Montaigne y un lenguaje asequible, actual y fresco como si nos hablara desde el siglo XXI. Pero no nos equivoquemos, el autor tiene cosas muy claras y en ellas se muestra mucho más contundente de lo que parece a primera vista, eso sí, estos ensayos permiten que cada cual lea la obra desde su perspectiva, sin imposiciones ni intolerancias. Y una de las cosas que más respeta es la palabra dada, tal y como señala en “Los mentirosos”, (capítulo IX):
A decir verdad, mentir es un vicio maldito. Solo por la palabra somos hombres y nos mantenemos unidos entre nosotros (49).
En su advertencia al lector, Montaigne señala que este es un libro escrito de buena fe y que su único fin es doméstico y privado, ya que su propósito no es alcanzar la gloria. Añade que lo que pretende es darse a conocer a las personas más próximas y que, por ello, no se adorna así mismo con bellezas postizas. No deja de ser una disculpa por si en estas reflexiones pudiera rozar terrenos peligrosos como la ira de los poderosos o la moral del clero. Se quiere situar en una posición difícil como dice en “Vanas sutilezas”  (capítulo LIV):
(…) si estos ensayos fueran dignos de ser juzgados, podría suceder en mi opinión que no gustaran mucho ni a los espíritus comunes y vulgares, ni tampoco a los singulares y excelentes. Los unos no entenderían bastante, los otros entenderían demasiado (453).
Como cada cual se para en lo que le interesa, he aquí una pequeña selección de temas y cedo la palabra a este gentilhombre tan interesante.


La formación de los hijos. Cap. XXV. O la importancia de frecuentar el mundo…
El juicio humano extrae una maravillosa claridad de la frecuentación del mundo. Estamos contraídos y apiñados en nosotros mismos, y nuestra vida no alcanza más allá de la nariz. Preguntaron a Sócrates de dónde era. No respondió “de Atenas”, sino “del mundo”. Él, que tenía la imaginación más llena y más extensa, abrazaba el universo como su ciudad, proyectaba sus conocimientos, su sociedad y sus afectos a todo el género humano, no como nosotros, que sólo miramos lo que tenemos debajo (201).

La costumbre y el no cambiar fácilmente una ley aceptada. Cap. XXII. O lo negativo de las costumbres…
(…) la costumbre es en verdad una maestra violenta y traidora. Establece en nosotros poco a poco, a hurtadillas, el pie de su autoridad; pero, por medio de este suave y humilde inicio, una vez asentada e implantada con la ayuda del tiempo, nos descubre luego un rostro furioso y tiránico, contra el cual no nos resta siquiera la libertad de alzar los ojos (127).
El hábito adormece la visión de nuestro juicio (132-133).
Catón el Joven Cap. XXXVI. Maravillosa esta manera de ver la poesía…
Pero la buena [poesía], la suprema, la divina está por encima de reglas y razón. Cualquiera que distinga su belleza con una visión firme y segura, no la ve, como no ve el esplendor del relámpago. No ejercita nuestro juicio: lo arrebata y devasta. El furor que aguijonea a quien sabe penetrarla, hiere también a un tercero al oírsela tratar y recitar (315).
La soledad. Cap. XXXVIII. Una de mis reflexiones favoritas…
Debemos reservarnos una trastienda del todo nuestra, del todo libre, donde fijar nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro y soledad (327).
Tengo muchos más fragmentos que he atesorado para cuando los necesite repasar, una lectura que se puede encarar de muchas maneras, leer a salto de mata los ensayos que nos puedan interesar, leer todo, y en orden, como yo he decidido hacerlo. Leerlo seguido o hacer descansos, cortos o largos… En fin, hacedlo como mejor os agrade, pero no dejéis de leer a Montaigne, seguro que os compensará.

¡Ay! Por cierto, olvidé deciros que Montaigne nació cerca de Burdeos en 1533 y murió en 1592. 

viernes, 20 de mayo de 2016

ITALO CALVINO, Las ciudades invisibles

Este libro acabó en mi estantería de libros pendientes tras la lectura de la reseña que hizo Paco Castillo 



En concreto, tal y como le dije en mi comentario, me cautivo esta parte de su excelente y recomendable reseña: 
...prosa exquisita, es un sibarita de la escritura. Es un deleite leer palabras que se pueden palpar, porque tienen texturas, que pueden olerse, porque desprenden aromas, o que pueden admirarse, porque contienen imágenes. 
 Impresiones… 

Me voy a dejar guiar por ellas sin más. 
Ciudades, posibles ciudades, inauditas, imposibles, impensables, ciudades infierno, ciudades cielo, ciudades microscópicas, ciudades colgadas, ciudades subterráneas, ciudades inventadas… o soñadas. Ciudades-tierras prometidas, visitadas con el pensamiento (…): la Nueva Atlántida, Utopía, la Ciudad del Sol, Océana, Tamoe, Armonía, New-Lanark, Icaria (170). 



No existe lo que no se sueña, no se sueña lo que no se piensa. Se trata de apartar lo que constituye el infierno y crear otra realidad, a ser posible una realidad que dure.

