viernes, 27 de marzo de 2015

AVENTURAS DE LA IMAGINACIÓN. JORGE LUIS BORGES, Ficciones.

Recalar de nuevo en los relatos de Borges es, en efecto, viajar y recorrer aventuras en el mundo imaginario de este autor. Hace mucho tiempo, desde la ignorancia de la juventud, me privé de estas aventuras por ser considerado este escritor como de derechas y yo aceptarlo como condena para su lectura. Cuando ya con algunos años más decidí saltar esa barrera, no debí elegir un buen momento porque me dediqué a “picotear”, en una edición de letra pequeña, un cuento aquí y otro allí, sin saber encontrar el camino por el que Borges nos puede conducir si le prestamos la calma y el tiempo suficientes. Y, ahora sí, el momento, la flexibilidad, la certeza de que la ideología no es la clave de juicio para un buen escritor/a, el deseo de “vivir” aventuras imaginarias a través de relatos, el escepticismo que hoy comparto con el escritor y tantas otras minucias que son necesarias, a veces, para un certero encuentro entre lectora y escritor, se han producido y espero se vuelvan a dar en muchas otras ocasiones.


Elegí Ficciones (1944) sabedora de que es, quizás, el libro más famoso de Jorge Luis Borges; con él obtuvo en 1961 el importante Premio Formentor otorgado por editores de Alemania, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra e Italia. Esta obra de 208 páginas agrupa dieciséis relatos agrupados en dos partes,  la primera, “El jardín de senderos que se bifurcan” (1941), que reúne el relato policial del mismo nombre, y la segunda parte, “Artificios” (1944), que incluye, entre otros, "El Sur", cuento preferido del autor. El título de este libro, responde perfectamente a su significado puesto que estamos ante unos relatos sobre hechos o sucesos fingidos o inventados, que son producto de la imaginación.


Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires en 1899 y murió en Ginebra en 1986. Cofundador de las revistas Proa y Sur fue humillado por el gobierno peronista y a la caída de Perón en 1955 fue nombrado director de la Biblioteca Nacional y fue profesor de Literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Su extraordinaria poesía compite, e incluso es superada, con sus extraordinarios libros de cuentos como este de Ficciones.

En todos los cuentos de este libro destacan, como ya he señalado, sus aventuras de la imaginación, sus argumentos son muy originales y se centran en el tiempo (circular e ilusorio), los laberintos (caminos entrecruzados que confunden y desorientan al que está dentro) y los espejos  (reflejo de la realidad), la eternidad, el azar, los libros imaginarios, etc. Lo fantástico en sus ficciones siempre se vincula con una alegoría mental, mediante una imaginación razonada muy cercana a lo metafísico.
Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente (p. 23, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”).


Borges, se ha dicho muchas veces, es un erudito y eso le permite fantasear y elaborar complejas ficciones que tienen como base, especialmente, la filosofía como medio para pensar, elaborar conjeturas y mostrar la perplejidad y el escepticismo que le produce el mundo que le rodea.
Éramos republicanos, católicos; éramos, lo sospecho, románticos. Irlanda no sólo era para nosotros el porvenir utópico y el intolerable presente; era una amarga y cariñosa mitología, era las torres circulares y las ciénagas rojas, era el repudio de Parnell y las enormes epopeyas que cantan el robo de toros que en otra encarnación fueron héroes y en otras peces y montañas (p. 131, “La forma de la espada”).
Su lenguaje es de una gran perfección y su universalismo se refleja en su interés por el mundo sin despreciar su tierra natal. Se le acusó de conservador por su individualismo y su poca confianza en el comunismo y en las revoluciones guiadas por ellos que conducían a Estados poderosos de los que descreía de forma explícita (extraído de Woodall, J. (1999): La vida de Jorge Luis Borges. El hombre en el espejo del libro):
Yo descreo de la política no de la ética. Nunca la política intervino en mi obra literaria, aunque no dudo que este tipo de creencias puedan engrandecer una obra. Vean, si no, a Whitman, que creyó en la democracia y así pudo escribir Leaves of Grass, o a Neruda, a quien el comunismo convirtió en un gran poeta épico… Yo nunca he pertenecido a ningún partido, ni soy el representante de ningún gobierno… Yo creo en el Individuo, descreo del Estado. Quizás yo no sea más que un pacífico y silencioso anarquista que sueña con la desaparición de los gobiernos. La idea de un máximo de Individuo y de un mínimo de Estado es lo que desearía hoy (…).
Un autor que, sorprendentemente, se refugió en los relatos y en la poesía y que jamás escribió una novela que, decía, obligaba al relleno.


viernes, 20 de marzo de 2015

NOVELA NEGRA Y JO NESBO, El leopardo.

No es la primera obra que leo de este autor noruego, El muñeco de nieve fue la primera novela que leí suya. Así que El leopardo es una consecuencia lógica de la otra lectura que, como ésta, me resultó absorbente y adictiva.

El leopardo (2009 y traducida en 2014) tiene 691 páginas y el título está relacionado con el asesino que planea a lo largo de toda la novela y que caracteriza en la primera página:
No oía nada, pero sí sentía la presencia. Como un leopardo. Alguien le había contado que el leopardo era tan silencioso que podía acercarse y llegar al lado de su presa en la oscuridad, que podía ajustar sus jadeos y respirar a tu ritmo. Contener la respiración cuando tú contienes la respiración. Le dio la impresión de que sentía el calor de su cuerpo. ¿A qué esperaba? Dejó de contener la respiración (p. 9).


Jo Nesbo nació en Oslo en 1959, graduado en Economía, antes de dedicarse a la literatura fue agente de Bolsa, cantante del grupo Di Derre y compositor de música. Desde que en 1997 publicó la primera novela de la serie del policía Harry Hole, El murciélago, ha sido considerado como el mejor autor de novela negra noruego.


