Un libro curioso en el que la frontera entre realidad y ficción no está clara: autor, narrador y personaje central son la misma persona. Por tanto, los viajes relatados tienen mucho de verdad y otro tanto de ficción. Arenas Blancas relata viajes diferentes a aquellos en los que la masificación provoca, hoy, tantos problemas en algunas ciudades.
Los viajes que nos relata Dyer no atraen a la mayoría y están motivados por algún objetivo concreto: ver la aurora boreal, un lago, unas torres, etc. Eso lleva al viajero a recorrer lugares muy diferentes (Noruega, China, Tahití y otros) con resultados diversos. Uno de los más divertidos es la frustrante búsqueda de una aurora boreal en un espacio con un frío glacial.
Su estilo es también peculiar con notas de humor irreverente constantes para relatarnos unos viajes que son lo contrario de otro tipo de viaje que hoy cuenta con muchos adeptos.
Así que, cuando Jessica y yo nos vamos y desatamos las bicis para volver a casa, aunque la experiencia de ver acrobacias siempre levanta el ánimo, a menudo me siento abatido porque ya no puedo hacer cosas así. Me pongo a pensar en lo terrible que es que la vida pase tan rápido y, casi simultáneamente, a pensar en que no sé si tendré paciencia para soportar el resto de lo que la vida, con su acumulación gradual de achaques, lesiones y enfermedades, tenga que ofrecerme, por muy maravilloso que resulte pedalear (…) (147).
Un autor interesante al que habrá que seguir.