viernes, 29 de abril de 2016

RAFAEL CHIRBES, La buena letra.

Había leído hace tiempo Los viejos amigos, que me gustó, pero me dejó poca huella. En mi biblioteca de pendientes tenía esta breve obra de 1992 y decidí leerla. Ahora tengo otras pendientes, por desgracia su muerte en agosto de 2015 ha cerrado su obra inesperadamente.



Una advertencia del autor…
…en una nota a la edición del 2000, que en esta edición posterior suprimió el último capítulo porque con él había introducido la idea de la justicia del tiempo con la que no se siente cómodo. Señala que no es misión del tiempo corregir injusticias, sino más bien hacerlas más profundas.


El autor

Rafael Chirbes (1949-2015), estudió Historia en Madrid y se dedicó a la crítica literaria y el periodismo durante un tiempo. En 1988 publicó su primera novela, Mimoun, a la que siguieron ocho más en la línea de retratar la sociedad española de forma crítica.

Vivencias privadas en la guerra

La buena letra son los recuerdos de Ana, la protagonista, que va relatando en primera persona a su hijo la historia de su familia, partiendo del presente narrativo y haciendo memoria, una memoria enferma y sin esperanza (22), dice ella misma. Esa memoria está enferma porque asistimos a las penurias que provocó la guerra civil para una familia que pertenecía a los vencidos. Novelar la guerra desde la vida privada de una familia nos introduce, mejor que las cifras y los datos, en la desolación del miedo, de la pobreza, de las pequeñas traiciones para sobrevivir, de transigir para prosperar y todo ello con el trasfondo oscuro de la larga posguerra española.
Nos habíamos convertido en mulos de noria. Empujábamos, ciegos y mudos, buscando sobrevivir, y, a pesar de que nos dábamos todo unos a otros, era como si sólo el egoísmo nos moviese. Ese egoísmo se llamaba miseria. La necesidad no dejaba ningún resquicio para los sentimientos. Lo veíamos a nuestro alrededor (53).
Chirbes utiliza, a través de Ana, un tono familiar, sencillo y cercano para explicar un periplo vital que tiene su punto culminante al final de la novela con la traición del hijo, que no explicaré para no desvelar la intriga. Su escritura es sencilla pero eficaz y los capítulos son breves pero llenos de sentimientos y emociones sin exageraciones innecesarias. Y es que hay…
…palabras que son de un vidrio tan delicado que si uno las usa una sola vez, se rompen y vierten su contenido y manchan (77).
Conclusión
Dura, desesperanzadora y excelente novela.
  

viernes, 22 de abril de 2016

NUCCIO ORDINE, La utilidad de lo inútil. Manifiesto

Compré este libro hace unos meses porque me gustó, en primer lugar, el título y cuando lo hojee en la librería, el contenido. Por desgracia en esta sociedad mercantilizada, solo es útil aquello que tiene un valor económico inmediato. Lo inútil, lo inservible que señala Byung-Chul Han, es clave para nuestro futuro más allá de la producción. El lujo, en su sentido primario, no es una praxis consumista. Es, por el contrario, una forma de vida que está libre de la necesidad. El lujo solo es pensable más allá del trabajo y del consumo. Visto así, el lujo es afín al ascetismo. La felicidad se puede encontrar en objetos y sentimientos sin valor económico: lo que se espacia, lo dejado por desvalorizado, lo abundante sin valor en el mercado, lo vaciado de sentido, lo excedente, lo superfluo, vale decir los lujos respecto de la necesidad, del trabajo y del rendimiento[1]. 
En la misma línea Nuccio Ordine hace una defensa de lo que el poder entiende como inútil por no tener una finalidad utilitarista y que él, dando un giro total a sus argumentos, considera como lo único útil en el campo del pensamiento y la investigación, puesto que nos ayuda a hacernos mejores. 


El título y la estructura… 

Ordine no pretende elaborar un texto orgánico sino que quiere que refleje la fragmentariedad que lo ha inspirado. El subtítulo –Manifiesto- recoge el aspecto militante que ha animado el trabajo. La estructura de la obra está dividida en tres partes: la primera, dedicada al tema de la útil inutilidad de la literatura; la segunda, consagrada a los efectos desastrosos producidos por la lógica del beneficio en el campo de la enseñanza, la investigación y las actividades culturales; en la tercera parte, a partir de lectura de los clásicos, se intenta mostrar la carga ilusoria de la posesión y sus efectos devastadores sobre la dignitas hominis, el amor y la verdad. Por último ha incorporado un ensayo de Abraham Flexner escrito en 1937. 

La útil inutilidad de la literatura 

El acto creativo de la literatura se basa en la simplicidad motivada por un auténtico gozo y ajena a cualquier aspiración al beneficio. 
Gusto es la facultad de juzgar un objeto o un representación mediante una satisfacción o un descontento, sin interés alguno. El objeto de semejante satisfacción llámase bello (51). Kant, Crítica del juicio
La Universidad-empresa y los estudiantes-clientes 

La degradación de las Universidades se produce por una confluencia de los recortes justificados por la crisis económica, la retirada económica del Estado del mundo de la enseñanza y la investigación básica (privatización) y un descenso de los niveles de exigencia para permitir que los estudiantes superen los exámenes con más facilidad puesto que pagan y asumen el papel de clientes. 
Los libros contienen las palabras de los sabios, los ejemplos de los antiguos, las costumbres, las leyes y la religión. Viven, discurren, hablan con nosotros, nos enseñan, aleccionan y consuelan, hacen que nos sean presentes, poniéndonoslas ante los ojos, cosas remotísimas de nuestra memoria. Tan grande es su dignidad, su majestad y en definitiva su santidad, que si no existieran los libros, seríamos todos rudos e ignorantes, sin ningún recuerdo del pasado, sin ningún ejemplo (101-102). Cardenal Bessarión al dux Cristoforo Moro, 1468. 
Poseer mata: “Dignitas Hominis”, amor, verdad 

Es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices (112). Montaigne, Los ensayos. 
Nuestro conquistar más verdadero reside en nuestro mirar. (…) No nos hacemos ricos porque algo permanezca y se marchite en nuestras manos, sino porque todo fluye a través de su captura como a través de una solemne puerta de entrada y retorno a casa. Para nosotros las manos no deben ser un féretro: sólo un lecho en el cual las cosas duermen en el crepúsculo y tienen sueños desde cuyas profundidades expresan sus secretos más estimados. (…) La posesión es, de hecho, pobreza y angustia; ¡sólo el haber poseído es un poseer despreocupado! (124-125). Rainer Maria Rilke, Carta a Jelena M. Woronina. 