Marco Polo explica a Kublai Kan, emperador de los tártaros, las muchas ciudades que existen en su imperio, o lo que es lo mismo, las posibles configuraciones de la ciudad ayer, hoy y mañana. Ciudades felices y ciudades infernales, ciudades arrasadas por la basura y ciudades que huelen a limón, canela y bergamota. Ciudades dobladas, ciudades colgantes, ciudades en espiral, ciudades… 



Y con las ciudades un inmenso mundo posible en el que las ciudades se construyen pedazo por pedazo, hecha de fragmentos mezclados con el resto, de instantes separados por intervalos, de señales que uno envía y no sabe quién las recibe (170). 

Y es que Marco Polo habla y habla, pero es consciente de que el que le escucha sólo retiene las palabras que espera (145), por tanto, lo que dirige el relato no es la voz: es el oído. 


Las ciudades pesan sobre la tierra, abarrotadas de bienes, poder, jerarquías y ornamentos, pero en los sueños aparecen… 
…ciudades ligeras como cometas, ciudades caladas como encajes, ciudades transparentes como mosquiteros, ciudades filigrana para ver a través de su opaco y ficticio espesor (87). 
Hay ciudades que me han gustado especialmente: Isidora, Zaira, Anastasia, Eufemia, Zobeida, Ipazin y otras. Por elegir una me quedo con Aglaura, de la que se puede decir lo que sus habitantes repiten desde siempre: 
(…) una serie de virtudes proverbiales, otros tantos proverbiales defectos, alguna rareza, cierto respeto puntilloso por las normas. Pero la realidad es que no hay nada de cierto en cuanto se dice de Aglaura, y sin embargo de ello surge una imagen de ciudad sólida y compacta, mientras que los juicios dispersos que se pueden enunciar viviendo en ella no llegan a tener igual consistencia. El resultado es éste: la ciudad de que se habla tiene mucho de lo que se necesita para existir, mientras que la ciudad que existe en su lugar existe menos (81). 

 Realidades… 

Y es que Polo nos habla de realidades y de sueños, de ideas y reflexiones, en definitiva, de ese sustrato extraño que constituye la realidad. En esa realidad existe el infierno y el cielo, ninguno está por venir, ya existe aquí. Pero Calvino se refiere al infierno, no seré yo quien le enmiende la plana: 
El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera (…): aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio (171). 

Merece la pena dejar espacio a esta lectura… que en efecto tiene mucho de poema, escrita de modo exquisito.

viernes, 13 de mayo de 2016

PEDRO SALINAS, La voz a ti debida

¿Por qué este mar embravecido?


Porque me gusta verlo así

Porque los poemas me saben a salitre

Los versos a brisa airada

Las palabras huelen a mar furibunda

Las sílabas son la breve espera de una letra saltarina

Y el mar siempre es  poesía.

[Y HOY PASEABA POR LA PLAYA SOLITARIA PENSANDO EN SALINAS MIENTRAS EL OLOR MARINO Y EL OLEAJE ALTIVO CALMABAN MIS OJOS CANSADOS Y SE LLENABAN DE LUZ]

---------

¿Por qué leo poca poesía? 

¿Por su intensidad? ¿Por el grano de locura que requiere y no siempre estoy dispuesta a poner en la balanza? ¿Por cómo te desnuda en el instante que dura leer cuatro versos?

No se ve nada, 
no se oye nada. Me sobran 
los ojos y los labios, 
en este mundo tuyo. 

Es imprudente vivir sin la locura de la poesía 


Palabras pronunciadas por García Lorca cuando presentó algunos versos de Pablo Neruda, que como dice Nuccio Ordine en su La utilidad de lo inútil, hacen que vibren las cuerdas de nuestro corazón: 
La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay en la verdadera poesía, un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, que mucho matan para colocarse el odioso monóculo dela pedantería libresca y sin el cual es imprudente vivir (67). 
Pueden estar reunidas en estas clarividentes palabras las razones por las que leo poesía de forma intermitente. Hay momentos en que la necesito como el agua fresca que sacia la sed y en otros momentos no puedo arriesgarme a dejar que nutra ese grano de locura que todos llevamos dentro. Siempre leo muy despacio la poesía porque un poema o un fragmento me deja ahíta y me resulta imposible asimilar otro poema más. 



En todo caso, este libro que me costó 1€ en la Cuesta de Sto. Domingo en Pamplona, me ha acompañado casi todos los días poco antes de cerrar los ojos para dormir y lo he disfrutado plenamente. 

Su autor 

Pedro Salinas (1891-1951), narrador, dramaturgo, ensayista, pero sobre todo poeta, publicó su primer poemario en 1923. La voz a ti debida forma parte de una trilogía junto con Razón de amor y Largo lamento, en el que repasa el amor desde el encantamiento inicial hasta que solo quedan cenizas o ni eso.



Autor muy influyente en la generación de poetas españoles de la posguerra, fue uno más de los escritores importantes que partió hacia el exilio al estallar la guerra civil. 

