
...me gustaría soñar…, confiar en que la armonía con la naturaleza es posible, me gustaría poder reposar en la tranquilidad del amanecer, poder escuchar la calma y el silencio del bosque repleto de sonidos nunca escuchados.
Me gustaría creer que existen las hadas del bosque, de las cuevas, de los manantiales… que cuando camine entre los árboles sienta el rumor de sus antiguas vidas, que cuando sienta sed, quede saciada viendo el agua cristalina correr entre piedrecitas y hojas caídas, que cuando sienta cansancio pueda descansar arropada por el rumor del viento cuajado de mariposas y de olores ansiados y buscados.
Me gustaría reposar en el prado plagado de flores silvestres de colores indefinidos, me gustaría nutrirme de la humedad y del calor que el suelo mullido de miles de hojas caídas hace más sencillo y fácil caminar. Me gustaría descansar, sentir que la paz y la falsa tranquilidad de la montaña me inunda y me acompaña en un arrullo suave, mientras el sueño reparador, por fin, me consuela.

ÁNGEL GONZÁLEZ, Bosque.
Cruzas por el crepúsculo.
El aire
tienes que separarlo casi con las manos
de tan denso, de tan impenetrable.
Andas. No dejan huellas
tus pies. Cientos de árboles
contienen el aliento sobre tu
cabeza. Un pájaro no sabe
que estás allí, y lanza su silbido
largo al otro lado del paisaje.
El mundo cambia de color: es como el eco
del mundo. Eco distante
que tú estremeces, traspasando
las últimas fronteras de la tarde.
Te cuento, aunque tal vez no sea una sorpresa, que creo en la existencia de las hadas; en realidad, creo en todo aquello en lo que elijo creer, aunque no las vea en forma física, las siento, porque de algún modo lo que está dentro de mí se hace real para mí. Suena un poco raro, ¿no? Es que yo lo soy un poco :)
ResponderEliminarPrecioso poema, gracias por subirlo.
Besos, feliz domingo.
A mí también me gustaría creer en las hadas, poder pasear tranquilamente por los bosques, olvidándome de todas las preocupaciones que se agolpan en mi cabeza, pero vivimos en una sociedad que tiende a atraparnos impidiéndonos disfrutar de las hadas de los bosques, de las cuevas...
ResponderEliminarBesosssss
Precioso poema.
ResponderEliminarLas hadas pululan por ahí. Solo hay que saber verlas, y entonces a nuestro alrededor todo se vuelve mágico ¿o es que acoso no hemos tenido estas sensaciones alguna vez? "Fueron momentos mágicos".
Besos
Mercedes.
Me gusta creer que las hadas existen, me gusta creer en la esperanza, me gusta creer en un mundo mejor, me gusta ver con otros ojos, me gusta la vida en la utopía.
ResponderEliminarUn abrazo
Es un sueño muy bonito: vivir en armonía con la naturaleza seguro que es lo más cercano a la felicidad. También tu sueño refleja un anhelo de libertad que no se tiene viviendo en la sociedad capitalista. Me equivoco?
ResponderEliminarPetonsssssssssssss
¡Que me quiten todo menos los sueños! Ese siempre ha sido mi lema. Si sueño nadie me persigue y si lo hago conscientemente, puedo dirigirlos sin temer nada. ¡Me encantan los bosques, estoy convencida de que en esos lugares la magia brota!
ResponderEliminarBesos Laura.
Estoy muy de acuerdo con Rosalía. Y te cuento un secreto: hoy le he pedido un favor a un nogal y me lo ha concedido. Magia.
ResponderEliminarBesos
PD: ¿Por qué la falsa tranquilidad de la montaña? Ella está tranquila, aunque a unos kilómetros de ahí pasen barbaridades.
Ay Uve,cómo te gustan los bosques,parece que una de tus visualizaciones preferidas es tumbarte en el suelo,rodeada de árboles y sentirte al amparo de toda esa energía...
ResponderEliminarUn abrazo
y las hadas son esas miradas amigas, esas manos tendidas, un beso espontáneo... y nos acompañan, estan junto a nosotras, son nuestras ilusiones y nuestros logros.
