lunes, 17 de enero de 2011

SIMONE DE BEAUVOIR, ANAÏS NIN, VIRGINIA WOOLF



Simone de Beauvoir (1908-1986). “El secreto de la felicidad en el amor consiste menos en ser ciego que en cerrar los ojos cuando hace falta”.

Anaïs Nin (1903-1977). “Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré de mi mundo. Me adapto a mí misma”.

Virginia Woolf (1882-1941). “La vida. Es un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos envuelve desde que tenemos una conciencia hasta el final”.

Cada una de estas tres mujeres merecería que le dedicara mi reconocimiento por separado, sin embargo las uno a las tres porque en mi imaginario juvenil van unidas. Tan unidas que en mi biblioteca siguen juntas, nunca me he planteado separarlas aunque no es un criterio literario el que las mantiene unidas sino mi querencia a las tres juntas.




Me paro a pensar porque las he unido siempre. Las conocí por los mismos años, cuando yo era una joven universitaria y estaba descubriendo el mundo, la literatura, la política. Las tres son mujeres valientes que decidieron vivir su vida como mujeres afrontando los retos que su sexo les deparaba si salían de los estereotipos femeninos. Las tres tomaron la palabra, escribieron y vivieron en el espacio público del que estaban postergadas por su sexo. No aceptaron limitaciones ni discriminaciones y se arriesgaron mucho en su vida personal, dos de ellas mantuvieron relaciones lesbianas aunque tuvieron compañeros. Las tres fueron consideradas feministas aunque no actuaron colectivamente sino individualmente.



VIRGINIA WOOLF es la mayor de las tres ya que nació en el siglo XIX. Fue novelista, ensayista, escritora de cartas y editora, ha sido considerada como una de las más destacadas figuras del modernismo literario del siglo XX. Durante el período de entreguerras, Woolf fue una figura significativa en la sociedad literaria de Londres y un miembro del grupo de Bloomsbury.



Sus obras más famosas incluyen las novelas La señora Dalloway (1925), Al faro (1927) y Orlando: una biografía (1928), y su ensayo Una habitación propia (1929), con su famosa sentencia «Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir ficción». Fue redescubierta durante la década de 1970 (y por ese motivo llegó a mi unos años después), gracias a este ensayo, uno de los textos más citados del movimiento feminista.
Libro una habitación



Virginia Woolf padeció desde los 13 años, cuando murió su madre, episodios depresivos. Se ha sugerido (incluido su sobrino y biógrafo, Quentin Bell) que ella y su hermana Vanessa padecieron abusos sexuales a manos de sus medio hermanos George y Gerald Duckworth, y que dichos abusos contribuyeron al problema psicológico que sufrió la autora, un trastorno bipolar. En su texto autobiográfico A Sketch of the Past, la propia Virginia Woolf solo aludió a estas desdichadas experiencias de forma velada, de acuerdo con la rígida moral de la época victoriana.
En 1912, cuando contaba treinta años, se casó con el escritor Leonard Woolf, economista y miembro también del grupo de Bloomsbury. A pesar de su bajo rango social y económico - Woolf se refirió a Leonard durante su compromiso como un "judío sin un céntimo" - la pareja compartió un lazo muy fuerte. La ética del grupo de Bloomsbury estaba en contra de la exclusividad sexual, y en 1922, Virginia conoció a la escritora y jardinera Vita Sackville-West, y comenzaron una relación sexual que duró la mayor parte de los años 1920. Después de que acabara su romance, las dos mujeres siguieron siendo amigas hasta el suicidio que acabó con la muerte de Woolf en 1941. El día 28 de marzo Virginia Woolf se puso su abrigo, llenó sus bolsillos con piedras y se lanzó al río Ouse cerca de su casa y se ahogó. Su cuerpo no fue encontrado hasta el 18 de abril.



ANAÏS NIN fue una escritora francesa, nacida de padres cubanos. Después de haber pasado gran parte de su temprana infancia con sus familiares cubanos, se naturalizó como ciudadana norteamericana, vivió y trabajó en París, Nueva York y Los Ángeles. Autora de novelas avant-garde en el estilo surrealista francés, es mejor conocida por los escritos sobre su vida y su tiempo recopilados en los llamados Diarios de Anaïs Nin.



