jueves, 8 de febrero de 2018

ISRAEL YEHOSHUA SINGER, Los hermanos Ashkenazi

Leí en 2016 la primera novela de este autor, La familia Karnowsky, y me entusiasmó, quedó pendiente la lectura de esta novela de la que ya tenía noticia cuando leí la primera y 2018 ha propiciado su lectura.

Esta novela es anterior a La familia Karnowsky puesto que fue escrita entre 1933 y 1935 en pleno auge del fascismo, especialmente del nazismo. Para un judío polaco como el autor estamos hablando de un contexto casi desesperado de amenazas tanto en su propio país como en la cercana Alemania.



El autor, que había empezado a trabajar en 1921 como corresponsal para el diario norteamericano Forverts, emigró en 1934 a EUA. La familia Karnowsky fue publicada en 1943. Si por algo destaca esta novela, al igual que la primera que leí, es por su sentido narrativo, Israel Y. Singer relaciona y encadena los hechos con una gran maestría, la sucesión de hechos que se desarrollan en esta novela viene determinada por el principio de causalidad, todo tiene un “antes” del que provienen los hechos y un “después” al que se dirigen. Dicen que la novela judía, tanto en yiddish como en otras lenguas, se caracteriza por dicho sentido narrativo porque deriva de la oralidad de la cultura judía ligada a la diáspora. En este caso la narración en torno a los hermanos gemelos Ashkenazi, Simja y Yankev, es extraordinaria. 

Esta novela se extiende a lo largo del siglo XIX y la década de 1920 marcada por la Gran Guerra. Está dividida en tres partes que reciben el nombre de “Nacimiento”, “Chimeneas en el cielo” y “Telarañas”, tres títulos relacionados con la vida de los dos hermanos, especialmente el mayor, Simja. Aunque aparecen otros escenarios secundarios, la ciudad de Lódz, situada cerca de Varsovia, pero territorio ruso hasta el fin de la Iª Guerra Mundial, es el espacio que bulle a lo largo de las 674 páginas de esta novela. 

El relato sigue el curso de la historia familiar y desde el punto de vista de las peripecias de la familia Ashkenazi es magnífica. Sin embargo la novela va mucho más lejos… Esta novela trata de la identidad judía pintando, además, un cuadro del trasfondo social muy interesante. La clave de la novela es el conflicto de la comunidad judía que trataba de asimilarse a las sociedades en las que estaban asentadas desde hacía cientos de años, por ejemplo en la Polonia rusa que es el caso de esta novela, y que en su afán por hacerlo van abandonando rasgos importantes de su cultura. Este intento de asimilación, que ha sido descrito por muchos escritores/as, provocó incluso que no percibieran el creciente antisemitismo que se estaba desarrollando. 

 El cuadro que pinta Israel Y. Singer sobre el trasfondo social en el que vive la familia Ashkenazi a través de las relaciones familiares, de vecindad y de amistad, consigue meternos en la época y trasciende el tema del judaísmo para ir mucho más lejos y llegar a valores universales. El papel de las mujeres, del matrimonio, de la relación paterno-filial, de la identidad nacional y cultural, las luchas sociales, el sindicalismo, el socialismo, las condiciones de vida y trabajo en las fábricas textiles, todos son temas que se van imbricando para construir un edificio de gran solidez que impresiona conforme transcurre la lectura. Y al compás de todas estas relaciones van emergiendo personas de todo tipo: generosas y mezquinas, sabias y prepotentes, gentes que odian y gentes que aman. 

Un párrafo interesante sobre la reflexión de un trabajador judío socialista (Nisen) que, ante un pogromo de los muchos que se producían en Rusia, se negaba a pensar que su condición de judío, que él no valoraba como relevante, lo fuera: 
Quizá el ser humano fuese esencialmente malvado. Quizá la culpa de todo no era, como le habían enseñado, las circunstancias económicas, sino las lacras de la naturaleza humana. Tal vez la Torá tenía razón al afirmar que el corazón del hombre nace malvado. Tal vez Schopenhauer, su ídolo de antaño, conocía mejor al ser humano que el idealista Hegel o el pragmático Marx… (345). 
Una lectura muy recomendable, no dejéis de leer a ISRAEL YEHOSHUA SINGER.

domingo, 28 de enero de 2018

MAGDA HOLLANDER-LAFON, Cuatro mendrugos de pan. De las tinieblas a la alegría.

