miércoles, 30 de abril de 2014

LEER, TOMAR CAFÉ, ROSAS

Un triángulo que me acerca con frecuencia a la felicidad (no entendida de forma edulcorada sino la que proporciona la vida de cada día), pero que también me conduce, a veces, a cometer errores. Ojeando novedades en una librería encontré esta novela de Agnès Martin-Lugand: La gente feliz lee y toma café, que no pude desestimar por ese título tan evocador al que solo le faltaban las rosas.


Decidí leerlo, tras acabar Ulises, en un viaje que me permitía disponer de más de cuatro horas de tren en un cómodo asiento. Dos errores: pensar que debía leer algo ligero tras Joyce y la elección de esta obra por su título. La novela resultó ser una nadería absolutamente previsible (que he visto va por la 2ª Edición). En un accidente muere el marido y la hija de Diane, ésta se aísla del mundo y no quiere aceptar la realidad. Pero algo cambiará cuando se marcha a un pequeño pueblo de Irlanda (¡¡ja!! este país me persigue).



Qué fuente de placer es la lectura cuando resulta rica, motivadora y me hace cavilar, no fue el caso de esa obra de título tentador. Sí lo fue, y lo es, la obra del gran Gabriel García Márquez que murió el  pasado 17 de abril.
La casa se llenó de amor. Aureliano lo expresó en versos que no tenían principio ni fin. Los escribía en los ásperos pergaminos que le regalaba Melquíades, en las paredes del baño, en la piel de sus brazos, y en todos aparecía Remedios transfigurada: Remedios en el aire soporífero de las dos de la tarde, Remedios en la callada respiración de las rosas, Remedios en la clepsidra secreta de las polillas, Remedios en el vapor del pan al amanecer, Remedios en todas partes y Remedios para siempre. Rebeca esperaba el amor a las cuatro de la tarde bordando junto a la ventana. Sabía que la mula del correo no llegaba sino cada quince días, pero ella la esperaba siempre, convencida de que iba a llegar un día cualquiera por equivocación.
Leer antes de caer derrumbada en el breve sueño del mediodía, disfrutando de un café, siempre solo y sin azúcar, se convierte en un momento feliz. 

Pensando si había algo más que añadir a ese momento, aparecieron de inmediato las rosas y su evocador olor.



La felicidad no la constituye tan solo este triángulo, pero me siento feliz cuando leo, tomo café y tengo cerca rosas.

sábado, 26 de abril de 2014

ERRI DE LUCA, El día antes de la felicidad.

(…) las historias de Don Gaetano eran muchas y cabían en una persona sola. Él decía que porque había vivido en lo bajo, y las historias son  aguas que van a parar al fondo de la cuesta. Un hombre es una cuenca de recepción de historias: cuanto más al fondo esté, más recibe (p. 47).


Esta novela entró en mi lista de lecturas tras leer la elogiosa reseña de Marcelo Z. La compré en una librería de segunda mano por internet, tiene 153 páginas y el título es una especie de juego de palabras que viene a decir que hay cosas que ocurren de forma inevitable y que puede ocurrir que algo malo acabe siendo bueno y proporcionando la felicidad al día siguiente (o así lo he entendido yo).

Erri de Luca (Nápoles, 1950) es novelista, traductor y poeta. A los 18 años ingresó en la organización “Lucha continua” ligada con el importante movimiento de “Autonomía Obrera” que se desarrolló especialmente en la década de los setenta en Italia y que tuvo influencia en otros países como España. Trabajó en la cadena de automóviles de Fiat y en el aeropuerto de Catania. Empezó la carrera diplomática pero la abandonó, es un autodidacta que habla varios idiomas. Es un apasionado alpinista.


Ha escrito diversas novelas, entre ellas: Tres caballos (2002), Montedidio (2004), El contrario de uno (2005), En el nombre de la madre (2007) y la que se reseña aquí que es de 2009.