A los 19 años consigue un trabajo como modelo y bailarina de flamenco y se casa en La Habana con el banquero Hugo Guiler, con el que se marcha a París. Una vida aburrida y la lectura de D.H. Lawrence la convencen para hacerse artista.
En 1930 publica un ensayo sobre Lawrence y un año después conoce a Henry Miller, quedando ambos mutuamente admirados e iniciando una correspondencia apasionada. Se convierten en amantes y ella llega a mantener relaciones incestuosas con su padre, Joaquín Nin, tras reencontrarse con él en París. Al tiempo, la mujer de Miller, June, antigua prostituta, la iniciará en el voyeurismo y el safismo.



Se inicia también en el psicoanálisis y, tras ser psicoanalizada por Otto Rank, éste le sugiere la escritura como una forma de eludir la obsesión que tiene con su padre. Escribe Invierno de artificio y publica La casa del incesto. En 1939 emigra a Estados Unidos y allí se convierte en la primera mujer que publica relatos eróticos, Delta de Venus, que denota una fuerte influencia del Kamasutra.
El éxito definitivo le llega en 1966 con la publicación de su Diario, aunque al tiempo su salud se resquebraja por causa de un tumor de ovarios. Se la reconoce como pionera de la liberación de la mujer.



SIMONE DE BEAUVOIR es la más joven de la “triada santa”, fue novelista y filósofa francesa. Escribió novelas, ensayos, biografías y monográficos sobre temas políticos, sociales y filosóficos. Su pensamiento se enmarca dentro del existencialismo y obras como "El segundo sexo" son elementos fundacionales del feminismo. Fue pareja del también filósofo Jean Paul Sartre.
Nacida en una familia burguesa, Simone de Beauvoir fue educada según la sólida moral cristiana vigente en la época. En 1929, después de conocer a Jean Paul Sartre en la Sorbona, donde ambos estudiaban filosofía, se unió estrechamente al filósofo y a su círculo. Con el tiempo, crearon entre ambos una relación que les permitía compatibilizar su libertad individual con la vida en común.



Simone de Beauvoir fue profesora de filosofía hasta 1943. Durante la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana de París vivió en la ciudad tomada escribiendo su primera novela, La invitada (1943), donde explora los dilemas existencialistas de la libertad, la acción y la responsabilidad individual, temas que aborda igualmente en novelas posteriores como La sangre de los otros (1944) y Los mandarines (1954).



Las tesis existencialistas, según las cuales cada uno es responsable de sí mismo, se introducen también en una serie de obras autobiográficas, cuatro en total, entre las que destacan Memorias de una joven de buena familia (también conocida como Memorias de una joven formal) (1958) y Final de cuentas (1972).
Entre sus ensayos escritos cabe destacar El segundo sexo (1949), un profundo análisis sobre el papel de las mujeres en la sociedad y la construcción del rol y la figura de la mujer; La vejez (1970), centrada en la situación de la ancianidad en el imaginario occidental y en donde critica apasionadamente la marginación y el ocultamiento, y La ceremonia del adiós (1981), polémica obra que evoca la figura de su compañero de vida, Jean Paul Sartre.



Todas las obras mencionadas en esta hagiografía las he leído y dispongo de los libros (en algún caso como los Diarios de Nin, parece que es muy difícil encontrarlos). Estas tres mujeres con sus grandes defectos, sus contradicciones y sus problemas, fueron para mí un modelo de referencia de autonomía femenina, de liberación sexual y de creatividad, que ejercieron una gran influencia sobre mi manera de ver la vida, por eso las venero y las sigo admirando.

viernes, 14 de enero de 2011

SANADORAS, COMADRONAS, CURANDERAS



Las mujeres han sido siempre curanderas. Fueron las primeras médicas, comadronas y anatomistas de la historia occidental: sabían hacer abortos y actuaban como enfermeras. También fueron las primeras farmacólogas con el cultivo de hierbas medicinales. Durante muchos siglos fueron médicas sin título, excluidas de los libros y de la ciencia oficial, aprendían unas de las otras y se transmitían sus experiencias de madres a hijas o entre vecinas. La gente las llamaba “mujeres sabias”, y durante mucho tiempo fueron la única atención médica al alcance de los pobres y de las mismas mujeres.