La voz a ti debida 

Quítate ya los trajes, 
las señas, los retratos; 
yo no te quiero así, 
disfrazada de otra, 
hija siempre de algo. 
Te quiero pura, libre, 
irreductible: tú. 
Sé que cuando te llame 
entre todas las gentes 
del mundo, 
sólo tú serás tú (37). 

La voz a ti debida (1934) es un largo poema en 70 fragmentos. El hilo conductor es el amor, desde que se produce el descubrimiento de la amada hasta el intento del enamorado por desvelar su esencia. La imposibilidad de aprehender dicha esencia cuando creía que ya la había agotado transita entre versos delicados. 

Y aquello que ella me dijo 
fue en un idioma del mundo, 
con gramática e historia. 
Tan de verdad, 
que parecía mentira (18). 

Salinas escribe con un lenguaje transparente, directo, claro como el agua del manantial. Y así llega a nuestros sentidos cuando lo leemos, parece que nos quita la sed, que olemos las piedras mojadas y sentimos la frescura de la noche de luna llena. 

Lo que eres 
me distrae de lo que dices. 
Lanzas palabras veloces, 
empavesadas de risas, 
invitándome 
a ir adonde ellas me lleven. 
No te atiendo, no las sigo: estoy mirando 
los labios donde nacieron (77). 

Me cuesta mucho reseñar un libro de poemas desde la extrema subjetividad que es donde se cuelan siempre los versos, quieras o no. 

Posesión tú me dabas 
de mí, al dárteme tú. 
Viví, vivo. ¿Hasta cuándo? 
Sé que te volverás (125). 

Leer a Salinas siempre es recomendable y un enorme placer.

viernes, 6 de mayo de 2016

CORMAC McCARTHY, Ciudades de la llanura

“Trilogía de la frontera”

Concluyo la lectura de esta Trilogía que empecé a leer hace menos de un año (julio de 2015) con la impresión de que se trata de tres libros excelentes. Una trilogía que puede leerse en orden diferente al que plantea el autor (puesto que el primero y el segundo pueden leerse en primer lugar sin que se altere la idea motriz de la trilogía, eso sí, el tercero es el último), aunque yo los he leído por orden.

La idea clave de la trilogía es la soledad del hombre, y digo bien, porque son novelas en las que los protagonistas y el mundo que describe es masculino, la mujer aparece poco y, aunque tienen un papel importante como depositaria del amor y, a la vez, como provocadoras de la desgracia, tienen un papel secundario siempre. La soledad del vaquero que se agarra a un mundo, el de los que trabajan en el espacio natural de las praderas, que desaparece frente a la urbanización y el sedentarismo. Un mundo también de frontera entre el norte y el sur con todos los desencuentros y conflictos que genera. Y un mundo de lealtad, amistad, valor y esfuerzo, valores que parecen en decadencia ante la nueva sociedad que se abre paso a principios de la década de 1950. 


La historia y los protagonistas… 

Los dos jóvenes protagonistas de las anteriores novelas, John Grady y Billy Parham, trabajan juntos en un rancho de Nuevo México que está a punto de ser expropiado por el ejército. Esa situación precaria simboliza la extinción de un tipo de vida libre, solitaria e independiente. No hay salida para quienes se obstinan en mantener ese tipo de vida que no se adapta a la realidad, algo que al final de la novela quedará patente en la conversación que un anciano Billy sostendrá iniciado el siglo XXI con un vagabundo que se encuentra cerca de una autopista. 
(…) en sueños habitamos esa gran democracia de lo posible y en ella somos en verdad como peregrinos. En ella salimos al encuentro de aquello que vamos a encontrar (267). 
Un aspecto común de McCarthy es introducir la reflexión, a veces a través de personajes secundarios muy peculiares (como ese vagabundo que se encuentra en el camino Billy o el desmemoriado propietario de la granja en la que trabajan ambos), sobre la existencia y la eternidad, la muerte y la vida. 

Solo el encuentro de John con Magdalena, una joven prostituta de la que se enamora, romperá la calma de una vida cuyo centro está en la relación del hombre con la naturaleza, mediada por el vínculo con los caballos, siempre protagonistas en estas novelas. 

Como en las anteriores novelas está presente el recurso literario del silencio que se apodera del relato de manera magistral y que se refleja a través del pensamiento, dándole al relato una fuerza enorme. 

La nostalgia de un mundo perdido… 

(…) echo de menos la vida de la pradera. Hice la trashumancia cuatro veces. Fue lo mejor de mi vida. Lo mejor. Viajar. Ver otra región. No hay nada igual en el mundo. Ni lo habrá. Sentarse junto al fuego con el rebaño bien acostado y sin viento. Preparar un poco de café. Escuchar las historias de los viejos vaqueros. Buenas historias. Liar un cigarrillo. Dormir. El mejor sueño es al aire libre. No hay nada igual (177). 
La belleza de la pradera… 

Señaló hacia la puesta de sol. Rojo laminar. El fresco del crepúsculo estaba allí y empezaba a rodearlos (176). 
Hacia el sur la fina línea verde del río parecía una raya de lápiz de color en medio de aquel yermo bistre y malva. Al fondo las montañas de México en azules y grises pálidos que se desteñían en lontananza. La hierba que cubría la mesa se retorcía a merced del viento. La avanzadilla de una tormenta se encaminaba hacia el norte (217).


