
El sábado pasado, paseábamos por la barcelonesa calle Joaquín Costa cuando me encontré en una bocacalle esos tendedores llenos de ropa, típicos de las ciudades, o como en este caso, de las calles populares de cualquier ciudad mediterránea. Poco después vislumbré la calle Ferlandina, famosa a principios del siglo XX por tener a lo largo de su calle las sedes de diversas organizaciones, republicanas, feministas y ateneos. Como no podía ser de otra manera, en mitad de la calle Joaquín Costa hay una librería de la CNT, llamada “La Rosa de Fuego”, nombre con el que era conocida Barcelona:
“… en donde el pueblo luchó con denuedo, llegando a imponerse por medio del terror, fue en Barcelona, en La Rosa de Fuego, como la llamábamos nosotros en América”.
Antonio Loredo, anarquista, cárcel de Tarrasa, 30-08-1909.
“La Rosa de fuego”. El obrerismo barcelonés de 1899 a 1909 es también el título de un buen libro de historia de Joaquín Romero Maura.
Este paseo por una zona popular y, por tanto, llena de personas mayores, inmigrantes de procedencias variadas (había mujeres sudamericanas, jóvenes madres, que vendían comida hecha por ellas, como brochetas y otros platos de sus países de origen, que mantenían en carros de la compra cerrados y con una nevera dentro), jóvenes autóctonos y extranjeros que entraban en bares y establecimientos modernos y alternativos, lo hicimos a la espera de entrar al teatro Goya.
Teníamos entradas para ver la obra de John Boynton Priestley,
Truca un inspector (Llama un inspector). Este escritor, dramaturgo, locutor y activista político, se forjó, ya a los 30 años, una buena reputación como escritor.
An Inspector Calls, escrita en 1945, se llevó también al cine en 1954. Priestley, influido por las teorias de John William Dunne sobre los sueños premonitorios y la percepción no lineal del tiempo, escribió un conjunto de obras conocidas como
Time plays en las cuales la trama no sigue una línea temporal cronológica.
La obra que se representa en el Teatro Goya es excelente, en ella se ponen de manifiesto las formalidades, la doble moral y la indiferencia de la burguesía de principios del siglo XX, hacia la clase trabajadora a partir del caso de un suicidio que investiga un inspector.
La dirección e interpretación del Inspector está en manos de Josep Mª Pou y le acompañan otros buenísimos actores, destacando Carles Canut y Victòria Pagès. También estupendos, los tres actores jóvenes, Ruben Ametllé, Paula Blanco y David Marcé.

Destaca el escenario, que reproduce el salón de una casa burguesa. Todos los muebles, cristalería y demás complementos son de la época, comprados en anticuarios de Cataluña.
Una obra muy recomendable que es ya un clásico que se representa con mucha frecuencia, tanto en España como en Europa y EUA.