La historia de El leopardo reúne todos los ingredientes de la novela negra:

1- Un crimen a investigar. En este caso no es uno sino una serie de crímenes que hace pensar a la policía que están ante un nuevo asesino en serie.

2- Un policía que descubre al culpable. Encontramos a varios policías que nos presentan las disputas internas entre dos cuerpos policiales por llevarse el mérito de la resolución del caso. Entre los policías destaca Harry Hole, una antihéroe alcoholizado y adicto a la droga, un personaje solitario con dudas y contradicciones constantes que, pese a todo, busca la verdad resolviendo unos crímenes que cada vez lo hunden más en la decadencia y la derrota. Un personaje que es un desastre en su vida privada aunque quien supera el rechazo por su carácter acaba encontrando su autenticidad y sintiéndose atraído por  ella.

3- Rompe con el argumento de buenos y malos puesto que el predominio de la escala de grises impide el estereotipo de policía bueno-delincuente malo, así como que el bien siempre se impone cuando se produce la resolución del crimen.

4- Una contextualización humana y social de la criminalidad y la delincuencia. A través de su novela conocemos las luces y sombras del modelo socialdemócrata nórdico, conocemos Oslo y otras ciudades noruegas, así como su crudo clima y sus solitarios y majestuosos paisajes. En esta novela, además, viajamos a África, al Congo y en breves pinceladas nos muestra la explotación de una materia prima fundamental en el mundo desarrollado, el coltán, la guerra, los niños soldados, la violencia.
Nydalen era el reflejo de la desindustrialización de Oslo. Las fábricas que no habían derribado para hacer sitio a estilosos bloques de oficinas de cristal y acero elegantemente diseñados se habían reconvertido en estudios de televisión, restaurantes y espaciosos locales diáfanos de ladrillo rojo con las tuberías de ventilación y calefacción al descubierto.Estos últimos los alquilaban con frecuencia agencias publicitarias que querían indicar que pensaban de un modo nada tradicional, que consideraban que la creatividad florecía en locales industriales baratos tan bien como en las costosas y céntricas oficinas de la competencia (p. 483).

5- Una estructura narrativa impecable, es decir, una trama a través de la cual se desarrolla la acción y que nos guía perfectamente manteniendo siempre las ganas por conocer el desenlace.

6- A estos aspectos podemos añadir otras características, desde mi punto de vista menores, como la violencia exacerbada de los crímenes y del asesino (en este caso aparece un sencillo instrumento de tortura, la manzana de Leopoldo); un trasfondo amoroso que muestra escenas de sexo y un pasado atormentado en muchos de los personajes, incluido el protagonista.

Resumiendo, una novela negra de calidad, adictiva y entretenida.

viernes, 13 de marzo de 2015

JEAN ECHENOZ, 14

En un momento dado muchas personas me hablaron positivamente de este libro. Un día me lo traje y en un par de días lo he leído. Se trata de una obra breve de 98 páginas con título aún más breve en referencia a 1914 y el estallido de la I Guerra Mundial. 


Jean Echenoz (Francia, 1947) estudió sociología e ingeniería civil, empezó a publicar en 1979 y desde 1970 vive en París. Ha recibido premios importantes como el Goncourt, en 1999, por Me voy



14 fue publicado en 2012 y afronta con una brevedad inaudita el “suicidio europeo” de la gran guerra. En quince brevísimos capítulos se condensa con una exactitud y una precisión impresionante la guerra desde la perspectiva del soldado de a pie, Anthime. Son movilizados cinco jóvenes, tres mueren, y dos vuelven lisiados y con secuelas psicológicas. Una mujer espera la vuelta de uno de ellos, aunque otro más la corteja también. Todo un mundo en 98 páginas que no podemos dejar de leer y que nos lleva a las trincheras, a las cargas suicidas, al miedo... 
(…) cuando la guerra se bloqueó con el invierno, tuvieron que detenerse. Tras tanto avanzar unos contra otros, hasta encontrarse con que ninguno podía ampliar sus posiciones, quedaron forzosamente inmovilizados frente a frente, y ello en medio de un intenso frío, como si éste congelase de pronto el movimiento general de las tropas, en una larga línea que abarcaba desde Suiza hasta el mar del Norte. En algún punto de esa línea quedaron inmovilizados Anthime y sus compañeros, dejando de moverse para empantanarse en una amplia red de trincheras enlazadas por ramales (…) (pp. 51-52). 

Resulta casi imposible no desear saber más de los dos supervivientes y de Anthime y Blanche. Pero seguramente no hace falta y en su concisión queda la esencia recogida sin que sobre ni media palabra.

viernes, 6 de marzo de 2015

JAMES JOYCE, Exilados

GISELE FREUND

En mi locura de leer todo Joyce, me quedaba pendiente esta obra de teatro y su poesía. No me gusta leer teatro, así que no tenía mucha prisa. Un compañero de trabajo, el que me consiguió FW, que sabía que la estaba buscando, me la prestó y enseguida me puse manos a la obra. 

Exilados es una obra breve, en total 134 páginas en las que se incluye una nota del editor al inicio y diversas notas del autor al final. Su título hace referencia a uno de los temas de la obra: el exilio económico y espiritual que afecta a generaciones de irlandeses/as, incluido James Joyce. 

