viernes, 25 de marzo de 2016

CESARE PAVESE: El oficio de vivir

Autor y libro aparecían mencionados aquí y allá (no recuerdo haber leído reseña alguna en los blogs habituales) y en mi libreta de sugerencias lectoras iba y venía sin que me decidiera a leerlo. La última vez fue en febrero en un artículo breve de Fernando Savater que además indicaba que también Vila-Matas estaba leyéndolo. Así que no podía dejar pasar tantas causalidades-casualidades reunidas y me lancé a su lectura quizás en un momento poco propicio (no es la primera vez que, pese a saber que no es buen momento, acabo encarando una lectura compleja porque estoy convencida, justo en ese “mal” momento, de hacerlo). Propuse a Carlos y a Marcelo Z si querían acompañarme en la aventura y ambos aceptaron, sin embargo Marcelo no pudo hacerse con un ejemplar y no se unió a la lectura. Tampoco yo encontré un ejemplar, tanto el mío como el de Carlos (de dos ediciones diferentes pero el mismo traductor, Ángel Crespo) son préstamos bibliotecarios.  



Cesare Pavese (1908-1950) 

Escritor italiano, estudió filología inglesa en la Universidad de Turín, ciudad en la que nació. Debido a sus estudios leyó y tradujo a numerosos escritores norteamericanos entre los que se encuentran Gertrude Stein, John Seinbeck o Ernest Hemingway.
La llegada al poder del Partido Nacional Fascista italiano en 1922, con B. Mussolini a la cabeza, puso difíciles las cosas a los escritores críticos con esta ideología, el propio Pavese acabó en la cárcel por sus escritos antifascistas en 1935. Pese a ello, afirma que… 
(…) la inteligencia humanista –las letras y las bellas artes- no sufrió bajo el fascismo; pudo desahogarse, aceptar cínicamente el juego (363). 
Aunque Pavese se consideró parte de la Resistencia, durante la II Guerra Mundial, lo hizo como estudioso y pensador, no como activista. Entre 1943 y 1945 se refugió en casa de su hermana y en el colegio de Somascos en Casele Monferrato sin contacto directo con los acontecimientos que sacudieron Italia, mientras que algunos de sus amigos murieron por su activismo en la Resistencia. Quizás por compensar esta falta de compromiso entró en el P. Comunista tras la guerra.

¿Qué es El oficio de vivir? 
Quizás la obra debiera llevar por título “El oficio de escribir” por la abundancia de análisis que realiza y el constante proceso de síntesis que refleja, este hombre parece que vivía plantado sobre un heterogéneo sembrado de obras precedentes de las que se nutría y por las que fructificaba.
Es un Diario que comienza en 1935 cuando Cesare Pavese tiene 27 años y le quedan 15 de vida. Nuestra lectura conjunta ha dado para más de veinte páginas de comentarios, fragmentos y citas, esta reseña las reduce a sólo seis.

El autor le dio a la primera parte de El oficio de vivir, que comprende lo escrito entre octubre-diciembre de 1935 y febrero de 1936, el título de Secretum Professionale (parece que es un título similar a uno de Petrarca). Esta primera parte es un intento de prolongación de sus reflexiones acerca de la poesía y comprende las páginas escritas durante su confinamiento en Brancaleone Calabro. No es un Diario al uso puesto que poco alcanzamos a saber de su vida cotidiana, de la ciudad en la que vive, de amigos o amigas o de la propia situación política.

 Ahora sé que estas notas de diario no cuentan por sus descubrimientos explícitos sino por la rendija que abren sobre la manera de ser que tengo inconscientemente. Lo que digo no es verdad pero traiciona –por el solo hecho de que lo diga- a mi ser (338). 
Tanto Carlos como yo enseguida nos apercibimos que el autor, que escribe en segunda persona, revisa y reconstruye el Diario, situándose entre la fina línea de la realidad y la ficción que va construyendo. 
Se parece a ciertos días del 46 romano. Si leo aquellos días, sólo comprendo lo derrotado que estaba. Nada se pierde. (326) 
Quizás ésta frase sea una de las claves que explican la pervivencia de éste diario. La constante y recurrente lectura, y quizás, la reescritura de las páginas precedentes quizás indiquen un cierto narcisismo al contemplarse en ella como si fuera un espejo.
Estamos ante una obra de Metaliteratura (aunque muy diferente, coincide con la anterior lectura de Vila-Matas), es decir, un ejercicio de reflexión literaria (poética) que aporta luz a la misma. Libro de libros y escritores, nombra entre sus páginas a numerosos autores como Baudelaire, Stendhal, Sakespeare, Dante, etc. Y muchas vueltas sobre el oficio de escribir, él mismo pasa de la poesía a la narración, para ir mejorando su estilo.
Entre estas reflexiones hace una comparación interesante cuando señala que Stendhal y Hemingway, no narran el mundo, no acceden a la realidad. Tienen, según Pavese, una constante de tensión humana que se resuelve en situaciones sensorio-ambientales expresadas con inmediatez. Su ideología en literatura es la energía, la claridad, la no-literatura.

Flaubert y los ambientes, Dostoievski y la construcción del mundo dialéctico, Faulkner estiliza atmósferas y mitologiza, Lawrence indaga una esfera cósmica. Todo lo que hacen estos no lo hacen Stendhal y Hemingway (344).
Stendhal y Hemingway tienen bloques de realidad, experiencias angulares que prestan ritmo y carencia. Hemingway tiene la muerte violenta, Levi el destierro, Conrad la perplejidad de los mares del Sur, Joyce el estereoscopio de las palabras-sensaciones, Proust la inaprehensibilidad de los instantes, Kafka la cifra del absurdo, Mann la repetición mítica de los hechos (345).
Un ejemplo de los muchos en el que Pavese realiza una valoración de varios escritores que puede ofrecer mucha luz a los que los leemos.



