martes, 31 de agosto de 2010

ÍTACA


Vuelvo a caer en la trascendencia que hoy intentaba evitar, después de una reflexión como la última (“Libertad”). Pero la realidad que me rodea me lleva de nuevo por estos derroteros, espero que quien me lea sepa perdonarme.
Hoy pienso en una amiga que vislumbra Ítaca, otra que, dominada por sus circunstancias, se siente perdida y paralizada en el camino y, por último, pienso en 40añera, que acabo de encontrar en este viaje, y generosa e inmerecidamente, ha creído que este blog se podía recomendar…

KONSTANTINOS KAVÁFIS, Ítaca.

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.


Fotografías de Cerler y Aiguallut (Huesca)

La historia de Ulises y de su patria, Ítaca, está llena de aventuras y de peligros que Homero retrató en "La Odisea". Ulises, que también recibe el nombre de Odiseo, era el rey de Ítaca. Cuando se produce la Guerra de Troya a consecuencia del rapto de la bella Helena, el rey Agamenón convence a Ulises para que vaya a la guerra. Una vez producida la caída de la mítica Troya, Ulises comienza el periplo que habrá de llevarle de vuelta a las playas de Ítaca. Lo que él no sabe entonces es que tardará en arribar a Ítaca más de veinte años, en los cuales habrá de recorrer las aguas de medio Mediterráneo y vivir todo tipo de aventuras.

Kaváfis fue capaz de realizar un poema interpretando la historia mítica de Ulises desde el verdadero sentido de la vida. Ítaca es una utopía (el lugar que no existe) porque confía en que, quien hace ese viaje, llega al final del camino con riqueza y armonía personal ya que es el camino el que, lleno de experiencias, de personas, de tropiezos, de levantarse aunque con heridas, de risas, de felicidad, de desventura, de pena, de nostalgia, de valentía, de osadía, de amor, de amistad, de aceptación, de lucha, de rebelión… El verdadero significado de Ítaca es algo mucho más íntimo y sencillo que Kaváfis, milenios después de la historia de Ítaca, supo reflejar en su maravilloso poema.

Ítaca es el camino, Ítaca es la vida misma y muchas veces la dejamos pasar sin pena ni gloria, permitimos que la rutina y los días grises nos anulen y nos olvidamos de lo que tiene importancia. Ítaca encarna la sabiduría de lo que aprendemos a lo largo de nuestro camino y nuestra existencia, de lo que vamos acumulando poco a poco en el equipaje de nuestras vivencias y nuestros recuerdos, aquello que siempre llevamos con nosotros mismos.


Todo lo vivido va llenando el equipaje para llegar a Ítaca y poder descansar…, echar la vista atrás y sentirse satisfecho…ya que cuando se llega a Ítaca ya no hay vuelta atrás… lo hecho, hecho está, y lo que no hemos hecho no podremos volver a tener la oportunidad de repetirlo. Por eso la "Ítaca" de Kaváfis es una auténtica oda a la vida y a nosotros mismos.

lunes, 30 de agosto de 2010

LIBERTAD



ACONITUM NAPELLUS (gracias, Elvira). Aiguallut, Huesca... y mi sombra en plena acción de captarla...

Andaba yo pensando en los motivos por los que hay personas que, para no arriesgarse al fracaso, al rechazo y a la soledad, se integran en un grupo (sea la familia, un partido político, un equipo de futbol, una banda de barrio o cualquier otra modalidad de grupo) y acabé pensando en la libertad personal. El grupo, pensé, protege y ampara pero también exige apegarse, aferrarse y depender, además de no discrepar ni pensar por una misma.
Muchas veces ser diferentes de los demás nos causa pánico porque tememos quedarnos solas. Para evitarlo dejamos de ser nosotras mismos y nos sometemos al grupo. De esta forma eliminamos la discrepancia entre nosotras y el mundo y nos sentimos seguras y en compañía.
Cuando damos el paso hacia el grupo, renunciamos a asumir la responsabilidad de nuestra propia vida. Culpar siempre a los otros de nuestros problemas resulta más fácil que asumir nuestra libertad de decidir y de pensar con autonomía.

Las personas que luchan por mantener la capacidad de escoger qué piensan, qué sienten y cómo responden ante cada situación, resultan, muchas veces, incómodas e inadaptadas ya que siempre están abocadas a las sensaciones, sentimientos, pensamientos y emociones duales, complejas, compuestas. Esa inadaptación a vivir sometida al grupo es lo que entiendo por LIBERTAD. Es cierto que resulta difícil vivir con esa defensa de la soberanía personal y que, a veces, aparecen las lágrimas para liberar la inquietud permanente. Las lágrimas que contradicen la frialdad del que aspira a esa libertad interior y a establecer las conexiones con el mundo que desea.