En el siglo XIII, las universidades crearon las primeras escuelas de medicina. Mientras estudiaban, los médicos no acostumbraban a hacer ningún tipo de práctica experimental y las sanadoras o curanderas continuaban estando, en el siglo XIV, muy solicitadas entre las clases acomodadas. La Iglesia no se oponía a que reyes y nobles tuviesen médicos, sobre todo si eran sacerdotes o actuaban con su colaboración, pero no veía con buenos ojos la existencia de las curanderas, que eran mujeres, actuaban solas, estaban organizadas y tenían poderes sobre la salud.





Lo que estaba en cuestión era el control de la medicina. En un momento en que la ciencia emergía como una nueva forma de poder y control de la sociedad, los médicos tenían un nivel de conocimientos que no permitía curar a nadie y las mujeres tenían una práctica acumulada que les proporcionaba poder. La Iglesia lo disfrazó muy bien, organizó la persecución contra las curanderas campesinas, que llamó brujas, como un combate contra la magia y no contra la medicina. Las acusaciones contra las brujas fueron: tener una sexualidad femenina, estar organizadas y tener poderes mágicos sobre la salud.



Se promulgaron leyes que prohibían el ejercicio de la medicina a las personas sin formación universitaria, y el acceso de las mujeres a la universidad fue vedada desde el inicio de las universidades, con algunas excepciones en Italia. Pese a que era imposible aplicar estas leyes porque había pocos médicos titulados en relación a la cantidad de curanderas no tituladas, siempre se podía aplicar selectivamente. Por ejemplo, en el caso de JACOBA FELICE, denunciada en 1322 por la Facultad de Medicina de la Universidad de París, bajo la acusación de ejercicio ilegal de la medicina. Todos sus pacientes eran de clase acomodada. La acusación contra Felice fue:
“Curaba a sus pacientes de enfermedades internas y heridas externas. Visitaba regularmente a los enfermos a los cuales examinaba la orina tal y como hacen los médicos, les tomaba el pulso y les palpaba todas las partes del cuerpo”.



Las mujeres fueron desprestigiadas, apartadas y perseguidas para que dejaran de practicar la medicina. Las comadronas fue una de las últimas ramas de la medicina que se consintió dejar en manos de las mujeres, pero finalmente también fueron excluidas de su práctica.
En España, desde 1888 algunas mujeres consiguieron permisos especiales para poder cursar estudios de licenciatura y de doctorado. Conocemos mujeres que acudían a la universidad como oyentes e, incluso, travestidas y bajo una identidad masculina.








Pero es sorprendente que la primera mujer que obtuvo una licenciatura universitaria en España (1882), Maria Dolors Aleu Riera, se licenció en Medicina. Unos meses después lo consiguen Martina Castells Ballespí y Maria Elena Maseras Ribera. La cuarta mujer en obtener una licenciatura fue Dolors Llorens Casanovas en 1886. Las cuatro lo hicieron en la Universidad de Barcelona. Desde 1910, hace cien años, las mujeres españolas pudieron acceder legalmente a la universidad.

Un camino largo y pleno de dificultades para las mujeres que han pretendido romper el rol al que estaban destinadas por razón de sexo. En el siglo XIX y, aún se encuentra en documentos de identidad del siglo XX, en el apartado profesión de las mujeres, solo ponía: SU SEXO. Pues sí, ese sexo que tanta violencia, desprecio, rechazo y marginación ha padecido a lo largo de la historia, es el mío.

jueves, 13 de enero de 2011

LORENZO SILVA, La estrategia del agua.



Este libro me lo prestaron unos amigos a los que quiero mucho y con los que nos intercambiamos libros, música y películas constantemente. Cuando el Club Negro lo propuso como lectura, yo ya tenía la lectura y la referencia hecha. La he remodelado un poquito, pero básicamente he mantenido el escrito.
Al lado del libro hay una caja de cristal que me regaló una amiga gallega en el primer lugar en el que trabajé (ya me gustaban las rosas…). La caja esta llena de pequeños despojos que encuentro por la playa (piedrecitas, estrella de mar, caracolas, conchas, vidrios) o por la montaña (piedrecitas).

Se trata de una novela policiaca (tomo la explicación del término “policiaca” de la escritora Dominique Manotti, en la entrevista recogida por la Revista digital .38, nº 11, Diciembre 2010), en el sentido de que como toda “novela policial comienza con un crimen, con un atentado contra el orden, con un escalofrío de miedo para el lector, y termina cuando un policía descubre al culpable y se restablece el orden”.

