viernes, 24 de junio de 2016

CZESLAW MILOSZ, El valle del Issa

La motivación lectora… 

En mi caso fue la lectura de otra obra suya, El poder cambia de manos, la que me impulsó a buscar esta obra de Milosz que algunos comentaristas me recomendaron. Uno de los aspectos que más me gustó de esta primera novela fue su reflexión sobre el destino y la angustia existencial. Me comentó Ignacio (del blog burgostecarios) que Julio Camba decía:
 “Un poco de belleza y un poco de doctrina antes de descreer en las ideas”. 
Milosz pone mucha belleza en la balanza para, como él mismo dijo, protestar contra este asqueroso mundo. Estamos ante una autor que resalta la belleza sin ocultar su pesimismo y su descreimiento. 


La belleza… 

…la pone el valle del Issa, en realidad el valle de Nevezis, en Lituania, y los recuerdos de infancia del propio autor, unos recuerdos que entremezclan diversas historias de personajes que se relacionan a través de la familia de Tomás, un niño de 13 años. Los Surkont, la familia del protagonista, son señores de tierras pero viven aislados en el valle como los demás personajes y en contacto con una naturaleza bella pero dura por la climatología y el trabajo. 

Plantas y animales se convertirán para Tomás, en sus largos paseos por los bosques, en elementos de reflexión, de alegrías y también de decepciones y penas. La biblioteca, aquella habitación angular (…) y tan helada que, cuando afuera hacía mucho calor, allí se temblaba de frío (74), fue para Tomás un gran descubrimiento y una fuente de información y diversión. De los libros extraerá una formación que no obtenía de otra fuente puesto que crecía de forma un tanto salvaje al no asistir de manera regular a la escuela. 

Las dificultades… 

…aparecen porque el valle es una especie de lugar mítico en el que la fantasía se apodera de los personajes, especialmente de Baltazar que acabó no distinguiendo entre realidad y fantasía abocado a un destino fatal. El catolicismo, condimentado por creencias paganas que han subsistido en un valle aislado como el del Issa, provoca una moral que marca y condiciona a algunos personajes, especialmente femeninos, como el de la joven Magdalena. Sin embargo otras mujeres como la abuela Misia se mueven con soltura en ese espacio mítico que en otra época la hubiera podido llevar a la hoguera por bruja.

El trasfondo nacional y clasista también era fuente de dificultades. Durante la Iª Guerra Mundial, Lituania que había sido un territorio que había pertenecido al Imperio Ruso igual que Polonia, estuvo ocupada por Alemania (una escena nos lo recuerda cuando Tomás ve entrar tres alemanes en Ginie, su pueblo). Uno de los alemanes que entró en Ginie impresionó a Tomás que volvió a verlo, sin reconocerlo, cuando veinte años más tarde, instalado en un coche de general (…) atravesaba las calles de una ciudad de Europa Oriental, que acababa de ser tomada por el ejército del Führer (39-40). 

Por el Tratado de Brest-Litovsk (marzo de 1918), la Rusia revolucionaria negoció unilateralmente la paz con Alemania y perdió una serie de territorios entre los que estaba Lituania. Tras declarar su independencia en febrero de 1918 se libró una guerra entre 1918 y 1921 contra la recién proclamada República de Polonia, que había intentado anexionarse el Estado lituano. La guerra se saldó con la pérdida de un 20% de su territorio, incluida la capital Vilna. Eso deja en fecha incierta el momento en el que se desarrolla la acción que narra la novela, pero yo me decantaría por este periodo de guerra con Polonia. 

En El valle del Issa hay un constante malestar entre lituanos y polacos ya que los dueños de la tierra son polacos mientras los trabajadores son lituanos. La familia Surkont es peculiar porque siendo propietarios de tierras son lituanos aunque la abuela Dilbin se considera polaca y defiende la intervención del padre de Tomás y su tío que, integrados en el ejército polaco, habían combatido a los bolcheviques y por ello no podían vivir en Lituania. 

Las tristezas… 

Tomás, por todas estas circunstancias políticas, vive en casa de sus abuelos alejado de sus padres, echa en falta la figura paterna y por ello se acerca a Romualdo, admirado por su capacidad para cazar y en el que busca ese referente paternal del que carece. Con él aprende a cazar aunque sin llegar a la perfección deseada por Tomás para agradar a su mentor. Tomás debe hacer compatible su amor por los animales, especialmente los pájaros, con la caza (preciosas son las descripciones de los urogallos y de las escenas de caza). Finalmente resolverá sus contradicciones en favor de los animales por sus imperfecciones como cazador. 

Su despertar a la sexualidad también será fuente de desazón y preocupación para un adolescente que no sabe interpretar sus deseos abandonado en su descubrimiento de la vida. 

