sábado, 7 de junio de 2014

VIRGINIA WOOLF, La señora Dalloway.

 (…) se disponía a ir a una fiesta, a su edad, convencido de que iba a vivir una experiencia. Pero ¿cuál?
Belleza, cuando menos. No la burda belleza de la vista. No era belleza pura y simple: Bedford Place, que conducía a Russell Square. Era rectitud y vacío, desde luego; la simetría de un corredor; pero también era ventanas iluminadas, el sonido de un piano, de un gramófono; una sensación de fuente de placer escondida (…) (p. 221).
Escribí hace tres años y medio en este espacio que Virginia Woolf era una escritora que había ejercido una gran influencia en mi pensamiento y que leí casi completa su obra de veinteañera. Llevo tiempo pensando en releer alguna de sus obras, pese a que no soy de releer, y finalmente me he decidido por La señora Dalloway, una novela que fue de las que menos me interesó en su momento, quizás por esa razón no tenía el ejemplar (prestado y no devuelto o prestado por alguien y devuelto por mi parte). El paso del tiempo, por fortuna, me ha dado una visión de la vida más pausada para poder apreciar emociones y acontecimientos pequeños que pueden revelar las profundidades del alma, más allá de sentimientos más apasionados o espectaculares. He disfrutado mucho con esta novela, sin duda he apreciado muchos aspectos que se me escaparon cuando la leí por primera vez.

La señora Dalloway fue publicada en 1925, tiene 263 páginas y su título se debe a que la novela relata un día en la vida de Clarissa, la Sra Dalloway, una mujer de clase alta, una mujer común, en el Londres de 1923. Esta novela fue la primera obra en la que Virginia Woolf revolucionó la narrativa de su tiempo a través, entre otras cuestiones que iré explicando, de lo que ella misma llamó en sus diarios tunnelling process (reconstrucción del pasado a fragmentos).


Sobre Virginia Woolf (1881-1941) ya he escrito en los textos mencionados y se puede encontrar la información en la etiqueta correspondiente a su nombre, además de la mucha información que hay sobre ella en la red y en una bibliografía bastante completa.

En La señora Dalloway Virginia Woolf inició la técnica, que luego continuará en Al faro (1927) y en Las olas (1931), de la omnisciencia del narrador que es capaz de entrar en cada personaje desarrollando una escritura que se abre a otras ficciones posibles, una especie de microrrelatos. El mundo es como un libro interminable de relatos engarzados en una continuidad que no tiene por qué ser lineal, a modo de las muñecas rusas, un relato dentro de otro. Ese tratamiento no lineal del tiempo unido a la representación pluridimensional de la conciencia humana y de la realidad son las grandes novedades que introdujeron Woolf, pero también Marcel  Proust y James Joyce.


En esta novela Woolf privilegia a una conciencia femenina, Clarissa-Sra Dalloway, una mujer madura, deseada, ama de casa, madre, esposa y sostén privado del marido que actúa en público. Pero la mundana y superficial Clarissa es también un gran interrogante. Para ella, preparar la fiesta que la tiene ocupada durante toda la jornada en que transcurre la novela, supone enfrentarse directamente con su propio yo, que incluye la asunción de su vida burguesa y despreocupada con las renuncias que ello conlleva; y ello implica pensar sobre la elección que hizo al casarse con Richard Dalloway, un amor adecuado, frente a su amante Peter Walsh, un amor pasión. Estos recuerdos la llevan a pensar en su juventud en Bourton, su relación de componente homosexual con Sally Seton, una mujer liberada para su tiempo, su conciencia de clase, el paso del tiempo y, en definitiva, su vacío existencial lleno de rutina y eventos sociales como la fiesta que prepara.
Tenía la curiosísima sensación de ser invisible, de que nadie la veía; ya no volvería a casarse, ya no volvería a tener hijos; solo quedaba ese avance pasmoso y un tanto solemne junto con todos los demás, por Bond Street, el ser la señora Dalloway; ni siquiera Clarissa ya; el ser la señora de Richard Dalloway (p. 19).
En La señora Dalloway no hay, como en el Ulises de Joyce, separación entre pensamiento verbal y percepciones no verbalizadas, entre mundo exterior y conciencia. La tercera persona licúa la diferencia, de ahí la metáfora de la ola, o la onda, que es constante en Woolf. Se podría decir que la conciencia es un líquido que entra en contacto con la realidad que también es líquida, ambas se mezclan y se unen mutuamente como si fuera una ondulación que las disuelve. Por ello, si en el Ulises se hablaba de “pensamiento interior”, en La señora Dalloway es más bien un “fluir de la conciencia”. Woolf pasa por tantas mentes o conciencias como le es posible (en el Ulises solo Bloom y Stephen tienen ese privilegio) aunque hay dos primordiales: Clarissa y Septimus, del que aún no he hablado cautivada por Clarissa.