Y una reflexión… 

El mundo de nuestros padres reside dentro de nosotros. Más de diez mil generaciones. Una forma sin historia propia no es capaz de perpetuarse. Lo que no tiene pasado no tiene futuro. En el meollo de nuestra vida está la historia de la cual se compone y en ese meollo no hay idiomas sino únicamente el acto de saber, y es esto lo que compartimos dentro y fuera de los sueños. Antes de que hablara el primer hombre y después de que el último calle (264). 

Conclusión 

Un escritor que confirma con esta trilogía mi admiración por su manera de narrar tan a la americana (norteamericana en realidad): frases cortas, concisas, cortadas a cincel. Temas centrados en solitarios inadaptados que se enfrentan a las fuerzas de la naturaleza y a la maldad del ser humano a cara descubierta. El canto a la libertad individual y a la amistad, como elementos que dan sentido a la vida.

viernes, 29 de abril de 2016

RAFAEL CHIRBES, La buena letra.

Había leído hace tiempo Los viejos amigos, que me gustó, pero me dejó poca huella. En mi biblioteca de pendientes tenía esta breve obra de 1992 y decidí leerla. Ahora tengo otras pendientes, por desgracia su muerte en agosto de 2015 ha cerrado su obra inesperadamente.



Una advertencia del autor…
…en una nota a la edición del 2000, que en esta edición posterior suprimió el último capítulo porque con él había introducido la idea de la justicia del tiempo con la que no se siente cómodo. Señala que no es misión del tiempo corregir injusticias, sino más bien hacerlas más profundas.


El autor

Rafael Chirbes (1949-2015), estudió Historia en Madrid y se dedicó a la crítica literaria y el periodismo durante un tiempo. En 1988 publicó su primera novela, Mimoun, a la que siguieron ocho más en la línea de retratar la sociedad española de forma crítica.

Vivencias privadas en la guerra

La buena letra son los recuerdos de Ana, la protagonista, que va relatando en primera persona a su hijo la historia de su familia, partiendo del presente narrativo y haciendo memoria, una memoria enferma y sin esperanza (22), dice ella misma. Esa memoria está enferma porque asistimos a las penurias que provocó la guerra civil para una familia que pertenecía a los vencidos. Novelar la guerra desde la vida privada de una familia nos introduce, mejor que las cifras y los datos, en la desolación del miedo, de la pobreza, de las pequeñas traiciones para sobrevivir, de transigir para prosperar y todo ello con el trasfondo oscuro de la larga posguerra española.
Nos habíamos convertido en mulos de noria. Empujábamos, ciegos y mudos, buscando sobrevivir, y, a pesar de que nos dábamos todo unos a otros, era como si sólo el egoísmo nos moviese. Ese egoísmo se llamaba miseria. La necesidad no dejaba ningún resquicio para los sentimientos. Lo veíamos a nuestro alrededor (53).
Chirbes utiliza, a través de Ana, un tono familiar, sencillo y cercano para explicar un periplo vital que tiene su punto culminante al final de la novela con la traición del hijo, que no explicaré para no desvelar la intriga. Su escritura es sencilla pero eficaz y los capítulos son breves pero llenos de sentimientos y emociones sin exageraciones innecesarias. Y es que hay…
…palabras que son de un vidrio tan delicado que si uno las usa una sola vez, se rompen y vierten su contenido y manchan (77).
Conclusión
Dura, desesperanzadora y excelente novela.
  

viernes, 22 de abril de 2016

NUCCIO ORDINE, La utilidad de lo inútil. Manifiesto

Compré este libro hace unos meses porque me gustó, en primer lugar, el título y cuando lo hojee en la librería, el contenido. Por desgracia en esta sociedad mercantilizada, solo es útil aquello que tiene un valor económico inmediato. Lo inútil, lo inservible que señala Byung-Chul Han, es clave para nuestro futuro más allá de la producción. El lujo, en su sentido primario, no es una praxis consumista. Es, por el contrario, una forma de vida que está libre de la necesidad. El lujo solo es pensable más allá del trabajo y del consumo. Visto así, el lujo es afín al ascetismo. La felicidad se puede encontrar en objetos y sentimientos sin valor económico: lo que se espacia, lo dejado por desvalorizado, lo abundante sin valor en el mercado, lo vaciado de sentido, lo excedente, lo superfluo, vale decir los lujos respecto de la necesidad, del trabajo y del rendimiento[1]. 
En la misma línea Nuccio Ordine hace una defensa de lo que el poder entiende como inútil por no tener una finalidad utilitarista y que él, dando un giro total a sus argumentos, considera como lo único útil en el campo del pensamiento y la investigación, puesto que nos ayuda a hacernos mejores. 


