MARIO VARGAS LLOSA, Travesuras de la niña mala.
Esta novela la compré hace tiempo, posiblemente poco después de publicarla (2006), pero no me había llamado la atención, algo extraño porque ya sabéis que me gusta mucho el autor. Ya sabéis mi extraña teoría, muy poco científica, de que los libros me buscan a mi y que siempre hay un momento y un lugar para cada novela. Cuando he comentado otras novelas, casi siempre había alguien que mencionaba esta novela como una de las mejores. Sea por esos comentarios o sea porque la novela me buscó, le llego el momento a Travesuras de la niña mala.
La novela, que está en mi mesa de trabajo, tiene 375 páginas, y el título es la manera en que el protagonista, Ricardo, llama a su amor: niña mala. Esta especie de epíteto se usa a lo largo de toda la novela porque hasta la página 319 no se conoce, ni Ricardo conoce, el verdadero nombre de la niña mala.
Sobre Mario Vargas Llosa he hablado en otras muchas entradas y, por tanto, no insistiré en su biografía.
La novela está estructurada en siete capítulos: Las chilenitas; El guerrillero; Retratista de caballos en el swinging London; El Trujimán de Château Meguru; El niño sin voz; Arquímedes, constructor de rompeolas; y Marcella en Lavapiés. Estos capítulos permiten al interprete y traductor, Ricardo Somocurcio, el niño bueno, recorrer diversas ciudades en pos de su amor: París, Londres, Tokio y Madrid.
La trama de la novela es una historia de amor fiel y sin límites, un enamoramiento en sustantivo, que está a punto de causarle la muerte a Ricardo. Siguiéndole a él, conocemos a la niña mala, una mujer empeñada en huir de la pobreza y practicar la tierra quemada cuando salta de un matrimonio a otro. Estamos ante una mujer aventurera, inquieta, inadaptada, inconformista, que paga muy cara la huida de la pobreza de su Perú natal. Su padre la consideraba una “chiquilla resabiada, llena de mañas. Bastante despierta, pero de armas tomar” (p. 320). La novela cuenta esas estupideces que se “hacen sólo una vez, cuando uno está imbecilizado de amor por alguna mujer” (p. 365). Pese a estar enamorado como un “becerro”, Ricardo sabe que su amor es una “mujercita fría, desamorada, calculadora, cruel” (p. 324).
El autor describe de forma magistral el trasfondo político, social y cultural de las ciudades en las que vive o que visita tras la niña mala. Aunque la ciudad en la que transcurre gran parte de la vida de Ricardo es París, la ciudad en la que, desde niño, quiso vivir y que consiguió hacer realidad. Vargas Llosa se permite, además, criticar a Doris Lessing, Paul Auster y Michel Tournier, como escritores “de moda”, fáciles de traducir pero que no divierten al hacer la traducción (p. 334).
La novela está muy bien escrita, con numerosas palabras y términos peruanos (uno de los que más se utiliza en la novela es huachafería)que enriquecen la escritura. El relato va creciendo en intensidad a través de los encuentros y desencuentros de Ricardo y la niña mala, a través de los intentos de Ricardo de desligarse de ella.
FRAGMENTOS:
--- Ricardo describe a la niña mala (una mujer joven, pero adulta) y, me parece, que la base de su imbecilizado amor:
“Su cuerpo seguía tan delgado y bien formado como en mi memoria, con su estrecha cintura que parecía caber en mis manos y su pubis de ralos vellos, más blanco que el terso vientre o los muslos donde la piel se oscurecía y matizaba con un viso verdoso pálido. Toda ella desprendía una fragancia delicada, que se acentuaba en el nido tibio de sus axilas depiladas, detrás de sus orejas y en su sexo pequeñito y húmedo. En sus arqueados empeines la piel dejaba traslucir unas venitas azules…” (p. 66).
--- Arquímedes es un constructor de rompeolas porque sabe dónde el mar acepta que sean construidos. Para ello, Arquímedes le habla al mar, más que eso, lo escucha “como se escucha a un amigo”:
“Se llevó la mano a la oreja y adoptó una expresión atenta y sometida, como si ahora mismo estuviera recibiendo las confidencias secretas del océano” (p. 314).
RECOMENDACIÓN: La novela me ha encantado, la historia en sí, una historia de un enamoramiento sustantivo (qué diferencia con el de Javier Marías) trascurre con fluidez, ligereza e interés. El trasfondo cultural, social y político, resulta suficiente y establece el marco adecuado para la historia personal.
Hace unos días leí un artículo de Vargas Llosa, en El País, sobre la llegada del Papa a Madrid que me disgustó mucho porque no puedo diferir más de sus planteamientos, pese a ello, sigo admirándolo como escritor y, a veces, como periodista.
DANI NEL.LO
JAMBOREE. JAZZ & DANCE CLUB, 31 de agosto.
Os cuento una debilidad. Los que me conocéis sabéis que tengo debilidades confesables que por ahí andan y, como cualquier hija de vecino, inconfesables que guardo en el núcleo de mi persona bien guardaditas. La de hoy es confesable............, adoraba a un grupo de los ochenta que se llamaban LOS REBELDES y, por supuesto, y relacionado con ellos a LOQUILLO, de quien ya hablaré en otra ocasión. Los vi en directo en varias ocasiones y tengo algunos de sus discos.
Bien, el miércoles fui a la mítica sala Jamboree a escuchar a uno de sus componentes, tocando jazz, Dani Nel.lo. Presentaba su disco “Noir”, con su grupo: Francisco Suárez al piano, Ivan Kovacevic contrabajo, Ramón Ángel Rey batería y Dani Nel.lo, saxo tenor. Pasé una velada estupenda. Dani continúa con su estética rockabilly, al igual que el contrabajo, y eso le da a este grupo de jazz un aire diferente que me gusta.
La caricatura de Vargas Llosa y la fotografía de Los Rebeldes están tomadas de google, el resto son de Laura Uve.

