ResponderEliminarLo lamento, las hadas no existen. Ni los príncipes azules, ni las princesas encantadas, ni el elixir de la eterna juventud, ni las promesas para siempre, ni corceles de grandes crines, ni los elfos, ni el destino,ni... ahora que lo sé, vivo mucho más tranquilo (y feliz).
ResponderEliminarYo sigo creyendo que las hadas existen y nos rodean con su magia cuando estamos en un lugar natural, rodeados de árboles y vegetación. No creo que puedan sobrevivir en una ciudad que acaba por ahogarlas, igual que nos pasa a nosotros.
ResponderEliminarGracias a blogs como el tuyo, voy descubriendo poemas preciosos.
Besos
Estas palabras han tenido la facultad de transportarme por unos instantes a otro lugar lejos del cemento y el ruido, a un lugar de paz y tranquilidad, a un lugar donde los sueños se hacen realidad, a un lugar donde puedes sentirte en comunión con la naturaleza.
ResponderEliminarBesos
Las hadas existen. Son pocas, puede costar encontrarlas y, a veces, también tienen sus cosas. Los amigos leales son nuestras hadas.
ResponderEliminarQué privilegio saber apreciar las cosas verdaderamente valiosas, el agua limpìa que corre, la tranquilidad de la naturaleza... lo que no se puede comprar con dinero y sin lo que no podríamos vivir.
Un abrazo, compañera.
A mi me gustaría saber si las fotos son tuyas para nombrarte hada de la fotografía.
ResponderEliminarPrecioso texto. Angel González, a mi que no soy muy aficionado a la poesía, me encanta.
Un abrazo
Si que existen, guapa, lo que pasa es que están escondidas :)
ResponderEliminarBesicos
Yo amiga mía creo, creo en todo aquello que me hace soñar, me tranquiliza, me llena de energía y me trasporta y ellas están en los árboles en la naturaleza en cada piedra y es ahí donde me refugio. Tal vez no me concedan deseos pero...
ResponderEliminarUn besote cielo siento las ausencias ahora me pongo al día
en mi blog he dejado un regalo para todos si te apetece es tuyo
Creer en las hadas nos hace más felices. Y quién sabe, tal vez hasta mejor personas.
ResponderEliminarUn abrazo.
A mi me gustaría no creer en las hadas... pero es que una vez una me hizo una trastada... :))
ResponderEliminarAhora en serio, soñar es siempre positivo y si es con cosas maravillosas como las hadas mucho mejor. Creamos.
Un beso
Las palabras no sólo están para entenderlas, están para sentirlas. De ahí que esta entrada tuya, entre otras, me haya conquistado. Enhorabuena, porque eso tiene su mérito.
ResponderEliminarMis cordiales saludos.
Qué entrada más especial! Con tus sueños has llenado más de un universo y entre ellos el mío de hoy.Sigue, sigamos soñando.Y gracias por traer a Ángel González.Un abrazo soñador
ResponderEliminar...tu U-Topía camina sana fuerte y florida...me alegro por ello...pronto iré a Barcelona...me gustaría traer al Sur algún apunte publicable de allí...un saludo...hasta pronto...
ResponderEliminarMe encanta Ángel González!! Gracias por compartir el poema. Abrazos!
ResponderEliminarHola apreciada Laura, bueno, a veces no podemos salir de los límites cotidianos en los que estamos circunscritas o no sabemos como generar en la mente esa apertura hacia otras realidades... pero, siento, todo está dentro y desde allí podemos ir a donde queramos, sentirnos como deseemos, abrazar hadas y monstruos.
ResponderEliminarMis besos!
No suena raro Aglaia, entiendo que crees en aquello que forma parte de ti misma.
ResponderEliminarA mi me gusta pensar que la bondad, la belleza y la magia de los sueños, existen; eso vendrían a ser las hadas en mi imaginario.
Un abrazo grande!!
Así es Nuria, el ruido de la realidad cotidiana, a veces, es tan ensordecedor que nos impide disfrutar de las cosas sencillas.
ResponderEliminarHe paseado estos días (y mucho) por el bosque y me he tranquilizado... ¿será por eso que he dormido muchas horas?