Septimus es la persona más afectada por la situación histórica, la Iª Guerra Mundial y la inmediata postguerra, que está presente a lo largo de la novela pero no enfocada. Conocemos, más que los hechos, las consecuencias personales que se reflejan en un estado de ánimo alterado y depresivo de un hombre afectado gravemente por su experiencia en las trincheras. Septimus vive sus percepciones de lo real como algo intolerablemente profuso y múltiple. Casi se ven sus sentimientos, más que oírlos.

Hay muchos más personajes interesantes a los que podríamos dedicarles atención como Peter Walsh, Hugh Whitbread o la mencionada Sally Seton, pero La señora Dalloway es tan rica en personajes y en múltiples matices que esta reseña se haría demasiado larga, de hecho ya he sobrepasado lo prudente y no sé cuántos de mis pacientes lectores/as me habrán seguido hasta aquí.

28 comentarios:

  1. ¿Cómo explicar que he sentido una emoción, ya sentida, al recorrer estas páginas, ya leídas, y lo feliz que me ha hecho entender mejor La señora Dalloway?

    Buen fin de semana.

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  2. Hay relecturas necesarias, sin duda. Con la edición de La fiesta de la señora Dalloway me había planteado releer también este libro que, como tú, leí de adolescente y creo que también entendería mejor. En su momento una lectura más... implosiva, y seguramente ahora más reflexiva.
    Buena entrada, argumentada y, oye, que no te cortes porque la reseña te salga larga, que yo las disfruto ;)

    Un abrazo y buen fin de semana

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    1. Fíjate que no me gusta releer. El azar te conduce a leer obras en un momento determinado y ahí debe quedar. Pero Virginia Woolf, para mi, es mucho más que otras muchas lecturas, así que me lancé y el resultado ha sido inmejorable.

      Reseñas largas dificultan la lectura, pero no podía reducirla de ninguna manera. Me consuela que te guste, bicho :))

      Abrazo y los mismos deseos.

      Pdt: tengo una cena en casa un tanto compleja (el marido de una de mis mejores amigas, que murió hace cuatro años, con su nueva pareja)............... pues eso!!

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  3. Como siempre te he leído de 'pe' a 'pa'... ;P

    Y has hecho, como siempre... que se agudicen mis ganas de leer a una autora eternamente pdte. (sí, soy una de es@s pecador@s que nunca la ha leído), pero prometo subsanar la falta en, espero, relativamente poco tiempo... aunque, en principio, me atrae más 'Las Olas' para empezar a hincarle el diente.

    De paso he vuelto a 'coger' algunas cositas de tu lateral... por cierto, igual que tú, prefiero la primera propuesta musical (Jane Monheit) a la segunda.

    Petó gordo y buen fin de semana también para ti!!!!

    :)

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    1. Ya sabes lo que pienso, nunca hay lecturas imprescindibles. Nuestra historia lectora está condicionada por muchas circunstancias.

      Solo puedo envidiarte por poder descubrir a Virginia Woolf. Las olas es perfecta, pero me parece que ésta es una mejor manera de iniciarse :))

      Me he decantado claramente por la Monheit.