El título y la estructura… 

Ordine no pretende elaborar un texto orgánico sino que quiere que refleje la fragmentariedad que lo ha inspirado. El subtítulo –Manifiesto- recoge el aspecto militante que ha animado el trabajo. La estructura de la obra está dividida en tres partes: la primera, dedicada al tema de la útil inutilidad de la literatura; la segunda, consagrada a los efectos desastrosos producidos por la lógica del beneficio en el campo de la enseñanza, la investigación y las actividades culturales; en la tercera parte, a partir de lectura de los clásicos, se intenta mostrar la carga ilusoria de la posesión y sus efectos devastadores sobre la dignitas hominis, el amor y la verdad. Por último ha incorporado un ensayo de Abraham Flexner escrito en 1937. 

La útil inutilidad de la literatura 

El acto creativo de la literatura se basa en la simplicidad motivada por un auténtico gozo y ajena a cualquier aspiración al beneficio. 
Gusto es la facultad de juzgar un objeto o un representación mediante una satisfacción o un descontento, sin interés alguno. El objeto de semejante satisfacción llámase bello (51). Kant, Crítica del juicio
La Universidad-empresa y los estudiantes-clientes 

La degradación de las Universidades se produce por una confluencia de los recortes justificados por la crisis económica, la retirada económica del Estado del mundo de la enseñanza y la investigación básica (privatización) y un descenso de los niveles de exigencia para permitir que los estudiantes superen los exámenes con más facilidad puesto que pagan y asumen el papel de clientes. 
Los libros contienen las palabras de los sabios, los ejemplos de los antiguos, las costumbres, las leyes y la religión. Viven, discurren, hablan con nosotros, nos enseñan, aleccionan y consuelan, hacen que nos sean presentes, poniéndonoslas ante los ojos, cosas remotísimas de nuestra memoria. Tan grande es su dignidad, su majestad y en definitiva su santidad, que si no existieran los libros, seríamos todos rudos e ignorantes, sin ningún recuerdo del pasado, sin ningún ejemplo (101-102). Cardenal Bessarión al dux Cristoforo Moro, 1468. 
Poseer mata: “Dignitas Hominis”, amor, verdad 

Es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices (112). Montaigne, Los ensayos. 
Nuestro conquistar más verdadero reside en nuestro mirar. (…) No nos hacemos ricos porque algo permanezca y se marchite en nuestras manos, sino porque todo fluye a través de su captura como a través de una solemne puerta de entrada y retorno a casa. Para nosotros las manos no deben ser un féretro: sólo un lecho en el cual las cosas duermen en el crepúsculo y tienen sueños desde cuyas profundidades expresan sus secretos más estimados. (…) La posesión es, de hecho, pobreza y angustia; ¡sólo el haber poseído es un poseer despreocupado! (124-125). Rainer Maria Rilke, Carta a Jelena M. Woronina. 

Abraham Flexner, “La utilidad de los conocimientos inútiles” 

El enemigo real del género humano no es el pensador audaz e irresponsable tenga razón o no. El enemigo real es quien trata de moldear el espíritu humano de manera que no se atreva a desplegar sus alas como estas se desplegaron en otro tiempo (…) (167). Una paradoja de la historia… …cuando prevalece la barbarie, el fanatismo se ensaña no solo con los seres humanos sino también con las bibliotecas y las obras de arte, con los monumentos y las grandes obras maestras. La furia destructiva se abate sobre las cosas consideradas inútiles (…).Cosas inútiles e inermes, silenciosas e inofensivas, pero percibidas como un peligro por el simple hecho de existir (20). 
 [1] Beyung- Chul Han (2014): Psicopolítica. Herder, Barcelona, pp. 79-80.

viernes, 15 de abril de 2016

EDMUND DE WALL, La liebre con ojos de ámbar. Una herencia oculta

Nunca es fácil poner el título a una obra. Reconozco que este título me llamó la atención inmediatamente, la misteriosa segunda parte del título, Una herencia oculta, acrecentó mi interés. 

La liebre con ojos de ámbar es un netsuke 

Los netsukes son esculturas en miniatura que aparecieron hacia el siglo XVI con una finalidad práctica: son pasadores para sujetar el injo, la caja donde se llevaban los objetos para la vida cotidiana de la casa sujetos a la faja del kimono. Eran fabricados en madera de boj o marfil y los artesanos fueron maestros en dichos objetos.
Edmund de Wall recibió de su tío Iggie una colección de doscientos sesenta y cuatro netsukes, lo que motivo en el autor la necesidad de explicar una historia, la de su familia, y para ello toma como hilo conductor estas pequeñas estatuillas. 

¿Qué quería saber de Wall? La relación entre el objeto de madera y los lugares en los que ha estado, entrar en las habitaciones que los albergaron, las manos que los tocaron y qué pensaron de dichas estatuillas. Lo esencial del viaje de los netsukes lo conocía el autor por su tío Iggie, fue en la década de 1870 cuando un primo del bisabuelo del autor, llamado Charles Ephrussi, los compró en París. Éste se los regaló a su bisabuelo Viktor con ocasión de su boda, en Viena, hacia finales de siglo y de aquí llegaron a Tokio a casa de Iggie. 

En el proceso de la investigación para conocer el recorrido de estas estatuillas, de Wall acaba confesando cerca del final del libro que: 
Ya no sé si este libro trata de mi familia, de la memoria o de mí, o si sigue siendo un libro sobre miniaturas japonesas (354). 


