domingo, 8 de marzo de 2020

ADAM ZAGAJEWSKI, Una leve exageración

Confieso que no conocía de nada a este poeta. Paseando por una librería, miraba las novedades que me suelen tentar poco y lo encontré. Feliz encuentro. Me llamó la atención la portada, ese árbol sin hojas, y el título. La editorial siempre es una garantía, así que leí la contraportada, abrí el libró y enseguida supe que sí, que tenía que llevármelo. Zagajewski utiliza un formato que me gusta mucho, sé que es de lectura lenta (así ha sido), pero sé que me quedo atrapada si es buen escritor. 


Estamos ante una autobiografía completamente atípica (aunque desde Montaigne, la han utilizado otros autores/as como Pessoa o Kertész entre los que más admiro). No hay cronología, ni orden, ni selección de contenido por su aparente importancia, en fin, nada de lo habitual en este género. Zagajewski escribe con formato fragmentario, el libro está estructurado en fragmentos, a veces, muy breves (cuatro líneas), otras más largos (no suelen superar las tres o cuatro hojas). 

Estos textos fragmentarios son recuerdos de su vida personal (por eso podemos hablar de autobiografía) que abarcan temas muy diversos: música clásica, recuerdos familiares, recuerdos históricos de una época que le tocó vivir a él o a su familia (el comunismo polaco, la II Guerra Mundial, etc.), viajes (especialmente atractivos los que hizo por Italia en busca de la belleza), poetas, escritores/as (reflexiones sobre aspectos de sus vidas y de sus obras), en fin, un sinfín de temas. Así empieza este maravilloso libro: 
«DE TODOS MODOS, NO LO VOY A CONTAR TODO. Porque, bien mirado, no ha pasado gran cosa. Y además, soy un representante de la vieja escuela de la discreción de la Europa del Este: aquella que no habla nunca de divorcios ni reconoce que uno está deprimido. La vida transcurre tranquila, y al otro lado de la ventana reina un diciembre grisáceo y excepcionalmente cálido» (p. 5).
 “Una leve exageración” es una metáfora sobre la poesía.

viernes, 28 de febrero de 2020

SIRI HUSTVEDT, El mundo deslumbrante

No soy hustvedtiana. Y no lo soy porque ninguna de las novelas o ensayos que he leído de ella me han parecido redondos, siempre he visto altibajos importante en las obras que he leído. Páginas intensas, brillantes y reveladoras junto con páginas pesadas, aburridas y con pretensiones aleccionadoras que me alejan de ella. Puedo entender que una obra no salga redonda, pero el problema que tengo con esta autora es que en todas sus obras he percibido estos altibajos, ninguna de ellas es redonda. 



Pese a ello, hay elementos positivos que me atraen y justifican que, pese a lo dicho, siga leyéndola. En esta novela me ha parecido muy interesante la construcción de un personaje, Harriet Burden (Harry), con una personalidad potente, compleja y poliédrica. Un personaje atractivo, que sufre el patriarcado en el mundo del arte, en carne propia pese a estar casada con un hombre relevante en dicho mundo y que dispone de fortuna. Una mujer que le permite a la autora tratar un tema muy querido, el de la identidad de género o la ambigüedad sexual. 
«Ella no daba pábulo a las maneras convencionales de dividir el mundo en blanco/negro, hombre/mujer, hetero/homosexual, normal/anormal, pues ninguna de esas fronteras la convencían. Eran imposiciones, categorías definidas e incapaces de reconocer la mezcolanza que constituye la humanidad». 
Alrededor de Harry (nombre equívoco con el que juega con la identidad de género), hay otros muchos personajes interesantes: su enigmático marido, Felix Lord, su posterior compañero Bruno, su hija Maisie, su hijo Ethan, sus máscaras (con las que intentará desenmascarar el ninguneo que sufre su obra por ser mujer): Anton, Phineas y Rune. 