Muy bien escrita, en la novela se resuelve el caso de un asesinato por parte del brigada de la guardia civil, Bevilacqua, y la sargento Chamorro. El asesinato parece a simple vista un ajuste de cuentas relacionado con la droga… pero pronto aparecen pistas que plantean que el caso es mucho más complejo. El mundo de la mafia de la droga, de la delincuencia de los países del Este, de la judicatura, etc. aparecen reflejados en la novela. Los dos personajes centrales, sobre todo el atípico brigada de la guardia civil, son deliciosos y complejos.

El título hace referencia a la afirmación del escritor Sunzi, de que hay que ser como el agua: “En no tener forma para que no puedan darte los golpes. En buscar los resquicios, para hacer inútiles las murallas del enemigo. En evitar las alturas, donde el adversario que dispone de mejores arqueros te acribillará a placer”. Esa es la estrategia del agua.

RECOMENDACIÓN: Os encantará a los que os guste este género, pero es una novela bien escrita que creo que puede gustar a todo el mundo. Muy entretenida.

lunes, 10 de enero de 2011

TONY JUDT, Algo va mal.


CONTRAVENCIÓN DE UNA NORMA INTERNA DEL BLOG

Me había prometido a mi misma, esa es la norma que contravendré ahora, no escribir sobre temas excesivamente serios y trascendentes. Quería crear un espacio, un rinconcito personal, donde pudiera dejar de ser la mujer seria y cavilosa que soy. Creo que el libro merece la pena y, aunque no estoy en sintonía política con el autor, me ha ayudado a entender lo que ocurre a mí alrededor y a aclarar algunas ideas esbozadas, pero no claras, que tenía en la cabeza.
Confío en no contravenir mucho esa norma que me impuse al abrir el blog y volver al rincón de mis aficiones, ligero e incluso un poco frívolo, que me hace disfrutar y me permite escapar de tanta seriedad y trascendencia.


Este libro es un ensayo de uno de los historiadores que admiro y que leo aunque no corresponde, exactamente, a la época que yo trabajo.
Tony Judt nació en Londres, el 2 de enero de 1948 y ha muerto recientemente en Nueva York, el 6 de agosto de 2010. Historiador, escritor y profesor especializado en Europa y en la época de la II Guerra Mundial y la Postguerra, fue director del Erich Maria Remarque Institute en la Universidad de Nueva York. Fue colaborador habitual de la revista New York Review of Books. Como historiador, pertenecía a la escuela inglesa que combina el rigor de los hechos, la claridad de exposición y el impulso narrativo. Murió tras padecer, durante casi dos años, los devastadores efectos de la enfermedad de Lou Gehrig, o esclerosis lateral amiotrófica. Este libro lo fue dictando en los meses últimos de su vida.



El libro está encima de la mesa de mi habitación de joven (la de casa de mis padres). Es una mesa camilla con un tapete de ganchillo que me hizo mi abuela. El libro está acompañado de un rayo de sol de una fría mañana de diciembre.
Tiene 220 páginas y el título hace referencia a la idea del autor de que hay “algo profundamente erróneo en la forma en que vivimos hoy” (p. 17), haciendo referencia al estilo materialista y egoísta de la vida contemporánea.



Judt se considera un socialdemócrata (representó el compromiso entre la aceptación del capitalismo y la democracia parlamentaria y la atención de los intereses de amplios sectores desfavorecidos de la población) que defiende y cree “en la posibilidad y en las ventajas de la acción colectiva para el bien común” (p. 20). Defensor, por tanto, del Estado del bienestar, considera que la izquierda está en crisis y que para que se la vuelva a tomar en serio “debe hallar su propia voz” (p. 23).

Los seis capítulos que estructuran el libro son una auténtica guía para perplejos (es decir, para dudosos, inciertos, irresolutos, confusos), tal y como recoge en la introducción. Empieza con, “Cómo vivimos ahora”, continúa con “El mundo que hemos perdido”, “La insoportable levedad de la política” y concluye con tres interrogantes “¿Adiós a todo esto?”, “¿Qué hacer?” y “¿Qué nos reserva el porvenir?”.

La idea de Judt es que, puesto que el pasado está mejor iluminado que el futuro, se ha de recordar los logros del siglo XX y las consecuencias que probablemente tendría su desmantelamiento, para así comprender cómo vivimos ahora y qué podemos hacer de cara al futuro.



