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viernes, 28 de febrero de 2020

SIRI HUSTVEDT, El mundo deslumbrante

No soy hustvedtiana. Y no lo soy porque ninguna de las novelas o ensayos que he leído de ella me han parecido redondos, siempre he visto altibajos importante en las obras que he leído. Páginas intensas, brillantes y reveladoras junto con páginas pesadas, aburridas y con pretensiones aleccionadoras que me alejan de ella. Puedo entender que una obra no salga redonda, pero el problema que tengo con esta autora es que en todas sus obras he percibido estos altibajos, ninguna de ellas es redonda. 



Pese a ello, hay elementos positivos que me atraen y justifican que, pese a lo dicho, siga leyéndola. En esta novela me ha parecido muy interesante la construcción de un personaje, Harriet Burden (Harry), con una personalidad potente, compleja y poliédrica. Un personaje atractivo, que sufre el patriarcado en el mundo del arte, en carne propia pese a estar casada con un hombre relevante en dicho mundo y que dispone de fortuna. Una mujer que le permite a la autora tratar un tema muy querido, el de la identidad de género o la ambigüedad sexual. 
«Ella no daba pábulo a las maneras convencionales de dividir el mundo en blanco/negro, hombre/mujer, hetero/homosexual, normal/anormal, pues ninguna de esas fronteras la convencían. Eran imposiciones, categorías definidas e incapaces de reconocer la mezcolanza que constituye la humanidad». 
Alrededor de Harry (nombre equívoco con el que juega con la identidad de género), hay otros muchos personajes interesantes: su enigmático marido, Felix Lord, su posterior compañero Bruno, su hija Maisie, su hijo Ethan, sus máscaras (con las que intentará desenmascarar el ninguneo que sufre su obra por ser mujer): Anton, Phineas y Rune. 

La narración está basada en los Diarios de Harry, que se van conociendo tras su muerte, y el intento, no solo de acercarnos a su personalidad, sino a ese ninguneo patriarcal que no logra derrotar pese a su intento de hacerlo a través de sus tres máscaras masculinas.

viernes, 20 de septiembre de 2019

SIRI HUSTVEDT, La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres. Ensayos sobre feminismo, arte y ciencia.


Leí de Hustvedt en 2003, Todo cuanto amé y unos cinco años después Elegía para un americano. Dos novelas que me agradaron y que me llevaron a seguirle la pista desde entonces. Me enteré que era pareja de Auster y yo soy bastante austeriana, para mí fue otro punto positivo. Leí, hace relativamente poco tiempo, El verano sin hombres y me decepcionó mucho el final. Cuando supe de estos ensayos los compré para reconciliarme con ella y, en parte, lo he hecho. 



He realizado una lectura conjunta con Marcelo Z (clica en su nombre y te llevo), que ha sido muy enriquecedora. Pronto vimos que estábamos ante una obra formada por ensayos realizados con diversas finalidades (conferencias, artículos, catálogos de arte, etc.) y que tenían un aspecto común que era la autora, pero eran textos sobre temas dispares. Como apuntó Marcelo, los ensayos se han focalizado en las mujeres en la primera parte y en la psiquis en la segunda. Los ensayos están organizados en una primera parte que tiene el título del libro y una segunda que se titula « ¿Qué somos?». 

El planteamiento transversal del libro lo sintetiza su autora en la Introducción:
 «Son dos los argumentos centrales que mantengo en este libro, a saber: todo el saber humano es parcial y nadie está libre de la influencia de la comunidad de pensadores o investigadores en la que vive» (p. 10). 

Y el otro: 
«Si puede decirse que tengo una misión, ésta es simple: espero que ustedes, los lectores, descubran que una parte considerable de lo que les llega a través de libros, medios de comunicación e internet como verdades categóricas, científicas o no, es en realidad cuestionable y revisable» (p. 20). 
Yo añadiría un tercero que repite en varios capítulos y se resume en esta afirmación: 
«Para mí, ambigüedad no es un término pobre sino rico» (p. 223). 
En el primer bloque del libro: «La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres», la autora se centra en cómo los artistas (hombres) contemporáneos expresan su visión de las mujeres y cómo los observan las mujeres. De esta manera desfilan por sus ensayos: Picasso, Jackson Pollock, Anselm Kiefer, Pina Bausch, Jeff Koons, Louise Bourgeois, Anselm Kiefer, Mapplethorpe, Almodóvar, Wim Wenders, Susan Sontag, Michel Houellebecq y otros/as. 