La narración está basada en los Diarios de Harry, que se van conociendo tras su muerte, y el intento, no solo de acercarnos a su personalidad, sino a ese ninguneo patriarcal que no logra derrotar pese a su intento de hacerlo a través de sus tres máscaras masculinas.

martes, 18 de febrero de 2020

SIMONETTA AGNELLO HORNBY, La Mennulara

El 23 de septiembre de 1963, en un pequeño pueblo de Sicilia, Roccacolomba, muere la Mennulara. A partir de ese día y hasta el 23 de octubre transcurrirá un mes en el que iremos conociendo a los diversos personajes que tienen relación con la fallecida. Entre estos personajes está la familia Alfallipe de la que la Mennulara era criada, pero irán apareciendo otros muchos personajes que tenían relación con ella.


Las conversaciones de los vecinos y vecinas de Roccacolomba sobre la Mennulara nos irán mostrando diversas facetas de su vida a la vez que diversas incógnitas sobre su papel en la familia de sus amos. 

El nombre de mennulara se refiere a las mujeres que recogían las almendras, cosa que nos desvela el origen extremadamente humilde de la protagonista. Pese a este origen social acabará amasando una importante fortuna y administrando los bienes de la familia Alfallipe. 

A través de los encuentros y conversaciones de los vecinos y vecinas del pueblo, la Mennulara aparece a nuestros ojos como un personaje de gran personalidad que acaba siendo inolvidable. Todo ello, además, en el trasfondo de un pueblo de la Sicilia rural en la que parece haberse detenido el tiempo. Un espacio opresivo, clasista y duro para los más desfavorecidos que parece de otra época.

La novela está bien escrita y muy bien narrada, el paso de los días va clarificando quién era la Mennulara y con ella toda la realidad social que la rodeaba y sobre la que ella se impuso en cierta manera. Este fragmento revela la personalidad y grandeza de la Mennulara: 
«Desde pequeña había tenido un agudo sentido de su propia dignidad, incompatible con su posición social y económica: miraba abiertamente a los ojos, planteaba preguntas sin malicia o descaro y esperab una respuesta que, en efecto, recibía. Al colegio no iba: conocía su deber, que era mantener a su familia» (117). 
Hacía mucho que tenía esta novela en las estanterías de «pendientes» y una reseña leída en IG (lamento no recordar de quién) me animó a su lectura, que ha sido muy gratificante.

sábado, 8 de febrero de 2020

KARL OVE KNAUSGÅRD, La muerte del padre


«El mundo era el mismo. Y sin embargo no era el mismo, porque su sentido se había desplazado, y seguía desplazándose, acercándose cada vez más a lo que no tenía sentido» (p. 412). 
Esta novela es la primera de las seis que conforman Mi lucha, un proyecto que el autor encara para desmenuzar su historia personal, su vida. No sé si leeré toda la serie aunque tras la lectura de la primera, sí me han quedado ganas de seguir con la segunda. 

Quizás lo que llama más la atención de esta novela es que el autor, que habla en primera persona, no esconde su vulnerabilidad, sus dudas, sus frustraciones, sus miedos, etc. En este sentido, resulta rompedor en los elementos que definen habitualmente la masculinidad. 

El autor va de sus frustraciones presentes, con sus dudas respecto a su calidad como escritor, a su pasado (haciendo un recorrido desde la infancia a la adolescencia y la juventud. La presencia del padre, que muere en esta novela como consecuencia de su alcoholismo, condiciona la vida de Karl Ove. Esa tragedia puede explicar la obsesión del autor por la muerte, que le lleva a ser demoledor consigo mismo y con su literatura. 

El padre, la madre está casi ausente, es una presencia en cierta manera amenazadora que lleva al autor a estar siempre pendiente y en alerta cuando está en su presencia. Cuando muere el padre se siente liberado y, a la vez, llora su pérdida en una explosión de contradicciones muy bien descrita. 

