miércoles, 18 de abril de 2018

VÍCTOR DEL ÁRBOL, Un millón de gotas.

Soy una enamorada de la novela negra desde hace muchos años (mucho antes que se pusiera de moda). Sin embargo, paso temporadas, a veces muy largas, sin leer nada (también ocurre al contrario, épocas en que no puedo desengancharme de este género). Este libro, que no es exactamente negra, ha roto con una larga temporada de ausencia lectora de este género. 


Un millón de gotas me ha absorbido hasta el punto de llevarme a todos los sitios este novelón de 668 páginas. Una buena historia, buenos personajes y muchos misterios por resolver son la clave de mi interés. 

La historia: muy difícil de sintetizar; se desarrolla en tres épocas (dos, sobre todo): años treinta del siglo XX e inicios del siglo XXI (también brevemente, años sesenta del XX). Dos países: España y URSS (con algunas referencias a Francia). La familia Gil (comunista en los años treinta) como protagonista y todas las peripecias de la II República, guerra civil y exilio. Diversos aspectos interesantes: la distopia que creó la URSS, la desmitificación de los héroes políticos, la escala de grises que define a todas las personas entre la bondad y la maldad, los condicionantes de la época que nos toca vivir, etc. 

Los personajes: Elías Gil, su hija Laura y su hijo Gonzalo; Igor Stern y Anna Ajmátova. Todos ellos relacionados, todos ellos condicionando unos a otros por emociones de odio, venganza, amor, traición, etc. 

Misterios: Aunque la novela no avanza con demasiados sobresaltos, a cada paso se van abriendo interrogantes y posibilidades que van construyendo incógnitas y misterios que sobrevuelan toda la novela y que el autor resolverá bastante bien. El título es uno de ellos… Una gota no es nada pero ¿Qué es el océano, sino un millón de gotas? (65). 

Un fragmento importante
La memoria, se dijo, es un paisaje que cada cual elige para añorar o detestar (393).

domingo, 8 de abril de 2018

IVÁN TURGUÉNEV, Padres e hijos.

Fue como consecuencia de una reseña de Marcelo Z. sobre esta novela que decidí comprarla (pese a que estoy segura de esta circunstancia no he localizado la reseña en las etiquetas de su blog “Libros en estéreo”). Luego pasó tiempo hasta que decidí leerla, me suele suceder que compró un libro por impulso (o por leer una buena reseña) y luego se queda a la espera y pueden pasar días, meses o años.


Padres e hijos refleja los problemas generacionales que, adoptando formas diferentes, son un elemento siempre presente. La acción se sitúa en 1859, el joven Arcadi regresa a su casa después de haberse licenciado en la Universidad de San Petersburgo. Su padre viudo, Nicolái Kirsánov, le espera impaciente en el camino. Arcadi regresa a su casa con un amigo, Bazárov, al que ha invitado a pasar unas semanas con su familia.

Bazárov es un personaje conflictivo que acaba provocando problemas con Pável Petróvich, el hermano mayor de Nicolái. La defensa de los tradicionales valores rusos de Pável choca con los de Bazárov, que se declara nihilista y, por tanto, que lo valora todo desde un punto de vista crítico y no se doblega ante ninguna autoridad.
Un nihilista es la persona que no se inclina ante ningún tipo de autoridad, el que no acepta ningún principio de fe, por mucho respeto que éste le infunda (96). 
Además de los problemas generacionales resulta interesante el trasfondo histórico de la novela ya que el libro se publicó un año después de ser decretada la abolición de la servidumbre (1861). Turguénev siempre se mostró crítico con el sistema de servidumbre y así se refleja en la novela.