Dice Richard: 
Uno de los problemas más vitales de nuestro país es el de su actitud hacia aquellos de sus hijos que, habiéndolo abandonado en sus horas difíciles, han regresado ahora, la víspera de la tan esperada victoria, tras haber aprendido al fin a amarlo en la soledad y el exilio. Hemos dicho en el exilio, pero hagamos aquí una distinción. Hay un exilio económico y otro espiritual. Están todos aquellos que lo abandonan en busca del pan que el hombre necesita y están esos otros, sus hijos más distinguidos, que se marchan buscando en otras tierras ese alimento del espíritu que mantiene con vida a una nación de seres humanos (p. 104). 
Exilados fue publicada en 1918, cuando Joyce tenía 36 años y se encontraba ya en plena creación de Ulises, quizás ese fue el motivo por el cual en esta obra no profundizó todo lo que hubiera podido, absorbido ya por la segunda. Pese a ello la obra no es tan simple, desde el punto de vista temático y formal, como puede parecer a simple vista y más si tenemos en cuenta cómo elabora y cuida Joyce los detalles. El hecho de que el nombre de los dos personajes masculinos empiece por R y los de las dos mujeres por B, no es casualidad e indica un cuadrilátero emocional que luego está constituido por diversos triángulos. 

Dice Robert: 
Estoy seguro de que ninguna ley humana es sagrada ante el impulso de la pasión (Casi furiosamente) ¿Quién nos hizo para uno solo? Es un crimen para nuestro propio ser. No hay leyes contra los impulsos. Las leyes son para los esclavos (p. 91). 
Los temas de Exilados son similares a los de Ulises: el regreso, la amistad, la infidelidad (los cuernos que dice Joyce). En ambos libros, la atención se centra en el esposo, no en el amante, y en el dilema que ha de enfrentar el marido, más que en el encanto del amante. A través del marido-protagonista, Richard Rowan, Joyce pone en el centro de su trabajo literario su propia personalidad madura. 


Las motivaciones del protagonista son ambiguas, Richard desea que su esposa tenga la misma libertad que él y quisiera que el resultado de tal libertad fuera la fidelidad. La infidelidad de su esposa con su amigo Robert Hand demostraría la imposibilidad de tener lazos auténticos entre amigos. Pero de alguna manera Richard colabora en la infidelidad de su esposa y por eso señala Joyce en sus notas que la obra son tres actos de ratón-y-gato

Exilados es una obra fácil de leer, ya he dicho que en apariencia es simple tanto desde el punto de vista temático como formal, supongo que se puede entender mejor si se conoce el universo de Joyce pero puede ser un buen acercamiento a su obra sin que cunda el pánico. A Stefan Zweig le interesó mucho y le escribió una carta a Joyce (reproducida en la excelente biografía de Richard Ellmann sobre Joyce que me ha proporcionado información sobre Exilados) en la que le dijo que fue para él una gran revelación artística su lectura y expresó su deseo de conocerlo personalmente y leer el resto de sus obras. 

miércoles, 4 de marzo de 2015

MARCEL PROUST, La parte de Guermantes. En busca del tiempo perdido III.





Como ya expuse este fin de semana en "mi lateral", Carlos, Yossi y yo misma, nos hemos puesto de acuerdo para leer (releer en el caso de Yossi) el tercer volumen de esta obra. Buscando un medio para entablar el diálogo hemos acordado, finalmente, utilizar esta entrada para hacerlo. Invitamos a quienes hayan leído este volumen a unirse con sus comentarios, si les apetece, a este intercambio de pareceres.

Como ya he confesado en las reseñas de los dos volúmenes anteriores me cuesta mucho leer a Proust, sus descripciones lentas, y que se alargan sin piedad ,provocan en mi un amodorramiento intenso y que ponga mi mente en modo de lectura automático con el consiguiente peligro de pérdida entre sus personajes y observaciones.



Ya sabéis que hay un largo test de personalidad que se hizo célebre por las respuestas que dio Marcel Proust en 1890. Nunca contesto un test y procuro escabullirme, no lo haré tampoco en esta ocasión, pero voy a elegir cuatro preguntas de dicho test (una de cada uno de los cuatro bloques en que se divide), y las voy a contestar, os animo a que hagáis lo propio con estas u otras preguntas o que, simplemente, paséis.  


CÓMO ME VEO

6. Mi ocupación favorita: LEER, LEER Y LEER.


CÓMO APRECIO PERSONAS Y HECHOS

4. Lo que más aprecio en mis amigos: LA LEALTAD Y LA SINCERIDAD.

MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS QUE ME GUSTAN

14. Mis autores preferidos en prosa: VIRGINIA WOOLF, JULIO CORTÁZAR, JAMES JOYCE, FERNANDO PESSOA, STEFAN ZWEIG, DENNIS LEHANE...


COSAS QUE ME GUSTAN

12. La flor que más me gusta: LA ROSA

Y acabo, he decidido combinar la lectura de este volumen con la trilogia del Baztán de Dolores Redondo.

viernes, 27 de febrero de 2015

BIBLIOTECA

REBECCA CAMPBELL

Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos  los viajeros han confirmado: No hay, en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basílides, el comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología, los libros perdidos de Tacito.

JORGE LUIS BORGES, "La biblioteca de Babel" en Ficciones.

sábado, 21 de febrero de 2015

NORMAN MANEA, El té de Proust. Cuentos reunidos.

Leí sobre este autor en Babelia, apunté su nombre y busqué algo publicado. No acostumbro a leer cuentos, prefiero las novelas, pese a ello decidí comprar esta obra que reúne 26 cuentos de diversa extensión y que dan un total de 334 páginas. El título, muy bien elegido, corresponde a uno de los cuentos. 

Norman Manea (Rumanía, 1936) vivió de niño la deportación, junto a su familia, en un campo de concentración ucraniano. Finalizada la guerra, vivió la construcción de una dictadura comunista en paralelo a la dura postguerra. Se dedicó a la literatura aunque estudió ingeniería y se fue distanciando del régimen hasta que se exilió en 1986 y se fue a vivir a Nueva York. 


Campos de concentración vividos desde la mirada de los niños, la guerra y sus sufrimientos y penurias, la postguerra y las dificultades para olvidar los horrores de la persecución sufrida y adaptarse a la rutina cotidiana, el terror del totalitarismo comunista en Rumanía, la desconfianza, la supervivencia del pensamiento en el reino de la intolerancia y la falta de libertades; todos estos temas conforman el trasfondo de estos cuentos. 

