HOKUSAI
No acostumbro a leer relatos. Cuando veo algún libro de relatos dudo mucho hasta que me decido a comprarlo. Pese a ello fui una consumidora entusiasta de los relatos de Julio Cortázar que leía con auténtico placer. Curiosamente aunque he leído relatos de otros autores, nunca ha sido una opción que me motive y nunca he vuelto a tener otro autor como Cortázar que me provocara leerlos. Me impactó recientemente El Ruletista de Mircea Cartarescu, pero aún no he leído más relatos suyos.
Casualmente he leído casi seguido a dos autores de relatos muy diferentes en su forma de narrar y, aunque la experiencia ha sido positiva, ninguno de los dos ha logrado el efecto cortázar.
YASUNARI KAWABATA, Primera nieve en el monte Fuji.
El libro me lo regalaron hace unos meses y está sobre
otros libros que tengo en mi mesa
permanentemente haciéndome compañía…
Esta obra tiene 205 páginas y está formada por diez relatos,
y un glosario de términos. El título es el de una de estas narraciones que
tiene como protagonista a una pareja que se reencuentra tras varios años de
separación y que observan las primeras nieves en el monte Fuji.
Yasunari Kawabata (1899-1972) nació en Osaka, se graduó por la Universidad Imperial de Tokio, y en la década de 1920 formó parte de un grupo literario de jóvenes escritores conocido como neosensacionistas, partidarios del lirismo y del impresionismo en lugar del realismo. Ganó el premio Nobel en 1968. Enfermo y deprimido, dolido sin duda por la muerte de su amigo Y. Mishima, que lo había definido como un "viajero perpetuo", acabó con su vida en un pequeño apartamento a orillas del mar en 1972.
Los
relatos de Primera nieve en el monte Fuji fueron seleccionados por el propio Kawabata y publicados en 1958. Dos de
ellos, Un pueblo llamado Yumiura y El crisantemo en la roca, fueron
incluidos posteriormente en una antología de sus cuentos favoritos que se
publicó poco después de que recibiera el Nobel.
Kawabata es un escritor de extrema minuciosidad y
sutilidad al construir sus relatos. Muestra, y contagia, su sensibilidad y su
inteligencia a sus historias y requiere lo mismo del lector. Escribe muy bien y
pone esta virtud al servicio de la descripción tranquila de las emociones de
sus personajes que, conforme transcurre el tiempo, van evolucionando y
descubriéndose a sí mismos…
Tenía la actitud corporal de una mujer que está frente
a un hombre que la ha tenido en sus brazos (p. 163).
He de confesar que esa calma y esa sensación de que en
sus relatos no pasa nada han llegado a distanciarme en alguna de las
narraciones. El trasfondo de sus historias son el mundo doméstico y familiar de
la postguerra japonesa y a partir de ahí, las emociones destiladas al máximo:
Los ojos de Uryu eran exactamente como los de una
mujer. Parecían empapados de melancolía pero transparentaban una claridad
cristalina. En el fondo de esos ojos parecía haber otros ojos. Tuve la
desagradable sensación de estar siendo observado por esa segunda mirada de las
profundidades (p. 69).
El relato que más me ha gustado es el que da título al
libro, dos amantes se encuentran tras años de
ausencia y se van juntos a un balneario en las montañas. El encuentro…
Se habían encontrado en la estación de
tren de Shinbashi. Utako subía hacia el andén por las escaleras cuando vio a un
hombre parecido a Jiro que estaba a punto de montarse en el vagón. Al lanzarse
hacia la puerta divisó la cara de Jiro mirando desde dentro del tren. Las
puertas se cerraron justo en el momento en que el cuerpo de Jiro, que saltaba
del vagón hacia fuera, y el de Utako, que iba a subir, chocaban delante de la
entrada (pp. 120-121).
…las miradas de Jiro y Utako, las
diferencias y el dolor de ambos, el pasado en común inasible, su amor lejano…
muy hermoso.
Una lectura recomendable pero si se lee
con la precisión y la tranquilidad necesaria.
JAMES SALTER, La última noche.
Compré este libro de relatos porque un amigo me había hablado de este escritor elogiosamente, también vi buenas referencias en alguno de los blogs que visito y reseñan libros.
El libro tiene 156 páginas y está compuesto por diez relatos de los que el último es el que da título al conjunto. Este título hace referencia a la última noche de una enferma terminal.
James Salter (1925) nació en Nueva York y estudió ingeniería en West Point, ingresó en las FFAA en 1945. En 1956 publicó su primer libro, Pilotos de caza, y abandonó el ejército para dedicarse a la literatura. También trabajó como periodista, escribió guiones para Hollywood y dirigió películas.
El hilo conductor del libro son las relaciones amorosas en cualquier familia americana, en este caso familias de la clase y edad media alta y los desengaños, traiciones y frustraciones que suelen acompañarlas. Los narradores de los relatos mantienen una distancia suficiente con el tema intentando dejar sentado lo que sucede sin caer en el melodrama ya que, en todos los relatos, el autor se sitúa en momentos límites en que parece que todo se derrumba.
Uno nunca tiene la compañía humana que desea. Siempre es algún sustituto.
Los ojos de las estrellas, p. 35
Salter escribe los relatos a pinceladas, va dejando breves impresiones de color, a la manera impresionista, y solo al final somos capaces de apreciar el conjunto. El autor muestra cómo se puede bajar del éxtasis y la felicidad a la sima más profunda del desengaño y la traición.
En aquellos días de un deseo tan profundo que le hacía temblar las piernas, no se comportaba de manera extraña en casa; sí en cambio era más cariñoso y dedicado a la familia (…). Llegaba a casa lleno de felicidad prohibida, prohibida pero incomparable, abrazaba a su mujer y jugaba o leía con sus hijos. Lo prohibido nutre el apetito por todo lo demás. Iba de lo uno a lo otro con el corazón puro.
Platino, p. 94
Los diez relatos son notables, especialmente Cometa, Platino, Bangkok y La última noche. Todos son breves, algunos muy breves como el primero, Cometa, y el último, La última noche. Este último es un relato cruel que muestra la dolorosa verdad del desengaño y la traición en un momento único, el momento de la muerte. En trece páginas nos hiela el corazón y en la última página logra sorprendernos con lo peor.
Me parece una lectura recomendable.
Fotos de los autores y pintura de Hokusai tomadas de google