En este caso la biografía del autor resulta esclarecedora para comprender mejor su obra. Su compromiso político está en esta novela de forma clara, aunque sutil.
Ser huérfano era la condición natural, todos eran huérfanos, animales y hombres sobre una llanura tan vasta como un océano. Bandoleros, curas sin sotana, anarquistas, irlandeses, Argentina te quitaba del corazón la causa de tu viaje, te daba espacio a discreción. Las soledades regulaban el aliento de cara a los horizontes (p. 50).
Don Gaetano, el portero de un edificio en el Nápoles de los años 50, acoge en su vida casi como un padre al protagonista de esta novela, un adolescente del que no conocemos ni siquiera el nombre. Se trata de un huérfano que vive en una habitación pagada por una madre adoptiva que nunca ve y que le permite estudiar y vivir la vida con gran libertad. Entre Don Gaetano, los libros que le presta Don Raimondo, papel amarillo que recuperaba cuando alguien quería desembarazarse de los libros (p. 21) y su amor hacia Anna, de la que se enamora de niño, transitará de la niñez a la adolescencia y a la edad adulta.

La novela tiene una disposición fragmentaria que se sitúa, de la mano de Don Gaetano, en la II Guerra Mundial, la ocupación nazi y la resistencia; de la mano del protagonista en momentos de su niñez y de su adolescencia. El lector ha de reconstruir el todo a partir del enlace de las partes y la conexión entre el pasado y el presente para definir a los personajes, especialmente el portero y él protagonista de El día antes de la felicidad.

Tiene una forma de escribir muy peculiar, con frases cortas y precisas (sísmicas ha dicho él mismo) y siempre rozando el lirismo.
La luz del día acusa, la oscuridad de la noche otorga la absolución. Salen los transformados, hombres vestidos de mujeres, porque así se lo dice la naturaleza y nadie los molesta. Nadie pide cuentas de noche. Salen los tullidos, los ciegos, los cojos, que de día son rechazados. Es un bolsillo del revés, la noche en la ciudad. Salen hasta los perros, los que carecen de casa. Aguardan la noche para buscar los restos; cuantos perros consiguen salir adelante sin nadie. De noche, la ciudad es un país civilizado (p. 29).
Una obra interesante que incita a seguir leyendo sus obras.


sábado, 19 de abril de 2014

JAMES JOYCE, Ulises.

Tibio fulgor solar en regocijo sobre el mar (p. 85, vol I).
La casualidad, la curiosidad, su rareza y/o singularidad como obra literaria, la originalidad y peculiaridad de la técnica utilizada (la palabra interior) y el capricho de intentar su lectura. Todo eso y mucho más se conjugaron para leer esta obra. No puedo olvidar el hecho de que hubo algunas personas que se ofrecieron a acompañarme en su lectura para no sentirme trágicamente sola, especialmente mi amigo Carlos que siempre, sí, sí, siempre, está dispuesto a embarcarse conmigo en cualquier aventura literaria que le propongo.
Teje, tejedor del viento (p. 105, vol I).
Ulises se presenta en diversos formatos, mi edición es muy antigua, Bruguera-Lumen, y son dos volúmenes traducidos y con un prólogo magnífico de J. M. Valverde. Me gusta mucho abrir cualquier libro para leerlo sin que sus dos partes se muevan, con esta edición es imposible porque se descuajeringa el invento. Pese a todo el cuidado que he tenido, hay hojas sueltas que he decidido mantener en su sitio rodeando los dos volúmenes con una goma “de pollo”.



He ido desgranando tantas indicaciones de James Joyce y de Ulises, que sería reiterativo y aburrido que me repitiera. Sirva de “promesa” que seguiré leyendo sus obras y biografías o ensayos críticos sobre él y su obra. La wiki está ahí para quien quiera informarse sobre autor y obra más allá de lo que yo pueda decir.
Quizás es tan penoso ser despertado de una visión como nacer (p. 62, vol II).
Una obra tan personal como Ulises da licencia para hacer una lectura también personal que no aseguro sea nada correcta, es la apreciación desde Utopía, desde una posición concreta ante la vida, desde la búsqueda de interrogantes, desde el entusiasmo por comprender a un escritor cuya trayectoria personal resulta tan importante como su obra.