Abraham Flexner, “La utilidad de los conocimientos inútiles” 

El enemigo real del género humano no es el pensador audaz e irresponsable tenga razón o no. El enemigo real es quien trata de moldear el espíritu humano de manera que no se atreva a desplegar sus alas como estas se desplegaron en otro tiempo (…) (167). Una paradoja de la historia… …cuando prevalece la barbarie, el fanatismo se ensaña no solo con los seres humanos sino también con las bibliotecas y las obras de arte, con los monumentos y las grandes obras maestras. La furia destructiva se abate sobre las cosas consideradas inútiles (…).Cosas inútiles e inermes, silenciosas e inofensivas, pero percibidas como un peligro por el simple hecho de existir (20). 
 [1] Beyung- Chul Han (2014): Psicopolítica. Herder, Barcelona, pp. 79-80.

viernes, 15 de abril de 2016

EDMUND DE WALL, La liebre con ojos de ámbar. Una herencia oculta

Nunca es fácil poner el título a una obra. Reconozco que este título me llamó la atención inmediatamente, la misteriosa segunda parte del título, Una herencia oculta, acrecentó mi interés. 

La liebre con ojos de ámbar es un netsuke 

Los netsukes son esculturas en miniatura que aparecieron hacia el siglo XVI con una finalidad práctica: son pasadores para sujetar el injo, la caja donde se llevaban los objetos para la vida cotidiana de la casa sujetos a la faja del kimono. Eran fabricados en madera de boj o marfil y los artesanos fueron maestros en dichos objetos.
Edmund de Wall recibió de su tío Iggie una colección de doscientos sesenta y cuatro netsukes, lo que motivo en el autor la necesidad de explicar una historia, la de su familia, y para ello toma como hilo conductor estas pequeñas estatuillas. 

¿Qué quería saber de Wall? La relación entre el objeto de madera y los lugares en los que ha estado, entrar en las habitaciones que los albergaron, las manos que los tocaron y qué pensaron de dichas estatuillas. Lo esencial del viaje de los netsukes lo conocía el autor por su tío Iggie, fue en la década de 1870 cuando un primo del bisabuelo del autor, llamado Charles Ephrussi, los compró en París. Éste se los regaló a su bisabuelo Viktor con ocasión de su boda, en Viena, hacia finales de siglo y de aquí llegaron a Tokio a casa de Iggie. 

En el proceso de la investigación para conocer el recorrido de estas estatuillas, de Wall acaba confesando cerca del final del libro que: 
Ya no sé si este libro trata de mi familia, de la memoria o de mí, o si sigue siendo un libro sobre miniaturas japonesas (354). 


El autor… 

Edmund de Waal (Nottingham, 1964) es ceramista y sus obras han sido expuestas en diversos museos y exposiciones. Es su profesión lo que explica el modo de afrontar el reto que se puso de recuperarla historia familiar a través de objetos (los netsukes). Este interés no es superfluo puesto que de Wall hace cosas, es ceramista, y para él tiene una gran relevancia cómo se manipulan, se usan y se pasan los objetos. 

El contenido… 

Dice Foucault que existe la posibilidad de hacer funcionar la ficción en la verdad; de inducir efectos de verdad con un discurso de ficción. Llevo unas cuantas obras leídas en las que el trasfondo entre ficción y realidad (verdad) tiene un gran protagonismo. La liebre con ojos de ámbar se mueve en ese territorio con la original perspectiva de alguien que no es novelista sino que procede del mundo de la cerámica.

La obra está dividida en cuatro partes, precedida por un prefacio y con una coda final, que recorren la historia familiar de los Ephrussi desde 1871 hasta 2009. El recorrido empieza cuando los Ephrussi se trasladan desde Odesa a París y Viena, la historia se detiene en la primera parte en la figura de Charles que es quien inicia la colección de netsukes. Es un hombre culto que inicia algunas colecciones de arte, especialmente pintura, entrando en contacto con los impresionistas. Monet, Manet, Degas o Renoir aparecen en esta historia como personajes, al igual que escritores como Proust, proustiflor debido al mariposeo del escritor de un acontecimiento social a otro (101). En esta parte se dedica atención al affaire Dreyfus debido a que los Ephrussi son judíos y este affaire les influyó. 

Del París de los salones, en la segunda parte, a la Viena posterior a la I Guerra Mundial. Los netsukes se trasladaron, como regalo de boda a Viktor, primo de Charles, a la ciudad imperial y en esta ciudad reina el antisemitismo pese a los intentos de asimilacionismo de su población judía. Escritores como Joseph Roth o Rilke, aparecen también en la historia familiar porque, como es el caso de Rilke, este se carteó con la bisabuela del autor del libro.

En la capital del pequeño país en que había quedado el gran Imperio Austro-húngaro, se desarrolla en gran parte la tercera parte que abarca el periodo 1938-1947. La ocupación de Austria por Alemania y la rapidez con que los judíos se vieron atrapados en una ciudad que se nazificó con extrema rapidez, forman parte de este capítulo que, desde mi punto de vista, es excelente. La desposesión de todos los bienes de los Ephrussi y el peligro que corren en el III Reich les llevan a huir para ponerse a salvo. Los netsukes se salvan del expolio de forma rocambolesca y se desplazan a Japón, su país de origen, donde se instalaran en casa de Iggie, hijo de Viktor. 