La vida o la angustia de existir. La mujer 

El oficio de vivir es un ramillete de reflexiones sobre sus angustias existenciales, leyéndolo se ve cuánto le preocupa la soledad, la falta de amor, la infidelidad, los celos y el fracaso, (además del tema sexual) a menudo narrado bajo el prisma de la impotencia. Su manera de definir a la mujer es terrible, desde la ingenua a la perversa y a la mujer fatal que lleva al hombre a la ruina. Y sin embargo su necesidad de la mujer es casi angustiosa.
Es muy desconfiado hacia los ideales, quizás por eso no se comprometió directamente con la resistencia durante la guerra, algunos de sus amigos murieron por hacerlo. Habla de la “jungla de intereses” y de los “entusiasmos por el ideal” que pueden acabar rompiéndole la cabeza a quien no tiene el mismo ideal (92).
Estas solo y lo sabes. Has nacido para vivir bajo las alas de otro, sostenido y justificado por otro, pero que sea tan gentil que te deje hacer el loco y hacerte la ilusión de que tú solo te bastas para arreglar el mundo. No encuentras nunca a nadie que aguante tanto; de aquí proceden tu sufrimiento y tus desintereses, y no de la ternura. De aquí tu rencor contra el que se ha ido; de aquí tu facilidad para encontrarte un nuevo protector, y no de la cordialidad. Eres una mujer, y como mujer eres terco. Pero no te bastas tú solo, y lo sabes (346). 
Está y no está en el mundo 

Resulta sorprendente la poca referencia que hace al fascismo italiano y a la guerra, mientras sus amigos entraron en la Resistencia y algunos, como Leone Ginzburg, murieron. Al saber de la muerte de Leone Ginzburg (5 de febrero) torturado por los alemanes, dice el 3 de marzo: 
Lo he sabido el 1 de marzo. ¿Existen los demás para nosotros? Querría que no fuese verdad para no sentirme mal. Vivo como en una niebla, pensando en ello siempre pero vagamente. Uno acaba acostumbrándose a este estado, en el que se deja para mañana el dolor verdadero, y así se olvida y no se ha sufrido (291). 
La única referencia directa al fascismo la hace en relación al arte fascista, afirmando que estuvo encarnado en la escuela romana formada por periodistas, aventureros, escritores, pintores, etc.
Donde el fascismo vigiló fue en la comunicación entre la inteligencia y el pueblo; tuvo al pueblo a oscuras. Ahora, dice, no hay que ir hacia el pueblo sino “ser pueblo”, vivir una cultura que tenga sus raíces en el pueblo y no en el cinismo de los libertos romanos (363). 
Considera positivo el encuentro entre una cualidad y una cultura preexistente (eso implica adaptarse y comprender, ese es el espíritu griego), rechaza que los pueblos sometan, destruyan o vegeten. Del esfuerzo por adaptarse y comprender, dice Pavese, nació el distanciamiento, la ironía, la plasticidad, la racionalidad, la libertad individual. Los otros pueblos no salieron nunca del magma materno (autoctonía, satrapía, esclavitud universal. En arte: fábula y decoración hierática) (373).

Muy interesante el argumento de porqué el escritor no debe vivir de escribir:
 Porque entonces tendría que suministrar la mercancía que le encargasen. Ya no es libre ante sí mismo. En cualquier momento el escritor debe poder decir: no, esto no lo escribo. Es decir, tener otro oficio (378). 
El suicidio 

Desde el inicio del diario, Pavese habla del suicidio como una posibilidad concreta y próxima para acabar con el sufrimiento y la angustia existencial que lo corroe. 
El último año de vida, 1950, es un camino cuesta abajo motivado por su propia evolución personal de sufrimiento existencial e inadaptación a lo que se unirá una nueva decepción amorosa con la actriz norteamericana Constance Dowling (Nada. Tengo carbón en el cuerpo, brasas bajo las cenizas. ¿Por qué, Connie, por qué? (409). 

Resulta triste y opresivo ver como desde el primer día del año habla ya de suicidio, hace balance del año antes de tiempo y toma la decisión dejándolo por escrito en su última anotación el día 18 de agosto. 

1 de enero

Roma calla. Ni las piedras ni las plantas dicen gran cosa. Aquel invierno estupendo; bajo el sereno pungente, las bayas de Leucò. La historia de siempre. También el dolor, el suicidio, creaban vida, estupor, tensión. En el fondo, en todos los grandes períodos has sentido siempre la tentación suicida (…)
La idea del suicidio era una protesta de vida. ¡Qué muerte no querer morirse! (399).
Ahora, a mi modo, he entrado en el remolino: contemplo mi impotencia, me la siento en los huesos, y me he comprometido en la responsabilidad política, que me aplasta. La respuesta es una sola –suicidio (411).
Los suicidios son homicidios tímidos. Masoquismo en vez de sadismo (414).

18 de agosto

La decisión estaba tomada:
Todo esto da asco. No palabras. Un gesto. No escribiré más (415, últimas palabras escritas). 

Un balance… 

Al tratarse de un Diario muy introspectivo, su lectura resulta a veces pesada, da la impresión de girar sobre sí mismo sin encontrar salida a sus angustias. Sin embargo sus reflexiones literarias y políticas suelen ser ricas y profundas, pensamientos de un hombre en permanente crisis y con pocas habilidades para afrontar las dificultades amorosas (U-topía). 

