El gusto por la poesía ha vuelto a mí tras años de no leer ni un solo poema. No puedo sino celebrarlo.
MARINA TSVIETÁIEVA, Cartas de Wilno (1934-1935).
El libro lo compré por el interés que despertó en mí la poesía de esta autora. Como he ido a Barcelona varios días en la primera semana de enero me ha ido bien por su ligereza.
La obra está en mi mesa con una pinza navideña que me ha servido para que no se levantar la tapa y poderla fotografiar.
Las Cartas tienen una extensión de 93 páginas que se alargan a 100 con las notas de los traductores. El título no tiene ninguna dificultad ya que son las cartas que, por azar, se encontraron en un desván de la casa de Natalia Hajdukiewicz, destinataria de las mismas, por uno de sus familiares en el año 2001, en Wilno (o Vílnius), Polonia.
Sobre la autora ya hice referencia en el comentario hecho con anterioridad sobre sus poesías.
Estas cartas están escritas desde Francia, donde se había instalado la autora, y recogen sus opiniones sobre diversos temas cotidianos y literarios. Las Cartas muestran la especial y peculiar personalidad de la autora en su forma de ver la vida. Me ha interesado menos que su obra poética.
FRAGMENTOS:
“… a partir de un cierto nivel de profundidad ya no hay –un yo en propiedad porque ya no hay- otro: todo está en uno y ese uno somos nosotros. Pero esto, lo siento más –con las mujeres. Y también con la naturaleza” (pp. 11 y 12).
Me ha gustado mucho este verso, recogido en alemán en la última carta de la autora, de un poema de Goethe titulado Consolación por las lágrimas:
“Las estrellas no se pueden desear:
Pues ya gozamos con su brillo”
RECOMENDACIÓN: Tiene un interés relativo aunque ayuda a conocer a la autora.
ÁNGEL GONZÁLEZ, Palabra sobre palabra.
Mi existencia blogger me ha inducido a volver a la poesía. Había leído mucha poesía de veinteañera pero luego la abandoné sin saber muy bien porqué. Visito algunos blogs de poesía y he entrado en contacto con algunos bloggers que la aprecian mucho y, poco a poco, he vuelto a ella. Este autor me gustaba ya en mi primera época y cuando vi este libro decidí comprarlo. Me gusta leer cada día, sobre todo antes de irme a dormir, unos cuantos poemas, por lo que el libro lo he tenido en mi mesita de noche muchos meses. Leer poesía por la noche me calma y me aporta la paz necesaria para dormir con tranquilidad.
El libro tiene 496 páginas agrupadas por capítulos que recogían, a fecha de 1968, toda la poesía que había publicado el autor. La edición que tengo está actualizada incluyendo su obra poética hasta 1992.
Ángel González (1925-2008) es considerado uno de los más destacados representantes de la llamada generación de medio siglo. En 1985 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, y en 1996 el Premio reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En ese mismo año fue elegido miembro de la Real Academia Española.
No me voy a arriesgar a comentar poesía porque soy consciente de mi ignorancia. En poesía me dejo llevar por la intuición y la empatía que me producen los poemas cuando los leo. Hay algunos poemas que me gustaran siempre, lo he comprobado cuando he visto señalados poemas o versos en mis libros leídos cuando era veinteañera, otros que me pasaron inadvertidos en la juventud los disfruto ahora… y al contrario.
Me voy a limitar a dejar hablar al poeta.
“El escenario y el tiempo que corresponden a mi vida me hicieron testigo de innumerables acontecimientos violentos: revolución, guerra civil, dictaduras. Sin salir de la infancia, me convertí, de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía. Regreso, casi viejo, a los orígenes, súbdito de nuevo de la misma Corona. Zarandeado así por el destino, que urdió su trama sin contar nunca con mi voluntad, me resigné a estudiar la carrera de Leyes (…). Larga y prematuramente adiestrado en el ejercicio de la paciencia y en la cuidadosa restauración de ilusiones sistemáticamente pisoteadas, me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros, y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora, de la metonimia y de la reticencia. Si acabé escribiendo poesía fue para aprovechar las modestas habilidades adquiridas por el mero acto de vivir. Pero yo hubiera preferido ser músico –cantautor de boleros sentimentales- o tal vez pintor”.
Hay muchos poemas que me gustan y la selección es muy difícil. Uno de mis favoritos desde hace mucho tiempo es Muerte en el olvido:
Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita…
No el dolor verdadero,
que enmudece;
sino esa sutil forma de tristeza
que no es apenas nada
más que ausencia de dicha.





















