miércoles, 18 de noviembre de 2020

Natascha Wodin, Mi madre era de Mariúpol

 


La autora, y protagonista de este Mi madre era de Mariúpol, rastrea las huellas de una familia que apenas conoce (y que había sido acomodada cuando ella pensaba todo lo contrario) en la ciudad ucraniana de Mariúpol. Estamos ante un testimonio que revive a una familia de la que la protagonista apenas sabe nada. A partir de su invocación, unas viejas fotos, un inesperado ayudante al otro lado del mar y mucha suerte, llevan a Wodin  a encontrar vestigios del pasado. Y así va encontrando una tenue línea de luz que le va guiando en el reencuentro con sus antepasados.

Madre e hija se enzarzan en múltiples discusiones. La hija quiere saber los motivos por los que se siente atrapada en un cuchitril del campamento  de personas desplazadas, tan lejos de la ciudad natal de su madre. El drama familiar del desarraigo, provocado por la deportación en 1944 de sus padres como trabajadores esclavos a Alemania,  se desarrolla en un tiempo marcado por los grandes desastres del siglo XX: el zarismo, La revolución rusa, la guerra civil contra el gobierno bolchevique, el estalinismo, la hambruna en Ucrania, las dos guerras mundiales y la dura postguerra en Alemania.

El libro pretende recordarnos la importancia  de conocer nuestro pasado, a nuestra familia y a nuestro entorno. Los hechos históricos mencionados hicieron posible que Wodin viviera su infancia y primera juventud con frío y con hambre siempre permanente. Las sorpresas se convierten en un relato apremiante que le permiten descubrirse a sí misma, no en blanco y negro sino en toda la variedad de grises que son posibles. Un paisaje vital letal se va dibujando conforme el relato avanza y nos va descubriendo cómo ha vivido ella, su familia cercana y esa otra que va recuperando del olvido para integrar una memoria que siempre es necesaria para encajar en el presente.

«Los humanos se protegen de la belleza para no verse catapultados fuera de la vida, fuera de las leyes del mundo» (p. 119).

6 comentarios:

  1. ¡Hola! Interesante. Estamos entonces ante una autobiografía ¿verdad? Es que menuda época les tocó vivir a ella ya su familia..., una pena pasar por la etapa infantil y de adolescencia que tan marcadas quedan en nuestra mente con hambre y frío permanente. ¿Sabes? Cuando he leído el título de la novela he pensado ¿dónde estará Mariúpol? Nunca lo había escuchado (ya veo que en Ucrania)

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  2. Una época difícil, bien difícil... Tomo buena nota, que no la conocía. Ni tampoco sabía donde estaba Mariúpol...
    Besotes!!!

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  3. Ya se donde va a ser mi próximo viaje: a Mariúpol. Me encanta encontrar un motivo cualquiera para conocer quién sabe qué. Antes me leo la novela. Un abrazo

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  4. Prefiero vivir el presente y soñar con el futuro que evocar el pasado. Creo que la memoria idealiza los recuerdos, o sea, falsifica la realidad.

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  5. Es una pena que el pasado, tal y como fue, se vaya olvidando... Ay, que siglo el XX, que siglo tan tremendo...
    Gracias por tu reseña, amiga
    Un abrazo

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  6. Hermosa frase final. La memoria personal, familiar, tribal o territorial nos sirve para darle mayor profundidad y quizás un sentido a nuestra propia trayectoria personal y en ese territorio y en ese tiempo todavía era más necesario porque muchas identidades fueron arrebatadas.
    Saludos

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