INGRID TUSELL
La casualidad quiso que leyera estas dos novelas seguidas, sin percibir en el momento que ambas tenían en común el elefante como protagonista del título. Quizás es la única similitud que tienen ambas, sin embargo lo que el azar ha unido que no lo separe nadie y menos que nadie yo...
Así había programado esta entrada... pero quiso el azar que a esta coincidencia se añadiera otra, ayer asistí en el 24 GUITAR FESTIVAL BCN al concierto de LUCINDA WILLIAMS & DOUG PETITBONE y esta magnífica cantante también tiene que ver con elefantes, pero eso es algo que no os puedo explicar...
Así había programado esta entrada... pero quiso el azar que a esta coincidencia se añadiera otra, ayer asistí en el 24 GUITAR FESTIVAL BCN al concierto de LUCINDA WILLIAMS & DOUG PETITBONE y esta magnífica cantante también tiene que ver con elefantes, pero eso es algo que no os puedo explicar...
Se trata de una cantautora estadounidense de música rock, folk y country. Estuvo acompañada en todo momento de su guitarra (primero la acústica y después una Telecaster plateada) y le secundaba el guitarrista Doug Petitbone que ha acompañado, entre otras, a Norah Jones y Tracy Chapman, y un buen bajista. Petitbone fue ligando solos extraordinarios e incluso se atrevió con una pedal steel.
La velada resultó sencilla, íntima, de gran sensibilidad... es una mujer que desprende, con su voz, belleza y emoción.
Iba de negro integral con botas de media caña... (también yo elegí ir de negro pero con bailarinas que combinan negro y blanco).
Y ahora sí, los libros....
PETER HOEG, Los niños de los cuidadores de elefantes.
Compre esta novela porque me gustó mucho La señorita Smila y su especial percepción de la nieve. La novela tiene 422 páginas y su extraño título se refiere a que en el interior de algunas personas (en la novela son el padre y la madre de los niños) hay algo mucho más grande que ellos, sobre lo que no tienen control (…) y ese algo es que quieren saber lo que es Dios realmente, quieren encontrar a Dios (…), por ello viven, por encima de todo lo demás, y ese anhelo tiñe sus miradas de tristeza, un anhelo tan grande como un elefante, un anhelo que nunca ha sido satisfecho realmente (p. 135). Los elefantes interiores de la madre y el padre son, según su hijo Peter, elefantes africanos a los que se puede llegar a tolerar pero que nunca son dignos de confianza.
Peter Hoeg (Copenhague,
1957) es un escritor danés licenciado en literatura comparada. Antes de
dedicarse a la escritura ejerció diversos oficios: actor, bailarín, marinero y
otros. Es fundador de la Lolwe Foundation, una organización sin ánimo de
lucro que tiene como objetivo mejorar las condiciones de vida de las mujeres y
los niños del Tercer Mundo.
La novela está narrada por
el hijo pequeño de los Fino, el padre es un pastor luterano y su mujer le ayuda
y toca el órgano, que junto con sus dos hermanos mayores Hans y Tilte tienen
que afrontar la desaparición de sus padres y tratar de encontrarlos. La trama
gira en torno a las sectas religiosas. Tratado con cierto humor desarrolla el
efecto que unos padres, muy poco convencionales, ejercen sobre sus hijos.
En ningún momento ha
logrado interesarme la novela puesto que acaba resultando tan inverosímil que
su pretendido intento de trascendencia queda anulado por un divagar sostenido
que a duras penas me ha permitido acabarla.
Me quedo con recomendar la
novela anterior, La señorita Smila y
su especial percepción de la nieve y confiar que la próxima (que no sé si me
animaré a leer) sea mejor que ésta.
ANTONIO LOBO ANTUNES, Memoria de elefante.
Compré este libro cuando leí la reseña que hizo offuscatio en su blog y por su contundente recomendación: (...) lo mejor que he leído este año. Por favor, leerlo o, por lo menos, intentarlo.
La
novela tiene 152 páginas y no sé explicar el título ya que no he encontrado
ninguna referencia en la novela que me dé una pista (o me ha pasado
desapercibida). Pensando en el significado genérico de tener memoria de elefante, me quedé con la definición menos habitual que hace referencia a que, como los elefantes, hay personas
que almacenan recuerdos. El protagonista, un psiquiatra que vive en Lisboa,
desgrana recuerdos que tiene almacenados.
Antonio
Lobo Antunes (1942, Lisboa) es licenciado en Medicina, especializado en
Psiquiatría. Entre 1970 y 1973 participó en la última fase de la guerra de
liberación colonial de Angola. Época que coincide con el fin de la Dictadura
portuguesa. Actualmente vive en Lisboa y se dedica exclusivamente a la literatura
y el periodismo.
Memoria de elefante desgrana, con
un peculiar estilo narrativo, la crisis existencial de un psiquiatra, alter ego del autor, que busca su
perdida identidad y que va recordando facetas de su vida familiar:
Su madre creía poco en él como individuo maduro y responsable: tomaba todo
lo que él hacía como una especie de juego, y aun en la relativa estabilidad
profesional de su hijo sospechaba la engañadora tranquilidad que precede a los
cataclismos (p. 97).
… de su trabajo como psiquiatra, de su regreso a
Lisboa tras su intervención en la guerra colonial o del complicado amor con la
mujer con la que se casó y que no puede dejar de amar:
Es como si solo pudiese amarla de lejos con las ganas que tengo, carajo, de
amarla de cerca, cuerpo a cuerpo, que en eso ha consistido nuestro combate
desde que nos conocemos. Darle lo que hasta hoy no he sabido darle y hay en mí,
congelado aunque respirando siempre, semillita escondida que aguarda. Lo que
desde el principio quise darle, la ternura ¿entiendes?, sin egoísmo, la vida
cotidiana sin rutina, la entrega absoluta de un vivir compartido, total, cálido
y sencillo como un polluelo en la mano, animal pequeño asustado, trémulo,
nuestro (p. 62).
Su manera de narrar, cuajada de descripciones
intimistas que recurren casi al género poético, requiere una gran concentración
por la gran cantidad de imágenes y metáforas que utiliza en el soliloquio sin
fin de esta novela:
(…) como ciertos poemas de Erza Pound nos muestran de pronto los desvanes
de nosotros mismos en el prodigio de una revelación: la certidumbre de haber
encontrado a un compañero de viaje en un asiento a primera vista vacío y la
alegría de una ceremonia compartida inesperada (p. 53).
Me mato, madre, sin que nadie o casi nadie lo note, me columpio colgado de
la cuerda de una sonrisa, lloro por dentro humedades de gruta, sudor de
granito, secreta neblina en la que me escondo (p. 59).
Una obra extraordinaria que he disfrutado pese a la
angustia que destila en esa desesperada búsqueda de algo que le ayude a existir. Muy recomendable.
Imágenes tomadas de google.