Y el final… 

Aunque el tono de la novela es pesimista y Tomás está rodeado de personajes cuyo destino será trágico, hay algunos aspectos de cierto optimismo, en especial, la relación con su abuelo y la aparición de su madre que se lo lleva del valle creando una expectativa esperanzadora de cara al futuro. Sin embargo algunas brevísimas referencias a los años posteriores, como la sucedida veinte años después con el militar alemán, no parecen dejar abierta dicha esperanza, ni para Tomás ni para el país: 
¿Dónde estará el país en el que se refugian unos y otros cuando la tierra se ve aplastada por hileras de tanques, cuando los que van a ser fusilados cavan sus propias tumbas junto al río, mientras entre sangre y lágrimas, penetra la Industrialización en la aureola de la Historia? (13). 
Los mejores párrafos 

Una de las grandes virtudes de Czeslaw Milosz es lo bien que escribe, los mejores fragmentos están vinculados con la naturaleza, los bosques, el río y el paso de las estaciones. Leerlos es un auténtico placer puesto que te trasladan a un lugar desconocido pero que, leyendo sus magníficas descripciones, eres capaz de imaginar e imbuirte en él con facilidad. 

El otoño: 
Los olores del otoño… Es imposible explicar de dónde proceden, ni de qué extrañas mezclas están compuestos: la putrefacción de las hojas y de las pinochas, la humedad de los blancos hilillos de los talos, en el mantillo, bajo los viscosos ramojos de los que salía la corteza (156). 
En la estación de los cuentos y de las canciones, ya bien entrado el otoño, los dedos extraían el hilo de la madeja de lana acompañados por el rítmico golpear del pedal de la rueca (10). 

El paso del tiempo: 
Nadie vive solo: cada uno habla con los que ya han pasado, cuyas vidas se encarnan en él, sube los peldaños y, siguiendo su huella, visita los rincones del edificio de la historia. De sus esperanzas y frustraciones, de los signos que han quedado tras ellos, aunque no sea más que una letra esculpida en una piedra, nacen la serenidad y la moderación para poder emitir luego un juicio sobre uno mismo. Pueden considerarse afortunados los que llegan a conseguirlo. Nunca y en ningún lugar se sienten solos y aislados, les fortalece el recuerdo de todos los que, al igual que ellos, tendieron hacia un objetivo inalcanzable (124). 

Una excelente novela, bien escrita (lástima los errores tipográficos de la edición), con una historia que entrelaza múltiples personajes que se cobijan en un valle de una naturaleza apabullante y bella.

viernes, 17 de junio de 2016

LECTURA LENTA


Este prólogo llega tarde, aunque no demasiado tarde; ¿qué más da, a fin de cuentas, cinco años que seis? Un libro y un problema como éstos no tienen prisa; además tanto mi libro como yo somos amigos de la lentitud. No en vano he sido filólogo, y tal vez lo siga siendo. La palabra “filólogo” designa a quien domina tanto el arte de leer con lentitud que acaba escribiendo también con lentitud. No escribir más que lo que pueda desesperar a quienes se apresuran, es algo a lo que no sólo me he acostumbrado, sino que me gusta, por un placer quizá no exento de malicia. La filología es una arte respetable, que exige a quienes la admiran que se mantengan al margen, que se tomen tiempo, que se vuelvan silenciosos y pausados; un arte de orfebrería, una pericia propia de un orfebre de la palabra, un arte que exige un trabajo sutil y delicado, en el que no se consigue nada si no se actúa con lentitud.
FRIEDRICH WILHEM NIETZSCHE, Aurora (1881).



Lo que son las cosas, fue la comida la que me llevó a esta reflexión. Hace unos días fui a cenar con unos amigos a un restaurante de comida lenta (slow food) y kilómetro cero.

Me gustó lo que comí y me gustó su filosofía, luego pensé que algo parecido se podía aplicar a la lectura… sí, empecé a darle vueltas a que hay libros que solo se pueden leer con lentitud, libros que requieren amor por las letras, por las sílabas, por cada línea que crece creando una historia, una propuesta, una emoción o un mundo.

Yo que soy lectora rápida, sé que con algunos libros tengo que desacelerar el ritmo, acompasarlo a las pausas que requieren ciertos versos, sosegar la mirada de mi iris verde para absorber todo el caudal que circula en un fragmento, calmar el gesto, colgar las prisas  en el momento maravilloso de abrir la página, en la que nos quedamos la noche anterior, y avanzar en la lectura gradualmente, sin meta aparente.

No hay autores/as de lectura lenta, ni géneros, ni obras laureadas, cada cual sabe cuáles son esos libros porque ha experimentado esa necesidad de calma cuando se ha adentrado entre sus páginas. Estoy pensando en que lectura lenta será una nueva etiqueta en esta mi casa.


Y se me ocurrió indagar por si alguien había hablado de lectura lenta… Y sí, hay poco por inventar, e igual quienes me leéis en este momento ya lo conocíais. Parece ser que sus defensores/as lo hacen para aumentar la comprensión o por placer. Hablan de recuperar el tiempo de lectura, esos momentos dedicados exclusivamente a leer y a disfrutar de la minuciosidad de la lectura. Leer lento permite afrontar el vértigo de la vida moderna, reducir el estrés.
Cuerpo en calma, mente curiosa y corazón abierto.

