viernes, 18 de mayo de 2018

JOSEPH ROTH, La cripta de los Capuchinos

De Roth he leído varias novelas: Fuga sin fin (de la que hay reseña en el blog), El busto del Emperador y esta que reseño hoy. Además he leído: La filial del infierno en la Tierra, Escritos desde la emigración, un conjunto de artículos escritos fuera de Alemania, de donde tuvo que huir por su condición de judío. Leer estos escritos es como descender al infierno de forma anticipada, es sentir la impotencia de un hombre clamando en el desierto, es emocionarse con su claridad y convincente energía, es percibir al disidente que sufre por la indiferencia ajena y responde con pasión ofreciendo toda su vulnerabilidad en la soledad del NO individual. 


Vuelvo a comprobar en La cripta de los Capuchinos que hay un tema que preocupaba a Roth puesto que está presente en las tres novelas suyas que he leído. Me refiero al hundimiento de un mundo intercultural (símbolo de mitteleuropa) que existía en el Imperio Austro-Húngaro y que desapareció como consecuencia de la Iª Guerra Mundial. La fragmentación de dicho Imperio en numerosos países nuevos y otros que incrementaron su territorio, convirtió a Austria en un pequeño país en el que lo germano cobró importancia hasta la ocupación del país (más o menos consentida por un referéndum sin garantías) por las tropas del III Reich. 

Ese trastoque del mundo que viven los personajes de las novelas de Roth da lugar a reflexiones personales también muy interesantes. Un mundo de relaciones, de valores y de principios desaparece y emerge con dificultades otro mundo, el del siglo XX. Para muchos la sensación de caos fue desoladora. 
Yo ya conocía la taberna de Jadlowker, había estado en ella un par de veces y conocía también el acostumbrado bullicio que solía reinar allí; esa particular forma de ruido que causan los que de repente se han quedado sin patria, los desesperados, los que sin tener un presente y todavía en el camino del pasado, han caído en el futuro, los que salen de un pasado conocido para lanzarse a un futuro totalmente incierto (…) (65-66). 
Roth escribe muy bien y es un placer leer sus novelas.

9 comentarios:

  1. Sigo sin leer nada del autor. Tengo que ponerle remedio, sin duda.
    Besotes!!!

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    1. Es un gran autor, seguro que encuentras el momento para empezar a leerlo.

      Besos!!

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  2. Hay tanto por leer que una no tiene suficiente tiempo para leer todo lo que interesa pero lo apunto y ya llegarán las vacaciones con mucho más tiempo.
    Besos

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    1. Es verdad, no hay que agobiarse e ir poco a poco leyendo aquello que nos motive. Esas vacaciones ansiadas :))

      Besos.

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  3. Ya lo creo que estoy de acuerdo contigo, Laura, sobre Roth. Esa "Leyenda del Santo bebedor", para quienes no tienen demasiado tiempo de sobra. O "La marcha Radetzky".

    Un clásico.

    Abrazos.

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    1. La "Leyenda del Santo bebedor" es uno de mis próximos objetivos, pero acabo de leer un ensayo suyo "Judíos errantes" y dejaré pasar un tiempo antes de seguir con Roth.

      Abrazos.

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  4. Mundos que dejan paso a otros mundos.
    Sigue siendo un desconocido para mí.
    Tal vez algún día...

    Besos y cálido abrazo bajo la tormenta!!

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    1. No lo olvides, merece la pena.

      Las tormentas de primavera... me encantan aunque te dejen chipiada como ayer me pasó...

      Abrazos y besos!!

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  5. Éste ha sido el segundo de los libros de J. Roth que he leído ('La leyenda del santo bebedor' ha sido el primero), y algo he dicho en su momento.
    Las letras de Roth como las de Zweig me parecen lo más representativo de un momento decisivo de Europa; hablan de algo que ya no existe más. Y ambos han sido tan certeros en sus miradas...
    Gracias por recordarme el placer de haberlo leído.
    Un gran abrazo!

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