A favor de la obra, la constancia que ha tenido Pavese en mantener el ritmo del diario, al mismo tiempo que completaba su propia obra poética y literaria, el valor de dejar algunos sentimientos crudos, casi con desesperados gritos, sobre su sufrimiento amoroso al declarar su impotencia sexual y sus tendencias suicidas. No me lo puedo imaginar riendo o cantando de alegría. En contra, la incapacidad de ofrecer una exposición ordenada de sus análisis literarios, hubieran servido como un buen texto educativo (Carlos).

viernes, 18 de marzo de 2016

EL JODER Y LAS PORQUERÍAS





 La verdadera fiesta para una mujer no es irse a la cama y gozar del miembro, sino acariciar a un fulano y hacerse acariciar y encapricharse y negarse. Este placer se vuelve luego delirante si ese fulano está desesperadamente enamorado. Y se comprende: al joder, se jode y basta –una mujer tiene todo que perder pero, pero haciendo porquerías, se goza con los sentidos, se subyuga al hombre, se triunfa de su deseo, se crece en valor sexual y se sabe que mañana, si se quiere, se podrá echar un polvo. Cosa que no es tan segura para el hombre.
CESARE PAVESE: El oficio de vivir, p. 93
Cuando leí este fragmento quedé impactada por el tono. Un escritor como Pavese es capaz de una finura impresionante cuando habla de literatura, de escritores, de técnica… y sin embargo, habla de sexo con zafiedad y coloca a la mujer en una posición de “eva” pecadora, de mujer fatal, de egoísta, de enemiga del hombre.
Mucho se ha especulado sobre la disfunción eréctil de Pavese y el efecto letal que causó en el escritor por el miedo al fracaso en un espacio que valoraba mucho: la cama. 
Las mujeres son un pueblo enemigo, como el pueblo alemán (336).


viernes, 11 de marzo de 2016

ENRIQUE VILA-MATAS, París no se acaba nunca

No había leído nunca a Vila-Matas. No sé por qué nunca se había cruzado en mi camino, así que hace unos meses vi en la sección de bolsillo de mi librería habitual esta novela y la compré. Sin embargo se quedó en la extensa estantería de pendientes, no me llamaba la atención. Fue un comentario de Krapp, en el que hizo una referencia a Vila-Matas, la que me llevó a cogerlo y a encontrar el hueco para leerlo.

Las primeras páginas me desorientaron…
No sé con qué fundamento, me había hecho a la idea de que las novelas de Vila-Matas eran “otra cosa”, que iba a encontrar una novela de ficción clásica. Y no, no fue así. El principio me desorientó porque el autor juega respecto a qué es el texto, si se trata de una conferencia sobre la ironía literaria para un simposio en El Puerto de Santa María o si se trata de una novela:
¿Soy conferencia o novela? (83).
Desde luego la ironía está muy presente en París no se acaba nunca, una ironía que el propio autor califica de benévola, compasiva. Una ironía que se mueve entre la desilusión y la esperanza, sin ferocidad (17). Ironía que aplica a los dos años que el autor pasó en París donde se instaló, en 1974, en una pequeña chambre que le alquiló Marguerite Duras. Años de aprendizaje en los que Vila-Matas confiesa que no aprendió mucho.


¿Qué es, pues, París no se acaba nunca?
Es un libro sobre libros, lo que se llama Metaliteratura, es decir, un ejercicio de reflexión literaria que aparece en la propia obra literaria y aporta luz a la misma. Vila-Matas es un personaje más en la novela, así como otros escritores, especialmente Hemingway y Duras, con lo que la ficción y la realidad se entremezclan y la línea que las separa es muy fina. El amor a los libros es protagonista puesto que la literatura es el centro temático del propio argumento de la historia, en concreto, la escritura de su primer libro, La asesina ilustrada. Gertrude Stein, Roland Barthes, Georges Perec (este último autor hace tiempo que lo tengo pendiente y una de sus obras está en mi estantería), Julio Ramón Ribeyro y otros muchos, aparecen a lo largo de las páginas, incitándonos a buscarlos y, naturalmente, a leerlos.
En esa fina línea entre ficción y realidad, Vila-Matas se muestra de joven y se autoaplica la ironía provocando momentos divertidos como cuando explica que se compra dos pares de gafas y una pipa para hacerse el bohemio en las terrazas de los cafés parisinos o cuando habla de su propia familia que es quien le financia su estancia en París.

La segunda parte de la novela me ha encandilado
Una vez que comprendí que no era una novela de ficción al uso y me “orienté”, ha sido una delicia descubrir de la mano de Vila-Matas sus reflexiones llenas de fino humor sobre literatura, escritores, vecinos de rellano o del barrio, cine, rock o visitas a la Barcelona inmediatamente posterior a la muerte de Franco. En paralelo está también la visita a París que hizo treinta años después, en agosto de 2002, acompañado de su compañera Paula y con la distancia que produce la edad y las experiencias posteriores.

Mi fragmento favorito…
Dudaba mucho, eso está claro. No era algo que fuera especialmente malo, pero me faltaba saber que no lo era. Sufría dudando tanto y podría haberme ahorrado el desasosiego y dudar sin más, sin problema alguno. Ignoraba que dudar es escribir. Lo diría Marguerite Duras en 1995, hacia el final de sus días: “Ya puedo decir lo que quiera, nunca sabré  por qué se escribe y cómo no se escribe. En la vida, llega un momento, y pienso que es total, del que no nos podemos librar, en el que todo se pone en tela de juicio: dudar es escribir” (182).