Este es el lema de los socios/as del Club de Lectura Lenta de Wellington, Nueva Zelanda, que se reúnen una vez por semana en un bar: piden algo para tomar, apagan los móviles o cualquier otro dispositivo electrónico y leen una hora en silencio. Solo hace dos años que existe este club.
Me pregunto si podríamos crear un club virtual o presencial con este planteamiento… 

viernes, 10 de junio de 2016

FERNANDO PESSOA, Aforismos


Su pequeña historia
Cuando visité Lisboa en febrero tenía un objetivo: seguir la pista a Pessoa. Cuando viaje a esta ciudad la primera vez no había leído a este autor y, por tanto, no pude apreciar la ciudad desde la mirada de Pessoa. Esta vez seguí sus pasos y miré con sus palabras. En el museo dedicado a su persona y a su obra compré algunos recuerdos y me llevé este libro. Lo he ido leyendo desde entonces a sorbitos, los aforismos siempre son de mucha intensidad, como un café solo breve y fuerte (como a mí me gusta).

Los aforismos
Tras leer Libro del desasosiego me quedó claro que su escritura tiende al aforismo, tiende a las declaraciones concisas y coherentes que se derivan de la experiencia vivida. Pese a ello, Pessoa no publico ningún libro de aforismos y este libro que comento está construido con fragmentos y frases de sus otros libros.

Hoy, en la época de las redes sociales con palabras limitadas, el aforismo está viviendo un renacimiento. A mí me gusta cuando de pronto una línea da en la diana de algo que siento o pienso con exactitud meridiana. Los aforismos son tan intensos que me resulta difícil leerlos seguidos porque quedo sobresaturada con unos pocos, así que los voy leyendo en pequeñas dosis.

Pessoa centra su escritura en pocos temas y muchas veces se contradice, algo tan humano como él mismo. Un hombre solitario que hizo siempre lo que quiso, que fue infeliz pero que nunca culpo de ello a nadie:
No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo (121).
Me gustan especialmente aquellas declaraciones en las que afirma que somos muchos en uno, así me veo en muchas ocasiones y así he aprendido a aceptarme:
Soy una multitud. Cuando pienso o siento, ignoro quién piensa o siente (95).
Cada uno es mucha gente (110).


Pessoa, y yo con él, valora mucho la libertad:
Primero sé libre; después exige libertad (75).
No el placer, no la gloria, no el poder: la libertad, únicamente la libertad (84).
Quiero solo que no me recuerden. Ser libre, sin dicha ni desdicha, como el viento que es la vida del aire que no es nada (97).
Puesto que ama la libertad, el pesimista Pessoa tiene ideales:
Un ideal debe ser al mismo tiempo que impracticable en su plenitud, practicable en sus métodos (38).
Y le da muchas vueltas al saber, la inteligencia, el conocimiento…
Cultura no es leer mucho, ni saber mucho; es conocer mucho (78).
La inteligencia nos cura del vicio de la convicción, de la manía de la sinceridad, de la estupidez de tomar en serio un mundo que los dioses que lo dirigen no toman nunca en serio (36).


El solitario Pessoa nos salva cuando nos dice:
¿Dios, Dios, Dios?, dice el anarquista. Hace siglos que Dios murió; pero ha llevado tanto tiempo construirle el ataúd que ya infecta el aire con su podredumbre (83).
Siéntate al sol. Abdica y sé rey de ti mismo (86).
Nada le falta a quien nada es (86).
He dejado otros temas en el tintero para no alargarme: amor y emociones, viajes, escritura, locura, religión… Siempre encontrareis en sus palabras a un hombre que piensa y siente…
Si de mí no me acuerdo, ¿cómo me acordaré de ti? 


viernes, 3 de junio de 2016

ELIF SHAFAK, La bastarda de Estambul

Las motivaciones para leer esta novela

Estambul. Esa ciudad que me tiene cautivada y que tanto deseo visitar. Así que no pierdo la oportunidad de leer literatura relacionada con esta ciudad como ya hice con Pamuk. Me encanta conocer la ciudad, su trasiego constante, sus vendedores de productos de alimentación, sus calles, sus viviendas, su cocina, su relación con la religión, etc.          

Ahora que Europa ha pagado a Turquía para convertirla en el destino de miles de refugiados para ser “seleccionados” como si fueran ganado, ahora que Turquía no es un lugar seguro para refugiados y turcos, mi atracción por la ciudad no disminuye.


La autora
Aunque Elif Shafak nació en Francia en 1971, sus padres son de origen turco y volvió a Turquía siendo adolescente. Estudió Relaciones Internacionales en Medio Oriente en la Universidad de Ankara. Su primera novela la publicó en 1994.
Por las referencias que hace en La bastarda de Estambul al genocidio armenio, fue acusada de “insultar al pueblo turco” según el artículo 301 del Código criminal turco. El caso fue desestimado en 2006.