Nunca haré suficientes lecturas sobre los Lager y el intento de exterminio de la población judía. Hasta que no lea seis millones (solo cuantifico a la población judía porque sufrió especialmente: fueron asesinados uno de cada dos judíos/as) de historias personales, seis millones de testimonios del horror, no consideraré que tengo suficiente con lo leído. Pero, además, pienso que puedo aprender mucho con sus relatos de vida y de sufrimiento.



Magda Hollander-Lafon es húngara, su familia más próxima fue exterminada, ella pasó por cinco campos sucesivos entre mayo de 1944 y abril de 1945: Auschwitz-Birkenau, Waldirf, Ravensbrück, Zillertal y Morgenstern.

Su aterradora experiencia fue escrita en 1977 y constituye la primera parte de este libro, titulada: “Los caminos del tiempo”; ella se obligó a una introspección en las tinieblas, por eso la segunda parte se titula “De las tinieblas a la alegría”. El conocimiento y la meditación de lo sucedido no se lo guardó para ella sola o su familia sino que transmitió su memoria a centenares de alumnos/as de primaria y secundaria. 

Este libro no es solo un testimonio, se dice en el prefacio, es una meditación sobre la vida, sobre las posibilidades que tienen, quienes han sobrevivido, de salir de la muerte para adentrarse en la vida.

Su manera de exponer su testimonio es especial, lo hace a través de poemas, a través de textos breves organizados a través de temas. Entre los temas encontramos el pan como la clave para sobrevivir, por eso, cuatro mendrugos regalados a una prisionera marcaban la frontera entre la vida y la muerte (la referencia a este hecho se encuentra en la pág 75). 

He subrayado muchos fragmentos, todos me parecen de interés y para eso son transmitidos por la autora. Seguramente he leído miles de fragmentos sobre el exterminio para encontrar este: 
He conocido seres que han soportado su desenlace con grandeza. Supieron guardar la generosidad en el corazón y la luz y la atención en los ojos (34). 
O este otro: 
¿De qué éramos culpables?
No comprendí la metamorfosis de la gente; unos transformados en verdugos, otros en víctimas. 
¿Cómo fue posible? 
Una meditación sincera, clarificadora, emocionante, reflexiva…

jueves, 18 de enero de 2018

CHIMAMANDA NGOZI ADICHIE, Americanah

De esta autora había leído este año Todos deberíamos ser feministas, un texto breve (cuarenta páginas) que recogía una conferencia que Adichie había dado en 2012. Este librito se ha convertido en un éxito total en las redes sociales, pese a ello me decidí a leerlo. Un libro muy elemental y obvio que bien poco me aportó aunque tuve que dar la razón a su autora cuando afirmó: 
A menudo cometo la equivocación de pensar que algo que a mí me resulta obvio es igual de obvio para todo el mundo
Cuando leí este alegato en favor del feminismo ya tenía comprado Americanah, pero su grosor (603 páginas) no me animaba a su lectura. Quién sabe por qué lo saqué de la estantería, toda valiente, el nueve de diciembre, pero la elección ha resultado ser acertada porque el inicio de las vacaciones me ha proporcionado el tiempo que necesitaba para no eternizarme en su lectura.


Esta novela tiene todos los ingredientes para absorbernos en su lectura: una buena historia que, a través de diversos personajes, relata el viaje hacia Estados Unidos (en el caso de Ifemelu que es la protagonista), Gran Bretaña u otros países de hombres y mujeres nigerianas que buscan nuevas posibilidades de estudio o de trabajo. 

Primera sorpresa… 

No son africanos/as pobres, tienen un nivel de estudios alto y recursos económicos suficientes para poder vivir en Nigeria. 

Segunda sorpresa… 

Uno de los temas centrales de la novela es la raza y las interesantes reflexiones de Ifemelu, una negra no afroamericana, que toma conciencia de su negritud en EUA. Por otro lado, la crítica (plena de humor) a los afroamericanos que cuando se trata de África, se creen toda clase de chorradas (173). 

Tercera sorpresa… 

Todas las minorías raciales de estados Unidos –negros, hispanos, asiático y judíos- soportan putadas de los blancos, putadas de distintas clases, pero putadas al fin y al cabo (267). 
El sentido del humor no oculta el racismo norteamericano latente siempre. 