Tengo tres recomendaciones de Krapp sobre este autor y las buscaré…

viernes, 4 de marzo de 2016

CARLA GUELFENBEIN, Contigo en la distancia

Esta novela no tenía historia detrás pero su lectura la construyó…

Llevaba mucho tiempo leyendo “novelas sin ficción”. Tengo que confesar que he caído rendida en este tipo de literatura y que me ha costado elegir una novela de ficción clásica. Por suerte, tuve el acierto de elegir entre diversas posibilidades que tenía en mis estanterías de pendientes la novela de esta escritora chilena. Pero no eran solo las “novelas sin ficción” las que retenían mi gusto por la ficción, he de añadir a este tipo de literatura, el bucle de lecturas en el que estoy instalada desde hace ya un par de años sobre los acontecimientos históricos sucedidos en la década de 1930 y hasta 1945, con especial interés por comprender e indagar en lo sucedido en la llamada “guerra civil europea”. Ese interés por comprender el aspecto histórico pero también indagar en la naturaleza (¿alma?) humana me ha conducido a los ensayos, la filosofía y los testimonios. Y por ahí sigo, quién sabe hasta cuándo.
Todos estos “inconvenientes” han tironeado de mí alejándome de la ficción, sin embargo Contigo en la distancia me ha absorbido y me ha hecho disfrutar mucho. Solo por ese motivo estoy contando esta historia que su lectura ha contribuido a construir sin que existiera previamente.


¿Una novela de amor e intriga?
Así aparece catalogada en la contraportada. Es un buen anzuelo si la historia tiene calidad en cuanto a la trama, sus personajes están bien construidos y el estilo está cuidado y es eficaz a la hora de contarnos la historia.
La autora ha sabido construir varias historias de amor, enigmas que nos atrapan y varios personajes de gran personalidad, especialmente la protagonista, Vera Sigall, alrededor de la cual giran el resto de personajes: Horacio, su pareja durante unos años; su hijo Julián; Daniel, un joven que intima con ella cuando Vera es ya una famosa y anciana escritora; la extraña y peculiar Emilia que investiga la obra de Vera; y otros personajes menores que aportan su grano de arena.
Carla Guelfenbein escribe bien y construye una novela en la que todas las historias se entremezclan con pericia para crear interés por saber cómo se resuelve la intriga.

La trama y el título…
El evocador título, que evoca amores imposibles, está basado en una canción de César Portillo de la Luz,Contigo en la distancia.

La trama está dividida en tres partes de la que la más extensa es la segunda. En la primera parte se presenta a casi todos los personajes importantes y su relación con Vera, el accidente que la dejará inconsciente y conectada mecánicamente. La segunda parte retrocede en el tiempo y, a través de Horacio conocemos su relación con Vera y su influencia en la obra literaria de este. La posibilidad de que el accidente de Vera sea provocado le añade misterio a los acontecimientos, concluye con su muerte sin llegar a despertar. En esta parte cobra relevancia la relación entre Daniel y Emilia. En la última parte sabemos que el relato de Horacio es un manuscrito enviado a Emilia y que venía desgranándose desde el inicio de la segunda parte. En esta parte se resuelven los enigmas construidos en las dos partes anteriores y que no desvelaré.
Una sorpresa personal que ha impedido que no me haya alejado mucho de mi bucle es que Vera es judía y sobrevuela en algunos momentos el horror de lo ocurrido en el Holocausto. He podido saber también que existe una placa en el boulevard de Grenelle nº 8, en París, dedicada a los 13.152 judíos  que sacados de sus casas en julio de 1942 fueron llevados al Velódromo de Invierno y enviados a Auschwitz. He visitado muchas veces París, la ciudad europea que conozco mejor, sin embargo no conocía esta placa, pero la visitaré sin duda alguna en el próximo viaje.


La protagonista…
Uno de los atractivos de esta novela es la protagonista, Vera Sigall:
Sus ojos eran escrutadores, alertas, pero a la vez indiferentes, casi crueles. Contemplaba a sus interlocutores, y luego pasaba la mirada por el césped, por los álamos, el cielo y los pájaros graznando a lo lejos. Tenía la nariz prominente y fina, pómulos salientes, labios gruesos en una boca ancha, ojos rasgados y felinos (…). Poseía una de esas bellezas llamativas, que en una mujer menos misteriosa no me habría causado curiosidad  (88).
Sabemos al final de la novela, en los Agradecimientos, que la vida de Clarice Lispector está entretejida en esta novela con la de Vera Sigall y con la mía (353). Esta referencia me recordó la descripción que hice de esta escritora cuando comenté una de sus obras.

El personaje de Vera está lleno de misterio, atractivo, riqueza de matices, inteligencia, creatividad y valentía. Todos estos elementos hacen que los demás personajes pivoten alrededor de su personalidad pese a que sabemos de ella por su pasado al quedar en coma tras el accidente.

Mis fragmentos favoritos:

Sobre el nombre:
Recordé lo que tú decías. Que al pronunciar un nombre, unos hilos invisibles nos unen a la persona que nombramos (159).
Sobre la felicidad:
Pensé que la felicidad llega por los caminos más extraños. A su propio aire. No hay forma de convocarla, ni esperarla. Puede aparecer, como no hacerlo nunca (163).
Sobre los recuerdos:
Ya lo enunciaban los griegos: la memoria se ancla a los lugares para poder sobrevivir. Sitios que el alma crea para poder guardar sus recuerdos (337).

Una buena novela.


viernes, 26 de febrero de 2016

ORHAN PAMUK, Estambul. Ciudad y recuerdos.


Este libro tiene una historia detrás...
Hace años que sueño con viajar a Estambul y otras zonas de Turquía, he hecho tres intentos que por motivos diferentes se han frustrado. Leyendo esta obra me he dado cuenta que no soy nada original, desde el siglo XIX europeos, especialmente escritores y artistas, soñaron con viajar a esta ciudad y lo hicieron dejando testimonio de cómo era Estambul.  Edmondo de Amicis, Hans Christian Andersen, Charles Baudelaire, Eugène Delacroix, Gustave Flaubert, entre otros, aparecen en las páginas de Estambul. Ciudad y recuerdos.