¿Best Seller es sinónimo de poca calidad literaria?
No necesariamente, pero reconozco que me hace vacilar cuando veo que una novela ha sido un superventas. ¿Lo es en este caso? No. Shafak logra construir una novela muy interesante, entremezcla varias historias con habilidad, denuncia el genocidio armenio y aboga por la  reconciliación de ambas comunidades (para que la reconciliación sea posible, Turquía debería reconocer la persecución a la que sometió a los armenios en 1915). Además logra introducirnos en Estambul y en las viviendas estambulíes con destreza y cuidando de no hacer ruido para no molestar a sus habitantes.
En la novela hay varios núcleos de interés a través de los que se articula la historia. Uno de ellos es la familia turca formada por las hermanas Banu, Cevriye, Feride y, la más rebelde, Zeliha, madre soltera de Asya (por tanto, la bastarda que da título a la novela). Otro núcleo de interés es la familia armenia Tchajmajchian que vive en EUA, una familia muy amplia que guarda las costumbres y el recuerdo del genocidio por el que tuvieron que salir de Turquía. En esta familia Armanoush es hija de padre armenio y de madre estadounidense, matrimonio fracasado que se separa. Rose, la madre de Armanoush, se casa con el turco Mustafá para vengarse de su exmarido y toda su familia armenia.
El afán de Armanoush por conocer el pasado de su familia armenia la conducirá a viajar a Estambul. La historia tomará diversos giros sorprendentes que unirán a una familia y la otra para reflexionar sobre el pasado, colectivo e individual, y la dificultad para huir de dicho pasado. Es una lectura que habla de cómo condiciona la familia la vida de sus miembros hasta convertirse en un peso insoportable del que se desea huir.
Estambul, las casas, las calles, los olores, la comida como punto de reunión de las familias, la religión, los nacionalismos, las disputas familiares, la rebeldía de las mujeres, la amistad, el amor…
Su familia había dado con la forma de tratar la locura: confundirla con la falta de credibilidad (37).
Hay muchos temas que emergen aquí y allí para pintar un fresco nítido de la vida y de las preocupaciones de una sociedad como la turca que se debate entre Oriente y Occidente, entre la religión y el laicismo y entre lo femenino y lo masculino.
Los cafés siempre son lugar de reunión y aparecen en la novela: el café Kundera de Estambul resulta ser un lugar especial, un café en el que una vez entrabas, quedabas atado a él hasta que el lugar te escupía (97). Un café donde se refugia Asya. Y después hay otro café, el Constantinópolis, pero este café es virtual y es otra historia, pero ahí se refugia otra joven: Armanoush.


¿Estamos ante la típica saga familiar llena de mil historias?
En parte sí. Es la típica novela en la que te encuentras con “todos” los temas. Sin embargo Shafak nos muestra unas familias especiales, el tiempo y el lugar  apenas las han deteriorado, son como un rincón del pasado en el presente.

Algo que me ha cautivado
La novela está dividida en dieciocho capítulos, cada uno de ellos con un producto de alimentación con el que hacer alguno de los deliciosos platos que se preparan en la novela o que nos transporta al sabor, el olor o el tacto de la canela, garbanzos, azúcar, avellanas, vainilla, pistachos, trigo, piñones, y así hasta llegar al último que esconde uno de los secretos familiares mejor guardados: cianuro potásico.

Un buen fragmento
Aunque todos los libros eran potencialmente dañinos, los peores eran las novelas. El camino de la ficción podía engañarte con facilidad y arrastrarte a un universo de historias donde todo es fluido, quijotesco y tan abierto a las sorpresas como una noche sin luna en el desierto. Antes de darte cuenta podías dejarte llevar hasta perder el contacto con la realidad, esa rigurosa e implacable verdad de la que ninguna minoría debería alejarse demasiado para no acabar desprotegida cuando cambiaran los vientos y llegaran los malos tiempos. Era absurdo pensar con ingenuidad que las cosas no pueden torcerse, porque siempre se tuercen. La imaginación es una magia peligrosa y cautivadora para aquellos forzados a ser realistas, y las palabras pueden ser venenosas para los que están destinados a ser silenciados     (111).
Y otro…
Paseaban por calles sinuosas, y cada barrio parecía tan distinto que Armanoush comenzó a pensar que Estambul era un laberinto urbano, ciudades dentro de una ciudad (198).
Y una recomendación

Leed esta novela, os envolverá como un remolino y no dejaréis de leer hasta conocer todos los secretos escondidos.

viernes, 27 de mayo de 2016

MICHEL DE MONTAIGNE, Los ensayos (según la edición de 1595 de Marie de Gournay).

LIBRO I (476 páginas).