La Coda es una parte muy breve que lleva al autor del libro en sus últimas investigaciones desde Tokio a Odesa y Londres donde se instalaran, de momento, los netsukes



Un viaje… una historia… 

Un viaje lleno de aventuras que retrata una parte de la historia del siglo XIX y XX, que supone una reflexión sobre el arte, la política, las relaciones familiares, el amor y la literatura. Una familia rica y culta que transita desde la abundancia a la dispersión y al peligro de morir por ser judíos (asimilados y alejados de la religión) por la barbarie que inundo Europa. Una historia que cambia a su autor al conducirle a reflexionar sobre muchos aspectos que quizás nunca se había planteado. 

Dos fragmentos

Trastabillo. Veo que no entiendo qué significa ser parte de una familia judía asimilada, aculturada. Sencillamente no lo entiendo. Sé qué cosas no hacían: no iban nunca a la sinagoga, pero sus nacimientos y sus bodas figuran en el registro del rabinato local. Sé que pagaban las obligaciones a la Israelitische Kultusgemeinde y que donaban dinero a la caridad judía del cementerio y, preocupado porque el portón de hierro forjado está roto, me he preguntado si no debería hacerlo reparar. No parece que el sionismo les resultara muy atractivo (167). 
Después de la sala está la biblioteca, la habitación más grande de esta planta del edificio. Pintada de rojo y negro, como la gran suite de habitaciones de Ignace en el piso de abajo, tiene una rojinegra alfombra turca, las paredes cubiertas de enormes estanterías de ébano con marquetería de marfil flanqueada por los dos globos terráqueos. Es la habitación de Kiktor: miles de sus libros se alinean contra las paredes: historias griegas y romanas, literatura germánica, poesía y diccionarios. La fina malla dorada que cubre ciertos estantes se abre con una llave que Viktor lleva unida a la leontina (170).

Conclusión… 

Un libro para disfrutar, de lectura fluida, fácil e interesante, sin más (ni menos) pretensiones.

viernes, 8 de abril de 2016

ANNE FADIMAN, Ex Libris

Cuando contemplo mi piso abarrotado de libros, a veces me pregunto si estos no acabaran de expulsarme a las calles de la ciudad donde vivo. Como no pienso renunciar a ellos bajo ningún concepto, muchas veces me paseo por las diversas habitaciones y pasillos para ver que espacios puedo ir colonizando para instalar más libros. Ya tengo libros en la cocina y en los pasillos, ni siquiera el lavabo está libre de ellos. No me siento capaz de renunciar a lo que me aportan los libros, ni que estos sigan siendo de papel, puesto que cada vez que abro las páginas de uno de ellos es… 
(…) una nueva exploración es un viaje a las Indias, una búsqueda de un tesoro escondido, una travesía hacia el final de un arco iris; y da igual si al final aparece una mina de oro o tan solo un volumen encantador, siempre se encontraran maravillas por el camino (152). 

Ex libris 

Ex libris es una locución latina que significa literalmente de entre los libros, de una biblioteca, por ejemplo. Pero también hace referencia a la marca de propiedad que suele ser una estampa (como la que yo tengo y pongo en escasos libros), etiqueta o sello (que también tengo y pongo con más frecuencia) y contiene el nombre del dueño del ejemplar o de la biblioteca propietaria. 





Anne Fadiman escribe una auténtica declaración de amor a los libros que superando la idea de los lectores como meros consumidores va al corazón de la lectura: no si deseamos comprar un libro nuevo, sino cómo nos relacionamos con los viejos, aquellos con los que hemos vivido años, aquellos cuyas texturas y colores y olores nos son tan familiares como la piel de nuestros hijos (12). 

Y es que… 
Los libros escribieron la historia de nuestras vidas y, mientras se iban acumulando en nuestras estanterías (y en nuestros alféizares, y debajo de nuestro sofá, y encima de la nevera), se convirtieron en capítulos por sí mismos. ¿Cómo podría ser de otra manera? (13). 
He tenido días atrás un problema de cierta importancia en un ojo, cuando estaba en la consulta del oftalmólogo con la pupila dilatada seguía leyendo, tratando de espantar algo que me horroriza, no poder leer. 

Un libro sobre libros 

Soy consciente de que este “género”, por llamarlo de alguna manera, tiene hoy mucho éxito y siempre recelo ante uno de ellos. He sabido por este libro que en las librerías de viejo suele haber una sección dedicada a este tipo de libros (o no me había dado cuenta o no me había llamado la atención). 

Es un libro sobre libros sin duda. Sin embargo no fue concebido como libro, son breves ensayos bajo el título “Simples lecturas” que aparecieron en la revista Civilization. Fueron escritos por Fadiman, por recomendación de su editor, sobre sí misma. El centro de estos ensayos, y por tanto del libro, es ella misma y su familia. 

Cada capítulo corresponde a uno de estos breves ensayos, dieciocho en total, y tratan de temas muy diversos. “Matrimonio de bibliotecas” es el primero y describe cómo se sintió verdaderamente casada cuando después de unos años de convivencia decidieron mezclar sus dos bibliotecas y los criterios (y tensiones) que pactaron para hacerlo. “Mi estante suelto” trata de ese estante que todo el mundo tiene en su biblioteca en el que hay un pequeño y misterioso conjunto de volúmenes cuyo tema nada tiene que ver con el resto de la biblioteca y que, sin embargo, dice mucho de su propietario (33). En la biblioteca de Fadiman esa estantería suelta son sesenta y cuatro libros sobre la exploración polar. Mi estantería suelta está formada por unos cuarenta libros de arte.
¿Tenéis un estante suelto? 
Muy divertido resulta el capítulo sobre los errores gramaticales e interesante el de las partes que componen los libros, especialmente la hoja de cortesía y la portadilla. 