Se trata de una familia aparentemente normal de la que el autor desvela sus luces y sus sombras con una sinceridad que te va desarmando en el transcurso de la lectura. La muerte del padre es una buena novela con una prosa limpia y fluida. En ella hay un claro objetivo: explorar su propio yo y, con él, la sociedad que le rodea.

martes, 28 de enero de 2020

HARUKI MURAKAMI, Hombres sin mujeres


Con este título, que es el del último cuento, Murakami recoge siete cuentos centrados en las relaciones amorosas y/o sexuales entre hombres y mujeres. Estos cuentos nos muestran a hombres con dificultades en las relaciones, hombres solitarios, hombres con miedo al compromiso, hombres a la deriva. En cambio, las mujeres parecen salir mejor libradas de sus relaciones con ellos porque sus emociones, planteamientos y deseos son más claros y consistentes que los de ellos.
« (…) pretender escudriñar por completo el corazón de otra persona, por muy compenetrado que estés con esa persona o por mucho que la ames, es pedir demasiado. Lo único que consigues es sufrir. Sin embargo, tratándose de nuestro propio corazón, se supone que, esforzándonos, deberíamos poder escudriñarlo tan a fondo como grande sea nuestro esfuerzo. Así pues, ¿no crees que, al final, lo que tenemos que hacer es pactar con firmeza y honradez con nuestros propios corazones? Si uno desea ver en serio a los demás, no le queda más remedio que observarse en profundidad, de frente, a sí mismo» (41). 
Y es que en muchos de estos cuentos, las mujeres se elevan por encima de ellos cuando su relación es un lastre por sus miedos, quejas, complejos, etc. Podríamos decir que en estos cuentos las mujeres, que han renovado los estereotipos de la feminidad son las protagonistas y encontramos en ellos la masculinidad en crisis. 

Por lo demás, aparecen los gustos de Murakami que son una constante en su obra: la música (especialmente el jazz) y los libros.

sábado, 18 de enero de 2020

PAUL AUSTER, La noche del oráculo

Siempre comento, un poco en broma otro poco en serio, que soy austeriana. He leído bastante a Auster aunque no todos sus libros porque es bastante prolífico, pero siempre disfruto con sus novelas, pese a ello hacía bastante que no leía nada suyo. Revisando los libros pendientes de lectura encontré este y decidí leerlo, el resultado ha sido que he acrecentado mi austerianismo. 


Esta novela es una historia que por momentos se vuelve trepidante y llena de incógnitas que te atrapa. Quizás influye que el protagonista, Sidney Orr, decide aprovechar para volver a escribir a Flitcraft, personaje de El halcón maltés de Dashiell Hammett. 

En la novela hay varias historias que van confluyendo en diversos momentos de la trama en la línea narrativa que Auster domina como nadie. Las piezas se van desplegando como si fuera un puzle y poco a poco van encajando con maestría. 

Sidney Orr es una escritor que acaba de salir de una larga enfermedad que casi acaba con su vida, la recuperación es lenta y parece claro que, de momento, no puede volver a escribir. Sin embargo compra, en una papelería regentada por un chino, un misterioso cuaderno azul portugués y empieza a escribir febrilmente una historia con un alter ego, Nick Bowen. 

En paralelo a esta historia escribe sobre su relación personal con Grace, su esposa, que también tiene sus secretos relacionados con otro personaje importante John Trause, un famoso escritor y una especie de tutor de Grace. 

La novela reflexiona sobre la soledad y la compañía, sobre ser uno y varias personas a la vez, sobre lo difícil que resulta ser coherente cuando se opta por la moralidad. Una historia muy en la línea de Auster con algunas sorpresas inesperadas.

miércoles, 8 de enero de 2020

ÉRIC VUILLARD, Tristeza de la tierra. La otra historia de Buffalo Bill

Leí con entusiasmo El orden del día, premio Goncourt 1917. Este es un libro anterior publicado en 2015 y finalista del Goncourt, mi entusiasmo por el libro anterior me llevó a interesarme por este que hoy comento. 


Sin embargo, desde mi modesto criterio Tristeza de la tierra no llega a la altura de El orden del día. Ambos coinciden en narrar hechos reales en esa mezcla de realidad ficción que tan de moda está y que a mí me gusta mucho. Sin embargo, la narración trepidante y contundente que está en El orden del día, no la encuentro en este, no es que el tema sea menos importante o menos dramático, es el tono lo que, desde mi visión, no acaba de funcionar. 