Un tercer aspecto interesante de la novela se refiere al papel secundario y subordinado de las mujeres con manifestaciones de clara misoginia en algunos personajes masculinos, especialmente Bazárov. 
Bazárov frunció el ceño. En la pequeña y poco atractiva figura de aquella mujer emancipada no había nada deforme. Sin embargo, la expresión de su rostro causaba una impresión desagradable. Involuntariamente, uno se sentía impulsado a preguntarle “¿Tienes hambre?, ¿te aburres?, ¿te ha intimidado algo’, ¿qué te hace estar tan inquieta? (…) había algo en ella que parecía arañarle el alma (147). 
En la novela hay muchos otros aspectos interesantes como el carácter ruso, el destino, los afanes de modernización siempre ralentizados, el arte y la belleza, la literatura, la ciencia y la medicina y otros muchos.

Bien escrita, hay una historia bien narrada y unos personajes creíbles y que despiertan nuestro interés. Igual que en su momento Marcelo Z la recomendó a quienes seguíamos su blog, hoy os la recomiendo yo a vosotros/as.

miércoles, 28 de marzo de 2018

ELIE WIESEL, La noche

Una amiga me hizo llegar fotocopiado este relato porque lo trabajaba en clase con sus alumnas/os. Tras leerlo supe que formaba parte de una trilogía y que estaba editada en un solo volumen, así que os traigo solo mi comentario del primero de los tres relatos.




Estamos ante un testimonio de la vivencia en los campos de concentración de un adolescente de 16 años. He leído muchos testimonios, empatizado con su sufrimiento y dolor, entendido su humillación, su deshumanización, su lucha por la vida. Sin embargo, cada vez que leo uno nuevo, es diferente porque cada persona, cada individualidad tenía una vida diferente y lo vivió a su manera, perdió a sus seres queridos, sufrió enfermedades que solo él sintió en su magnitud dolorosa, transitó por los bloques donde dormía, comió la sopa o el café en su única y personal experiencia.

Rebelarse contra Dios no es fácil para un creyente, pero la experiencia vivida tiene que ser muy traumática para que lo haga un joven aún en la adolescencia. Eso hace Eliézer cuando en el Iom Kipur, el Día del Perdón, toma la decisión tras participar en un debate áspero si se tenía que ayunar:
Yo no ayuné. En primer lugar, por complacer a mi padre quien me había prohibido hacerlo. Además, porque no había ninguna razón para ese ayuno. Ya no aceptaba el silencio de Dios. Consumiendo mi escudilla de sopa, veía en ese gesto un acto de rebelión y de protesta contra Él (36). 
Elie Wiesel fue trasladado a Birkenau desde Hungría donde vivía con su familia. Logró no ser seleccionado junto con su padre mientras su hermana y una hermana fueron asesinadas en la cámara de gas. Fue trasladado a Buna y, al final, tras sufrir las marchas de la muerte llegó a Buchenwald. En la parte final del viaje, murió su padre. 

Necesitamos mantener viva la memoria del pasado y de tragedias como la de Elie Wiesel para aprender de la Shoah y de los campos. Dramáticamente parece que hayamos olvidado lo ocurrido, tan solo hace algo más de 70 años, ya que somos incapaces de reaccionar con eficacia ante las nuevas manifestaciones de frenesí genocida en diversas partes del mundo. Al mismo tiempo el nacionalismo y el populismo crecen a nuestro lado en Europa. El egoísmo nacional y la retórica del odio fanático dividen a la sociedad aquí mismo, sin que a nadie parezca preocuparle mucho.

¿Aún quedan dudas de la importancia que tiene leer testimonios como el de Elie Wiesel?

viernes, 9 de marzo de 2018

VELIBOR COLIC, Manual de exilio. Cómo aprobar su exilio en treinta y cinco lecciones.

De Colic leí hace unos cuatro años Los Bosnios, me impresionó su manera de narrar la guerra sucedida en los Balcanes en la década de los noventa. Allí narraba de forma autobiográfica cómo un joven escritor bosnio se convertía en un soldado en medio del Apocalipsis, del drama, del dolor, del horror y de la barbarie. 