Amar los libros 

Si algo tiene en común todos los capítulos es que, desde un ángulo u otro, la autora construye un calidoscopio que destila amor por los libros. 
(…) me di cuenta de que igual que hay más de una manera de amar a una persona, también hay más de una manera de amar un libro (…) Para nosotros, lo sagrado de un libro eran las palabras, pero el papel, la tela, el cartón, el pegamento, el hilo y la tinta que las contenían no eran más que un recipiente, y no era ningún sacrilegio tratarlos con toda la licencia que dictan el deseo y el pragmatismo. El mal uso de un libro no era señal de falta de respeto, sino de intimidad (49-50). 
El contacto con los libros hace mejor a las personas, cada una ha de encontrar la manera de relacionarse con las palabras para sentir esa comunión que es irrepetible. Cuando alguien comparte, mezcla, busca y encuentra libros, inicia una experiencia que le transforma, le enriquece y completa un camino que permite un crecimiento personal inagotable. 

Mi fragmento favorito 

Entre los dos, mis padres tenían unos siete mil libros. Cada vez que nos mudábamos de casa, un carpintero construía medio kilómetro de estanterías; cada vez que nos íbamos, los dueños nuevos las arrancaban. Para mí las paredes de los demás estaban desnudas. Las nuestras no eran telones de fondo blancos y sosos para colgar cuadros, eran obras de arte por sí mismas, mosaicos desde el suelo hasta el techo cuyos azulejos de colores vívidos eran rectángulos delgados, agradables al tacto e incluso, si a uno le gustaba la fragancia polvorienta del papel viejo, al olor (129). 
El libro como tentación, como placer de los sentidos, como alimento del intelecto, como compañía frente a la soledad, como compañero de aventuras, como alimento vital, como agua cristalina que sacia la sed, como ilusión, como objetivo utópico…

viernes, 1 de abril de 2016

JEAN ECHENOZ, Me voy

De vuelta a la ficción, entre las posibilidades que tengo en el estante de aproximación decidí leer de nuevo a Echenoz. Tengo una estantería de varias baldas con los libros pendientes de lectura, al lado de mi mesa tengo una balda con los libros que he colocado en primera línea de lectura, no siempre respeto este orden y en numerosas ocasiones me paseo un buen rato por la estantería grande hasta que encuentro lo que me motiva, me llama, sin saber por qué. Me dejo llevar. 




El título: ¿Dónde se va? 

El título es breve como parece habitual en este autor, el último que he leído se titula tan solo: 14. 
Félix Ferrer, el protagonista, toma la decisión de marcharse de su casa y de su matrimonio para emprender un viaje al polo Norte buscando unas antigüedades que pueden salvar su negocio de galerista de arte en declive. Un viaje en busca de un barco, el Nechilik, que quedó aprisionado en 1957 en la costa del distrito de Mackenzie (Canadá). El barco naufragó y quedó apresado por el hielo con su carga de pieles y de antigüedades consideradas de gran valor.

Pero Ferrer huye también de su vida rutinaria con Suzanne, una vida burguesa, de órdenes inmutables y de la que cada mañana se preguntaba cómo escapar al ritual cotidiano, esa misma pregunta había acabado integrándose en el ritual. Sin llegar a resolverla nunca (…) (13-14). 

La novela empieza como acaba, con las mismas palabras, “me voy”, dichas en el mismo espacio, pero habiéndose producido un cambio ambiental y personal en el período de tiempo en el que transcurre la novela y que anuncian la posibilidad de nuevos cambios, de nuevas huidas hacia adelante.

París y el viaje al Polo Norte 

Una parte de la novela transcurre entre París y su viaje al Polo Norte. Alterna capítulos en los que el narrador en tercera persona va explicando qué le ocurre a Ferrer desde que rompe su matrimonio e inicia, poco después, el viaje al Polo Norte en busca de las antigüedades. Las vicisitudes del viaje son de lo mejor de la novela con descripciones de los parajes que va conociendo (por ejemplo en el rompehielos): 
Pasado ese primer día de descubrimientos, el tiempo brumoso empezó a deshilacharse. Por el ojo de buey de su camarote, Ferrer vio desfilar Terranova a su derecha antes de que empezara a recorrer las costas de Labrador hasta la bahía de Davis y el estrecho de Hudson, sin que en ningún momento se percibiera el rumor de los motores (18).
Tanto en la descripción de su vida en París como en su viaje hay momentos cargados de un sentido del humor que inunda toda la novela, cuando en un momento de la novela a Ferrer le practican un by pass múltiple, al despertar:
(…) se descubrió totalmente cosido a lo largo del brazo, de la pierna izquierda y del meridiano del tórax. Era bonito como un trabajo de artesanía, consistía en largas y finas suturas muy regulares que recordaban un lazo inglés de encaje renacimiento, o al revés de una costura de media, o un renglón (122). 
La ironía de que hace gala Echenoz se refleja en giros inesperados y en una trama, en parte policíaca, que resulta sorprendente y que dibuja ese universo típico del autor de unos personajes que van en cierto modo a la deriva, entre dudas e incertidumbres.

El narrador… 

Quizás uno de los aspectos más originales de la novela es que el narrador se autocuestiona y cuestiona al protagonista, bromea y se toma confianzas con los personajes. A modo de ejemplo, el capítulo 28 empieza de esta manera tan poco habitual: 
Personalmente empiezo a estar un poco harto de Baumgartner. Su vida cotidiana es demasiado aburrida. Aparte de vivir en el hotel, de telefonear cada dos días y de visitar lo que le cae a mano, realmente no hace gran cosa. A todo esto le falta nervio (138). 
Cuando leí este inicio de capítulo, sonreí porque hacía muchas páginas que venía pensando algo parecido de la novela. Le falta nervio, es demasiado leve, sin pretensiones y, a veces, resulta aburrida. Y todo eso pese a que tiene el Premio Goncourt. 

