Esta novela no tenía historia detrás pero su lectura
la construyó…
Llevaba mucho
tiempo leyendo “novelas sin ficción”. Tengo que confesar que he caído rendida
en este tipo de literatura y que me ha costado elegir una novela de ficción
clásica. Por suerte, tuve el acierto de elegir entre diversas posibilidades que
tenía en mis estanterías de pendientes la novela de esta escritora chilena.
Pero no eran solo las “novelas sin ficción” las que retenían mi gusto por la
ficción, he de añadir a este tipo de literatura, el bucle de lecturas en el que estoy instalada desde hace ya un par de
años sobre los acontecimientos históricos sucedidos en la década de 1930 y
hasta 1945, con especial interés por comprender e indagar en lo sucedido en la
llamada “guerra civil europea”. Ese interés por comprender el aspecto histórico
pero también indagar en la naturaleza (¿alma?) humana me ha conducido a los
ensayos, la filosofía y los testimonios. Y por ahí sigo, quién sabe hasta cuándo.
Todos estos
“inconvenientes” han tironeado de mí alejándome de la ficción, sin embargo Contigo en la distancia me ha absorbido
y me ha hecho disfrutar mucho. Solo por ese motivo estoy contando esta historia
que su lectura ha contribuido a construir sin que existiera previamente.
¿Una novela de amor e intriga?
Así aparece
catalogada en la contraportada. Es un buen anzuelo si la historia tiene calidad
en cuanto a la trama, sus personajes están bien construidos y el estilo está
cuidado y es eficaz a la hora de contarnos la historia.
La autora ha
sabido construir varias historias de amor, enigmas que nos atrapan y varios
personajes de gran personalidad, especialmente la protagonista, Vera Sigall,
alrededor de la cual giran el resto de personajes: Horacio, su pareja durante
unos años; su hijo Julián; Daniel, un joven que intima con ella cuando Vera es
ya una famosa y anciana escritora; la extraña y peculiar Emilia que investiga
la obra de Vera; y otros personajes menores que aportan su grano de arena.
Carla
Guelfenbein escribe bien y construye una novela en la que todas las historias
se entremezclan con pericia para crear interés por saber cómo se resuelve la
intriga.
La trama y el título…
El evocador
título, que evoca amores imposibles, está basado en una canción de César Portillo de la Luz,Contigo en la distancia.
La trama está
dividida en tres partes de la que la más extensa es la segunda. En la primera
parte se presenta a casi todos los personajes importantes y su relación con
Vera, el accidente que la dejará inconsciente y conectada mecánicamente. La
segunda parte retrocede en el tiempo y, a través de Horacio conocemos su
relación con Vera y su influencia en la obra literaria de este. La posibilidad
de que el accidente de Vera sea provocado le añade misterio a los
acontecimientos, concluye con su muerte sin llegar a despertar. En esta parte
cobra relevancia la relación entre Daniel y Emilia. En la última parte sabemos
que el relato de Horacio es un manuscrito enviado a Emilia y que venía
desgranándose desde el inicio de la segunda parte. En esta parte se resuelven
los enigmas construidos en las dos partes anteriores y que no desvelaré.
Una sorpresa
personal que ha impedido que no me haya alejado mucho de mi bucle es que Vera es judía y sobrevuela
en algunos momentos el horror de lo ocurrido en el Holocausto. He podido saber también
que existe una placa en el boulevard de Grenelle nº 8, en París, dedicada a los
13.152 judíos que sacados de sus casas
en julio de 1942 fueron llevados al Velódromo de Invierno y enviados a
Auschwitz. He visitado muchas veces París, la ciudad europea que conozco mejor,
sin embargo no conocía esta placa, pero la visitaré sin duda alguna en el
próximo viaje.
La protagonista…
Uno
de los atractivos de esta novela es la protagonista, Vera Sigall:
Sus ojos eran escrutadores, alertas,
pero a la vez indiferentes, casi crueles. Contemplaba a sus interlocutores, y
luego pasaba la mirada por el césped, por los álamos, el cielo y los pájaros
graznando a lo lejos. Tenía la nariz prominente y fina, pómulos salientes,
labios gruesos en una boca ancha, ojos rasgados y felinos (…). Poseía una de
esas bellezas llamativas, que en una mujer menos misteriosa no me habría
causado curiosidad (88).
Sabemos
al final de la novela, en los Agradecimientos,
que la vida de Clarice Lispector está
entretejida en esta novela con la de Vera Sigall y con la mía (353). Esta
referencia me recordó la descripción que hice de esta escritora cuando comenté
una de sus obras.
El
personaje de Vera está lleno de misterio, atractivo, riqueza de matices,
inteligencia, creatividad y valentía. Todos estos elementos hacen que los demás
personajes pivoten alrededor de su personalidad pese a que sabemos de ella por
su pasado al quedar en coma tras el accidente.
Mis fragmentos favoritos:
Sobre
el nombre:
Recordé lo que tú decías. Que al pronunciar un nombre, unos hilos invisibles nos unen a la persona que nombramos (159).
Sobre
la felicidad:
Pensé que la felicidad llega por los caminos más extraños. A su propio aire. No hay forma de convocarla, ni esperarla. Puede aparecer, como no hacerlo nunca (163).
Sobre
los recuerdos:
Ya lo enunciaban los griegos: la memoria se ancla a los lugares para poder sobrevivir. Sitios que el alma crea para poder guardar sus recuerdos (337).
Una buena novela.