Para el autor, Gran Bretaña y Estados Unidos han superado a cualquier otro país en “desmontar, a lo largo de treinta años, décadas de legislación social y supervisión económica”. Como consecuencia se ha favorecido a los más ricos. En 2005, el 21,2 por ciento de la renta nacional estadounidense estaba en manos de sólo el 1 por ciento de la población (p. 27) y los niños nacidos en estos países, a diferencia de sus padres y abuelos, tienen “pocas expectativas de mejorar la condición en la que nacieron” (p. 28). Por ello, no importa lo rico que sea un país, sino lo desigual que sea. Estados Unidos gasta grandes sumas en sanidad, pero su esperanza de vida sigue estando por debajo de la de Bosnia y sólo es un poco mejor que la de Albania.



Judt explica, respecto al mundo que hemos perdido, que los “desastres sin precedentes” que se produjeron entre las dos guerras mundiales (p. 51) fueron enfrentados y resueltos por la socialdemocracia y el Estado del bienestar “que vincularon a las clases medias profesionales y comerciales a las instituciones liberales tras la II Guerra Mundial”. Para el autor es muy importante esta vinculación porque fue “el temor y la desafección de la clase media lo que había dado lugar al fascismo”. Se logró gracias al “universalismo”. En vez de hacer depender los beneficios de la renta, a la clase media se le ofreció “la misma asistencia social y servicios públicos que a la población trabajadora y a los pobres (…). (…) con tantas necesidades cubiertas por sus impuestos, al llegar a la década de 1960 la clase media tenía mucha más renta disponible que en ningún otro momento desde 1914” (p. 60).

Reflexiona a continuación sobre el fracaso de la izquierda. Para el autor la tradicional asociación de la izquierda con el proletariado urbano se empezó a romper en el trascurso de la década de los 50 porque ese proletariado se fragmentó y redujo. La vieja izquierda ya no podía depender de las comunidades de la clase trabajadora porque cada vez representaba un porcentaje menor de la población. La nueva izquierda, como empezó a denominarse en aquellos años, era diferente. Su base mayoritariamente fueron los jóvenes de los años 60 y lo que unió a esa generación no fue el interés de todos, sino las necesidades y los derechos de cada uno.



El “individualismo” se convirtió en la consigna izquierdista y la “política se convirtió en un agregado de reivindicaciones individuales a la sociedad y el Estado. La “identidad” empezó a colonizar el discurso público: la identidad individual, la identidad sexual, la identidad cultural (…)” (p. 91). Dar prioridad a las reivindicaciones de los individuos generó el debilitamiento de un propósito común, lo que quedaba era el subjetivismo de los intereses y deseos individuales, medidos individualmente. A su vez esto desembocó en un relativismo moral y estético.

Y DE AQUELLOS POLVOS VIENEN ESTOS LODOS: Se ha santificado a los banqueros, corredores de bolsa, inversores, nuevos ricos y cualquiera que tenga acceso a grandes sumas de dinero. Aún que muestren una clara incompetencia, siempre habrá un economista que desde una posición de autoridad intelectual indiscutida, afirmará que sus actos son útiles socialmente y que no deben ser sometidos al escrutinio público.
La desintegración del sector público ha provocado la dificultad para comprender qué tenemos en común con los demás. Eso puede generar, lo que el autor llama “déficit democrático”, si se extiende la desmovilización política y el desinterés hacia los actos de gobierno (pp.130-131).










Los socialdemócratas tienen un discurso agotado: han perdido el idealismo de su origen, ha desaparecido el desafío autoritario que procedía de su izquierda y estaba representado por el bloque socialista y ha ido empalideciendo el atractivo de unos costosos Estados del bienestar que siempre defendieron.

LA IZQUIERDA BUSCA SU VOZ…

¿QUÉ HACER? “Necesitamos personas que hagan una virtud de oponerse a la opinión mayoritaria. Una democracia de consenso permanente no será una democracia durante mucho tiempo” (p. 151). Un círculo cerrado de opiniones o ideas en el que nunca se permite ni el descontento ni la oposición pierde la capacidad de responder con energía e imaginación a los nuevos desafíos.



De hecho existen muchas “fuentes de disconformidad” que no se deben dejar en manos de especialistas políticos ni de instituciones degradadas, ya que dichos políticos son los responsables del dilema. Hay que comenzar en otro sitio porque la distancia producida entre la naturaleza intrínsecamente ética de la toma de decisiones públicas y el carácter utilitario del debate político, es lo que ha provocado la falta de confianza en los políticos y la política.