Mi fragmento favorito… 

No quiero cerrar esta reseña con las palabras anteriores, prefiero hacerlo con el Echenoz que narra bien y que nos lleva con facilidad a parajes que siempre he deseado visitar: 
Bañando altos acantilados con una tonalidad entre ocre oscuro y violácea, el aire inmóvil era helado y, por lo tanto grávido, pesando con fuerza sobre un mar igualmente inmóvil, de un color gris-amarillento arenoso: ningún soplo de viento, ningún barco, pronto prácticamente ningún ave para animarlo con el menor gesto, ningún ruido. Las costas, desiertas, salpicadas de musgos y líquenes cual mejillas mal afeitadas, caían abruptamente cortadas a pico sobre el agua. A través de la niebla uniforme, se adivinaba, más que verse, el imperceptible deslizarse de los glaciares desde las cumbres. El silencio continuó siendo total hasta que llegaron a la banquisa (18). 

Una maravilla ¿no os parece?

viernes, 25 de marzo de 2016

CESARE PAVESE: El oficio de vivir

Autor y libro aparecían mencionados aquí y allá (no recuerdo haber leído reseña alguna en los blogs habituales) y en mi libreta de sugerencias lectoras iba y venía sin que me decidiera a leerlo. La última vez fue en febrero en un artículo breve de Fernando Savater que además indicaba que también Vila-Matas estaba leyéndolo. Así que no podía dejar pasar tantas causalidades-casualidades reunidas y me lancé a su lectura quizás en un momento poco propicio (no es la primera vez que, pese a saber que no es buen momento, acabo encarando una lectura compleja porque estoy convencida, justo en ese “mal” momento, de hacerlo). Propuse a Carlos y a Marcelo Z si querían acompañarme en la aventura y ambos aceptaron, sin embargo Marcelo no pudo hacerse con un ejemplar y no se unió a la lectura. Tampoco yo encontré un ejemplar, tanto el mío como el de Carlos (de dos ediciones diferentes pero el mismo traductor, Ángel Crespo) son préstamos bibliotecarios.  



Cesare Pavese (1908-1950) 

Escritor italiano, estudió filología inglesa en la Universidad de Turín, ciudad en la que nació. Debido a sus estudios leyó y tradujo a numerosos escritores norteamericanos entre los que se encuentran Gertrude Stein, John Seinbeck o Ernest Hemingway.
La llegada al poder del Partido Nacional Fascista italiano en 1922, con B. Mussolini a la cabeza, puso difíciles las cosas a los escritores críticos con esta ideología, el propio Pavese acabó en la cárcel por sus escritos antifascistas en 1935. Pese a ello, afirma que… 
(…) la inteligencia humanista –las letras y las bellas artes- no sufrió bajo el fascismo; pudo desahogarse, aceptar cínicamente el juego (363). 
Aunque Pavese se consideró parte de la Resistencia, durante la II Guerra Mundial, lo hizo como estudioso y pensador, no como activista. Entre 1943 y 1945 se refugió en casa de su hermana y en el colegio de Somascos en Casele Monferrato sin contacto directo con los acontecimientos que sacudieron Italia, mientras que algunos de sus amigos murieron por su activismo en la Resistencia. Quizás por compensar esta falta de compromiso entró en el P. Comunista tras la guerra.

¿Qué es El oficio de vivir? 
Quizás la obra debiera llevar por título “El oficio de escribir” por la abundancia de análisis que realiza y el constante proceso de síntesis que refleja, este hombre parece que vivía plantado sobre un heterogéneo sembrado de obras precedentes de las que se nutría y por las que fructificaba.
Es un Diario que comienza en 1935 cuando Cesare Pavese tiene 27 años y le quedan 15 de vida. Nuestra lectura conjunta ha dado para más de veinte páginas de comentarios, fragmentos y citas, esta reseña las reduce a sólo seis.

El autor le dio a la primera parte de El oficio de vivir, que comprende lo escrito entre octubre-diciembre de 1935 y febrero de 1936, el título de Secretum Professionale (parece que es un título similar a uno de Petrarca). Esta primera parte es un intento de prolongación de sus reflexiones acerca de la poesía y comprende las páginas escritas durante su confinamiento en Brancaleone Calabro. No es un Diario al uso puesto que poco alcanzamos a saber de su vida cotidiana, de la ciudad en la que vive, de amigos o amigas o de la propia situación política.

 Ahora sé que estas notas de diario no cuentan por sus descubrimientos explícitos sino por la rendija que abren sobre la manera de ser que tengo inconscientemente. Lo que digo no es verdad pero traiciona –por el solo hecho de que lo diga- a mi ser (338). 
Tanto Carlos como yo enseguida nos apercibimos que el autor, que escribe en segunda persona, revisa y reconstruye el Diario, situándose entre la fina línea de la realidad y la ficción que va construyendo. 
Se parece a ciertos días del 46 romano. Si leo aquellos días, sólo comprendo lo derrotado que estaba. Nada se pierde. (326) 
Quizás ésta frase sea una de las claves que explican la pervivencia de éste diario. La constante y recurrente lectura, y quizás, la reescritura de las páginas precedentes quizás indiquen un cierto narcisismo al contemplarse en ella como si fuera un espejo.
Estamos ante una obra de Metaliteratura (aunque muy diferente, coincide con la anterior lectura de Vila-Matas), es decir, un ejercicio de reflexión literaria (poética) que aporta luz a la misma. Libro de libros y escritores, nombra entre sus páginas a numerosos autores como Baudelaire, Stendhal, Sakespeare, Dante, etc. Y muchas vueltas sobre el oficio de escribir, él mismo pasa de la poesía a la narración, para ir mejorando su estilo.
Entre estas reflexiones hace una comparación interesante cuando señala que Stendhal y Hemingway, no narran el mundo, no acceden a la realidad. Tienen, según Pavese, una constante de tensión humana que se resuelve en situaciones sensorio-ambientales expresadas con inmediatez. Su ideología en literatura es la energía, la claridad, la no-literatura.