Y este Manual de exilio, publicado en 2016 (en España en 2017), parece la continuación de la autobiografía de Colic. Aquel soldado bosnio decidió desertar del ejército en 1992 y exiliarse en Francia. 
¿Ser desertor en tiempo de guerra y traidor a todo el mundo hace de mí un refugiado político? ¿Dónde comienza y dónde acaba la política? (56). 
Cuando llegó a este país no sabía francés y no tenía apenas nada para hacer frente a su nueva vida. Por sus páginas desfila un refugiado-exiliado-inmigrante con todas sus penurias, extrañezas, nostalgias, pesadumbres, desilusiones y miserias. 
Estoy agotado, estoy enfadado, conmigo, con la guerra, con todo el mundo. Es evidente que no estoy en mi sitio (24). 
Con él transitan otros refugiados por el país de “acogida” y por otros países por los que se moverá siempre acompañado de sus autores favoritos (Sartre, Emily Dickinson, Allan Poe, Kafka, ………………) en los que encuentra un leve refugio, al igual que en el alcohol, en el exceso de comida, en algunas relaciones con extrañas mujeres, algunos amigos y, especialmente, una cierta ironía que le ayuda a contemplar su situación sin la tragedia que entraña. 
Tengo la tez y el gesto, los pies y la cara de un campesino balcánico. Al acercarme al Père-Lachaise, me pregunto: ¿cómo es posible que un inglés, un italiano, un africano puedan tener fácilmente, sin el menos esfuerzo, pinta de poeta exiliado y tú no? ¿Por qué todo el mundo, Wilde, Gombrowicz, hasta Solzhenitsyn, tiene un nombre más fácil, más literario que el tuyo: COLIC? 
La escritura es su tabla de salvación y poco más; mucho más que lo que tienen otros compañeros de albergue, de banco callejero o de mísera habitación. Me gusta especialmente un vecino con el que establece relación en Budapest, Joseph Korda (hay una descripción, entre las págs. 170 y 172, maravillosa). Quizás por ello es capaz de concebir esta definición de felicidad, a través de Korda, tan hermosa: 
Antes de salir en busca de la felicidad –añade-, mire a ver; quizá ya es usted feliz. La felicidad es pequeña, corriente, discreta, son muchos los que no son capaces de verla (174). 
Os animo a leer a Colic.

domingo, 18 de febrero de 2018

LORENZA MAZZETTI, Con rabia.

Esta novela fue publicada en 1963, hace más de cincuenta años, sin embargo parece escrita hoy. No parece haber pasado el tiempo para esta novela. En la contraportada se la relaciona con El guardián entre el centeno, una novela que a mí me interesó poco porque me pareció obsoleta al reflejar una rebeldía sin causa de otro tiempo. Pese a sus referencias a las drogas, el alcohol y la prostitución, temas que Holden Caulfield trata con despreocupación y naturalidad, me parece un planteamiento de otra época. Algo parecido ocurre con la consideración de que el lenguaje utilizado era ofensivo, leído desde el siglo XXI dicho lenguaje ha perdido toda su carga provocativa. 


No pasa lo mismo con la novela de Mazzetti. La rebeldía de Penny continúa siendo actual, es la rebeldía de una adolescente madura, una joven a la que la vida ha maltratado, una persona que de niña vio morir a su familia asesinada por los nazis al final de la II Guerra Mundial. En ella está presente la culpa de la superviviente que se enfrenta a los recuerdos, a las imágenes, al desconcierto de ver morir a sus seres queridos y seguir viva. 

En esta novela aparecen temas, comportamientos y emociones universales: el sexo, la inadaptación (a la escuela, a la casa y sus normas, a los hombres, etc.), los celos, el abandono, la adolescencia plena de contradicciones y desorientación. Con rabia es un alegato feminista desde la ingenuidad de una adolescente que cuestiona la desigualdad, la subordinación, los estereotipos de género, las limitaciones impuestas a los deseos de las mujeres y la doble moral.

