sábado, 18 de enero de 2020

PAUL AUSTER, La noche del oráculo

Siempre comento, un poco en broma otro poco en serio, que soy austeriana. He leído bastante a Auster aunque no todos sus libros porque es bastante prolífico, pero siempre disfruto con sus novelas, pese a ello hacía bastante que no leía nada suyo. Revisando los libros pendientes de lectura encontré este y decidí leerlo, el resultado ha sido que he acrecentado mi austerianismo. 


Esta novela es una historia que por momentos se vuelve trepidante y llena de incógnitas que te atrapa. Quizás influye que el protagonista, Sidney Orr, decide aprovechar para volver a escribir a Flitcraft, personaje de El halcón maltés de Dashiell Hammett. 

En la novela hay varias historias que van confluyendo en diversos momentos de la trama en la línea narrativa que Auster domina como nadie. Las piezas se van desplegando como si fuera un puzle y poco a poco van encajando con maestría. 

Sidney Orr es una escritor que acaba de salir de una larga enfermedad que casi acaba con su vida, la recuperación es lenta y parece claro que, de momento, no puede volver a escribir. Sin embargo compra, en una papelería regentada por un chino, un misterioso cuaderno azul portugués y empieza a escribir febrilmente una historia con un alter ego, Nick Bowen. 

En paralelo a esta historia escribe sobre su relación personal con Grace, su esposa, que también tiene sus secretos relacionados con otro personaje importante John Trause, un famoso escritor y una especie de tutor de Grace. 

La novela reflexiona sobre la soledad y la compañía, sobre ser uno y varias personas a la vez, sobre lo difícil que resulta ser coherente cuando se opta por la moralidad. Una historia muy en la línea de Auster con algunas sorpresas inesperadas.

miércoles, 8 de enero de 2020

ÉRIC VUILLARD, Tristeza de la tierra. La otra historia de Buffalo Bill

Leí con entusiasmo El orden del día, premio Goncourt 1917. Este es un libro anterior publicado en 2015 y finalista del Goncourt, mi entusiasmo por el libro anterior me llevó a interesarme por este que hoy comento. 


Sin embargo, desde mi modesto criterio Tristeza de la tierra no llega a la altura de El orden del día. Ambos coinciden en narrar hechos reales en esa mezcla de realidad ficción que tan de moda está y que a mí me gusta mucho. Sin embargo, la narración trepidante y contundente que está en El orden del día, no la encuentro en este, no es que el tema sea menos importante o menos dramático, es el tono lo que, desde mi visión, no acaba de funcionar. 

Estamos ante un buen libro, pero no ante un libro extraordinario como El orden del día. Mientras en este se describen las diversas situaciones que permitieron el gran desastre del Holocausto y de la II Guerra Mundial en Europa, en Tristeza de la tierra se desvela la masacre y el expolio que sufrió el pueblo indio en EUA. 

La idea de la que parte Vuillard es la de cuestionar y visibilizar cómo la leyenda de Bufalo Bill es, efectivamente, eso, una leyenda que no responde a la realidad pero sobre la cual se fundamentó una nación que se fundó en la masacre de la población autóctona y en el espectáculo, siempre mentiroso, y así siguen… Hablando del tiempo de los y las pioneras, afirma el autor:
«En aquella época, cualquier papanatas podía fundar una ciudad, llegar a general, a hombre de negocios, a gobernador, a presidente de los Estados Unidos; tal vez aún sea así» (p. 21) 
Tal vez, no. Es así. 

En este libro se explica con detalle el espectáculo (Wild West Show) que montó Buffalo Bill y que recorrió EUA y Europa con gran éxito hasta casi su muerte. Este espectáculo tergiversaba completamente lo ocurrido y fomentaba el racismo y el odio hacia las víctimas, los pueblos indios.

La idea es muy interesante pero el problema es que resulta deslavazado, sin garra y confuso en sus pretensiones. En todo caso, es un libro bien escrito y que merece ser leído por su temática.

sábado, 28 de diciembre de 2019

J. M. COETZEE, Siete cuentos morales


Este libro ha tenido la mala fortuna de que lo haya leído tras el de Theodor Kallifatides, Otra vida por vivir y muy próximo al suyo de Elizabeth Costello. Empatizo más con los de mi propia especie que con los de otras especies, si alguien me quiere llamar especista, pues bueno, no me va a molestar. Adoro los animales y la naturaleza, me siento holista desde muy joven y le he dedicado muchas horas de militancia a la ecología que forma parte de mi manera de entender el mundo. Estoy convencida de que todas las especies podemos convivir y respetarnos, soy muy crítica con el capitalismo neoliberal y su manera de explotar el mundo para obtener beneficios… en fin, podría seguir pero no es el caso que nos ocupa porque aquí quiero hablar solamente de estos Siete cuentos morales.