Flaubert y los ambientes, Dostoievski y la construcción del mundo dialéctico, Faulkner estiliza atmósferas y mitologiza, Lawrence indaga una esfera cósmica. Todo lo que hacen estos no lo hacen Stendhal y Hemingway (344).
Stendhal y Hemingway tienen bloques de realidad, experiencias angulares que prestan ritmo y carencia. Hemingway tiene la muerte violenta, Levi el destierro, Conrad la perplejidad de los mares del Sur, Joyce el estereoscopio de las palabras-sensaciones, Proust la inaprehensibilidad de los instantes, Kafka la cifra del absurdo, Mann la repetición mítica de los hechos (345).
Un ejemplo de los muchos en el que Pavese realiza una valoración de varios escritores que puede ofrecer mucha luz a los que los leemos.



La vida o la angustia de existir. La mujer 

El oficio de vivir es un ramillete de reflexiones sobre sus angustias existenciales, leyéndolo se ve cuánto le preocupa la soledad, la falta de amor, la infidelidad, los celos y el fracaso, (además del tema sexual) a menudo narrado bajo el prisma de la impotencia. Su manera de definir a la mujer es terrible, desde la ingenua a la perversa y a la mujer fatal que lleva al hombre a la ruina. Y sin embargo su necesidad de la mujer es casi angustiosa.
Es muy desconfiado hacia los ideales, quizás por eso no se comprometió directamente con la resistencia durante la guerra, algunos de sus amigos murieron por hacerlo. Habla de la “jungla de intereses” y de los “entusiasmos por el ideal” que pueden acabar rompiéndole la cabeza a quien no tiene el mismo ideal (92).
Estas solo y lo sabes. Has nacido para vivir bajo las alas de otro, sostenido y justificado por otro, pero que sea tan gentil que te deje hacer el loco y hacerte la ilusión de que tú solo te bastas para arreglar el mundo. No encuentras nunca a nadie que aguante tanto; de aquí proceden tu sufrimiento y tus desintereses, y no de la ternura. De aquí tu rencor contra el que se ha ido; de aquí tu facilidad para encontrarte un nuevo protector, y no de la cordialidad. Eres una mujer, y como mujer eres terco. Pero no te bastas tú solo, y lo sabes (346). 
Está y no está en el mundo 

Resulta sorprendente la poca referencia que hace al fascismo italiano y a la guerra, mientras sus amigos entraron en la Resistencia y algunos, como Leone Ginzburg, murieron. Al saber de la muerte de Leone Ginzburg (5 de febrero) torturado por los alemanes, dice el 3 de marzo: 
Lo he sabido el 1 de marzo. ¿Existen los demás para nosotros? Querría que no fuese verdad para no sentirme mal. Vivo como en una niebla, pensando en ello siempre pero vagamente. Uno acaba acostumbrándose a este estado, en el que se deja para mañana el dolor verdadero, y así se olvida y no se ha sufrido (291)
La única referencia directa al fascismo la hace en relación al arte fascista, afirmando que estuvo encarnado en la escuela romana formada por periodistas, aventureros, escritores, pintores, etc.
Donde el fascismo vigiló fue en la comunicación entre la inteligencia y el pueblo; tuvo al pueblo a oscuras. Ahora, dice, no hay que ir hacia el pueblo sino “ser pueblo”, vivir una cultura que tenga sus raíces en el pueblo y no en el cinismo de los libertos romanos (363). 
Considera positivo el encuentro entre una cualidad y una cultura preexistente (eso implica adaptarse y comprender, ese es el espíritu griego), rechaza que los pueblos sometan, destruyan o vegeten. Del esfuerzo por adaptarse y comprender, dice Pavese, nació el distanciamiento, la ironía, la plasticidad, la racionalidad, la libertad individual. Los otros pueblos no salieron nunca del magma materno (autoctonía, satrapía, esclavitud universal. En arte: fábula y decoración hierática) (373).

Muy interesante el argumento de porqué el escritor no debe vivir de escribir:
 Porque entonces tendría que suministrar la mercancía que le encargasen. Ya no es libre ante sí mismo. En cualquier momento el escritor debe poder decir: no, esto no lo escribo. Es decir, tener otro oficio (378). 
El suicidio 

Desde el inicio del diario, Pavese habla del suicidio como una posibilidad concreta y próxima para acabar con el sufrimiento y la angustia existencial que lo corroe. 
El último año de vida, 1950, es un camino cuesta abajo motivado por su propia evolución personal de sufrimiento existencial e inadaptación a lo que se unirá una nueva decepción amorosa con la actriz norteamericana Constance Dowling (Nada. Tengo carbón en el cuerpo, brasas bajo las cenizas. ¿Por qué, Connie, por qué? (409). 

Resulta triste y opresivo ver como desde el primer día del año habla ya de suicidio, hace balance del año antes de tiempo y toma la decisión dejándolo por escrito en su última anotación el día 18 de agosto. 

1 de enero

Roma calla. Ni las piedras ni las plantas dicen gran cosa. Aquel invierno estupendo; bajo el sereno pungente, las bayas de Leucò. La historia de siempre. También el dolor, el suicidio, creaban vida, estupor, tensión. En el fondo, en todos los grandes períodos has sentido siempre la tentación suicida (…)
La idea del suicidio era una protesta de vida. ¡Qué muerte no querer morirse! (399).
Ahora, a mi modo, he entrado en el remolino: contemplo mi impotencia, me la siento en los huesos, y me he comprometido en la responsabilidad política, que me aplasta. La respuesta es una sola –suicidio (411).
Los suicidios son homicidios tímidos. Masoquismo en vez de sadismo (414).