Mazzetti tiene una gran capacidad para describir la confusión, la rabia, la pena, la amargura, la intensidad de las emociones, la noria de los estados de ánimo de Penny. Entramos en su mundo con facilidad, ella nos lleva de la mano para conocer a su hermana Baby, mucho más sensata, centrada y “normalizada” que ella, a Elsa, la cocinera de la familia que intenta inculcarle valores morales y religiosos y todo ello a orillas del Arno en Florencia. 

Algunos fragmentos: 
Es fácil preguntarse si “ser o no ser”. Pero ¿cómo se hace para “ser” “no siendo”? (66). 
Mi culpa no es por haber hecho algo malo, sino por no hacer algo, es una culpa por omisión (165). 
Al amanecer, me encuentro con trozos de pensamientos en la almohada, pedazos de memoria, una luciérnaga, una sonrisa, una hiena, un pogromo, un gueto, un casco, un fusil, un gato, un potro que galopa bajo las mantas, dos ojos de muñeca, un trozo del vestido de muselina celeste de Marie, el bastón con mango de oro del tío Robert, las sandalias de annie, mi cama en llamas, un rumor como de trenes o ametralladoras, lágrimas heladas, un calcetín, un campo de heno, la hierba verde, luciérnagas, una sonata de Beethoven, una Wehrmacht entre mis sábanas (167). 

Por cierto, la fotografía de la portada me encanta… muy apropiada.

jueves, 8 de febrero de 2018

ISRAEL YEHOSHUA SINGER, Los hermanos Ashkenazi

Leí en 2016 la primera novela de este autor, La familia Karnowsky, y me entusiasmó, quedó pendiente la lectura de esta novela de la que ya tenía noticia cuando leí la primera y 2018 ha propiciado su lectura.

Esta novela es anterior a La familia Karnowsky puesto que fue escrita entre 1933 y 1935 en pleno auge del fascismo, especialmente del nazismo. Para un judío polaco como el autor estamos hablando de un contexto casi desesperado de amenazas tanto en su propio país como en la cercana Alemania.



El autor, que había empezado a trabajar en 1921 como corresponsal para el diario norteamericano Forverts, emigró en 1934 a EUA. La familia Karnowsky fue publicada en 1943. Si por algo destaca esta novela, al igual que la primera que leí, es por su sentido narrativo, Israel Y. Singer relaciona y encadena los hechos con una gran maestría, la sucesión de hechos que se desarrollan en esta novela viene determinada por el principio de causalidad, todo tiene un “antes” del que provienen los hechos y un “después” al que se dirigen. Dicen que la novela judía, tanto en yiddish como en otras lenguas, se caracteriza por dicho sentido narrativo porque deriva de la oralidad de la cultura judía ligada a la diáspora. En este caso la narración en torno a los hermanos gemelos Ashkenazi, Simja y Yankev, es extraordinaria. 

Esta novela se extiende a lo largo del siglo XIX y la década de 1920 marcada por la Gran Guerra. Está dividida en tres partes que reciben el nombre de “Nacimiento”, “Chimeneas en el cielo” y “Telarañas”, tres títulos relacionados con la vida de los dos hermanos, especialmente el mayor, Simja. Aunque aparecen otros escenarios secundarios, la ciudad de Lódz, situada cerca de Varsovia, pero territorio ruso hasta el fin de la Iª Guerra Mundial, es el espacio que bulle a lo largo de las 674 páginas de esta novela. 

El relato sigue el curso de la historia familiar y desde el punto de vista de las peripecias de la familia Ashkenazi es magnífica. Sin embargo la novela va mucho más lejos… Esta novela trata de la identidad judía pintando, además, un cuadro del trasfondo social muy interesante. La clave de la novela es el conflicto de la comunidad judía que trataba de asimilarse a las sociedades en las que estaban asentadas desde hacía cientos de años, por ejemplo en la Polonia rusa que es el caso de esta novela, y que en su afán por hacerlo van abandonando rasgos importantes de su cultura. Este intento de asimilación, que ha sido descrito por muchos escritores/as, provocó incluso que no percibieran el creciente antisemitismo que se estaba desarrollando. 