El autor… 

Edmund de Waal (Nottingham, 1964) es ceramista y sus obras han sido expuestas en diversos museos y exposiciones. Es su profesión lo que explica el modo de afrontar el reto que se puso de recuperarla historia familiar a través de objetos (los netsukes). Este interés no es superfluo puesto que de Wall hace cosas, es ceramista, y para él tiene una gran relevancia cómo se manipulan, se usan y se pasan los objetos. 

El contenido… 

Dice Foucault que existe la posibilidad de hacer funcionar la ficción en la verdad; de inducir efectos de verdad con un discurso de ficción. Llevo unas cuantas obras leídas en las que el trasfondo entre ficción y realidad (verdad) tiene un gran protagonismo. La liebre con ojos de ámbar se mueve en ese territorio con la original perspectiva de alguien que no es novelista sino que procede del mundo de la cerámica.

La obra está dividida en cuatro partes, precedida por un prefacio y con una coda final, que recorren la historia familiar de los Ephrussi desde 1871 hasta 2009. El recorrido empieza cuando los Ephrussi se trasladan desde Odesa a París y Viena, la historia se detiene en la primera parte en la figura de Charles que es quien inicia la colección de netsukes. Es un hombre culto que inicia algunas colecciones de arte, especialmente pintura, entrando en contacto con los impresionistas. Monet, Manet, Degas o Renoir aparecen en esta historia como personajes, al igual que escritores como Proust, proustiflor debido al mariposeo del escritor de un acontecimiento social a otro (101). En esta parte se dedica atención al affaire Dreyfus debido a que los Ephrussi son judíos y este affaire les influyó. 

Del París de los salones, en la segunda parte, a la Viena posterior a la I Guerra Mundial. Los netsukes se trasladaron, como regalo de boda a Viktor, primo de Charles, a la ciudad imperial y en esta ciudad reina el antisemitismo pese a los intentos de asimilacionismo de su población judía. Escritores como Joseph Roth o Rilke, aparecen también en la historia familiar porque, como es el caso de Rilke, este se carteó con la bisabuela del autor del libro.

En la capital del pequeño país en que había quedado el gran Imperio Austro-húngaro, se desarrolla en gran parte la tercera parte que abarca el periodo 1938-1947. La ocupación de Austria por Alemania y la rapidez con que los judíos se vieron atrapados en una ciudad que se nazificó con extrema rapidez, forman parte de este capítulo que, desde mi punto de vista, es excelente. La desposesión de todos los bienes de los Ephrussi y el peligro que corren en el III Reich les llevan a huir para ponerse a salvo. Los netsukes se salvan del expolio de forma rocambolesca y se desplazan a Japón, su país de origen, donde se instalaran en casa de Iggie, hijo de Viktor. 

La Coda es una parte muy breve que lleva al autor del libro en sus últimas investigaciones desde Tokio a Odesa y Londres donde se instalaran, de momento, los netsukes



Un viaje… una historia… 

Un viaje lleno de aventuras que retrata una parte de la historia del siglo XIX y XX, que supone una reflexión sobre el arte, la política, las relaciones familiares, el amor y la literatura. Una familia rica y culta que transita desde la abundancia a la dispersión y al peligro de morir por ser judíos (asimilados y alejados de la religión) por la barbarie que inundo Europa. Una historia que cambia a su autor al conducirle a reflexionar sobre muchos aspectos que quizás nunca se había planteado. 

Dos fragmentos

Trastabillo. Veo que no entiendo qué significa ser parte de una familia judía asimilada, aculturada. Sencillamente no lo entiendo. Sé qué cosas no hacían: no iban nunca a la sinagoga, pero sus nacimientos y sus bodas figuran en el registro del rabinato local. Sé que pagaban las obligaciones a la Israelitische Kultusgemeinde y que donaban dinero a la caridad judía del cementerio y, preocupado porque el portón de hierro forjado está roto, me he preguntado si no debería hacerlo reparar. No parece que el sionismo les resultara muy atractivo (167). 
Después de la sala está la biblioteca, la habitación más grande de esta planta del edificio. Pintada de rojo y negro, como la gran suite de habitaciones de Ignace en el piso de abajo, tiene una rojinegra alfombra turca, las paredes cubiertas de enormes estanterías de ébano con marquetería de marfil flanqueada por los dos globos terráqueos. Es la habitación de Kiktor: miles de sus libros se alinean contra las paredes: historias griegas y romanas, literatura germánica, poesía y diccionarios. La fina malla dorada que cubre ciertos estantes se abre con una llave que Viktor lleva unida a la leontina (170).

Conclusión… 

Un libro para disfrutar, de lectura fluida, fácil e interesante, sin más (ni menos) pretensiones.

viernes, 8 de abril de 2016

ANNE FADIMAN, Ex Libris

Cuando contemplo mi piso abarrotado de libros, a veces me pregunto si estos no acabaran de expulsarme a las calles de la ciudad donde vivo. Como no pienso renunciar a ellos bajo ningún concepto, muchas veces me paseo por las diversas habitaciones y pasillos para ver que espacios puedo ir colonizando para instalar más libros. Ya tengo libros en la cocina y en los pasillos, ni siquiera el lavabo está libre de ellos. No me siento capaz de renunciar a lo que me aportan los libros, ni que estos sigan siendo de papel, puesto que cada vez que abro las páginas de uno de ellos es… 
(…) una nueva exploración es un viaje a las Indias, una búsqueda de un tesoro escondido, una travesía hacia el final de un arco iris; y da igual si al final aparece una mina de oro o tan solo un volumen encantador, siempre se encontraran maravillas por el camino (152). 