Manea tiene una manera de narrar muy peculiar, en los cuentos no hay una línea argumental con un inicio y un final sino que son recuerdos fragmentados que se van destilando hasta constituir una imagen entre luces y sombras que linda unas veces con el lirismo e inmediatamente con el horror. Algunos cuentos son especialmente crípticos y nos generan cierta crispación por no saber dónde quiere llegar el autor con descripciones aparentemente banales. Hay relatos que rinden homenaje a algunos escritores como el propio Proust, Chejov o Kafka.


“El té de Proust” no afirma que los buenos recuerdos consolaran en los campos de concentración, no, Manea destroza la evocación burguesa de memorias dulces del vivir En un campo de concentración una familia se reúne alrededor de una taza de agua verdosa hecha con hierbas que encontraban mientras observan un terrón de azúcar que el abuelo ha logrado preservar. 
(…) tal vez una mera orden de la memoria no sea capaz de conseguir que regrese el tiempo pasado, pero éste si puede resucitar gracias a la sensación extraña y espontanea que ofrecen el olor, el gusto o el sabor de algún elemento accesorio e inerte del pasado cuando volvemos a encontrarlo. Pero el aroma de aquella bebida divina no habría podido suscitar recuerdo alguno: semejante placer no había existido nunca. Por sus recuerdos, sea como fuere, aquel bebedizo embrujado no podía ser llamado de ninguna de las maneras té (p. 44).
La lectura de estos cuentos no es fácil, sus temas que duelen, las descripciones de la conducta humana que parecen perderse en un laberinto y que expulsan a los personajes a un exilio espiritual. Manea escribe muy bien, con fragmentos casi poéticos que, de pronto, nos sorprenden y nos reconfortan. 
Ocasos grises, la noche crecía blanca, en el lapso de unas horas los vientos cubrían los cristales de flores de hielo. Los gatitos se dormían temprano en su habitación, el tiempo se adelgazaba (p. 174, “Función de estreno”). 

Encontramos destellos de esperanza en los que un gesto desafiante puede convertirse en todo un manifiesto en favor de la libertad. Pero también encontramos la dureza con la que denuncia el totalitarismo, sea del fascismo o del comunismo. 
Una prueba de que no se puede aguantar cualquier cosa durante un lapso cualquiera de tiempo. Un aviso de la dolencia, con toda seguridad de una que tiene que ver con la reacción necesaria para restablecer el equilibrio con la función viva de un sistema que no puede seguir viviendo solo a base de asentimientos, en una continuidad sospechosa y falsa, sin rechazos ni fuertes desarreglos (p. 140, “Dos camas”). 
Todos estos ingredientes exigen una lectura paciente, lenta y atenta. Yo tengo que reconocer que no siempre tenía el ánimo predispuesto a una lectura tan exigente.

sábado, 14 de febrero de 2015

NIGEL NICOLSON, Retrato de un matrimonio.

Philip Laszlo, Vita (1910)

Conocí este libro en el blog EL MUNDO ALREDEDOR de Aglaia Callia y enseguida supe que tenía que leerlo, lo encontré por internet en una librería de libros de segunda mano, luego ha pasado un tiempo, no muy largo, puesto que lo dejé a la vista para que no se me olvidara su lectura.    


El libro, editado en 1989, tiene 320 páginas que incluyen un prólogo de Marta Pessarrodona y un prefacio del autor. Su título hace referencia a un peculiar matrimonio, el formado por la aristócrata Vita Sackville-West (1892-1962) y el diplomático Harold Nicolson (1886-1968). 

NIGEL NICOLSON

El libro, escrito por el hijo de ambos, Nigel Nicolson, se compone de  cinco partes: la primera y la tercera  pertenecen a Vita Sackville-West y las otras tres son de su hijo Nigel. Cuando su madre murió, Nigel encontró muchas cartas y escritos y, entre estos papeles, un cuaderno con una autobiografía escrita en primera persona de cuando Vita tenía 28 años, la reproducción literal de esta autobiografía son las dos partes mencionadas. Pero su hijo tenía más información de esos años a través de escritos de su padre, de su abuela y de cartas dirigidas a diversas personas por parte de su madre, con este material es con el que escribe las partes segunda, cuarta y quinta. Además incluye una cronología que abarca los años 1827-1921.

Harold Nicolson y Vita Sackville-West

Vita inició su autobiografía el 23 de julio de 1923 y así empezó el cuaderno:

En realidad no tengo derecho a escribir la verdad de mi vida ni a poner en situación difícil, como natural consecuencia de ello, la vida de tantos otros; si lo hago sólo es, espero, movida por la urgencia de decir la verdad y porque sé que no hay alma viviente que la conozca totalmente (p. 19).
Más adelante, señala que escribe su historia por tres razones,  decir la verdad y contar de forma verídica las relaciones entre mujeres, puesto que pensaba que ningún relato se había escrito  sin la intención de provocar el regocijo vicioso de los posibles lectores, y, por último:
(…) porque tengo la convicción de que, a medida que avanzan las edades y los sexos se van mezclando debido a sus crecientes semejanzas, esas relaciones dejaran de ser consideradas meramente antinaturales y se las comprenderá mucho mejor, y no solo en su aspecto intelectual si no también en el físico (p. 154).
Y para no faltar a la verdad confiesa abiertamente que se vistió de hombre y que fue maravillosamente divertido (…) nunca me sentí tan libre… (p. 160), la transgresión no era solo vestirse de hombre sino actuar como tal, vivir en ese rol, acompañado por una mujer a la que amaba, Violet Trefusis.


Violet y Vita

Así pues, Vita, según su hijo, una rebelde conformista, una aristócrata romántica (p. 121), cuyo padre era snob en el sentido de que daba exagerada importancia al nombre y a la fortuna (p. 120), casada ya con Harold, se enamoró apasionadamente de Violet, que también se casó aunque amaba a Vita. Ambas vivieron su amor enfrentándose a los convencionalismos en los llamados “felices años veinte”.