      Petons, abraçades, carinyos i bon cap de setmana!!

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    2. Bueno, vale... 'Las Olas' y 'La Señora Daloway'... ;)

      Buen fragmento de 'Bécquer'... se me había pasado... y qué cierto es... :))

      Que cenes bien... :P

      Petó, petó... :)

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  4. Los que nos formamos con aquellas estupendos libros de Virginia Wolf y otroa autores de moda a finales de los 70 y primeros 80, el boom latinoamericano por ejemplo, tuvimos una suerte extraordinaria que ahora pasado el tiempo quizás no sepamos valorar pero nos bastaría ver lo que leen las nuevas generaciones para saber su importancia. No lo digo en sentido clasista y petulante, es triste pensar que nuestra educación sentimental a través de los libros fuera al menos variada que la actual. Tienes el caso de Las Olas, nos costaba leerla pero al final uno se sentía reconfortado por el esfuerzo.
    Me gustaría volver a Virginia Wolf y a tantos otros pero no tengo tu capacidad de lectura y tu ilusión. Los libros cada vez me duran más, alrededor de dos o tres semanas sin son medianos y los motivos de distracción son muy variados.
    Por cierto, conozco la plaza Russell, es el corazón del Bloomsbury en Camden y del mundo estético postvictoriano.
    Besos

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    1. Es cierto lo que dices, sin embargo ni en aquellos años todo la juventud leía esta literatura, ni después dejaron de hacerlo en su totalidad.

      Yo estoy muy contenta de haber leído desde que tenía seis años con mis primeros tebeos hasta hoy. Y es cierto que conservo la ilusión y las ganas por la lectura. Nada me atrae tanto como la lectura.

      Sí, también conozco la plaza Russell.

      Besos!!

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  5. Esta entre las escritoras que todos deben conocer, igual, es un gusto leera para uno.

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    1. Una gran escritora Boris, recuerda que en un momento dado tienes que leerla.

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  6. Nunca había leido nada de esta autora y sólo puedo añadir que me han gustado mucho las descripciones de los personajes, con sus pequeñas o grandes complicaciones, las de Clarissa y las de Séptimus entre otros y como todos acaban coincidiendo en un instante dado a lo largo de cierto recorrido. Una reseña estupenda como todas. Me quedó una parte algo oscura, sobre la posible homosexualidad del protagonista masculino. Un beso.

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    1. Por supuesto que me apunto a la lectura de Proust. Aunque es posible que, como la tortuga del cuento, tenga que tomar la salida con algo de ventaja. Las muchas tareas y las pocas horas seran la causa. Otro beso.

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    2. No sé de dónde deduces que Septimus podía ser homosexual, algo factible en el mundo de Bloomsbury. La falta de amor hacia su mujer, me parece a mi que viene condicionada por su estado mental tras la guerra y su intento por llevar una vida "normal", la camaradería en las trincheras tampoco era raro. En todo caso podría ser factible aunque yo no lo he apreciado.

      Sí claro, empieza cuando te venga bien, yo hasta ese fin de semana tengo mucho trabajo y prefiero empezar su lectura con más tranquilidad que la que ahora tengo.

      Besos!!!

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  7. Nunca terminé nada de Virginia, soy un desastre. Pero leo estos párrafos y me maravillo. Su lenguaje es delicado, sutil... Un abrazo.

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    1. Anímate, Dario. Es una gran escritora.

      Abrazo!!