No desisto, pese a que ahora no es el mejor momento, de cumplir con mi sueño que seguramente, como en el caso de los europeos decimonónicos, tiene mucho de romántico al hacerme una idea idílica de Oriente. Entiendo la utopía (lo idílico) a la manera de Foucault como heterotopía, es decir, como utopía abierta con capacidad de interpretación y de proyección sobre espacios claros y rotundos. Estambul puede ser para mi esa heterotopía, ese lugar preciso y real que puedo situar en el mapa y no el no lugar que es la lectura  convencional de utopía. Confío que así será puesto que esta obra ha acrecentado mi deseo de viajar hasta allí.


¿Pamuk da una imagen idílica de Estambul? ¿Qué es Estambul. Ciudad y recuerdos?
No, no da una imagen idílica. Y tiene mucho mérito puesto que el autor sigue viviendo en Estambul y ama su ciudad hasta el punto de dedicarle un libro como este. Pamuk refiere que lo que le hace especial es haber permanecido cincuenta años en el mismo lugar, incluso en la misma casa, en una época condicionada por la multitud de emigraciones (16). Interpreta el autor que esa dependencia de Estambul significa que el destino de la ciudad es el suyo, que es ella la que ha formado su carácter.

A partir de esta declaración de amor a su ciudad, el autor señala que cuando nació en 1952, Estambul vivía los días más pobres, aislados y alejados del mundo de sus dos mil años de historia. Esa situación provocó una amargura por la sensación de hundimiento que dejó el Imperio otomano, por la pobreza y por dejar una ciudad llena de ruinas que definen a Estambul a lo largo de toda su vida y a él mismo. Por ello, afirma Pamuk, Estambul es para mí un destino incuestionable. Este libro es sobre ese destino… (17) y por ello lo considera un libro de memorias (373).

El relato y la amargura
Sin duda alguna la identificación de Estambul con la amargura es el leitmotiv de este libro de memorias. La amargura se destilaba gota a gota procedente de una cultura muerta, de un imperio hundido. El deseo de occidentalizarse procedía de la necesidad de librarse de todo aquello que estaba cargado de recuerdos llenos de amargura y tristeza que quedaban del imperio desaparecido, era como tirar a la basura la ropa, los adornos, los objetos personales y las fotografías de una hermosa amante que se ha muerto de repente para librarnos de su destructor recuerdo (44). En Estambul no se protegen los monumentos históricos como si estuviesen en un museo, simplemente se vive entre ellos.

La amargura estaba presente en el sentimiento de la música local, en la poesía, en una manera de ver la vida y en una actitud mental. Al contener todas esas particularidades, se traduce en un estado espiritual que la ciudad ha hecho orgullosamente suyo (112). Este estado espiritual se manifiesta en los lugares y momentos en que se confunden el sentimiento mismo y el entorno que hace que la ciudad lo sienta (115) y pasa a desgranar  todas las posibilidades en que ve manifestado este sentimiento de amargura (en las páginas 115 a 122).


Estambul vive con cierta tensión la occidentalización deseada y buscada por los sectores acomodados y la consolidación del nacionalismo turco. Fuente de conflicto que como sabemos hoy ha derivado hacia el segundo por la influencia de la religión musulmana que Pamuk observa, en su tiempo de joven estudiante de arquitectura, como cosa de las clases populares.

Por lo demás el relato son las memorias del autor desde su nacimiento a los veinte años. Se divide en treinta y siete capítulos en los que Pamuk va desgranando sus recuerdos de la ciudad, de su casa, de su familia, de la escuela (delicioso el capítulo 13 dedicado a ella), de las calles por las que pronto empieza a vagabundear, de sus aficiones, de su necesidad de cariño, del sexo, de su primer amor, de sus estudios de secundaria y de la Universidad, su placer por la pintura, etc. La ciudad de esta manera va cobrando vida a través de sus palabras y de las numerosas fotografías que ilustran los capítulos. El Bósforo visto desde el Ford Taurus de su padre, el humo de los vapores, las calles, las viviendas… y los retratos de la familia: la abuela, una especie de matriarca, el padre que abandona el hogar continuamente para vivir con su amante ante la desesperación de la madre y las peleas con su hermano.

Aparece también el trasfondo histórico tanto del pasado otomano como de la Turquía del siglo XX, golpes de Estado, el auge del islam, la imposición del turco y la desaparición de las diversas lenguas que se hablaban de la época del imperio, la minoría rumí y el ataque sufrido en 1955 y otros acontecimientos. Un mosaico que me recuerda, salvando las distancias, al Danubio de Magris y al Ulises de Joyce por su acercamiento a un espacio o ciudad a través de las impresiones, sensaciones y emociones del autor.

Libro de libros y de escritores
Ya he señalado que menciona a numerosos escritores europeos, pero quiero referirme ahora a los cuatro amargos autores solitarios que recoge en el capítulo 11 (130-138): el gran y gordo poeta Yahya Kemal, el popular historiador Resat Ekrem Koçu, Ahmet Hamdi Tanpinar el novelista y el escritor de memorias Abdülhak Sinasi Hisar. A los cuatro imagina el autor caminando bajo la misma lluvia, subiendo las mismas cuestas y cruzándose sus caminos.
De Tanpinar resalta Pamuk su obra Paz, de la que he encontrado excelentes referencias, por tanto una obra a tener en cuenta.
Y un cruce de lecturas en la mención que hace a Joseph Brodsky, el poeta ruso muy presente en la novela Limónov de Emmanuel Carrère, recientemente reseñado aquí.