John Lavery, Violet Trefusis (1919)

Vita tenía ideas muy avanzadas respecto al papel de la mujer, la relación entre personas del mismo sexo o la manera de entender el matrimonio. En realidad, lo extraordinario de esta obra es la narración de cómo Vita y Harold llegaron a construir un matrimonio sólido, fundado en el amor, mientras ambos sostenían relaciones homosexuales extramatrimoniales y llevaban una vida libre que suponía separaciones, sobre todo por el trabajo de diplomático de él.

Estaba convencida de la necesidad de libertad para que la mujer se igualara al hombre en todos los ámbitos de la vida, sin embargo,  periódicamente se avergonzaba de tener estas ideas y de vivirlas. Sin embargo no estaba dispuesta a renunciar a tener una vida rica y que su marido también la tuviera, y no la tediosa repetición de magros hábitos cerebrales (p. 262). Una vida rica se construía sobre fundamentos espirituales, intelectuales, no físicos, y en los deseos de saborear la vida, desafiar los convencionalismos, trabajar mucho, jugar peligrosamente con las emociones y en la solicitud que se demostraban mutuamente.

Vita y Harold (1960)

La clave de su relación era la confianza, estamos seguros uno del otro en esta extraña, íntima, distanciada y mística relación que nunca podremos explicar a un extraño, le escribía Vita a Harold. Pero confianza es, en la mayoría de los matrimonios, fidelidad, en el suyo significaba que debían contarse siempre sus infidelidades con la seguridad de que siempre regresarían al centro común y amarse hicieran lo que hicieran (p. 263). Por lo demás, cada uno llevaba su vida cuando estaban separados, pero cuando estaban juntos muy pronto se instalaban en su fácil compañía o camaradería, dejando que las palabras se filtraran solas en la mente del otro, alimentándose el uno al otro con las impresiones de lo que habían leído o escuchado, un proceso estimulante (…) siempre lleno de cariño. La sensación de que cada uno estaba disponible para el otro y que nadie les molestaría sin ser autorizado a entrometerse, permitió asentar un largo matrimonio hasta el final de sus días.


Por último, hay unas páginas en las que se habla de la relación breve, pero intensa, que Vita mantuvo con Virginia Woolf. Se conocieron en 1922 y Vita fue la inspiración para escribir el Orlando que fue publicado en 1928. Tampoco he incidido en que Vita y Harold eran escritores aunque probablemente no serán recordados por ello. Apenas he hablado de la relación entre Vita y Violet…, en fin, leed este interesante testimonio de un matrimonio sui géneris.

sábado, 7 de febrero de 2015

CLARICE LISPECTOR, Cerca del corazón salvaje.

He leído varías reseñas de otras obras de esta autora a Yossi Barzilai, siempre con admiración hacia su manera de narrar. Elegí este título porque era el que estaba disponible en la librería cuando fui a comprar algo suyo, supongo que el título de la última reseña de Yossi que ahora no recuerdo.


Se trata de una obra de 197 páginas, publicada en 1944, densa como el agua de un pantano lleno de limo. El corazón salvaje es el de su protagonista, Juana, una persona que es niña cuando empieza la novela y que crece, a lo largo de una trama que no es capital en la novela, hasta llegar a la madurez.

Cerca del corazón salvaje es una novela compleja, explora la personalidad de Juana a través de un diálogo interior al estilo de Joyce. Se dice que el título podría venir de este fragmento de Retrato del artista adolescente, cuando el protagonista recordaba su  adolescencia:
Estaba solo. Abandonado, feliz, cerca del salvaje corazón de la vida.


En cierta manera la historia que se cuenta aquí transcurre a través de fogonazos, estampas de la vida cotidiana en su dimensión más introspectiva, que nos permiten conocer la vida de Juana avanzando desde la infancia a la madurez. A Lispector le interesa más remarcar las sensaciones que los hechos en sí, por eso esta obra recuerda a un diario, pero un diario de percepciones, no de sucesos.
Entre un instante y otro, entre el pasado y el futuro, la vaguedad blanca del intervalo. Vacío como la distancia de un minuto a otro en el círculo del reloj. El fondo de los acontecimientos alzándose callado y muerto, un poco de eternidad.(…) Dejando tras de sí el intervalo perfecto como un único sonido vibrando en el aire. Renacer después, guardar la memoria extraña del intervalo, sin saber cómo mezclarlo con la vida. Cargar para siempre el pequeño punto vacío –deslumbrado y virgen, demasiado fugar para dejarse desvelar (p. 157).
La incomunicación, la dificultad de expresarse a través de palabras, está presente en cada página de esta novela y es lo que va densificando el ambiente como si una víbora, Juana, estuviera agazapada en la sombra dispuesta a inocularnos el veneno de la destrucción. No resulta fácil avanzar por las páginas de esta obra, la introspección del mundo y de la autora no construye una historia con sucesos, sino un avanzar a saltos que va descubriendo el alma de unos personajes que, a veces, desaparecen recurriendo al pronombre (él y ella) para hacer referencia a los tres personajes principales: Juana, Octavio y Lidia. No busquemos conclusiones o soluciones a este triángulo, lo mejor es navegar entre sus palabras y encontrar las conexiones que nos puedan vincular a lo que explica la autora.
Quiso el mar y sintió las sábanas de la cama. El día prosiguió su marcha y la dejó atrás, sola (p. 31).
Se sentó en la cama. Dentro de sí era como si no hubiera muerte, como si el amor pudiera fundirla, como si la eternidad fuese la renovación (p. 41).
El viaje era largo y de los bosques lejanos venía un aire frío de espesura mojada (p. 43).
Sentía el mundo palpitar dulcemente en su pecho, le dolía el cuerpo como si en él estuviera soportando la feminidad de todas las mujeres (p. 137).
Lispector parte de lo cotidiano retorciendo su sencillez al mostrar el interior de sus personajes, ralentizando el tiempo o agitándolo y recorriéndolo con rapidez según las emociones y pensamientos interiores. No es una lectura fácil y cuesta entrar en su manera de narrar, sin embargo es un esfuerzo que compensa aun cuando te deje cansada, herida, escéptica, llena de preguntas sin respuesta.