Si habéis visto el lateral en las últimas semanas, este libro se instaló en mi vida lectora y lo he ido leyendo en paralelo con otras obras. Es un préstamo de la biblioteca que he renovado dos veces y que voy a dejar hasta el verano para seguir con el libro segundo (que ya he empezado).


Motivaciones lectoras…
Así puedo indicar las razones que me han llevado a este libro de 1669 páginas, Montaigne se me ha cruzado demasiadas veces leyendo otros libros como para no tentarme a acometer la lectura de Los ensayos. Dice J. Bayod Brau, en su estudio introductorio, que se trata de un libro para leer y para estudiar. Realmente en estos ensayos podemos encontrar los temas más diversos, pero especialmente encontramos al ser humano y todas las posibilidades de defectos, virtudes, maneras de ver la vida, comportamientos, pensamientos, emociones, etc. Y todo ello con el amable relativismo de Montaigne y un lenguaje asequible, actual y fresco como si nos hablara desde el siglo XXI. Pero no nos equivoquemos, el autor tiene cosas muy claras y en ellas se muestra mucho más contundente de lo que parece a primera vista, eso sí, estos ensayos permiten que cada cual lea la obra desde su perspectiva, sin imposiciones ni intolerancias. Y una de las cosas que más respeta es la palabra dada, tal y como señala en “Los mentirosos”, (capítulo IX):
A decir verdad, mentir es un vicio maldito. Solo por la palabra somos hombres y nos mantenemos unidos entre nosotros (49).
En su advertencia al lector, Montaigne señala que este es un libro escrito de buena fe y que su único fin es doméstico y privado, ya que su propósito no es alcanzar la gloria. Añade que lo que pretende es darse a conocer a las personas más próximas y que, por ello, no se adorna así mismo con bellezas postizas. No deja de ser una disculpa por si en estas reflexiones pudiera rozar terrenos peligrosos como la ira de los poderosos o la moral del clero. Se quiere situar en una posición difícil como dice en “Vanas sutilezas”  (capítulo LIV):
(…) si estos ensayos fueran dignos de ser juzgados, podría suceder en mi opinión que no gustaran mucho ni a los espíritus comunes y vulgares, ni tampoco a los singulares y excelentes. Los unos no entenderían bastante, los otros entenderían demasiado (453).
Como cada cual se para en lo que le interesa, he aquí una pequeña selección de temas y cedo la palabra a este gentilhombre tan interesante.


La formación de los hijos. Cap. XXV. O la importancia de frecuentar el mundo…
El juicio humano extrae una maravillosa claridad de la frecuentación del mundo. Estamos contraídos y apiñados en nosotros mismos, y nuestra vida no alcanza más allá de la nariz. Preguntaron a Sócrates de dónde era. No respondió “de Atenas”, sino “del mundo”. Él, que tenía la imaginación más llena y más extensa, abrazaba el universo como su ciudad, proyectaba sus conocimientos, su sociedad y sus afectos a todo el género humano, no como nosotros, que sólo miramos lo que tenemos debajo (201).

La costumbre y el no cambiar fácilmente una ley aceptada. Cap. XXII. O lo negativo de las costumbres…
(…) la costumbre es en verdad una maestra violenta y traidora. Establece en nosotros poco a poco, a hurtadillas, el pie de su autoridad; pero, por medio de este suave y humilde inicio, una vez asentada e implantada con la ayuda del tiempo, nos descubre luego un rostro furioso y tiránico, contra el cual no nos resta siquiera la libertad de alzar los ojos (127).
El hábito adormece la visión de nuestro juicio (132-133).
Catón el Joven Cap. XXXVI. Maravillosa esta manera de ver la poesía…
Pero la buena [poesía], la suprema, la divina está por encima de reglas y razón. Cualquiera que distinga su belleza con una visión firme y segura, no la ve, como no ve el esplendor del relámpago. No ejercita nuestro juicio: lo arrebata y devasta. El furor que aguijonea a quien sabe penetrarla, hiere también a un tercero al oírsela tratar y recitar (315).
La soledad. Cap. XXXVIII. Una de mis reflexiones favoritas…
Debemos reservarnos una trastienda del todo nuestra, del todo libre, donde fijar nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro y soledad (327).
Tengo muchos más fragmentos que he atesorado para cuando los necesite repasar, una lectura que se puede encarar de muchas maneras, leer a salto de mata los ensayos que nos puedan interesar, leer todo, y en orden, como yo he decidido hacerlo. Leerlo seguido o hacer descansos, cortos o largos… En fin, hacedlo como mejor os agrade, pero no dejéis de leer a Montaigne, seguro que os compensará.