¿QUÉ QUEREMOS? De todos los objetivos, el prioritario es reducir la desigualdad, si se sigue siendo grotescamente desiguales, perderemos todo sentido de fraternidad, condición necesaria de la política (p. 176). Es necesario replantear la cuestión de la “utilidad” y, por tanto, de la eficiencia y la productividad económica, no olvidando las consideraciones éticas y los objetivos sociales amplios. Hemos de volver a recordar cómo hablar de los problemas de la injusticia, la falta de equidad, la desigualdad y la inmoralidad. Hay que articular las objeciones a nuestra forma de vida, mirar críticamente nuestro mundo y si pensamos que algo está mal, debemos actuar en congruencia con ese conocimiento (p. 220).



SI A ALGUIEN LE RESULTA ÚTIL ESTE RESUMEN, O SE ANIMA A LEER EL LIBRO DE UN HISTORIADOR COMPROMETIDO, estaré contenta de saltarme, como es habitual en mi, las normas (incluso las que yo misma me marco).

viernes, 7 de enero de 2011

MIS DEBILIDADES CONFESABLES III…

SON TODAS LAS QUE ESTÁN, PERO NO ESTÁN TODAS LAS QUE SON... y vamos con la tercera tanda de debilidades...

Tengo debilidad por las HADAS…


...pero eso ya lo sabéis, se ha dado cuenta Martina… y resulta que compartimos debilidad… No sé a ella, pero a mí me gusta pensar que existen al modo de Antonio Machado en su poema “Los Sueños”:

El hada más hermosa ha sonreído
al ver la lumbre de una estrella pálida,
que en hilo suave, blanco y silencioso
se enrosca al huso de su rubia hermana.
Y vuelve a sonreír porque en su rueca
el hilo de los campos se enmaraña.
Tras la tenue cortina de la alcoba
está el jardín envuelto en luz dorada.
La cuna, casi en sombra. El niño duerme.
Dos hadas laboriosas lo acompañan,
hilando de los sueños los sutiles
copos en ruecas de marfil y plata.

Y de una debilidad a otra que bien poco tiene que ver… Amy Winehouse…



... y una de mis canciones favoritas, Will you still love me tomorrow?



Los tejanos y las deportivas son una gran debilidad y el paso de los años no la reducen (quizás, las deportivas no las llevo tanto)…







Una de mis mayores debilidades son los archivos y bibliotecas en los que pasar horas y horas, buscando… Una de mis favoritas es la Biblioteca Arús de Barcelona, especializada en anarquismo y masonería…















Tengo debilidad por los hombres que piensan por si mismos aún a costa de pagar caro tal atrevimiento… entre ellos Galileo Galilei, que dijo: “La duda es la madre de la invención".







Los nenúfares son otra de mis debilidades…













Ser madre… produjo en mí el amor más puro, generoso y tierno que he sido capaz de sentir y dar. Pero soy una madre peculiar, me gusta la responsabilidad, la libertad y la autonomía de mis hijos… y eso me lleva muchas veces a despotricar (sobre todo con mi hijo mayor)…



Por último, tengo debilidad por el cava… y con él quiero brindar por las debilidades confesables... y por las inconfesables que no hacen daño a nadie...



"La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte".
IMMANUEL KANT

martes, 4 de enero de 2011

LA LLAVE DE SARAH

Estas navidades he visto tres películas pero sólo hablaré aquí de una de ellas. Por estas fechas muchas personas, y yo entre ellas, acostumbran a ir al cine ahítas de comidas familiares, necesitadas de salir de casa, de protegerse del frío y, si es posible, de disfrutar con una película. Habitualmente, no suelo tener mucho éxito en estas visitas navideñas al cine.












La primera película que fui a ver, Ahora los padres son ellos, la eligió mi hijo adolescente. No necesita más comentario, salvo ver a buenos actores en la pantalla (Robert de Niro, Dustin Hoffman, etc.). La segunda película, la fuimos a ver, con una pareja de amigos, porque nos habían hablado bien de ella, se trata de El discurso del rey. Aún siendo de mayor calidad que la primera, no me llamó especialmente la atención, excepto la actuación de Colin Firth.

Así que a la tercera película no iba con muchas ganas, eso sí atraída por la actriz principal que me gusta mucho: Kristin Scott.