Ex libris 

Ex libris es una locución latina que significa literalmente de entre los libros, de una biblioteca, por ejemplo. Pero también hace referencia a la marca de propiedad que suele ser una estampa (como la que yo tengo y pongo en escasos libros), etiqueta o sello (que también tengo y pongo con más frecuencia) y contiene el nombre del dueño del ejemplar o de la biblioteca propietaria. 





Anne Fadiman escribe una auténtica declaración de amor a los libros que superando la idea de los lectores como meros consumidores va al corazón de la lectura: no si deseamos comprar un libro nuevo, sino cómo nos relacionamos con los viejos, aquellos con los que hemos vivido años, aquellos cuyas texturas y colores y olores nos son tan familiares como la piel de nuestros hijos (12). 

Y es que… 
Los libros escribieron la historia de nuestras vidas y, mientras se iban acumulando en nuestras estanterías (y en nuestros alféizares, y debajo de nuestro sofá, y encima de la nevera), se convirtieron en capítulos por sí mismos. ¿Cómo podría ser de otra manera? (13). 
He tenido días atrás un problema de cierta importancia en un ojo, cuando estaba en la consulta del oftalmólogo con la pupila dilatada seguía leyendo, tratando de espantar algo que me horroriza, no poder leer. 

Un libro sobre libros 

Soy consciente de que este “género”, por llamarlo de alguna manera, tiene hoy mucho éxito y siempre recelo ante uno de ellos. He sabido por este libro que en las librerías de viejo suele haber una sección dedicada a este tipo de libros (o no me había dado cuenta o no me había llamado la atención). 

Es un libro sobre libros sin duda. Sin embargo no fue concebido como libro, son breves ensayos bajo el título “Simples lecturas” que aparecieron en la revista Civilization. Fueron escritos por Fadiman, por recomendación de su editor, sobre sí misma. El centro de estos ensayos, y por tanto del libro, es ella misma y su familia. 

Cada capítulo corresponde a uno de estos breves ensayos, dieciocho en total, y tratan de temas muy diversos. “Matrimonio de bibliotecas” es el primero y describe cómo se sintió verdaderamente casada cuando después de unos años de convivencia decidieron mezclar sus dos bibliotecas y los criterios (y tensiones) que pactaron para hacerlo. “Mi estante suelto” trata de ese estante que todo el mundo tiene en su biblioteca en el que hay un pequeño y misterioso conjunto de volúmenes cuyo tema nada tiene que ver con el resto de la biblioteca y que, sin embargo, dice mucho de su propietario (33). En la biblioteca de Fadiman esa estantería suelta son sesenta y cuatro libros sobre la exploración polar. Mi estantería suelta está formada por unos cuarenta libros de arte.
¿Tenéis un estante suelto? 
Muy divertido resulta el capítulo sobre los errores gramaticales e interesante el de las partes que componen los libros, especialmente la hoja de cortesía y la portadilla. 


Amar los libros 

Si algo tiene en común todos los capítulos es que, desde un ángulo u otro, la autora construye un calidoscopio que destila amor por los libros. 
(…) me di cuenta de que igual que hay más de una manera de amar a una persona, también hay más de una manera de amar un libro (…) Para nosotros, lo sagrado de un libro eran las palabras, pero el papel, la tela, el cartón, el pegamento, el hilo y la tinta que las contenían no eran más que un recipiente, y no era ningún sacrilegio tratarlos con toda la licencia que dictan el deseo y el pragmatismo. El mal uso de un libro no era señal de falta de respeto, sino de intimidad (49-50). 
El contacto con los libros hace mejor a las personas, cada una ha de encontrar la manera de relacionarse con las palabras para sentir esa comunión que es irrepetible. Cuando alguien comparte, mezcla, busca y encuentra libros, inicia una experiencia que le transforma, le enriquece y completa un camino que permite un crecimiento personal inagotable. 

Mi fragmento favorito 

Entre los dos, mis padres tenían unos siete mil libros. Cada vez que nos mudábamos de casa, un carpintero construía medio kilómetro de estanterías; cada vez que nos íbamos, los dueños nuevos las arrancaban. Para mí las paredes de los demás estaban desnudas. Las nuestras no eran telones de fondo blancos y sosos para colgar cuadros, eran obras de arte por sí mismas, mosaicos desde el suelo hasta el techo cuyos azulejos de colores vívidos eran rectángulos delgados, agradables al tacto e incluso, si a uno le gustaba la fragancia polvorienta del papel viejo, al olor (129). 
El libro como tentación, como placer de los sentidos, como alimento del intelecto, como compañía frente a la soledad, como compañero de aventuras, como alimento vital, como agua cristalina que sacia la sed, como ilusión, como objetivo utópico…

viernes, 1 de abril de 2016

JEAN ECHENOZ, Me voy

De vuelta a la ficción, entre las posibilidades que tengo en el estante de aproximación decidí leer de nuevo a Echenoz. Tengo una estantería de varias baldas con los libros pendientes de lectura, al lado de mi mesa tengo una balda con los libros que he colocado en primera línea de lectura, no siempre respeto este orden y en numerosas ocasiones me paseo un buen rato por la estantería grande hasta que encuentro lo que me motiva, me llama, sin saber por qué. Me dejo llevar. 