¡Ay! Por cierto, olvidé deciros que Montaigne nació cerca de Burdeos en 1533 y murió en 1592. 

viernes, 20 de mayo de 2016

ITALO CALVINO, Las ciudades invisibles

Este libro acabó en mi estantería de libros pendientes tras la lectura de la reseña que hizo Paco Castillo 



En concreto, tal y como le dije en mi comentario, me cautivo esta parte de su excelente y recomendable reseña: 
...prosa exquisita, es un sibarita de la escritura. Es un deleite leer palabras que se pueden palpar, porque tienen texturas, que pueden olerse, porque desprenden aromas, o que pueden admirarse, porque contienen imágenes. 
 Impresiones… 

Me voy a dejar guiar por ellas sin más. 
Ciudades, posibles ciudades, inauditas, imposibles, impensables, ciudades infierno, ciudades cielo, ciudades microscópicas, ciudades colgadas, ciudades subterráneas, ciudades inventadas… o soñadas. Ciudades-tierras prometidas, visitadas con el pensamiento (…): la Nueva Atlántida, Utopía, la Ciudad del Sol, Océana, Tamoe, Armonía, New-Lanark, Icaria (170). 



No existe lo que no se sueña, no se sueña lo que no se piensa. Se trata de apartar lo que constituye el infierno y crear otra realidad, a ser posible una realidad que dure.

Marco Polo explica a Kublai Kan, emperador de los tártaros, las muchas ciudades que existen en su imperio, o lo que es lo mismo, las posibles configuraciones de la ciudad ayer, hoy y mañana. Ciudades felices y ciudades infernales, ciudades arrasadas por la basura y ciudades que huelen a limón, canela y bergamota. Ciudades dobladas, ciudades colgantes, ciudades en espiral, ciudades… 



Y con las ciudades un inmenso mundo posible en el que las ciudades se construyen pedazo por pedazo, hecha de fragmentos mezclados con el resto, de instantes separados por intervalos, de señales que uno envía y no sabe quién las recibe (170). 

Y es que Marco Polo habla y habla, pero es consciente de que el que le escucha sólo retiene las palabras que espera (145), por tanto, lo que dirige el relato no es la voz: es el oído. 


Las ciudades pesan sobre la tierra, abarrotadas de bienes, poder, jerarquías y ornamentos, pero en los sueños aparecen… 
…ciudades ligeras como cometas, ciudades caladas como encajes, ciudades transparentes como mosquiteros, ciudades filigrana para ver a través de su opaco y ficticio espesor (87). 
Hay ciudades que me han gustado especialmente: Isidora, Zaira, Anastasia, Eufemia, Zobeida, Ipazin y otras. Por elegir una me quedo con Aglaura, de la que se puede decir lo que sus habitantes repiten desde siempre: 
(…) una serie de virtudes proverbiales, otros tantos proverbiales defectos, alguna rareza, cierto respeto puntilloso por las normas. Pero la realidad es que no hay nada de cierto en cuanto se dice de Aglaura, y sin embargo de ello surge una imagen de ciudad sólida y compacta, mientras que los juicios dispersos que se pueden enunciar viviendo en ella no llegan a tener igual consistencia. El resultado es éste: la ciudad de que se habla tiene mucho de lo que se necesita para existir, mientras que la ciudad que existe en su lugar existe menos (81). 

 Realidades… 

Y es que Polo nos habla de realidades y de sueños, de ideas y reflexiones, en definitiva, de ese sustrato extraño que constituye la realidad. En esa realidad existe el infierno y el cielo, ninguno está por venir, ya existe aquí. Pero Calvino se refiere al infierno, no seré yo quien le enmiende la plana: 
El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera (…): aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio (171). 

Merece la pena dejar espacio a esta lectura… que en efecto tiene mucho de poema, escrita de modo exquisito.

viernes, 13 de mayo de 2016

PEDRO SALINAS, La voz a ti debida

¿Por qué este mar embravecido?


Porque me gusta verlo así

Porque los poemas me saben a salitre

Los versos a brisa airada

Las palabras huelen a mar furibunda

Las sílabas son la breve espera de una letra saltarina

Y el mar siempre es  poesía.

[Y HOY PASEABA POR LA PLAYA SOLITARIA PENSANDO EN SALINAS MIENTRAS EL OLOR MARINO Y EL OLEAJE ALTIVO CALMABAN MIS OJOS CANSADOS Y SE LLENABAN DE LUZ]

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¿Por qué leo poca poesía? 

¿Por su intensidad? ¿Por el grano de locura que requiere y no siempre estoy dispuesta a poner en la balanza? ¿Por cómo te desnuda en el instante que dura leer cuatro versos?

No se ve nada, 
no se oye nada. Me sobran 
los ojos y los labios, 
en este mundo tuyo. 

Es imprudente vivir sin la locura de la poesía 


Palabras pronunciadas por García Lorca cuando presentó algunos versos de Pablo Neruda, que como dice Nuccio Ordine en su La utilidad de lo inútil, hacen que vibren las cuerdas de nuestro corazón: 
La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay en la verdadera poesía, un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, que mucho matan para colocarse el odioso monóculo dela pedantería libresca y sin el cual es imprudente vivir (67). 
Pueden estar reunidas en estas clarividentes palabras las razones por las que leo poesía de forma intermitente. Hay momentos en que la necesito como el agua fresca que sacia la sed y en otros momentos no puedo arriesgarme a dejar que nutra ese grano de locura que todos llevamos dentro. Siempre leo muy despacio la poesía porque un poema o un fragmento me deja ahíta y me resulta imposible asimilar otro poema más. 