Un abrazo inmenso.
Así es Mercedes, he tenido esa sensación algunas veces... así que tengo por fuerza que pensar que la magia existe.... y con ella, las hadas.
ResponderEliminarUn abrazo grande.
Compartimos deseos y sueños, Pilar. Así que ¡¡vivan las hadas!! y los sueños......la utopía.
ResponderEliminarUn beso y una mirada diferente a la habitual.
No te equivocas Dona, creo que esa sensación de tranquilidad y plenitud que se siente cuando logras disfrutar plenamente del silencio del bosque... es lo más cercano a la libertad tan deseada y buscada.
ResponderEliminarUn abrazo en armonía!!
Rosalía, sueños y naturaleza... también pienso, como tú, que ahí está la magia que jamás debemos perder.
ResponderEliminarUn abrazo grande.
Elvira, estos días he estado más atenta que nunca a los árboles... los he visto con detenimiento y los he tocado... No he pedido deseos pero me ha gustado hacerlo.
ResponderEliminarRespeto mucho la montaña, he visto cambios de temperatura bruscos, tormentas furiosas (estaba muy cerca y viví la tormenta que asoló el camping de Biescas... ¿recuerdas?)... por eso lo decía.
Un abrazo mágico y mi cariño.
Ay troyana, que bien me has captado, es un sueño recurrente y cuando estoy en el bosque me siento feliz.
ResponderEliminarUn abrazo grande.
Cómo me gusta lo que dices, anónimo,imposible estar más de acuerdo. No hay nada más mágico que esas miradas amigas, esa palmadita cuando se escapa una lágrima... en fín, tú ya me entiendes ¿verdad?
ResponderEliminarUn abrazo.
No lo lamentes, Sergio, lo sé y hace años. Las hadas de las que hablo son más humanas e imperfectas. Cuando te sale una foto redonda, ¿no piensas que has captado un instante mágico? Por ahí voy...
ResponderEliminarDe todas formas, pisar la realidad y sentirse feliz con ella es todo un logro.........mágico....
Un abrazo y bienvenido!!
little Emily, estoy de acuerdo que en la naturaleza hay una armonía especial. Y lo dice una urbanita convencida, además de incrédula.
ResponderEliminarUn abrazo grande.
Enrique, cómo me alegro de haber hecho posible esa sensación de estar en un espacio natural lleno de tranquilidad y calma.
ResponderEliminarUn abrazo.
Nuestro garito, qué bien me habéis captado. La amistad, y lo que no se puede comprar ni convertir en mercancia, es lo más cercano a la magia que conozco. Que las hadas nos lo conserven, correen malos tiempos.
ResponderEliminarSalud y un abrazo grande.
Uno, no son mías por desgracia... así que me quedo en simple mortal que busca la magia de la armonía natural y la poesía.
ResponderEliminarUn abrazo grande.
Lo sé Belén...:))
ResponderEliminarY no me extraña que se escondan eh!
Un abrazo con mi cariño.
40añera, comparto tus "creencias" y cuando me agobio me refugio en ellas para recuperar cierta armonía y tranquilidad. Si coincide que voy a la montaña, como estos días, o a alguna cala recogida..., noto la influencia positiva de dejarse acunar por la calma de la naturaleza.
ResponderEliminarA ver si hoy me da tiempo a pasar por tu blog.
Un abrazo y mi cariño.
Mar Abella, que verdad tan cierta. Así que no pienso privarme de ellas ni dejar de compartirlas...
ResponderEliminarUn abrazo.
Confiemos en las ensoñaciones y dejémonos acunar por la calma del bosque...
ResponderEliminar¿Y qué te hicieron, niño?
Un abrazo con magia soñadora.
Wundemar, hablába de la naturaleza, pero la palabra es poderosa, sana y cura, hace llorar y da felicidad... ¿hay algo más mágico?
ResponderEliminarGracias por tus palabras y mi cariño para ti.
Qué alegría me das con tus palabras, Erato. Lo escribí en un impulso espontaneo y con importantes dosis de cansancio y tristeza. Los deseos de calma y tranquilidad me llevaron a pensar en el bosque y de ahí....
