viernes, 20 de septiembre de 2019

SIRI HUSTVEDT, La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres. Ensayos sobre feminismo, arte y ciencia.


Leí de Hustvedt en 2003, Todo cuanto amé y unos cinco años después Elegía para un americano. Dos novelas que me agradaron y que me llevaron a seguirle la pista desde entonces. Me enteré que era pareja de Auster y yo soy bastante austeriana, para mí fue otro punto positivo. Leí, hace relativamente poco tiempo, El verano sin hombres y me decepcionó mucho el final. Cuando supe de estos ensayos los compré para reconciliarme con ella y, en parte, lo he hecho. 



He realizado una lectura conjunta con Marcelo Z (clica en su nombre y te llevo), que ha sido muy enriquecedora. Pronto vimos que estábamos ante una obra formada por ensayos realizados con diversas finalidades (conferencias, artículos, catálogos de arte, etc.) y que tenían un aspecto común que era la autora, pero eran textos sobre temas dispares. Como apuntó Marcelo, los ensayos se han focalizado en las mujeres en la primera parte y en la psiquis en la segunda. Los ensayos están organizados en una primera parte que tiene el título del libro y una segunda que se titula « ¿Qué somos?». 

El planteamiento transversal del libro lo sintetiza su autora en la Introducción:
 «Son dos los argumentos centrales que mantengo en este libro, a saber: todo el saber humano es parcial y nadie está libre de la influencia de la comunidad de pensadores o investigadores en la que vive» (p. 10). 

Y el otro: 
«Si puede decirse que tengo una misión, ésta es simple: espero que ustedes, los lectores, descubran que una parte considerable de lo que les llega a través de libros, medios de comunicación e internet como verdades categóricas, científicas o no, es en realidad cuestionable y revisable» (p. 20). 
Yo añadiría un tercero que repite en varios capítulos y se resume en esta afirmación: 
«Para mí, ambigüedad no es un término pobre sino rico» (p. 223). 
En el primer bloque del libro: «La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres», la autora se centra en cómo los artistas (hombres) contemporáneos expresan su visión de las mujeres y cómo los observan las mujeres. De esta manera desfilan por sus ensayos: Picasso, Jackson Pollock, Anselm Kiefer, Pina Bausch, Jeff Koons, Louise Bourgeois, Anselm Kiefer, Mapplethorpe, Almodóvar, Wim Wenders, Susan Sontag, Michel Houellebecq y otros/as. 

La autora rechaza la visión binaria: hombres/mujeres y amparándose en la ambigüedad desarrolla una visión en la que los hombres tendrían una parte femenina, las mujeres una parte masculina o, simplemente, que existen géneros y sexos ambiguos que no responden a la visión binaria en la que hemos sido educadas las personas y que son el pilar del patriarcado.

Muy interesante el texto dedicado a Louise Bourgeois y su reflexión sobre el arte femenino, que podría ser literatura femenina, y la manera en que se ha denigrado lo hecho por las mujeres. Muy acertado aquello de que a «la mujer a menudo le conviene envejecer» (p. 61). 

Nos ha resultado interesante el ensayo sobre la vulnerabilidad masculina cuando debe enfrentar su costado femenino que hace referencia a la obra de Knausgard. La expresión del escritor de que las mujeres no son competencia en el terreno literario, no sólo nos ha parecido necia, sino arrogante e insolente. Qué pena que este hombre que es rompedor en los elementos que definen la masculinidad, sea capaz de una respuesta tan masculina. También resulta interesante la influencia de lo masculino y femenino de la lectura como hecho cultural que es. 

Se cuestiona también el mercado del arte que convierte este en mercancía como cualquier otro producto del mercado capitalista, ahí está la obra de Koons que comenta la autora o el urinario de Duchamp o el arte callejero. 

Su visión del arte, que comparto, se resume en esta frase: «La experiencia del arte es siempre una relación dinámica entre observador y objeto observado» (p. 43). Esa relación dinámica que es personal provoca que cada obra, novela, canción, etc., tenga un valor diferente para cada persona. 

La reflexión sobre el impacto emocional de los libros que leemos me ha parecido muy sugerente, habla, inspirándose en Susan Sontag, de los «libros transformadores», aquellos que «dan pie a una forma de reconocimiento que nunca se habría producido si no hubiéramos leído ese libro en particular» (p. 119). 

Hemos coincidido en el interés de la experiencia que tuvo cuando desarrolló cursos de escritura creativa como voluntaria en una clínica psiquiátrica en los que abordaba el tema de la escritura como terapia, pero el ensayó se vuelve algo denso al abundar en tecnicismos académicos que desconocíamos.



Pasando a la segunda parte: « ¿Qué somos?», en general, nos ha gustado menos que la primera parte. Interesante el debate sobre los prejuicios contra las mujeres en las letras –como en otras áreas- y el lugar que ocupa la imaginación. También resulta de interés la exposición de la génesis de las ideas que un autor/a ha de desarrollar para elaborar un nuevo libro, y cómo éste va evolucionando con su gama de personajes –que muchas veces son ellos mismos los que conducen el hilo narrativo- a medida que la historia avanza. Me ha sorprendido el asunto de la sinestesia que tiene la autora, siempre había pensado que eran obsesiones sin más. 