En todo caso, este libro que me costó 1€ en la Cuesta de Sto. Domingo en Pamplona, me ha acompañado casi todos los días poco antes de cerrar los ojos para dormir y lo he disfrutado plenamente. 

Su autor 

Pedro Salinas (1891-1951), narrador, dramaturgo, ensayista, pero sobre todo poeta, publicó su primer poemario en 1923. La voz a ti debida forma parte de una trilogía junto con Razón de amor y Largo lamento, en el que repasa el amor desde el encantamiento inicial hasta que solo quedan cenizas o ni eso.



Autor muy influyente en la generación de poetas españoles de la posguerra, fue uno más de los escritores importantes que partió hacia el exilio al estallar la guerra civil. 

La voz a ti debida 

Quítate ya los trajes, 
las señas, los retratos; 
yo no te quiero así, 
disfrazada de otra, 
hija siempre de algo. 
Te quiero pura, libre, 
irreductible: tú. 
Sé que cuando te llame 
entre todas las gentes 
del mundo, 
sólo tú serás tú (37). 

La voz a ti debida (1934) es un largo poema en 70 fragmentos. El hilo conductor es el amor, desde que se produce el descubrimiento de la amada hasta el intento del enamorado por desvelar su esencia. La imposibilidad de aprehender dicha esencia cuando creía que ya la había agotado transita entre versos delicados. 

Y aquello que ella me dijo 
fue en un idioma del mundo, 
con gramática e historia. 
Tan de verdad, 
que parecía mentira (18). 

Salinas escribe con un lenguaje transparente, directo, claro como el agua del manantial. Y así llega a nuestros sentidos cuando lo leemos, parece que nos quita la sed, que olemos las piedras mojadas y sentimos la frescura de la noche de luna llena. 

Lo que eres 
me distrae de lo que dices. 
Lanzas palabras veloces, 
empavesadas de risas, 
invitándome 
a ir adonde ellas me lleven. 
No te atiendo, no las sigo: estoy mirando 
los labios donde nacieron (77). 

Me cuesta mucho reseñar un libro de poemas desde la extrema subjetividad que es donde se cuelan siempre los versos, quieras o no. 

Posesión tú me dabas 
de mí, al dárteme tú. 
Viví, vivo. ¿Hasta cuándo? 
Sé que te volverás (125). 

Leer a Salinas siempre es recomendable y un enorme placer.

viernes, 6 de mayo de 2016

CORMAC McCARTHY, Ciudades de la llanura

“Trilogía de la frontera”

Concluyo la lectura de esta Trilogía que empecé a leer hace menos de un año (julio de 2015) con la impresión de que se trata de tres libros excelentes. Una trilogía que puede leerse en orden diferente al que plantea el autor (puesto que el primero y el segundo pueden leerse en primer lugar sin que se altere la idea motriz de la trilogía, eso sí, el tercero es el último), aunque yo los he leído por orden.

La idea clave de la trilogía es la soledad del hombre, y digo bien, porque son novelas en las que los protagonistas y el mundo que describe es masculino, la mujer aparece poco y, aunque tienen un papel importante como depositaria del amor y, a la vez, como provocadoras de la desgracia, tienen un papel secundario siempre. La soledad del vaquero que se agarra a un mundo, el de los que trabajan en el espacio natural de las praderas, que desaparece frente a la urbanización y el sedentarismo. Un mundo también de frontera entre el norte y el sur con todos los desencuentros y conflictos que genera. Y un mundo de lealtad, amistad, valor y esfuerzo, valores que parecen en decadencia ante la nueva sociedad que se abre paso a principios de la década de 1950. 


La historia y los protagonistas… 

Los dos jóvenes protagonistas de las anteriores novelas, John Grady y Billy Parham, trabajan juntos en un rancho de Nuevo México que está a punto de ser expropiado por el ejército. Esa situación precaria simboliza la extinción de un tipo de vida libre, solitaria e independiente. No hay salida para quienes se obstinan en mantener ese tipo de vida que no se adapta a la realidad, algo que al final de la novela quedará patente en la conversación que un anciano Billy sostendrá iniciado el siglo XXI con un vagabundo que se encuentra cerca de una autopista. 
(…) en sueños habitamos esa gran democracia de lo posible y en ella somos en verdad como peregrinos. En ella salimos al encuentro de aquello que vamos a encontrar (267). 
Un aspecto común de McCarthy es introducir la reflexión, a veces a través de personajes secundarios muy peculiares (como ese vagabundo que se encuentra en el camino Billy o el desmemoriado propietario de la granja en la que trabajan ambos), sobre la existencia y la eternidad, la muerte y la vida. 