La gran protagonista de Ulises es la palabra, o mejor dicho, el pensamiento traducido en palabras. Esa palabra interior como la denomina Joyce, torrentes de pensamiento que se desbocan como el río cuando se desborda y se sale del cauce. Un hombre, Leopold Bloom, que a lo largo de un día piensa miles de sensaciones, juegos, opiniones, chistes, presunciones, arrepentimientos, arrebatos, temores, deseos y muchos más sucesos, muchas veces, intrascendentes. Una mujer, Molly, que aparece siempre como referencia de su marido Leopold y que aporta un torrente de palabras sin una sola coma ni punto en el capítulo último, ya de madrugada (entre las 2 y 3 de la madrugada), cuando Bloom por fin ha vuelto a casa. Y por último, un hombre joven: Stephen Dedalus, contrafigura del autor en su juventud.



Y con la misma importancia que los tres personajes principales, la ciudad de Dublín como marco de referencia siempre presente a lo largo de toda la obra. La clase media dublinesa en la que están encuadrados los protagonistas y con abundantes referencias al resto de la sociedad que poblaba esa ciudad a principios del siglo XX.

Tanto en el prólogo de Valverde como en el esquema de interpretación que el propio Joyce le envió a su amigo, Carlo Linati, y que está reproducido al final de la obra, se dan las referencias que tiene el Ulises con la Odisea. Yo no he acabado de ver la importancia de esas referencias en la obra.

Las claves para leer esta obra desde mi punto de vista (el de una lectora que no es experta en la obra de Joyce) residen en lo siguiente:

En primer lugar no hay que desanimarse en las primeras páginas cuando te encuentras con ese torrente imparable de palabras que traslucen esa palabra interior, esa especie de conciencia interna  que no estamos acostumbrados a ver reflejada en palabras pero que transita dentro de nosotros/as así.



En segundo lugar no podemos pretender entender todo lo que vamos leyendo porque Joyce se recrea en referencias muy locales y en juegos de palabras que hoy en día es imposible comprender y conocer. Hay que leer sobrepasando esas barreras y cuando lo hemos logrado, todo fluye y va encajando cada pieza en su sitio.

En tercer lugar hay que prestar atención siempre a la lectura, es exigente y nos pide concentración, pero compensa porque encontraremos fragmentos sublimes, reflexiones llenas de interés, descripciones bellas.

En cuarto lugar, es una obra que nos abrirá múltiples interrogantes y, con ellos, vías diversas por descubrir. A mí me ha interesado saber qué podía sentir Joyce desde su autoexilio voluntario respecto a la revolución irlandesa de independencia (1916-1922). Coincide la publicación de la obra con el fin del proceso de separación de Irlanda respecto a Inglaterra. Su ataque al nacionalismo se hace muy presente en el capítulo 12 en el que inventa a un Ciudadano que se define por su exaltación de lo irlandés, en contraste con Bloom, judío, masón, extranjero (húngaro) y desarraigado, un auténtico apátrida que adoraba Dublín. 
Resultando que Leopold Bloom sin domicilio fijo es un conocido dinamitero, falsificador, bígamo, alcahuete y cornudo y una molestia pública para los ciudadanos de Dublín (…) (p. 112, vol II) 



Me interesa conocer la relación que tuvo con Nora Barnacle, me parece que fue importante en su vida, y no sé si en su obra. ¿De dónde sale Molly? 

Su anti catolicismo: 
Admirable organización, sin duda, funciona como un reloj. Confesión. Todo el mundo quiere. Entonces se lo contaré todo. Penitencia. Castígueme, por favor. Gran arma en manos de ellos. Más que médico ni abogado. (…) Tipos de cabeza equilibrada deben ser los de Roma: organizan toda la función ¿Y no arramblan con el dinero también? (p. 179, vol I). 
Su regodeo en episodios de contenido erótico-sexual que rechazó más el puritanismo anglosajón que el catolicismo irlandés.