La seguridad del grupo aleja de la libertad, pero la libertad no aleja de las personas. Cuando se conecta y se establece una relación desde la libertad, desde la sinceridad y el cariño… nos movemos en un espacio indudablemente celestial.

domingo, 29 de agosto de 2010

Estados de ánimo



Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.



Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.


A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.

Estados de ánimo. M. BENEDETTI
Fotografías del Pirineo (Benasque)

jueves, 26 de agosto de 2010

KATE JACOBS, "El club de los viernes"


Este libro es mío, lo compré hace pocos días porque leí a una amiga (maria olza) hacer un comentario del libro y me llamó la atención. Me recordó a otra novela (WHITNEY OTTO, “Coser y cantar”) que había leído hace tiempo y que hace referencia a un grupo de mujeres unidas por el trabajo de quilt, labor artesanal que han confeccionado las mujeres norteamericanas y que consiste en coser retales para formar una escena o un motivo. Son ocho mujeres, igual que en “El club” que cuentan sus historias.
También la he leído en Italia, está fotografiado en la mesilla de un hotel de Milán.

La novela tiene 443 páginas y el título responde a la reunión de algunas mujeres que hacen punto en la tienda de Georgia Walker que vende hilo de lana, seda, algodón etc. para tejer ropa, los viernes por la tarde.

El argumento se basa en tejer las historias de ocho mujeres diferentes, que viven en Nueva York, y que comparten su afición por el punto. Son mujeres con diversas circunstancias vitales, de extracciones sociales distintas, edades diferentes y planteamientos vitales distintos que acaban formando una red solidaria y de apoyo mutuo entre ellas.

Esta novela ha sido un best seller internacional y parece que hay continuación e incluso se quiere rodar una película basada en ella. Es una novela entretenida y fácil de leer, a veces peca de excesivamente “dulzona” pero con un final trágico e inesperado. Es un canto a la amistad entre mujeres. Fragmentos:

“… cuando eres joven siempre crees que encontrarás a toda clase de personas maravillosas, que separarse y perder amigos es natural. Al principio no te preocupas por los amigos a los que dejas atrás. Pero, a medida que vas haciéndote mayor, cada vez cuesta más hacer amistades. Hay demasiadas defensas y escasas oportunidades” (p. 176).

“Así es la crianza de los hijos: esparces un montón de normas y buenos consejos y esperas que florezca algo bueno” (p. 330).

RECOMENDACIÓN: una novela entretenida y que reflexiona sobre la importancia de la amistad entre mujeres. Entran ganas de ponerse a tejer o comprar algo de lana, mejor de lino que hace mucha calorrrr…

miércoles, 25 de agosto de 2010

VERONA, PADUA Y RÁVENA.

Si tuviera que elegir el lugar que me provocó una sonrisa tierna, seleccionaría este cartelito en una vieja tienda de ultramarinos en Padua.



Si tuviera que elegir el lugar donde vi más turistas de todos los visitados fue la supuesta casa de Julieta y el famoso balcón que visitó Romeo. Pero yo me quedé en la entrada del patio y encontré miles de mensajes de amor eterno.



Si tuviera que elegir la historia (no olvidemos mi oficio) que más me conmovió, estaría relacionada con la preciosa iglesia de San Vitale en Rávena. Más que con esta iglesia, con el precioso mausoleo que se encuentra al salir al jardín, el de Gala Placidia.



Gala Placidia (siglos IV-V), fue hija, esposa y madre de emperadores romanos. A principios del siglo V, durante el sitio de Roma por Alarico, Gala fue hecha prisionera por los visigodos. Haciendo gala (valga la redundancia) de heterodoxia y rebeldía, se casó con un bárbaro por amor, Ataúlfo, que fue herido mortalmente por un criado y, antes de morir, ordenó a su hermano devolver a Gala a los romanos. Su sucesor, Sigerico, mato a los hijos de Ataúlfo y sometió a Gala a diversas vejaciones. Fue asesinado a los siete días y le sucedió Walia, que se comprometió a devolver a Gala Placidia y luchar como aliado de los romanos a cambio de víveres. Su hermano Honorio la forzó a casarse con el general Constancio e intentó abusar sexualmente de ella, lo que dio lugar a un gran escándalo público que, unido a las acusaciones de que había conspirado contra él, en connivencia con los visigodos, hizo que Gala se refugiara con sus hijos en la corte de Constantinopla, donde permaneció hasta la muerte de su hermano en el 423. Murió en Roma a mediados del siglo V.

BÉRGAMO,MANTUA y BOLONIA

Si tuviera que elegir algo que me ha disgustado del viaje al norte de Italia sin duda sería el pavimento de cantos rodados que machaca los pies del viajero. Estaba en el centro histórico de casi todas las ciudades que he visitado, éste es de Bérgamo.