Mis fragmentos favoritos
(…) recuerdo que lo que hace especial a una ciudad no son solo su topografía ni las apariencias concretas de edificios y personas, la mayor parte de las veces creadas a partir de casualidades, sino los recuerdos que ha ido reuniendo la gente que, como yo, ha vivido cincuenta años en las mismas calles, las letras, los colores, las imágenes y la consistencia de las casualidades ocultas o expresas, que es lo que lo mantiene todo unido (132).
Observar Estambul como un extranjero ha sido siempre un placer para mí y una costumbre necesaria contra el sentimiento de comunidad y el nacionalismo (280).
Conclusión
Un poderoso narrador que recibió el merecido Nobel de Literatura en 2006 por su búsqueda del alma melancólica de su ciudad natal y por encontrar nuevos símbolos para reflejar el choque y la interconexión de las culturas. Muy acertado el veredicto.



viernes, 19 de febrero de 2016

JOAN DIDION, El año del pensamiento mágico

Una entusiasta recomendación y un título precioso me convencieron de su lectura. Sabía de qué iba: era un relato sobre la pérdida y el dolor de la autora al morir de infarto su marido, John Gregory Dunne.

Emociones que me ha despertado su lectura…

Durante una parte de su lectura he tenido sensación de incomodidad, incluso de cierta irritación. He tenido que llegar casi al final para que la propia autora iluminara las motivaciones de dichas emociones personales. Me disgusta la autocompasión que puede derivar en obcecación. En El año del pensamiento mágico, el dolor deriva en un sentimiento de pena acompañada de una obcecación por conocer milimétricamente todo lo relacionado con la muerte de su marido, como si se hubiera podido evitar. Esa búsqueda tediosa de circunstancias, medicinas, palabras y demás detalles, provocan una sensación casi opresiva al observar línea a línea la incapacidad de Joan Didion para lidiar con la situación. La autora misma desprecia la autocompasión como el más común y el más universalmente repudiado de nuestros defectos de carácter (…), con un potencial pestilente para la destrucción (162).


El título

No hace presagiar la historia que encierran las 190 páginas del relato. Didion lo explica, la primera noche tras la muerte de su marido necesitó quedarse sola para que él pudiera volver. Aquel fue el principio de mi año de pensamiento mágico.

El relato

En primera persona, Didion describe, sin dejar nada en el tintero, el desolador sentimiento de pérdida que le provoca la muerte de su marido por un infarto masivo y repentino en el salón de su casa mientras ella preparaba la cena, tras la visita a la UCI del hospital Beth Israel Norte donde su hija Quintana estaba internada por neumonía y choque séptico.


Las primeras palabras que escribe, y que se irán repitiendo, a lo largo del relato, son estas:

La vida cambia deprisa.
La vida cambia en un instante.
Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba.
La cuestión de la autocompasión.

El relato desgrana con crudeza, pero a la vez con cierta distancia emocional, todo lo que siente y piensa en el primer año posterior a dicha pérdida mientras acompaña a su hija, que lucha entre la vida y la muerte, en varios hospitales.
El relato busca con dificultad las palabras que le permitan encontrar los significados, necesito, dice Didion, que lo que yo pienso y creo sea penetrable, al menos para mí misma (13).

¿Recuerda a Una pena en observación de C.S. Lewis?

En parte sí, ambos coinciden en resaltar que lo peor de la muerte de una pareja amada es la ausencia interminable, el vacío y la sucesión de momentos sinsentido por dicha ausencia. De hecho, ella misma establece el paralelismo cuando reproduce un párrafo de la mencionada obra (163):
“Pensamiento tras pensamiento, sensación tras sensación, acto tras acto, tenían como objeto a H. Y ahora su objetivo ha desaparecido”.

Mi fragmento favorito:
Durante el vuelo a LaGuardia recuerdo que pensé que las cosas más hermosas que había visto en la vida habían sido todas desde aviones. Esa forma que tiene de extenderse el oeste americano. Esa forma que tienen las islas del mar, en los vuelos polares sobre el Ártico, de convertirse imperceptiblemente en lagos en la tierra. El mar que separa Grecia de Chipre visto por la mañana. Los alpes vistos de camino a Milán. Todas estas cosas las había visto yo con John.¿Cómo podía volver a París sin él? ¿Cómo podía volver a Milán, Honolulú o Bogotá?Si ni siquiera podía ir a Boston (152-153).
Una canción…
Que señala Didion. Es una de las que puso para hacer frente a su primera navidad, que coincidía con el primer aniversario de la muerte de su marido: MABEL MERCERcantando a Cole Porter

Conclusión

La lectura de El año del pensamiento mágico es una historia de amor de una pareja que llevaba cuarenta años de matrimonio, por tanto, de mucho tiempo y de mucha memoria para recuperar otra vida sin él. Al fin y al cabo, dice Didion:

Me pasé cuarenta años viéndome a mí misma con los ojos de John. Yo no envejecía. Y este último año, por primera vez desde que tuve veintinueve, me he visto a mi misma con los ojos de otra gente (165).

viernes, 12 de febrero de 2016

MARCELINE LORIDAN-IVENS, HERTA MÜLLER, LÁSZLO NEMES: LITERATURA Y CINE PARA EXPRESAR LO VIVIDO CON INTENSIDAD.


La historia escondida tras el libro de Marceline Loridan-Ivens

Recomendaba a unos compañeros/as de trabajo, la película El hijo de Saúl y les explicaba cómo en un momento determinado tuve que apartar la vista de la pantalla y lloré con rabia y angustia. Una reacción que me ha ocurrido en los dos campos de concentración que he conocido: Schausenhansen y Auschwitz. Uno de los compañeros me preguntó si había leído este libro, y al reponder que no, me lo ofreció para que pudiera leerlo. 
Una sorpresa me esperaba con su lectura, una escena de la película estaba en el libro. Saúl formaba parte de los Sonderkommandos, eran judíos que cada día recogían los cuerpos gaseados, las “piezas” como los denominaban los alemanes, y los arrojaban a los hornos crematorios. En Y tú no regresaste, se relata la sublevación de estos Sonderkommandos que, sin armas negadas por la resistencia interna de Auschwitz, utilizaron la pólvora que les habían dado los judíos de la fábrica de armas para hacer saltar el crematorio, hacer saltar su vergüenza. Todos fueron capturados y liquidados.