Elizabeth Costello se mueve en estos cuentos entre su defensa a ultranza de los animales que son criados (más bien maltratados) para ser alimento de la especie humana en granjas industriales, transportados y matados sin contemplaciones. Y empatizo con estos animales y con lo que me explica Costello/Coetzee. 

El otro gran tema es el de la vejez, el deterioro del ser humano y las soluciones que damos a personas que, gracias a la eficacia de la medicina moderna, viven cuando ya no tienen calidad de vida. Me llama la atención que Costello/Coetzee no reivindique la muerte digna de la que soy partidaria (para ello he tomado mis decisiones personales que espero funcionen).

Resumiendo, el libro me ha gustado sin entusiasmo. Ya digo, quizás no era el momento. Así que lo dejó reposar en mis estantes por si un día lo releo.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

THEODOR KALLIFATIDES, Otra vida por vivir

Kallifatides escribe un libro de una dimensión humana que, de forma instantánea, me identifica con él. Ocurre raras veces que una empatice con alguien con el que aparentemente tiene poco que ver (sexo, nacionalidad, edad, lengua…), sin embargo cuando ocurre es una fiesta para mí. Me pasa reiteradamente con Imre Kertész, uno de mis escritores favoritos.



Cuando acabé de leer Otra vida por vivir pensé: ¿Qué me ha contado este hombre? ¿Por qué me ha gustado tanto? ¿Por qué me ha emocionado de la manera que lo ha hecho? No es fácil explicarlo, hay que leerlo y comprobar si también te emociona a ti.

Kallifatides emigró joven a Suecia por la enésima crisis económica de su país, Grecia. Allí se integró tan fácilmente que empezó su oficio de escritor en lengua sueca, se casó con una mujer sueca y decidió no enseñar el griego a sus hijos/as. Pese a que tenía una cierta querencia hacia personas que procedían de su país, rompió bastantes vínculos con Grecia.

Llegado a la vejez, setenta y pico años, padece una crisis de escritura… no tenía nada que decir, dice el mismo. En esa situación, piensa, y piensa en muchas cosas diversas que abarcan de su núcleo más íntimo al mundo entero, de sus inicios como inmigrante al consumismo, del fracaso al éxito, etc. Lo hace sin aparente esfuerzo, de forma delicada, breve (el libro de formato pequeño tiene 153 páginas). 

En un momento dado se siente herido por el trato que recibe su país de origen y esa herida y su vacío como escritor, le llevan a su país de origen y a su pueblo donde le quieren poner su nombre a un centro escolar de secundaria. Con su regreso, se encuentra con su lengua y se da cuenta de que:
« (…) cuando no tienes nada que decir, lo dices mejor en tu lengua materna» (p. 152). 
Y con su lengua afloran recuerdos muy antiguos: 
«Mi abuela que le sacaba el hueso a las aceitunas con sus dedos encallecidos para que yo pudiera comerlas. La palma grande de la mano de mi abuelo con un caramelo amarillo. Mi madre que mojaba el pan duro y le rociaba un poco de azúcar “para que la boca del niño se endulzara”.
Fueron años duros, difíciles, pero siempre había una mano que ponía algo comestible en mi boca. Una vez más el mundo atravesaba por años duros y difíciles.
¿Qué manos darían y qué manos recibirían?». 
Este libro tiene otra virtud, explicar con sencillez el maltrato que ha padecido el pueblo griego en estos años de crisis. Hay otro motivo por el que una amiga me recomendó este libro, pero ese ya os lo explicaré en otro momento.

domingo, 8 de diciembre de 2019

LUIS LANDERO, El balcón en invierno



De este libro atrae esa foto del autor con su abuela en 1965. La mirada de cariño de Landero dice mucho de lo que vamos a encontrar entre sus páginas. El autor intenta a través de la literatura luchar contra «un mar de olvido», quiere rescatar la vida de su familia, del mundo rural e incluso del mundo urbano de los barrios. 

Sus historias se van desgranando y el libro va creciendo conforme va avanzando en narrar las vidas de una familia de labradores en Extremadura. Su forma de vida, su manera de trabajar, la dignidad de los conocimientos del mundo rural, su creatividad para subsistir… No se idealiza nada, el relato es sobrio y, a la vez, emocionado. El autor es consciente que está hablando de un mundo casi desaparecido hoy.

Instalarse en Madrid supuso para la familia cambios importantes, aunque igual que se llevaron sus enseres del campo, se llevaron su forma de vida, su manera de relacionarse y de entender la vida. Sin embargo, Luis Landero entró en un mundo nuevo: el mundo de la escritura, el mundo de la literatura. Él mismo dice que en su casa no había libros para explicar lo difícil que fue su oficio de escritor, el milagro casi de ese hecho que le revoluciono la vida. 