Y hay mucho más, historias de amor, especialmente la que une a Ifemelu y Obinze. Hay libros. Hay moda, sobre todo relacionada con los peinados. Hay blogs. Hay solidaridades familiares y amistades. 

En definitiva, estamos ante una buena novela.

lunes, 8 de enero de 2018

LÍDIA JORGE, Los tiempos del esplendor.

La portuguesa Lídia Jorge escribe nueve cuentos en los que palpita el ser humano próximo, el que no tiene nada de excepcional y por ello lo es, la realidad está presente en todos ellos desde la infancia y desde el mundo adulto. 



A los niños y niñas, dice la autora en el relato “Imitación del Éxodo”, hay que hacerles saber desde bien pronto que… 
…la Humanidad no se cuenta por números, que la Tierra es parte del Cosmos, que el amor es un texto sin límites (71). 
Hay temas que transitan por muchos de los relatos: la infancia, África, la utopía, lo inquietante escondido tras cualquier esquina y tras cualquier persona, la vida en definitiva.

La autora reflexiona y nos aproxima a la realidad con una carga de poesía que rezuma en las nueve historias que nos cuenta, una de ellas la que da título al libro, aquellos tiempos… 
…de las grandes casas para tres personas, los tiempos de las criadas, los tiempos del agua no canalizada, los tiempos de una única lámpara colgada del techo, los tiempos de los jardines domésticos con lagos y peces rojos, los tiempos de los profesores de Latín, como mi padre (55-56). 
Este cuento y “Pasaje para Marion” me han parecido excelentes, pero lo mejor de todo ha sido descubrir a una gran escritora de la que no sabía nada y que me parece que merece ser leída.

jueves, 28 de diciembre de 2017

MARGARET ATWOOD, El cuento de la criada.

 Nolite te bastardes carborundorum (89) 

Que los bastardos no te jodan 


Un buen lema para estos tiempos. 

Defred encuentra esta inscripción en el armario de la habitación en la que vive en casa de su Comandante, bueno en realidad De Fred es de “su” Comandante, de ahí el nombre ficticio de la protagonista. 

Estamos ante una distopía escrita en 1985 por Atwood. Esta distopía se basa en algo tan real como un sistema totalitario en que manda una minoría, “los comandantes”, con profundas convicciones religiosas y extremadamente puritanos. Los derechos y libertades se han volatilizado totalmente y la represión pura y dura campa a sus anchas en la República de Gilead ubicada en los actuales EUA. 

La peor parte se la llevan a las mujeres, todas propietarias de los hombres pero con un escalafón diferente: las Esposas, las Marthas, las criadas, las Tías, todas ellas enteramente dominadas por los hombres “por su bien”. 

Defred es una criada, controlan toda su vida: su ropa, su alimentación, sus salidas a la compra siempre acompañada de otra criada, las ceremonias y su vida sexual. Defred es una mujer reproductora y reeducada para que olvide su vida anterior (ella aún recuerda cómo eran las cosas antes del asesinato del Presidente y la dictadura). 

Podría pararme en muchos fragmentos del libro: en la dura represión, la importancia de la religión, la existencia de colonias en las que la vida no dura nada, la resistencia, la rebeldía, la muerte, la vida, la doble moral… Sin embargo no quiero contar la historia porque seguro que es una lectura posible para el año que viene. 
Pensábamos que teníamos problemas ¿Cómo íbamos a saber que éramos felices? (87). 
Una buena novela que convierte una distopía en algo muy posible en la actualidad, en este sentido es terriblemente factible y eso la hace terrorífica. Está muy bien escrita y hay sorpresa final en el último capítulo. Sin embargo, su éxito, tras más de treinta años de su publicación, me parece excesivo y resultado, posiblemente, de la serie de TV basada en ella.

lunes, 18 de diciembre de 2017

LUISA CARNÉS, Tea Rooms. Mujeres obreras.

Estamos ante una novela especial, eso lo habréis leído muchas, pero esta vez es más cierto que nunca (o casi). 



¿Qué tiene de especial esta novela? 

Para empezar, su autora. Luisa Carnés fue una obrera, ella misma trabajó en un salón de té y supo lo que era la explotación de las dependientas de estos locales (largas jornadas de trabajo por unas pocas pesetas que a duras penas llegaban para cubrir la subsistencia propia con dignidad). 
Para seguir, esta novela fue escrita en 1934 y la siguiente edición es esta de la editorial Hoja de Lata, de 2016. 