La autora rechaza la visión binaria: hombres/mujeres y amparándose en la ambigüedad desarrolla una visión en la que los hombres tendrían una parte femenina, las mujeres una parte masculina o, simplemente, que existen géneros y sexos ambiguos que no responden a la visión binaria en la que hemos sido educadas las personas y que son el pilar del patriarcado.

Muy interesante el texto dedicado a Louise Bourgeois y su reflexión sobre el arte femenino, que podría ser literatura femenina, y la manera en que se ha denigrado lo hecho por las mujeres. Muy acertado aquello de que a «la mujer a menudo le conviene envejecer» (p. 61). 

Nos ha resultado interesante el ensayo sobre la vulnerabilidad masculina cuando debe enfrentar su costado femenino que hace referencia a la obra de Knausgard. La expresión del escritor de que las mujeres no son competencia en el terreno literario, no sólo nos ha parecido necia, sino arrogante e insolente. Qué pena que este hombre que es rompedor en los elementos que definen la masculinidad, sea capaz de una respuesta tan masculina. También resulta interesante la influencia de lo masculino y femenino de la lectura como hecho cultural que es. 

Se cuestiona también el mercado del arte que convierte este en mercancía como cualquier otro producto del mercado capitalista, ahí está la obra de Koons que comenta la autora o el urinario de Duchamp o el arte callejero. 

Su visión del arte, que comparto, se resume en esta frase: «La experiencia del arte es siempre una relación dinámica entre observador y objeto observado» (p. 43). Esa relación dinámica que es personal provoca que cada obra, novela, canción, etc., tenga un valor diferente para cada persona. 

La reflexión sobre el impacto emocional de los libros que leemos me ha parecido muy sugerente, habla, inspirándose en Susan Sontag, de los «libros transformadores», aquellos que «dan pie a una forma de reconocimiento que nunca se habría producido si no hubiéramos leído ese libro en particular» (p. 119). 

Hemos coincidido en el interés de la experiencia que tuvo cuando desarrolló cursos de escritura creativa como voluntaria en una clínica psiquiátrica en los que abordaba el tema de la escritura como terapia, pero el ensayó se vuelve algo denso al abundar en tecnicismos académicos que desconocíamos.



Pasando a la segunda parte: « ¿Qué somos?», en general, nos ha gustado menos que la primera parte. Interesante el debate sobre los prejuicios contra las mujeres en las letras –como en otras áreas- y el lugar que ocupa la imaginación. También resulta de interés la exposición de la génesis de las ideas que un autor/a ha de desarrollar para elaborar un nuevo libro, y cómo éste va evolucionando con su gama de personajes –que muchas veces son ellos mismos los que conducen el hilo narrativo- a medida que la historia avanza. Me ha sorprendido el asunto de la sinestesia que tiene la autora, siempre había pensado que eran obsesiones sin más. 

El ensayo sobre «El suicidio y el drama de la autoconciencia» me ha parecido claro, motivador y muy interesante. Especialmente me han gustado sus reflexiones sobre el impacto de la falta de cuidados en la niñez y sus consecuencias cuando llegan a adultos/as. La división del apego en tres categorías resulta clarificador (p. 294). 
En el capítulo «Recordar en el arte: lo horizontal y lo vertical», Marcelo ha subrayado un párrafo: 
«Lo importante no es que vemos con todo detalle lo que hay en nuestro campo de visión sino que vemos lo más prominente. Albergar recuerdos perfectos del pasado tal vez tiene menos importancia que utilizar las lecciones aprendidas a partir de ellos como repeticiones flexibles en el futuro» (p. 339). 
A mí me ha hecho recordar que la memoria tiene un papel en la historia que se ha manipulado con fines políticos, desde ese punto de vista me ha gustado este ensayo y este fragmento: 
«No somos máquinas de razonar. Razonamos y juzgamos desde la emoción. También sabemos que recordamos lo que nos interesa» (p. 344). 
Del ensayo «Los pseudónimos de Kierkegaard y las verdades de la ficción», he coincidido con Marcelo en que hacen recordar a los heterónimos de Pessoa. Ambos necesitaron un cierto escudo, una distancia para no sentirse involucrados personalmente en sus escritos. La asociación de que un genio puede albergar cierta clase de esquizofrenia, o manía obsesiva no es nueva. Hay mucho escrito en ese aspecto. 