Solo el encuentro de John con Magdalena, una joven prostituta de la que se enamora, romperá la calma de una vida cuyo centro está en la relación del hombre con la naturaleza, mediada por el vínculo con los caballos, siempre protagonistas en estas novelas. 

Como en las anteriores novelas está presente el recurso literario del silencio que se apodera del relato de manera magistral y que se refleja a través del pensamiento, dándole al relato una fuerza enorme. 

La nostalgia de un mundo perdido… 

(…) echo de menos la vida de la pradera. Hice la trashumancia cuatro veces. Fue lo mejor de mi vida. Lo mejor. Viajar. Ver otra región. No hay nada igual en el mundo. Ni lo habrá. Sentarse junto al fuego con el rebaño bien acostado y sin viento. Preparar un poco de café. Escuchar las historias de los viejos vaqueros. Buenas historias. Liar un cigarrillo. Dormir. El mejor sueño es al aire libre. No hay nada igual (177). 
La belleza de la pradera… 

Señaló hacia la puesta de sol. Rojo laminar. El fresco del crepúsculo estaba allí y empezaba a rodearlos (176). 
Hacia el sur la fina línea verde del río parecía una raya de lápiz de color en medio de aquel yermo bistre y malva. Al fondo las montañas de México en azules y grises pálidos que se desteñían en lontananza. La hierba que cubría la mesa se retorcía a merced del viento. La avanzadilla de una tormenta se encaminaba hacia el norte (217).


Y una reflexión… 

El mundo de nuestros padres reside dentro de nosotros. Más de diez mil generaciones. Una forma sin historia propia no es capaz de perpetuarse. Lo que no tiene pasado no tiene futuro. En el meollo de nuestra vida está la historia de la cual se compone y en ese meollo no hay idiomas sino únicamente el acto de saber, y es esto lo que compartimos dentro y fuera de los sueños. Antes de que hablara el primer hombre y después de que el último calle (264). 

Conclusión 

Un escritor que confirma con esta trilogía mi admiración por su manera de narrar tan a la americana (norteamericana en realidad): frases cortas, concisas, cortadas a cincel. Temas centrados en solitarios inadaptados que se enfrentan a las fuerzas de la naturaleza y a la maldad del ser humano a cara descubierta. El canto a la libertad individual y a la amistad, como elementos que dan sentido a la vida.

viernes, 29 de abril de 2016

RAFAEL CHIRBES, La buena letra.

Había leído hace tiempo Los viejos amigos, que me gustó, pero me dejó poca huella. En mi biblioteca de pendientes tenía esta breve obra de 1992 y decidí leerla. Ahora tengo otras pendientes, por desgracia su muerte en agosto de 2015 ha cerrado su obra inesperadamente.



Una advertencia del autor…
…en una nota a la edición del 2000, que en esta edición posterior suprimió el último capítulo porque con él había introducido la idea de la justicia del tiempo con la que no se siente cómodo. Señala que no es misión del tiempo corregir injusticias, sino más bien hacerlas más profundas.


El autor

Rafael Chirbes (1949-2015), estudió Historia en Madrid y se dedicó a la crítica literaria y el periodismo durante un tiempo. En 1988 publicó su primera novela, Mimoun, a la que siguieron ocho más en la línea de retratar la sociedad española de forma crítica.

Vivencias privadas en la guerra

La buena letra son los recuerdos de Ana, la protagonista, que va relatando en primera persona a su hijo la historia de su familia, partiendo del presente narrativo y haciendo memoria, una memoria enferma y sin esperanza (22), dice ella misma. Esa memoria está enferma porque asistimos a las penurias que provocó la guerra civil para una familia que pertenecía a los vencidos. Novelar la guerra desde la vida privada de una familia nos introduce, mejor que las cifras y los datos, en la desolación del miedo, de la pobreza, de las pequeñas traiciones para sobrevivir, de transigir para prosperar y todo ello con el trasfondo oscuro de la larga posguerra española.
Nos habíamos convertido en mulos de noria. Empujábamos, ciegos y mudos, buscando sobrevivir, y, a pesar de que nos dábamos todo unos a otros, era como si sólo el egoísmo nos moviese. Ese egoísmo se llamaba miseria. La necesidad no dejaba ningún resquicio para los sentimientos. Lo veíamos a nuestro alrededor (53).
Chirbes utiliza, a través de Ana, un tono familiar, sencillo y cercano para explicar un periplo vital que tiene su punto culminante al final de la novela con la traición del hijo, que no explicaré para no desvelar la intriga. Su escritura es sencilla pero eficaz y los capítulos son breves pero llenos de sentimientos y emociones sin exageraciones innecesarias. Y es que hay…
…palabras que son de un vidrio tan delicado que si uno las usa una sola vez, se rompen y vierten su contenido y manchan (77).
Conclusión
Dura, desesperanzadora y excelente novela.