 El cuadro que pinta Israel Y. Singer sobre el trasfondo social en el que vive la familia Ashkenazi a través de las relaciones familiares, de vecindad y de amistad, consigue meternos en la época y trasciende el tema del judaísmo para ir mucho más lejos y llegar a valores universales. El papel de las mujeres, del matrimonio, de la relación paterno-filial, de la identidad nacional y cultural, las luchas sociales, el sindicalismo, el socialismo, las condiciones de vida y trabajo en las fábricas textiles, todos son temas que se van imbricando para construir un edificio de gran solidez que impresiona conforme transcurre la lectura. Y al compás de todas estas relaciones van emergiendo personas de todo tipo: generosas y mezquinas, sabias y prepotentes, gentes que odian y gentes que aman. 

Un párrafo interesante sobre la reflexión de un trabajador judío socialista (Nisen) que, ante un pogromo de los muchos que se producían en Rusia, se negaba a pensar que su condición de judío, que él no valoraba como relevante, lo fuera: 
Quizá el ser humano fuese esencialmente malvado. Quizá la culpa de todo no era, como le habían enseñado, las circunstancias económicas, sino las lacras de la naturaleza humana. Tal vez la Torá tenía razón al afirmar que el corazón del hombre nace malvado. Tal vez Schopenhauer, su ídolo de antaño, conocía mejor al ser humano que el idealista Hegel o el pragmático Marx… (345). 
Una lectura muy recomendable, no dejéis de leer a ISRAEL YEHOSHUA SINGER.

domingo, 28 de enero de 2018

MAGDA HOLLANDER-LAFON, Cuatro mendrugos de pan. De las tinieblas a la alegría.

Nunca haré suficientes lecturas sobre los Lager y el intento de exterminio de la población judía. Hasta que no lea seis millones (solo cuantifico a la población judía porque sufrió especialmente: fueron asesinados uno de cada dos judíos/as) de historias personales, seis millones de testimonios del horror, no consideraré que tengo suficiente con lo leído. Pero, además, pienso que puedo aprender mucho con sus relatos de vida y de sufrimiento.



Magda Hollander-Lafon es húngara, su familia más próxima fue exterminada, ella pasó por cinco campos sucesivos entre mayo de 1944 y abril de 1945: Auschwitz-Birkenau, Waldirf, Ravensbrück, Zillertal y Morgenstern.

Su aterradora experiencia fue escrita en 1977 y constituye la primera parte de este libro, titulada: “Los caminos del tiempo”; ella se obligó a una introspección en las tinieblas, por eso la segunda parte se titula “De las tinieblas a la alegría”. El conocimiento y la meditación de lo sucedido no se lo guardó para ella sola o su familia sino que transmitió su memoria a centenares de alumnos/as de primaria y secundaria. 

Este libro no es solo un testimonio, se dice en el prefacio, es una meditación sobre la vida, sobre las posibilidades que tienen, quienes han sobrevivido, de salir de la muerte para adentrarse en la vida.

Su manera de exponer su testimonio es especial, lo hace a través de poemas, a través de textos breves organizados a través de temas. Entre los temas encontramos el pan como la clave para sobrevivir, por eso, cuatro mendrugos regalados a una prisionera marcaban la frontera entre la vida y la muerte (la referencia a este hecho se encuentra en la pág 75). 