ResponderEliminarMi cariño para ti... y soñemos.
Anónimo de la Piedra, gracias por tus palabras.... aunque, a veces, mi u-topía se siente maltrecha y necesita recargar pilas.
ResponderEliminarSeguro que la luz de Barcelona te inspirará apuntes estupendos, tu mirada es especial y captarás lo mejor de esta ciudad.
Un abrazo grande!
Zamarat, me alegro de compartir a Ángel González contigo... es un maravilloso poeta.
ResponderEliminarUn abrazo.
Eva, qué razón tienes. Cuando escribí esta entrada me encontraba en uno de esos momentos de tristeza e inquietud..., no sabía como salir de ahí... pensar en el silencio que necesitaba, me llevó al bosque y en un giro soñador a las hadas...
ResponderEliminarUn abrazo y mi cariño para ti.
A veces nos basta con vivir las sensaciones sin preguntarnos sobre sus orígenes, sin consecuencias racionales. No es que nos acostumbremos a conformarnos, sino que sencillamente no necesitamos explicaciones. ¿Necesito una explicación racional (o irracional) para las sensaciones más extrañas que me han embargado en la montaña? Lo cierto es que no. Si se me pregunta sobre ello por supuesto que puedo reflexionar y llegar a conclusiones más o menos satisfactorias, pero lo cierto es que no lo necesito. Y esas experiencias, a pesar de enriquecerme mucho por dentro, tampoco han cambiado sustancialmente mi forma de ver el mundo o de catalogar la realidad. Ni siquiera la profunda espiritualidad que desarrollo allí más que en ningún otro lugar ha afectado sustancialmente a mis posicionamientos religiosos. Creo que es todo mucho más espontáneo de lo que podría parecer a simple vista: un acercamiento infantil si quieres, en el sentido de que está privado de prejuicios dictados por las experiencias precedentes o por las creencias a priori. Me parece que consiste en percibir los momentos y atraparlos, pero sin aferrarse desesperadamente a ellos; siendo conscientes de que no son nunca nuestra única oportunidad, que llegarán otros nuevos cada día si sencillamente aprendemos a reconocerlos. Sí, creo que el principal enemigo de ese estado de equilibrio interior es la ansiedad, el deseo desaforado de alcanzarlo. Evidentemente todos lo sentimos, lo complicado es aprender a controlarlo. Personalmente se me hizo la luz al comprender que en cada salida, incluso por ciudad, hay, cuanto menos, un pequeño milagro. No dudo que pareceré infantil a los ojos de quienes observan mi entusiasmo ante cosas tan cotidianas como un insecto, por ejemplo. Pero si te soy sincera me importa poco; creo que me interesa más el poso que cada insignificante cosa me deja dentro que la fama de descerebrada que pueda llegar a criar. Son opciones personales, y creo que todas han de ser igualmente respetables siempre que hagan felices a las personas o cuanto menos no las dañen.
ResponderEliminarBesos lúcidos.
Hola, cariño!!
ResponderEliminar¡Qué certera eres con las palabras! Vivir sensaciones sencillas, naturales, placenteras... era lo que deseaba y necesitaba. Tenía la cabeza saturada de preocupaciones, de inquietudes, de ruido...
La quietud y tranquilidad que me embarga en la montaña, la paz interior al escuchar los sonidos de la naturaleza, no requieren explicación tampoco para mi.
En mi caso, que no tengo creencias religiosas, me permite lograr una especie de armonía con la tierra, con el universo... (me dan miedo las palabras tan trascendentes...) que me reconcilia conmigo misma.
A veces estoy tan pendiente del ruido exterior que me cuesta percibir inocentemente, como tú dices, las percepciones que deleitan y que son regaladas por la naturaleza.
Por lo demás soy una enamorada de la ciudad, una urbanita de pies a cabeza que disfruto con lo que la ciudad me ofrece.
En fín, no sé si he logrado explicarme. Confío en que la vuelta a la rutina no me lleve de nuevo a preocuparme por lo que no merece la pena... veremos...
Un abrazo con mucha calma!!