Seda tibia de sol. Atalajes tintineantes. Todo por una mujer, hogar y casas, tejidos de seda, plata, ricas frutas, aromáticas de Jaffa. (…) Una tibia carnosidad humana se le asentó en el cerebro. Su cerebro se rindió. Perfume de abrazos le asaltó entero. Con carne hambreada oscuramente, mudamente ansiaba adorar (p. 290, vol I). 
Me ha interesado estar “dentro” de una persona que divaga, tiene pensamientos contradictorios, sentimientos poliédricos, sensaciones múltiples. Nunca nadie había descrito tan bien lo que ocurre dentro de mí. 

Es una obra única de la que muchas personas conocen su existencia, provoca atracción y aceptación pero también rechazo y repudio. No quiero recomendarla, quizás despierte en alguien la curiosidad por su lectura como me ocurrió a mí, eso sería agradable. Nada más (y nada menos).

sábado, 12 de abril de 2014

PALABRAS DEL CAOS

"Tupelo Honey" es una canción de Van Morrison publicada en el álbum del mismo título en 1971. El nombre deriva de una miel de suave sabor producida en el sureste de Estados Unidos. 

CARATULA DE "TUPELO HONEY"

La canción es de un estilo musical cercano al country cantada por un hombre que nos transmite con su peculiar voz lo que siente por su amada: 


She’s as sweet as Tupelo Honey. Ella es más dulce que la miel de tupelo. 
She’s all right with me. Ella está bien conmigo. 

Pasé una tarde de lunes, agotada por la rutina, escuchando esta canción en la versión de Cassandra Wilson en su álbum Closer to you y, no sé de qué manera, acabé ensoñando este texto que fue cuajando en una conversación posterior con un amigo sobre lo que podía comunicar este tema. 


IBAI ACEVEDO

Todo empieza con una canción que recrea imágenes que transpiran sensaciones cálidas que danzan flotando. “Tupelo Honey” de Van Morrison se eleva desde una suave flauta impulsada por el ritmo de la batería, trazando un puente de estrellas que, uniendo los extremos del océano, dibuja senderos de sueños tapizados con el tejido del vapor que ilumina la luna. 

Largas túnicas de terciopelo se mueven con la pesada liviandad que les otorga la transparencia. Flotan en el aire suspendidos mientras finos cordones, trenzados con seda y cáñamo, se tienden en un sendero de plata que se extiende del Orto al Ocaso. 

Acaso sean melodías que se izan cual velas, trazando cartas de navegación que anclan la ruta del amor maduro, dulce como la miel, y liman la singladura del viento y las mareas. Cada lazo que anudan, define un nuevo tiempo en un antiguo espacio. Son las piezas destejidas que atan el sabio viento del Este con las turbulencias del Caos. 

La suma de lágrimas de lluvia y gotas, que multiplican el azul del mar, resultan reflejos caleidoscópicos que irisan la noche.

miércoles, 9 de abril de 2014

HER de Spike Jonze (2013)


Y es que la vida es así, venía quejándome de que estaba antojadiza y quisquillosa con el cine últimamente, que ninguna película me convencía y que me daba pereza invertir minutos y minutos en ver una película que me dejaba fría y refunfuñando. Y resulta que las dos últimas películas que he visto me han dejado medio noqueada y necesitada de pararme a reflexionar. Pensar y enfriar sensaciones es lo que he necesitado para poder escribir algo sobre la última: Her.



Theodore, un hombre solitario, algo asocial, melancólico, romántico, pero a la vez, realista y rendido a la tecnología, se enamora de alguien virtual, de un sistema operativo diseñado para satisfacer todas sus necesidades. En una sociedad, que está aquí mismo, individualista, frustrante y solitaria, el protagonista (Joaquin Phoenix, en una espectacular actuación) un hombre sensible y tierno pero con dificultades para afrontar las relaciones sentimentales reales sobre todo tras su separación, cae rendido ante una relación virtual hecha a su medida.