Por mi parte, adoro a Pessoa, ¿cómo no va a gustarme ese gran misántropo? En cambio nada sabía de Kierkegaard más allá de que era uno de los grandes filósofos y algo debí estudiar de él en algún momento. Destaco este fragmento:
 «Pero ¿quién afirmaría que nuestra vida emocional está libre de enigmas? Todos somos extraños a nosotros mismos ¿no es así? Y el individuo puede contener en su interior un yo en plural» (p. 401). 
Muy de acuerdo. He encontrado reflexiones con las que me reconozco (como esta última que he reproducido). 

Concluyendo: Hemos coincidido en que es un libro ecléctico, algo desparejo, que aborda distintos temas relacionados con el arte, el feminismo y algo de ciencia. Globalmente es un libro interesante que motiva la lectura de otros libros y que nos ha proporcionado materia para hablar de muchos temas relacionados con sus análisis.

viernes, 16 de diciembre de 2016

SIRI HUSTVEDT, El verano sin hombres

Hacía tiempo que no leía nada de Hustvedt, tanto que no existía este blog y por eso no hay reseña de los dos libros que he leído: Todo cuanto amé y Elegía para un americano. El primero fue una agradable sorpresa y el segundo redujo mis expectativas, quizás por eso y porque publica dejando pasar años entre una novela y otra, no había vuelto a leer nada suyo. Fue una compañera de trabajo quien me lo trajo tras hablarme un día de cuánto le gustaba esta autora tras leer su última novela, Un mundo deslumbrante


¿Agradable sorpresa o decepción? 

Más bien lo primero, leí la primera frase y ya no pude dejar de leer esta historia:
 Poco tiempo después de que él dijera la palabra pausa me volví loca y tuvieron que ingresarme (11).
Hustvedt cuenta una historia interesante en la que las protagonistas principales son mujeres, unos personajes que resultan creíbles y que cuentan sus cuitas una vez que la mayoría ha pasado años de relación con hombres. Quizás por eso se esmeran en vivir un verano sin hombres.

Un grupo de adolescentes, una madre joven o la hija de Mia, la protagonista Mia Fredricksen en la cincuentena y el grupo de amigas “los Cisnes” que están al final de sus vidas con edades comprendidas entre los ochenta y cien años. 

En un tono ligero, con momentos de humor vitalista, se van desgranando las vidas de las mujeres, sus preocupaciones, sus mezquindades, su amistad, sus reflexiones sobre el amor y sobre los hombres con los que han convivido, mientras Mia va saliendo del pozo de locura al que le llevó su marido cuando le pide una pausa y se marcha a vivir con una joven.

Bien escrita… 

Me gusta la manera en la que escribe Hustvedt, su prosa poética te atrapa y te seduce. La aparente ligereza de la historia que cuenta, no evita un poso de tristeza por los estragos de la vejez y el paso del tiempo, tras una historia casi cómica se esconden temas trascendentales. Resulta original el interpelar al lector/a para hacerle algún comentario como que no se desesperen, los amables lectores, por la falta de acción porque pronto harán algo los personajes. Lo sé porque lo he vivido (112). De la misma manera, los pequeños dibujos que aparecen en la narración son guiños al lector. 

Me gusta este fragmento… 

Mi cabeza era un almacén de multiloquios, un flux de mots, una miríada de contrarios que discutían y debatían y se desafiaban unos a otros en un enfrentamiento mordaz y que sólo se acallaban para volver a empezar a discutir una y otra vez. A veces ese murmullo interno me agotaba (108). 

Y como no, este otro… 

Un libro es producto de la colaboración entre el lector y el texto y, en el mejor de los casos, ese encuentro da lugar a una historia de amor como cualquier otra (180). 

Una historia de amor… con un final previsible, lo más decepcionante para mí de la novela puesto que todo conducía a otro desenlace. Una novela que se lee con facilidad y que me ha ido muy bien en un momento de intenso y pesado trabajo.