Y el libro que le sucedió al de Loridan-Ivens fue el de Herta Müller, En la trampa. Tres ensayos. Este breve libro recoge tres interesantes conferencias sobre las condiciones existenciales de la escritura. Cada conferencia gira alrededor de tres escritores/as que le sirven para hacer patentes los vínculos entre texto y vida: Theodor Kramer, Ruth Klüger e Inge Müller. En él encontré claves para entender mejor el testimonio de Loridan-Ivens, pilar sobre el que gira esta reseña coral. 


El libro de Loridan-Ivens, ¿es un testimonio más del viaje al infierno?

Nunca podré aplicar el término “un testimonio más” o manifestar aburrimiento o cansancio por leer “un testimonio más”. Soy de la opinión que deberíamos leer muchos testimonios sobre lo ocurrido en el Holocausto, solo para acercarnos un milímetro a lo ocurrido y para empatizar con los millones de asesinados/as en una matanza que no tiene igual en la historia de la humanidad. Menciona la autora una réplica en la película Welcome in Viena cuando uno de los personajes dice respecto al Holocausto:
Nunca nos perdonarán el mal que nos hicieron
No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación, no tenemos valor para asimilar lo ocurrido y pretendemos apartarlo de nuestras vidas, hastiados por pensar que nos hemos asomado al agujero negro, al abismo.


Como dice Herta Müller en su lúcido, y breve, En la trampa. Tres ensayos, hay textos que convierten lo vivido en carne propia a través de la intensidad (pag. 12 de este libro de Müller):
Es el propio texto el que consigue que a través del detalle de los sentidos, sea posible imaginar siquiera cuanto sucedió. El texto sitúa la mirada personal, los sentimientos individuales, por encima de la historiografía al uso, en tanto que con ella se impide la identificación con la desgracia individual.
Se trata, por tanto, de un testimonio lleno de valentía, coraje y emoción. Sin embargo, se compara con el de Primo Levi (y otros autores supervivientes que no he leído) y no puedo estar de acuerdo, es muy difícil superar Si esto es un hombre.

El relato

Se trata de un relato real, de una “novela sin ficción”. El testimonio se convierte en obra literaria, pero no es mera literatura, entendida en su sentido más habitual, dice Herta Müller, de “trabajo con el lenguaje”. Es más que eso porque al mismo tiempo constituye una prueba de la integridad personal de quienes escriben. Se constituyen en un modelo humano. 
La autora ha esperado mucho, a los ochenta y seis años, para escribir una carta a su padre con el que fue deportada desde Francia a Auschwitz-Birkenau y que nunca regresó. El relato es estremecedor, nos lo relata una anciana que recuerda a la adolescente deportada con 15 años al infierno. Pasados setenta años aún recuerda las imágenes, los olores y la violencia de las emociones (42) vividas en Birkenau.

MARCELINE LORIDAN-IVENS

Nos cuenta al oído cómo intentó quitarse la vida en dos ocasiones tras luchar por su vida en el Lager, cómo percibía el mundo al regresar del infierno como una luz cegadora después de meses en la oscuridad. Relata la incomprensión de quienes no habían vivido la deportación y querían que todo fuera como antes, querían arrancarme los recuerdos, se tomaban por lógicos, a tono con el tiempo que pasa y la rueda que gira… (61). Nada podía ser igual para las víctimas, su vida rota, sus familias diezmadas, distanciadas y rotas, los colaboracionistas tratando de olvidar y ocultando lo sucedido para exculparse, un camino difícil que muchos supervivientes no pudieron soportar recurriendo al suicidio.

Cada párrafo contiene un aliento de vida, un soplo de valentía, un rastro de verdad, emociones que conmueven, hechos que horrorizan pero que es necesario conocer a fondo para saber reconocerlos si vuelven a emerger. No fue resultado de ninguna locura, ni de minorías, tras lo sucedido hay proyectos políticos, no solo el nazi sino muchos otros, perfectamente elaborados por personas cultas  (abogados, economistas, filósofos, políticos de diversas ideologías). Os recomiendo al respecto la lectura del historiador Timothy Snyder, Tierra Negra.

La autora no rehúye la reflexión, procuró adaptarse a la realidad pensando y confiando en que se podía cambiar el mundo, resulta interesante este camino elegido junto con su segundo marido. El atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York pinchó el globo de sus ilusiones y… no sé si el horror despertó al horror, pero a partir de ese día sentí cuánto me importaba ser judía (90).

Un párrafo destacado sobre el siglo XXI…
El mundo es un mosaico horrendo de comunidades y religiones empujadas a los extremos. Y cuanto más se acalora, más avanza el oscurantismo y más apunta hacia nosotros, los judíos. Ahora sé que el antisemitismo es un elemento permanente, cuyas olas llegan con las tormentas del mundo, con las palabras, los monstruos y los medios de cada época (89).
Una recomendación…

Mejor, cuatro, ved la película húngara, leed este relato, Tierra Negra y las conferencias de Müller. Necesitamos ser conscientes de la semilla que tan fácil germinó para saber si de nuevo está creciendo. Esa semilla está en el ser humano.

sábado, 6 de febrero de 2016

RICARDO PIGLIA, Respiración artificial.

Si no recuerdo mal, la tentación para la lectura de esta novela vino de la mano de Marcelo Z. Me explicó que reflexionaba sobre la Historia.

¿Es una novela histórica? ¿O un ensayo sobre la Historia?