Sabes, a veces siento que ya he sentido todo lo que voy a sentir jamás. Y de aquí en adelante nunca voy a sentir algo nuevo. Sólo versiones más pequeñas de lo que ya he sentido.
Las relaciones virtuales dan lo mejor de nosotros mismos, son fugaces y sin compromisos, las adaptamos a nosotros mismos como un guante y si se tuercen las desconectamos con un clic. Jonze da un paso más, da un giro más a la tuerca puesto que imagina un mundo en que la mayoría de las personas se aman a si mismas a través de sistemas operativos de inteligencia artificial creados a su justa medida. Y a pesar de todo, Jonze construye una historia de amor creíble, conmovedora, tierna y lúcida.


Sabes que puedo sentir el miedo que cargas.
La interpretación de Joaquin Phoenix es magistral, construye un personaje apasionante y atractivo con momentos desternillantes (el chat erótico festivo o el juego de ordenador al que acostumbra a jugar son especialmente divertidas) y otros que te dejan al borde del llanto (casi todas las conversaciones con su amada, Samantha). No puedo juzgar la voz de Scarlett Johansson porque no he podido ver la película en versión original.



(…) creo que todo el que se enamora es un raro. Hacerlo es una locura. Es como una forma de locura socialmente aceptable.
Una película original y diferente que puede dar para pensar pero que da para quedarte en una simple y bella historia de amor. Sobre el final no digo ni “mu”.

sábado, 5 de abril de 2014

ANDRÉS NEUMAN, La canción del antílope.

Y continuando con las breves lecturas de poemas que intercalo con el Ulises, un autor del que os hablé hace muy poco: Una vez Argentina, y que quiero continuar leyendo, especialmente su poesía.



 La canción del antílope es muy breve, 55 páginas, y el mismo autor en una breve nota final explica que los antílopes suelen ser criaturas de apariencia agresiva, comportamiento receloso y realidad indefensa.


CAÑÓN DEL ANTÍLOPE

Al autor le fascinan sus muchas variedades y señala que algunas de ellas, como la especie saltadora, están próximas a extinguirse. El antílope como símbolo de belleza y de temor se reflejan en este poemario.



Sobre el autor ya hice una breve referencia en la obra que reseñé hace poco y que se puede consultar en el enlace correspondiente.


Los 18 poemas recogidos en esta obra van precedidos de uno titulado “La máscara” y de “La canción” final. Con ellos, Neuman construye un itinerario de una criatura bella, ágil y amenazada.

Te asomas a la noche y nada de lo suyo parece compasivo.
Las farolas emboscan más que alumbran,
quisieras que tus pasos te alejasen sin acercarte a nada.
Una alarma encendida y este silencio cómplice
parecen delatar el fugitivo,
así que corres
huyes del pensamiento y de esta lluvia lacia, indiferente.
Perdida la costumbre del amor
solo queda, tensándose,
una ansiosa belleza que te busca la espalda.

Criatura llena de temores, por tanto, y que lucha por no extinguirse. A partir de aquí podemos hacer una lectura más o menos literal, yo que tiendo a la metáfora he leído el itinerario de la sensibilidad y de los peligros que la acosan con el paso del tiempo y los desengaños.

El silencio cansado es un mortero. Sentirás
cómo en él van mezclándose la harina de la luna
y el azúcar morena de la noche.
(…)

Lo mejor de la poesía es justamente las posibilidades casi infinitas de lectura que te proporciona.

La banda sonora de estos días de Ulises y poesía es este Mix: My Romance, Sweet Jazz Trio


miércoles, 2 de abril de 2014

ULISES DE JAMES JOYCE

OPINIONES...


No pretendo recoger las opiniones de todos los que han opinado en positivo y/o en negativo sobre esta obra en la que ando enroscada. Solo quiero recoger opiniones de otros escritores a los que he leído y admiro.