Estamos ante un buen libro, pero no ante un libro extraordinario como El orden del día. Mientras en este se describen las diversas situaciones que permitieron el gran desastre del Holocausto y de la II Guerra Mundial en Europa, en Tristeza de la tierra se desvela la masacre y el expolio que sufrió el pueblo indio en EUA. 

La idea de la que parte Vuillard es la de cuestionar y visibilizar cómo la leyenda de Bufalo Bill es, efectivamente, eso, una leyenda que no responde a la realidad pero sobre la cual se fundamentó una nación que se fundó en la masacre de la población autóctona y en el espectáculo, siempre mentiroso, y así siguen… Hablando del tiempo de los y las pioneras, afirma el autor:
«En aquella época, cualquier papanatas podía fundar una ciudad, llegar a general, a hombre de negocios, a gobernador, a presidente de los Estados Unidos; tal vez aún sea así» (p. 21) 
Tal vez, no. Es así. 

En este libro se explica con detalle el espectáculo (Wild West Show) que montó Buffalo Bill y que recorrió EUA y Europa con gran éxito hasta casi su muerte. Este espectáculo tergiversaba completamente lo ocurrido y fomentaba el racismo y el odio hacia las víctimas, los pueblos indios.

La idea es muy interesante pero el problema es que resulta deslavazado, sin garra y confuso en sus pretensiones. En todo caso, es un libro bien escrito y que merece ser leído por su temática.

sábado, 28 de diciembre de 2019

J. M. COETZEE, Siete cuentos morales


Este libro ha tenido la mala fortuna de que lo haya leído tras el de Theodor Kallifatides, Otra vida por vivir y muy próximo al suyo de Elizabeth Costello. Empatizo más con los de mi propia especie que con los de otras especies, si alguien me quiere llamar especista, pues bueno, no me va a molestar. Adoro los animales y la naturaleza, me siento holista desde muy joven y le he dedicado muchas horas de militancia a la ecología que forma parte de mi manera de entender el mundo. Estoy convencida de que todas las especies podemos convivir y respetarnos, soy muy crítica con el capitalismo neoliberal y su manera de explotar el mundo para obtener beneficios… en fin, podría seguir pero no es el caso que nos ocupa porque aquí quiero hablar solamente de estos Siete cuentos morales.

Elizabeth Costello se mueve en estos cuentos entre su defensa a ultranza de los animales que son criados (más bien maltratados) para ser alimento de la especie humana en granjas industriales, transportados y matados sin contemplaciones. Y empatizo con estos animales y con lo que me explica Costello/Coetzee. 

El otro gran tema es el de la vejez, el deterioro del ser humano y las soluciones que damos a personas que, gracias a la eficacia de la medicina moderna, viven cuando ya no tienen calidad de vida. Me llama la atención que Costello/Coetzee no reivindique la muerte digna de la que soy partidaria (para ello he tomado mis decisiones personales que espero funcionen).

Resumiendo, el libro me ha gustado sin entusiasmo. Ya digo, quizás no era el momento. Así que lo dejó reposar en mis estantes por si un día lo releo.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

THEODOR KALLIFATIDES, Otra vida por vivir

Kallifatides escribe un libro de una dimensión humana que, de forma instantánea, me identifica con él. Ocurre raras veces que una empatice con alguien con el que aparentemente tiene poco que ver (sexo, nacionalidad, edad, lengua…), sin embargo cuando ocurre es una fiesta para mí. Me pasa reiteradamente con Imre Kertész, uno de mis escritores favoritos.



Cuando acabé de leer Otra vida por vivir pensé: ¿Qué me ha contado este hombre? ¿Por qué me ha gustado tanto? ¿Por qué me ha emocionado de la manera que lo ha hecho? No es fácil explicarlo, hay que leerlo y comprobar si también te emociona a ti.