miércoles, 4 de febrero de 2015

CLARICE LISPECTOR

Clarice Lispector nació en Ucrania en 1920, sus padres de origen judío emigraron a Brasil en 1921. Murió en 1977 en Rio de Janeiro. Siendo estudiante conoció a su futuro marido, el diplomático Maury Gurgel Valente, al que acompañó de país en país hasta su separación en 1959.


En esta primera fotografía Lispector, que debía estar en la treintena, y aún casada con Gurgel Valente, mira a la cámara con seriedad, no hay ni amago de sonrisa, mira con desafío palpable en la cara ligeramente levantada. Segura de su exótica belleza no desea que la juzguen por ella. Destacan sus oblicuos ojos que están acentuados por la línea en el párpado superior y la máscara de pestañas negra. Sus labios gruesos, sin embargo, no están pintados sino suavemente para no destacarlos, pero no lo logra. Media melena retirada de la cara y un vestido blanco con un collar de perlas de doble vuelta que realza su cuello.


En esta segunda imagen no es fácil determinar su edad, quizás sea más joven que en la primera, en todo caso es mucho más sofisticada por su pose con esa mirada perdida, las dos manos, con un anillo en cada una, que componen dicho posado, el cigarrillo y el vestido negro con un llamativo collar, las uñas pintadas y largas, sus pómulos marcados. Pese a las diferencias con la primera, en este caso remarca la boca, pintada de color ciruela y no maquilla tanto los ojos, su rostro transmite la misma altivez, seriedad, impavidez y, a la vez, extraña serenidad, o quizás desdén, por todo lo que le rodea.

Sus rasgos, y quién sabe si su personalidad, son ucranianos y por mucho que Brasil le influyera no  dejó de ser extranjera en su tierra de adopción a la que llego con un año.


La última fotografía es la de una mujer madura, seguramente en la cincuentena. Su gesto ha cambiado, sonríe ligeramente y tiene baja la mirada, su expresión no es tan dura como en las otras dos fotos, su gesto es casi suplicante, ya no se enfrenta, comprende más, ha recorrido un largo camino pese a que no llegará a cumplir sesenta años. Es mi fotografía favorita sin duda alguna.

Son mis impresiones, no he buscado las fechas de publicación de las fotografías y puedo estar equivocada en la edad de Lispector.
EL LIBRO QUE HE LEÍDO Y COMENTARÉ ESTE FIN DE SEMANA ES: CERCA DEL CORAZÓN SALVAJE


viernes, 30 de enero de 2015

CÉSAR PÉREZ GELLIDA, Memento mori.

No recuerdo la razón de la compra de esta novela. Estoy casi segura de no haber leído ninguna reseña en los blogs que visito y no está apuntada en mi libreta, así que es probable que fuera una recomendación de mi librera. Dejémoslo así.


Memento mori, “Recuerda que morirás”, hace referencia a lo efímero de la vida tal y como recuerda el autor en una nota de la página 22. Un título que puede interpretarse desde muchos puntos de vista además del más evidente cuando un asesino en serie ronda la ciudad, en este caso, Valladolid.
César Pérez Gellida nació en Valladolid en 1974. Licenciado en Geografía e Historia se dedicó, sin embargo, a diversos trabajos relacionados con la dirección comercial, marketing y comunicación. En 2011 decidió trasladarse con su familia a Madrid para dedicarse en exclusiva a su carrera de escritor. Esta novela fue publicada en 2013.


Hacía unos meses que tenía la novela en casa aunque no tengo los siguientes de la trilogía, lo elegí porque necesitaba enfrascarme en una novela entretenida en unos días que he viajado bastante en tren. No me ha decepcionado puesto que la trama está tan bien tejida que me ha acompañado perfectamente mientras el tren avanzaba a toda velocidad a su destino. 
Desde el principio sabemos quién es el asesino, Augusto Ledesma, y el policía que intentará descubrirlo, Ramiro Sancho, por tanto, no es descubrir al asesino el objetivo de sus 582 páginas sino saber sus motivaciones para matar. 
La novela está dividida en treinta capítulos cuyos títulos están entresacados de letras de canciones de Bumbury. La música tiene un gran protagonismo ya que el asesino es un auténtico melómano tal y como muestran las 21 canciones que forman la banda sonora de la novela.
El autor utiliza un  narrador omnisciente y unos capítulos son contados desde el punto de vista del asesino y otros desde el del inspector Ramiro Sancho. En todo momento sabemos, por las referencias dadas al principio del capítulo, el escenario y la fecha en la que se desarrollan los hechos.
La trama sigue un ritmo rápido e intenso y los personajes están bien definidos y resultan atractivos por sus peculiaridades, especialmente el medio ruso, medio español, Carapocha, psicólogo y especialista en construir perfiles de los asesinos en serie.
La novela tiene muchas referencias literarias, así como múltiples términos latinos como el que da título a la novela y que son aclarados en sucesivas notas a pie de página.
Cuando llegó al lomo de Ulysses, de James Joyce, detuvo su periplo visual para sacarlo de la estantería. Era un libro único, muy especial para Augusto. Al cumplir los diecisiete años, su padre adoptivo se lo dejo encima de la cama con una nota que todavía tenía guardada y que decía: “Si consigues digerir este libro, sabrás cómo se comporta el ser humano y estarás preparado para dirigir tu vida” (p. 137).