Parece que para el mundo de Bloomsbury entre quienes está T. S. Eliot y especialmente mi admirada Virginia Woolf, Ulises constituía un grave problema. Woolf llamó a esta obra un libro underbred, es decir, inadecuado o de clase baja, el libro de “un trabajador que se ha instruido a sí mismo”, el entretenimiento de un estudiantillo “que se rasca con grima sus sarpullidos”. Pero no las debía tener todas consigo porque en 1920 anotó en su diario: “Lo que hago yo probablemente lo está haciendo mejor mister Joyce”.

Cuando murió Joyce, pocas semanas antes que ella se suicidara, anota en el Diario (enero 1941):

Me acuerdo de Mrs Weaver, con guantes de lana, trayendo ‘Ulises’ copiado a máquina a nuestra mesa de té de Hogarth House. ¿Dedicaríamos nuestras vidas a imprimirlo? Las indecentes páginas tenían un aire incongruente: ella era muy solterona, abotonada hasta arriba. Y las páginas rezumaban indecencia. Lo metí en un cajón (…) Luego recuerdo a Tom (T. S. Eliot) diciendo –se publicó entonces- ¿cómo podía volver a escribir nadie después del inmenso prodigio del último capítulo? Por primera vez, que supiera yo, estaba arrebatado, entusiástico. Compré el libro azul y lo leí aquí un verano, creo, con espasmos de maravilla, de descubrimiento, y luego también con largos trechos de intenso aburrimiento (…)


George Orwell, un novelista que he leído con gusto, especialmente 1984 y Homenaje a Cataluña, y que es poco joyceano dijo:

Lo verdaderamente notable de ‘Ulises’ (…) es lo corriente de su material. Claro que en ‘Ulises’ hay mucho más que esto, porque Joyce es una especie de poeta y también un poeta elefantino, pero su auténtico logro ha sido poner en el papel lo conocido. Se atrevió –pues es asunto de atrevimiento tanto como de técnica- a poner al descubierto las imbecilidades de la mente interior, y al hacerlo así descubrió una América que todo el mundo tenía delante de sus narices. Ahí hay todo un mundo de materia que uno creía incomunicable por naturaleza, y alguien se las ha arreglado para comunicarla. El efecto es disolver, al menos momentáneamente, la soledad en que vive el ser humano. Cuando se leen cierto pasajes de ‘Ulises’, uno nota que la mente de Joyce y la de uno mismo están identificados, que él lo sabe todo sobre uno, aunque jamás haya oído nuestro nombre, que existe algún mundo fuera del tiempo y del espacio donde estamos juntos con él.


Y, por último, uno de los varios poemas que Jorge Luis Borges le dedicó al autor de Ulises:

Qué importa nuestra cobardía si hay en la tierra
un solo hombre valiente,
qué importa la tristeza si hubo en el tiempo
alguien que se dijo feliz,
qué importa mi perdida generación,
ese vago espejo,
si tus libros la justifican.


Yo sigo avanzando en la lectura de la obra (voy ya por el segundo volumen) esforzadamente unas veces, con sonrisas en otras ocasiones, con admiración muchas veces, perdida y, por ello, aburrida otras veces, pero en esta ocasión sé que voy a acabar de leerla porque en conjunto me interesa lo que leo. He utilizado el prólogo que escribe J.M. Valverde en el Ulises para elaborar este texto.

sábado, 29 de marzo de 2014

SYLVIA PLATH, Tres mujeres


La lectura de Ulises de Joyce me absorbe lo suficiente como para no poder leer otra cosa. Sin embargo había leído algo (si no me equivoco en el blog de Blasfuemia) sobre este libro de poesía y, dando vueltas por una de las librerías que frecuento, encontré una edición tan bella que no pude resistirme. Tampoco me resistí a leerla en ratos perdidos. El libro tiene 99 páginas y su título responde a las tres voces de mujer que expresan cómo sienten la maternidad.