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  8. Virginia era muy intensa en cuanto a la visión poética de sus escritos.
    Quien leyó alguna de sus novelas siempre recuerda algún capítulo o fragmento que queda aleteando en la memoria de su corazón durante toda la vida.
    Solo leí Las olas y Una habitación propia.
    Te dejo dos fragmentos de la primera que tengo marcados en el libro:

    ... La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se
    tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su
    gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una
    persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio.
    La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insubstancial.
    Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías...
    ...El sol vertía sobre la casa rayos de luz más anchos. La luz tocó algo verde en el rincón de la
    ventana convirtiéndolo en un bloque de esmeralda, en una caverna de un verde purísimo, semejante a
    una fruta sin cuesco, agudizó los bordes de las sillas y de las mesas y orlo los manteles blancos con
    hebras de oro. A medida que el día crecía, aquí y allá se abría un botón de una flor que se quedaba
    temblando, veteada de verde, cual si el esfuerzo de abrirse la hubiese dejado bamboleándose, y sus
    frágiles batientes, al golpearse contra sus paredes blancas, desgranaban un dulce carillón. Todo se
    tornó suavemente amorfo: se hubiese dicho que la porcelana fluía y que el acero de los cuchillos se
    tornaba liquido. Entretanto el ruido de las olas al romperse repercutía semejante al de leños que
    cayeran sobre la playa...

    Una belleza verdad?

    Un fuerte abrazo querida Laura.

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    1. Siempre se da una imagen de Virginia Woolf como una mujer enferma y al borde siempre de la depresión. No puedo estar de acuerdo con esa imagen como un todo. Este fragmento refleja belleza y felicidad.

      Un fragmento maravilloso, Adriana.

      Muchos besos!!

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  9. Las Olas nada más me avergüenza reconocer que he leído de Virginia y de éso hace mucho tiempo. Gracias por recordarme una de mis muchas lagunas. La novela que comentas parece interesante, a ver si me hago con ella.

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    1. Pues yo tengo tropecientas lagunas, así que si nos tenemos que avergonzar vaya pesadez. Cada cual es cada cual y lee lo que le apetece. Así lo veo yo.

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  10. Virginia Woolf tiene un don para contar las cosas. Vivir un día en la vida de la Sra Dalloway, y que ese día represente otros tantos...
    Me pasó algo similar a ti, salvo que con veinte años no lo devoré,...lo dejé aislado. En ese momento no estaba preparada para la Sra Dalloway, y creo que tampoco, para Virginia Woolf.
    Aquí, es cuando pienso que de alguna manera, Virgina contempla el suicidio como un modo de liberación...Estaba pensando en releerlo, porque hace poco volví a ver "las horas" y claro...el libro...vuelve a asomar sus hojas para ser leído. A pesar de que son diferentes...está muy bien llevado al cine.
    Un abrazo grande y otra vez coincidimos. Vengo de pasar un rato con ella...(me ha encantado leerte)

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    1. Para mi fue tan relevante la lectura (y el referente como mujer escritora) de Virginia Woolf que solo puedo señalar la suerte que tuve de leerla con esa edad. Sin embargo hay obras que merecen releerse. Ya digo que no suelo hacerlo y prefiero dejar esa lectura única en el momento, pero es cierto que ha sido ahora cuando he podido disfrutar de La señoa Dalloway.

      He visto varias veces esa película, me gusta mucho.

      Un abrazo de coincidencias :))

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  11. En su día,hace ya unos años,me gustó mucho esta novela que tu has comentado de forma muy certera bajo mi punto de vista.

    Buen fin de semana y un beso!
    ; )

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  12. Estupenda novela ¿verdad?

    Gracias!!

    Abrazo y buen fin de semana!!

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  13. Un blog super interesante! Con estos personajes tan importantes.Por supuesto que hay muchos mas pero sin dudas has recopilado una buena elección.! Me quedé por aca y te invito al mio

    http://migraninversionamway.blogspot.com/
    Saludos! Un abrazo!

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    1. Gracias y bienvenida idolidia.

      Un abrazo!!

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  14. He seguido, muy interesado, tu reseña hasta el final. No conozco mucho de la obra de Virginia Wolf. Sólo "Las olas" -leída de forma fragmentaria-. Presentas los libros de un modo muy ameno y lúcido. Gracias. Un abrazo.

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    1. Gracias Mateo.

      Para mi ha sido una escritora fundamental. No solo por su obra.

      Un abrazo!!

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