Mientras vas leyendo, conoces a los personajes, su idiosincrasia, su manera de entender la vida y de encararla. Vas entrando en esa familia y vas reconociendo a la tuya propia en tantos rasgos, en tantas dificultades, en esa vida de familia amplia con sus ventajas y sus inconvenientes. 
La ensoñación de un lugar secreto, de un refugio, siempre me ha subyugado. Un día deberías escribir algo sobre el refugio como motivo literario, Elogio del cubil, podría titularse, porque los mejores y más seguros escondrijos los has encontrado siempre en los libros (222). 
Una maravilla de historia que está bien contada, bien escrita y bien acabada. Lo peor es el primer capítulo: “No más novelas”, que no he entendido qué pinta ahí, por fortuna es breve (de la página 13 a la 28) y lo he olvidado. 

Un gran escondrijo para refugiarse.

jueves, 28 de noviembre de 2019

MARCEL PROUST, La prisionera. En busca del tiempo perdido V

Empecé a leer esta monumental obra en el verano de 2014, hace cinco años por tanto. Los tres primeros volúmenes los leí bastante seguidos (el segundo lo leí en el otoño de 2014 y el tercero lo leí en la primavera de 2015). Dejé pasar más de un año para leer el cuarto (otoño de 2016) y he dejado pasar casi tres años para encarar La prisionera. No quiero pensar lo que me puede costar animarme a leer los dos volúmenes que me faltan. 


No hay manera de encontrar el punto a esta obra, sé perfectamente que se requiere mucha concentración en la lectura para no desconectar cuando entra en las múltiples y prolijas descripciones que son la marca proustiana. Como sabía lo que me iba a encontrar, empecé con muy buenas intenciones, sin embargo, caigo una y otra vez en el sopor y el aburrimiento sin remedio.

En este caso todo gira en torno a los celos de nuestro protagonista hacia Albertine que se lleva a su casa a vivir para mejor controlarla, de ahí el título de este quinto volumen. También aparecen la pareja formada por Charlus y Morel, que permite al autor divagar sobre el tema de la homosexualidad. Y también aparecen brevemente los Verdurin y su núcleo de acólitos.

Este fragmento resume muy bien el drama de Marcel y de sus celos: 
Me daba cuenta de que mi vida con Albertine no era más que, por una parte, cuando no tenía celos, aburrimiento; por otra parte, cuando los tenía, sufrimiento (485). 
Nada nuevo sobre su estilo en este volumen, su prosa delicada, prolija, lenta que se detiene en sus personajes ociosos, en sus emociones, en sus pensamientos. Ciertas pinceladas del antisemitismo francés en el recordado caso Dreyfus, sin insistir tanto como en los volúmenes anteriores.

Por lo demás, los temas de siempre: celos, amor, desamor, deseo… Y también el persistente discurso machista que sitúa a las mujeres en el centro del deseo pero como seres inferiores a dominar y amaestrar. Albertine finalmente abandona a Marcel. No me extraña.

lunes, 18 de noviembre de 2019

LAETITIA COLOMBANI, La trenza

La característica principal de esta novela es que resulta fácil de leer, es entretenida y deja caer un final feliz. Es una novela, me da la impresión, hecha para gustar. Sobre todo para que nos guste a las mujeres y esa (casi) certeza me desagrada profundamente y me coloca la mosca tras la oreja. No es un libro que yo haya comprado, fue un regalo de cumpleaños. 



Colombani teje como si de una trenza se tratara, en la que se divide el cabello en tres partes para ir trenzándolas, tres historias de sendas mujeres que nada tienen que ver entre sí. Una mujer india muy pobre, Smita, de la casta de las intocables; una mujer canadiense acomodada, Sarah, que trabaja de abogada; y, por último, una mujer italiana, Giulia, que trabaja en el taller familiar en Palermo. 

Las tres mujeres luchan por su autonomía personal y ninguna de las tres lo tiene fácil. La autora, sin embargo, está dispuesta a que puedan lograrlo pese a las dificultades. Las tres quedaran unidas de alguna manera… pero eso no lo desvelo (aunque se adivina relativamente pronto).

viernes, 8 de noviembre de 2019

JAVIER PÉREZ ANDÚJAR, Paseos con mi madre



Ahora comprendo los motivos por los cuales los nacionalistas catalanes boicotearon a Javier Pérez Andújar cuando fue pregonero de las fiestas de la Merçè en 2016. Su posición contraria a cualquier nacionalismo, a cualquier patria, no encaja con el aparente progresismo de dichos nacionalistas (un arco que va desde los neo liberales y corruptos exconvergentes, a los anticapitalistas cuperos). 