Sylvia Plath nació en EUA, Boston, en 1932 y murió en Londres en 1963. Conocida como poeta, escribió también prosa como es el caso de la novela que leí hace tiempo, La campana de cristal, y que tiene un carácter semibiográfico. En esta obra narra la vida de la joven Esther Greenwood, su alter ego, a través de un monólogo interior en el que se muestra su inestabilidad emocional siempre colindando con la depresión.

Su padre, Otto Plath, una autoridad en el campo del estudio de la entomología, murió cuando Sylvia tenía ocho años y parece que le afectó de forma crucial en su personalidad. De hecho se consideró que su inestabilidad emocional y sus depresiones se debían al efecto que le causó su muerte. Hoy se cree que padecía un trastorno bipolar que fue el causante de sus depresiones y de sus diversos intentos de suicidio hasta que finalmente logró suicidarse en 1963.


Se casó con el poeta Ted Hughes con el que tuvo una relación difícil hasta que se separó de él por la aventura que tuvo Hughes con la poeta Assia Wevill. En 1961 tuvo un aborto pero finalmente logró tener dos hijos, Frieda y Nicholas.
Plath fue la primera poeta que ganó el premio Pulitzer (1982), a título póstumo, por sus Poemas completos.


Escribía poesía confesional ya que mostraba la angustia emocional que caracterizó su vida. En Tres mujeres escribe un conjunto de poemas a tres voces centrado en la maternidad. Cada voz representa una forma de vivir la maternidad y, seguramente, Plath sintió las tres formas recogidas en esta obra: la mujer para la que la maternidad lo es todo y le da un valor casi sagrado, la que sufre porque no puede ser madre (el aborto que sufrió ella está presente en esta voz) y la que es madre involuntariamente.


Sylvia Plath plantea esta obra como un poema feminista que narra la experiencia de ser mujer, de ser madre, como tema central de sus poemas. La autora lo planteó también como un poema narrado y así lo llevó a cabo en la BBC en 1962.


La edición de esta obra es muy bella y cuidada, se trata de una edición bilingüe ilustrada por Anuska Allepuz. He seleccionado muchos  versos que me han gustado sin atender a cuál de las tres voces responde. Me he quedado con los fragmentos que más me han emocionado y de ellos os reproduzco tres.

Soy lenta como el mundo. Soy muy paciente,
girando a mi ritmo, los soles y las estrellas
me observan con atención.
El interés de la luna es más personal:
pasa y vuelve a pasar, luminosa como una enfermera.
¿Acaso se siente culpable por lo que va a suceder? Creo que no.
Simplemente le asombra tanta fertilidad.
---
La espera pesa en mis párpados, yace como el sueño,
como un gran mar. Lejos, lejos, siento la primera ola arrastrar
su agonía a mi alrededor, inevitablemente, como una marea.
Y yo, una caracola, resueno en esta playa blanca,
Enfrentada a voces abrumadoras, al terrible elemento.
---
¿Qué hacían mis dedos antes de tenerle?
¿Qué hacía mi corazón con este amor?
Nunca había visto nada tan leve.
Sus párpados son flores de violeta,
su respiración, suave como una polilla.
No le dejaré marchar.
No hay perversión ni engaño en él. Debe permanecer así.

He disfrutado, en un sentido profundo y emocionado con su lectura, ojalá si os animáis a leer sus poemas logréis realizar una lectura satisfactoria.


miércoles, 26 de marzo de 2014

JURE KRAVANJA

Uno de los fotógrafos que más me interesa y del que he ido poniendo fotografías, tanto en el lateral como en este pasillo central, es Jure Kravanja, nacido en Celje, Eslovenia, en 1960. 


Es licenciado en Sociología y Pedagogía y fue a partir de los cuarenta años cuando empezó a interesarse en la fotografía, convirtiéndose para él en una pasión y, en definitiva, en una forma de vida.