Si tuviera que elegir algo que me ha sorprendido agradablemente ha sido el uso de la bicicleta en esta zona de Italia, aunque no vi ningún carril bici. Muchas personas usaban bicicleta sin distinción de edad, condición social, sexo o vestimenta.



Si tuviera que elegir algo que me gusta de todos los viajes es callejear, abrir bien los ojos, mirar como vive la gente en un día cualquiera, parar delante de un porche y captar una cara como ésta: un diablo sonriente que se burla ¿de mi? No me parecería nada raro…, lo cierto es que me hizo sonreír encontrarlo en mi sesión de callejeo por Bolonia.

lunes, 23 de agosto de 2010

VIAJES. ITALIA, MILÁN.



MIGUEL ÁNGEL, La Piedad Rondanini. EN HONOR DE CALMA QUE QUIERE VER ESAS PIERNAS FLOJAS...

Si tuviera que elegir algo de lo que he visto durante el viaje al norte de Italia, me costaría mucho, pero me decidiría por la Piedad Rondanini de Miguel Ángel en el Museo del Castillo Sforzese de Milán. Me parece una obra espléndida. El que no esté acabada, no le quita valor sino que le añade. Es una obra de madurez en que la madre y el hijo son dos personajes de cierta edad, adoptan una extraña posición que no es la típica de las “piedades” y el quedar inacabada le da una autenticidad que me emociona y enternece (sin connotaciones religiosas en mi caso).

JOSÉ LUIS SAMPEDRO, "La sonrisa etrusca"

"Pero, de repente, le detiene en seco una escultura.
En ella ninguna blandura: al contrario. Parece como aún a medio hacer, pero ya tan cargada de expresión que su misma rudeza, más vigorosa que lo perfecto, resulta un grito de llamada para el viejo, un toque de clarín.
Esas dos figuras labradas a golpes, tan unidas que resultan una, le recuerdan sus propias tallas rústicas en palos y raíces. (...)
Se asombra: un escultor digno de los guerreros con las mazas; nada de pequeñeces. La impresión crece en el viejo: aquel artista fue de su mismo temple. Por eso ansía comprenderle mejor: ¿qué labró en esa roca, qué nos quiso decir?... Ese personaje en pie, con redondo casco y manto, sosteniendo a un hombre desnudo cuyas rodillas se doblan en el desmayo o en la agonía..., ¿qué misterio encierra?
Para desvelarlo el viejo lee el rótulo, pero agita incrédulo su cabeza: Michelangelo. Pietà Rondanini, reza la placa.
¡Imposible!... ¿Una mujer con casco?... Y aunque sea un manto cubriendo la cabeza, ¿cómo una madonna, que siempre pintan niña y poca cosa? ¿Una virgen, con esa fuerza, plantada tan firme, sosteniendo, levantando al Cristo? Salvo que el Michelangelo fuera de Calabria, donde aún quedan mujeres con esos brios... No; es que estos milaneses no entienden; han escrito Pietà porque no saben lo que guardan aquí... (...)
Precisamente porqué en Milán no comprenden esa talla el viejo se interesa más aún por esos cuerpos enigmáticos.
Dos guerreros; eso tiene que ser; dos partisanos de entonces, no hay duda... ¡Si está claro: a uno le han herido y el camarada le sostiene, llevándoselo a sitio más seguro!... Como el Ambrosio y yo, son como hermanos... Sí, porque el del casco sufre. Tiene cara de valiente, pero llena de pena... ¿Quiénes serían, de cuándo?
El viejo se lo pregunta al mármol de hombre a hombre, para admirar mejor tanta recia ternura, tan hondo amor viril, misteriosamente encarnado en la piedra. Interroga de igual a igual porque, si él hubiera cogido un cincel alguna vez, así se hubiera enfrentado con la roca de su montaña.
Al rato desiste, aunque le cuesta trabajo marcharse sin saber más, dejando tras de sí a esa pareja de guerreros,..." (pàgs. 92-94).


domingo, 22 de agosto de 2010

MERCEDES CASTRO "Y punto."



De nuevo se trata de un libro prestado por otra amiga que es profesora de lengua castellana (vais a pensar que sólo leo libros prestados…). El libro lo he acabado de leer en Italia y está fotografiado en un hotel de Verona.

La novela tiene 799 páginas y el título es una especie de muletilla de la protagonista, Clara Deza, pero también hace referencia a que intenta decir siempre la última palabra.