18 de agosto

La decisión estaba tomada:
Todo esto da asco. No palabras. Un gesto. No escribiré más (415, últimas palabras escritas). 

Un balance… 

Al tratarse de un Diario muy introspectivo, su lectura resulta a veces pesada, da la impresión de girar sobre sí mismo sin encontrar salida a sus angustias. Sin embargo sus reflexiones literarias y políticas suelen ser ricas y profundas, pensamientos de un hombre en permanente crisis y con pocas habilidades para afrontar las dificultades amorosas (U-topía). 

A favor de la obra, la constancia que ha tenido Pavese en mantener el ritmo del diario, al mismo tiempo que completaba su propia obra poética y literaria, el valor de dejar algunos sentimientos crudos, casi con desesperados gritos, sobre su sufrimiento amoroso al declarar su impotencia sexual y sus tendencias suicidas. No me lo puedo imaginar riendo o cantando de alegría. En contra, la incapacidad de ofrecer una exposición ordenada de sus análisis literarios, hubieran servido como un buen texto educativo (Carlos).

viernes, 18 de marzo de 2016

EL JODER Y LAS PORQUERÍAS





 La verdadera fiesta para una mujer no es irse a la cama y gozar del miembro, sino acariciar a un fulano y hacerse acariciar y encapricharse y negarse. Este placer se vuelve luego delirante si ese fulano está desesperadamente enamorado. Y se comprende: al joder, se jode y basta –una mujer tiene todo que perder pero, pero haciendo porquerías, se goza con los sentidos, se subyuga al hombre, se triunfa de su deseo, se crece en valor sexual y se sabe que mañana, si se quiere, se podrá echar un polvo. Cosa que no es tan segura para el hombre.
CESARE PAVESE: El oficio de vivir, p. 93
Cuando leí este fragmento quedé impactada por el tono. Un escritor como Pavese es capaz de una finura impresionante cuando habla de literatura, de escritores, de técnica… y sin embargo, habla de sexo con zafiedad y coloca a la mujer en una posición de “eva” pecadora, de mujer fatal, de egoísta, de enemiga del hombre.
Mucho se ha especulado sobre la disfunción eréctil de Pavese y el efecto letal que causó en el escritor por el miedo al fracaso en un espacio que valoraba mucho: la cama. 
Las mujeres son un pueblo enemigo, como el pueblo alemán (336).


viernes, 11 de marzo de 2016

ENRIQUE VILA-MATAS, París no se acaba nunca

No había leído nunca a Vila-Matas. No sé por qué nunca se había cruzado en mi camino, así que hace unos meses vi en la sección de bolsillo de mi librería habitual esta novela y la compré. Sin embargo se quedó en la extensa estantería de pendientes, no me llamaba la atención. Fue un comentario de Krapp, en el que hizo una referencia a Vila-Matas, la que me llevó a cogerlo y a encontrar el hueco para leerlo.

Las primeras páginas me desorientaron…
No sé con qué fundamento, me había hecho a la idea de que las novelas de Vila-Matas eran “otra cosa”, que iba a encontrar una novela de ficción clásica. Y no, no fue así. El principio me desorientó porque el autor juega respecto a qué es el texto, si se trata de una conferencia sobre la ironía literaria para un simposio en El Puerto de Santa María o si se trata de una novela:
¿Soy conferencia o novela? (83).
Desde luego la ironía está muy presente en París no se acaba nunca, una ironía que el propio autor califica de benévola, compasiva. Una ironía que se mueve entre la desilusión y la esperanza, sin ferocidad (17). Ironía que aplica a los dos años que el autor pasó en París donde se instaló, en 1974, en una pequeña chambre que le alquiló Marguerite Duras. Años de aprendizaje en los que Vila-Matas confiesa que no aprendió mucho.


¿Qué es, pues, París no se acaba nunca?
Es un libro sobre libros, lo que se llama Metaliteratura, es decir, un ejercicio de reflexión literaria que aparece en la propia obra literaria y aporta luz a la misma. Vila-Matas es un personaje más en la novela, así como otros escritores, especialmente Hemingway y Duras, con lo que la ficción y la realidad se entremezclan y la línea que las separa es muy fina. El amor a los libros es protagonista puesto que la literatura es el centro temático del propio argumento de la historia, en concreto, la escritura de su primer libro, La asesina ilustrada. Gertrude Stein, Roland Barthes, Georges Perec (este último autor hace tiempo que lo tengo pendiente y una de sus obras está en mi estantería), Julio Ramón Ribeyro y otros muchos, aparecen a lo largo de las páginas, incitándonos a buscarlos y, naturalmente, a leerlos.
En esa fina línea entre ficción y realidad, Vila-Matas se muestra de joven y se autoaplica la ironía provocando momentos divertidos como cuando explica que se compra dos pares de gafas y una pipa para hacerse el bohemio en las terrazas de los cafés parisinos o cuando habla de su propia familia que es quien le financia su estancia en París.

La segunda parte de la novela me ha encandilado
Una vez que comprendí que no era una novela de ficción al uso y me “orienté”, ha sido una delicia descubrir de la mano de Vila-Matas sus reflexiones llenas de fino humor sobre literatura, escritores, vecinos de rellano o del barrio, cine, rock o visitas a la Barcelona inmediatamente posterior a la muerte de Franco. En paralelo está también la visita a París que hizo treinta años después, en agosto de 2002, acompañado de su compañera Paula y con la distancia que produce la edad y las experiencias posteriores.