Me interesaría saber qué sintió Pérez Andujar ante dicho boicot. Un «charnego» de San Adrián del Besos, habitante de esos bloques de viviendas que rodean Barcelona, ciudad que les da la espalda por puro clasismo, que nunca los considerará de la ciudad. 

Paseos con mi madre es un maravilloso libro, de esos libros con los que te identificas porque su historia es paralela a la mía, por eso está ahí mi madre (joven y guapa), por eso me siento bien en mi barrio zaragozano, por eso me gusta el piso de 52 m2 en el que pasé mi infancia, adolescencia y juventud, por eso entiendo tan bien la extrañeza que siente él en Barcelona y yo en la ciudad cercana a Barcelona en la que vivo. Este ajuste de cuentas es el mío. 

La libertad es un libro que escribieron nuestros padres para que lo leamos nosotros. En la bandera negra de mi pecho la libertad está escrita con la primera letra del abecedario, la primera que aprendieron ellos, que aprendimos todos (88). 
 Se es más obrero cuando se hace huelga que cuando se trabaja, igual que el león es más león cuando ruge (165) 
Se pertenece antes a una chaqueta [la de su padre, sindicalista] que a una patria o a una clase (166). 

 Un libro que la gente de barrio tenemos que leer.

lunes, 28 de octubre de 2019

JUAN GELMAN, Valer la pena

Me asaltan las ganas de jugar con el título ya que soy tan poco hábil para escribir sobre libros de poesía. 


Valer la pena leer. 
Valer la pena las palabras. 
Valer la pena soñar.
 Valer la pena imaginar. 
Valer la pena recordar. 
Valer la pena las vivencias.
 Valer la pena la imaginación. 
Valer la pena caminar países. 
Valer la pena Juan Gelman. 

Un poeta argentino que escribe de lo cotidiano, de todas esas cosas que he señalado en ese mi “juego”. Un poeta de las personas (curioso cuantos poemas tiene dedicados a ellas), de los recuerdos, de la vida, de todo lo que merece la pena. 

DISFRACES 

Llueve. La tos 

de la humedad interrumpe. 

Una gata dibujada piensa

y eso no cambia el mundo.

¿Qué haría falta para que

Se fuera el odio a otro lugar?

El vecino que canta es un error.

El otro se disfraza de otro

para que yo no sepa quién soy. Eso 

pasa todos los días.

Explica mis manos taciturnas. 

¿Cómo sabe que mis manos son taciturnas a veces? Misterios que solo dominan los buenos poetas.

viernes, 18 de octubre de 2019

J. M. COETZEE, Elizabeth Costello

Hay libros que te sorprenden desde el inicio: 
En primer lugar está el problema del arranque, es decir, de cómo ir desde donde estamos ahora, y ahora mismo todavía no estamos en ninguna parte, hasta la orilla opuesta. Solo es cuestión de cruzar, de tender un puente. La gente soluciona problemas así todos los días (7). 
Siento y percibo que Elizabeth Costello es el álter ego de Coetzee, no solo porque sea escritora como él, sino porque ella se atreve a escribir sobre aspectos difíciles que, quizás, él prefiere encarar a través de Costello.



Esta magnífica novela desarrolla diversos temas a través de ocho conferencias y un epílogo. Conferencias que Costello imparte en diversos lugares del mundo y que nos aproximan a una mujer de difícil carácter, solitaria, obsesiva, atormentada y rebelde. 

Su defensa de los animales es uno de los temas clave de la novela, la idea de que los seres humanos han sometido a los animales a un dominio y explotación sin piedad, comparable según Costello al exterminio nazi respecto a la población judía, provoca reacciones en el auditorio que la escucha dentro de la ficción y en los lectores/as de la novela. 

Partiendo de esta posición animalista y vegetariana, el problema del mal era otro tema clave cantado. Sin embargo que sorprende que no ahorre imágenes duras respecto al “asesinato” de animales para comer y se plantee la necesidad de evitar entrar en descripciones duras respecto a manifestaciones del mal en el nazismo (por cierto, amantes de la naturaleza y de los animales y, algunos de ellos entre los que se encontraba Hitler, vegetarianos).

La literatura en África, el autor es sudafricano, es también un tema polémico. ¿Para quién escriben los y las escritoras africanas? ¿Para la población de su continente o para el público occidental? Unos temas que llevan a otros y que dan una gran importancia a la importancia de narrar historias. 

Una novela poliédrica donde las haya, muy bien escrita, como cabe esperar de un Nobel de Literatura, y con un personaje excepcional que, parece ser, aparece en otras novelas.