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sábado, 22 de marzo de 2014

MORIR EN EL EXILIO


He sabido que algunas instituciones y partidos políticos se están planteando pedir la repatriación del cuerpo de Antonio Machado, información sobre la que publicó Emilio Manuel un interesante texto hace pocos días. Y como soy de cavilar, el tema se quedó danzando y dando vueltas en mi cabeza.


Cuando visité la tumba de Machado en Collioure sentí una emoción difícil de describir. Emoción porque admiro desde hace muchos años su poesía y porque su compromiso y coherencia le condujo, enfermo y a punto de morir, camino del exilio donde fue enterrado en una modesta tumba junto a su madre. Me impresionó, en un país que tan faltos estamos de referentes laicos a quienes recordar y admirar, la cantidad de personas que pasaban por su tumba en una mañana cualquiera de finales de invierno. Me conmovió ver papelitos doblados con escritos dedicados al poeta, flores frescas, sencillos regalos de recuerdo y conmemoración, cintas con los colores de la república, poemas, etc.

Me gustaría que Machado estuviera en nuestro país, pero ¿cuántas personas tendríamos que repatriar?


Miles y miles de personas fueron muriendo en el exilio en los largos años de la dictadura, la mayoría de ellas son desconocidas y, por ello, ninguna institución las reclamará. Están dispersas por Europa y América y sus descendientes allá se quedaron también. Otras muchas eran personas ilustres por motivos diversos: poetas, filósofos, músicos, pintores, científicos y muchas personas de partidos y sindicatos que se habían significado por sus ideas democráticas o revolucionarias.

El dos veces presidente de Gobierno y de la República, Manuel Azaña, está enterrado en Montauban (Francia, 1940), el también presidente de Gobierno, Santiago Casares  Quiroga está enterrado en París (Francia, 1950). El presidente de la Generalitat, Lluis Companys, exiliado en Francia fue capturado por la Gestapo y entregado a las autoridades franquistas que lo fusilaron en Montjuïc (Barcelona, 1940), la misma suerte corrió el anarcosindicalista Joan Peiró, ministro en el Gobierno de Largo Caballero que fue fusilado en Paterna en 1942. El socialista Francisco Largo Caballero, Ministro de trabajo y presidente de Gobierno durante la Guerra Civil, está enterrado en Paris (París, 1946) al igual que el último presidente de Gobierno durante la guerra civil, Juan Negrín (París, 1956). La primera mujer ministra, la anarquista Federica Montseny, vio morir a su madre Teresa Mañé y su padre Juan Montseny al poco tiempo de pasar la frontera camino del exilio, ella misma fue enterrada en Toulouse en 1995. La misma suerte corrió Juan García Oliver, ministro anarquista de Justicia (Guadalajara, México, 1980).  En Lausana (1972) está la tumba de Clara Campoamor, la republicana que de forma más coherente y decidida defendió el voto para la mujer en la discusión que se produjo al respecto cuando se elaboró la Constitución en 1931. Numerosos intelectuales y científicos fueron acogidos en México (único país que no envió representación diplomática a España mientras se mantuvo la Dictadura franquista) y allí residen sus tumbas.

No puedo olvidar que otras muchas personas, entre las que se encuentra otro poeta, Federico García Lorca (Granada, agosto 1936), al que profeso también una gran admiración, continúan en cunetas y fosas donde fueron fusilados durante la Guerra Civil.

Dijo Joan Peiró cuando afrontó la muerte al ser fusilado:
Con mi muerte, me gano a mí mismo.

Con su muerte, y nuestro recuerdo emocionado, los ganamos y nos ganamos a nosotros mismos. No creo que debamos moverlos de la tierra que los acogió (otra cosa son los enterrados en fosas y cunetas, pero eso es otro tema de cavilación).

martes, 12 de octubre de 2010

ANTONIO MACHADO. Preludio.

PARA TODAS LAS PERSONAS QUE SUELEN VISITAR MI CASA, ESTE ESPACIO VIRTUAL... QUE NO SÉ SI EXISTE Y POR ESO ES UTOPÍA.


Osteospermum fruticosum. Jardín Botánico de Barcelona

Mientras la sombra pasa de un santo amor, hoy quiero
poner un dulce salmo sobre mi viejo atril.
Acordaré las notas del òrgano severo
al suspirar fragante del pífano de abril.

Madurarán su aroma las pomas otoñales;
la mirra y el incienso salmodiarán su olor;
exhalarán su fresco perfume los rosales,
bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor.

Al grave acorde lento de música y aroma,
la sola y vieja y noble razòn de mi rezar
levantará su vuelo suave de paloma,
y la palabra blanca se elevará al altar.



Azucena de risco. Jardín Botánico de Barcelona