Se considera un fotógrafo semiprofesional y su trabajo se centra en los temas siguientes:

Abstracciones




Líneas arquitectónicas




Paisajes




El mundo del trabajo




Y otros temas siempre llenos de una sensibilidad especial



Ha recibido varios premios internacionales FIAP y ahora su principal interés radica, puesto que trabaja en la Clínica Psiquiátrica Center Ljubljana (Eslovenia), en la fotografía como medio de diagnóstico y tratamiento terapéutico.

sábado, 22 de marzo de 2014

MORIR EN EL EXILIO


He sabido que algunas instituciones y partidos políticos se están planteando pedir la repatriación del cuerpo de Antonio Machado, información sobre la que publicó Emilio Manuel un interesante texto hace pocos días. Y como soy de cavilar, el tema se quedó danzando y dando vueltas en mi cabeza.


Cuando visité la tumba de Machado en Collioure sentí una emoción difícil de describir. Emoción porque admiro desde hace muchos años su poesía y porque su compromiso y coherencia le condujo, enfermo y a punto de morir, camino del exilio donde fue enterrado en una modesta tumba junto a su madre. Me impresionó, en un país que tan faltos estamos de referentes laicos a quienes recordar y admirar, la cantidad de personas que pasaban por su tumba en una mañana cualquiera de finales de invierno. Me conmovió ver papelitos doblados con escritos dedicados al poeta, flores frescas, sencillos regalos de recuerdo y conmemoración, cintas con los colores de la república, poemas, etc.

Me gustaría que Machado estuviera en nuestro país, pero ¿cuántas personas tendríamos que repatriar?


Miles y miles de personas fueron muriendo en el exilio en los largos años de la dictadura, la mayoría de ellas son desconocidas y, por ello, ninguna institución las reclamará. Están dispersas por Europa y América y sus descendientes allá se quedaron también. Otras muchas eran personas ilustres por motivos diversos: poetas, filósofos, músicos, pintores, científicos y muchas personas de partidos y sindicatos que se habían significado por sus ideas democráticas o revolucionarias.

El dos veces presidente de Gobierno y de la República, Manuel Azaña, está enterrado en Montauban (Francia, 1940), el también presidente de Gobierno, Santiago Casares  Quiroga está enterrado en París (Francia, 1950). El presidente de la Generalitat, Lluis Companys, exiliado en Francia fue capturado por la Gestapo y entregado a las autoridades franquistas que lo fusilaron en Montjuïc (Barcelona, 1940), la misma suerte corrió el anarcosindicalista Joan Peiró, ministro en el Gobierno de Largo Caballero que fue fusilado en Paterna en 1942. El socialista Francisco Largo Caballero, Ministro de trabajo y presidente de Gobierno durante la Guerra Civil, está enterrado en Paris (París, 1946) al igual que el último presidente de Gobierno durante la guerra civil, Juan Negrín (París, 1956). La primera mujer ministra, la anarquista Federica Montseny, vio morir a su madre Teresa Mañé y su padre Juan Montseny al poco tiempo de pasar la frontera camino del exilio, ella misma fue enterrada en Toulouse en 1995. La misma suerte corrió Juan García Oliver, ministro anarquista de Justicia (Guadalajara, México, 1980).  En Lausana (1972) está la tumba de Clara Campoamor, la republicana que de forma más coherente y decidida defendió el voto para la mujer en la discusión que se produjo al respecto cuando se elaboró la Constitución en 1931. Numerosos intelectuales y científicos fueron acogidos en México (único país que no envió representación diplomática a España mientras se mantuvo la Dictadura franquista) y allí residen sus tumbas.

No puedo olvidar que otras muchas personas, entre las que se encuentra otro poeta, Federico García Lorca (Granada, agosto 1936), al que profeso también una gran admiración, continúan en cunetas y fosas donde fueron fusilados durante la Guerra Civil.

Dijo Joan Peiró cuando afrontó la muerte al ser fusilado:
Con mi muerte, me gano a mí mismo.

Con su muerte, y nuestro recuerdo emocionado, los ganamos y nos ganamos a nosotros mismos. No creo que debamos moverlos de la tierra que los acogió (otra cosa son los enterrados en fosas y cunetas, pero eso es otro tema de cavilación).