¿Qué tipo de novela es Tea Rooms. Mujeres obreras? 

Es novela social. Novela de denuncia de las condiciones de trabajo de las obreras madrileñas. Personajes femeninos que representan un amplio arco de posibilidades para hacer frente a la miseria: mujeres agotadas por el trabajo y resignadas, mujeres que se prostituyen, mujeres embarazadas que mueren en manos de aborteros, mujeres que encuentran en la religiosidad el consuelo de una vida devastada, mujeres, muy pocas, con conciencia. Y entre esos prototipos la rutina de un salón de té que tiene espacios bien diferenciados: el salón luminoso, ordenado, disciplinado y con viandas abundantes y la trastienda o el sótano donde hay suciedad, caos, ratones, miseria y cansancio de los y las empleadas. 
Entre sus páginas aparecen pequeñas explosiones de descontento (la más seria una huelga de camareros de un día) colectivo e individual que no parecen tener posibilidades de triunfar. Eso sí, existen las amenazas: para unos viene de la revolución rusa, para otros de la violencia fascista en Italia. 

¿Tiene calidad? 

Es una novela bien escrita, quizás demasiado estereotipada la historia y los personajes, pero hace un buen relato de situación de las obreras españolas que tienen un dilema… 
…el hogar, por medio del matrimonio, o la fábrica, el taller o la oficina. La obligación de contribuir de por vida al placer ajeno, o la sumisión absoluta al patrono o al jefe inmediato. De una o de otra forma, la humillación, la sumisión al marido o al amo explotador (131). 
Se trata de una novela breve que apenas supera las 200 páginas, rescatada del olvido; una voz femenina obrera que merece este reconocimiento postrero.

viernes, 8 de diciembre de 2017

SÁNDOR MÁRAI, Divorcio en Buda

Hacía tiempo que no leía a Márai, un autor que me gusta bastante. Un viaje de unos días me llevó a la estantería donde tengo los libros pendientes de lectura y acabé eligiendo este título que hacía tiempo que quería leer. 


Márai nos conduce de la mano a una extraña historia en la que hay dos personajes principales: el juez Kristóf Kömives y el médico Imre Greiner, ambos de la misma edad y educados en la misma escuela en Budapest. El trasfondo histórico es el periodo de entreguerras del siglo XX, una época de crisis e inestabilidad que acabará con la peor guerra que ha conocido Europa (y el mundo). 

Primero es el juez quien acapara la atención del autor. El mundo interior de Kristóf Kömives no es exactamente el que parece, por fuera estamos ante un hombre de orden y burgués, por dentro es un hombre con preocupaciones de salud y que es consciente del aburrimiento de su vida ordenada.

La segunda parte de la novela, el protagonismo se lo lleva Imre Greiner y su mujer Anna Fazekas a la que acaba de asesinar. Kömives era el juez encargado de dictaminar sobre el divorcio de Imre y Anna y, además, había conocido a Anna en su juventud. Greiner decide ir a casa de Kömives y contarle su especial y obsesiva relación con Anna.

La historia es interesante, tiene un trasfondo psicológico que gusta mucho a Márai, y está bien escrita. Los personajes tienen entidad propia y nos interesan por sus cuitas amorosas y por el tipo de vida que les ha tocado vivir, sin embargo el tema principal es el alma humana y sus recovecos que pueden ocasionar la ruina de un hombre de éxito como el Dr. Imre Greiner.

martes, 28 de noviembre de 2017

CYNTHIA OZICK, El Mesías de Estocolmo.

He aquí un universo tan reducido como una ratonera, donde los únicos héroes son las víctimas, donde el mutismo solo es asequible a los intrépidos (64). 

La novela de Ozick no es una ratonera pero sí crea un universo preciso entre la redacción del periódico en el que escribe sus críticas literarias, su pequeño y desordenado piso, y la librería de Heide. Todo ello en un Estocolmo desaparecido puesto que la ciudad apenas surge por sus páginas, quizás es una impostura más de las muchas que aparecen en la historia de El Mesías de Estocolmo

El propio Mesías es ficción, una novela desaparecida en el caos de la ocupación nazi de Polonia, reaparecida en manos de tres personajes que pretenden utilizar al protagonista, Lars Andemening, para construir un timo que les haga ganar dinero. 

