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viernes, 12 de febrero de 2016

MARCELINE LORIDAN-IVENS, HERTA MÜLLER, LÁSZLO NEMES: LITERATURA Y CINE PARA EXPRESAR LO VIVIDO CON INTENSIDAD.


La historia escondida tras el libro de Marceline Loridan-Ivens

Recomendaba a unos compañeros/as de trabajo, la película El hijo de Saúl y les explicaba cómo en un momento determinado tuve que apartar la vista de la pantalla y lloré con rabia y angustia. Una reacción que me ha ocurrido en los dos campos de concentración que he conocido: Schausenhansen y Auschwitz. Uno de los compañeros me preguntó si había leído este libro, y al reponder que no, me lo ofreció para que pudiera leerlo. 
Una sorpresa me esperaba con su lectura, una escena de la película estaba en el libro. Saúl formaba parte de los Sonderkommandos, eran judíos que cada día recogían los cuerpos gaseados, las “piezas” como los denominaban los alemanes, y los arrojaban a los hornos crematorios. En Y tú no regresaste, se relata la sublevación de estos Sonderkommandos que, sin armas negadas por la resistencia interna de Auschwitz, utilizaron la pólvora que les habían dado los judíos de la fábrica de armas para hacer saltar el crematorio, hacer saltar su vergüenza. Todos fueron capturados y liquidados.


Y el libro que le sucedió al de Loridan-Ivens fue el de Herta Müller, En la trampa. Tres ensayos. Este breve libro recoge tres interesantes conferencias sobre las condiciones existenciales de la escritura. Cada conferencia gira alrededor de tres escritores/as que le sirven para hacer patentes los vínculos entre texto y vida: Theodor Kramer, Ruth Klüger e Inge Müller. En él encontré claves para entender mejor el testimonio de Loridan-Ivens, pilar sobre el que gira esta reseña coral. 


El libro de Loridan-Ivens, ¿es un testimonio más del viaje al infierno?

Nunca podré aplicar el término “un testimonio más” o manifestar aburrimiento o cansancio por leer “un testimonio más”. Soy de la opinión que deberíamos leer muchos testimonios sobre lo ocurrido en el Holocausto, solo para acercarnos un milímetro a lo ocurrido y para empatizar con los millones de asesinados/as en una matanza que no tiene igual en la historia de la humanidad. Menciona la autora una réplica en la película Welcome in Viena cuando uno de los personajes dice respecto al Holocausto:
Nunca nos perdonarán el mal que nos hicieron
No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación, no tenemos valor para asimilar lo ocurrido y pretendemos apartarlo de nuestras vidas, hastiados por pensar que nos hemos asomado al agujero negro, al abismo.


Como dice Herta Müller en su lúcido, y breve, En la trampa. Tres ensayos, hay textos que convierten lo vivido en carne propia a través de la intensidad (pag. 12 de este libro de Müller):
Es el propio texto el que consigue que a través del detalle de los sentidos, sea posible imaginar siquiera cuanto sucedió. El texto sitúa la mirada personal, los sentimientos individuales, por encima de la historiografía al uso, en tanto que con ella se impide la identificación con la desgracia individual.
Se trata, por tanto, de un testimonio lleno de valentía, coraje y emoción. Sin embargo, se compara con el de Primo Levi (y otros autores supervivientes que no he leído) y no puedo estar de acuerdo, es muy difícil superar Si esto es un hombre.

El relato

Se trata de un relato real, de una “novela sin ficción”. El testimonio se convierte en obra literaria, pero no es mera literatura, entendida en su sentido más habitual, dice Herta Müller, de “trabajo con el lenguaje”. Es más que eso porque al mismo tiempo constituye una prueba de la integridad personal de quienes escriben. Se constituyen en un modelo humano. 
La autora ha esperado mucho, a los ochenta y seis años, para escribir una carta a su padre con el que fue deportada desde Francia a Auschwitz-Birkenau y que nunca regresó. El relato es estremecedor, nos lo relata una anciana que recuerda a la adolescente deportada con 15 años al infierno. Pasados setenta años aún recuerda las imágenes, los olores y la violencia de las emociones (42) vividas en Birkenau.

MARCELINE LORIDAN-IVENS

Nos cuenta al oído cómo intentó quitarse la vida en dos ocasiones tras luchar por su vida en el Lager, cómo percibía el mundo al regresar del infierno como una luz cegadora después de meses en la oscuridad. Relata la incomprensión de quienes no habían vivido la deportación y querían que todo fuera como antes, querían arrancarme los recuerdos, se tomaban por lógicos, a tono con el tiempo que pasa y la rueda que gira… (61). Nada podía ser igual para las víctimas, su vida rota, sus familias diezmadas, distanciadas y rotas, los colaboracionistas tratando de olvidar y ocultando lo sucedido para exculparse, un camino difícil que muchos supervivientes no pudieron soportar recurriendo al suicidio.

Cada párrafo contiene un aliento de vida, un soplo de valentía, un rastro de verdad, emociones que conmueven, hechos que horrorizan pero que es necesario conocer a fondo para saber reconocerlos si vuelven a emerger. No fue resultado de ninguna locura, ni de minorías, tras lo sucedido hay proyectos políticos, no solo el nazi sino muchos otros, perfectamente elaborados por personas cultas  (abogados, economistas, filósofos, políticos de diversas ideologías). Os recomiendo al respecto la lectura del historiador Timothy Snyder, Tierra Negra.

La autora no rehúye la reflexión, procuró adaptarse a la realidad pensando y confiando en que se podía cambiar el mundo, resulta interesante este camino elegido junto con su segundo marido. El atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York pinchó el globo de sus ilusiones y… no sé si el horror despertó al horror, pero a partir de ese día sentí cuánto me importaba ser judía (90).

Un párrafo destacado sobre el siglo XXI…
El mundo es un mosaico horrendo de comunidades y religiones empujadas a los extremos. Y cuanto más se acalora, más avanza el oscurantismo y más apunta hacia nosotros, los judíos. Ahora sé que el antisemitismo es un elemento permanente, cuyas olas llegan con las tormentas del mundo, con las palabras, los monstruos y los medios de cada época (89).
Una recomendación…

Mejor, cuatro, ved la película húngara, leed este relato, Tierra Negra y las conferencias de Müller. Necesitamos ser conscientes de la semilla que tan fácil germinó para saber si de nuevo está creciendo. Esa semilla está en el ser humano.