¿Se trata de una novela negra? Yo diría que no. Es cierto que tenemos dos planos de Valladolid en el interior de la portada y la contraportada,  los personajes se mueven por la ciudad, sus viviendas están localizadas en los barrios vallisoletanos, los bares u otros establecimientos también adquieren protagonismo, sin embargo poca cosa sabemos de esta ciudad más allá de los nombres. Solo un secundario, Carapocha, introduce aspectos del trasfondo político europeo. Si a esta ausencia de trasfondo político-social añadimos el perfil de policía bueno del pelirrojo Ramiro Sancho, todo parece indicar que es más una novela policíaca que no negra. Sin embargo vuelve a ser Carapocha y algún otro policía los que no separan tan claramente el campo de los “buenos” y de los “malos”. El final abierto redunda en favor de la idea de que el “bien” no siempre triunfa sobre el “mal”, aunque el malo es malo malísimo. Por otro lado este final tiene lógica puesto que estamos ante una trilogía.
  

viernes, 23 de enero de 2015

PATRICK MODIANO, En el café de la juventud perdida.

Tengo que confesar que pese a su currículo de premios anteriores al Nobel, no lo había leído. Este premio y alguna reseña leída a Marcelo Z, aunque no de esta novela, me han impulsado a su lectura.

Esta obra, En el café de la juventud perdida, es breve, 131 páginas, pero intensa. Su título está entresacado de Guy Debord (1931-1994), filósofo, escritor y cineasta francés que perteneció a la Internacional Situacionista, organización de artistas e intelectuales revolucionarios vinculada al consejismo obrero de pensadores como Anton Pannekoek, Rosa Luxemburg y de Georg Lukács. Modiano inicia el libro con este fragmento de Debord:
A mitad del camino de la verdadera vida, nos rodea una adusta melancolía, que expresaron tantas palabras burlonas y tristes, en el café de la juventud perdida.

Por su tema no puedo dejar de pensar que, de alguna manera, está vinculada también a Proust y su magna obra En busca del tiempo perdido, con lo que parece que una obra me lleva a otra en la que las reflexiones y preocupaciones giran en torno a los mismos temas (acabo de comprar, para reafirmar lo dicho, la obra de Norman Manea, El té de Proust. Cuentos reunidos).


Patrick Modiano nació en Francia en 1945, fecha que marca el final de la II Guerra Mundial y que influyó decisivamente en su vida y en su literatura. Su padre, Albert Modiano, era descendiente de una familia de judíos italianos que se instaló en Salónica, desde donde emigraron a París y su madre era la actriz belga Louisa Colpijn. Se conocieron durante la ocupación alemana de Francia y por ello tuvieron que ocultarse, casándose en noviembre de 1944. Patrick fue su primer hijo y, aunque no vivió la guerra, la consideró como su prehistoria personal y un periodo confuso y vergonzoso de la historia de Francia, razón por la cual sus tres primeras novelas, escritas entre 1968 y 1972, están situadas en ese escenario y consideradas como una especie de trilogía de la ocupación. La obra que comentamos en esta reseña fue publicada en 2007.


Hay novelas que empiezan de forma extraordinaria desde la primera página, este es el caso  de En el café de la juventud:
De las dos entradas del café, siempre preferí la más estrecha, la que llamaban la puerta de la sombra. Escogía la misma mesa, al fondo del local, que era pequeño. Al principio, no hablaba con nadie; luego ya conocía a los parroquianos de Le Condé, la mayoría de los cuales tenía nuestra edad, entre los diecinueve y los veinticinco años, diría yo. En ocasiones se sentaba en las mesas de ellos, pero, las más de las veces seguía siendo adicta a su sitio, al fondo del todo (p. 9).

Este inicio, que completa la primera página con otro párrafo, me hizo pensar que estaba ante una bella novela, breve, intensa y sencilla de leer, sin embargo fue una sensación engañosa y pronto tropecé en el falso error y en la página 35 tuve que volver atrás porque me había perdido. No quiero afirmar con ello que se trate de una novela difícil, pero sí que se ha de prestar atención porque su estilo narrativo y su argumento son peculiares. El autor traza los rasgos de Louki (Jacqueline), desde el primer fragmento reproducido, una joven parisina en los años sesenta, y por medio de diversos narradores componen el retrato de esta mujer que no pasaba desapercibida para ninguno de los habituales clientes del café Le Condé. De esta manera, a través de retazos, se va recomponiendo la vida de la joven, del café (y de sus clientes: escritores, artistas, fotógrafos y otros personajes) y de la propia ciudad de París.
A mí nunca me ha parecido el otoño una estación triste. Las hojas secas y los días cada vez más cortos nunca me han hecho pensar en algo que se acaba, sino más bien en una espera de porvenir. Hay electricidad en el aire de París en los atardeceres de octubre, a la hora en que van cayendo la noche. Incluso cuando llueve. No me entra melancolía a esa hora, ni tengo la sensación de que el tiempo huye. Sino de que todo es posible. El año comienza en el mes de octubre. Empiezan las clases y creo que es la estación de los proyectos. Así que si Louki vino a Le Condé en octubre fue porque había roto con toda una parte de su vida y quería hacer eso que llaman en las novelas PARTIR DE CERO (p. 21).

Modiano no recupera solo el tiempo pasado, ¿perdido?, sino que introduce un componente de misterio al querer despejar qué le ocurrió a Louki.  De esta manera transitan varios narradores, incluida la propia joven, que van desvelando las claves de su vida desde la infancia, y sus primeras escapadas nocturnas aprovechando la libertad que le proporcionaba la ausencia de su madre, que trabajaba en el Moulin Rouge hasta altas horas de la madrugada. Después su temprano matrimonio y su amistad con otra joven que transitaba por el borde del precipicio y, por último, su amor por Roland.
Según vas contando esa vida imaginaria, fuertes ráfagas de aire fresco cruzan por un lugar en el que llevabas mucho tiempo asfixiándote. Se abre una ventana de repente y el aire de alta mar hace que golpeen las contraventanas. Vuelves a tener el porvenir entero por delante (p. 29).