Ozick describe la obsesión de Lars por el Padre, huérfano al ser salvado de la ocupación nazi por un planchador de obstinaciones, alguien que sacaba las cosas de un sitio –las cosas, y las personas- para meterlas en otro (113). 

Entre los personajes que construye la autora con una habilidad extraordinaria, y un lenguaje expresivo de alta calidad literaria, está la librera Heidi, una mujer con la que a Lars le gustaría casarse por ser independiente, antipática, cerrada, hosca, vieja; una especie de heroína (36). 

Dice la autora que Estocolmo está lleno de refugiados/as, lleno de heroínas y de héroes, solo a una persona xenófoba se le ocurriría pensar que eso pudiera mermar la riqueza de una ciudad. 

Una excelente novela.

sábado, 18 de noviembre de 2017

ERNESTO PÉREZ ZÚÑIGA, Santo Diablo

Vulturno es una localidad situada en la España latifundista del primer tercio del siglo XX, probablemente durante la II República. Los jornaleros/as viven en la miseria, al borde del abismo del hambre y la ignorancia, el anarquismo difunde sus ideas de cultura, libertad y justicia social. Durante la II República las ideas anarquistas llevaban sesenta años calando en jornaleros/as y obreros/as por toda España, creando ateneos, escuelas racionalistas y sindicatos, construyendo un mundo paralelo que confiaba en la rebelión interior y social como factor de emancipación. 


Frente a ese proyecto de largo recorrido, que es hoy desconocido por la mayoría y que ha sido desprestigiado asociándolo exclusivamente a la violencia, estaban las fuerzas vivas, la oligarquía formada por los más ricos. Esta poderosa minoría la formaban los grandes propietarios de tierras (el Amo de Vulturno) y la gran burguesía financiera e industrial. Esta oligarquía conservaba el poder económico, mientras el poder político lo tuvo que compartir con otras fuerzas sociales durante la II República. Su riqueza se sustentaba en una cultura de defensa del orden social y de valores conservadores que tenía el aval de la Iglesia católica y una gran parte del Ejército. La novela de Pérez Zúñiga es una buena novela social que describe de forma acertada ese contexto social, político y económico. (…) 
dile que vivir es cristal de frágil, como esta esfera de reloj; dile que será derrotado para siempre en su persona pero que las obras permanecen cuando las cuidamos para otros, como yo he salvado este reloj en tus manos (…). 
El franquismo rompió la genealogía (este fragmento habla de eso) de un movimiento obrero que era algo más que sindicalismo, supo muy bien lo que hacía aunque para ello necesitó una guerra y casi cuarenta años de dura dictadura. La democracia ninguneo y banalizó ese proyecto, solo desde la historia y desde la literatura suenan los ecos de ese proyecto que fue único en el mundo: la revolución anarquista de 1936.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

GEOFF DYER, Arenas Blancas. Experiencias del mundo exterior.

Un libro curioso en el que la frontera entre realidad y ficción no está clara: autor, narrador y personaje central son la misma persona. Por tanto, los viajes relatados tienen mucho de verdad y otro tanto de ficción. Arenas Blancas relata viajes diferentes a aquellos en los que la masificación provoca, hoy, tantos problemas en algunas ciudades. 


Los viajes que nos relata Dyer no atraen a la mayoría y están motivados por algún objetivo concreto: ver la aurora boreal, un lago, unas torres, etc. Eso lleva al viajero a recorrer lugares muy diferentes (Noruega, China, Tahití y otros) con resultados diversos. Uno de los más divertidos es la frustrante búsqueda de una aurora boreal en un espacio con un frío glacial. 

Su estilo es también peculiar con notas de humor irreverente constantes para relatarnos unos viajes que son lo contrario de otro tipo de viaje que hoy cuenta con muchos adeptos. 
Así que, cuando Jessica y yo nos vamos y desatamos las bicis para volver a casa, aunque la experiencia de ver acrobacias siempre levanta el ánimo, a menudo me siento abatido porque ya no puedo hacer cosas así. Me pongo a pensar en lo terrible que es que la vida pase tan rápido y, casi simultáneamente, a pensar en que no sé si tendré paciencia para soportar el resto de lo que la vida, con su acumulación gradual de achaques, lesiones y enfermedades, tenga que ofrecerme, por muy maravilloso que resulte pedalear (…) (147).
Un autor interesante al que habrá que seguir.