El ensayo sobre «El suicidio y el drama de la autoconciencia» me ha parecido claro, motivador y muy interesante. Especialmente me han gustado sus reflexiones sobre el impacto de la falta de cuidados en la niñez y sus consecuencias cuando llegan a adultos/as. La división del apego en tres categorías resulta clarificador (p. 294). 
En el capítulo «Recordar en el arte: lo horizontal y lo vertical», Marcelo ha subrayado un párrafo: 
«Lo importante no es que vemos con todo detalle lo que hay en nuestro campo de visión sino que vemos lo más prominente. Albergar recuerdos perfectos del pasado tal vez tiene menos importancia que utilizar las lecciones aprendidas a partir de ellos como repeticiones flexibles en el futuro» (p. 339). 
A mí me ha hecho recordar que la memoria tiene un papel en la historia que se ha manipulado con fines políticos, desde ese punto de vista me ha gustado este ensayo y este fragmento: 
«No somos máquinas de razonar. Razonamos y juzgamos desde la emoción. También sabemos que recordamos lo que nos interesa» (p. 344). 
Del ensayo «Los pseudónimos de Kierkegaard y las verdades de la ficción», he coincidido con Marcelo en que hacen recordar a los heterónimos de Pessoa. Ambos necesitaron un cierto escudo, una distancia para no sentirse involucrados personalmente en sus escritos. La asociación de que un genio puede albergar cierta clase de esquizofrenia, o manía obsesiva no es nueva. Hay mucho escrito en ese aspecto. 

Por mi parte, adoro a Pessoa, ¿cómo no va a gustarme ese gran misántropo? En cambio nada sabía de Kierkegaard más allá de que era uno de los grandes filósofos y algo debí estudiar de él en algún momento. Destaco este fragmento:
 «Pero ¿quién afirmaría que nuestra vida emocional está libre de enigmas? Todos somos extraños a nosotros mismos ¿no es así? Y el individuo puede contener en su interior un yo en plural» (p. 401). 
Muy de acuerdo. He encontrado reflexiones con las que me reconozco (como esta última que he reproducido). 

Concluyendo: Hemos coincidido en que es un libro ecléctico, algo desparejo, que aborda distintos temas relacionados con el arte, el feminismo y algo de ciencia. Globalmente es un libro interesante que motiva la lectura de otros libros y que nos ha proporcionado materia para hablar de muchos temas relacionados con sus análisis.

14 comentarios:

  1. No he leído nada de ella. Empezaré con alguna novela. Gracias por compartirlo. Un saludo

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  2. Disfruto, aprendo y tomo apuntes de lo que escribes. Gracias y abrazos

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    1. ¡¡Qué cosas dices!!Muy agradecida por tu generosidad.
      Gracias y abrazos!!

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  3. Leo las citas que has seleccionado para hablar del libro y lo que dices del mismo y me has convencido: no cuenten conmigo para gastar el tiempo leyendo un montón de obviedades y perogrulladas de parte de esta señora que a su medianía como escritora ahora le ha agregado la faceta de ensayista intelectualoide.

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    1. Veo que tienes una opinión formada muy clara sobre Siri Hustvedt. Le cierras las puertas a leerla de forma contundente y tus razones debes tener. En todo caso mi lectura no va por ese camino, me ha parecido un libro irregular, con ensayos buenos y otros más flojos, pero el conjunto no me ha parecido negativo.

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  4. ¡Hola! Interesante vuestras reseñas (también la de Marcelo). Se me ha quedado una cara cuando he leído lo de "las mujeres no son competencia en el terreno literario"...
    Cierto que hay libros y lecturas transformadoras, lecturas que nos hacen cambiar de opinión o del modo en que vemos o valoramos algunas cosas, quizás sean las más enriquecedoras
    Un beso

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    1. Comparto tu estupor primero y tu acuerdo con esa categoría de libros "tansformadores" que cuando aparecen es la mayor maravilla de la lectura.

      Gracias. Un beso.

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  5. Gracias por permitirme compartir la quimera de encarar esta lectura contigo. Hemos corrido el albur de adentrarnos en algo que, al principio, sólo parecía una colección de trabajos inconexos pero que, con el tiempo y con nuestras propias miradas, terminó no solo enriqueciéndonos como lectores, sino como personas.
    Confieso que no se si hubiera seguido adelante en algunos pasajes, de no haber sabido que del otro lado del cable estabas tú, puesto que algunos ensayos se me han vuelto poco accesibles -aunque la autora lo advertía en su Introducción-. No obstante, siento que, tras la lectura, hemos emergido más amplios. Y más cercanos. Siempre he sostenido que son pocas las cosas que la Red podría ofrecer a seres humanos tan geográficamente distantes, mas admito que estas ocasiones son las que hacen la diferencia, por las que vale la pena mantenerse conectados.
    Ha sido un placer - y un honor - haber compartido esta lectura. Confío en que no ha de ser la última.
    Un beso grande para ti.

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    1. Gracias a ti también. Te doy toda la razón, compartir y comentar un libro nos permite una lectura más rica y creativa porque siempre surgen temas más personales que vienen a cuento y que permiten esa lectura rica que hemos tenido con este libro.
      Comparto plenamente contigo ese aspecto positivo de la Red, que dure mucho tiempo...

      También para mi ha sido placer y honor saber que estabas a la otra orilla del Océano dispuesto a compartir la lectura. Por supuesto, no será la última.

      Un enorme y fuerte abrazo!!

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  6. Yo solo la conocía como escritora de ficción a Hustvedt. El libro que comentas parece un poco irregular, algunos ensayos parecen demasiado obvios, otros suenan algo más originales

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    1. Sí, así es. Se nota el área que controla más y mejor, pero de todas formas hay que valorar la cantidad de registros que tiene esta mujer (resueltos mejor o peor).

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  7. A ver si me pongo con alguna de sus novelas... No creo haber leido nada de esta mujer. Tu reseña, desde luego, es muy sabrosa

    Un abrazo, amiga

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    1. Gracias, es fruto de compartir lectura con Marcelo. Merece la pena echarle un ojo y ver si te gusta.

      Abrazos!!

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