Todo este conglomerado de piezas compondrá el puzle de su vida y de su destino, una vida plagada de huidas:
No era de verdad yo misma más que mientras escapaba. No tengo más recuerdos buenos que los de huida o de evasión (p. 84)

La huida y el miedo a que el pasado reaparezca en cualquier momento y descubra la evasión que recupera momentos de felicidad. El tema de la novela plantea muchos interrogantes sobre el pasado y cómo condiciona el pasado, sobre la posibilidad de re-crearse a una misma y abrir la ventanas lanzando el lastre del pasado, sobre la imposibilidad de tal liberación  y que todo vuelva a empezar igual que antes, el Eterno Retorno.

Modiano logra además narrar esta peculiar historia con un ritmo y con una belleza en la palabra muy notable.

viernes, 16 de enero de 2015

KADER ABDOLAH, El reflejo de las palabras.

Esta novela la compré en edición de bolsillo hace muy poco tras leer  la reseña que, a finales de octubre del 2014, hizo Agnieszka. El tema me atrajo de inmediato y decidí adelantar su lectura pese a los muchos que tengo en espera en la estantería.


La novela tiene 343 páginas a las que hay que sumar un pequeño glosario y una nota con la procedencia de algunos textos que se reproducen en la obra. El título no hace más que recoger la importancia que tienen las palabras en esta novela, especialmente porque Aga Akbar, el protagonista de la obra junto a su hijo Ismail, es sordomudo, no habla, por tanto, pero sí escribe utilizando signos cuneiformes tomados de unos textos que conoce desde niño en la cueva del monte sagrado  del Azafrán en Irán.
Kader Abdolah (cuyo verdadero nombre es Hossein Sadjadi) nació en Irán en 1954. Estudió Física en la Universidad de Teherán y participó en la resistencia estudiantil contra el Sah de Persia desde una organización de izquierda de ideología marxista. Su lucha continuó cuando se produjo la llegada al poder del ayatolá Jomeini en 1979, tuvo que huir de su país en 1988 y encontró asilo político en Holanda, donde reside desde entonces. Colaborador del diario más importante de Holanda, De Volkskrant, fue galardonado con el Dutch Media Prize por sus columnas periodísticas. Ha escrito varias novelas entre las que se encuentra El reflejo de las palabras (2000), su quinta novela.


Dos aspectos me han conquistado de esta novela, la historia particular de una familia iraní que procede de una pequeña aldea y la agitada historia de Irán en el siglo pasado. Enseguida sabemos que la clave de la historia particular está en los pasos que dará Ismail, hijo de Aga Akbar, por descifrar los apuntes secretos de su padre que le llegan a Holanda a su muerte. El autor enseguida presenta quién narrará la obra: 
Somos dos: Ismail y yo. Yo soy el narrador omnisciente. (…)Aunque soy omnisciente, no puedo leer esos apuntes.Contaré sólo la parte de la historia que precede al nacimiento de Ismail. Dejaré que él mismo relate el resto. Pero al final volveré, pues Ismail no es capaz de descifrar la última parte de las notas de su padre (p. 12).

Aga Akbar nace de Hayar, una mujer humilde, y de un príncipe que solo le deja en herencia un largo nombre del que siempre se sentirá orgulloso. Será reparador de alfombras y poeta. Se esforzará por comunicarse pese a que no puede hacerlo por el sistema habitual del habla. Desde su desconocimiento del ancho mundo y la sabiduría de las cosas sencillas, Akbar muestra las posibilidades del ser humano para superar las limitaciones y la estrecha relación que construye con su hijo Ismail.
Nadie sabía cuándo se sentaba a escribir. Y menos aún sobre qué. El cuaderno se había convertido en parte de su persona, estaba inseparablemente unido a él, como su corazón, que bombeaba sin que nadie reparara en ello. Pero Ismail sí sabía cuándo escribía su padre, cuando necesitaba plasmar las cosas que no comprendía y que no alcanzaba a explicar con su lenguaje de gestos. Cosas inalcanzables, incomprensibles, impalpables, que de pronto lo conmovían y que se quedaba contemplando impotente (p. 88).

A Akbar le parecían incomprensibles el amor, pero también la muerte o la luna, la lluvia y el sol. En Ismail encuentra su apoyo, el medio para comunicarse mejor con el mundo. A su vez Ismail encontrará en su padre una visión sencilla (que no simple) de la vida y su presencia se convertirá para él en imprescindible. El exilio al que se verá abocado por motivos políticos convertirá en vital el descifrar los cuadernos de su padre reinventando su memoria y con ella la de toda su familia. La recuperación de la memoria se presenta como relevante para el pueblo iraní en el convulso siglo XX. La novela dibuja los rasgos principales de la historia que marcó la evolución de este país desde las ideas modernizadoras impuestas por el militar Mirza Reza Pahlevi, la continuación totalitaria de su hijo Muhammad Reza Pahlevi con su papel de fiel aliado de EUA en el juego de la guerra fría contra la cercana URSS y, por fin, el régimen fundamentalista de los clérigos liderados por Jomeini. La lucha desde la izquierda laica contra unos y otros, buscando un sistema más justo para el conjunto de la población, la represión, las torturas y el exilio, son elementos que sin quitar protagonismo a la historia familiar la dotan de una dimensión más global.

Kader Abdolah escribe bien, relata con minuciosidad, con ternura, con delicadeza, pero también con exactitud y brevedad cuando es necesario. Por ello la lectura te va atrapando de forma sutil y sus personajes, a veces de una sencillez extraordinaria, te hacen sonreír o te entristecen con sus cuitas. Un autor para repetir.