He subrayado muchos fragmentos, todos me parecen de interés y para eso son transmitidos por la autora. Seguramente he leído miles de fragmentos sobre el exterminio para encontrar este: 
He conocido seres que han soportado su desenlace con grandeza. Supieron guardar la generosidad en el corazón y la luz y la atención en los ojos (34). 
O este otro: 
¿De qué éramos culpables?
No comprendí la metamorfosis de la gente; unos transformados en verdugos, otros en víctimas. 
¿Cómo fue posible? 
Una meditación sincera, clarificadora, emocionante, reflexiva…

jueves, 18 de enero de 2018

CHIMAMANDA NGOZI ADICHIE, Americanah

De esta autora había leído este año Todos deberíamos ser feministas, un texto breve (cuarenta páginas) que recogía una conferencia que Adichie había dado en 2012. Este librito se ha convertido en un éxito total en las redes sociales, pese a ello me decidí a leerlo. Un libro muy elemental y obvio que bien poco me aportó aunque tuve que dar la razón a su autora cuando afirmó: 
A menudo cometo la equivocación de pensar que algo que a mí me resulta obvio es igual de obvio para todo el mundo
Cuando leí este alegato en favor del feminismo ya tenía comprado Americanah, pero su grosor (603 páginas) no me animaba a su lectura. Quién sabe por qué lo saqué de la estantería, toda valiente, el nueve de diciembre, pero la elección ha resultado ser acertada porque el inicio de las vacaciones me ha proporcionado el tiempo que necesitaba para no eternizarme en su lectura.


Esta novela tiene todos los ingredientes para absorbernos en su lectura: una buena historia que, a través de diversos personajes, relata el viaje hacia Estados Unidos (en el caso de Ifemelu que es la protagonista), Gran Bretaña u otros países de hombres y mujeres nigerianas que buscan nuevas posibilidades de estudio o de trabajo. 

Primera sorpresa… 

No son africanos/as pobres, tienen un nivel de estudios alto y recursos económicos suficientes para poder vivir en Nigeria. 

Segunda sorpresa… 

Uno de los temas centrales de la novela es la raza y las interesantes reflexiones de Ifemelu, una negra no afroamericana, que toma conciencia de su negritud en EUA. Por otro lado, la crítica (plena de humor) a los afroamericanos que cuando se trata de África, se creen toda clase de chorradas (173). 

Tercera sorpresa… 

Todas las minorías raciales de estados Unidos –negros, hispanos, asiático y judíos- soportan putadas de los blancos, putadas de distintas clases, pero putadas al fin y al cabo (267). 
El sentido del humor no oculta el racismo norteamericano latente siempre. 

Y hay mucho más, historias de amor, especialmente la que une a Ifemelu y Obinze. Hay libros. Hay moda, sobre todo relacionada con los peinados. Hay blogs. Hay solidaridades familiares y amistades. 

En definitiva, estamos ante una buena novela.

lunes, 8 de enero de 2018

LÍDIA JORGE, Los tiempos del esplendor.

La portuguesa Lídia Jorge escribe nueve cuentos en los que palpita el ser humano próximo, el que no tiene nada de excepcional y por ello lo es, la realidad está presente en todos ellos desde la infancia y desde el mundo adulto. 



A los niños y niñas, dice la autora en el relato “Imitación del Éxodo”, hay que hacerles saber desde bien pronto que… 
…la Humanidad no se cuenta por números, que la Tierra es parte del Cosmos, que el amor es un texto sin límites (71). 
Hay temas que transitan por muchos de los relatos: la infancia, África, la utopía, lo inquietante escondido tras cualquier esquina y tras cualquier persona, la vida en definitiva.

La autora reflexiona y nos aproxima a la realidad con una carga de poesía que rezuma en las nueve historias que nos cuenta, una de ellas la que da título al libro, aquellos tiempos… 
…de las grandes casas para tres personas, los tiempos de las criadas, los tiempos del agua no canalizada, los tiempos de una única lámpara colgada del techo, los tiempos de los jardines domésticos con lagos y peces rojos, los tiempos de los profesores de Latín, como mi padre (55-56). 
Este cuento y “Pasaje para Marion” me han parecido excelentes, pero lo mejor de todo ha sido descubrir a una gran escritora de la que no sabía nada y que me parece que merece ser leída.