Kallifatides emigró joven a Suecia por la enésima crisis económica de su país, Grecia. Allí se integró tan fácilmente que empezó su oficio de escritor en lengua sueca, se casó con una mujer sueca y decidió no enseñar el griego a sus hijos/as. Pese a que tenía una cierta querencia hacia personas que procedían de su país, rompió bastantes vínculos con Grecia.

Llegado a la vejez, setenta y pico años, padece una crisis de escritura… no tenía nada que decir, dice el mismo. En esa situación, piensa, y piensa en muchas cosas diversas que abarcan de su núcleo más íntimo al mundo entero, de sus inicios como inmigrante al consumismo, del fracaso al éxito, etc. Lo hace sin aparente esfuerzo, de forma delicada, breve (el libro de formato pequeño tiene 153 páginas). 

En un momento dado se siente herido por el trato que recibe su país de origen y esa herida y su vacío como escritor, le llevan a su país de origen y a su pueblo donde le quieren poner su nombre a un centro escolar de secundaria. Con su regreso, se encuentra con su lengua y se da cuenta de que:
« (…) cuando no tienes nada que decir, lo dices mejor en tu lengua materna» (p. 152). 
Y con su lengua afloran recuerdos muy antiguos: 
«Mi abuela que le sacaba el hueso a las aceitunas con sus dedos encallecidos para que yo pudiera comerlas. La palma grande de la mano de mi abuelo con un caramelo amarillo. Mi madre que mojaba el pan duro y le rociaba un poco de azúcar “para que la boca del niño se endulzara”.
Fueron años duros, difíciles, pero siempre había una mano que ponía algo comestible en mi boca. Una vez más el mundo atravesaba por años duros y difíciles.
¿Qué manos darían y qué manos recibirían?». 
Este libro tiene otra virtud, explicar con sencillez el maltrato que ha padecido el pueblo griego en estos años de crisis. Hay otro motivo por el que una amiga me recomendó este libro, pero ese ya os lo explicaré en otro momento.

domingo, 8 de diciembre de 2019

LUIS LANDERO, El balcón en invierno



De este libro atrae esa foto del autor con su abuela en 1965. La mirada de cariño de Landero dice mucho de lo que vamos a encontrar entre sus páginas. El autor intenta a través de la literatura luchar contra «un mar de olvido», quiere rescatar la vida de su familia, del mundo rural e incluso del mundo urbano de los barrios. 

Sus historias se van desgranando y el libro va creciendo conforme va avanzando en narrar las vidas de una familia de labradores en Extremadura. Su forma de vida, su manera de trabajar, la dignidad de los conocimientos del mundo rural, su creatividad para subsistir… No se idealiza nada, el relato es sobrio y, a la vez, emocionado. El autor es consciente que está hablando de un mundo casi desaparecido hoy.

Instalarse en Madrid supuso para la familia cambios importantes, aunque igual que se llevaron sus enseres del campo, se llevaron su forma de vida, su manera de relacionarse y de entender la vida. Sin embargo, Luis Landero entró en un mundo nuevo: el mundo de la escritura, el mundo de la literatura. Él mismo dice que en su casa no había libros para explicar lo difícil que fue su oficio de escritor, el milagro casi de ese hecho que le revoluciono la vida. 

Mientras vas leyendo, conoces a los personajes, su idiosincrasia, su manera de entender la vida y de encararla. Vas entrando en esa familia y vas reconociendo a la tuya propia en tantos rasgos, en tantas dificultades, en esa vida de familia amplia con sus ventajas y sus inconvenientes. 
La ensoñación de un lugar secreto, de un refugio, siempre me ha subyugado. Un día deberías escribir algo sobre el refugio como motivo literario, Elogio del cubil, podría titularse, porque los mejores y más seguros escondrijos los has encontrado siempre en los libros (222). 
Una maravilla de historia que está bien contada, bien escrita y bien acabada. Lo peor es el primer capítulo: “No más novelas”, que no he entendido qué pinta ahí, por fortuna es breve (de la página 13 a la 28) y lo he olvidado. 

Un gran escondrijo para refugiarse.