Título: La llave de Sarah
Título original: Elle s'appelait Sarah
Dirección: Gilles Paquet-Brenner
País: Francia
Año: 2010
Duración: 111 minutos
Género/s: Drama
Reparto: Kristin Scott Thomas, Mélusine Mayance, Niels Arestrup, Frédéric Pierrot, Michel Duchaussoy, Dominique Frot, Gisèle Casadesus, Aidan Quinn, Natasha Mashkevich, Arben Bajraktaraj
Guión: Serge Joncour, Gilles Paquet-Brenner
Música: Max Richter
Fotografía: Pascal Ridao

París, julio de 1942: la policía francesa se lleva a Sarah, una niña de 10 años, y a toda su familia en una redada puerta a puerta en la que arrestan a multitud de familias judías en plena noche. Desesperada por proteger a su hermano pequeño, Sarah lo encierra en un armario del dormitorio, su pequeño escondite secreto, y le promete volver en cuanto les liberen.
Sesenta y siete años más tarde: la historia de Sarah se mezcla con la de Julia Jarmond (Kristin Scott Thomas), una periodista estadounidense que investiga la redada. Durante su investigación, Julia descubre un rastro de secretos que ligan la vida de Sarah a la suya, y la llevan a preguntarse sobre su propio futuro sentimental.
La película indaga en el exterminio de judíos cometido en Francia por los colaboracionistas franceses y, en concreto, se centra en los acontecimientos que ocurrieron en París en 1942. Más de 8.000 judíos fueron llevados al Velódromo de Invierno, en el centro de París, por la propia policía francesa para su exterminio posterior en campos de concentración alemanes.



Destaca la actuación excelente de Kristin Scott que lleva todo el peso de la película. El inicio de la película es un poco pobre e indeciso pero mejora conforme avanza la historia. Destaca cómo, a través de una historia personal, se describe el horror y la crudeza de la guerra y del exterminio nazi, que contó con la ayuda de no pocos colaboracionistas en Francia y otros países. También está bien lograda la relación entre dos situaciones tan ajenas y distanciadas (por sesenta y siete años) y que se relacionan en el film con destreza.



Francia tuvo muchos resistentes a la ocupación nazi, pero tuvo muchos colaboracionistas y personas que se aprovecharon de la persecución judía y ocuparon sus casas y se apropiaron de sus bienes, sin pararse a pensar qué significaban esas casas vacias llenas de objetos personales y bienes. La existencia del fascismo no se produjó sólo por las personas que tenían esa ideología, sino por millones de personas que miraron hacia otro lado y, silenciosamente, se aprovecharon de la desgracia de judios y perseguidos por sus ideas políticas. Recordarlo no es baladí, ese fascismo cotidiano no está tan ausente en la actualidad. Siempre pasa más desapercibido que el ruido de los desfiles, los saludos brazo en alto y la bravuconeria y violencia del fascismo, pero es perverso y peligroso.

sábado, 1 de enero de 2011

MIS LECTURAS FAVORITAS DEL 2010



Durante este año he leído 33 novelas y algún ensayo. Eso hace una media de un poquito más de dos libros y medio al mes. Dejo aparte los libros de historia que no están en esta lista. Desde el mes de julio habéis tenido puntual comentario personal sobre ellos (bueno, puntual relativamente, llevo un retraso de dos o tres novelas ya leídas pero no colgadas todavía).



De estas lecturas he seleccionado, con cierto esfuerzo, seis (quería que fueran cinco pero no ha podido ser). Son las que más me han gustado, que no quiere decir que sean las mejores. Pero para mi han sido las que me han hecho disfrutar más, las que me han enseñado algo, las que han despertado la curiosidad, las preguntas o, simplemente, las que me han dejado un pellizco en el corazón .





















---MARY ANN SHAFFER Y ANNIE BARROWS, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey.

---MERCEDES CASTRO, Y punto.

---SÁNDOR MÁRAI, El último encuentro.

---DON WINSLOW, El poder del perro.

---MARGARET MAZZANTINI, La palabra más hermosa.

---ANA MARÍA MATUTE, Paraíso inhabitado.



“Leer, leer, leer todo, clásicos, desconocidos, buenos, malos, ver cómo escriben, leer y absorberlo. Luego escriba. Si es bueno lo conservas, sino lo tiras por la ventana”. William Faulkner

"Leer les agrandará, chicos, el deseo, y el horizonte de la vida". Ernesto Sábato