La trama de la historia es policíaca pero establece en paralelo con ella, unos diálogos interiores que son muy largos al principio y se abrevian cuando la trama policial se intensifica. La trama policial está muy bien montada y mantiene la tensión hasta el final, se producen varios asesinatos, con apariencia de suicidios, que sólo Clara Deza considera que son homicidios y que tienen relación entre sí. Muy bien montada la historia y la relación que existe entre los diversos personajes (el yonqui, la prostituta, el mafioso, la madame, etc.), pero lo más sobresaliente, para mí, son los diálogos interiores de Clara Deza que dibujan una mujer contradictoria, malhablada, con una radical y particular filosofía de la vida. También hay espacio para su vida personal, sus amigas, su marido, su suegra…

Algunos de estos diálogos interiores definen a Clara Deza con la que es inevitable simpatizar y encontrar puntos en común. Clara es una mujer íntegra, sincera, que ama la libertad y que valora la honradez consigo misma, con las personas que quiere y con su trabajo.

Cuando leí estos dos fragmentos quedé atrapada y cautivada por el personaje:

“…más o menos una vez cada tres meses, me da por llorar descontrolada sintiendo que esas lágrimas son como la lluvia de donde vengo, lluvia sobre piedra gris que lava y pule y aleja el polvo, lágrimas que me liberan de una inquietud que siempre he tenido dentro, de una pena que llevo en la sangre desde que nací, de un fatalismo personal asumido y silencioso que no puedo evitar ni vencer aunque intente disimular…” (p. 36).
“Se me alborota la vida por temor de lo fatal, me doy cuenta de que soy mortal y que igual me acabo, de que el único rival que debo respetar es lo letal de los achaques y de qué sirve lo demás, los espejismos de lo diario, el bucle de lo cotidiano, lo banal, lo mundanal, el inútil oropel, el absurdo de no querer caer del pedestal cuando al fin toda faceta de es mal es venial, si todo se pliega y se arruga y se agota y se acaba ante la enfermedad y la muerte” (p. 39).

A partir de la treintena de páginas, todos los diálogos interiores me han parecido estupendos, pero destacaré algunos:

“…todas esas leyes de la civilización están ahí para impedir que los salvajes hagan lo que quieran, y yo, la más caótica, la más perdida y desorientada, la más veleta e inquieta, la más salvaje, debo entender de una vez por todas que hay que limpiar la nevera de líquenes verdes que trepan por sus paredes de escarcha, callar si un jefe habla, no esperar a que se acabe la mermelada de cereza y, definitivamente, no llegar tarde…” (p. 217).

“Y resuelta, haciéndose gestos de asentimiento, dándose la razón como las locas de los cartones que van por la calle envueltas en sus conversaciones imaginarias, inmersas en eternos monólogos con las mujeres que fueron en otra vida, decide que no necesita a nadie, que nadie la va a entender ni la va a felicitar ni la va a apoyar porque nadie valora realmente el verdadero mérito de su trabajo, la lucha que mantiene consigo misma y sus ganas de dejarlo y descansar por fin de los demás, que no la entienden, que no se enteran de nada,…” (p. 417).

“Ríen las tres quedamente, cínicamente, con esa risa desesperada de lo perra, lo puta que es la vida, y más la nuestra, trabajando como negras todo el día, con esa mierda de la liberación femenina que mira que nos la han vendido bien y ya ves tú, qué asco de invento, lidiar con los compañeros en la oficina, con el carrito en el supermercado, con la familia en el cumpleaños, con la celulitis en el baño gimoteando porque no tenemos un cuerpo perfecto y, para rematarlo, odiando que nos lo recuerden nuestras parejas, si las tenemos, porque vaya insensibles y egoístas que son, y si no pues todavía peor, con el ansia de sentirte incompleta, como si te faltara algo. Qué mierda, vaya mierda de vida” (pp. 460-461).

“Al próximo que me diga que la vida es una tómbola le meto una hostia. La vida es un marrón, un auténtico marrón grande y gordo que va creciendo a medida que aumentan nuestros años y nuestra ansiedad. Sí, eso es la vida” (p. 644). Pero no, claro, no dejo que este pensamiento derrotista y absurdo me gobierne más de un minuto. Cómo hacerlo. Soy una luchadora, una hormiga atómica, una petarda que no puede parar de trabajar…” (p. 645).

En fin, reproduce los diálogos interiores que las mujeres tenemos cuando pensamos a la vez en mil cosas y no mantenemos las formas ni la fachada de duras y somos sinceras porque nadie nos oye.

RECOMENDACIÓN: leerla es una magnífica novela, disfrutaréis seguro.

ROSA



Una casa es el lugar donde uno es esperado...

sábado, 21 de agosto de 2010

ALBOR. MILÁN.


Esta mañana me he despertado, he abierto la ventana y he visto el sol de las siete de la mañana en Milán.