Mi fragmento favorito…
Dudaba mucho, eso está claro. No era algo que fuera especialmente malo, pero me faltaba saber que no lo era. Sufría dudando tanto y podría haberme ahorrado el desasosiego y dudar sin más, sin problema alguno. Ignoraba que dudar es escribir. Lo diría Marguerite Duras en 1995, hacia el final de sus días: “Ya puedo decir lo que quiera, nunca sabré  por qué se escribe y cómo no se escribe. En la vida, llega un momento, y pienso que es total, del que no nos podemos librar, en el que todo se pone en tela de juicio: dudar es escribir” (182).

Tengo tres recomendaciones de Krapp sobre este autor y las buscaré…

viernes, 4 de marzo de 2016

CARLA GUELFENBEIN, Contigo en la distancia

Esta novela no tenía historia detrás pero su lectura la construyó…

Llevaba mucho tiempo leyendo “novelas sin ficción”. Tengo que confesar que he caído rendida en este tipo de literatura y que me ha costado elegir una novela de ficción clásica. Por suerte, tuve el acierto de elegir entre diversas posibilidades que tenía en mis estanterías de pendientes la novela de esta escritora chilena. Pero no eran solo las “novelas sin ficción” las que retenían mi gusto por la ficción, he de añadir a este tipo de literatura, el bucle de lecturas en el que estoy instalada desde hace ya un par de años sobre los acontecimientos históricos sucedidos en la década de 1930 y hasta 1945, con especial interés por comprender e indagar en lo sucedido en la llamada “guerra civil europea”. Ese interés por comprender el aspecto histórico pero también indagar en la naturaleza (¿alma?) humana me ha conducido a los ensayos, la filosofía y los testimonios. Y por ahí sigo, quién sabe hasta cuándo.
Todos estos “inconvenientes” han tironeado de mí alejándome de la ficción, sin embargo Contigo en la distancia me ha absorbido y me ha hecho disfrutar mucho. Solo por ese motivo estoy contando esta historia que su lectura ha contribuido a construir sin que existiera previamente.


¿Una novela de amor e intriga?
Así aparece catalogada en la contraportada. Es un buen anzuelo si la historia tiene calidad en cuanto a la trama, sus personajes están bien construidos y el estilo está cuidado y es eficaz a la hora de contarnos la historia.
La autora ha sabido construir varias historias de amor, enigmas que nos atrapan y varios personajes de gran personalidad, especialmente la protagonista, Vera Sigall, alrededor de la cual giran el resto de personajes: Horacio, su pareja durante unos años; su hijo Julián; Daniel, un joven que intima con ella cuando Vera es ya una famosa y anciana escritora; la extraña y peculiar Emilia que investiga la obra de Vera; y otros personajes menores que aportan su grano de arena.
Carla Guelfenbein escribe bien y construye una novela en la que todas las historias se entremezclan con pericia para crear interés por saber cómo se resuelve la intriga.

La trama y el título…
El evocador título, que evoca amores imposibles, está basado en una canción de César Portillo de la Luz,Contigo en la distancia.

La trama está dividida en tres partes de la que la más extensa es la segunda. En la primera parte se presenta a casi todos los personajes importantes y su relación con Vera, el accidente que la dejará inconsciente y conectada mecánicamente. La segunda parte retrocede en el tiempo y, a través de Horacio conocemos su relación con Vera y su influencia en la obra literaria de este. La posibilidad de que el accidente de Vera sea provocado le añade misterio a los acontecimientos, concluye con su muerte sin llegar a despertar. En esta parte cobra relevancia la relación entre Daniel y Emilia. En la última parte sabemos que el relato de Horacio es un manuscrito enviado a Emilia y que venía desgranándose desde el inicio de la segunda parte. En esta parte se resuelven los enigmas construidos en las dos partes anteriores y que no desvelaré.
Una sorpresa personal que ha impedido que no me haya alejado mucho de mi bucle es que Vera es judía y sobrevuela en algunos momentos el horror de lo ocurrido en el Holocausto. He podido saber también que existe una placa en el boulevard de Grenelle nº 8, en París, dedicada a los 13.152 judíos  que sacados de sus casas en julio de 1942 fueron llevados al Velódromo de Invierno y enviados a Auschwitz. He visitado muchas veces París, la ciudad europea que conozco mejor, sin embargo no conocía esta placa, pero la visitaré sin duda alguna en el próximo viaje.


La protagonista…
Uno de los atractivos de esta novela es la protagonista, Vera Sigall:
Sus ojos eran escrutadores, alertas, pero a la vez indiferentes, casi crueles. Contemplaba a sus interlocutores, y luego pasaba la mirada por el césped, por los álamos, el cielo y los pájaros graznando a lo lejos. Tenía la nariz prominente y fina, pómulos salientes, labios gruesos en una boca ancha, ojos rasgados y felinos (…). Poseía una de esas bellezas llamativas, que en una mujer menos misteriosa no me habría causado curiosidad  (88).
Sabemos al final de la novela, en los Agradecimientos, que la vida de Clarice Lispector está entretejida en esta novela con la de Vera Sigall y con la mía (353). Esta referencia me recordó la descripción que hice de esta escritora cuando comenté una de sus obras.

El personaje de Vera está lleno de misterio, atractivo, riqueza de matices, inteligencia, creatividad y valentía. Todos estos elementos hacen que los demás personajes pivoten alrededor de su personalidad pese a que sabemos de ella por su pasado al quedar en coma tras el accidente.

Mis fragmentos favoritos:

Sobre el nombre:
Recordé lo que tú decías. Que al pronunciar un nombre, unos hilos invisibles nos unen a la persona que nombramos (159).
Sobre la felicidad:
Pensé que la felicidad llega por los caminos más extraños. A su propio aire. No hay forma de convocarla, ni esperarla. Puede aparecer, como no hacerlo nunca (163).
Sobre los recuerdos:
Ya lo enunciaban los griegos: la memoria se ancla a los lugares para poder sobrevivir. Sitios que el alma crea para poder guardar sus recuerdos (337).

Una buena novela.