Ni una cosa ni la otra, pero algo hay de ambos aspectos. Y es que Piglia estudió Historia en la Universidad Nacional de la Plata.
En la novela se relata la historia de varias generaciones de una familia entre 1850, poco más de treinta años después de la independencia de Argentina, y 1979, dos años después del golpe militar que instauro una dictadura en el país. El trasfondo histórico  tiene una gran relevancia en el relato.
También encontramos jugosas reflexiones sobre la Historia:
No hay lucidez ahí, decía el profesor; no hay otra manera de ser lúcido que pensar desde la historia. (…) ¿Cómo podríamos soportar el presente, el horror del presente, me dijo la última noche el profesor, si no supiéramos que se trata de un presente histórico? Quiero decir, me dijo esa noche, porque vemos cómo va a ser y en qué se va a convertir podemos soportar el presente (187-188).
Me parece una novela bastante inclasificable, tiene aspectos históricos, literarios, filosóficos y entremezcla realidad y ficción con  facilidad. El hecho de que Piglia sea crítico, ensayista y profesor, explican su conocimiento extenso sobre los temas que aparecen en esta obra.


Había leído que Ricardo Piglia tenía un estilo muy peculiar
Yo estoy matando el tiempo con el viejo Troy, justo en la esquina, está diciendo un tipo parado frente al mostrador del bar. Estoy ahí lo más choto, acá González no me va a dejar mentir, estoy ahí, el viejo Troy, Gonzalito, ¿eh?, estamos los tres; me dice Troy, el viejo Troy va y me dice, che Cholo, me dijo, juná quien viene. Yo estoy un supongamos, parado ahí, como si ésta fuera propiamente la esquina, este vaso soy yo, aquí el viejo Troy, ¿eh Gonzalito? Correcto, dice Gonzalito (148).
Así empieza un fragmento entre la página 148 y 150 que resulta delirante y bastante incomprensible, tanto por las numerosas palabras del habla argentina, ¿qué significa por ejemplo empilchado?, como por la manera de narrar la escena. Intercala lo popular con lo culto con facilidad y eso me ha resultado interesante y llamativo.
Otro ejemplo, en este caso para un desdoble multipersonal:
Y sin embargo, dijo Tardewski que le había dicho Marconi, algunas de esas cartas son tan extraordinarias que puedo decir, me decía, dice Tardewski, que allí se encuentra no solo la materia única, sino la inspiración más profunda de toda mi poesía (159).
Su estilo llama la atención pero no entorpece ni hace excesivamente difícil su lectura.


La novela

Está formada por dos partes que dividen la novela, de 218 páginas, casi por la mitad. La primera parte se titula “Si yo mismo fuera el invierno sombrío”, que  es el nombre de un cuadro de Frans Hals (1580-1966). He encontrado una web que le da vueltas al título por si a alguien le interesa el asunto.
Esta primera parte está dividida en cuatro partes (la cuarta tan breve como que es una fecha de 1850 y esta frase: Escribo la primera carta del provenir) que recogen la saga familiar y la correspondencia entre Marcelo Maggi Pophan y su sobrino, el alter ego del autor, Emilio Renzi. En esta parte se hace una aproximación, no solo familiar sino social, a la historia de Argentina durante unos ciento treinta años.
La segunda parte, titulada “Descartes”, la que más me ha gustado a mí, arranca con la llegada de Emilio a Concordia, lugar de frontera dónde vive su tío Marcelo. Ante la ausencia del tío, entabla una conversación con el polaco Vladimir Tardewski que ha sido depositario de las carpetas del libro que escribe Marcelo. Junto con Tardewski, aparecen otros conocidos de su tío, el Conde de Tokray y Bartolomé Marconi. Con todos ellos se produce un interesante y etílico diálogo sobre crítica literaria, filosofía, el mundo académico y diversos escritores como Korzeniowski, Joyce, Arlt, Kafka y otros.
La narración de estas partes de la novela, especialmente la segunda, adopta un formato detectivesco, puesto que se incentiva el interés por descubrir algunos secretos o hallazgos importantes, el más asombroso el de Tardewski, que no desvelaré aquí pero que tiene que ver con Descartes y Hitler (y uno de los escritores mencionados). Y es que Piglia, como Borges, utiliza la literatura apócrifa y textos de autores inventados en los que supuestos personajes históricos sostienen encuentros sorprendentes. Además los temas de detectives le apasionaron a Piglia desde temprana edad, entre sus autores predilectos estaban Dashiel Hammett y William Faulkner.

He encontrado demasiados párrafos que podría destacar como favoritos, dada la admiración que tengo por James Joyce y aunque el primer fragmento lo cuestiona…

Por eso yo, dijo Tardewski, no comparto su entusiasmo por James Joyce. ¿Cómo puede usted pretender compararlos?, dijo. Joyce, (…), es demasiado, ¿cómo decirle?, demasiado trabajosamente virtuoso. Un malabarista, dijo. Alguien que hace juegos de manos. Kafka, en cambio, es el equilibrista que camina en el aire, sin red, y arriesga la vida tratando de mantener el equilibrio, moviendo un pie y después muy lentamente el otro pie, sobre el alambre tenso de su lenguaje (213).
Y…
Le importaba un carajo el mundo, dice Renzi. A Joyce. Le importaba un carajo del mundo y de sus alrededores. Y en el fondo tenía razón (147).
Me he dejado muchos aspectos interesantes sobre esta magnífica novela, pero no puedo acabar sin hacer referencia a algo relevante: Piglia escribe Respiración artificial en 1980 en plena dictadura militar, esta obra, que quizás por eso lleva ese título, muestra su resistencia intelectual contra lo indecible, lo innombrable, la ignominia de la más cruel dictadura argentina, derrocada tres años después.
La historia es el único lugar donde consigo aliviarme de esta pesadilla de la que trato de despertar (19).