El título: ¿Dónde se va? 

El título es breve como parece habitual en este autor, el último que he leído se titula tan solo: 14. 
Félix Ferrer, el protagonista, toma la decisión de marcharse de su casa y de su matrimonio para emprender un viaje al polo Norte buscando unas antigüedades que pueden salvar su negocio de galerista de arte en declive. Un viaje en busca de un barco, el Nechilik, que quedó aprisionado en 1957 en la costa del distrito de Mackenzie (Canadá). El barco naufragó y quedó apresado por el hielo con su carga de pieles y de antigüedades consideradas de gran valor.

Pero Ferrer huye también de su vida rutinaria con Suzanne, una vida burguesa, de órdenes inmutables y de la que cada mañana se preguntaba cómo escapar al ritual cotidiano, esa misma pregunta había acabado integrándose en el ritual. Sin llegar a resolverla nunca (…) (13-14). 

La novela empieza como acaba, con las mismas palabras, “me voy”, dichas en el mismo espacio, pero habiéndose producido un cambio ambiental y personal en el período de tiempo en el que transcurre la novela y que anuncian la posibilidad de nuevos cambios, de nuevas huidas hacia adelante.

París y el viaje al Polo Norte 

Una parte de la novela transcurre entre París y su viaje al Polo Norte. Alterna capítulos en los que el narrador en tercera persona va explicando qué le ocurre a Ferrer desde que rompe su matrimonio e inicia, poco después, el viaje al Polo Norte en busca de las antigüedades. Las vicisitudes del viaje son de lo mejor de la novela con descripciones de los parajes que va conociendo (por ejemplo en el rompehielos): 
Pasado ese primer día de descubrimientos, el tiempo brumoso empezó a deshilacharse. Por el ojo de buey de su camarote, Ferrer vio desfilar Terranova a su derecha antes de que empezara a recorrer las costas de Labrador hasta la bahía de Davis y el estrecho de Hudson, sin que en ningún momento se percibiera el rumor de los motores (18).
Tanto en la descripción de su vida en París como en su viaje hay momentos cargados de un sentido del humor que inunda toda la novela, cuando en un momento de la novela a Ferrer le practican un by pass múltiple, al despertar:
(…) se descubrió totalmente cosido a lo largo del brazo, de la pierna izquierda y del meridiano del tórax. Era bonito como un trabajo de artesanía, consistía en largas y finas suturas muy regulares que recordaban un lazo inglés de encaje renacimiento, o al revés de una costura de media, o un renglón (122). 
La ironía de que hace gala Echenoz se refleja en giros inesperados y en una trama, en parte policíaca, que resulta sorprendente y que dibuja ese universo típico del autor de unos personajes que van en cierto modo a la deriva, entre dudas e incertidumbres.

El narrador… 

Quizás uno de los aspectos más originales de la novela es que el narrador se autocuestiona y cuestiona al protagonista, bromea y se toma confianzas con los personajes. A modo de ejemplo, el capítulo 28 empieza de esta manera tan poco habitual: 
Personalmente empiezo a estar un poco harto de Baumgartner. Su vida cotidiana es demasiado aburrida. Aparte de vivir en el hotel, de telefonear cada dos días y de visitar lo que le cae a mano, realmente no hace gran cosa. A todo esto le falta nervio (138). 
Cuando leí este inicio de capítulo, sonreí porque hacía muchas páginas que venía pensando algo parecido de la novela. Le falta nervio, es demasiado leve, sin pretensiones y, a veces, resulta aburrida. Y todo eso pese a que tiene el Premio Goncourt. 

Mi fragmento favorito… 

No quiero cerrar esta reseña con las palabras anteriores, prefiero hacerlo con el Echenoz que narra bien y que nos lleva con facilidad a parajes que siempre he deseado visitar: 
Bañando altos acantilados con una tonalidad entre ocre oscuro y violácea, el aire inmóvil era helado y, por lo tanto grávido, pesando con fuerza sobre un mar igualmente inmóvil, de un color gris-amarillento arenoso: ningún soplo de viento, ningún barco, pronto prácticamente ningún ave para animarlo con el menor gesto, ningún ruido. Las costas, desiertas, salpicadas de musgos y líquenes cual mejillas mal afeitadas, caían abruptamente cortadas a pico sobre el agua. A través de la niebla uniforme, se adivinaba, más que verse, el imperceptible deslizarse de los glaciares desde las cumbres. El silencio continuó siendo total hasta que llegaron a la banquisa (18). 

Una maravilla ¿no os parece?